— TRAICIONADO POR EL ANILLO —

3


Tikki no cabía en si del asombro. Marinette se había levantado temprano por primera vez en la vida, sin ningún contratiempo de por medio... Bueno, se cayó por las escaleras, pero no hubo ningún susto importante. Tikki había notado que desde que su portadora había conocido al Maestro Fu, se sentía mucho más segura de si misma y más responsable en su papel como heroína. Pero al parecer no había sido suficiente para dejar al lado su timidez, porque hace tres días que apareció Volpina, hace tres días que Marinette ya sabía de donde venían sus poderes, hace tres días que había tomado la decisión. Sin embargo, ahí seguía, encerrada en el baño, hiperventilando.

— Marinette, si no te sientes preparada, no tienes porque hacerlo... —habló la kwami desde su bolsito.

Aunque no quería reconocerlo, más que nada porque no quería meterle a la joven el miedo el cuerpo, aun más, quería decir.

— ¡No! Si que tengo porque, Tikki. ¿Y si la akumatizan de nuevo? Sería mi culpa...

Suspiró cabizbaja, con Lila ya eran tres las personas akumatizadas por su culpa. ¿Qué clase de heroína era?

— Marinette, ya la viste, incluso sin el akuma sigue guardando rencor hacía Ladybug. Tiene la maldad dentro de si. No habría necesitado ser akumatizada para ir contra ti, tarde o temprano.

Marinette se pasó una mano por el cabello.

— Eso no quita el hecho de que la dejé en ridículo delante de Adrien, Tikki, y eso fue culpa mía y de mis celos —dijo—. Además, ya lo dijiste, odia a Ladybug, pero aun no tuvo el gusto el conocer a Marinette —añadió, guiñándole un ojo a la kwami mariquita—. Mentirosa o no, tengo que curarla a como dea lugar, no puedo correr el riesgo de que Hawk Moth se aproveche de ella las veces que le de la gana. Lila es una ciudadana de París ahora y, por tanto, mi responsabilidad.

Tikki le sonrió enorgullecida a su portadora.

— Si solo fueras así también con Chloé —comentó, divertida, a lo que Marinette dio un pequeño gesto teatral de asco—. Estoy muy orgullosa de ti, Marinette. ¡Te comportas como toda una heroína de buen corazón!

La joven franco-chinesa le sonrió a la criatura en agradecimiento para despues cerrar el bolsito y salir del baño, está vez muy segura de si misma. Aun tenía tiempo para hablar con Lila antes de que sonase el timbre de la primera clase.


Adrien se encontraba escondido detrás de la puerta, espiando a su padre tras una pequeña rendija semi abierta, igual que tres días atrás. Pues desde hace tres días que el hecho de que su identidad fuera revelada a su padre, no era su único problema. Casi suda frio, y por un momento se olvidó de respirar, cuando vio a su padre acercarse al cuadro de su madre.

— No la abras —susurró el chico—, por lo que más quieras, no la abras.

Si su padre de daba cuenta de que faltaba el libro de su caja fuerte detrás del cuadro... no quería ni imaginarlo. Al igual que no quería ni imaginarse el valor de ese libro de los héroes... el cual perdió. ¡¿Cómo se le ocurrió llevárselo al instituto así como así?!... ¡Ah! Ya recordaba, fue Plagg y su actitud de "¿qué podría salir mal?". ¡Muchas gracias gato inútil! Ni siquiera pudo leer sobre Ladybug porque la información estaba encriptada y no había encontrado a Chat Noir en ninguna de sus muchas páginas, mundo cruel.

Inconsciente de que estaba siendo vigilado, Agreste tomó un extremo del cuadro y lo llevó a un lado, como si de una puerta se tratase. La caja fuerte quedó al descubierto, Adrien tragó grueso.

"¡NO!" —pensó desesperado.

Entonces, le sonó la campana... quiero decir, el teléfono. Y no fue el suyo, si no el de su padre. Gabriel pronto le dio la espalda a la caja fuerte, para coger el teléfono. La acalorada discusión telefónica que siguió después tapó el sonoro suspiro de alivió del chico, quien pronto pegó un chillido de susto cuando sintió una mano en su hombro. No sintió a nadie llegar. Estuvo a punto de lanzarle una patada a su agrasor cuando...

— ¡Tranquilo, joven Agreste, soy yo! —reconoció la voz de Nathalie justo a tiempo para no dañarla.

— ¡Pero mira que eres patético! —exclamó Plagg desde su escondite, entre risas— ¡Faltó que saltarás hasta el techo y te quedaras con las garras clavadas en el, como en la tele!

Adrien solo le hizo el vacío a su molesto kwami.

— ¿Nathalie? —vio de forma penetrante a la mujer de cabello azul y mechas rojas— No vuelvas a acercarte a mi por la espalda. ¡Menudo susto me diste!

— Lo lamento, joven Agreste, pero llega a tarde a la escuela y... ¡¿que le ha pasado?!

Adrien se llevó recelosamente una mano bajo uno de sus ojos verdes, donde sabía bien que podían verse unas espantosas ojeras. Sin embargo, lo que más le molestó es que al parecer estaba de moda que todo el mundo le preguntara lo mismo.

— Luzco horrible, lo se —gimió—. No he podido dormir bien ultima... mente. ¡Eso fue rápido! —exclamó.

Sorprendido de la rapidez de la secretaria y ex maestra privada al pasarle por la cara el suficiente maquillaje para taparle las ojeras y mostrarle el resultado en un espejo de mano.

— Así está perfectamente para la sesión de fotos de está tarde. Llega tarde a clases, joven Agreste —le recordó la recta mujer.

El chico tomó la mochila preparada que ella le tendía y sin rechistar fue a la entrada donde le esperaba Gorila en la limusina.

— ¿Padece de insomnio, joven Agreste? —le preguntó Nathalie tras unos segundos.

Adrien tragó saliva, junto con su orgullo, para encararla y decir:

— No, son pesadillas —por muy infantil que sonase y dio de nuevo la vuelta, con los gritos de su padre en la otra habitación de fondo.

— Buscaremos una solución —habló ella tras unos segundos de sorpresa.

Pero Adrien había salido y ya no podía escucharla. Mayormente porque a su cabeza volvieron las voces de todas las Ladybugs.

Todos nos traicionan, todos nos matan.

No quería creerlo, de verdad que no quería. Pero de decir que nunca desconfió que su poder de destrucción pudiera ayudar a la gente estaría mintiendo de forma asquerosa. De todas formas, le daba igual si los anteriores Chat Noir fueron mucha palabrería y luego nada a la hora de la verdad. Él no iba a ser así. Para nada. El amaba a su Lady, le juró la más pura lealtad, no pensaba faltar a su palabra. Nunca.


El ventanal se abrió, dejando que la luz de la mañana tocara las alas de las mariposas alrededor del hombre y el kwami, de un blanco virgen, esperando a ennegrecerse con los demonios de su dueño.

Gabriel sonrió e inspiró hondo, sintiéndose lleno de vida.

— ¿La sientes, Nuuru? —le preguntó radiante lmde felicidad— ¿Sientes la oscuridad que hay dentro de mi hijo?

El kwami violeta miró al suelo, conpunjido. En verdad que en toda la historia de su larga vida, no había visto nada más triste y cruel que la humillación, la maldad y la desdicha a la que eran sometidos todos los Chat Noir. Uno a uno caían en las garras de la destrucción que les dio la vida, por mucho que intentarán escapar de ella. Al final no eran más que marionetas viejas con hilos rotos, que ni tan siquiera Ladybug, por mucho que los amase con todo su corazón afortunado, podía salvar de la mala cara del destino. Nuuru en cierta medida entendía a Plagg. Él mismo también le habría dado la espalda a todo tipo de amor o muestra de afecto, si todos los humanos a los que quisiera terminasen igual de mal, por mucho que luchasen, independiente de como lo hicieran.

Lo mejor era no encariñarse con ningún Chat Noir, todos duraban lo suficiente solo para amarlos con toda tu alma un par de años y luego desaparecían. Morían tan jóvenes. Era duro, muy duro. Sobretodo porque los kwamis nunca olvidan. Cada rostro, cada nombre, cada manía de sus cientos de portadores. El mundo los ha convertido en polvo y olvidado, demasiado pronto, pero ellos les recuerdan con nitidez. Los aman como el primer día. Les duele en lo indecible saber que nunca volverán, y que su portador actual también pasará por lo mismo más pronto que tarde. El mundo era cruel. Cruel porque aunque se notaba que Plagg se esforzaba y reesfordaba por odiar a Adrien con toda su alma, desde que notó que el chico se estaba labrando bastante rápido un camino hacía su pequeño corazón, sin darse cuenta, no lo lograba. Quería a ese niño modelo, que recién empezaba a caer en las entrañas de la trampa, para nunca poder salir, al igual que el resto.

— Está roto... —terminó por contestar Nuuru.

Gabriel hizo caso omiso del tono de voz caído y las pequeñas lágrimas que se formaban en los ojos del kwami mariposa, y negó con la cabeza.

— No, aun no está roto, no le hemos dado razones para estarlo, todavía —lució una sonrisa mordaz. Por un momento Nuuru creyó ver el brillo de la punta de unos colmillos dentro de su boca, haciendo la situación todavía peor para sus nervios—. Solo está entristecido y nervioso. Siente que algo malo se acerca pero, oh, no puede distinguir lo que es. Por supuesto tampoco frenarlo. Solo le toca esperar lo inevitable —a esto rió de forma mordaz—. Oh, Chat, hijo mio, pronto ocuparas tu lugar, a mi lado, en lo que te resta de vida. Juntos seremos inmortales. Está vez sí hijo, es una promesa.

— ¡¿No le importa que su hijo viva eternamente infeliz?! —el kwami rápidamente se llevó una pata a la boca, pero la osadía que podría costarle cara ya estaba dicha.

Agreste le miró con mirada venenosa haciendo que se encogiera en el sitió.

— ¡Adrien solo me necesita a mi para ser feliz! —sentenció.

Y estaba muy seguro de ello, sin embargo tenía la osadía de confundir a su hijo con la pintura de la pared, muchas veces, a propósito. Partiéndole el corazón lentamente, cachito a cachito, hasta tener la oportunidad de hacer de él un akuma perfecto.

— ¡Él ama a Ladybug más de lo que te querrá a ti nunca! —conociendo la verdad o no— ¿Qué cree que pasará con él cuando la mate? Morirá por dentro, valdrá menos que nada.

No pudo controlarse, debía decirlo, si no explotaría. Porque, ¡es que era tan obvio! ¿Cómo un padre podía planear hacer sufrir así a su hijo?

Para sorpresa del kwami, Gabriel enmudeció. No se enfado ni hizo ningún amago por golpearle. Solo... enmudeció.

La tensión se podía cortar con un cuchillo, hasta que el hombre volvió a hablar.

— Yo también amaba a mi esposa con todo mi ser —afirmó—. Pero cuando falleció, fui inteligente y lo superé. No dejare que mi hijo llore lágrimas amargas por alguien que ya no existirá.

Algo dentro del kwami violeta nació en ese momento. Algo peligroso para si mismo.

— ¿Lo superó, en serio? —susurró, casi inaudiblemente. Casi.

¿Lo decía el mismo hombre que tenía fotos y pinturas de su fallecida esposa en todos los lugares de la mansión? ¿Lo decía el hombre capaz de ennegrecer una magia tan pura como antigua, hacer imposible la vida de la gente inocente, para que ella regresara del descanso eterno?

A todas luces, con ese comentario tocó algo delicado. Se pasó de la raya. Inmediatamente Gabriel lo mandó a volar de una cachetada al otro lado de la estancia.

Nuuru no se molestó en reprimir las lágrimas ni los sollozos, mientras se sobaba el pequeño rostro golpeado.

— Tienes suerte —habló Agreste con voz gutural— de que te necesite vivo para obtener mis poderes. Ahora, Nuuru: ¡Alas malditas de la noche!

Y con esas palabras, el desconsolado kwami fue absorbido por el Miraculous, transformando a Gabriel en Hawk Moth.