— TRAICIONADO POR EL ANILLO —

4


A Marinette se le encogió el corazón al entrar en la clase y ver a Lila, lejos de todos, sentada al fondo. Y aunque Nathaniel estaba sentado a su lado, era obvio que el chico estaba lo suficientemente encerrado en si mismo y sus dibujos, como para hacerle caso a la chica nueva. A la trolera chica nueva. Marinette no creía que le estuvieran haciendo el vacío por haber sido akumatizada, pues todos los de la clase, a excepción de Adrien y ella, habían sido, al menos una vez, víctimas de los akumas de Hawk Moth. Así que, ¿qué se había perdido?

— ¿No hay un poco de tensión aquí? —la franco-chinesa se acerco a Alya y le susurró eso al oído.

Sin embargo, Lila la oyó. Sin expresión alguna, la joven levantó la cabeza y su vista se posó en Marinette por unos segundos, para luego volver a bajarla.

— Es por esto —le contestó Alya, pasándole su teléfono móvil a su mejor amiga.

Marinette se quiso morir en el momento exacto en que reconoció en la pantalla un vídeo del momento exacto en el que ella, como Ladybug, se interpuso entre Adrien y Lila y acusó a la segunda de mentirosa con muy malas formas.

Con la cabeza gacha, le devolvió el teléfono a su amiga. Así que Alya había estado ahí grabando, menuda vergüenza.

— Ya lo he visto —le aseguró a la joven aspirante a Paparazti, la cual se extrañó por el repentino cambio de humor de Marinette.

— Normal, lleva desde el viernes colgado en el Ladyblog —Marinette se sonrojó furiosamente, seguramente ya todo París lo había visto. Que se la tragara la Tierra, por favor—. ¡No me puedo creer que nos tragásemos todo lo que dijo esa embustera, menos mal que Ladybug es imposible de engañar!

Marinette abrió desmesuradamente sus ojos al escuchar eso. ¿Estaban de su parte? Dio una mirada rápida a toda la clase y se sintió estúpida. Pués por supuesto que estaban de su parte. Lila era la embustera y la mala de la película. Entonces, ¿por qué se sentía tan mal al haberla dejado mal en público, como lo que era, si se lo merecía? No lo entendía. Con lo que ella odiaba a los mentirosos.

— ¡Alya! —la chica le llamó la atención a su amiga, sorprendida, y luego señaló con la mirada a Lila, detrás de ellas, quien obvio las había oído y se había hundido todavía más en el asiento.

— ¿Qué? —cuestionó la chica de gafas— Ni que hubiera dicho algo que no sea verdad. Ladybug querría que la pusiéramos en cintura.

Marinette apretó los puños, su pecho llenándose de una rabia que nunca antes había sentido. Menos mal que supo controlarse.

— No —sentenció con una voz muy sentida y herida que hizo a Alya sentirse mal—. Te aseguro que Ladybug no quiere esto.

Y sin una palabra más se levantó de su asiento habitual para acercarse a Lila, dejando a una sorprendida Alya con los ojos abiertos detrás de sí. Marinette, ¿acababa de contestarle? No le habría tomado tanta importancia, si no fuera porque vio algo en sus ojos azules que la dejo muda tanto por fuera como por dentro. Fue como sentir el desagrado de la misma Ladybug hacía su persona. ¿Y si Marinette tenía razón? Bueno, su amiga nunca presumió de conocer a Ladybug personalmente ni nada parecido, pero fue Marinette quien le consiguió una entrevista privada con Ladybug (le gustaría mucho saber como lo logró) y ya había visto a su amiga algunas veces al lado de Chat Noir en la batalla, como cuando lucharon juntos contra Ilustrator, cuando el felino la salvó de Gamer y cuando ella le devolvió el favor salvando al héroe de la trampa de Antibug, mientras Ladybug no aparecía. Así que sí, aunque Marinette nunca hubiera dicho nada al respecto, era bastante obvio para Alya que su amiga tenía relación personal con los héroes de París, sobretodo con Chat Noir. Así que si la franco-chinesa decía que a Ladybug no le gustaba algo, ella la creería hasta al final del mundo, pues sabía que Marinette no era una embustera.

Mientras, la chica se volvía cada vez más segura de si misma a cada paso que daba más cerca de Lila.

"Le voy a caer bien —se obligaba a pensar, para estar segura de que todo saldría bien—, le voy a caer bien, le voy a caer bien. LE TENGO que caer bien. ¡Vamos, Marinette, por una vez en tu vida haz un esfuerzo por quedar bien!"

— Hola —logró pronunciar sin nervios, con una sonrisa, sentándose en un pequeño espació del banco al lado de Lila. Le tendió una mano a la joven italiana—. Me temo que aun no nos conocemos. Soy Marinette y tú eres Lila, la alumna nueva. ¿Verdad?

Lila levantó la mirada hasta encontrarse con la de Marinette. Le sonrió débilmente, pensando que el aspecto de la chica que le acababa de defender hace unos segundos era muy inocente, le gustaba. Luego se fijo mejor en la mano tendida en su dirección, durante unos segundos que hicieron a Marinette sudar frío por los nervios, no dijo nada, pensando en si debía reciprocar el gesto o no.

Al final no lo hizo y miro hacía abajo.

— Fue muy amable de tu parte defenderme antes, Marinette —habló por fin—. Pero no te conviene acercarte a mi. Tengo una fama muy mala de mentirosa... por culpa de Ladybug.

Lo último lo susurró con la intención de que no fuera oído, pero la peliazul lo escuchó de todas formas y la atacó de nuevo la culpabilidad. Ni con Chloé como Antibug se había sentido tan mal consigo misma por llamar mentiroso a alguien. Suponía que era porque con Lila había tropezado por segunda vez con la misma piedra, pero causando un estrago mayor. Tras purificar al akuma Antibug, Chloé la perdonó y todo quedó olvidado, pero Lila le seguía guardando rencor y ciertamente, no sabía como proceder ante una persona que seguía resentida, a pesar de que ya no tenía el akuma dentro de sí... El akuma. Marinette se fijó que ese día Lila seguía llevando al cuello el falso Miraculous del zorro en el que se había escondido el akuma. ¿Y si otro se volvía a meter en ese collar? Debía evitarlo.

— Bueno... —habló, tanteando la situación, Lila miró hacía ella, espectante—. Al menos déjame que sea yo la que decida si quiero estar a tu lado o no.

Ante eso, Lila le sonrió de forma sentida y radiante. Durante muchos años ella creyó que mentir sobre si misma y su vida atraería a muchos amigos. Jamás pensó que realmente alguien podría querer ser su amigo por ella misma y no por su supuesto estatus glamuroso.

La joven a su lado se le hacía tan dulce y compresiva, exactamente todo lo contrario a Ladybug, eso le gustaba. En ese momento decidió que no la dejaría ir.

— Encantada de conocerte entonces, Marinette.

— ¡Mira esto Sabrina! —se escuchó la voz de chillona de Chloé— La basura juntándose con la basura. ¿Quereis que llamé a un basurero? —dijo hablando con Lila y Marinette.

Solo Sabrina le rió la gracia.

— Vete, Chloé, aquí tratamos de hacer amistad, algo que obviamente necesitas aprender urgentemente.

Fue obvio por la cara que pusó la rubia que Marinette le había dado en su punto más flaco.

— ¿Ah, sí? —pronunció la chica con cara de asco, mirando hacía Lila— No necesitó amigas embusteras que no saben apreciar la grandeza de Ladybug.

— Porque tú misma te apañas con tu "amiga" florero, ¿verdad?

No, perdón, el punto más débil de Chloé era ese. La pelirroja se llevó las manos a la boca por recibir semejante insultó y corrió a protegerse tras la niña de papá, quien le lanzó a Lila una mirada de profundo odio.

— ¿Cómo llamaste a Sabrina? —solo muy pocos podían ver que Chloe realmente quería a Sabrina, a pesar de su forma de tratarla.

Lila se levantó de su asiento para encarar a la rubia.

— Lo que oíste.

Chispas saltarón de un par de ojos a otros, presentsiendo una pelea, Marinette rápidamente se interpuso entre ambas.

— Bueno, ya vasta, nada de peleas —ordenó con voz autoritaria, mirando fijamente a Chloé todo el tiempo.

— ¿Y a ti quién te dio el poder para darme ordenes a mi, panadera? —cuestionó Chloé, enfadada.

Marinette mostró un rostro indescifrable.

— Vosotros mismos, al elegirme delegada de la clase.

Chloé se encendió de furia en ese momento, al recordar de que perdió contra Marinette en eso. Sin embargo, se quedó callada, dándose cuenta de que era verdad y no tenía nada con que rebatirlo.

— Yo no te di mi voto —se quejó, susurrando, y con el rabo entre las piernas, se fue a su sitio siendo seguida por Sabrina.

La clase estalló en alagos para Marinette, pues todos habían seguido la situación.

Mientras, Lila estaba sorprendida. Al parecer la chica dulce e inocente también sabía dar pelea cuando quería.

— Gracias, de nuevo —le agradeció la joven de cabello castaño.

La peliazul le regaló una sonrisa.

— No fue nada, Chloé es un incordió pero te deja en paz si sabes como tratarla —le dijo. Después, su vista se fijo en el chico pelirrojo encongido entre ellas—. Perdona Nathaniel, ¿pero podrías intercambiar sitios conmigo por hoy?

Él la miró, un poco dubitativo por unos segundos. Le gustaba mucho la última fila, le aseguraba poder dibujar sin ser visto, la segunda fila, sin embargo, no tanto. Aun así, no se vio capaz de decir no.

— Vale —accedió, recogiendo sus cosas, y después añadió:—, pero solo por hoy.


Adrien salió de la limusina como una exhalación, estaba justo a mitad de las escaleras cuando dio medía vuelta para despedirse del Gorila y, después sí, entrar en el Françoise Dupont. Llegar tarde a clase (a veces que el trafico te de sitio por ser una limusina no siempre ayuda. Sobretodo si Don Adrien Mala Suerte va dentro) no era excusa para ser un maleducado.

Llamó a la puerta y entró en clase con la cabeza gacha, lleno de vergüenza. Pues a primera hora tocaba química y ya tenía problemas con la profesora porque llegaba tarde.

— B-buenos días... —habló llendo a su asiento arrastrando los pies, esperando la regañina de la profesora, que no se hizo esperar.

— ¡Adrien Agreste, de nuevo tarde! —exclamó la profesora— Cualquiera diría que siendo familia de quien es sería más recto con los horarios. Entre usted y su compañera Marinette Dupain-Cheng me volverán loca. Seriamente, pidan que les regalen un despertador.

Inmediatamente todos, menos Adrien y Marinette, los cuales se encogieron en sus asientos en vergüenza, rieron por el mal chiste de la profesora.

— Perdón... —se disculparon ambos nombrados a la vez.

Adrien se sorprendió porque la voz de la chica sonara mas lejos que de costumbre. Disimuladamente miró hacía atrás, viendo a Nathaniel sentado detrás de él, al lado de Alya, en lugar de Marinette, quien estaba sentada detrás... al lado de Lila. Adrien no pudo evitar poner una cara de desagrado, e inmediatamente hecho la vista hacía delante, no queriendo ningún tipo de contacto visual con la chica que había intentado embaucarle con un montón de trolas como Adrien, y que prácticamente había invadido su espacio personal siendo Chat Noir, de una forma que no le gustó nada.

No, definitivamente esa chica no le agradaba en lo más mínimo, no.

Decidió pensar seriamente en cosas más importantes, como fugarse a Egipto antes de que su padre notara la falta del Libro de los Héroes. ¿Seguirian adorando a los gatos allí?

— ¿Sabes? —provó suerte Marinette al salir del instituto, Lila la acompañaba— Yo también estoy en desacuerdo con lo que Ladybug te hizo.

Lila la observó por unos segundos. Solo llevaba un día de conocerla, pero esta chica de verdad la sorprendía.

— ¿Tú también odias a Ladybug? —le preguntó asombrada.

Marinette inmediatamente se puso nerviosa ante la pregunta.

— Bueno... no —contestó un poco cohibida, a lo que Lila se desilusionó un poco—. Pero lo que te hizo no tiene excusa, pudó haber sido mucho más delicada.

— ¡Exacto, exacto! —exclamó la chica de pelo castaño.

Marinette tragó saliva.

— Aun así, ¿realmente merece tu odio? Quiero decir —se apresuró a añadir al ver la cara de Lila—, por lo que sé ella te salvó de un akuma después de eso. ¿No es prueba suficiente de que le importa tu seguridad?

La joven de cabello castaño desvío su mirada a otra parte, pues sabía que si seguía mirando a Marinette a los ojos acabaría por darle la razón.

— Seguramente solo lo hizo para salvar su propio trasero —comentó, segura de ello.

En ese momento Marinette dejo de andar, hundida en si misma, el comentario de la chica realmente le había dolido.

— En fin... yo vivo aquí —le dijo a Lila, señalando el piso encima de la panadería Dupain.

Lila parpadeó mirando el edificio.

— ¿Aquí? —preguntó, después miró hacía atras, donde aun podía verse perfectamente el Françoise Dupont— ¿Tan cerca del instituto?

— Sí —contestó la joven franco-chinesa, después se encogió de hombros—. Como hago para llegar tarde casi siempre aun es un misterio.

Lila rió un poco ante eso y después habló.

— Entonces supongo que aquí nos separamos, nos vemos mañana.

— Sí, tal vez un día de estos me digas donde vives tú.

Lila se mostró un poco nerviosa ante eso, pero lo supo enmascarar.

— Sí... hasta mañana.

Y con eso, Marinette entró, en la casa. A penas subiendo las escaleras, lágrimas comenzaron a caer por sus ojos. Le había dolido el comentario de Lila, le dolió demasiado.

— ¿Estas bien, Marinette? —preguntó preocupada Tikki.

— No —contestó la humana con voz débil.


Mientras, Lila había seguido su camino, sin saber que Hawk Moth había sido testigo de su conversación con Marinette.

Una mariposa akumatizada se acercó al falso Miraculous, sin que ella lo notará, y entró. Rápidamente a Lila la recorrió una sensación ya conocida que casi le impedía razonar lo que escuchaba y decía. Casi.

— Volpina, mi aliada —le habló la voz de Hawk Moth en su mente—. ¿No me digas que te estas dejando engañar por un montón de palabras bonitas?

— Yo no soy tu aliada, Hawk Moth —contestó con un poco de dolor entumeciendo su cuerpo—. Y no se de que me estas hablando.

— Si que lo sabes —le contestó él—. ¿Estas pensando en perdonar a Ladybug? ¡Sabes tan bien como yo que ella merece caer! Yo te ayudare a vencerla.

Lila frunció el ceño.

— ¡Eso me dijiste la primera vez y no sirvió de nada! —se quejó enojada.

— ¿Es qué no merezcó acaso una segunda oportunidad? —preguntó con una falsa voz inocente, a lo que Lila se quedó callada, estaba perdiendo la lucha contra la sensación que la llevaba hasta la inconsciencia— ¿Qué me dices de tu amiga, Marinette? Ya viste como la tratan las fans de esa insulsa que se hace llamar heroína. Si cae, les callarás la boca a todas. Te daré poderes mayores y Ladybug se doblegara ante ti.

— ...Te escucho —terminó accediendo.

— Ella no se espera que juguemos con sus mismas cartas —comentó—. ¿No le gustan las mentiras? Eso no será problema. Lo que antes eran meras iusiones serán reales ahora.

Lila sonrió de medio lado, imaginando las posibilidades.

— Me gusta como suena eso.

— Me alegro —dijo Hawk Moth—. Entonces, tenemos trato. ¿Recuerdas que tienes que darme a cambio?

— Los pendientes de Ladybug y el apoyo de Chat Noir.

— Chica lista —habló Hawk Moth, mientras Lila se transformaba en Volpina—, ahora ve y consigueme esos Miraculous.

— Se los arrancare de su cadáver frío —aseguró Volpina con una sonrisa peligrosa.

— Me gusta como piensas —comentó él, riendo, cortando la comunicación. Después, añadió para si mismo— Espero que sepas donde está tu lugar ahora, hijo.


Adrien hizo caso omiso de las quejas que le estaba dando su estomago vacío, mientras posaba para el fotógrafo de turno y le daba su mejor sonrisa. A veces se sorprendía a si mismo por ser capaz de ocultar tan bien sus sentimientos negros ante la gente cuando hacía falta. Sin embargo, no se creía capaz de aguantar mucho más el hambre, cuando detrás de si escuchó un muy alto grito de una chica, llamando a la heroína principal de París.

— ¡LADYBUG! —gritaba Volpina de forma amenazante, desde lo alto de un edificio— ¡TÚ Y YO TENEMOS CUENTAS PENDIENTES!

Inmediatamente todos los Parisinos comenzarón a correr por sus vidas, siendo presas del pánico, menos Adrien, quien se quedó a plantado en el sitio mirando a la chica zorra con un odio totalmente sentido.

— Lo sabía... —comentó frunciendo el ceño— Plagg, es momento de transformarse.

— ¡¿Qué?! —se quejó el kwami— ¿Y mi queso? ¡Tengo hambre!

Como si estuviera apoyando al ser negro, el estomago de Adrien volvió a rujir. El chico suspiró.

— Está bien, un tentempié rápido y luego entramos en acción, pero rápido —dijo un poco preocupado, porque no había rastro de Ladybug por ninguna parte.