— TRAICIONADO POR EL ANILLO —

6


No podía creerlo. Espera, no, podía. La verdad es que simplemente no quería. En serio, ¿Chat Noir? En verdad, Lila, que pésimo gusto.

¡Marinette! —chilló Tikki en su mente.

Lo siento —se disculpó la mariquita.

No sabía que era, pero el mínimo hecho de imaginar a Lila cerca de Chat Noir le hacía hervir la sangre, aun más que cuando la vio presumiendo delante de Adrien.

Sí, por supuesto que vio como la chica se acercó un poco demasiado al felino la primera vez y, reconocía, fue por eso por lo que envió al gatito a ir tras el falso Hawk Moth. Pero no eran celos, se negaba en rotundo a tener celos por causa de Chat, sucedió que ella se dio cuenta de la cara de incomodidad del chico y le echó un cable, eso y que tenía serías dudas sobre "Volpina" y no quería a falsas cerca de sus amigos. Porque Chat Noir era su amigo, ¿verdad?

La verdad, antes de Alya no tuvo amigos, y tenía serías dudas a la hora de diferenciar a un amigo de un compañero de trabajo o a un simple conocido. Sabía que siendo quisquillosos el chico del traje negro no era ni tan siquiera conocido suyo, pero ella ya le tenía a cualquiera que estuviera detrás de ese antifaz un hueco hecho en su corazón... ¡como su amigo! De todas formas ¿qué importaba lo que era el gato?, simplemente Chat Noir no se tocaba y punto.

— ¡Volpina! —gritó Ladybug sobre una chimenea, al llegar a la escena— ¡Aléjate, ese gato no se vende!

— ¡Ladybug~~! —los reporteros, Alya y Chat Noir (sobretodo Chat Noir) estaban como si acabaran de ver a un ángel salvador, rojo moteado.

— Para ti soy gratis, My Lady —se insinuó el héroe felino, casi por reflejo, guiñándole un ojo a su compañera.

Todo su temor se había ido en cuanto la vio llegar.

Ladybug siguió con la mirada el sonido de la voz de su compañero de batallas, hasta encontrarlo a los pies de la chimenea de enfrente, apresado a ésta por culpa de las esposas gigantes, creación de Volpina.

— ¡No lo decía en ese sentido...! —se quejó la heroína, sonrojada hasta las orejas, (sin duda esa escena será oro para todos los que los shippean) hasta que se fijo bien en la situación del chico— Chat... ¿por qué siempre que me tardo te encuentro inmovilizado con una cuerda?

El héroe felino hizo un gracioso mohín incómodo.

— No estoy así por gusto... —sin embargo, después puso cara de circunstancias—, a no ser claro, que te vayan está clase de cosas...

— ¡NI EN BROMA! —gritó Ladybug completamente avergonzada, maldito gato pervertido.

— Okey, okey, solo fue una pregunta inocente —si hubiera podido, se habría encogido de hombros—. Tampoco hay que ponerse así...

Los reporteros estaban, prácticamente, con la boca abierta por ese rumbo de la conversación, sin dudas no se esperaban la pelea de dos féminas por Chat Noir. Es que, ¿Chat Noir, en serio? Que pésimo gusto. Mientras que Alya tenía que hacer esfuerzos titánicos para tratar frenar el sangrado nasal que amenaba con salirse, a la vez que ahogaba en su garganta un grito fangirl. Definitivamente después le enseñaria este vídeo a Marinette, solo para ver su reacción.

Hablando de Volpina, ella había tenido el bastón de Chat Noir un segundo antes entre las manos. Recogido del suelo, lo estaba usando como juguete haciendo imitaciones de "miradme, soy Chat Noir y no se hacer otra cosa más allá de tropezarme", tan poco graciosas que ni tan siquiera a Chat (mucho menos a él) le hicieron gracia. Su odio hacía la joven estaba creciendo considerablemente. No recordaba haber odiado nunca antes a nadie, está chica tenía el honor de ser la primera en su lista negra, sin embargo decidió hacerse el desentendido, como cuando hacía siendo Adrien, pero había un pensamiento que no pudo pasar por alto en el tiempo antes de que viniera su Lady:

"Estoy encadenado, indefenso, no puedo moverme... ¿entonces por qué no me quita mi Miraculous?"

Una sospecha sin forma nacía dentro de él mientras más pensaba en ello.

Ahora, en cuanto Ladybug hizo acto de presencia, a Volpina casi le da un ataque al corazón al escuchar su voz, pero lo supo ocultar bien. Dejó tirado el bastón de Chat a los pies de éste y encaró a Ladybug, apretando su flauta entre las manos. Quien no la conociera hasta podría decir que estaba celosa de lo bien que se llevaban esos dos.

— Vas a tener que separarlos —le dijo el villano en su cabeza, con falso tono neutral—, si no quieres problemas conmigo.

— ¡Ya era hora, Ladybug! —exclamó con odio sentido, hasta ahora se había estado divirtiendo a costa de Chat Noir, pero tenía planeado acabar con Ladybug lo más pronto posible.

— ¡Sus pendientes, rápido! —exclamó Hawk Moth en su cabeza.

— ¡Eso ya lo se! —se quejó la villana.

— ¿Quieres mis pendientes? —preguntó Ladybug con falso tono inocente, mientras sacaba de nuevo su yo-yo y lo enfocaba hasta otra chimenea, visiblemente mucho más lejos. Su idea era alejar lo más posible a Volpina de Chat, se obligaba a creer que por la seguridad del mismo— Entonces, sigueme.

Chat, dándose cuenta de lo que su compañera pretendía hacer, por acto reflejo dio un paso adelante a la desesperada, obteniendo un leve crujido, como un quejido, de la chimenea en la que estaba atrapado, por el movimiento brusco. Pero más le dolió a él, cuando el férreo metal se incrustó en sus costillas levemente, pero con la suficiente fuerza para hacerlo doblarse y resollar de dolor.

Ladybug sin dudas no olvidará lo que vio en los ojos de Volpina: preocupación auténtica. Ella realmente se preocupaba por Chat Noir. Tal vez, solo si ella no estuviera akumatizada...

— ¡Cuidado Ladybug! —gritó el felino, aspirando aire en sus pulmones. No se sorprendería si después de eso encontraba serios hematomas en su abdomen— ¡Sus poderes ya no son ilusiones, todo lo que ella crea es real!

Ladybug abrió sus ojos como platos por un segundo, debido a todo lo que conllevaba esa información. Ahora SI que alejaría a Volpina del indefenso Chat, de los reporteros y de las personas que espiaban escondiéndose asustadas tras las cortinas de las ventanas de sus casas, a como diera lugar.

— ¡HEY, VOLPINA, UNA CARRERA HASTA NOTREDAME! —gritó con todas sus fuerzas, para que todos los que estuvieran cerca de la catedral viendo las noticias se dieran por aludidos y luego salir corriendo hasta el lugar.

Decidió no usar su yo-yo para tal fin y fiarse de que sus piernas podrían correr más rápido que las de Volpina por los tejados, para así darle tiempo a la gente a desalojar el lugar.

— En cuanto la venza, volveré a por ti, gatito —la villana le dijo a Chat y, con un rápido movimiento tomó la cara del felino y lo besó de manera animal.

Él casi no podía respirar de la sorpresa y el espanto. No dejó de patalear en todo el tiempo, aunque sabía que era inutil. Sin embargo, algo era seguro, ese beso estaba haciendo desbordar su vaso. AHORA SÍ que la detestaba de todas las formas posibles.

Inmediatamente después Volpina le giñó un ojo sin reparar en su cara de asco, comenzó a correr tras ella, dejándo a Chat Noir atras.

— ¡Siguelas, no dejes nada sin captar! —Nadia le grito a su cámara, y ellos también comenzaron a correr hacía el lugar.

Sin duda, la mujer no iba a dejar pasar la exclusiva de una pelea entre Ladybug y un akuma en la mismísima Notredame.

Mientras, en su guarida, Hawk Moth estaba viéndolo todo con una ligera sonrisa en sus labios.

— Así que Notredame, ¿eh? —dijo con mirada demoniaca, para luego comenzar a reír como un desquiciado— Ladybug, tú misma acabas de cabar tu tumba.

Sin dudas la heroína no tenía ni idea del poder que se escondía en esa catedral del demonio.


Sólo.

Casi no podia procesar lo que acababa de suceder, mientras, no dejaba de escupir en un bano intento por limpiar su boca. ¡Esa zorra le robó su primer beso, y él lo estaba reservando para su Lady! ¡Volpina lo había ensuciado!

Ligeras lágrimas se acumularon en su rostro. Era un estúpido inútil y siempre lo seria. ¿Cómo podría haber pensado que era un digno rival para Volpina, si no dejaba de entorpecer siempre a Ladybug?

Ladybug... quien acababa de irse. Ladybug se fue. Se fue dejándole sólo en un momento de necesidad.

Algo ocurrió. En cuanto su subconsciente procesó eso, su cerebro se llenó de negros pensamientos a la vez que su corazón parecía bombear veneno aturdidor a todo su sistema nervioso.

— Ladybug me ha dejado sólo en un momento de necesidad —susurró sin saber realmente lo que decía, a la vez que las lágrimas no dejaban de caer, silenciosas, por su rostro. Se sentía extraño, fuera de si, y la verdad eso no se sentía nada bien. Como si algo que no pudiera haber sido roto hubiera sido hecho añicos justo en el centro de su ser— Ella prometió que nunca lo haría, ¡lo prometió...! Todo por culpa de esa Volpina.

En cuanto el nombre del akuma salió de sus labios cargado de veneno, algo pareció despertar. Fue como si su odio hacía la chica se estuviera convirtiendo en algo material dentro de sí. Su bastón comenzó a vibrar con todas las emociones negativas que estaban llegando a él. Para estos momentos, Chat Noir ya había dejado de ser él mismo. Se quedó mirando fijamente su bastón durante unos segundos, entonces, de repente, levantó un pié. Sin remordimientos pisó su arma con tanta fuerza que ésta se partió en dos, en un corte limpio. Casi podría haber jurado que escuchó un grito de jubilo contrastando con la cacofonía de injurias sin sentido que soltó Plagg dentro de su cabeza.

Esto a Adrien le pareció un tanto estraño, ya que Plagg nunca antes se había dignado a hablarle dentro se su mente, pero no le dio mayor importancía. Levantó de nuevo el pie y repitió el proceso otras dos veces, partiendo su arma en cuatro. Inmediatamente de los extremos salieron nada menos que ocho cuchillas de 6 cm de largo y 4 de ancho. Estaban completamente nuevas, pues no habían sido usadas todavía, y su filo brillaba con peligrosidad a la luz del sol, al estar engrasadas con un veneno especial que quema todo lo que toca.

Las cuchillas del Unlucky Sin.

Chat las descubrió un miércoles por la noche, en el momento del patrullaje, cuando Ladybug no llegaba y se puso a jugar con su bastón. En esa noche, las cuchillas recién descubiertas, y las cuales guardó con rapidez, le provocaron pesadillas. Pero ahora... ahora era diferente.

¡Adrien! —gritó Plagg desde el interior de su mente— ¡Guarda de nuevo esas cuchillas, hazlo ahora!

El bastón divido en cuatro vibraba en gozo desde el suelo. Siglos sin ser alimentado y al fin veía la luz. El odio de ese portador insensato hacía el akuma no era un odio suficientemente fuerte como para matar a nadie, pero de momento lo aprovecharía para abrir boca.

¡Adrien, estoy hablando en serio, no tienes ni idea de lo que haces! ¡Guardalas!

— Ella rompió nuestra promesa... —salió de los labios del héroe felino. A una orden de su mente, las cuchillas se fueron elevando— Ahora me toca a mi.

¡ADRIEN AGRESTE, NO! —decir que Plagg estaba muerto del pánico era poco. Se sentía tan indefenso como su portador hace unos minutos.

De momento gritar era lo único que podía hacer para desconcentrar el equilibrio mental que el rubio necesitaba para mover las cuchillas. Pero de momento no le servía de mucho.

Fue solo cuestión de tiempo para que Chat lograse tener el control total de al menos dos de las cuchillas, las cuales cortaban el aire sin ser tocadas, pero si manipuladas por la mente del chico. Un solo toque de una de las afiladas cuchillas en el grillete que le mantenía apresado, solo eso para que el veneno hiciese su magia.

El grillete y la cuerda se deshicieron como si jamas hubieran existido. Chat flexionó sus brazos y los dedos terminados en garras de sus manos enguantadas, una sonrisa felina apareció en sus labios al saberse libre en más de un sentido.

— Próxima parada: Notredame.

Y salió disparado a cuatro patas con una agilidad sorprendente. Tan rápido como él, las cuchillas también se dirigían, encima de su cabeza, hacía la famosa catedral.


Hawk Moth literalmente se relamió los labios, aunque en realidad tenía la boca seca.

Podía sentir dentro de si mismo el odio y la furia animal que manaba de su hijo. En esos instantes, para él no podía existir afrodisíaco más potente.

— ¡Ve! —gritó haciendo eco en la estancia, asustando un poco a las mariposas blancas que le rodeaban— ¡Ve, hijo mio, y siembra el caos! Ladybug pronto se verá sola... no por mucho antes de morir.

La risa estridente del villano que siguió después, sin duda fue una de las peores que Nuuru podría haber escuchado en su larga vida.