— TRAICIONADO POR EL ANILLO —
8
Todos afuera de la catedral aguardaban expectantes alguna señal de lo que estaba ocurriendo adentro. Sin embargo no esperaban para nada ese tipo de gritos, los cuales le erizaron la piel a más de uno y las caras llenas de horror no se hicieron esperar.
— ¡PREPARAOS PARA ENTRAR! —les grito Roger a sus hombres.
Pero en ese momento una nueva presencia los dejó helados en su sitió, llenos de incredulidad. Olvidándose de los gritos que aun llenaban en aire, todo el cuerpo de seguridad dio la vuelta para ver al sospechoso recién llegado, quien se acercaba armado.
— ¡OTRO AKUMA! —gritó Roger— ¡REDUCIDLE!
Sin embargo, el joven rubio no se sintió amenazado por eso. En realidad se fue acercando a Roger a una velocidad pasmosa y con una expresión seria en su rostro.
— Un momento... —solto el hombre haciéndoles un gesto a los policías con la mano, para que no subyugasen al sujeto. Sujeto que él estaba observando fijamente— ¿Chat Noir?
Inmediatamente todos miraron mejor al recién llegado, las exclamaciones de asombro no se hicieron esperar, al reconocer al joven rubio de dilatados ojos verdes como el héroe de París.
— ¡Esto tengo que ponerlo en el Ladyblog! —chilló Alya emocionada, valiendole poco los policías se acercó al chico enfocándolo con el teléfono para grabar— ¡El nuevo look de Chat Noir!
Lo raro es que él paso olímpicamente de ella.
— Alejense de aquí —ordenó con una seriedad nunca antes vista en él, ni siquiera su voz sonaba como la suya. Pero era él, estaban muy seguros de ello—. Es muy peligroso para los civiles.
— P-pero Chat Noir...
— Confíen en su héroe —dijo sin emociones, sin embargo en el interior estaba saboreando decir la palabra héroe para referirse a si mismo.
Nadie le impidió la entrada al lugar del que provenía el grito. Antes de entrar se dio la vuelta y contorsionando su rostro en una mueca de enfado gritó "¡FUERA!" Rápidamente todo se despejo, sinceramente Chat Noir les daba miedo. Solo Alya quedaba ahí, si bien el corazón le latía acelerado, no dejó de grabar al chico felino en ningún momento. No le tenía miedo, al menos no a él, ¿su nuevo aspecto? Tal vez eso sí, pero no dejaba de ser sólo eso, aspecto, fachada. ¿Las enormes cuchillas que pendían sobre la cabeza de pelo rubio? Sobrecogedoras, sin duda, pero estaba convencida de que Chat no le haría daño. ¡Estaba del lado del bien! Además, era amigo de Marinette y los amigos de los amigos eran casi como amigos propios. Aun así, a Alya no le sentó nada bien ese comportamiento de parte del segundo héroe de París.
— ¡¿Se puede saber que te pasa?! —gritó irritada la joven, con su teléfono todavía grabando la escena que dentro de nada todo París vería una y otra vez— ¿Tienes sarna o qué?
En seguida la futura reportera se arrepintió de abrir la boca. ¡Le había faltado al respeto a Chat Noir enormemente! Después tendría que editar el vídeo, no quería arriesgarse a la posible furia de los otros fans en su contra.
El héroe se giro hacía ella y porque no tenía pupilas, si no la chica habría notado como estás habrían cambiado de mostrar enfado a sorpresa de forma pasmosamente rápida. Arrepintiéndose también por no haberse fijado antes en la joven de tez morena.
Con sorpresa, Alya vio que el héroe no le dignaba una sola palabra. Si le dedicó, sin embargo, una galante pero reservabada reverencía, con los labios hechos una fina línea, antes de girarse y abrir los portones con brusquedad. A pesar de la obvia muestra de respeto, la chica no pudo evitar sentirse tremendamente inferior.
— ¿A-acabais de ver lo mismo que yo? —le preguntó a la pantalla del aparato, la boca semi abierta y los ojos en shock— En serio París, ¿qué le ha pasado a nuestro tierno y bromista gato de hace unos momentos?
Y como había hablado, pareciera... voz de ultratumba.
Pero él no la escuchó hablar sola, simplemente entró y volvemos a donde estábamos antes.
— Ladybug —llamó a la chica entre sus brazos con voz dulcificada— ¿por qué lo has hecho?
La joven entre los brazos de su compañero, no le entendió, ¿hacer qué? ¿Tratar de ayudar a Lila? No sabía que la cosa iba a darse así, ni siquiera sabía que era ese dolor. Solo que ya se le estaba pasando, gracias a los Miraculous.
— N-no te preocupes por mi, Chat —ordenó más que pidió la joven, quien para alivio del chico volvía a recuperar el color de su rostro y su pose de "todo está controlado, solo sigue mis órdenes"—. Ve a por Volpina y distraela. Yo me ocupo de los civiles mientras.
¡No, no le dejes solo!
La joven le echó una significativa mirada al palco. La voz de Tikki dentro de su cabeza era tan asustada y baja, que la chica no pudo escucharla. Chat Noir encarnó una ceja, no de forma bromista, sin embargo. Creía saber ya la respuesta, pero por si las moscas...
— ¿Cúal de las dos? —preguntó sorpresivamente.
¿Cómo qué cual de las dos? ¡Solo había una! A no ser qué la chica de cabello castaño se hubiera creado una doble mientras estaba débil...
Se escuchó un tañido, seguido de la reverberación del eco dentro se ese lugar.
Y luego un sonido de caída que cortaba la circulación en las venas, más por la sensación de tremendo peligro mortal que por el sonido en si, impidió a Ladybug ver directamente a los ojos de su compañero y descubrir que no eran imaginaciones suyas el aspecto (y las armas) que ahora portaba.
Una de las enormes campanas de la catedral caía directa hacía ellos. ¡Iban a ser tortilla de mariquita y gato!
— ¡CUIDADO! —chilló Chat de una forma de desespero propia de un fantasma, a punto de usar su Cataclysm, y su más que potente grito, por muy irreal que se escuche, logró llevar la campana unos centímetros hacía arriba, antes de caer de nuevo.
Un detalle que no pasó desapercibido para la heroína principal, que por muy sorprendida que estuviera, no perdió tiempo en sacar su Yo-Yo y lanzarlo por las paredes de tal manera que el hilo irrompible sirvió de red que evitó el choche de la campaña contra el suelo, a centímetros de sus cabezas.
Eso había sido pensar rápido, pero la perspectiva de rozar la muerte hizo que esos segundos fueran una eternidad que sería difícil de olvidar para la mente de la joven.
— No pierdas tiempo —le dijo al felino con dientes apretados. La cuerda del yo-yo se le estaba resbalando de las manos, pero estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para sostener la enorme campana de bronce en el aire el tiempo suficiente. Por el intenso escozor, podía imaginar perfectamente las cortadas sangrantes que se estaban formando en sus manos bajo el látex de su traje... ¡No! ¡Una heroína no podía verse perdida solo por eso! No había dolor, no había dolor, se obligó a repetirse, pero sus piernas flaqueaban inevitablemente. Por muy milagrosa que fuera, seguía siendo una adolescente levantando kilos de bronce en el aire.—. ¡Vete a por el akuma!
Chat asintió con la cabeza y subió a zancadas las escaleras de caracol. Lo pagaría. La zorra falsa lo pagaría. Al menos le quedaba el consuelo de que esa Ladybug era muy fuerte también. No más que su Lady. ¿Pero qué se le pide a una humana?
— ¡APARTENSE! —les gritó Ladybug al padre y los monaguillos, quienes no habían podido evitar asomar la cabeza al grito de Chat y se habían quedado abrazándose unos a otros en shock, al ver el filo de la muerte pendiendo sobre sus cabezas.
La joven no necesito repetirlo dos veces. En seguida echaron pies en polvorosa hasta otra de las salas del lugar. Ladybug no perdió tiempo en soltar la cuerda de su Yo-Yo y se habría permitido soltar un quejido de dolor, si no fuera porque su instinto de supervivencia la instó a saltar de viga en viga de piedra, las cuales comenzaron a caer en cuanto la gran campana de bronce se hizo añicos en el suelo, haciendo efecto Pintball. Con su rapidez y fuerza, llegó rápidamente hasta los civiles, los abarcó a los tres con sus brazos y los llevó a saltos a una parte segura, desde donde pudieron ver, con el corazón latiendo a mil por hora, como el techo se desprendía tan rápido como las grandes vigas de piedra que hacían efecto domino de una forma que habría sido hasta magistral, si no le tuvieras miedo a la muerte, claro. No fue hasta que la última de las vigas cayó justo rozando sus narices y el gran bache que se formó en el suelo les hizo tropezar y caer de culo, pero nada más grave, que el cerebro de la heroina se conectó de nuevo y el gran destrozo delante de sus ojos de un edificio sagrado, le hizo comprender por fin lo que había sucedido.
Era obvio que Volpina había creado con su poder aquella campana gigante.
Ladybug no pudo evitar temblar y pasar algo de saliva en cuanto notó las salpicaduras de un rojo carmesí más profundo que el de su traje manchando las palmas de sus guantes. No quería ni saber cuan grandes eran las cortadas que se había hecho, le llegaba con saber que dolían como mil demonios, casi tanto que podría cegar su razón de nuevo. Eso y que las manos no le dolían tanto si las mantenía lo menos estiradas posible, señal de que se había fastidiado los tendones de los músculos considerablemente, eso si no se le habían partido por la mitad cual cuerda de piano gastada...
Se enorgullecía de si misma al poder aguantarse el inhumano grito de dolor que amenazaba con salir de su garganta en cualquier momento.
Había estado al filo de la muerte, comprendió espantada. Anteriores akumas únicamente habían querido robarle los pendientes (con el añadido de Lady WiFi de querer descubrir su verdadera identidad), pero Volpina había querido hacer más que robarle los Miraculous.
Eso que acababa de suceder, se dio cuenta su más que aterrorizada razón, sin poder quitar la vista del gran destrozo que ocasionó la campana gigante, había sido un intento de asesinato en toda regla.
De haber sido Marinette, habría gritado, llorado y suplicado por su vida... o habría muerto segundos antes. Pero en esos momentos ella llevaba la máscara. No era Marinette, era Ladybug. Ladybug se había salvado a ella misma (con un par de heridas que sospechaba distaban mucho de ser solo magulladuras) y a los tres civiles, los cuales no llevaron rasguño alguno. Ladybug debía tragarse los sentimientos negativos que la abrumaban y lucir fuerte a pesar de todo. Aunque el hecho de poder ser asesinada en cualquier momento era un nuevo nivel de riesgo que, aunque sabía que terminaría sucediendo tarde o temprano, también sabía que no estaba mentalmente preparada para afrontar.
Lligeras lágrimas de felicidad cayeron por sus ojos al notar su corazón latiendo y sus pulmones, aunque entrecortadamente, funcionando.
Que bueno ser la portadora de la buena suerte en estos casos.
¡Marinette! —el chillido de Tikki dentro de su cabeza casi la hace saltar. Menos mal que también la devolvió de vuelta a la realidad por entero— ¡Los escombros, te estas ahogando!
El destrozo de la catedral había levantado humareda y yeso por montones, que impedía la visión, se filtraba por la nariz y la boca entreabierta de la heroína, impidiéndole respirar con normalidad y hacía que sus ojos picasen. Tal vez las lágrimas que mojaban su antifaz no eran solo producto de la felicidad de seguir con vida.
Inmediatamente se dobló y comenzó a toser audiblemente como mecanismo de defensa. Se asustó sobremanera al no notar ningún ruido, más allá de los que ella misma provocaba, llegar a sus oídos. ¡¿Dónde estaban los monaguillos?!
— ¡Hola! —gritó todo lo alto que pudo, intentando que no se notaran los gallos que el dolor en sus manos cortadas le provocaban en su voz— ¡¿Hay alguíen?! ¡¿Dónde estáis?!
— ¡Aquí jovencita! —escuchó la voz de un hombre que debía ya de rondar los cincuenta años, el Padre de la Catedral sin duda, a su espalda— ¡Estamos vivos, gracias a Dios!
"Gracias a mi" —pensó la joven con algo de rencor y el ceño fruncido, mientras se giraba y se dejaba guiar por la voz del hombre.
Menos mal que la humareda comenzaba a disiparse.
No se lo tengas en cuenta —le aconsejó Tikki dentro de si, pero el nerviosismo en la voz de su kwami no le ayudó a calmar sus nervios.
— ¿Lo han visto, verdad? —preguntó retórica al hombre y a los dos jóvenes vestidos de túnicas— ¡Esto es demasiado peligroso para los civiles, vayan a cobijarse a un lugar seguro!
— La Catedral... —susurró el hombre, mirando detrás de la joven— Tantos siglos de historia... destruidos delante de mis narices —observó a la joven heroína con ojos de furia— ¡Tú, bruja...!
No fue capaz de terminar la injuria, pues Ladybug hizo algo que ningún parisino creyó que ella sería capaz de hacer. Sin pensarlo, abofeteó al hombre, dejando un rastro de su propia sangre en su mejilla. Si se arrepintió del acto, tanto por la mirada shockeada que le dedicaron los tres, como por el intensó dolor que atacó su mano, no lo demostró.
— Esa no es forma de hablarle a quien ha arriesgado su vida por usted —sentenció con voz grave e intensamente molesta—. ¡Si no fueran tan tercos y hubieran salido del lugar cuando debieron hacerlo, la Catedral seguiría aún en pie! —alzó sus manos muy malheridas a los ojos shokeados de los tres religiosos que la consideraban un peligro, por sus poderes no concedidos por El Creador— ¿Ven ésta sangre en mis manos? ¡Ha sido todo porque sigan respirando ahora! ¡Así que salgan ya de aquí, porque si mueren por su propia terquedad y su mente cerrada, yo no pienso sentirme culpable! —dio la vuelta dispuesta a enfrentarse a Volpina de nuevo. Ahogó un sentido quejido y otras lágrimas de dolor resbalaron por sus ojos ya casi secos, cuando sacó su Yo-Yo y lo tomó entre las manos para dirigirse hacía lo que quedaba del segundo piso, donde Chat y Volpina aun mantenían una intensa pelea. Los músculos de estas casi no le respondían y estaba consciente de que en cualquier momento podría caerse en el aire, por lo que tendría que saltar como nunca antes había saltado para llegar. Eso solo la irritaba más. Volvió a girarse hacía los desagradecidos con ojos de hielo— Ya se ocuparan mis poderes de bruja de reconstruir su amada historia. No se preocupen por eso.
Fuertemente arrepentidos por su cobardía, el hombre y los dos jóvenes salieron del lugar, intentando no mirar hacía el gran boquete que una vez había sido el lugar de los palcos.
Una gran multitud de gente les recibieron en el exterior, mayormente curiosos que habían sido atraídos por el gran estruendo y fervientes fans de los dos héroes de París, quienes habían estado viendo los vídeos de Alya en directo, y temían por la integridad y seguridad de ambos. Sin embargo, en el lugar también se encontraba la policía y un grupo de paramédicos, quienes no tardaron en auxiliarles.
— Señor, está herido —notó uno de los paramedicos al ver el rastro de sangre en la mejilla del Padre, quien no pudo hacer más que sonreír, sintiendo un gran orgullo ajeno por la joven de coletas y antifaz, que había logrado abrirle los ojos.
— No se preocupe por mi, buen hombre, ésta sangre no es mía —aseguró—. Le pertenece a la joven heroina que me ha salvado la vida.
Un gran revuelo se armó en consecuencia a esas palabras.
Ladybug no era capaz de creer lo que veían sus ojos. En grandes esfuerzos y un dolor punzante que iba de sus manos hasta el resto de su cuerpo, la mariquita iba escalando pisos como podía, la piedra de las escalera cediendo a su paso, haciendo que su corazón dejase de latir por momentos, para luego volver a latir y dar un paso más, esperando con todas sus fuerzas que no fuera un avance en falso.
— S-si estuviera Chat aquí, podría t-transportarme con su báculo —pero ella había enviado al felino a luchar contra Volpina, sin tener ni idea de lo que eso desencadenaría.
Su respiración agitada y el tiemble de sus miembros solo indicaban que se estaba mareando debido a la perdida de sangre.
— T-tengo que encontrar el akuma y purificarlo —solo así podría curarse a si misma—, p-pero... ¿d-dónde...?
Un estallido sonó desde lo alto de la Catedral. Ladybug tuvo que apartarse de nuevo a una esquina de las casi derruidas escaleras de caracol, cuando una horrenda gárgola pasó rozando su hombro. Sus ojos azules observaron asombrados como la roca moldeada en forma de bestia se teñía en negro, para luego dividirse en miles de trocitos, antes siquiera de llegar al suelo.
— ¿El Cataclysm de Chat?
Cuanto antes lo preguntó, antes un segundo estallido se hizo notar. Ladybug contempló con terror como también las escaleras bajo ella se teñían en negro. Gritó como una condenada cuando de repente solo estaba pisando aire y en un acto reflejo se agarró desesperadamente a un ladrillo saliente de la pared, sintiendo un gran dolor punzante recorrer su brazo cuando lo hizo.
Sentía que se desmayaría en cuanto notó sus dedos resbalar del pequeño espacio.
— ¡CHAT! —chilló en auxilio, cuando se dio cuenta que no podría salir sola de esa situación.
Justo cuando se soltó del todo y comenzaba a ver su vida en diapositivas, el báculo pasó rozando sus brazos y pudo agarrarse a él. En cuanto se notó a si misma bien agarrada, se agitó un poco y Chat Noir comprendió el mensaje. En seguida la mariquita se vio subiendo hacía el cielo y no fue capaz de respirar tranquila, hasta que se vio sobre techo seguro, al lado de su compañero de batallas, pero esa fue una grata sensación que pronto se le fue de la mente en cuanto vio en la otra parte del tejado, como una Volpina semi inconsciente trataba por todos los medios de mantener el sentido y no desmayarse ante su fiero enemigo.
— ¡Chat! ¡¿Qué le has hecho?! —chilló la heroína y por fin se digno a juntar su mirada con la de esos posos verdes sin cuenca.
— Lo que me ordenó, My Lady, encargarme de ella.
Un escalofrío le recorrió la espalda. ¿Desdé cuando Chat era así de recto, servicial y frío para con ella? No recordaba que el gato la hubiera tratado nunca de "usted". ¿Y esa voz? ¿Y esa aura oscura qué lo cubría? ¡Ese no era su gato!
— ¡Mi Señora, estáis herida! —exclamó el rubio en cuanto se fijó en las manos de ella.
Hizo el ademán de acercarse a su persona, pero con ojos desorbitados y un miedo latente la joven se hizo para atrás. No quería bajo ningún concepto estar cerca de él. ¿Desde cuándo ella era "su señora"? Abrió la boca para hablar, pero solo le salió un murmullo. Eran demasiadas las emociones fuertes que había vivido.
"¿Quién eres tú? —quisó preguntar, pero la voz no le salía— ¿Qué le hiciste a mi compañero de batallas?"
Trate de advertirtelo, Marinette —escuchó la voz de Tikki—. Ese no es el Chat Noir de siempre: es Amón
Los ojos de la heroína se abrieron como platos.
— ¡¿AMÓN?! —gritó— ¿EL SEMIDIÓS?
El primer Chat Noir de la historia. El Maestro Fu le había hablado sobre la primera Ladybug y sobre él, nada bueno sobre el hijo de la diosa gato Bastet, en alma presente ante ella.
El felino le hizo una reverencia al escuchar su nombre salir de sus labios.
— El mismo, Mi Señora, me alegra saber que ha oído hablar de mi.
— ¿C-c-cómo...?
Algo ha debido de trasladar los recuerdos enterrados del alma de Chat Noir, hasta sus inicios —la voz aterrada de la kwami no la ayudaba mucho, para variar—. Solo espero que no sea lo que pienso, porque si es así, está perdido.
El grito indignado de una Volpina que casi ya se podía tender en pie por si misma, le cruzó los oídos, volviendo su carga todavía mayor.
— ¡¿Cómo es posible que sigas viva?! —tomó su flauta con furia— ¡Maldito insecto, es hora de llamar al exterminador!
Lo siguiente que vio la joven heroína fue un proyectil dirigirse hacía ella, demasiado rápido para distinguir que era. Chat Noir (o Amón en el cuerpo de su Chat Noir) se colocó ante ella en posición de defensa.
Y a partir de ahí no fue capaz de recordar más.
Sus heridas abiertas y los impactantes descubrimientos la colapsaron por completo.
