— TRAICIONADO POR EL ANILLO —

9


El Unlucky Sin era un arma de doble filo, siempre lo había sido, pero ahora que era un fantasma, a Amón ya no le importaba nada sufrir las consecuencias. Además, hacía siglos que no sentía un odio tan inmenso como el que le producía ahora esa farsante de ojos verdes y cabello castaño. Será su propio odio mezclado con el de Adrien Agreste, supuso, ahora que estaba dentro de su cuerpo. Pero no le había quedado de otra si no poseer al rubio, para evitar que cayese en la perdición. Era la primera vez que hacía algo así y aunque no quisiera reconocerlo ya era un viejo. Esperaba realmente no dañar al heredero de sus poderes y "anfitrión forzoso" en el proceso.

Notó el dolor en sus manos enguantadas cuando paró el rápido proyectil poniéndose entre la herida Marinette Dupain-Cheng y la akumatizada.

Al límite de sus fuerzas, Lila se apoyó en lo que parecía ser una metralleta.

Metralleta.

Amón miró lo que tenía entre sus manos (las manos de Adrien). No había sido un solo proyectil, si no varios disparados a la vez.

Las ya inútiles balas de metralleta se le resbalaron de los guantes cuando llegó a sus oídos el sonido de un cuerpo estrellándose sin gracilidad contra lo que quedaba del tejado.

— ¿Mi se...? —no se permitió ni siquiera terminar de decirlo. A su espalda Ladybug lucía vencida e inconsciente. El olor de la sangre humana siguió atacando sus fosas nasales.

Perdió el control. Nunca había sido hombre desprovisto de impulsos, de todas formas.

"Perdoname Alhyrwin —le suplicó en su mente a su propia ex compañera—, pero es por un bien mayor. Préstame tu fuerza"

Observó a la farsante con ojos de odio y sin una pizca de arrepentimiento, a pesar de lo que había pensado hace un segundo.

— Ayudame de nuevo, viejo aliado —invocó, por encima de su cabeza, las cuatro cuchillas vibraron en asentamiento.

Cuanto te echado de menos, Qat Asud, hijo de Akenaton y Bastet —le habló una voz incorpórea muy diferente a la de Plagg, que parecía venir desde dentro de las armas.

Qat Asud. Chat Noir. ¿La diferencia de idioma era algo realmente importante en esto? No. Lo único que le dolió, el recuerdo del hombre que se hacía llamar su padre.

— ¡UNLUCKY SIN! —la invocación de su poder más poderoso sonó más como un grito de guerra que otra cosa.

El sol se ocultó repentinamente. Sin embargo, el calor que este irradiaba se volvió insoportable para la chica zorra.

— ¿Q-qué esta...? —trató de reaccionar Volpina ante la repentina ráfaga de viento que acompañó la oscuridad y el calor digno de un desierto, pero su pobre cuerpo, ya de por si magullado, no soportó los tres choques de clima distintos en uno.

"¿Es este el peligroso poder encriptado sobre el que advertían en el libro de los héroes?" —escuchó la pregunta de Hawk Moth en su mente, pero no le contestó, pues lo único que comprendió fue que no le hablaba a ella, si no a si mismo (o a cierto pequeño y adorable ser violeta obligado a contestar si es que se apreciaba a si mismo).

El viento provenía de las cuatro cuchillas envenenadas, como si de pequeños pero potentes molinos se trataran, las cuales rodearon a Chat Noir, quien había extendido sus brazos cuan largos eran. Una cuchilla sobre su cabeza, otra a sus pies, una tercera rozando las garras de su extendida mano izquierda y la última rozando las garras de la mano derecha. Norte, sur, este y oeste. Todas giraban como puntos cardinales en el sentido contrario a las agujas del reloj, levantando con violencia toda escena que la rodeaba de su sitio. Sus huesos dolían y lo peor es que no podía reaccionar, había un algo o un alguien que no se lo permitía.

De repente, flotaba. Un trozo de techo en el que estaba se había desprendido por completo y ahora flotaba en una nada de un profundo color negro con destellos verdes, solo rota por su propia presencia y restos de lo que una vez fue la gran Notre Dame, flotando como si no hubiera gravedad alguna. Y así era.

No hay gravedad dentro de los pensamientos y los recuerdos de una persona.

De haber estado al 100% de sus capacidades, a Lila le habría irritado esta situación tan típica de dibujos animados. Pero no pudo hacerlo. Y menos cuando dos destellos verdes se convirtieron en los ojos de su captor. Lila ya no pudo desviar su mirada de ellos.

— Así que dices ser descendiente de Volpina, ¿eh? —le cuestionó el chico gato con voz sardónica— Recuerdo a Volpina. Una loca insufrible en ocasiones, cuando se le metía algo en la cabeza, sobretodo, pero era centrada y noble, una buena heroína. Nada se le escapaba al final. Además, era la mejor amiga de My Lady, nunca habría hecho nada que la dañara y por supuesto no desearía destronarla —su voz estaba teñida de desprecio ahora, para volver a un tono neutral, como si hablará del tiempo—. Tú ni tan siquiera tienes derecho a soñar ser la sombra de ella.

Las ataduras que parecían pararla desaparecieron por completo y volvieron sus sentidos.

— ¡¿CÓMO TE ATREVES A HABLARME ASÍ?! —gritó. Aunque más que enfadada, estaba dolida. Eso le había dejado el corazón sangrante...

— Le has robado el buen nombre a una compañera, a una buena amiga, y se lo has ensuciado con tus acciones, por lo cual... ¡TE HABLARÉ COMO SE ME DÉ LA REGALADA GANA! —Amón pareció sufrir un ataque de bipolaridad. De hablar como el espíritu anciano que en realidad era, había pasado a tener un berrinche digno de un crio de trece años... A veces odiaba ser un eterno adolescente— Aunque, claro, no sé de que me sorprendo, si tú nunca has sido lo que se diga una buena amiga, ¿me equivoco?

Pero antes de que Volpina pudiera rebatir esa provocación, el Unlucky Sin se cansó de ser un simple espectador.

Ella pudo evitarlo, no así su alma, la cual se desgarró tanto que gritó de forma que cualquiera se habría quedado sordo... pero era demasiado alto como para que alguien la oyera.


Por favor, Alhyrwin querida mía, despierta de tu sueño.

Unos espectaculares ojos azules sin pupila se dejaron ver tras unos parpados tostados, despertando así un hermoso rostro de rasgos egipcios. La dueña de estos se incorporó del incómodo lugar en el que su espíritu había decidido reponer fuerzas. Había estado preocupada por Amón, no iba a negarlo, desde que este le dijo que algo malo pasaba con Adrien Agreste y no había hecho otra cosa que acercarse a la tumba de su antepasado.

Escuchar esa voz dentro de su mente, aunque muy amada, dada la situación no le dejaba un buen sabor de boca. Aun así se sintió ligeramente culpable por no alegrarse.

Madre —nombró mientras se desperezaba, aun no se creía haberse quedado dormida, se pasó una mano echándose hacía atrás su largo flequillo negro que le llegaba a tapar sus finas cejas... dejando así al descubierto unas muy poco humanas antenas sobre su cabeza— ¿Es esta tu voz? ¿Necesita ayuda tu portadora?

¡Oh, gracias amados Dioses, soy yo, soy yo! Y ella está... Marinette está...

Madre, tranquila, lo que sea, lo solucionare —la primera de todas las Ladybug trató calmar a su progenitora todo lo que podía. Tikki había sido una buena madre y una buena maestra para las herederas de su poder, pero tendía a perder los papeles por minucias— pero no podré hacer mucho si sigues nerviosa. Dime dónde esta el problema.

París. Catedral de Notre Dame —Alhyrwin no pudo evitar su cara de desagrado. ¿Qué hacían en ese lugar de muerte?— Apresurate querida. Amón... Amón está aquí. Ha... poseído el cuerpo del pequeño Agreste.

Alhyrwin no pudo evitar soltar un improperio que nunca debería haber salido de la boca de una semidiosa como ella. Gato tonto.

Ahora podía sentir sus palabras, aunque con algo de dificultad.

"Perdoname, pero es por un bien mayor. Préstame tu fuerza"

¿Prestarsela? No, no, para nada, tenía suficiente de su poder dentro del Miraculous y él era lo suficientemente mayorcito para arreglárselas solo... de momento...

Acarició la tumba de la joven mujer por la que había estado velando y que se encontraba justo debajo de la estatua que la representaba, antes de quedarse inexplicablemente dormida.

— No hace falta preocuparse —dijo con la confianza que la había impregnado durante siglos—, salvaré a tu nieta.

Era la hora de Ladybug.


Cualquier chines que estuviera pasando cerca de la entrada de la Ciudad Prohibida, podría haber visto sobre esta un destello de luz roja y dorada dirigirse hasta la capital francesa. Pero cualquiera lo habría creído una alucinación. Cualquiera, menos él.

Un anciano de ojos verdes profundos que no perdían vitalidad alguna, a pesar de haber sobrepasado ya los 60 años de edad, tenía toda la intención de visitar de nuevo la tumba de su esposa que había muerto hacía mucho, cuando notó el destello de luz de la semidiosa egipcia. Supo que ya no podía quedarse más de brazos cruzados.

Puede que ya no quedara ni rastro de ese color negro azulado de su cabello que le llegaba hasta los ahora caídos hombros, habiendo sido sustituido por ese cabello blanco de canas brillantes que destellearon a la luz del aura de la semidiosa, además de que la arrogancia innata de su juventud había muerto contras la sabiduría que le otorgaban los años, pero el señor Cheng era imposible de engañar.

Su nieta le necesitaba.


La agitación era palpable cuando Amón regresó al plano físico, dejando al fin a Lila respirar tranquila, no así el colgante de su cuello, el cual se lo arrebató. Ella ni siquiera se molestó en defenderse. Le habría encantado destrozarlo, pero por alguna razón no lo hizo, solo apretujó el colgante en su mano enguantada hasta clavárselo. Dolía. Pero no le dolió tanto como le debió doler al pobre akuma mariposa, que soltó un chillido agónico. Lo último que hizo en su corta vida.

Los ojos verdes de la joven le observarón asustados. No tenía ni idea de contra quien se metía, pero su astucia de zorra le decía que debía correr y rápido. Se resistió a amarrar su brazo herido, que le dolía mucho más ahora que ya no estaba bajo el control de Hawk Moth. Pero se acordaba de todo, dolorosamente.

Es en estos momentos cuando alguien en una situación parecida a la suya pregunta un "¿por qué?" de lo más dramático, pero ella bien sabía el porque. Le daba mucha vergüenza, además.

— Será mejor que te vayas —no había sido para nada un consejo cortes y desinteresado.

Lila, aturdida, momentáneamente rota, solo hizo un ademán de asentir con la cabeza y se fue, cuando el único buen gesto que tuvo Amón por ella fue bajarla hasta el suelo. Solo para perderla de vista.

Para cuando regresó de nuevo al lado de la inconsciente chica, algo parecido a la tristeza, aunque no era del todo auténtica, lo invadió. Cargándola en brazos, se dispusó a marcharse, hasta que Alhyrwin, su compañera de batallas, apareció ante él, cortándole el paso. No estaba contenta. No le importó, ya no le debía explicaciones.

— Cuidala —ella le ordenó con los labios convertidos en una fina línea, los dientes apretados.

— Arregla este desastre —él le rebatió. Para eso servía.

La primera de todas las Ladybug estuvo por decir algo más, pero el aura de Tikki la calló.

Amón, todavía dentro del cuerpo del actual Chat Noir y el báculo volviendo a ser un báculo, saltó hacía la parte trasera del edificio, dejando atrás a toda la congregación de gente alucinada, no tenía ganas de pasar entre ellos con una inconsciente Ladybug en brazos, sería tarea imposible.

Oh, Marinette... Debía de curarla, necesitaba un lugar seguro para destransformarse, necesitaba su Miraculous, necesitaba...

— ...A mi —le respondió una voz, siguiendo el hilo de sus pensamientos.

Amón sonrió con la mirada al anciano y pequeño hombre asiático, apoyado en un bastón que en realidad no necesitaba, un kwami tortuga verde sentado sobre su hombro. No le sorprendió nada que ese hombre con una camisa hawaiiana que sin duda, lucía a destiempo, hubiera aparecido de repente ante sus ojos.

Detrás de ellos, la magia de la semidiosa le devolvió el esplendor a la catedral, para luego marcharse.

— Wayzz —pronunció el nombre del kwami con reverencia, haciendo oídos sordos al bullicio que había al otro lado del edificio. Iba a ser un día que los parisinos no iban a olvidar. El kwami le saludó con un movimiento de sus bracitos y un escueto "hola". Le hubiera sonreído, pero se mostraba "extrañamente" reticente. Fijo entonces su mirada de nuevo en la del anciano—. Así que supongo que tú eres el nieto del Maestro Yin.

— Maestro Fu —el hombre jugó un poco con uno de los botones de su camisa—. En realidad soy nieto de la Maestra Yang, encantado.

No parecía realmente encantado.

— Te necesito, Fu, nieto de Yang —agitó un poco el cuerpo de la chica, como si no fuera obvio— y mi descendiente también.

— Lo sé —suspiró pesadamente y dio medía vuelta, haciéndole un gesto al espíritu para que le siguiera y comenzó a andar hacía su casa—. Creeme, lo sé.

— ¡¿QUÉ DEMONIOS FUE ESO?! —el grito indignado de Gabriel sonó por toda la cúpula. Las mariposas blancas se alejaron de él.

Nuunu también se encogió, pero no por su secuestrador.

El kwami violeta trago grueso.

— El Unlucky Sin, Maestro —dijo, temblando de miedo, mirando a la nada—. Eso era, realmente era el Unlucky Sin. El poder dormido de Chat Noir, ahora esta despierto. Se alimenta de paranoias y de odio, todo el tiempo, hasta que no queda nada de su portador. Esto es malo.

Ni que lo jurara.

De pura rabia, Gabriel le hizo una grieta al cristal con su puño. De haberse tratado simplemente de Chat Noir, se habría alegrado, montaría una fiesta, pegaría saltitos de alegría. Pero estábamos hablando de su hijo. ¿Qué iba a hacer?