Hola, muchas gracias por sus comentarios y la buena acogida que le han dado al primer capítulo. He contestado sus reviews, menos los que llegaron como anónimos, pero no se preocupen, al final de capítulo están las respuestas a todos ellos. Agradezco que se hayan tomado la molestia de leer y dejar su comentario. Es muy significativo para mi.

Aquí les traigo el segundo capítulo de esta historia y que espero también sea de su agrado, por favor no dejen de leer ni de comentar

Declaro que los personajes de Candy Candy no me pertenecen, sólo los tomo prestados para crear una historia para fines de entretenimiento.


Una Flor para Escocia.


Capítulo II


El tiempo en la mansión del conde White era todo menos tranquilo. A los sirvientes les parecía que en la mansión siempre había tormenta cada noche, no importaba que fuera primavera, parecía que el ánimo de la familia influía ampliamente en el ambiente de la propiedad. Los días posteriores a la llegada del mensajero de los Grandchester fueron peor que esa noche de tromba. Los rumores entre las familias sobre la tercera cancelación del matrimonio de la hija del conde iban en aumento, y tal como esperaba la condesa Mary, lady Brown habló, pero esparció la noticia que los condes White se encargaron de difundir; que su hija Candice desistió de la propuesta de Terrence Grandchester porque tuvo otra propuesta de parte del jefe de la familia Andrew.

A decir verdad, todo había salido de acuerdo con los planes, un poco acelerados, de la condesa; hasta el conde Edmund se había mostrado complacido por la astucia de su esposa para evitar mayores y negras habladurías de su apellido, sin embargo, su hija, Candice, aún se sentía insegura, sobre todo luego del primer encuentro con lady Andrew.

A la joven le dio la impresión de que aquella mujer era una mujer típicamente escocesa; demasiado dura y con modales, en realidad, toscos. Hablaba mucho de la sumisión y deber de una verdadera esposa y aunque su madre intentó decirle que Candice era una excelente candidata para ser esposa de su nieto por la inteligencia y formación que tenía en asuntos económicos y políticos. Lady Elroy no quedó muy convencida de que la instrucción de la joven fuera en realidad una ventaja, no obstante, la belleza de Candice terminó por convencerla de acceder a aceptarla como futura matriarca de la familia Andrew. Elroy vio la gran belleza que poseía la chica y pensó que Candice podría resultar una excelente esposa, le daría a su nieto los hijos que siempre quiso y que su, difunta, primera esposa no pudo darle.

Por otra parte, Candice recordó toda la noche, con zozobra, las palabras que lady Elroy le había dedicado "Deberás ser una esposa fiel, confiaba, dedicada y obediente" Apenas eran cuatro simples reglas que ya estaban enturbiando su estabilidad, pero se hizo fuerte, se obligó a serlo "Por Annie" se dijo, para terminar de convencerse.

La velada no duro mucho, al parecer lady Elroy había llegado con muy poco tiempo, luego del anuncio de su llegada, ella misma dejó claro que tan sólo había ido a pasar revista a la joven, ya que tenía otros compromisos como recibir a su nieto que llegaba esa misma tarde para asistir al baile de lady Cameron. Luego de que se fueran, Candice suspiró, más que aliviada, agotada. Mañana sería el día en que conociera a su futuro esposo y ya estaba preocupada porque el lord escocés no fuera a ver nada malo en ella y la rechazaran otra vez.


A la mañana siguiente, la nana Pony llegó a su habitación para prepararla, llevaba entre sus manos un discreto tocado para la chica. Candice agradeció el gesto y dedicó una mirada de angustia a su nana. Pony no pudo hacer otra cosa más que darle ánimos, este día conocería a su futuro marido y mal que bien, debía aprender a ser feliz.

-Debes apresurarte, mi niña, tus padres y tu hermana ya están listos –dijo mientras veía a Candice meter sus manaos temblorosas en los guantes –te ves preciosa, Candice

-Gracias, nana –le dio un abrazo largo y urgente.

Desde las puertas de la antigua casa de los White, nana Pony despedía a su pequeña Candice deseándole en silencio la mejor de la suerte. Había ayudado a cuidar y educar a esa chiquilla desde que nació y se encariñó tremendamente con ella, aún más que con Annie, que siempre fue más apegada a su madre, sólo deseaba que la joven rubia encontrara la felicidad en su próximo matrimonio, aunque fuera en estas circunstancias. Y como si el viento trasmutara de oficio en oficio, en aquella tarde el mismo viento parecía entregarle ese deseo a Candice que sintió confort y tranquilidad ver a su nana despedirla.

-Candice, por favor, deja de asomarte así- reprendió la Condesa-sabes que no es apropiado.

-lo siento, madre- contestó con una sonrisa en el rostro, una pequeña sonrisa nerviosa que más bien parecía una advertencia.

-Dime, Candice ¿no estás emocionada por conocer a Lord Andrew? –preguntó con bruta despreocupación la menor –Archie me ha dicho que es un hombre realmente importante y con mucha experiencia con las mujeres

- ¡Annie, por dios! ¿De dónde sacas eso?

-No lo invento yo, mamá, me lo ha dicho Archie –dijo la chica pasando la mirada de la condesa a su hermana- Estuvo casado una vez, pero su esposa murió en extrañas circunstancias, desde que enviudó fue conocido en sus tierras por sus visitas constantes a casas poco decorosas…

- ¿Estuvo casado? –preguntó Candice mirando incrédula a su madre- Madre, ¿lo sabía?

-Por supuesto que lo sabía –contestó con un dejo de condescendencia –debo estar informada de todo, querida

- ¿Entonces por qué no me dijo nada?

-porque no es importante, Candice

- ¿Qué no es importante? ¡madre, lord Andrew estuvo casado y su esposa murió en extrañas circunstancias!

- No es relevante…

-Pero, madre…

-Tranquila, Candice, que no pasa nada –dijo Annie muy sonriente- Archie me aseguró que lord Andrew es un hombre de buen ver y bastante joven para su viudez

- ¿y se supone que eso me hará sentir tranquila?

- ¡Claro, no te casarás con un hombre de la edad de papá…! -hizo un gesto de indignación como si Candice no comprendiera la obviedad a la que se refería –es más, creo que hasta tienen la misma edad…

-Pero has dicho que tiende a visitar casas poco decorosas…

-Ya te he dicho Candice que eso no es importante –intervino con cansancio la condesa-todos los hombres, sean lores o no, lo han hecho, al menos una vez

-Pues padre no lo hace

-Como dijo Annie, lord Andrew tiene experiencia con las mujeres, todo hombre debe tenerla, como esposa lo agradecerás –decía ya con hastío- y siendo tan lista como eres, hija, ¿de dónde crees que se obtiene esa experiencia?

Candice terminó por guardar silencio, comprendía el punto de su madre, sin embargo, aún estaba indignada por la información que deliberadamente le ocultó. Tal vez pensó que se negaría al compromiso, como si de verdad le dieran la posibilidad de tomar esa opción. Entendía perfectamente su angustiosa situación, pero tampoco creía correcto casarse con alguien sin estar informada de algo tan delicado. Si lord Andrew estuvo casado ya una vez, ¿de qué murió la señora? Lady Elroy tampoco mencionó nada del asunto y Annie dijo que su esposa murió en extrañas circunstancias.

Se había prometido no ser prejuiciosa y darle una oportunidad a su futuro marido, al fin y al cabo, estaría unida a ese hombre por el resto de su vida, era una mujer sensata y madura, pero no podía evitar sentir un escalofrío con la figura poco favorable que ya se estaba formando de lord Andrew, no importaba que Archibald asegurara que fuera un hombre de buen ver y menos que fuera tan joven.

De repente quiso decir no al compromiso, gritar que poco le importaban las reglas y el casamiento de Annie con lord Cornwell…pero, no podía hacerlo. Aquella mañana el conde Edmund anunciaba que llegaría primero al baile para hablar con lord Andrew en privado y había notado lo animado que estaba con conocer al "definitivo candidato de mi Candice". Volvió a suspirar ya desanimada y pidió al cielo que todo, al final, terminara bien.


En Trenwind, la residencia de lady Cameron, el conde Edmund terminaba su conversación con los Andrew luego de ultimar los detalles del compromiso con Candice. A decir verdad, el conde había quedado más que satisfecho con la formalidad y comportamiento del joven patriarca. Aunque un poco brusco en modales, era todo un caballero, educado y con una buena oratoria, siempre admirable en un hombre en su posición. Además, igual que Archie Cornwell, concluyó que lord Andrew era un hombre de buen ver, seguramente Candice podría encontrar un poco de felicidad a su lado.

- ¡Candice, pero qué haces! –gritó alarmada la condesa al ver que su hija abría por sí misma la puerta del carruaje

-Lo siento, madre, estaba distraída –cerró la puerta y volvió a acomodarse en su asiento para esperar a ser recibidas.

-Es imperdonable, Candice, debes tener cuidado, no puedes darte el lujo de cometer estos errores otra vez –la tomó del brazo para asegurarse de que se quedara quieta –recuerda que es tu última oportunidad y todos nos estamos esforzando

-Ya vienen …-advirtió Annie asomándose por la ventana e inmediatamente la puerta del carruaje se abrió. Fueron recibidas por los sirvientes y por lord Cornwell, el prometido de Annie.

Todos, excepto Candice, mostraron admiración y embelesamiento por la decoración tan esmerada de la casa Steven para su primer baile de primavera y es que, además de que Archive escoltaba caballerosamente a su madre y a Annie dejándola a ella unos metros atrás, ya no sentía el confort y tranquilidad que sintió cuando salió de casa. Sentía un sopor extraño y la curiosidad que en un principio surgió por conocer a la familia Andrew, luego de sus lecturas sobre su genealogía, ya se había ido.

Caminando a espaldas de lord Cornwell, Annie y su madre, alcanzó a ver a su padre, el conde, que salía a su encuentro luego de que le había sido anunciada la llegada de su esposa e hijas. El protocolo usual era que el conde escoltara a la condesa y a su hija Candice, y que Archive escoltara a Annie, sin embargo, el frenético impulso de encontrar un punto de apoyo, provocó que la joven rompiera el protocolo y corriera al encuentro con su padre, quien la recibió con los brazos abiertos, como si no la hubiera visto en semanas.

Edmund alabó el arreglo de su hija mientras besaba su mano, la condesa Mary, por su parte, miró a Candice con recelo y reprobación, sin embargo, a ella poco le importaba la mirada anquilosada que le lanzaba su madre. Sólo deseaba no sentir el desamparó que amenazaba con aprisionarla.

-He hablado con lord Andrew –introdujo el conde –pienso que sería apropiado hacer las presentaciones luego de la recepción de lady Cameron

- ¿No te parece que es un poco apresurado, padre? - miraba con nerviosismo tratando de distinguir a los demás invitados- tal vez podríamos esperar hasta el anuncio de la primera pieza

-Nada de eso, Candice –los interrumpió la condesa Mary tomando posición junto a su esposo- la presentación debe hacerse lo más pronto posible, el primer baile servirá para que hablen en privado y se conozcan un poco más- luego sonrió a la distancia a lady Brown que ya había notado la llegada de las White.

- Descuida, Candice, es un buen hombre –dijo el conde comprendiendo la inseguridad de su hija- he hablado con él, debes confiar en mí

Y ambos sonrieron mutuamente, él esperando haberle dado la suficiente confianza a Candice y ella intentando transmitirle la seguridad que se esperaba de ella y no defraudar por cuarta vez a su familia. Y entonces, anunciaron su llegada: Los Condes Edmund y Mary White y sus hijas, lady Candice y lady Annie White…


El sonido de la música era armónico, acompasado, sumamente melodioso. Sentía que podía cerrar los ojos y transportarse directamente a un gran campo cubierto de flores blancas tan aromáticas como hermosas. Se pensó sentada en la cima de una colina mirando las flores moverse al compás del viento, esa imagen en su cabeza la llevo a recuperar la confianza y la estabilidad de su espíritu luego de haber atravesado momentos de impresión que ella misma nombro insufribles.

Pero en un cambio de compás, sintió el agarre firme y sutilmente posesivo que la obligaba a girar sobre sí misma provocando un suspiro entre las mujeres jóvenes, solteras o no, que la miraban danzar con el hombre más serio y reservado de la noche.

Aquel movimiento repentino hizo que abriera los ojos de golpe para encontrarse con dos orbes azules que la agobiaron desde el primer momento en que fueron presentados. No pudo evitar perderse en el oscuro azul de los ojos de su acompañante, y de repente, se llenó de miedo. Volvió a llenarse de miedo como hace unos minutos cuando hicieron las presentaciones apropiadas.

-Candice, él es lord William Albert Andrew, el patriarca de la familia Andrew en Escocia –hablaba el conde mientras ella no dejaba de mirar a ese hombre aún más alto que su padre – y tu futuro esposo – hizo una sutil reverencia que lord Andrew se tomó con gracia, pero no hizo ningún gesto que lo expresara

-Un placer conocerlo lord Andr…-dijo sin concluir por completo la frase, los ojos azules del lord la habían atrapado y no parecían dejarla. Los rumores que Annie comentara en el carruaje llegaron nuevamente a su mente, los recordó todos, la muerte extraña de su primera esposa, sus visitas a casas poco decorosas. Estaba tan abstraída en sus pensamientos que no pudo escuchar la pregunta que le hacía lord Andrew hasta que la condesa Mary la trajo de vuelta a la realidad tan sólo asirla del brazo y contestar ella misma: "A Candice le encantará bailar, es una chica un poco reservada, pero disfruta de los movimientos sutiles del vals, las piezas de las que más gusta"

-Así que, te gusta el vals- la voz vibrante de lord Andrew la volvió a sacar de su ensimismamiento. Recordó, nuevamente, dónde estaba; en el centro del salón, bailando en los brazos del patriarca. Recorrió el salón con una rápida mirada como buscando a alguien sin realmente hacerlo, sólo necesitaba un motivo para no volver la vista al frente – En escocía no gusta mucho el vals, pero puede haber otras piezas que sean de tu agrado.

Lo miró nuevamente, le pareció extraño el cambio en su voz; ahora le parecía que sonaba más cercano y amable y no frío e indiferente en el momento de la presentación. Pensó que se debía a la intimidad que generaba el baile, su madre tenía razón y cómo detestaba que la tuviera.

Aunque llegó a creer que no podría tener un momento de tranquila conversación con él, luego del poco interés que demostró cuando se le fueron las palabras sin concluir con su introducción y él se dedicara por completo a hablar sobre el acuerdo matrimonial que había pactado con su padre, ahora, en su primer baile, creía que podría ser diferente.

-Pierda cuidado, estoy segura que así será

-Candice, por favor, sólo dime William – dio con ella una amplia vuelta que volvió a arrancar suspiros alrededor –en dos semanas serás mi esposa, creo que entre nosotros debe haber un trato menos formal, aunque no intimemos.

Volvió a desviar la mirada con enfado y recordó el alegato que lord Andrew le había dado luego de que los condes y lady Elroy acordaran los detalles de la celebración. A penas Candice salía de su sopor, empezó a escuchar las palabras del lord aclarando que a pesar de que aceptaba el matrimonio, lo hacía para cumplir una obligación que tenía para con su familia, pues era más que necesario una responsabilidad. La dote de Candice pasaría a ser administrada en su totalidad por su esposo, como marca la ley, mientras que ella deberá cumplir con todas las obligaciones que conlleva ser la esposa del patriarca.

-Preferiría mantener el respeto mutuo, si no le molesta

-será como tú quieras – ella sólo asintió en silencio.

Candice era una joven intelectualmente superior a otras mujeres, era capaz de superar a cualquiera de las damas presentes en el salón, ella misma estaba consciente de ello, sin embargo, no importaba cuánta inteligencia tenía, jamás podría librarse de la ley ni las humillaciones que traían a su género. Lord Andrew nunca lo dijo frente a sus padres ni frente a lady Elroy, pero luego de solicitarle la primera pieza, mientras la encaminaba al centro del salón, le aclaró que no tenía ninguna intención de tener hijos con ella. Él guardaba la memoria de su difunta esposa y lo seguiría haciendo hasta el final de sus días, Candice sólo era la esposa de reemplazo que necesitaba como patriarca de la familia y nada más.

Y aunque esa era su intención desde que su abuela le anunciara que había encontrado a la candidata perfecta para asumir el rol de su esposa, cuando vio entrar a Candice al salón privado, se percató de que eso sería realmente imposible de cumplir. Su abuela le había dicho que era una mujer muy bella, pero a él le pareció que más bien la belleza de Candice era inconmensurable; por lo que decidió reservarse y medir su comportamiento lo más posible, ya una vez había fallado con Keira y un error era suficiente.

Apenas terminó la pieza, Albert soltó su cintura lo más pronto posible, un segundo más y sería incapaz de quitar su brazo de Candice; pronto entendió que fue un error apresurarse para el primer baile, el sutil perfume de sus rizos ya le había empezado a nublar los sentidos.

Para ella, por otro lado, pensó que aquel gesto era más bien de repulsión, por lo que tuvo que hacer acopio de todo su temple para no demostrar el desaire, prometió a su hermana cumplir con este matrimonio para que pudiera casarse con Archibald y eso haría; se casaría con el patriarca William Albert Andrew y rogaba para que la ocupación de sus obligaciones la ayudaran a mantenerse en pie frente al desprecio de lord Andrew.

-Dime, por favor, George que ya hemos llegado a la media noche- suplicó el joven patriarca luego de llegar al otro extremo del salón como si fuese un niño atemorizado.

-Aún no son ni las ocho

-Esto será una tortura

- ¿De qué hablas, Albert? –le cuestionó el caballero que veía a la distancia a la joven White conversar con su hermana menor- la señorita Candice es la joven más hermosa que haya visto

-Justo por eso, George –dijo tomando una copa del sirviente que ofrecía vino en el salón-no he podido dejar de mirarla y eso no está bien

-Creo que exageras, Albert –miró a su amigo y señor seriamente –hace un año que la señora Keira murió y tú eres joven, estás en todo tu derecho de volver a buscar la felicidad

-La felicidad, George, es una condición engañosa-tomó un sorbo de su copa- y no estoy dispuesto a volver a caer en el engaño- soltó grave esperando zanjar los alegatos del caballero y así fue por un momento, pero sabía que George volvería a insistir en su derecho a ser feliz, aunque en realidad él ya hubiera perdido la esperanza. Había aprendido que si la gente quiere puede lastimar.

Al otro lado del salón, las hermanas White trataban de mantener la compostura o por lo menos una de ellas, mientras los murmullos lisonjeaban sobre el porte varonil del acompañante de Candice durante la primera pieza.

El lord escocés había causado una gran impresión en los asistentes ingleses, a muchos caballeros les pareció un hombre respetable, aunque un poco severo cuando hablaba de sus obligaciones; a las damas, por otro lado, les pareció amable, gentil y sumamente tractivo.

Su seriedad le daba un cobijo de misterio a su personalidad que lo volvía más atrayente para ellas. Candice también había quedado impactada por la presencia del lord, aunque mantuviera sus reservas. Él había pintado el panorama que le esperaba, y no era nada feliz, a decir verdad, pero no podía darse el lujo de decir que no.

Así pensaba, con tristeza, repentinamente hasta que un toque sobre su hombro la hizo volver hacia el responsable de haberla sacado abruptamente del letargo en el que se encontraba.


Annie se apresuró a informar a su madre que el hijo de lady Cameron pidió a Candice le concediera la siguiente pieza, la condesa quedó sorprendida por el imprevisto avance del joven y a pesar de que le hubiese gustado evitar ese baile, decidió no hacerlo.

Había notado la rigidez con que lord Andrew trató a su hija en el salón privado que pensó que un poco de celos favorecerían a Candice; así los Andrew se darían cuenta de que Candice era una mujer hermosa y admirada por muchos jóvenes respetables. Por lo que le pidió a Annie ser más discreta y disfrutar del baile con Archibald.

- ¡Pero mamá, los Andrew son una familia conservadora! -se alarmó de la condescendencia con que le hablaba su madre- ¡si lord Andrew ve a Candice bailar con Tom podría rechazarla ¡

-Tranquila, querida –tomó las manos de su hija- eso no pasará, lord Andrew ha quedado prendado de tu hermana

- ¿Cómo lo sabes? -seguía escéptica- eso decíamos del hijo del duque y terminó por mandar a su lacayo para repudiarla

- Annie, hija, Terrence Grandchester ni siquiera conoció a Candice- encogió los hombres recalcando lo evidente- sí la hubiese mirado se habría casado con ella.

-Está bien, pero pienso que deberíamos tener cuidado, no soportaría posponer mi boda con Archie por cuarta vez- concluyó la joven para después caminar entre la multitud buscando a su prometido.

De repente sintió que había mucha más gente de la que pensó que había, aunque la propiedad no era tan grande como la propiedad de sus padres, entre cuchicheos, bailes y sirvientes, daba la impresión de ser un salón aún más grande.

Buscó con mirada desesperada a Archie hasta que escucho tocar a los músicos, entonces los murmullos callaron, el silencio que gobernó el salón se hizo evidente y hasta incómodo. Dejó de buscar y volvió entre codazos al centro del salón para encontrarse con una imagen un poco escandalosa. Candice bailaba en los brazos de sir Thomas una pieza de vals vienés; el joven tenía un estilo muy peculiar de danzar, todos asumieron que se debía a las influencias de su viaje en américa.

Annie buscó el auxilio de su madre, mientras en el salón permanecían callados; no había ni un suspiro, ni si quiera un pestañeo. En el centro, entre los giros arrebatados y las siluetas atrevidas de Tom, Candice paseaba desconcertada su mirada al rededor.

Algo dentro de ella esperaba encontrarse con la mirada de lord Andrew y así fue; como caído del cielo, el lord escocés la miraba danzar tan atrevidamente entre la espesura de la sombra de los pilares del salón; pero contrario al auxilio que pensó tendría, la mirada azul del joven patriarca se le presentó aterradora o más bien gélida, no pudo apartar sus ojos de él y parecía que William tampoco lo haría.

George notó la tensión en la mano que sostenía la copa e intentó decir algo que suavizara el momento tan tenso que otra pieza de vals generaba; lo usual era que después del primero, la siguiente pieza fuera un minuette, pero los Steven eran los anfitriones y sir Thomas parecía haber regresado de sus viajes con un brío renovado; lucía más seguro de sí mismo, más irreverente y, por supuesto, más interesado en Candice White.

Lo que no sabía era que la chica no sólo estaba comprometida, sino que apenas falta un par de semanas para la celebración de matrimonio, y aunque a Candice también le hubiera gustado que entre ella y Thomas hubiera surgido algo más que la amistad infantil, se daba cuenta de que ahora era imposible, y menos cuando seguramente su madre, la condesa, pensara que estaba poniendo nuevamente en peligro un cuarto intento de casarla.

William empezó a caminar a la orilla del salón, topaba con algunas damas que buscaban llamar su atención pero no lo consiguieron, él ya estaba atrapado entre el misterioso esmeralda de los ojos de Candice White; sobre todo porque no podía descifrar lo que sentía o lo que pensaba, esos ojos verdes le parecieron un tormento, quiso verla atemorizada, tal vez avergonzada por su falta de escrúpulos y decencia siendo una mujer que, para la sociedad inglesa, ya no era una chiquilla inexperta en los protocolos apropiados.

Lady Elroy detuvo su paso, lo había alcanzado para pedirle hacer algo, pero William no lo hizo, debía esperar a que la pieza terminara, luego iría por Candice. Su abuela lo reprimió por no haber hecho el anuncio de su compromiso, al menos con las personas más cercanas; seguramente el hijo de lady Cameron desconocía de su próximo casamiento y lo que menos quería era que la familia se viera envuelta en un escándalo, Candice ya había sido aceptada bajo muchas condiciones.

Pero William hizo poco caso a los alegatos de su abuela, a decir verdad, le importaba muy poco ese escándalo del que hablaba, aquello le tenía sin cuidado; lo que realmente le preocupaba era la sensación de desasosiego que le estaba llenado el pecho nada más ver cómo sir Thomas envolvía a su prometida con su brazo.

Frenó el impulso de correr al centro del salón y arrancar a la joven de las manos invasoras de sir Thomas…sin embargo, esperó y a pesar de que fueron tan sólo unos minutos, los últimos acordes del vals vienés le parecieron eternos.

-Gracias, lady Candice, por concederme esta pieza- miró sonreírle con caballerosidad

-ha sido un placer, Tom –devolvió la sonrisa y por unos segundos olvidó la mirada inquisitiva del lord-y por favor, dime Candice, no hace falta tanta formalidad

-Me alegro que no hayas perdido la humildad y gentileza que te caracteriza Candice- dijo mientras le ofrecía el brazo para encaminarla hacia la periferia del salón-han pasado muchos años desde la última vez que nos vimos

-Tantos, Tom –contentó más serena –pero estoy muy feliz de verte regresar a tu hogar

-Hay muy pocas cosas que me unen a este lugar, Candice, no sé si llamarlo propiamente mi hogar –decía mientras eran seguidos a la distancia por lord Andrew que no quitaba la vista de ese par- para ser honesto he vuelto por algo más que no está precisamente en casa de mis padres

-Oh! Tom, lamento que digas eso –desvió la mirada, un mal presentimiento que le llegó como rayo hizo que quisiera zafarse del brazo de sir Thomas –pero espero que sea transitorio, todo hombre debe asumir la afrenta de encontrarse a sí mismo y sé que tú lo lograrás

Se detuvo y con él Candice frenó el paso, la miró de frente sin dejar escapar la delgada mano entre las suyas. Sabía que debía romper el encuentro antes de que Tom dijera algo que los comprometiera a ambos, además no estaban lo suficientemente aislados como para no preocuparse por las miradas ajenas.

-Candice, tú siempre tan sensata –apartó su mano cuando percibió la intención que tenía Thomas de besarle el dorso –he extrañado mucho nuestras pláticas

-Thomas, fueron pláticas de niños, apenas llegábamos a los doce años- él volvió a tomarle la mano- Thomas, no creo que sea adecuado – dijo mirando cómo acariciaba el dorso de su mano y aunque tenía los guantes puestos, las miradas reprobatorias no dejaron de manifestarse

- ¿Thomas? ¿apropiado?, Candice, eso es algo que no debería preocuparte-la miró divertido –si la gente quiere hablar qué hable…

-Me temo sir Steven que la señorita tiene razón

Candice se tensó al escuchar la voz de lord Andrew a sus espaldas, giró la mirada para verlo acercarse y pararse junto a ella, tan cerca que sentía cómo su mano rosaba con el satín de su vestido de gala.

-El lugar y su comportamiento son poco apropiados para dos…

-Amigos, señor…

-Andrew, William Andrew

-bien, señor Andrew, tal vez no lo sepa, pero la señorita Candice y yo somos amigos desde nuestra infancia, así que nuestro trato es respetuoso y fraternal

-Thomas, por favor…

-Descuida Candy, puedo manejar a personas como el señor William –contestó casi eufórico intentando ponerse entre el extraño caballero y Candice

- ¿Candy? – preguntó levantando una ceja. Y lo que Candice temía pasó, justo este tipo de impertinencias son las que provocaban malos entendidos, se recriminó por haber aceptado la invitación de Tom a bailar.

Alrededor se empezaba a murmurar, la condesa Mary intentaba mantener tranquila a lady Elroy mientras Annie caminaba hacia su hermana.

-Disculpe Lord Andrew…-se apartó de Tom y volvió a colocarse a un lado de William – permítame hacer las presentaciones adecuadas para evitar más confusiones

- ¿confusiones, de qué hablas Candy? –Otra vez "Candy" Esa familiaridad con la que sir Steven se refería a ella le molestaba. Aunque se obligó a pensar que se trataría de una especie de reticencia por el mal gusto de usar un diminutivo, un estilo tan americano que ya empezaba a odiarlo.

-Thomas, él es lord William Albert Andrew, patriarca de la familia Andrew de Escocia –Thomas lo miró con desconfianza- y mi futuro esposo – y con incredulidad.

- ¡Candy! – la miró con infinita tristeza en los ojos, el propio William lo pudo notar - ¿por qué?

-Tom, yo lo siento, pero…

- ¡Ah, Thomas!, aquí estás –Annie llegó tomando del brazo a sir Thomas que mantenía aún su mirada fija en Candice –Archibald te ha estado buscando, ¿no es así, Archive?

-Por supuesto, Thomás, me alegra volver a verte –extendió la mano al muchacho que aún se negaba a apartar la mirada de Candice –Ven, amigo mío, quiero presentarte con algunas personas que te interesará conocer.

Archibald logró llevarse a Tom lejos del lord y de Candice, mientras Annie trataba de llevar una conversación totalmente ajena al acontecimiento tan incómodo que acababa de suceder antes de ser interrumpida violentamente por el cuestionamiento y reprimenda del lord

-Espero, milady, que sepa guardar prudencia la próxima vez y pueda evitar escándalos como este en un futuro –el tono que uso William fue tan severo que la propia Annie guardó un silencio sepulcral –como mi esposa deberá aprender a estar a la altura de las circunstancias y no me gusta que flirtee con cualquier caballero en los salones de baile

- ¿disculpe? –Candice lo miró iracunda

Annie no supo cómo reaccionar y se disculpó con lord Andrew en nombre de su hermana

-No, Annie, por favor –levantó la mano a su hermana para que guardara silencio, la castaña la miró con pavor –lord Andrew me disculpo por la confusión que pudo haber causado la invitación de sir Steven, pero como él mismo dijo, nos conocemos desde que somos niños y si hubo un flirteo, como usted lo llama, permítame decirle que apenas fue un reencuentro de dos grandes amigos y nada más.

Dio media vuelta para caminar hacia un lugar sin tanta gente para evitar cuestionamientos, pero William caminó tras ella y la tomó bruscamente del brazo para llevarla a un balcón, el gemido de dolor que se le escapó a Candice alertó a Annie que buscó asustada a su madre, pero al no encontrarla decidió seguir al lord y a su hermana.

-Va a tener que disculparse, señorita White, por el desplante que acaba de hacer en el salón –la soltó con fuerza, Candice apenas contuvo el equilibrio. Se sostuvo del barandal de granito sintiendo la humedad de la piedra a través de la tela de sus guantes y se percató de que estaba lloviendo. Entre el sonido de la música y las pláticas, apenas pudo escuchar el gotear de la lluvia sobre el empedrado del camino a Trenwind, pero nuevamente la voz del lord la sacó de su impresión

-No permitiré osadías como esta, es usted una dama en riesgo de quedarse soltera, luego de haber sido rechazada tres veces – miraba iracundo- sabe las consecuencias de los comportamientos inapropiados

- ¿qué?

- Su padre habló de la inteligencia que posee, Candice, intente por favor hacer honor a la admiración paterna

- ¿Qué dice, ¿cómo se atreve? ¿cómo se ha enterado de mi situación?

- ¿Piensa usted que me casaría con cualquier mujer sin saber quién es exactamente?

- ¡Esto es un horror!

-conozco la desesperación de familias como la suya, Candice, sus padres están exasperados por casarla y déjeme decirle que su madre tuvo suerte de ponerse en contacto con mi abuela, de no ser así, su situación podría ser peor – Annie llegó hasta el balcón en donde estaban y se colocó junto a su hermana, había escuchado parte de lo que lord Andrew gritaba, si no fuera por el escándalo de los bailes y las risas en el salón, seguramente ya tendrían espectadores en el pequeño balcón- jamás le entregaría mi corazón a una mujer tan desesperada como usted

- ¡Candice! –Annie miró horrorizaba el plantón que su hermana le daba a lord Andrew, no pudo seguir manteniendo la postura de sumisión que le pedía su madre, no lo pudo seguir sosteniendo más tiempo; la bofetada que le dio a lord Andrew resonó aún sobre los relámpagos que ya habían empezado a azotar la zona.

William quedó sorprendido, la miró con el ceño fruncido, pero no por reprimir la osadía de la dama, sino por ver la reverberación de odio y decepción en sus ojos verdes. Se recriminó ferozmente por no controlar su ímpetu, por hablar de más y sobre todo por haber ofendido a su futura esposa, él que se jactaba de ser un patriarca respetuoso y justo, había ofendido en más de una manera a la mujer que llevaría su apellido en tan sólo unos días.

-si lo que desea es librarse de la carga que representa su auxilio a mi desgracia, lord Andrew, yo misma lo eximo de ella

- ¡Candice! – miró a Annie que ya tenía lágrimas en los ojos. Tomó sus manos entre las suyas y limpió las lágrimas de su hermana menor con la tela de sus guantes

-Perdóname, Annie, por favor te ruego que me perdones

- ¡No, Candice! Perdóname tú a mí por ser tan egoísta – se abrazó a su hermana mayor con más fuerza que nunca

-Vamos a buscar a madre y a padre, no tenemos nada que hacer aquí…

-En eso se equivoca, Candice –las hizo detenerse –usted está comprometida conmigo

-lord Andrew, ha dejado muy en claro que este matrimonio es más una carga…

-Que he prometido asumir –hablaba sin moverse, aun dándole la espalda a las hermanas White hasta que giró para mirar de frente los ojos verdes que lo han intrigado tanto –Juré a su padre protegerla y casarme con usted es parte de ese juramento –la miró directo a los ojos, no pudo descifrar más de ella; Candice White no sólo era una mujer inteligente, sino reservada, que guardaba celosamente sus emociones tras esas ventanas verdes –y yo, Candice, siempre cumplo mis promesas.


CONTINUARÁ...


Quiero agradecer la buena acogida que le han dado al primer capítulo. A los reviews anónimos no puedo contestarles así que aquí mismo les agradezco personalmente sus comentarios y sugerencias:

Noemi Cullen: gracias por tu apoyo, por favor no dejes de leer.

Pauli: me da gusto que te haya gustado la forma de la historia y la historia misma. No te preocupes, procuraré subir capitulo nuevo de manera constante.

Josie: Para contestar a tu duda, sí, existe una relación entre Archie, Neal y el prospecto. Terry no ha quedado descartado del todo, pero será en los sucesos posteriores en donde entrará en acción. Por otro lado, tienes razón, aquel tiempo era demasiado duro y rígido para las mujeres, y Candy intentará salir avante de toda esa rigidez. Gracias por tu sugerencia de hacer separación de párrafos, lo tomaré en cuenta en capítulos siguientes. Espero que puedas decirme si lo he hecho bien. Saludos!

Jenny:gracias por tu comentario! A mí también me gustan las historias de época por eso escribo una. Por favor no dejes de leer los siguientes capítulos.

Isasi:Sí efectivamente, los earl son en realidad un tipo de Conde, pero como dices, ya sus ancestros son vikingos y celtas, los consideraban toscos y salvajes iracundos. Es un poco la imagen que Candy tendrá en un principio, pero pronto descubriría cosas nuevas.

Mony: Tienes razón, la época era muy difícil y porque no había libertad de decisión para las mujeres. Per Candy, con su inteligencia, intentará sobrellevar un mundo de convencionalidades y reglas demasiado rígidas para salir adelante. Por favor, continúa leyendo los siguientes capítulos para acompañar al a dulce e inteligente Candy. Gracias por comentar!