Hola! Gracias a todas por sus comentario y sugerencias, pero sobre todo, gracias por continuar esta historia, por favor continúen leyendo y no olviden comentar.
Declaro que los personajes de Candy Candy no me pertenecen nyo sólo los tomo prestados para crear una historia para fines de entretenimiento.
Una Flor para Escocia.
Capítulo III
La noche del baile en Trenwind fue recordada no sólo por la llegada de sir Thomas Steven a su hogar, sino por la repentina noticia de que el misterioso lord escocés, William Albert Andrew, había asistido para acompañar a su futura esposa en su primer baile juntos luego de haberse comprometido. Fue una noticia inusitada, sobre todo por lo difícil que resultaba que la señorita Candice fuera emparejada con algún lord o ya siquiera un hombre. Todos pensaban que la belleza de Candice sería desperdiciada entre las paredes de la casa White junto con su hermana Annie.
Para todos fue una sorpresa que este lord Andrew apareciera de repente, a muchos les quedaba la interrogante, sobre todo a las damas con más tendencia a la chismorrea de saber cómo fue que el rubio y atractivo lord Andrew conoció en realidad a la hija del conde. Desde el baile muchas mujeres habían empezado a preguntar abiertamente por el misterioso caballero escocés, una de ellas fue Eliza Leagan, hermana de Niel, uno de los pretendientes que rechazaran a Candice por su formación varonil sin conocerla realmente.
Lo que sí no fue sorpresa es lo reservados y tímidos que se mostraban los "enamorados", todos concordaron en que se debía a que ambos eran sensatos, él cumplía los veintiséis años y ella ya tenía los veinte; eran una pareja perfecta, no eran ningunos chiquillos, tenían edad suficiente para saber comportase en público, sobre todo Candice, quien parecía cuidar sus gestos con esmero, aunque para la chica era más bien tedioso
-Lord Andrew, lady Elroy, sean bienvenidos – saludó el conde Edmund al recibirlos
-Conde y condesa White, señorita Annie – correspondió el saludo con galantería –Candice – tomó y besó su mano para después ofrecerle un broche de esmeraldas –para ti, espero puedas usarlo esta noche.
-Es hermoso –sonrió por la belleza de la pieza- por supuesto, lord Andrew, veré que Dorothy pueda colocarlo.
El anuncio formal del compromiso se hizo en la casa White, hicieron una recepción pequeña con algunos invitados, entre ellos los Leagan, los Cornwell, los Steven y los Kleiss. Todas familias conocidas y respetadas desde hace mucho tiempo, incluso enviaron una invitación a los duques de Grandchester, a pesar de la negativa de Candice y del propio conde.
La condesa Mary pensó que así demostrarían al duque que no había rencores, sin embargo, había una segunda intención por parte de lady Mary y esa era hacerle pagar a Terrence Grandchester la humillación que les hizo al dejarlos plantados en su propio hogar. El hijo del duque conocería a Candice y se daría cuenta de lo que realmente dejó ir.
Y aunque su intención no era más que hacerlo padecer de remordimientos, esta vez el juego de cartas no hizo más que complicar las cosas para su hija. Porque si bien es cierto que Terrence Grandchester y Niel Leagan quedaron prendados de la "inaudita" belleza, como diría el señor Leagan, fue la actitud taciturna y poco amable de lord Andrew la que descolocaba a Candice toda vez que intentaba entablar alguna conversación con él haciendo caso a los consejos de su madre para acercarse más a su casi esposo.
Fue una decisión bastante meditada a lo largo de los días y las noches, seguiría los consejos que su madre y su nana Pony le dieran para su futura vida marital. Nunca hizo mención de su último encuentro con William Andrew en el balcón de Trenwind, la conversación más bien ríspida que tuvieron por causa de las ofensas que profirió el lord hacia ella quedarían guardadas en su memoria y, esperaba, en la conciencia del mismo lord.
También pidió a Annie que no mencionara palabra alguna sobre lo sucedido y aunque no estuvo de acuerdo, así lo hizo. La menor de las White podría ser una chica, en realidad, caprichosa y consentida, pero en aquel momento comprendió que lord Andrew increpaba a su hermana sin conocerla.
Hablaba de acuerdo con los rumores que le contaron, ella conocía a Candice y no era una mujer desesperada como la describiera lord Andrew, al contrario, sabía que, si no fuera por su deseo de casarse con Archie, su hermana bien podría tomarse su tiempo de elegir al mejor candidato.
Esto de algún modo sirvió para que ambas hermanas se unieran más, y a pesar de que Annie intentó convencer a Candice de declinar el compromiso, decidió no hacerlo. Pidió a su hermana respetar su decisión que, decía, era tomada con plena conciencia de lo que hacía. Le aseguró que su compromiso con Archie no era el único motivo por el que se casaba con lord Andrew, había muchos otros más que ella, por ser aún muy joven, no entendería.
-el broche que te ha dado lord Andrew es hermoso, Candice –dijo intentado hacer volver a su hermana del letargo en el que se encontraba. Desde que empezó el banquete, apenas había hablado.
-Lo es, Annie-contestó con cortesía
-Pero Candice, ¿qué sucede? –dijo soltando los cubiertos- ¿estás bien? Has estado muy apagada.
-Sólo estoy confundida, he intentado conversar con lord Andrew durante toda la velada, pero parece no importarle nada de lo que digo –suspiró resignada
-Es hombre, Candice, a ellos no les gusta hablar de política ni nada de esas cosas con mujeres, deberías intentar con otros temas, como la música o el arte.
-Sabes, Annie, no importa el tema, él simplemente no tiene interés en lo que yo diga, nos lo hizo saber en Trenwind
- ¡Pero Candice!, ¿No te parece que ha cambiado de actitud? –se acercó para acomodar el broche que lucía sobre la solapa de su vestido bermellón- te ha traído un presente de lo más romántico – la joven miró el racimo de orquídeas adornadas con esmeraldas que daban un toque escocés a su atuendo.
-Esto más bien es un signo que indica pertenencia, Annie
- ¡oh, Candice! Sé que se portó como un canalla en el baile, pero podrías darle un poco de crédito, te conozco hermana y eres la mujer más inteligente que existe, dale la oportunidad de conocerte.
Candice pensaba que la charla que mantuvo con lord Andrew poco antes de marcharse de Trenwind, había aclarado las confusiones y las verdaderas intenciones de ambos. Acordaron tener una relación, si no amorosa, por lo menos amistosa. Sin embargo, el comportamiento de William Andrew cambiaba repentinamente y de un momento a otro.
Y es posible que todo se debiera a los pretendientes que, al final, resultó que asediaban a Candice.
El hijo del duque Grandchester fue uno de ellos que no perdió la oportunidad de hacerle saber a la dama lo muy arrepentido que estaba de haberle hecho una grosería como enviarle un jinete cualquiera cuando debió ir él mismo en persona. Y lo cierto era que también estaba arrepentido de no haberle dado una oportunidad a la hermosa mujer que le habría conseguido su padre. Pero pensó que posiblemente, en alguna otra circunstancia, habrían terminado juntos sin ninguna duda.
Su prometida, la señorita Susana Marlowe fue más reticente a aceptar la invitación de los condes, no obstante, tuvo que ir resignada, pero cuando conoció a Candice, procuró no abandonar a su prometido ya que pudo observar la mirada de sorpresa que Terrence dedicó a la joven una vez que fueron presentados.
Tom, por otra parte, no quitaba la mirada de Candice durante toda la cena, incluso antes de ir al salón de juegos con todos los hombres, se permitió apartar a Candice para platicar un poco con ella. Este hecho no pasó desapercibido por William quien se mantuvo todo el tiempo cerca de las puertas desde donde podía observar, por el espacio entre ellas, la figura de Candice sosteniendo un libro en sus manos.
Supuso que lo hacía con la intención de evitar que sir Steven volviera a tomarla de las manos. "muchacha lista" pensó para sí; pero de todos modos decidió permanecer alerta. Sir Steven tenía una relación muy cercana con Candice y no iba a permitir ninguna falta de respeto más.
- ¿Un poco de whisky, lord Andrew?
-Por supuesto
Mientras, al otro lado de las puertas, Candice podía sentir la mirada azulada sobre su perfil, no podía mantener la mirada sobre Tom pensando en que la del lord estaba encima de ella. "Seguramente piensa que voy a cometer alguna imprudencia". Pero se equivocaba, Candice podía mantener el control de la situación.
Thomas, por otra parte. le contaba a Candice sobre el terrible error que cometería al casarse con lord Andrew, un hombre al que no conocen y que se la llevaría muy lejos de su hogar, lejos de la gente que quiere y que la quiere.
Candice entendía todo lo que su amigo le advertía, sin embargo, le dejó claro que no podía hacer nada, ya había dado su palabra y tenía que cumplirla; y, aunque con todo pesar, sabía que lord Andrew tenía razón, su situación podría ser peor si el compromiso se cancelaba.
Thomas le ofreció casarse con ella y aunque para él no era ningún sacrificio, sino más bien un deseo que con todas sus fuerzas quería hacer realidad, para ella era un amistoso salvavidas que no tomaría porque apreciaba a Tom y no quería hacerle padecer ningún tipo humillación o charlatanería.
Sabía perfectamente que, si el matrimonio con William Andrew se cancelaba, sería marcada de por vida como solterona, los caballeros ya no podrían ofrecerle ningún compromiso ni estabilidad más que como amante y esa es una posición por demás degradante para una hija de condes.
A pesar de que Tom se ofrecía enfrentarse a sus padres, Candice no lo iba a permitir, no dejaría sin herencia a Thomas, porque eso es lo que harían los Steven, desheredarían a su hijo si se involucraba con una mujer mancillada. Sin más, zanjó el tema, con una mano en su rostro y una cálida sonrisa antes de entrar al salón de té.
-Candice, hija, deberías sonreír un poco, hoy es un día maravilloso
-No estoy segura de eso madre, ha estado lloviendo a cántaros, por lo que seguramente no habrá banquete en los jardines, aunque los escoceses piensen que es buena fortuna; además hemos sido obligados a aceptar el rito matrimonial del clan Andrew, lo cual me parece una exageración.
-Todo son nimiedades, querida, lo importante es que te casarás –hizo una señal a Dorothy y a toda la comitiva de arreglo y cortejo para salir de la habitación –además, lord Andrew ha sido muy permisivo en muchas cosas, mira que aceptar casarse en el hogar de la novia es maravilloso, cualquier otro te haría viajar hasta Escocia.
-Lo entiendo, madre, supongo que tienes razón –contestó ella mirando su reflejo y le pareció reconocer la incertidumbre en su rostro. –es sólo que no sé cómo será mi vida ahora
-Maravillosa, Candice- Miró a su madre caminar hacia el secreter para buscar más flores secas que adornaran el recogido de la joven. – Como esposa del patriarca tendrás muchas obligaciones que cumplir, los earl están al mismo nivel que un conde y tú, mi querida hija, estás más que educada para cumplir con ese papel.
Tomó la mano de su madre entre la suya y le sonrió.
-Gracias, madre
-Estoy segura de que encontraras la felicidad junto a tu esposo, Candice, es sólo cuestión de aprender a conocerlo.
-Por supuesto, madre- dijo manteniendo una sonrisa delicada, apenas visible. La condesa y otras damas de la sociedad dirían que es una sonrisa perfecta para una dama, y para ella era suficiente que pensaran eso, sin embargo, la verdadera razón para sonreír así es que no tenía tanta fe como la tenía su madre para saber encontrar la felicidad junto a lord Andrew.
Dio una última mirada a su reflejo cuando la condesa salió de la habitación a organizar al cortejo de la novia que, de acuerdo con el ritual escocés, lo formaban todos los residentes de las propiedades White, y aunque a la condesa le parecía demasiado exótico convivir con los sirvientes, es algo que sería capaz de pasar por alto, incluso el anticuado gusto por un vestido de novia en colores marrón en vez del pastel, más usual en estos tiempos; pero todo… podría obviar todo siempre y cuando lord Andrew desposara a su hija.
La condesa caminó por el pasillo más largo del castillo hacia el cortejo que debía salir y marchar por los jardines hacia la capilla familiar donde se oficiaría el ritual de bodas. Caminaba a paso apresurado, nerviosa y satisfecha de poder ver casarse a su hija mayor.
Dio algunas órdenes a los sirvientes que se atravesaban y emprendía la marcha, nuevamente. Con su mano tocó la piedra fría de las paredes y sintió que la familia White volvía a tener vitalidad; en poco tiempo volverían a estar en boca de todos, pero ya no por el escandaloso retraso de Candice a ser emparejada o por los rumores de una posible huida de Annie con su prometido al ver la incapacidad de la mayor para encontrar marido.
Volverían a hablar de los White por el fructuoso casamiento de sus hijas. Y aunque deseó y pidió a los cielos concebir un varón, pudo, al final, sacar ventaja de las hijas que dios le mandó, ambas terminaban con matrimonios ventajosos.
Se abrazó a sí misma sonriendo de satisfacción. Hasta que fue interrumpida por lady Elroy que llegaba hasta donde estaba con porte serio. Le advirtió que esperaba que Candice pudiera cumplir con su parte del trato o si no tendría que tomar en propiedades lo que la joven no pudiera dar.
-Despreocúpese lady Elroy, como pudo ver, la belleza de mi hija es abrumante, seguro que lord Andrew encontrará mucha inspiración en ella.
-Pues esperemos que, así como la belleza de su hija es evidente, también lo sea su fertilidad, porque de no ser así, entonces todas sus propiedades serán nuestras y me veré en la necesidad de hacer que William la repudie.
La condesa sonrió con suficiencia y quizá un poco de temor se habría reflejado en sus ojos, pero tuvo la suerte de que Annie llegara a interrumpir la conversación; si no fuera así, supuso que lady Elroy se daría cuenta del escalofrío que sintió nada más imaginarse que esa mujer huraña le quitara sus propiedades o, peor aún, que el conde y sus hijas supieran de su arreglo con lady Elroy. Ambas mujeres se despidieron con el debido protocolo y se unieron al inicio de las celebraciones.
A lo lejos las campanas sonaban una tras otra, otras otra. El revoloteo crepitante del metal hacia que las palomas emprendieran vuelo, el cielo nuboso había traído figuras exuberantes que deleitaban a los invitados; mucho se comentó de este suceso natural. Algunos dirían que se debía a la boda que se celebraba, posiblemente el mismo cielo escocés se enterara que uno de sus earl se casaba ahora en cielos extraños y decidiera cruzar las millas para estar presente.
A pesar de que para Candice la turbulencia de las nubes también era un evento extraordinariamente bello, la poca interacción con su esposo, luego de la larga ceremonia, le quitaba un poco el ánimo. Parecía haberse quedado mudo desde que apareció con su cortejo en las puertas de la capilla. No hizo mención alguna sobre su arreglo, ni por el vestido que, según su madre, aunque anticuado, debía usar por tradición escocesa.
Sin embargo, no se dejó agobiar por nimiedades, como diría la condesa Mary. Notaba a su padre feliz por su matrimonio, a Annie y a Archie convivir y participar durante los juegos artificiales; incluso su nana Pony se había esmerado en hacerle un pequeño pero sutil obsequio, un camisón de dormir, que aseguró a lord Andrew le encantaría. Aunque ella misma fuera consciente de que él jamás lo notaría pues ya había sido claro que no habría intimidad entre ellos.
Quiso tomar un poco de aire y caminó hacia los jardines para evitar conversación con cualquiera que quisiera ofrecerle su sabio consejo o la interrogara sobre su noche de bodas. No tendría cabeza suficiente para ese desafío, porque era otro el que más le agobiaba.
Y es que empezaba su verdadera lucha y sabía que no sería igual que en casa. Ya no debatiría para convencer verbalmente a algún caballero de su capacidad mental para poder opinar igual o mejor que cualquiera sobre cualquier tema; ahora los debates serían diferentes, demostraría su valía no sólo en las palabras sino en las acciones.
¡No había nada que temer ni nada que padecer! Era Candice White, ahora, Andrew, hija del conde Edmund White y esposa del Patriarca William Albert Andrew y debía asumir su nuevo papel.
-supuse que te gustaría esto –dijo a su lado la voz grave de William extendiendo en su mano una delicada cadena de plata que sostenía un dije con forma de rosa.
Quedó sorprendida y un poco abrumada por su presencia
-Me siento alagada…lord Andrew, se lo agradezco –la tomó entre sus dedos, el roce la desconcertó –es hermosa, mi flor favorita –sonrió sin pensar, verdaderamente feliz.
Al lord le tomó unos momentos en responder
-Me alegro verla feliz con ella – respondió sinceramente. Ella sonrió en respuesta mirándolo confundida; durante todo el día, desde la ceremonia, no había volteado a verla ni siquiera le dirigió la palabra, aún en el primer baile y ahora…
Pensó en cuestionarlo, preguntarle sus razones, pero luego desistió, no sabría para qué querría saberlo. Miró el dije con cuidado, era un talle hermoso y delicado.
-Si me permites, puedo ponerla –sugirió él con nerviosismo. Como lo había comentado con George, tenía miedo de que le gustara el trato con su esposa y después no pudiera quitársela de encima o más bien de la cabeza.
Pero George le convenció de acercarse, le dijo que no podía culpar a Candice por el error de su primer matrimonio, además era una mujer muy bella, y estaba seguro de que aprendería a ser feliz con ella. Tal vez los métodos de lady Elroy no fueran los más acertados, pero debía admitir que Candice era una dama por demás encantadora y con la inteligencia adecuada, aunque otros opinaran lo contrario.
Volvió a tomar la cadena entre sus manos para sujetar el dije al cuello de Candice. Pudo sentir el aroma de su cabello, ahora era más sutil, menos invasivo que cuando estaban en la capilla; ahí parecía que su aroma quisiera conquistarlo con violencia que lo desconcertó, pero ahora, en los jardines, podía percibir el sutil aroma de sus rizos y pensó que era reconfortante.
-Ha quedado –dijo apartándose un poco, como temeroso de tocarla –luce hermoso en ti
Ella sonrió nuevamente
-Has sonreído dos veces ya –dijo en voz alta sin darse cuenta que Candice lo escuchó
- me gusta hacerlo cuando me siento feliz –soltó sin pensarlo
-Supongo que todos expresamos la felicidad de distinta manera
-Por supuesto –convino Candice- En mi opinión, la felicidad es algo abstracto y espiritual que no puede ser eclipsada tan sencillamente, sonreír apenas es una manera de expresarla.
William no siguió con la conversación, decidió permanecer en silencio, con las manos en la espalda, mirando a su bella esposa saludar a un par de niños que llegaban a convidarle un racimo de flores. Comprendió que la joven estaba manifestando lo que su corazón sentía en aquellos momentos. Al fin, algo pudo conocer de Candice; parte de sus sentimientos que guardaba con celosía con su hablar correcto y su prudencia en las conversaciones.
-Pienso que luce aún más hermosa cuando sonríe –dijo colocando sobre su cabello una de las flores que un niño dejó caer al piso dejando a Candice anonadada y sonrojada por lo que había escuchado.
William notó el colorete en sus mejillas y decidió terminar de colorear su rostro acariciando suavemente su mejilla y su mentón con sus dedos. Candice quedó sin respiración, dejó caer algunas otras flores, dejó de escuchar las voces insistentes de los niños y se dedicó a mirar los ojos azules del lord.
-No es adecuado –volvió en sí –están los niños aquí
-Eres mi esposa ahora- ella bajó la mirada apenada
-Pensé que…no intimaríamos…
Y como si la piel blanca y tersa de Candice quemara, apartó su mano abruptamente. Cambió su humor y cambió su gesto, el azul de sus ojos ya no parecía ser como el cielo, sino más bien como el mar, un mar tormentoso y abatido.
-Y no lo haremos – ocultó sus manos en la espalda. Quiso retractarse y decirle que se había equivocado, que quería intimar con ella, conocerla, aprender a quererla, pero no dijo nada. Pensó que ya tendría tiempo para aprender a ser feliz con ella – debes prepararte, en unas horas más nos iremos a tierras altas
- ¿A Escocia? ¿Tan pronto?
-Soy el patriarca y debo atender mis obligaciones, no puedo quedarme más tiempo –la miro serio- como esposa debes asumir también tus responsabilidades
-por supuesto, avisaré a mi doncella que aliste nuestras cosas
-sólo tus cosas, Candice –dio un paso atrás invitándola a regresar al banquete – viajarás sin doncella, en Escocia tendrás una dama que te ayude a adaptarte - Candice empezó a andar y cuando pasó frente a él llevó su mano a los rizos sueltos de su peinado para tocar, al menos, uno de ellos.
-Disculpe –giró para mirarlo turbándose un poco al notar que acariciaba su cabello – creo…pienso que tengo derecho a llevar mi propia doncella, no importa si tengo una en Escocia, es importante que Dorothy viaje conmigo – hablaba a prisa por el nerviosismo que sentía - ¿quién me asistirá durante el viaje?
- Por supuesto, perdona mi desconsideración, Candice –comprendió – procura decirle a Dorothy que debemos partir en pocas horas.
-Descuide, estaremos listas pronto –volvió a caminar, pero esta vez junto a él –pero quisiera pedirle un favor
-Por supuesto, ¿cuál es? –ella lo miró
-Quisiera despedirme de mis padres y mi hermana antes de partir.
-Desde luego
-Se lo agradezco …
-William
- ¿Disculpe?
-Sólo llámame William –insistió mirándola y ella pudo notar, otra vez, el azul pacífico de sus ojos –por favor
-William
Gracias por seguir leyendo, aquí contesto los comentarios que amablemente me han dejado y no puedo responder:
Gabriela Infante: Gracias a ti por leer la historia, por favor continua leyendo y comentando, es algo que aprecio mucho.
Pauli: Gracias por tu comentario y por apreciar el pequeño esfuerzo que una hace escribiendo. Que continúen leyendo abona a la inspiración. POr lo de la historia y sobre Annie, espero que en este nuevo capítulo se haya podido resolver lo que no quedó claro, pero si no, en capítulos siguientes Annie tendrá más intervenciones, sobre todo porque quedó preocupada por su hermana mayor. Albert sí se ha portado como un simio, pero las cosas irán cambiando, aunque Candy irá midiendo su confianza, por lo que Albert deberá esforzarse mucho. Tom seguirá teniendo su papel, sobre todo porque es un gran amigo de Candy aunque a Albert no le parezca, pero no sólo él, sino nuevos personajes aparecerán para darle disciplina al buen Albert
Isasi: Sí, efectivamente, Albert tiene razones para ser demasiado precavido, pero Candice también debe defender su integridad. y aunque la primera impresión no fue buena, ambos deberán hacer un gran esfuerzo para mejorar...y te aseguro que esto traerá muchas cosas buenas jojojo, En cuanto al misterio de la primera esposa de Albert, dime tus sospechas...la verdad es que él sufre mucho por ese episodio de su vida y esperemos que Candy sepa cómo ayudarlo.
Josie:Concuerdo contigo, Albert exageró su comportamiento, sin embargo, era una época en donde los matrimonios siempre eran concertados y albert podía aceptar uno así por obligación y con muchas reservas, pero a lo largo del camino se dará cuenta de muchas cosas, sobre todo de los prejuicios que él mismo tiene sin haberlos notado antes.
Jenny: Gracias por comentar! efectivamente el primer encontronazo y no el primero, pero irán sorteando los malos entendidos, unos mejor que otros
MOny: Claro, William en realidad tiene miedo a externar lo que siente por Candy, desde declarar abiertamente que le atrae físicamente hasta llegar a enamorarse. Por favor, continúa leyendo la historia y gracias por comentar
