Declaro que los personajes de Candy Candy no me pertenecen nyo sólo los tomo prestados para crear una historia para fines de entretenimiento.


Una Flor para Escocia.


Capítulo V.

El amanecer llegó demasiado pronto, pensó Candice batiéndose entre moverse o quedarse quieta; no quería romper el abrazo que le dio calor durante toda la noche. El pecho del lord la cubría casi por completo y su brazo la envolvía celosamente de la cintura.

Recordó su actitud condescendiente y permisiva de anoche al no consumar, por derecho, su matrimonio; y en el fondo le estaba eternamente agradecida por no obligarla a afrontar algo que era su responsabilidad asumir.

Sonrió para sus adentros y supuso que aquello sería su primer pequeño secreto marital.

El earl despertó varios minutos después con un poco de apuro al darse cuenta que se había quedado dormido. Lo usual para él es despertar antes del amanecer para cabalgar al menos una hora y tener vitalidad suficiente para sus deberes en el día. Pero la calidez del cuerpo de Candice lo atrapó entre las sábanas bermellón que él mismo habría escogido para su primera noche juntos, a pesar de la renuencia de su abuela Elroy.

No sabía muy bien cómo interactuar con su esposa, hace tanto tiempo que no despertaba con alguien a su lado, incluso cuando estaba casado con Keira, ella había decidió mucho tiempo antes de su muerte ya no compartir la cama con él. Su único contacto diario y que pudiera considerarse familiar era más bien con George, tal vez con su hermana y en menor medida con su sobrino. Luego de la muerte de Keira se había vuelto más retraído.

Así que decidió simplemente levantarse y cambiarse, hasta que sintió las manos de Candice sobre su kilt sacudiendo las arrugas.

-Mi madre me obsequió un viejo cuaderno con la historia de la familia Andrew –empezó a decir mientras lo vestía – y aunque se habla de las muchas tradiciones escocesas, ahonda muy poco en otros asuntos –dijo refiriéndose a las prendas que sostenía en sus manos.

-Y decidiste ahondar más…-concluyó él ya entretenido con el quehacer de Candice

-La biblioteca de mi padre es realmente muy grande –contaba ella sin mirarlo, pero concentrándose en acomodar cada prenda donde debía

-ahora comprendo la pregunta que me hizo el conde cuando fuimos presentados en Trenwind

- ¿qué pregunta?

-Me preguntó si tenía una biblioteca –dijo él divertido luego de ver el sonrojo de Candice que ahora se encontraba hincada atando los cordones de sus botas. Entonces le tendió la mano y la levantó.

-No vuelvas a hincarte –dijo determinante – de los cordones y las botas me encargo yo

Apenas tuvo tiempo de parpadear cuando William ya había terminado de ponerse las botas y le advertía sobre lo que le esperaba este día.

Le habló sobre la abuela Elroy, una mujer un tanto osca pero buena persona, la anciana más reacia y conservadora, pero que velaba por el bien del clan; su hermana Marie-Rose, una mujer muy cándida y su sobrino Anthony, un chico en realidad caprichoso, pero de buen corazón. Aunque en los últimos dos años había tomado un comportamiento aún más extraño, pero decidió que esas novedades no correspondían contárselas a su esposa.

Todos tenían tareas que realizar. Anthony se encargaba de las rentas y del recaudo del castillo, la abuela Elroy de mantener el protocolo en marcha y de conservar o renovar relaciones políticas con otros clanes y Marie –Rose se ocupaba de los asuntos sociales de la familia

Y mientras hablaba del protocolo para introducirla en las reuniones del clan para que todos la aceptasen, ella no dejaba de verlo caminar de un lado a otro con su kilt y pensaba que su condición de escocés hacía que pareciera diferente a los demás hombres que conoció en Londres mientras su madre buscaba un candidato.

El lord lucía distinto a todos ellos. Había heredado los cabellos rubios, así como la estatura y la figura robusta de un antepasado vikingo que invadiera las costas de Escocia.

Vestido de kilt y no como noble inglés, su aspecto era tan impresionante que ninguna mujer podía evitar que su corazón latiera con frenesí al verlo. Por primera vez en su vida, Candice perdió el sosiego. Se había sentido encantada, por unos momentos, de ser la esposa del patriarca, aunque ya no fuera tan joven, pero tenía miedo. Sobre todo, temía conocerlo mejor.

Aun no olvidaba el extraño comportamiento de Patricia cuando preguntó si en esta área del castillo había vivido la primera esposa del lord.

Además, aún no cuadraban tantas cosas que su madre le comentaba sobre los Andrew; que son una familia antigua con extraños comportamientos entre ellos, que el deber está por encima de cualquier cosa, que es imprescindible, casi de vida o muerte, que conceda hijos varones al lord, todo aquello la hacía mantener sus reservas, a pesar del encanto de su esposo.

Luego de cumplir con sus primeros compromisos en el clan, William acudió a buscar a Candice para desayunar juntos, pero no pudo llegar a tiempo. Patricia le informó que Marie-Rose y su abuela Elroy ya la habían abordado para hacerle saber que en breve debía atender las invitaciones que las esposas de los jefes de otros clanes hacían para conocer a la nueva matriarca de los Andrew.

A Candice le pareció innecesario, pero era protocolo que debía cumplir, sin dudarlo. Elroy le informaba que habían llegado otras invitaciones más desde Londres, por los negocios y acuerdos que tenían con algunos duques y otros nobles, pero a esas invitaciones ella estaba obligada a negar su asistencia. A pesar de que preguntara los motivos, Elroy simplemente contestó con un rotundo: ¡porque así es!

Esto desconcertó a Candice quien no alegó nada más, pero trataría de encontrar la forma de saber a qué se debía esa negativa. Y le interesaba sobre todo porque el lord le había comentado de sus acuerdos en la Corte.

Sabía que William era un excelente economista, pero ella mejor que nadie conocía ese ambiente negligente de la Corte y el parlamento, y no deseaba que los nobles abusaran del esfuerzo del lord.

Marie-Rose le recordó el cambio de vestuario que debía hacer, Candice concordó con ello, pero lady Elroy se adelantó, nuevamente, a informarle que ya había encargado varios vestidos más adecuados para ella, lo que Candice tuvo que agradecer fingidamente.

Pero agradeció más la aparición de William en el salón de té para llevarse a Candice a cabalgar un momento.

- ¿a esta hora del día, William? –cuestionó severamente lady Elroy –¡además qué impertinencia es esa de entrar al salón exclusivo para damas, parece que no se te ha educado adecuadamente!

- ¡Está recién casado, abuela, compréndelo! –Marie-Rose lo defendía – con la belleza de Candice, yo tampoco querría separarme de ella si fuera William.

- ¡Marie, pero qué escándalo!

Tanto William como Candice terminaron sonrojados, excepto Marie-Rose quien no dejaba de reír por la expresión agónica de lady Elroy luego de escucharla hablar como "una cocinera".


En los establos, a su encuentro llegaron George y las doncellas que los buscaban afanosamente. William miró que George estaba inquieto cuando hizo una reverencia dirigida a Candice.

-Frank Sloan está aquí y solicita una audiencia urgente con el patriarca –dijo al final George dirigiéndose ahora a William

Candice sólo miraba a uno y a otro

- ¿Ha dicho algo?

-Sólo que exige justicia para su hija, la señorita Bonnie

- ¿justicia? –se permitió la interrupción Candice

-No te preocupes Candice, es algo que me corresponde manejar –contestó William con incomodidad –Patricia, por favor, muéstrale a la señora la biblioteca y los salones reservados para ella

-Claro que sí, señor. –asintió pronto

-Te pido que me perdones, Candice, pero es algo que debo atender con cierta urgencia- la tomó de la mano para después besarla.

A ella no le dio tiempo de contestar

–Mi señora, por aquí – Patricia la solicitaba y William y George simplemente pegaron la vuelta y se perdieron

Candice siguió los pasos de Patricia con reticencia. No dijo nada, pero notó la incomodidad en el tono de voz del lord, además le pareció que la despachó demasiado pronto y con una excusa tan poco firme.

Dio una mirada inquieta a Dorothy y ésta sólo respondió con un simple apretón de manos.

- ¿la abuela Elroy sabe de la visita de Frank?

-Lady Elroy ha sido quien lo recibió, William

-Tendré que hacer algo con la señorita Sloan… -dijo preocupado. Estaba casi seguro de que lady Elroy lo incitaría a repudiar a la muchacha por su osadía de declararse en público en el baile de la cosecha, tres días antes de viajar a Londres. Pero él no quería llegar a tal extremo.

Comprendía que la joven había tomado mucho más vino del que podía soportar, además, pensó que fue más bien su error al no dar su negativa públicamente y en vez de eso tomó a la chica del brazo y la llevó a sentarse. Acción que causó la confusión en ella y más en su padre, el brusco, Frank Sloan quienes pensaron que William había aceptado la declaración de amor de la joven.

-A menos que la cases con alguien o encuentres un trabajo para ella en el castillo, deberás repudiarla- dijo George con franqueza – su atrevimiento de declarar su amor por ti a los cuatro vientos tiene consecuencias y lady Elroy no hace excepciones.

-No me das muchas esperanzas

-Existen pocas en realidad, la pobre muchacha debió pensarlo mejor –aconsejaba George mientras caminaban rumbo a su sala privada –mientras trabaje en el castillo se olvidarán de lo que hizo y puede que encuentre algún buen hombre con quien casarse; si la repudias, entonces no tendrá posibilidades.

- ¿Dónde la emplearía?

-Conmigo…

Ambos hombres volvieron incrédulos por la voz a sus espaldas.

- ¡Candice! –dijo sorprendido - ¿qué haces?

-Discúlpeme la interrupción, no fue mi intención escuchar, fue inevitable –se excusó lo más serenamente posible –vine a solicitar un permiso de su parte y no pude evitar condolerme por la historia de la joven…

William permaneció en silencio, más por no saber qué decir ante la nobleza de Candice que por la intromisión en su conversación con George, pero Candice lo tomó como un gesto permisivo para continuar con su arenga.

-Entiendo la grave situación por la que atraviesa la señorita Sloan y como bien dice George, si le permite trabajar en el castillo, hará posible que su reputación sea resarcida, al menos en parte.

William pensó que lo que decía Candice era lo correcto, pero él conocía a su abuela y ella no lo permitiría y como si George leyera su mente, fue quien tuvo la valentía de aclarar la única desventaja del consejo de Candice

-Me temo, mi señora, que aún falta tomar en cuenta la palabra de lady Elroy, la cual tiene mucho peso …

-En ese caso, apelo a mi posición de matriarca para solicitar al lord me conceda a Bonnie Sloan como una más de mis doncellas para cubrir todas mis necesidades-habló seriamente – el pago de su sueldo puede tomarlo, el lord, de mi dote.

-Mi señora…

-Así se hará, Candice –interrumpió el rubio con una sonrisa amplia y limpia –pero el pago no saldrá de tu dote – Candice sintió la intensa mirada azul sobre la suya – Es mi obligación como esposo procurarte, yo lo pagaré. Tu dote se respetará como lo marcan las leyes.

Sonrieron mutuamente, él con total sencillez y ella con un poco de pudor ante la honestidad de su alegría. George a su lado los miró perspicaz augurándoles una inmensa felicidad si ambos sabían sobrellevarse.

Aun les faltaba mucho camino por recorrer, aún quedaba mucho de ellos por conocerse, y si bien es cierto que habían empezado con el pie izquierdo, parecía que poco a poco iban retomando un mejor camino.

Sólo le preocupaba lady Elroy, de quien no estaba muy seguro que le gustara una mujer astuta, inteligente y con independencia en las ideas como su señora Candice. Pudo tolerar a la ambiciosa Keira por su completa obediencia a las normas, pero la bella Candice era diferente, totalmente diferente.

-Por cierto, Candice…-dijo con las manos sobre las puertas del salón privado - ¿qué permiso ibas a solicitar?

-Oh! simplemente que se me permitiera elegir mi propio guardarropa junto con mis doncellas –dijo apenada por la nimiedad de la petición, pero para ella era significativo que nadie más eligiera su vestuario.

William volvió a sonreír asintiendo y aunque sabía que lady Elroy reprobaría cualquier elección que Candice hiciera y no por que tuviera mal gusto, de hecho, Candice era una mujer muy elegante y acertada en sus vestidos; sino más bien porque la hacía a un lado y eso era algo que Elroy jamás toleraría. Pero debía acostumbrarse, Candice era su nueva esposa, la matriarca y ya empezaba a asumir su papel en el clan Andrew.


Llevaba cerca de una semana en las tierras altas de Escocia, aún no atendía las invitaciones que llegaban de damas londinenses, pues apenas tenía tiempo de escribir una respuesta declinando, como se le había indicado, debido a la "instrucción" de lady Elroy en las actividades obligatorias de Candice.

De acuerdo con lady Elroy, Candice debía relacionándose con las familias más importantes para reforzar los lazos con los Andrew, debía mantener la lealtad al jefe del clan y aunque a ella le parecía un método por demás arcaico, no se opuso porque comprendió que eso le ayudaría a reconocer a cada familia y el tipo de intenciones comerciales, políticas o militares que tuviesen.

Por otra parte, William había estado respetando su palabra de no consumar el matrimonio hasta que ambos estuviesen listos. Aunque ya se empezaba a murmurar al respecto, pues nunca se hizo la ceremonia de la consumación. Pero a William poco le importó esa habladuría, al final él era el patriarca y si decía que había consumado el matrimonio con Candice, entonces debían creerle.

Pero lo cierto era que, a pesar de dormir con cierta distancia entre ambos, el amanecer los encontraba, invariablemente, unidos. La frialdad de la roca del castillo era un pretexto para terminar uno en los brazos del otro. Pronto William se acostumbró tanto a tener el cuerpo de Candice cerca suyo que cuando llegaba ella a despertar antes que él y tomaba distancia, se sentía desolado y no podía evitar el estirar el brazo, fingiendo dormir, para atraerla nuevamente.

Candice por su parte, no dejaba de mantener distancia lo más sensatamente posible con los avances de William; sobre todo porque aún no se sentía completamente segura de su matrimonio.

Tenía la sensación de que había algo más, a pesar de que William le había mencionado formar parte de las reuniones en del consejo, lady Elroy siempre llegaba para impedir su intervención con algún pretexto que ella consideraba absurdo y sin ninguna trascendencia, como acompañar a Marie-Rose a organizar las próximas fiestas y aunque sabía que era una función que le correspondía a las mujeres, intuía que lady Elroy lo hacía más para mantenerla fuera de todas sus funciones, en realidad, fundamentales.

Ante tal desconcierto se sumaba otro más, el tema de su primera esposa. Tan sólo sabía que se llamaba Keira y eso fue por un descuido de Bonnie cuando cepillaba su cabello y mencionaba lo suave y bien cuidado que está, en comparación con los comentarios que se hacían de la "antigua señora Keira".

Quiso preguntar más a Bonnie sobre ella, pero para su mala suerte Patricia llegó justo a tiempo para apartarla y mandarla a preparar el baño para la señora. Así empezaba el día para Candice.

Ella y sus, ahora, tres doncellas habían encontrado un modo de adaptarse a la convivencia. Bonnie agradeció profundamente a Candice el haber intervenido para ayudarla, aunque se llevara su primera reprimenda de parte de lady Elroy.

Le aseguró, aunque Candice le dijo que no hacía falta, que ella sentía una gran admiración por el lord, pero sólo eso, ella sabía que no tenía posibilidad alguna que William se fijara en ella, pero él había sido un amor platónico que insistía era inofensivo.


Aquella mañana, antes de salir de la habitación matrimonial William le dijo a Candice que ese mismo día tenía pensado introducirla a la Audiencia del clan para que formara parte de las decisiones importantes.

Esto fue un hecho sorpresivo para ella que no pudo disimular; sus grandes y hermosos ojos esmeralda no quitaban la mirada del rostro sonriente de William que disfrutaba la expresión de sorpresa en ella. Pensó que podría pasar todo el día imaginando qué hacer o decirle para conseguir esa mirada de desconcierto y candor que tenía cada vez que escuchaba algo inesperado.

- ¿la Audiencia? –repitió aún sorprendida –¿y lady Elroy?

-Hablé con ella y aunque no con tanto entusiasmo, aceptó introducirte –dijo acariciando su mejilla –eres mi esposa y quiero que me acompañes en las Audiencias- le besó la frente –quiero hacerlo bien esta vez

- ¿esta vez? –preguntó con desconcierto

-Candice, sé que no he sido franco contigo –se separó de ella temiendo ser rechazado si seguía tocando la nívea piel- sé también que a estas alturas sabes que estuve casado una vez.

-No lo sé, en realidad- aclaró sujetando sus manos cerca del pecho –apenas es un rumor que todos han querido evitar

-Lo sé, Candice –volvió a acercarse para tomar sus manos entre las suyas –pero te pido que seas paciente –la miró a los ojos –yo mismo aclararé todo contigo. Fue la abuela quien pidió callar todos los rumores, pero sé que lo hizo para protegerme.

Ella apartó bruscamente sus manos. Caminó por la habitación simulando buscar algo entre su ropa, tan sólo para evitar la mirada del lord y que se diera cuenta de cuánto le afectaba desconocer lo ocurrido con la antigua señora, como era conocida su primera esposa.

Intentó por todos los medios permanecer ecuánime ante la afrenta que muchos sirvientes del castillo le hacían cuando pasaba caminando y murmuraban comparándola con la señora Keira.

Al principio era fácil esquivar esas comparaciones, hacerlas a un lado; ella era una dama inglesa que estaba acostumbrada al cotilleo social, pero mientras más convivía con el lord, no podía evitar sentirse intrigada por sus sonrisas o las miradas silenciosas y angustiosas que, en no muchas ocasiones había podido observar en su rostro cuando cabalgaban juntos después del almuerzo.

-Candice, sólo te pido un poco de tiempo –insistió desde la puerta, ya sin acercarse- es algo que es complicado para mí

-debe serlo, fue su primera esposa –dijo con un tono austero que a William le cayó pesado. Deseó corregir y decirle que la complejidad no estaba en que Keira fuera su primera esposa, sino en las circunstancias de su matrimonio y de su muerte. Pero decidió hacerlo todo a su debido tiempo. Tan sólo reculó sus pasos hasta donde estaba Candice y besó la coronilla de su cabeza para después irse.

A ella el gesto se le antojó sincero y por demás nostálgico. Quiso que el lord le dijera que la antigua señora Keira había quedado en el pasado, pero parecía que no iba a ser tan fácil. Suspiró más para darse fuerza y valor por su próxima introducción.

Debía poner sumo cuidado en su imagen y sus palabras. Lady Elroy estaría ahí y seguramente la tendría bajo estricto escrutinio. Pero no fallaría, ni a su herencia familiar, los White, ni a su esposo. Tocó la campanilla para apresurar a sus doncellas y estar preparadas.


CONTINUARÁ...


Hola chicas! cómo están! Sé que no he contestado adecuadamente todos sus comentarios. Pero me estoy esforzando por lograrlo. Y para no dejarlas esperando tanto, aquí les traje otro capítulo más de esta historia que ya está llegando a su verdadero drama. Espero que por favor lo disfruten leerlo tanto como yo lo hice escribiéndolo..