Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, sólo los tomo prestados para crear una historia para fines de entretenimiento.


Una Flor para Escocia.


Capítulo VII.

El castillo White permanecía silencioso a pesar de los preparativos de boda. Desde el casamiento de Candice el hogar White se sumergió en una especie de sopor que los sirvientes no supieron explicarse a qué se debía. Ya la boda de Annie no parecía motivar los ánimos.

Todos supusieron que se debía a que el conde extrañaba y añoraba a su hija mayor. Era sabido por todos que Candice era la hija preferida del conde, sobre todo por la dedicación que dio a la educación de la joven desde que era una niña.

Pero nada explicaba el humor recalcitrante que cargaba la condesa Mary, sobre todo desde la última visita del prometido de su hija, lord Archibald, cuando acudió junto con su padre a pedir formalmente la mano de Annie.

Incluso a la chica le pareció confusa la actitud hasta hostil que tomó su madre,sin motivo aparente, luego de que ambos aminoraron el paso camino al salón de juegos. Intentó preguntar a su madre si todo iba bien, pero ésta contestó "Pronto te casarás Annie, ¿eso querías no? Por favor déjame en paz un momento" dejando a su hija anonadada por la reacción tan violenta que tuvo.

Pensó que Archie sabría explicarle si acaso su madre se quejó por algún comportamiento inapropiado, pero el joven tampoco quiso decirle nada. Al contrario, la lleno de besos y palabras alagadoras que tanto le encantaban y aunque no olvidó que Archie, realmente, evitaba contestarle, dejó pasar por alto el evento que más bien tomó como un pequeño infortunio sin importancia.

-¡Annie! –escuchó que gritaban a su espalda evitando que entrara al salón de té

-Tom, ¿cómo estás? Disculpame, no pude saludarte antes

-Descuida, sólo quería felicitarte por tu próximo matrimonio –dijo sonriendo el joven – espero sea próspero.

-Gracias, Tom, eres muy amable – el joven besó la mano de Annie – si me disculpas, mamá espera, ya la conoces, no puedo hacerla enojar, anda de un humor extraño

-Sí, claro…pero Annie, espera... sé que no estoy en ningún derecho de hacerlo pero…

-Quieres saber de Candy

-¿Ha escrito ya? ¿sabes cómo está?

-No lo sé Tom, si ha escrito, su carta aún no llega, pero en cuanto llegue te lo haré saber

-Prométemelo Annie, ya han pasado un tiempo...

-Lo prometo, Tom, pero mira que debes tomarlo con calma, Candy es ahora una mujer casada y debes actuar con reservas.

-Sería incapaz de poner a Candy en una situación incómoda y lo sabes- la miró severamente – es sólo que estoy preocupado por ella, hay rumores de lord Andrew en el parlamento

-¿rumores? –preguntó Annie intrigada - ¿qué rumores?

-En realidad son habladurías de las damas, que es un hombre tosco y…

-Oh! Tom, tranquilo, es normal que se hable así de lord Andrew, es escoces, ya sabes cómo son los escoceses.

-Sólo promete que me avisarás cuando tengas noticias de Candy

-Sí, Tom, ¡ya te he dicho que sí ¡

-Está bien, pero no te enoj…

-¡Annie, estamos esperándote! –interrumpió la condesa –sabes que es inapropiado el cuchichero en las puertas y más con un joven casadero

-Pero mamá, es Tom –la condesa miró duramente al joven y le lanzó una sonrisa que más que cortés era un desafío

-Tom, por favor, ya suficientes problemas causaste a Candice, no lo hagas ahora con Annie

-Condesa –hizo una reverencia- presento mis disculpas, no vovlerá a pasar – volvió a mirar a Annie –que pasen una excelente velada, yo debo regresar a Trenwind.

-¡Con cuidado, Tom! –Gritó Annie pero el chico no volvió a verla, tan sólo levantó la mano despidiéndose de ella.


En el castillo escocés, William caminaba hacia los establos acompañado de George, luego de haber discutido acaloradamente con lady Elroy sobre el comportamiento de Anthony y el castigo de la joven.

Aunque William no estaba de acuerdo con discutirlo fuera del consejo, Elroy insitió en tratar el arranque de impertinencia de Anthony como un típico comportamiento errático de juventud. Esto William no se lo tomó a bien, sobre todo porque consideró que tanto Elroy como Marie-Rose se habían vuelto muy permisivas con las malas decisiones que Anthony había estado tomando desde hace un par de años. Ya varías veces había ignorado sus órdenes en los cobros de las rentas y los tributos, y en las aldeas más lejanas al castillo tomaba y ejercía las leyes según su criterio y no de acuerdo con las normas que había establecido el patriarca junto con el consejo.

-William, debes tomarlo con calma, mantener la cabeza fría- dijo mientras William pedía un caballo encillado

-¿Cómo George? Dime cómo para poder hacerlo – llevaron un ejemplar negro, pura sangre, fuerte, alto y fornido.

-Debes entender que lady Elroy hace esto por el bien de la familia Andrew – hablaba a espaldas del lord mientras éste tomaba las riendas

-¿qué bien se le hace a la familia tolerando los caprichos de Anthony? –dijo ya montado.-No voy a ser displicente con él y menos voy a mandarlo de embajador al parlamento inglés. Debe estar aquí y jurar lealtad a su patriarca. Enviarlo a la corte será como darle un premio.

-Sólo recuerda que puede a pelar a su derecho, debes involucrar a Anthony incluso en el parlamento; es tu único heredero, William, hasta que no concibas un varón con la señora Candice.

-Y no sabes cuánto lo deseo, Geroge –empezó a trotar – pero haré las cosas bien con ella, puedo esperar.

-¿qué quiere decir eso? – la pregunta de George lo hizo recular dando una vuelta al caballo en un salto que sólo un jinete tan hábil como él podía lograr sin caer de la silla.

-Más que mi mano derecha, George, te considero mi amigo –dijo preparando el ánimo del caballo para el trote veloz- y como amigo te digo que no la someteré a la barbaridad de la consumación obligada.

-Pero William, no consumar es más peligroso para ella que para ti, ya sucedió una vez

-Lo sé, George, por eso te lo cuento, porque te tengo confianza y sé que no dirás nada – empezó el galope sin dar tiempo a las réplicas de George.

Pero éste quedó mirándo cómo se lejaba en tan sólo unos segundos. "Y no diré nada, William, le prometí a tu abuelo cuidar de ti, aún en contra de lady Elroy"


En el área del castillo que correspondía a la zona de los patriarcas, Candice recibía las invitaciones que llegaban de otros clanes cercanos. Las invitaciones que llegaban de Londres, de condesas y duquesas de la corte eran llevadas directamente a lady Elroy. Candice ya se había percatado de que la correspondencia pasaba antes por las manos de la abuela Andrew; y aunque no había comentado nada, ahora que empezaba a conocer el comportamiento del castillo, debía tener más cuidado con eso.

-Gracias, Catty, puedes dejarlas sobre la mesa – dijo mientras guardaba un libro en los estantes - ¿Alguna carta de Londres? –preguntó buscando un libro.

-No, señora, como siempre, ninguna

-Puedes retirarte – la joven hizo una reverencia algo torpe y salió de la biblioteca

-¿Todas son invitaciones a otros castillos? –dijo Bonnie con estusiasmo mirando sobre el hombro de Dorothy

-Sí, está es del castillo de Leoch y esta otra del castillo de la señora de Duinne.

-Dicen que son hermosos lugares, mi señora, debería aceptar las invitaciones - Candice sonrió por el consejo sincero que daba la chica. Pero lo que más le intrigaba era la seriedad de Patricia desde que las encontró hablando en los rosales. Hace más de una hora que no había dicho palabra alguna, ni siquiera había preguntado por su ánimo luego de la Audiencia y tampoco había ofrecido el servicio de té, ella que siempre estaba pronta a hacerlo.

-¿y esta, Dorothy, de dónde viene? –volvió a preguntar Bonnie. Pero esta vez Candice cambió su expresión cándida a tener el ceño fruncido.

-Ay Bonnie, no lo sé, no entiendo muy bien esta letra, creo que es gaélico –dijo Dorothy quejándose –mejor lee tú, hablas gaélico

-No puedo, Dorothy – hizo un gesto de tristeza con los labios

-No sabe leer – fue más una afirmación que una pregunta, pero sólo Candice pudo entender el resultado de su inferencia.

Recordó que en los rosales Bonnie le platicaba, a petición suya, sobre su infancia y su vida en el castillo Andrew. Desde que nació ha pasado toda su vida en las tierras Andrew y sus alrededores, jamás viajó ni fue más allá de las tierras fronterizas con Leoch.

Le dijo que había sido educada por lady Elizabeth, la institutriz del castillo Andrew. En sus días libres salía del castillo y pasaba largo rato en la aldea donde enseñó las buenas maneras y costumbres a muchas jovencitas que desearan convertirse en doncellas en algún castillo. Aunque algunas jóvenes no pudieron aprender a leer, lady Elizabeth les enseñó todo lo que una joven doncella debía saber.

Luego de ese relato, le preguntó a Bonnie hace cuánto que conocía a Patricia a lo que la inocente chica le contestó que desde que eran niñas. Habían crecido y jugado juntas antes de que ella tuviera la suerte de ser elegida para trabajar en el castillo luego del ascenso del señor William como patriarca.

Fue entonces que luego de la confeción que hizo a Dorothy de no saber leer es que Candice intuyó que Patricia pudo ser una de esas jóvenes que no pudo aprender a hacerlo.

-Dorothy …

-Diga señora

-Por favor, consigueme el sello de los Andrew –dijo con una amplia sonrisa –creo que Bonnie tiene razón, quisiera conocer Leoch y Duinne

-¡Magnífico, mi señora, le encantarán!

-Pero señora, ¿cree que sea prudente luego de lo que pasó en la Audiencia? –replcicó Dorothy, mientras Patricia las veía intrigada sin comprender la repentina decisión de Candice

-Por supuesto, Dorothy, ahora mejor que nunca. Pienso que Lady Elroy querrá que todo se mantenga en marcha y atender estas invitaciones es una manera de decir a todos que aquí nada pasó, aunque pocos sepamos lo que pasó realmente.

Dorothy aceptó y salió en busca del sello familiar al privado del señor William. Seguramente se encontraría con George y él no tendría invonceniente con ofrecércelo.

Mientras tanto, Candice pedía a Patricia buscarle un libro en los estantes, "Historia antigua de Escocia." Sin embargo, Patricia se negó alegando que casi era tiempo de tomar el té, "como las costumbres inglesas dictaban" dijo ella. Y era, relativamente cierto, aunque faltaban dos horas para el té, para ser exactos, pero Candice se mostró permisiva y dejó ir a Patricia por el servicio. Al final había confirmado lo que sospechaba.

Quedándose sólo con Bonnie, le pidio tinta y papel para empezar a escribir.

-¿Dos fojas, señora?

-Tres, por favor Bonnie

-No tiene que escribir mucho señora, sólo es una contestación, he visto a lady Elroy enviar tan sólo un mensajero sin ninguna carta

-La atención es siempre lo más importante, Bonnie …-dijo sumergiendo la pluma en el tintero y empezando a escribir: "Querida Annie…"


Los murmullos de la noche resultaron ser más apacibles que en días anteriores. La primera noche que pasó fuera del castillo White le pareció a Candice que era la peor noche de su vida. Nunca lo demostró, pero en ese momento sintió miedo. Otro caballero en el lugar del lord la hubiera tratado con más delicadeza y le hubiera permitido viajar de día luego de su boda.

Aunque en ese momento detestó con todas sus fuerzas a su esposo, ahora, pasados los días y las noches, le pareció que la rudeza escocesa era más que encantadora, intrigante. Había algo en todos sus movimientos que hacián al lord verse más varonil que otros compatriotas suyos.

Lo recordó en su traje de gala en la Audiencia y cómo se acercaba a ella para susurrarle todo el protocolo de las reuniones y las discusiones del consejo. El tenue tono de su voz la hacia estremerserce más de lo que jamás pensó..

Al levantarse de la silla se veía más alto de lo normal y sus cabellos dorados suavisaban sus expresiones que siempre se mostraban severas al momento de escuchar hablar a los miembros del clan.

-Señora, es tiempo de salir-la voz infantil de Bonnie la hizo volver a la realidad. Asintió y salió de la bañera. –Dorohty ha dejado su ropa de cama en el biombo

-¿y Patricia?

-En la cocina, ha ido a dejar el servicio – contestó cubriendo el cuerpo de Candice con una amplia bata de algodón

-Gracias, Bonnie, puedes retirarte, yo me encargo de lo que haga falta y dile a Dorothy que ya no es necesario que vuelva, pueden ir a descansar.

-Claro, señora.

Pero cuando salieron se toparon con William a punto de quitarse la camisa. Bonnie y Candice quedaron paralizadas mientras el lord se sonrojaba sin saber exactamente por qué; si por haber sido descuidado y llegar a desvertirse así sin más o encontrarse con Candice saliendo del baño envuelta apenas en una bata de algodón que se pegaba a su cuerpo.

-Bonnie, que pases buenas noches – fue Candice quien tomó el control de la situación al notar el shock en el que habían quedado los tres. Bonnie agachó la mirada apenada y se retiró corriendo.

-Perdón, pensé que estarías en la biblioteca, aún es temprano

-Pedí un baño, aún no me acostumbro al maquillaje escocés

-Claro – sonrió con naturalidad – puedes no usarlo, no lo necesitas

Candice le devolvió la sonrisa

-Puede que lady Elroy opine lo contrario

-Es a mí a quien tiene que gustarle –dijo acercándose aventando la camisa a la cama –soy tu esposo

-¿ me prefieres sin maquillaje?

-Te prefiero así, tal y como estás ahora –le pareció que su tono era más seductor.

Sintió sus piernas temblar y tragó saliva – no las cubras jamás, ni con maquillaje ni con nada

-¿qué cosa?

-Tus pecas…- sonrió con timidez. Como siempre, podían describirse cortésmente como un revoltijo de pecas en su rostro que nadie más que Annie habían sido capaz de mencionarlas nunca. Aunque había una diferencia, su hermana siempre considero sus pecas un defecto.

Se distanció de él evitando el contacto visual, suficiente sonrojo tenía ya encima con verlo sin camisa, no podría soportar sus palabras mirándolo directo a los ojos. William fue más perceptivo y comprendió la timidez de Candice, por lo que decidió cambiar de tema por uno más amable antes de empezar a hablar de Keira.

Quería hacerla sentir tranquila aunque bien a bien no sabía cómo hacerlo. Nunca había tenido una relación tan cercana con su esposa aunque ya había estado casado una vez. Por lo que suspiró más para darse ánimo.

Miró a Candice perderse tras el biombo y él aprovechó para cambiarse de ropa.

-Sabes, Candice…-empezó – hace bastante tiempo que mi madre me dijo que un día hermoso, una muchacha me elegiría –la escuchó detenerse, la imaginó pasando sus manos por el camisón para ajustarlo - Yo le respondí –continuó sin esperar respuesta – que pensaba que era el hombre quien debía escoger

-¿qué contestó ella? – le sorprendió verla frante a frente, tan cerca de él que sólo debía estirar la mano y tomarla de la cintura para acercarla.

Pero contuvo el deseo

- dijo "ya lo verás, hijo, terminarás dándome la razón" –rió- y ya lo he visto.

Candice lo miró largo rato asimilando lo que había dicho. Era la primera vez que hablaba de su madre. La primera vez que iniciaban una conversación más íntima entre ellos lejos de la banalidad del "espero que tu día haya sido bueno" con que siempre terminaban las noche antes de meterse a la cama.

No dijo nada, pero pensó mucho en las palabras de su desconocida suegra y meditó que tal vez tuivera razón. Ella también creía que era el hombre quien escogía, así le pareció a ella. Recordó el baile y la discusión con William en el balcón. en ese momento pensó que fue él quien aceptó casarse con ella luego de conocerla en el baile en Trenwind, fueron dos lores quienes la rechazaron antes de convertirse en la esposa del patriarca de la familia Andrew o ¿fue ella quien permitió que la rechazaran? No lo supo con certeza en ese momento.

Entonces ella también sonrió y con movimientos sutiles y serenos tomó un pañuelo de su propio cajón para humedecerlo en la pila de aseo. Se detuvo frente a él y con la mano libre levantó el mentón de su esposo escocés para lavar su rostro del sudor y el polvo del día.

-Me habría encantado conocer a tu madre

- A ella también, estoy seguro –contestó con los ojos cerrados dejándose limpiar- te habría adorado

Volvió a sonreir y se tomó su tiempo para contemplar el rostro tranquilo de su esposo antes de apartar la tela de algodón.

Cuando lo hizo él abrió pronto sus ojos azules y no los quitó de ella el resto de la noche. Miró cambiar nuevamente su semblante, ahora serio. EL azul de sus ojos volvió a oscureserce.

-Candice…-sabía lo que venía, la conversación sobre la antigua señora –Te prometí aclarar todo respecto a Keira

-La antigua señora – precisó ella, prefería llamarla así y no decir "esposa", quería mantener las distancias lo más posible

-Ese es un nombre que le pusieron los empleados en el castillo –siguió –aunque en realidad nunca fue la Señora. Nunca estuvo, como tú, presente en las Audiencias. Ni en ningún asunto importante de la familia, ni siquiera…ni siquiera en mi cama.

Y dijo esto último con una suerte de vergüenza en el rostro que a Candice le resultó enternecedora.

-Eso... quiere decir que…

-Nunca consumamos el matrimonio –dijo apenado –y lo que, seguramente, podrás asumir…

Candice quedó en silencio por un rato que a William le pareció una eternidad. En su cabeza se movía todo el rompecabezas que, con la escasa y falsa información que Annie le había dado, se había hecho sobre el lord aquella noche no era un hombre que frecuentaba las casas poco decorosas, él ni siquiera había tenido intimidad con su primera esposa, pero ¿de dónde surgió el rumor entonces?

Quería preguntar, pero esperó. No era el momento de hacer ese tipo de cuestionamientos, todavía faltaba mucho que hablar.

-Por favor, Candice, dime algo…

-Yo…-pensaba decir que se alegraba, en el fondo, de que nunca hubiera tocado a la fallecida Keira, sin emabrgo, tampoco podía hacerlo, no debía. –no sé qué decir, aún no entiendo muchas cosas…Cuando nos conocimos en londres dijiste que no querías que hubiera intimidad entre nosotros porque querías respetar la memoria de…Keira

-Sé lo que dije Candice y no tienes idea de cuánto me arrepiento de esas palabras –respiró profundo – pero estaba aterrado. Te vi entrar al salón y me atrapaste. No podía evitar las ganas que tenía de decirte que tienes los ojos más hermosos en este mundo. – volvió a respirar –Luego aquel amigo tuyo de la infancia llegó y entonces recordé a Keira y una desagradable sensación de temor se apoderó de mí

-¿a qué le teme el patriarca?

-A no ser suficiente, Candice –confesó desconsolado

-¿cómo puedes decir eso? –se apresuró a sentarse junto a él para tomar sus manos –has sido un esposo gentil y generoso

-Oh! Candice, mucho tiempo creí que lo era…pero…

-Dime qué fue lo que pasó, ¿lo dices por Keira?

-Keira era muy joven cuando nos casamos. Ella tenía quince años cuando fue comprometida.

-Fue un matrimonio concertado, entonces

Desde su nacimiento, la joven y extraña Keira no conoció a William hasta un par de meses antes de casarse. El compromiso fue contra su voluntad, incluso él desconocía el arreglo que sus padres antes de morir habían pactado con el clan Mckenzie.

Pero William decidió aceptar y respetar el acuerdo de sus padres y asumir su obligación de contraer matrimonio con una mujer fértil. A su parecer Keira era una jovencita aún inmadura, no era precisamente su tipo de mujer, ni su belleza era armónica, pero la joven parecía estar sana.

La misma Keira parecía primero dispuesta a asumirse como esposa del nuevo patriarca. Tener una posición superior la hacia propensa a aceptar toda la instrucción de lady Elroy para prepararla para su papel de matriarca. Era una joven moldeable y su vanidad y codicia la hicieron la candidata ideal a ojos de Elroy. Pero los problemas vinieron cuando Keira empezó a ser consciente de las verdaderas obligaciones que debía atender una vez convertida en matriarca.

-Parece que la vida junto a mí nunca le sentó bien –continuó –jamás me aceptó como su esposo y ella misma me exigió no consumar el matrimonio…

William decidió, en aquel entonces, darle un poco de tiempo. Comprendía que era realmente muy joven y pensó que estaría asustada. Pero la realidad era que Keira simplemente no tenía interés en compartir la cama del patriarca.

Con el tiempo empezó a ser huraña y a tener gestos hostiles contra William. Cada vez que él la tocaba o llegaba a rozar un brazo o incluso su vestido, Keira reaccionaba con exageración hasta el grado de gritar y llamar la atención de los empleados. Ella actuaba como si William realmente la maltratara.

-Sé lo que se cuenta, Candice –desvió la mirada –sé que el rumor en el castillo es que yo maté a Keira…

-¿por qué no desmentiste el rumor? – Willam la miró soprendido, Candice pareció entender la expresión en su rostro –Sé que no lo hiciste, que no fuiste tú

-No, Candice, no lo hice –la miró a los ojos

-¿cómo murió?

-en realidad no lo sé –caminó al ventanal y desde ahí miró los jardines del castillo –el día que murio fue el día en que descubrí el verdadero motivo por el que Keira me detestaba –volvió para mirarla –ella veía a otro hombre

-Anthony…

-Mantenían un romance luego de que cumplimos un año de matrimonio

Ya que todos se preguntaban por la tardanza en procrear, Keira intentó solucionar su pequeño problema sin ser tocada por William. Con el paso de los días se hizo amante de Anthony y luego de un romance clandestino, supuso que el rubio, tan enamorado que estaba de ella, la defendería incluso contra William.

Todo ocurrió en una tarde calurosa, William había pensado en invitar a Keira un paseo, nunca salían juntos y ése sería uno de los tantos intentos diarios por convivir cordialmente con la jovencita. Pero no se esperó encontrar a Anthony en la habitación de la dama intentando convencerla de enfrentar a su tío.

William no toleró la mentira y la traición y se llevó a Keira del brazo de una manera violenta. Anthony intentó detenerlo pero las fuerzas de William lo superaban, el odio y la ira lo dominaban por completo. En el forcejeo Keira gritó estar embarazada, como si aquel gritó la salvara de todo mal.

-Creí que no habían consumado…

-No lo hicimos, Candice –tomó aire- ese hijo que dijo tener en su vientre no era mío

Anthony quedó sorprendido, entró en estado de shock, fue William quien reaccionó a las palabras de Keira con desconfianza, y la joven lo notó…Tanto ella como William sabían que no habían consumado, nadie más tenía conocimiento de este hecho, por lo que se adelantó a acusar al patriarca con su sobrino "Fue William, Anthony, abusó de mí…"

-¡No lo puedo creer! ¡Cómo fue capaz de acusarte de semejante barbarie!

-Estaba desesperada…Todo estaba en su contra, tanto por no tener hijos como por adulterio. – respiró con fatiga – Pero en realidad lo complicó todo sin darse cuenta de lo que hacía

-Pudiste sólo repudiarla…

-Acusándola de adulterio, sí…pero al enterarme que estaba embarazada, el castigo debía ser más severo.

-Anthony pensó que la condenaste…

-Jamás condenaria a muerte a una mujer embarazada, Candice, pero mi sobrino pensó que lo había hecho para ocultar la supuesa violacion y para evitar que él la tomara como su mujer.

-entonces…

-¿cómo murió? No lo sé, aquel día los gritos fueron tan fuertes que todo el castilllo se enteró. La abuela Elroy fue quien se encargó de evitar que se hablara más del asunto.

Esa misma noche Keira acudió a Anthony por ayuda luego de discutir con William y que éste le asegurara el repudio en la próxima Audiencia. Al parecer el Anthony le ofreció una vida juntos, escaparían a londres donde él tenía propiedades que le pertenecían gracias la herencia de su padre. Sus planes iban bien, hasta que a la hora de la fuga, Keira no se presentó a la cita. Desapareció desde entonces.

-No encontramos el cuerpo hasta un día después en un claro…

Candice hizo un intento por no mostrar una expresión de terror, aunque realmente eso sentía. En su corazón sabía que William no pudo haberle hecho daño a Keira, él aún estaba afectado. Pero tampoco podía evitar sentirse incómoda con toda la historia.

-Anthony pensó que habías descubierto sus planes…

-Así es, aunque yo no supe de esos planes hasta que él entró a mi privado acusándome por la desaparición de Keira

Candice guardó silencio luego caminó hasta quedar junto a William; parecía sopesar y asimilar las palabras que acababa de escuchar. Pero algo en su corazón no la dejaba estar tranquila, se sintió inquieta. Empezó a llenarse de zozobra y se recriminó por la indiferencia que la dominaba nada más pensar en la muerte de la pobre mujer, cuando en realidad lo único que la angustiaba era preguntar otra cosa…

-William…-aventuró

él giró la cabeza para mirarla, pensó que lucía hermosa a la luz de la luna.

-Dime, Candice…

-El día de la audiencia…-evitó mirarlo a los ojos –a las puertas de tu privado, Anthony habló sobre ti

él miró con interés

-¿Qué fue lo que dijo?

-Él dijo que…

-¿sí, Candice?

-Dijo que sólo las personas ajenas a tu círculo privado te llamaban William, todas las que son importantes para ti, te llaman…

-Albert – entonces lo miró. Al fin lo dejó ver sus hermosos ojos verdes

-Yo…sólo es, bueno, sólo …

-Era así antes…mientras vivía con Keira en el castillo fue realmente un tormento, para ambos –no dejó de mirarla- Keira no dejaba de expresar el odio que sentía por mí.

-siempre lo hacia llamándote Albert

-Yo mismo pedí a todos evitar ese nombre desde entonces. Anthony debió decirte eso sólo para molestarte.

-No te preocupes, no lo consiguió

Pasaron el resto de la noche conversando sobre asuntos casi irrelevantes, pero lo cierto era que entre ellos fue cayendo el muro de desconfianza y frialdad que los había estado gobernando durante ese tiempo.

Platicaron sobre sus propios recuerdos de infancia. A Candice se le estrujó el corazón escuchar la historia de William cuando era un niño; apenas pudo disfrutar de su infancia cuando la muerte de sus padres fue anunciada, junto con el esposo de su hermana. Los tres viajaban en barco rumbo a América para atender negocios e inversiones nuevas, sin embargo, el barco naufragó durante una tormenta y ningún pasajero sobrevivió al desastre. En ese momento el niño William se había ido, con su abuelo enfermo y su padre muerto, él era el siguiente en suceder al patriarca, por lo que fue educado duramente para ello.

A Candice le pareció que William era en realidad un hombre que merecía todo el cariño del mundo. Tuvo la sensación de que algo dentro de ella la impulsaba a quererlo y más a cada palabra que pronunciara. Se vio en un camino desconocido,eso la descontroló, todo parecía ir muy rápido; se percató que no podía quitar la mirada de esas manos fuertes o de su cabello o su rostro o sus ojos…sus labios.

Y entre nuevas sensaciones se dejaban llevar o frenaban su ímpetu. William controlando sus ganas de lanzarse y atrapar los delgados labios de su esposa entre los suyos y ella de pedirle que la besara de una buena vez. La noche duró poco, pero fue la noche en que realmente conocieron casi todo de ellos.


CONTINUARÁ...


Hola chicas, hermosas! Gracias a todas por sus comentarios! son hermosos y motivadores, espero que este capítulo haya sido de su agrado. A partir de ahora la relación de Albert y Candy se irá haciendo cada vez más fuerte, pero así mientras más se unen, surgirán más obstáculos que deberán sortear.

Por favor continúen leyendo la historia y comentando!