Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, sólo los tomo prestados para crear una historia para fines de entretenimiento.
Una Flor para Escocia.
Capítulo VIII.
-Señor, discúlpeme, pero ya no puedo seguir haciendo esto
-¿de qué hablas, Patricia? ¿Acaso piensas dejar que cualquier mujer inglesa ocupe el lugar de tu señora Keira?
- No, claro que no…pero esto está mal, señor
-Lo que está mal es lo que el patriarca le hizo a Keira
-Pero señor, usted y yo sabemos que no fue él quien la mató
-Para Anthony y para los McKenzie sí lo hizo
-Pero señor, usted no es un McKenzie…¿no cree que debemos decirle de esto al patriarca? Usted le juró lealtal
-¡No, Patricia! Juré lealtad a Anthony, el futuro patriarca, William está perdido, aunque lady Elroy quiera mover cielo mar y tierra para conservarlo a la cabeza. Ahora ve y ofrécele el té a la señora Candice.
La mañana, se presentó apresurada en el dormitorio del patriarca. Candice apenas tuvo tiempo de ayudar a su esposo a vestirse cuando Patricia ya entraba a la estancia de la habitación.
Quiso inclinarse y besarla, pero el ruido de las doncellas al otro lado de las puertas lo intimidaron un poco, por lo que se conformó con acariciar su mejilla y depositar un tierno beso en la frente.
-Gracias, Candice –ella cogió la mano que la acariciaba y le sonrió en respuesta – No olvides acudir al consejo al medio día, hoy se decidirá el castigo apropiado para la joven.
-Te veré ahí.
Luego de las innecesarias peleas de lady Elroy por excluir a Candice del consejo para decidir qué hacer con el entrometimiento de Anthony, entre el Patriarca junto con su esposa y los ancianos escoceses, concluyeron que el comportamiento de Anthony debería tener una sanción, no por la acción de ocupar el lugar de la joven, sino por renegar la autoridad del patriarca. Aunque Elroy no estuvo de acuerdo, cosa que expresó explícitamente, Candice sugirió reducirle privilegios de renta e impuestos en sus tierras. Toda posesión de tierras que tuviera, debía pagar los impuestos necesarios, además de prestar juramento de lealtad perpetua al patriarca en la próxima Audiencia.
Esto escandalizó a lady Elroy, pues consideraba que Anthony era un Andrew directo, por vía consanguínea de Marie-Rose, a pesar de ser hijo de John Brown, y como Andrew directo y heredero de William no había necesidad de prestar juramento perpetuo. Sin embargo, Candice fue la que aclaró "Será..heredero, lady Elroy, hasta el nacimiento de un hijo varón del lord". Esta sentencia dejó sorprendidos a todos, más a William quien no perdió la sonrisa el resto de la reunión.
Al dormitorio, entró, primero Patricia con el servicio del té dispuesto, y luego Dorothy con el ajuar de belleza y empezaron el arreglo. Patricia sirvió la taza de té humeante que a Candice se le antojó reconfortante. Parecía que esta mañana había empezado más fría que las anteriores.
-Por favor, Dorothy, haste cargo de mis vestidos – dijo mirando de lado a Patricia que estaba de pie atrás de ellas –Bonnie no podrá ocuparse de ellos esta mañana
-Por supuesto, señora
-¿desea que vaya a despertarla?
Candice sonrió, sabía por Dorothy que Bonnie y Patricia dormían en la misma habitación por petición de la misma Patricia; pero la pregunta que hacía confirmaba sus sospechas, que la joven no dormía en su habitación con Bonnie o, al menos, no todas las noches. Así que le ofreció a Bonnie su propia habitación para no compartirla con Patricia.
Debía vigilar muy bien a la chica. A pesar de que William se hubiera sincerado con ella, sabía que todo el asunto sobre Keira era mucho más grande e involucraba a más gente. Tenía el presentimiento de que querían hacer daño a su esposo y sospechaba que Patricia sabía exactamente lo que pasaba y ella se encargaría de averiguarlo.
-No es necesario Patricia…debe estar haciéndose cargo de enviar la contestación a las invitaciones a Leoch y Duinne –dijo mirando la reacción de la chica.
-Pero señora, ¿qué esta no es una carta? –preguntó Patricia cogiendo la hoja doblada del secreter.
-¡Oh, es cierto! –se levantó para mirar - A esta hora es tarde para alcanzar a Bonnie, por favor, busca a George, sé que él se encarga de la correspondencia del señor, no le molestará ocuparse de una invitación a Leoch.
-Enseguida vuelvo, señora. – abandonó con premura las habitaciones mientras Candice volvía a sentarse para continuar con el arreglo.
-Señora, creí que Bonnie había llevado todas las cartas…yo misma vi que cargaba con dos en las manos
-Lo sé, Dorothy…la que lleva Patricia es para Annie…
-Comprendo – no dijo más y se ocupó del cabello.
El sol estaba en lo alto cuando Annie regresaba de su paseo matinal. Notó que la mayoría de los caballos ya no estaban en el establo y ninguno de los hombres de su padre andaban cerca.
Excepto por un jinete que se acercaba veloz a quien preguntó en voz alta qué deseaba.
-Una carta para lady Annie White
-Ah, es para mí – estiró la mano para recibir la carta y correr con ella a su habitación una vez que reconoció el sello de los Andrew.
La primera carta de Candy había llegado. Entró al castillo y pidió a su doncella mandar un mensaje a Tom, ese hombre se volvería loco, al fin esa seria hermana suya daba noticias. Pensó en avisarle a su padre, pero se reservó. Seguro llegaba después una carta para él, ésta había llegado exclusivamente para ella. Seguro le contaría detalles maritales que sólo se le confían a las hermanas.
-¡George!
-Mi señora Candice, buen día…el señor no está aquí..lady Marie lo solicitó para una audiencia privada
-Lo sé, George…me lo ha dicho esta mañana, espero que no sea nada grave
-Luego de la resolución del consejo, lady Marie espera la benevolencia de su hermano
Candice hizo un gesto de procupación…
-Temo que mi sugerencia merme la relación entre mi esposo y Marie-Rose, para serte honesta
-No tema, señora Candice, William…es decir, el señor ama a su hermana y ella a él, estoy seguro de que llegarán a comprenderse, como lo han hecho antes.
Ella sonrió insegura de lo que escuchaba. Había notado la frialdad con que Marie-Rose empezaba a tratarla luego de enterarse que fue ella quien sugirió el cobro de impuestos a las tierras Brown, pero había hecho una revisión y consideraba injusto que Anthony cobrara las rentas e impuestos a otras tierras menos a las suyas.
-¿algo le preocupa, señora?
la sacó de sus pensamientos
-Sí, George, veras…vine para hablar contigo
-Por supuesto, dígame, señora
-Hace unos días Patricia te entregó una carta…
-Claro, ella dijo que era una respuesta para la matriarca de Leoch, pero creo que se euivocó…iba dirigida a su hermana, lady Annie White…así que la envié a londres
-Y te lo agradezco, George…pero, Patricia no se equivocó, yo la mandé contigo, justo para que fuese enviada a londres
George la miró contrariado …
-Sé que mi esposo te considera un hombre de su plena confianza – al parecer George entendió el tono de la conversación y caminó a las puertas para cerrarlas, entonces Candice continuó – Sé que lady Elroy se ocupa de mi correspondencia o más bien, discrimina mi correspondencia; la que llega de otros clanes es enviada a mis habitaciones, pero la que llega de londres no
-Entiendo, señora. Yo puedo ocuparme de todas las cartas que necesite enviar a Londres, las haré pasar como corresponencia del señor, pero no puedo hacer nada por las que lleguen a manos de lady Elroy
-No te preocupes, George- sonrió más tranquila –con lo que harás es más que suficiente.
Se despidió y caminó con una sonrisa en el rostro. Ya tenía cubierto el pequeño problema de la intervención de sus cartas por lady Elroy. Podía ser una dama, pero su intuición le decía que en el castillo ocurrían tantas cosas a espaldas de William. Y ella era su esposa, no sólo estaba para acompañarlo sino para defenderlo también y averiguaría qué era lo que pasaba.
Mucho más tarde, a punto de dormir, William llegaba al dormitorio más alterado de lo normal. El problema con las tierras Brown no lo dejaban atender con tranquilidad las audiencias que le solicitaban en el parlamento.
Candice lo vio demasiado preocupado y con razón. Si no atendía el llamado de la corte, el clan Andrew quedaría en desventaja con los privilegios que hasta ahora había ganado para que sus territorios fueran respetados por la armada.
-Lo lamento, William…-dijo realmente afligida por las contrariedades que se presentaban – creo que es mi culpa…
-¡oh, no, no..vida mía, no es tu culpa!
Sintió el brazo de William alrededor de su cintura y su aliento cálido contra su boca…
-vida…- repetía sorprendida.
Esos ojos esmeralda, su dulce tormento diario brillaban de una manera nueva...suspiró y sintió el perfume de rosas del cuerpo de su esposa...
-Candice…-con su mano apartó la tela del camisón y acarició la suave piel de su hombro- mi dulce y hermosa Candy…
-William …
-quisiera pedirte que no me detuvieras – besó su mejilla – quisiera…-hundió sus labios en su cuello
-dime, ¿qué es lo que quisieras?
-Sentirte, Candy…sentirte – y besó los trémulos labios con adoración, como si fueran un oasis en el desierto…anelados desde hace tanto, soñados hasta con tormento y deseados con todo su corazón.
Y empezaron las caricias, torpes…apremiantes pero seductoras caricias. Soltó el camisón y lo dejó caer al suelo para después contemplarla de pies a cabeza. Contuvo el aliento, las manos le temblaban…la miró sonrojarse, se reprimió por el temblor…supo que ella se percató de su nerviosismo cuando le preguntó si estaba bien. Apenas pudo contestar con un murmullo suplicante que sí lo estaba.
-¿William?
-Yo..Candice…
Ella lo miró sin comprender, empezó a temblar también de cuerpo enteró, se abrazó a sí misma…sintió miedo
-Yo…nucna he estado con ninguna mujer
-¡oh, William!
Se lanzó a besarlo, tomó su rostro entre las manos y apremiante bebió de ellos…el miedo se había ido por completo. Ahí estaba William contestando a una de su angustias.
-Ese rumor…-besó su cuello –de las casas indecorosas –la rodeó de la cintura –es mentira –dejó de besarla para mirarla a los ojos –fui para adquirir experiencia antes de casarme…pero salí de ahí tan pronto llegué.
-¿Por qué?
-No había mujer que me provocara lo que tú me provocas con tan solo mirarte…cada noche que duermo junto a ti es una tortura para mi
su mano acarició el pecho de Candice provocando un sonoro gemido en ella que a William le resultó alagador. El cuerpo de Candice respondía a sus caricias y él mismo respondía a sus dulces encantos de mujer.
-Candy, ¿se acabará alguna vez este deseo por ti? –la recostó en el lecho – te deseo tanto, Candy que me cuesta respirar y me duelen los dedos de ganas de tocarte…
Respiraba acelerada. Él cogió su rostro y delineó sus cejas, su nariz, su boca, su mentón, su cuello...sus senos
-Tenerte entre mis manos y sentirte temblar así, esperando a ser mía… parte de mí…-fue su turno de gemir tan sólo con el ligero contacto de los delgados dedos de su esposa acariciando su pecho.
Arrojó su ropa al suelo y se colocó sobre Candice; la besó con esmero antes de hundirse en ella. Candice dio un respingo y se sujetó fuerte de la espalda varonil. Él se detuvo, la miró asustado
-¿te he lastimado? ¿quieres que me detenga?
Candice lo besó en respuesta
-¿lo harías? –preguntó jadeante luego de sentirse invadida
-No podría, no quisiera…
-No lo hagas…
-Mi hermosa Candy…
-William…
-Mía…parte de mí, Candy
-Albert…
CONTINUARÁ...
