Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, sólo los tomo prestados para crear una historia para fines de entretenimiento.
Una Flor para Escocia.
Capítulo X.
La reunión del consejo se celebró hasta muy tarde ese día. Había bastantes cosas que aclarar. Parte de los asuntos seguía siendo el ajuste de cuentas en las rentas e impuestos de Anthony, el plazo estaba por vencer y él aún no había hecho acto de presencia ante el consejo y la próxima Audiencia debía presentar su lealtad perpetua.
Elroy volvió a insistir a William que Anthony, por ser un Andrew de sangre, no necesitaba presentar lealtad perpetua, en cambio, ahora que lo pensaba mejor, estaba de acuerdo con hacerlo pagar la renta e impuesto necesarios, pero nada más.
-Después de todo, es una manera de hacerlo madurar sin tener que recurrir a los Brown….
¿Los Brown? Se preguntó Candice, tan ocupada estaba en permanecer alerta con Elroy de un lado y el asunto de Keira, por el otro, que no se percató del lazo familiar que pudiera existir entre Jonathan Brown, esposo de Marie-Rose, y lady Margery Brown, la amiga más comunicativa de su madre. La misma que también parecía muy interesada en buscarle marido cuando Neil Leagan la rechazó y se mostró reacia cuando su padre, el conde, había pactado un acuerdo matrimonial con el duque de Grandchester.
-¡Candice!
La aterciopelada voz de William a un costado la trajo de vuelta al oscuro salón del consejo.
-Perdona, me distraje …
-Esta reunión es importante, Candice, trata de poner atención –la reprimió severamente Elroy al notar su disperción.
Candice asintió y se acomodó en su asiento para volver a incorporarse en los asuntos que se discutían.
Alistair, el escribiente, anunció el siguiente punto: La economía precaria de la era un tema delicado, desde que William se convirtió en patriarca, en las tierras Andrew se producían diversos productos que eran comerciados o intercambiados con algunos lores o duques en el parlamento, o incluso en la misma corte.
Sin embargo, la economía seguía mermada. No habían podido recuperarse, desde la muerte del antiguo patriarca se había perdido mucho dinero.
William intuyó que se debía a la vejez del abuelo Andrew por lo que no se percató de la pérdida, eso y el dolor por el que toda la familia atravesó luego de la muerte de su único hijo, el padre de William.
-si las cosas siguen así, no podremos pagar los impuestos al parlamento –dijo un anciano escoces bastante afable sentado frente a Candice y William – La posición de los Andrew en la corte se vería mermada, ni nuestras tierras ni nuestro apoyo le servirían a la corona.
-Pienso que podremos generar lazos más fuertes con la corona y el parlamento, Randall –dijo William intentando ocultar su preocupación por la situación límite a la que estaban llegando
-A demás están tus visitas al parlamento…-continuó Elroy –estos últimos meses no has tenido ningún llamado y eso es peligroso…parece que ya no nos tomarán en cuenta en las decisiones importantes
-No es así, abuela –replicó William –han llegado las citaciones dos veces en los últimos meses…
-¿qué? –habló molesta -¿y por qué no has acudido? Es importante que sepan que seguimos aquí
-He estado de luna miel, abuela –contestó como si fuera lo más natural –no pensaba quitarle ese tiempo valioso a mi esposa
Candice lo miró sorprendida. ¡William había obviado el llamado del parlamento sólo para estar con ella! No sabía que decir, las manos le empezaron a temblar, lo mismo que a lady Elroy, pero ella difícilmente compartía la misma alegría que inundaba a Candice
-En ese caso, espero que la dote de Candice sea suficiente para solventarnos la siguiente temporada
-Por supuesto …-contestó Candice, aún más feliz que nunca – lo que sea necesario para…
-NO –sentenció el lord con un tono tan fuerte que rezonó en todo el salón. No pudo haber nadie que no escuchara la rotunda negación.
-¿no? –fue Elroy que se impuso esta vez –Por ley la dote de Candice es tuya, William, incluso la herencia de su padre y... por lo tanto, le pertenece ahora a la familia Andrew
-La dote por ley me pertenece, es cierto abuela, pero la herencia del conde White es de Candice y no voy a tomar su dinero para salvar mis errores –cambió el tono severo que usaba por uno más neutral pero aún imponente
–no usaré la dote de Candice para solventarnos, buscaré la manera de hacerlo –tomó su mano y la miró a los ojos– es mi responsabilidad proveerte y cubrir todas tus necesidades no la tuya salvar a la familia.
-William… –sus ojos se llenaron de lágrimas, quiso lanzarse a sus brazos, besarlo y decirle cuánto lo amaba…sí, porque eso era.
Las palabras de William despertaban en ella un cariño inconmensurable por él que dificilmente podría ser expresado con palabras, incluso la palabra amor la consideraba tan pequeña para encerrar lo que ahora estaba sintiendo.
Y como si él supiera lo que estaba abrigando en su interior, dio un ligero apretón a su mano sin dejar de mirarla y le dio una sonrisa, la más cautivadora, pensó Candice
-¿qué sugiere hacer, entonces, William?
Se escuchó la pastosa voz de otro anciano escocés, miembro del consejo
-ir al parlamento y hablar con los duques…volver a retomar nuestra posición en la corte, negociar nuestro cabildo.
-Debes tener cuidado con los lores en el parlamento, William
-Lo sé Candice, pero descuida, no iré sólo – la miró –irás conmigo
-No creo que sea conveniente, William
-¿ por qué no abuela? Candice es mi esposa y una mujer inteligente, como habrás podido notar ya
-No lo niego, pero es imprudente que salga del castillo recién casada, puede estar embarazada y el camino es largo y agotador. Cuando llegó aquí se veía pálida.
-Lo sabría de ser así, lady Elroy –intervino Candice, esta vez pretendía defender ella misma la posición que William le estaba otorgando –además aquel momento era diferente, en unos meses cumpliré un año de matrimonio, ahora soy parte de la familia también
-Un año no es nada, Candice –replicó Elroy
-La decisión está tomada –William sujetó nuevamente la mano de Candice –pediré a George que prepare todo para el viaje. Partiremos en unos días.
Elroy resopló con evidente inconformidad y luego de discutir algunos asuntos más que el escribiente anotó, concluyó el consejo.
Al medio día fue justo George que llegaba al salón privado de Candice para entregar su correspondencia desde Londres. Pensó que sería la respuesta de Annie, pero le sorprendió reconocer el sello de los Steve en la carta.
Agradeció a George por la amabilidad y le pidió un favor más; que le consiguiera algún libro de cuentas para estudiar antes de viajar al parlamento. Una vez que éste salió, mandó a Patricia por algunas telas que trajo de londres y formaron parte de su ajuar de boda y a Bonnie a buscar su bolso de paseo. Los libros de cuentas podrían decirle cómo manejar el dinero, pero debía salir a los mercados y conocer de primera mano qué productos se producen.
Una vez quedó sola, se encargó de cerrar las puertas del salón y sentarse frente al ventanal, para poder ocultar la carta con prontitud de ser necesario. Ya varias veces había notado a la doncella de lady Elroy estar demasiado cerca de ella.
"Hermana:
Recibí tú carta y la leí cuidadosamente. Déjame decirte que tus líneas me han generado sentimientos encontrados; por una parte me alegro de que seas feliz junto a tu esposo pero por otra, el asunto que comentas de mamá, me tiene más que preocupada.
Sinceramente pienso que estás equivocada, mamá no haría algún trato que nos perjudicara. Pero Tom me convenció de que debemos averiguarlo ya sea para confirmarlo o desmentirlo. Desde mi corazón, ruego a Dios que sea mentira, pero todo parece indicar que no es así, hermana…"
El toquido de las puertas interrumpió su lectura. Ocultó, como había previsto la carta bajo el cojín verde oscuro y concedió la entrada a su visitante.
William entraba galante con su kilt y su tartán verde con negro sonriéndole a cada paso que daba. Ella no pudo hacer nada más que levantarse olvidando la carta oculta para recibirlo con un tierno beso y un colorete en las mejillas que a él le pareció la reacción más tierna de todas.
-Ese sonrojo es nuevo …-sonrió tomándola de la cintura
-¿A qué te refieres? -preguntó inocente
-He visto tus mejillas rosadas mientras te hago el amor y es de un tono distinto
-¡Por Dios, William! – lo apartó avergonzada por sus palabras –No digas eso, pueden escucharte
-Y que lo hagan, no me importa, eres mi esposa –volvió a sujetarla- y me encanta verte sonrojada por mi, por mis besos, por mis caricias …-besó su cuello –disfruto más sentirte parte de mi que enojada o preocupada; enamorada de mi, tus pecas lucen mejor
-Disculpe, lord Andrew, pero ¿quién le dijo que estoy enamorada de usted?
-Nadie, ni tú aún…pero espero que algún día me lo digas.
-Oh, William…yo
-No, Candice –silenció sus labios con un dedo –no ahora, será cuando lo sientas…-volvió a besarla – como yo ahora necesito decírtelo
-¿estás enamorado de mí? -preguntó inocente y con la mirada iluminada
-más que enamorado, atado a ti de por vida
La abrazó fuerte rodeando todo su cuerpo entre sus brazos. Ella recibió el afecto cálidamente, respiró el aroma de la tela de tartán mezclada con hierba fresca y sintió que Escocia ya era su hogar; donde quiera que William estuviera, ese era su hogar, su tierra escocesa llevaba el apellido Andrew.
Pero William de pronto recordó a lo que había ido al salón. Necesitaba consular con Candice un asunto que no mencionó en el consejo por prudencia.
-Candice –llamó apartándola para poder mirarla –necesito hablar contigo de algo importante
-Sí, dime de qué se trata
-Lamento que sea así y que sea aquí, pero no puede esperar al lecho…
-William, me asustas, ¿qué sucede?
-George me dijo que solicitaste un libro de cuentas para estudiar antes de llegar al parlamento
-Sí, creo que es importante estar al tanto de cómo funciona el comercio en tierras escocesas, no puedo presentarme siendo tu esposa y desconociendo todo de mi hogar
Respondió sensatamente y aunque a William le había llenado de alegría el corazón escucharla llamar "hogar" a Escocia, se concentró para no desviarse de la conversación.
-Lo entiendo Candice –ella notó el cambio de actitud, la había soltado para llevarla de la mano y sentarse juntos –pero me temo que no podrás estudiar los libros de cuentas a la vista de todos –aquello caía como un balde de agua fría para ella –seré yo quien los lleve a nuestro dormitorio, sólo así los podrás estudiar
-¿esconderme? No entiendo, ¿por qué William? Si es por Lady Elroy, creo que ella en realidad comprende la situación
-No es por ella, Candice –dijo desviando la mirada a la mesa de centro, por alguna razón le pareció curioso el arreglo de la mesa; un macetero con rosas blancas –es por Marie-Rose
Candice miró hacia el arreglo de rosas también.
-Sé que ella y Anthony están en banca rota, George y yo hemos estado revisando constantemente los libros de arrendamiento e impuestos que entrega Anthony, y los libros de cuenta de la familia; Marie y mi sobrino apenas tienen lo que visten todos los días, no tienen una sola moneda.
-Entonces, han pedido préstamo a la familia…
-No, no lo han hecho
-¿eso podría ser la causa de los rescollos financieros?
-En parte lo es, pero no del todo – se levantó y cambio de asiento para quedar frente a Candice –pienso que la falta de monedas de mi hermana y mi sobrino tiene que ver con algo más.
-¿y la herencia del padre de Anthony?
-Pensamos que las tierras de los Brown están ya comprometidas…pero no estamos seguros, esos libros son privados y exclusivos de Anthony, no puedo revisarlos con libertad hasta que no jure lealtad perpetua al clan Andrew-tomó aire –quisiera poder ayudar a Marie, pero ella no habla claro conmigo, no acude a mí para decirme esto, pienso que tiene vergüenza de su situación y yo no puedo ponerla en evidencia, Candice, ella ha estado conmigo en los momentos más difíciles.
La joven midió sus palabras antes de hablar
-Comprendo lo que dices, si estudio los libros de cuenta podría ejercer presión sobre ella y tal vez la motive a hacer algo imprudente.
-Por favor, te pido discreción en esto. –la tomó de las manos – Es una situación delicada para mi hermana, su futuro y el de su hijo es complicado. Mientras Anthony sea mi heredero puede que tengan cierta estabilidad, pero si llegase a nacer un hijo mío…
-ahora entiendo, William –suspiró pesadamente - ¿cómo fue que te enteraste?
-El día que el consejo decretó el castigo de Anthony. Ordené a George establecer un parámetro aceptable para el cobro de las rentas e impuestos, entonces él se percató de la ausencia de monedas en las arcas de los Marie y luego las de Anthony
-Descuida, estudiaré los libros en nuestras habitaciones –dijo para tranquilizarlo
-Gracias, Candice –besó su frente – ahora, si me perdonas, debo dejarte, George y yo necesitamos preparar nuestro viaje
Ella asintió
-William… -pero lo llamó antes de abrir las puertas – ¿Margery Brown, de York, tiene algún parentezco con nuestra familia?
Él la miró intrigado, su semblante cambió drásticamente a parecer de Candice lo que la hacía pensar que posiblemente así era; la dama vociferadora y entrometida sí tenía un parentesco con los Andrew.
-Me gustaría poder negarlo, cariño, pero no puedo…-soltó el picaporte -¿conoces a Margery Brown de algún sitio?
-La conozco, pero apenas he tratado con ella…es más bien amiga de mi madre
-No sabía que los Brown tuviesen amistad con los condes White
-Es más bien una amistad nueva, mi madre la conoció en un baile de beneficiencia en York
-Margery Brown es la madre de Johnathan –Candice reaccionó sorprendida – una mujer que en lo personal no es de mi agrado, insultó de muchas maneras a Marie por tardar tres años en concebir un varón. Johnathan era su único hijo luego de cinco hijas y cuando murió puso todas sus esperanzas en Anthony, pero la abuela hizo que Marie y mi sobrino regresaran.
-Lamento escuchar eso…
-Me gustaría que evitaras frecuentar o relacionarte con los Brown en York, Candice…por favor
-Así lo haré
La cuarta salida del sol, luego de anunciado el viaje a Londres, llegó con una extraña sensación de ligereza, la brisa matutina que helaba los huesos había atenuado su rigor esa mañana o esa era la impresión de Candice cuando despertó en los cálidos brazos de William.
La noche anterior no habían podido soportar permanecer en su lecho como extraños, sin tocarse. El deseo que los consumía, cada vez que ambos se encontraban solos era inaudito; tan grande y tan ardiente que muchas veces William llegaba a pensar que era inapropiado o pecaminoso.
Suplicó a Dios clemencia el día de su juicio para que no lo condenara por lujuria, pero ni una partícula de su cuerpo podía soportar sin oler, tocar, acariciar o adorar la hermosa figura de su mujer.
Si él lo hubiera querido casto, como en algún momento pensó aún en matrimonio con Keira, no debió poner en su camino a Candy, su manantial de vida, el oasis de cariño que durante tanto tiempo pidió cuando debió atravesar el desierto de un primer matrimonio tormentoso.
Tampoco Candice daba crédito a todas las sensaciones que William provocaba en ella, parecía él un imán que la hacía olvidarse de todo el mundo, incluso de ella misma y se entregaba toda entera. Estaba a la merced del amor de William que cada día era más grande.
Pero el sociego de la noche se acabó con el canto de las aves y muy a su pesar iniciaron su día. Partirían a media mañana, luego del desayuno. Como siempre, Candice ayudó a William con el tartán para luego esperar a sus doncellas y vestirse con faldas y corpiños del tartán Andrew.
Colgó su dije de rosas y el broche con el escudo de la familia Andrew sobre su hombro izquierdo, "siempre en el corazón" le dijo William cuando se lo obsequió. Asintió con una sonrisa luego de verse vestida, levantó la barbilla orgullosa de su apariencia dispuesta a encontrarse con William.
-Luce como toda una Andrew…nuestra matriarca Candice Andrew –dijo solemne Bonnie, mientras Patricia llegaba con el servicio matutino de té.
-Gracias, Bonnie – detuvo a Patricia con un movimiento de la mano cuando servía la taza –hoy no tomaré té, Patricia, pero te agradezco la molestia…
-Pero, señora…está caliente
-Si ustedes gustan, pueden tomarlo, yo esperaré a desayunar con el señor
-¿en verdad podemos tomarlo, señora?
-Claro, Bonnie, adelante –dijo señalando el juego de té de porcelana italiana
-¡no! –gritó Patricia antes de que la joven doncella tomara de la taza.
Todas, incluida Candice miraron extrañada a Patricia que cogía entre sus manos la taza –este es …es exclusivo de la señora, debo cuidarlo… porque…porque… escasea…-hablaba torpemente justificándose.
Candice la miró a través del espejo con suspicacia – a demás la porcelana es muy fina, mejor prepararé un té apropiado para nosotras, Bonnie.
La aludida miró insegura a su señora y Candice asintió para darle confianza, entonces Bonnie volvió a sonreir y dejó ir a Patricia.
En los húmedos pasillos del castillo caminaba con la frente en alto luciendo su vestido y su broche sobre el pecho. Los sirvientes que paseaban por ahí o miembros del consejo saludaban a la nueva y bella matriarca.
Se cuchicheaba que Candice era una mejor esposa, el patriarca lucía más feliz y el resto de la gente amaba a la joven rubia que paseaba por los mercados ofreciendo telas extranjeras a todo aquel que quisiera intercambiar un poco de sus productos locales.
Especialmente las jóvenes acudieron al llamado e intercambiaban telas por un pedazo de pan, queso, vino, whisky y demás.
-Candice …
-Lady Elroy –hizo una reverencia mostrando respeto a la abuela Andrew
-Necesito hablar contigo -demandó
-¿Debo tomar su urgencia como una orden o, como la solicita, una necesidad?
-Pasaré por alto este tono de insolencia, Candice, porque es un asunto de suma importancia para la familia.
-en ese caso, vamos a mi privado –dio media vuelta sin detenerse a mirar si Elroy la seguía o no –ahí podremos hablar –hizo una seña a sus doncellas para que la dejaran sola y las mando a preparar el carruaje con su equipaje.
Elroy presenció todo con un gesto de impresión. Ciertamente Candice llevaba ya casi un año en el castillo, pero parecía como si llevara años ahí; mandaba y se movía como una verdadera matriarca.
Sonrió para sus adentros y pensó que al final no se había equivocado al elegirla, no obstante los problemas que trajo su presencia en el castillo. Pero esto jamás lo admitiría frente a ella, tenía una reputación que debía conservar.
-Bien, Lady Elroy –cerró las puertas desde adentro con seguro – dígame ¿cuál es la urgencia? –concluyó sentándose frente a la abuela.
-Vengo a pedirte que no realices el viaje a londres con William –dijo secamente más como una orden que como una petición.
Candice suspiró cansada por la insistencia de la mujer en negarle toda participación en los asuntos de la familia. ¿cómo pretendía que fuera una verdadera matriarca si no la dejaba ejercer libremente sus obligaciones?
-Me temo, lady Elroy que la decisión ya fue tomada por William
-Puedes negarte, debes hacerlo
-¿por qué habría de hacerlo? Esto es parte de mis obligaciones como esposa de William, ayudarlo y apoyarlo cuando me necesite y donde me necesite
-Pues si tanto te preocupa mi nieto, quédate…aquí es donde te necesita, no allá
La miró extrañada
-Lo siento lady Elroy, no voy a recular ahora
-¡Niña tonta! ¡No tienes ni idea del peligro que asecha!
-¿de qué peligro habla? –la imponente mirada de Candice cambió a ser una mirada angustiada.
-la misma sombra que ha buscado hacer daño a mi nieto ha estado cubriéndote a ti y a tu hijo …y si quieres evitarla deberás obedecerme
-¿a mi y a mi hijo? –la miró contrariada -¿cómo sabe si estoy o no encinta?
-¡Por favor, Candice! Soy una mujer vieja y más sabe el diablo por viejo que por diablo- continuó sin cambiar su tono severo e impositivo –los he observado Candice, a ti y a mi nieto; sé que no consumaron su matrimonio hasta seis meses después de la boda, han pasado cuatro meses desde la consumación y hasta hace una semana presentas tus primeros síntomas, tus pechos están más grandes, tus corpiños apenas te cierran, empiezas a sentir mareos pero los evitas sentándote, piensas que es causa de la lectura, caminas más lento...
-Pero…¿no debería tener nauseas?
-Cada embarazo es distinto, mujer y como eres primeriza puede que ni siquiera seas capaz de saber lo que te pasa, pero paciencia que las nauseas llegarán…te haremos examinar por la partera.
Candice respiraba con ansiedad ¿embarazada? ¡Estaba embarazada! ¡Llevaba en su vientre un hijo de William! Llevó sus manos a donde crecería su hijo y sonrió ampliamente, no pudo evitar levantarse y correr a las puertas, tenía que darle la noticia a William, debía saberlo
-¡Candice! –pero Elroy la detuvo –Aún no se lo digas, no hasta que haya regresado de londres
-Pero…-no lo comprendía, era una notica maravillosa, ¿por qué no contársela? - ¿por qué?
-Si se lo dices ahora tendrá euforia que le servirá de poco para tratar a los lores en el parlamento, no tendrá la cabeza fría para negociar en la corte; no podemos darnos el lujo de perder nuestro cabildo – razonó – deja que parta, espera dos días, en lo que la partera te examina y le escribes una nota; la carta le llegará al cabo de cuatro o cinco días y para entonces ya habrán pasado las negociaciones y seguro volverá antes del tiempo pactado.
Candice meditaba las palabras de Elroy y aunque quería contradecirla, ella tenía razón. Debía mesurarse y mantener el temple firme.
Respiró profundo para controlar su alegría y a su cabeza volvieron las palabras que primero expresara lady Elroy "niña tonta, no tienes idea del peligro que asecha"
Entonces su mirada se ensombrenció y frunció el ceño
-¿a qué se refería cuando dijo que hay un peligro que nos asecha?
-Quédate…-se levantó –dile a William que no vas y te lo contaré todo –caminó hasta las puertas y con las manos en el picaporte dijo –Aunque una parte ya la conoces…te lo ha dicho tu hermana, ¿no es así?
Candice no pudo evitar dirigir su mirada a un cajón del escritorio de madera donde guardaba celosamente la carta de Annie
-¿cómo…
-Como te dije antes…más sabe el diablo por viejo que por diablo.-abrió las puertas – te aconsejaría quemar esa carta, conozco a mi nieto y aunque no es un hombre violento, algunas veces se deja llevar por sus pasiones y los celos, Candice, es la pasión más peligrosa de todas. –le dio la espalda y empezó a caminar lentamente –o le explicas a William el motivo de la carta o desapareces el sello de los Steve.
En el salón Candice quedó anonadada, no sabía exactamente qué hacer o qué pensar.
Elroy la tomó por sorpresa, se preguntaba tantas cosas ¿cómo supo de la carta de Annie? Creía haberse cuidado bien de la doncella que la espiaba.
Descartó a George, William y ella le tenían mucha confianza, entonces…¿cómo lo supo? Y luego estaba el asunto del peligro que los asechaba.
Corrió a cerrar las puertas y volvió al escritorio para sacar la carta…
"Nos ha costado mucho, pero Tom y yo logramos descubrir algo que nos parece sospechoso de mamá, Candice. Tienes razón, intercambia cartas con lady Elroy, yo misma tuve que entrar a su habitación y esculcar sus cosas. Encontré un cajón en su secreter lleno de cartas escritas por lady Elroy.
Aunque no sé exactamente de qué hablen. Las cartas no mencionan nunca nada relacionado con tu matrimonio, a penas mencionan algo que puede que tenga que ver con un trato. En cada carta termina con unas líneas diciendo "No olvide, condesa, su palabra, ayúdeme y yo cuidaré de su hija"
Son las únicas líneas que hablan de ti. Estoy preocupada, Candice, por favor, si confías en el lord, habla con él. Tom es escéptico, cree que el lord está involucrado en algo. En el parlamento y en los salones se cuenta entre susurros que el lord mató a su esposa. Pero yo confío en tu palabra Candice, y si dices que es un buen hombre, creo en ti, acude a él Candice.
Estaré al tanto de la correspondencia de mamá. Casi olvidaba escribirte algo importante y, a demás, sospechoso. En una carta lady Elroy le pide a mamá "seguir vigilando a lady Brown…"
Cerró la carta abruptamente y apunto estuvo de quemarla, pero no lo hizo. La guardó nuevamente en el mismo cajón y lo cerró con llave. Abrió las puertas y caminó, con el mismo porte con el que caminaba antes de encontrarse a lady Elroy en los pasillos hasta llegar al privado de William.
A las puertas del castillo, George y el lord abordaban un carruaje bastante grande y aunque con mirada triste, William subía tranquilo de saber que Candice sería atendida por una curandera luego de anunciarle que no viajaría a londres con él debido a que se sentía indispuesta.
No le dio la noticia de su posible embarazo o al menos no directamente. Tan sólo le dijo que sintió mareos y malestar inexplicable durante el almuerzo.
Pero William, aunque inexperto, intuía inundado de una misteriosa alegría que Candice pudiera estar encinta, sobre todo porque George lo había sugerido muy convencido.
A la vista nostálgica de Candice y a la severidad de Elroy, el carruaje partió rumbo a londres y no volvería hasta dentro de dos semanas después. Insufrible tortura para ella el no poder verlo, pensaba Candice.
-Hiciste bien en no ir
-No lo hice por usted –contestó sin dejar de mirar el carruaje mientras se alejaba –lo hice por él y por mi familia – volvió su mirada esmeralda a Elroy –ahora, usted y yo tendremos una larga charla de señora a matriarca…
-es bueno saber que te has acoplado al título de señora del castillo…
-No se equivoque, lady Elroy –la miró directo a los ojos – que por matriarca no me refería a usted.
Le dio la espalda y comenzó a caminar al interior del castillo seguida de Dorothy y Bonnie. Al final, lady Elroy caminaba más lento con una sonrisa ladina en el rostro. Definitivamente no se equivocó...
CONTINUARÁ...
