Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, sólo los tomo prestados para crear una historia para fines de entretenimiento.


Una Flor para Escocia.


Capítulo XIII.

Tom sujetaba las riendas con mano firme. Había virado el rumbo inicial, el castillo de los Grandchester, pero ahora se dirigía hacia el norte. El mensajero de los White le entregó una misiva urgente de parte de Annie.

El caballo corría lo más que podía aunque para él no era suficiente, hubiese querido inducirlo a sacar todas sus fuerzas; más que galopar parecía querer volar. "Pronto, amigo, pronto…" decía al animal para alentarlo "…Candy nos necesita"

Todo aquel que lo vio cruzar los campos diría que galopaba con el demonio encima. No fue hasta que vio el castillo White emerger del horizonte que amainó la carrera. En la entrada los jardineros lo vieron venir a gran velocidad y gritaron "¡A los establos, con Jimmy!"

Ni siquiera se detuvo, a penas escuchó el grito de los hombres, saltó la barda lateral y jaló las riendas. Cuando el caballo se detuvo en la entrada de los establos, Tom saltó de la silla sin esperar a Jimmy; corrió por los pasillos hasta el interior del castillo.

No esperó ni siquiera el anuncio, atropelló a su paso a más de un sirviente y a una doncella que le fue extraña y que llevaba una bandeja. La joven a penas pudo esquivarlo haciéndose a un lago. Tom ni siquiera se disculpó, vio salir a nana Pony de una habitación y se detuvo.

-Ahí está… -respiraba ajitadamente, sabía que adentro estaba ella, lo sabía, pero también sabía que debía reponerse. Esperó unos segundo antes de hablar –por favor nana Pony, anúncieme…-suplicaba con la respiración casi normalizada

-No puedo hacerlo yo, hijo…

-Nana Pony, por favor ¡necesito verla! Annie me escribió, algo pasa…

-No sé qué te habrá dicho mi niña Annie, Tom, pero Candy está bien

-No me mientas nana –empezó a cambiar su tono de voz a uno más grave –Está bien, has lo que quieras, pero si no me anuncias entraré y no importa quién esté ahí…-tomó el picaporte de las puertas

-¡Tom, es la habitación de Candice y es una mujer casada!

La miró fijamente, parecía que volvería sobre sus pasos, pero no fue así. Respiró profundo y dijo

-No me importa…- y entró.


No reaccionaba. Tampoco sabía qué hacer o qué pensar, pero se sentía mal, terriblemente mal. Una abrumadora sensación de culpa la estaba ahogando, derramó lágrimas, cientos y miles de lágrimas frente a su hermano. Sin haberlo pensado, sin haberlo querido y sin haberlo deseado…había traicionado a William, a su pequeño William.

-Perdóname…perdóname…-decía en susurros –no…no sabía, William, por favor, tienes que creerme –cayó de rodillas frente a él sin dejar de llorar.

-Marie …-la tomó en brazos –Marie, por favor, levántate

-No, William…por favor, tienes que creerme, no sabía nada

-Te creo Marie, te creo…pero

-Pero...

-Entiéndeme tú a mí –le hablaba de frente con sus manos entre las suyas –has vendido a mi esposa por doscientas mil libras…

Se apartó de él, sentía vergüenza tan sólo de estar en su presencia. Hundió su rostro entre sus manos y sollozó largamente

-Debiste acudir a mí… pero de nada sirve llorar ahora, Marie…-intentó mantenerse firme –necesito que me ayudes

-Lo que sea, dime lo que tengo que hacer

-Detener el pago de las rentas y los impuestos de tu hijo

-¡El consejo, William! La abuela convocó al consejo, Anthony está ahí

William frunció el ceño, ¿consejo?...¿cómo…? No esperó a deducir nada y salió a paso firme y acelerado rumbo al salón del clan. De las puertas vio salir a George que caminaba de frente y al parecer con el semblante tranquilo.

-¿qué ocurre, George, por qué convocó la abuela al consejo?

-Sabe de Alister…

-¿cómo se enteró?

-No lo sé, no pude hablar mucho con ella, sólo me dijo que hay un traidor y miró señaló al escribiente

-¿Anthony está ahí?

-Está…y despreocúpate, no pagará las rentas ni los impuestos, se ha gastado todo el dinero en un burdel de mala fama

-¿qué?

-Parece que lady Elroy se ha encargado de ello.

-¿cómo? ¿qué ha hecho?

-También me ha pedido que vaya a buscarte...

-Bien, pues vamos –dijo avanzando, pero la mano de George lo detuvo

-Espera, déjame anunciar tu llegada…

-¿te parece que estoy de humor para protocolos, George?

-Es una reunión extraordinaria del consejo, es necesario, William. Por favor

Bufó exasperado, lo que más quería era terminar con esto y ver a Candy, no había podido verla desde que llegó; a penas bajó del carruaje le extrañó ver todo el castillo iluminado a esas horas de la noche. Los sirvientes apenas sabían lo que pasaba. En los pasillos se había encontrado con Marie y entonces decidió no retrasar más esa conversación. Entonces pidió a George buscar a Candy y a su abuela.

-Está bien…

-Sólo te pediré, fuerza, William

-¿qué…? –lo miró desconcertado entrar al salón del consejo para ser anunciado.

Escuchó el murmullo de los ancianos, el golpe sobre la mesa que seguro era de lady Elroy, hasta que escuchó la voz del escribiente anunciando la llegada del Patriarca, entonces George le cedió el paso.


-¿se encuentra mejor, duquesa?

-¿ha llegado la respuesta de Trenwind, Agatha?

-No, duquesa, aún no

-entonces no estoy mejor, por favor, trae más papel y tinta

-Duquesa, debería irse

Susana miró con desconcierto a su doncella que estaba más preocupada por su salud que ella misma.

-Hace días que no come y ese golpe que le dio el duque la mantuvo dormida por dos días…-dijo afligida

-No puedo Agatha, no puedo irme hasta no haber detenido al monstruo en que se convirtió mi esposo.

-Señora, huya…tome las joyas de la casa y pida ayuda al Rey, la protejerá, ¡Estoy segura!

-No lo hará Agatha, no soy de la nobleza, ni siquiera soy inglesa.

-Entonces, señora, regrese a América…

América...su hogar, de donde nunca debió haber partido. De ella y sus ilusiones románticas con el Terrence actor ya no quedaba nada. Recordó las palabras de lord William "...no merece esto, Duquesa". Y también recordó aquellos papeles desperdigados por el piso...

Se levantó de la cama a la que había estado postrada desde hace varios días para buscar entre sus cosas la carpeta de cuero con el sello Andrew. Apenas la encontró y la pegó a su pecho.

-lady Andrew me ayudará…ella me ayudará- dijo casi perdida –Agatha, papel y tinta, apresúrate, sin que te vea el duque

-Vuelvo en seguida…


El Patriarca se veía absorto, en el salón todo el mundo murmuraba, hablaba y repudiaba. Lady Elroy acusó directamente al Escribrente Alister Cornwell de traición al clan Andrew a pesar de que la familia le había otorgado un apellido para olvidar su origen bastardo.

En ese momento William escuchaba y luego pronunciaba sus deducciones severamente. Lady Elroy se encargó de mostrar pruebas de la traición e intervención de Alister en todas las acciones contra su nieto: Los libros de cuentas mal llevados, el robo de dinero de las arcas de la familia y el intercambio de cartas entre él y su medio hermano Archibald Cornwell y la viuda lady Margery Brown.

Esto último conseguido gracias a que lady Elroy ordenó a sus doncellas registrar cada rincón de la habitación del escribiente mientras el consejo estaba reunido.

-Se le acusa, Alister Cornwell de traición al clan Andrew y de llevar a la banca rota al legítimo Heredero de Johnathan Brown, Anthony Brown; además se le acusa de robo de impuestos, rentas y de la muerte de la antigua matriarca Keira Andrew.

Anthony que escuchaba anonadado todas las acciones mal habidas del que creía su amigo no soportó las palabras de lady Elroy al pronunciar el nombre de Keira.

-¿Cómo pudiste? – se levantó de su asiento -¡Cómo fuiste capaz de matarla! ¡Estaba encinta!

Se fue sobre el triste hombre hasta sujetarlo del cuello y escupirle en la cara todo el odio que sentía -¡Mataste a mi mujer, maldito canalla..a mi mujer y a mi hijo! ¡ahora yo te voy a matar a ti!

Y golpeó, una, dos veces su rostro hasta que cayó y una vez en el suelo pateó con fuerza el saco humano que se quejaba de por cada golpe. William adelantó los pasos y sostuvo a Anthony del brazo

-No vale la pena

Anthony lo miró con lágrimas en los ojos. William le ofreció una sonrisa sincera. Comprendía su dolor, él aún tenía la angustia en el pecho de saber que Terry Grandchester quería a su esposa.

Y aunque no había perdido a ninguno de los dos, ni a Candy ni a su hijo, sabía que una pérdida así sería irreparable; dolería el resto de su vida y ya podría levantarse de nuevo.

-Perdóname, tío… -dijo aún sin mirarlo directamente a los ojos –yo…

-Está bien, Anthony, está bien, hijo.

Él asintió y se soltó de su agarre. Caminó desecho a su lugar. Los anuncios del castigo no esperaron.

Los integrantes del consejo quedaron pasmados de las acciones del escribiente, todos lo consideraban un buen chico. Alister se mostraba impasible ante la oscuridad de su destino.

Conocía las leyes del clan como la palma de su mano. No tenía caso rogar perdón o clemencia, William no la daría y él tampoco rogaba. A pesar de su error aún mantenía su insignificante orgullo Cornwell.

-¿Tiene algo que decir, Alister? –habló lady Elroy

El escribiente apenas parecía poner atención a todos los castigos que imputaba el consejo, pero sólo parecía. Su mirada antes inteligente ahora lucía intrascendente sin las gafas, de un momento a otro aquel hombre había perdido la postura de hombre respetable y como si esas virtudes fueran físicamente identificables, ahora parecía lucir como un vil ladrón de ganado.

-Sólo tengo una pregunta… -contestó - ¿Cómo supo del dinero de lord Grandchester?

Elroy lo miró sin expresión en el rostro y así mismo contestó a su pregunta

-Investigando – lo miró a los ojos –investigándote a ti. Cierto día, conversando con mi nieta Candice me lo sugirió. El resto de la información me lo proporcionaron tus cartas con los Cornwell y los Brown

-Pero..usted la odiaba...la aborrecía…-no comprendía el repentino cambio de Elroy hacia la inglesa

-Por favor, Alister, ¿cuántos años cree que tengo, tres? –sonrió con suficiencia.

William ordenó su aprensión. El castigo que determinó el Patriarca para el Traidor fue el calabozo emparedado. Viviría en un oscuro cuarto hasta el fondo del castillo. Decretó borrar su nombre de todos los libros de cuentas, de los libros de la historia de la familia, de la boca y los pensamientos de todos; jamás se mencionaría su nombre…porque jamás existió un Alister Cornwell, hijo adoptivo de Walter Andrew.

William por su parte parecía haber tomado un respiro luego de la extraordinaria reunión del consejo. Aún estaba consternado y casi había olvidado el cansancio del viaje.

Quiso despedirse e ir a buscar a Candy; supuso que por estar encinta la abuela la habría obligado a permanecer en sus habitaciones.

-No está aquí, William

Se detuvo, todos guardaron un significativo silencio. Sólo la exclamación de Anthony al preguntar " ¿qué pasó?" se escuchó, pero no para él. William ignoró todo sonido y las palabras de su abuela resonaban fuerte en su cabeza "No está aquí…"..."No está..."

Parecía haberse vuelto más perceptivo, tal vez porque quería sentir la presencia de Candy en el castillo por él mismo, pero los sonidos afuera se comportaban de manera extraña en aquel gran espacio abandonado por la mayoría de los consejeros.

Le pareció que las voces de Marie y Anthony preguntando dónde estaba Candice se escuchaban muy lejos, a penas eran un susurro arrastrado por el viento a travez de millas y millas aunque en realidad estuvieran a unos cuantos metros de él.

-La mandé al castillo White...

-¿por qué lo hiciste?

-Necesita un médico, fue envenenada…por su doncella, Patricia.

Sintió que el alma se le desprendía del cuerpo, se sintió como envase vacío que no podía moverse. La vista se le nubló, todos dejaron de estar presentes, el mundo entero había desaparecido ante sus ojos, incluso el piso que tocaban sus pies parecía haberse esfumado.

Escuchó la voz de Marie gritando "¡En Londres corre peligro, el duque de Grandchester la quiere como pago por las libras que me dio!"

Las palabras de su hermana lo hicieron retornar del túnel de desesperación que ya lo estaba engullendo.

Sacó fuerzas de donde pudo. No pensaba dejarse hundir, no cuando Candy lo necesitaba. Le dolía el cuerpo, la cebeza y el alma de sólo pensar que podría perder a su esposa y a su hijo. Y entonces salió del salón hasta las habitaciones de las doncellas. Ahí encontró a Patricia O´Brian metiendo su ropa en un saco de tela gastada.

-si algo le llega a pasar…no vivirás para contarlo –la sujetó del brazo y la arrojó a los pies de George quien fue el primero en seguirlo. –enciérrala en una celda.

George pidió ayuda para que llevasen a Patricia a una celda y corrió nuevamente tras William.

-¿a dónde irás, William?

-¡Por Candy!

-Iré contigo, tío

William asintió. George y Elroy intentaron detenerlos alegando que no se precipitaran...como fuera en casa de sus padres, los condes, estaba segura.

-Terrence Grandchester no le hará daño mientras esté con los White – dijo Elroy

-¡Candice es mi esposa, abuela, mía! ¡Es una Andrew y seré yo quien la proteja!

En los establos William y Anthony cogieron un caballo cada uno. Apenas encillaron a los animales apropiadamente y partieron sin proviciones ni comodidades. A William le interesaba ver a Candy, era lo único que rogaba al cielo le concediera. "Mirarla, mirar sus ojos, estar con ella…sólo eso" Rezaba mientras galopaba.

-¡Ve con ellos George necesitaran tu consejo! –suplicó Marie –Llevate a Dorothea, es fuerte y resiste los viajes largos –entró a los establos para que encillaran a la yegua.

-Pero, señora…la doncella...

-Marie tiene razón, ambos son unos impulsivos. –autorizó Elroy –que te pongan un poco de agua y pan para los tres. No los dejes cometer una estupidez

George asintió y cogió la yegua. Tras él Elroy y Marie quedaron absortas por el ruido de los cascos de Dorothea.

-No fueron las cartas de Alister ni la investigación que hiciste sobre él, ¿verdad?

Elroy la miró sin decir nada. Marie escuchó todo desde las puertas.

-Fui yo…fueron mis cartas con el Duque de Grandchester

-No Marie, fue Alister y sólo él…¿Me entendiste? Sólo él y con él entierra esas cartas.

Marie-Rose aceptó en silencio el salvoconducto que le ofrecía la abuela, de no ser así, el consejo mismo la habría acusado también. Aunque aún le pesaba la culpa por lo que había hecho, además del miedo que sentía por el rechazo que seguro le mostraría su hijo cuando volviera luego de haberle escuchado confesar que fue ella quien dio a Terrence la oportunidad de hacer más daño a su familia.

-¡por favor, Dios, cuida de Candice! -suplicó sinceramente -Ella es inocente de todo esto.


CONTINUARÁ...