Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, sólo los tomo prestados para crear una historia para fines de entretenimiento.


Hola chicas!

Quiero agradecerles por acompañarme en esta de todo corazón y sinceramente a todas las que dejaron su comentario, a quienes siguieron o marcaron como favorita la historia. A todas ustedes mil gracias por su apoyo, sus lecturas, de noche o de día...Espero que el final sea satisfactorio como lo fue para mi, de no ser así, por favor háganmelo saber en los comentarios y si lo fue...también háganmelo saber.

Esta ha sido una historia muy bonita y me dio mucha alegría poder escribirla para ustedes. Y bueno, nada más queda decir que disfruten de este capítulo y besos y abrazos a todas!


Una Flor para Escocia.


Capítulo XVI.

Escocia 1 de marzo de 1783

La fragancia de jazmín y sándalo flotó a través de los árboles en los jardines. Entre las ramas recientemente mojadas por el rocío de la mañana, un solitario pajarillo voló para besar las flores azules que florecían sobre la piedra negra del castillo y las mariposas amarillas se colaban por los inmensos ventanales adornados con largas cortinas color ocre e hilos dorados.

William Albert Andrew, conde de Andrew y York, y Patriarca de la familia, miraba con atención el aleteo de la frágil mariposa revoloteando por la habitación. Sostenía en sus manos la invitación que hace varios días había llegado de Londres. La había leído más de tres veces, ciertamente odiaba contestarlas y más asistir.

-Date prisa Willian, el carruaje nos espera

-No creo que sea conveniente asistir, abuela, Keira murió hace apenas un año y…

-Te encantará…

-¿qué?

-Tu prometida, terminarás encantado, William…créeme, ella es inteligente…bella …amab…

-¿cómo dices que se llama?

...


Escocia 2 de febrero de 1789.

Lo miró pasear por el cuarto espacioso hasta la ventana, que abrió entre las columnas de granito. Se desperezó estirando los brazos para librarse de la incomodidad del viaje, aunque los carruajes familiares eran amplios y espaciosos, el frío durante el camino mermó bastante su comodidad.

-¿Tom? –llamó aun mirando su espalda

-¿Hmmm? –contestó él maravillado por el paisaje desde la habitación. Tenía sus reservas de estar ahí, pero por su esposa había aceptado la invitación y después de todo, pensó que las tierras escocesas no eran especialmente escuálidas y simplonas como las había acusado de ser.

-¡Ya viene!- la miró con los ojos abiertos de la impresión

-¿y-ya? ¿ahora?

-Sí Tom, ahora…

-Sabía que no debíamos venir aquí…-la escuchó gritar -¿qu-qué hago, Annie, dime qué hacer?

-¡Ve por mamá, tonto…ve por ayuda!

El pobre hombre aturdido salió de la habitación y corrió, aún más aturdido por el laberinto de aquel castillo. Comenzaba a desesperarse al no encontrar a nadie cerca para auxiliar a Annie…a su Annie.

No supo cómo pudo ser tan ciego que necesitó del coraje oculto de aquella frágil mujercita para darse cuenta de que la menor de los White le atraía más de lo que se imaginaba. Aquella "pequeña" mentira que dieron ante la guardia real dejó de serlo o más bien, nunca lo fue. Para evitar la mancha en el apellido White, Tom confesó haber retado a duelo a Archibald Cornwell con el propósito de resarcir la falta a su honor por haber cortejado a su prometida en su propia casa el día del baile en Trenwind y no sólo eso, sino haber conspirado contra la familia White, ahora también su familia, en su propia casa.

Aunque la historia poco creíble, los testigos de Tom Steve…quienes fueron los Andrew, Anthony Brown y hasta los mismos duques de Grandchester confirmaron su versión y obtuvieron, luego de varios debates y disputas más, el favor del Rey.

-¡Tom!

Se detuvo de golpe, casi cae por frenar sin cuidado, y volvió unos pocos centímetros para encontrarse con el salvador del día. Nadie mejor que el señor del castillo para saber cómo ayudar a su esposa.

-William

-Tom, espero que estén ya instalados…tenemos pocos sirvientes, pero…

-Sí, sí, todo perfecto…pero necesito de tu ayuda

-Por supuesto, dime…

-Es Annie, el bebé ya viene…

-¡Cielos santo, tan pronto!

-¿qué hago?

-yo…yo no sé…llamar a

-La condesa, Mary…me dijo que llamara a la condesa Mary

-Y a la partera

-Perfecto, buscaré a la condesa y tú irás por la partera.

Acordaron los caballeros y cada uno tomó un rumbo distinto, Tom un poco más inquieto por desconocer el castillo, pero William trató de orientarlo lo mejor que pudo. Mientras él volvía al salón buscando a George para dar aviso a la partera de la familia.

-Espera, George…antes de irte…dime, ¿dónde está?

-En los jardines …-gritó el hombre antes de perderse.

Y fue entonces a los jardines…a los rosales. Este día pintaba ser un día especialmente interesante, se dijo. Luego de un par de años tormentosos por mantener el dolor en la piel, éste se fue mesurando poco a poco. Nunca pudo arrancárselo de tajo, quiso hacerlo, deseaba hacerlo…pero no pudo. De alguna forma esa capa de su piel se negaba a irse dejándole ese recordatorio por siempre.

-¡William, querido!

-Abuela, imagino que ya te enteraste…

-¡Cómo no enterarme, esa niña grita como el mismo demonio!

-Compréndela abuela, es su primer hijo…

-¡Es tan inapropiado…!

-Olvídalo ya, abuela…la llegada de un bebé siempre trae alegría- dijo sonriendo casi con melancolía- mejor dime ¿qué es lo que necesitas? No quiero ser grosero, abuela, pero llevo un poco de prisa…

-¡Necesito encontrar a Marie…no la encuentro por ningún lado! El protocolo exige que una Andrew esté presente en el parto…esa niña es nuestra invitada

-Abuela, tú eres una Andrew…

-¡Pero qué dices, William! Yo no puedo estar ahí, ¿no la escuchas gritar?

William negó con la cabeza y se encogió de hombros para disculparse frente a su abuela por no poder ayudarla. Tan sólo la miró caminar furibunda, sólo como ella sabía serlo y continuó su camino. Su mirada se lanzó de regreso por arriba del hombro, le pareció ver a alguien correr. Eran las doncellas…Bonnie y

-¡Espera Dorothy…estas toallas pesan mucho!

-¡Vamos Bonnie, más rápido, mi señora Annie nos necesita!

Volvió su mirada al frente y tan pronto como reanudó el paso, llevó su brazo a la altura de sus ojos. El brillo del sol, a esa hora de la mañana, fluyó invasor entre los cristales de las grandes ventanas…y volvió a recordar….

-No creo que sea conveniente asistir, abuela, Keira murió hace apenas un año y…

-Te encantará…

-¿qué?

-Tu prometida, terminarás encantado, William…créeme, ella es inteligente…bella …amab…

-¿cómo dices que se llama?

Rodeó todas las estancias posibles tratando de evitar ser un estorbo para quienes corrían presurosos ya sea por el parto o por el banquete

-Señor- escuchó que le llamaban.

Era un hombre del clan, parte de la guardia del castillo que se acercaba temeroso y nervioso por todos los acontecimientos recientes. Parecía que Annie sí tenía bastantes pulmones porque tenía a la mitad del castillo asustado, muchos decían que gritaba como si la estuvieran torturando.

-¿qué sucede?

-El pri…-se escuchó un grito aún más agudo que el anterior. El guardia quedó casi paralizado y William pensó que este sí fue realmente fuerte…tanto que le extrañó que no se escuchara en los jardines.

-Me decía…-incitó al hombre a continuar casi con desesperación.

-El escribiente desea pedir su permiso para visitar la tumba de su mujer…-

William permaneció en silencio por varios segundos. Su castigo fue vivir para ser testigo del olvido de su nombre, de sus acciones y de su identidad; y así había sido, ni en el castillo ni a los rededores ni en tierras vecinas o clanes vecinos se volvió a pronunciar su nombre, ni una sola referencia a él o a su mujer.

Aquel hombre de barba poblada y ciego ya por la oscuridad en la que vivía tan sólo salía a hacer los honores, una vez al año, en un montón de piedras en un claro, a un par de millas del castillo.

Ni él mismo estaba seguro de que ahí estuviese enterrada Patricia O´Brian, sólo tenían la palabra de la abuela y en ella confiaron. La mujer murió por ahogamiento cerca del río y ahí mismo enterraron los restos, sin señales más que una gran roca rodeada de otras más pequeñas.

-¿señor?

William entonces asintió y el guardia, antes de partir, le entregó una carta.

-Viene de Londres, señor

Sin decir una palabra más, William reanudó la marcha. Reconoció el sello Grandchester. Pensó que sería la duquesa avisando de algún retraso en su llegada, pero grande fue su sorpresa al empezar a leer…

" Estimado, William:

Luego de tres largos años de ausencia te sorprenderán mis líneas. Debo admitir que aún considero indigno mi derecho de escribirte. Pero me veo en la necesidad de solicitar tu perdón, aunque en el parlamento jamás hayas levantado cargo alguno contra mí, Albert, necesito saber de tu perdón.

Estos años de trotar por el mundo me han hecho darme cuenta de mis errores. He vuelto, he vuelto por mi esposa, por mi hijo, por mi padre y por mí. Necesito tu perdón Albert, lo necesito para vivir en paz conmigo, con mi hijo y con el tuyo…"

William volvió a doblar la hoja para guardarla en el bolsillo interior de su kilt y susurrar levantando la mirada "ya lo tienes, Terry" como si el viento se encargará de mandar su respuesta "Ya lo tienes"

A un lado suyo, Anthony le saludaba mortificado. Tal parecía que la labor de Annie se había extendido más allá del área de invitados.

-No puedo creer que grite de esa manera…-Le escuchó decir a su sobrino, convertido en un vigoroso joven de veinte años que se negaba a contraer matrimonio, todavía. Se había vuelto un hombre aún más digno de ser su heredero, el próximo patriarca, aunque a él mismo parecía no interesarle. En los últimos tres años prestaba más atención al pequeño ángel que llego a casa, decía él, el pequeño ángel que "Nunca me abandonó"

-Me parece maravilloso la llegada de un bebé a esta familia, Anthony, no creo que debamos quejarnos tanto

-Este castillo ya no necesita más nacimientos….

William lo miró considerando sus palabras y pensó que los ojos vivaces de su sobrino habían vuelto a recobrar la vitalidad de su primera juventud.

-Mejor dime –lo tomó por los brazos para invitarlo a seguir…aún debía llegar a los jardines – ¿Has recibido respuesta del parlamento?

-Por eso mismo te buscaba…-lo miró con apremio y esperó a que continuara- Hoy llegó el acta real del parlamento. – empezó a leer -Legalmente y por decreto real, los Brown, habitantes de York, quedan desterrados de la cámara de lores y de la corte…todas sus propiedades pasan a pertenecer a…

- Anthony Brown –completó William

-No –corrigió – Keira Andrew…

William lo miró sorprendido – No, Anthony

-Es el pago de mis rentas e impuestos por las tierras ocupadas aquí, es lo justo…- El joven dio una palmada de agradecimiento sobre el hombro de su señor y se despidió de él. Es lo justo…de ahora en adelante haría las cosas bien.

-¡Anthony! –esperó a que lo mirara -¿Marie?

-En los jardines con…

-¡Es niño! – ambos miraron a las doncellas que corrían por los pasillos anunciando la nueva -¡Es niño!

William sonrió. Cuando quiso volver a encontrarse con la mirada de su sobrino éste ya se había perdido. Supuso que iría a dar sus felicitaciones a los nuevos padres. Él también debía darlas, aunque lo haría más tarde…ahora tenía un asunto más importante que atender.

-No creo que sea conveniente asistir, abuela, Keira murió hace apenas un año y…

-Te encantará…

-¿qué?

-Tu prometida, terminarás encantado, William…créeme, ella es inteligente…bella …amab…

-¿cómo dices que se llama?

-Candy

Dijo y la miró girar hacia él. Estaba sentada sobre un tartán en el césped. Le sonreía ampliamente, la blancura de sus dientes asomaba de entre sus delgados labios rosados tan exquisitos y tiernos como siempre.

El viento sopló…sopló fuerte haciendo que los rizos rebeldes de su peinado volaran más allá de sus sienes y su nuca, los rayos del sol iluminaban aún más su dorado cabello. Pensó que aquello era una visión, un regalo de Dios, del cielo…de la vida que se la había devuelto aquella mañana cuando abrió sus ojos esmeralda y que creía haberla perdido.

Vivía agradecido todos los días al despertar y sentir entre sus brazos el calor de su esposa, el sabor de su boca y el perfume de su cuerpo. Respiró profundamente. "rosas…" susurró…

Ella le ofreció la mano que pronto tomó cuando estuvo cerca. De su regazo asomaba una cabecilla con rebeldes bucles rubios, ojos celestes y diminutas pecas en su pequeña nariz.

¿Cuántos días contaría a la sazón de haber rogado a los cielos por la vida de su mujer y que los cielos mismos se la hubiesen regresado? Pero no sólo a ella, a su Candy, su dulce Candy, sino que tan sólo en un año después la mayor sorpresa de todas…su pequeña hija.

Recordaría bien el resto de su vida el día en que llegara al lecho a descansar el largo día de audiencias cuando Candy le besaba de la manera más tierna e inocente posible y le susurrara al oído "estoy esperando…". Esa noche no durmieron, no pudieron hacerlo…no querían. Esa noche conversaron, rieron, se amaron una y dos veces más. Esa noche se sintieron las dos personas más felices del mundo…" No, no del mundo, Albert…del universo entero. No puede haber mujer más feliz que yo por tenerte y esperar por él o por ella" decía Candice mientras William acariciaba la suave piel de su esposa sentada a horcajadas sobre él.

-Annie entró en labor- dijo sentándose a espaldas de Candice y atrayéndola con un brazo en su cintura. La fina espalda de ella quedó pegada a su pecho. Sólo así, sintiendo el peso de su cuerpo sobre él y el aroma de su cabello en su interior podía saber que era real y que no se había ido esa noche en el castillo White. –ha dado a luz a un niño

-¡Dios mío, debí estar con ella! –contestó alarmada amenazando con levantarse, sin embargo el fuerte abrazo de William no la dejó

-El castillo entero lo estaba, Candy...Annie se aseguró de ello –dijo en tono divertido – Cómo alguien tan pequeña guarda pulmones tan fuertes como los de un hombre

- ¡Albert! –lo reprendió con un ligero golpe sobre su pecho –Me alegro por Annie –suspiró volviendo a recostar su cabeza en el pecho de William –un precioso Tom –miró a la pequeña personita que dormía sobre su regazo- un primito con quien jugar mi hermosa Keira – acarició los pequeños rizos de su hija.

-No creo que a Anthony le haga mucha gracia…él querrá acaparar toda la atención de Keira

-Albert, Anthony ya acapara toda la atención de Keira… ¿tienes idea de cuánto me costó lograr que lo soltara? El pobre Anthony necesitaba recibir un mensaje, pero esta pequeñita fue incapaz de soltarlo.

-¡William, Candice!

Era Marie que llegaba ante ellos con un pequeño cuenco de cerámica hasta donde se encontraban sentados. A ella le pareció la estampa más hermosa, hacía muchos años antes que en el castillo solo se lloraba de pena y resentimiento y no se veía ni se respiraba tanta paz y felicidad en el castillo que aunque de piedra negra y húmeda a todos los Andrew les parecía el castillo más cálido y luminoso de todos.

-Marie…la abuela te buscaba

-Lo sé –reconoció rodando los ojos –Ha llegado un pequeñito, tal parece que mañana el banquete será más grande aún.

-Si es por eso no te preocupes, Marie…Pediré a George que se haga cargo de todo

Pocos en el castillo acertaban a creer la llegada tan pronta de un bebé más a este mundo. Todos festejaban el nacimiento del pequeño Thomas Edmund Steve, como sería llamado el pequeño que, aunque recién nacido ya hacia evidente su sangre familiar al abrir sus pequeños ojos y dejar ver el color almendra de sus luceros.

Los festejos se alargarían no sólo en el castillo de los Andrew, sino en el de los White; primero por el tercer cumpleaños de la pequeña y milagrosa Keira Andrew, luego por el inesperado nacimiento del pequeño Thomas Edmund y al final, por el cincuenta y dos cumpleaños del conde de White.

-Eso no es lo que me preocupa, William…

-¿Entonces qué es?

Marie extendió sobre sus manos el cuenco de cerámica que traía una rosa roja plantada al centro

-La abuela Elroy solicitó los arreglos florares para el banquete…-continuó –pero no son blancas, son rojas…¿cómo vamos a poner una rosa roja? Saben cómo es la abuela, una flor para Escocia no debe ser roja, sino blanca…es la insignia de los Andrew…¡se molestará y lo peor es que hay cientos de ellas!

Candie la miró contrariada y un poco preocupada. A lo largo del tiempo aprendió a querer y a respetar a la abuela Elroy por lo que procuraba complacerle en la medida de lo posible, sobre todo cuando consideraba que sus consejos no hacían más que demostrar cariño y amor a su primera bisnieta, sin embargo, cuando consideraba que tenía una actitud muy exagerada intentaba hacerla entrar en razón.

Pero aquello de la flor…eso era importante para la abuela Elroy y aunque no lo quisiera expresar tan efusivamente, para ella también. Las rosas blancas no sólo son la insignia del escudo de armas de los Andrew…sino el símbolo del nacimiento de su nueva vida cuando dejó el castillo de su padre hace casi seis años cuando se casó con William y le colgó aquel dije en su cuello…

-Ha quedado…luce hermoso en ti, has sonreído dos veces ya

-Me gusta hacerlo cuando me siento feliz

-Pienso que luce aún más hermosa cuando sonríe

...

-No necesitamos una rosa blanca…

Marie y Candice lo miraron confundidas…

-Ni de ningún otro color ya existe una para Escocia –dijo volviendo a abrazar a Candice.

Marie sonrió y comprendió la inutilidad de preocuparse por las flores en el banquete. Seguro que a la abuela Elroy le daría un infarto, como todos los que le daban cuando sus nietos o pasados algunos años sus bisnietos hicieran o dijeran alguna cosa que la escandalizara.

Fue desafortunado el momento en que la abuela no pudo alcanzar a estar presente el día de la boda de Anthony Brown-Andrew, el próximo patriarca. Su muerte dejó un enorme hueco de tristeza y enfado en la familia, aunque más en Candice…aquella mujer malhumorada nunca dejó de darle consejos para cuidar bien de su familia y de su clan y que en la boda de su única hija pasaría a ella todos esos menesteres que había aprendido de la abuela Elroy ..."Déjame ponértelo, Keira...perteneció a la antigua matriarca, lady Elroy Andrew...ella me lo entregó, ahora el anillo es tuyo"

Pero en aquel momento…mientras Marie caminaba de regreso al castillo, lady Elroy los miraba y cuidaba desde lo alto del castillo. No pudo escuchar nada de lo que decían…o eso parecía…

-Señora…

-¿De qué hablaban Violet…?

-Sobre las flores para el banquete, mi señora y…

-¿y…?

-De algo que no entendí…el señor habló sobre una flor para Escocia…y eso fue todo, señora

Elroy sonrió, como pocas veces lo hacía, desinhibida, tranquila, feliz…en paz.

-Quiero que canceles todas las flores para el banquete…

-Pero señora… ¿por qué?

- ¡Qué no escuchaste a mi nieto! Ya tenemos una flor para Escocia y con ella es más que suficiente.

-No creo que sea conveniente asistir, abuela, Keira murió hace apenas un año y…

-Te encantará…

-¿qué?

-Tu prometida, terminarás encantado, William…créeme, ella es inteligente…bella …amab…

-¿cómo dices que se llama?

-Candice…

-¿Candice?

-Tan hermosa como esas rosas que tanto amas…

Miró a su abuela perderse en el interior del carruaje mientras él, antes de subir, miraba hacia los rosales que se asomaban de entre las rocas y los jardines en aquella época del año…