Capítulo 2: El primero de muchos, espero…

Si hubiera que describir a Renji Abarai con tres palabras estas serían práctico, decidido y espontáneo. Estos rasgos le habían acompañado toda su vida. Cuando este era un niño, su padre fue el primero en descubrir su practicidad mientras trabajaba en el taller y Renji se acercó con curiosidad a él, aprendió tanto en un par de horas que hizo creer a su padre que tendría un ayudante de por vida en el taller, luego lo vio utilizar lo que había aprendido para reparar su bicicleta, arreglar la cafetera de una vecina e inclusive ayudarle a él a reparar un carburador en la mitad de tiempo que había esperado. Siempre encontraba el mejor camino para solucionar sus problemas y verse más beneficiado que de costumbre al respecto. La practicidad de Renji había facilitado su vida desde que éste tenía memoria.

En cuanto a su decisión, su padre la llamaría testarudez, todo el que tomaba el tiempo para conocerlo lo suficiente se percataba de ella, pero, de la misma manera, fue su padre el primero en descubrirla. La vio claramente por primera vez cuando Renji tenía poco más de 4 años y decidió bajar una cometa que se le había quedado atascada en la cima de un ciprés. El árbol poseía pocas ramas bajas y subir por él, al menos para un niño de esa edad, representaba un completo desafío. Su padre le insistió que la dejara ahí, otras muchas veces le dijo que se quedara quieto y dejara que él la bajara, pero el niño no cedió. Se raspó, cayó, golpeó y estuvo a punto de sufrir una fractura, pero logró bajar la cometa del árbol.

Esta decisión de Renji aparecería muchas veces en su vida, tantas como su practicidad o inclusive más. Cuando decidió sacar un 10 en matemática fue probablemente la vez que hizo a su padre más orgulloso, pero cuando decidió conquistar a la hija del vecino y le hizo perder un cliente, no pudo sentirse más molesto. Cuando decidió no ir a la Universidad para quedarse a acompañarlo sintió cierto grado de culpa, culpa que luego se evaporaría cuando su hijo decidió volverse bombero y partió de casa para ayudar a salvar vidas. Cuando enfermó y Renji decidió dejar todo para hacerle compañía, su padre se alegró, pero se sentía mal de tenerlo atado a sí mismo, de hacerlo velar por él e irrumpir de manera tan brusca en sus planes; sin embargo su hijo jamás lo vio así y se quedó a su lado hasta el último minuto. A diferencia de la practicidad, su decisión le había hecho vivir no solamente buenos sino también malos momentos.

En cuanto a su espontaneidad, su padre la había visualizado al verlo platicar o hacer planes, pero quizá no había sido el verdadero en descubrirla en profundidad, este papel lo habían tomado las jovencitas de su colegio, para desventura de las mismas. Renji siempre encontraba una manera de manejar cada situación por problemática o incómoda que esta fuera, el momento perfecto para realizar una broma, se aventuraba pícaramente sin pensar en consecuencias, organizaba eventos de la nada, inventaba cambios o planes disparatados y sobretodo, siempre encontraba qué decir. No solía existir rutina con él, la vida siempre era diferente y las muchachitas de su instituto no podían evitar caer ante su encanto; encanto que acompañó, desde muy joven, con un cuerpo tonificado, un cabello rebelde, una voz masculina y tatuajes, complementando su personalidad eléctrica con su apariencia de joven rebelde. Renji probablemente disfrutaba mucho de su espontaneidad y los favores que esta le traía, pero más de una vez estos favores se habían convertido en problemas serios.

Cada uno de sus rasgos le era útil en sus actuales trabajos, sus actuales conquistas y su actual forma de mi vida; sin embargo algunos de ellos se habían visto levemente reprimidos y esto había sido por obra del mismo Renji, que había comenzado a dejar a un lado la persona que solía ser y se había enfocado, sin darse cuenta, en solamente sobrevivir, olvidando todo lo maravilloso del disfrutar el estar vivo. Esto era así desde que su padre había muerto, dejándole solo.

El edificio departamental era agradable, espacioso y con suficiente brisa. Lo primero que pensó Renji al entrar era que en definitiva se veían mucho mejor por dentro que por fuera. No era que por fuera se viera mal, solamente que se veía como cualquier otro edificio lleno de ventanas de la zona, con paredes de ladrillo y pequeños balcones; sin embargo el interior de este se encontraba pintado con colores claros y poseía múltiples pinturas con tonos azules, todas de un gusto exquisito, el suelo era una capa de porcelanato de un azul obscuro y todos los muebles poseían armonía con el resto de la decoración.

Justo después de la puerta de entrada se encontraba una sala de estar, una recepción y un grupo de buzones en los que colgaban los números del 1 al 25, bajo los cuales se podía leer el nombre del propietario del departamento, o al menos del inquilino. Renji buscó el 17 y pudo leer Kuchiki R. Sonrió complacido sin saber exactamente el motivo y se acercó a la recepción para llenar una boleta con sus datos y recibir indicaciones del recepcionista.

El departamento 17 del Aoi-Hana se encontraba en un tercer piso. Para llegar hasta él podía optar por utilizar un ascensor o subir por las escaleras, había una larga escalera de madera obscura a cada lado del mismo. Por la cabeza de Renji ni siquiera pasó la idea de utilizar el ascensor y se dirigió directo a las gradas. En su ruta de ascenso hasta el tercer piso se topó con 3 personas: un hombre con ropa deportiva que subía al igual que él, otro hombre, esta vez en el segundo piso, que salía de su departamento con bata de dormir y bolsas de basura, que le miró con desdén y una mujer en el tercer piso que estaba entrando a su departamento con algunas dificultades debido a un par de bolsas con víveres que llevaba en los brazos. De las tres personas esta fue la única que provocó en Renji cierto nivel de simpatía, así que le ayudó a sostener las bolsas y llevarlas dentro. Se despidió de la mujer insistiéndole que no era necesaria ningún tipo de compensación y siguió los números de las puertas hasta llegar al 17. Tocó.

Del otro lado de la puerta, Rukia Kuchiki saltó en su asiento y apagó el televisor, metió el borde de su blusa de ceda dentro del pantalón y se percató de que le había caído salsa de tomate en una parte nada fácil de ocultar. La puerta sonó de nuevo.

—¡Enseguida va! —Gritó—. ¡Diablos! —Miró hacia todas las direcciones y divisó lo que en su momento le pareció la mejor opción.

La puerta se abrió con brusquedad ante los ojos de Renji, quien había colocado su caja de herramientas en el piso y se encontraba apoyando su brazo derecho al marco de la misma, levemente inclinado hacia delante. Frente a él apareció una delgada y pequeña figura con un llamativo delantal morado con dibujitos, Renji frunció el ceño levemente y dejó escapar una pequeña risita, pero luego clavó su mirada en el rostro de la joven y sonrió esta vez no por diversión, sino de alegría. Ella tenía los ojos increíblemente abiertos, parecía impactada y de hecho lo estaba.

—E-Enorme… —titubeó. Sus ojos se encontraban en ese momento examinando los tatuajes levemente cubiertos del rostro del muchacho. El rió divertido.

—Pequeña. —Le sonrió e hizo que Rukia se sonrojara. En ese momento consideró que quizá hubiera sido mejor abrir la puerta con la blusa manchada que con el delantal de chappy. Sacudió la cabeza, despejándose—. ¿Te parece si entro?

—C-Claro, entra. Hace frío. La cocina está por aquí, sígueme. —Se encaminó en dirección a la cocina y escuchó la puerta cerrarse. Se detuvo en seco, llena de dudas, ¿qué pasaba si ese tipo no era el que venía a reparar el tubo? Se volteó hacia él y este también se detuvo alzando una ceja, él abrió la boca para hablar—. ¡Cállate! Digo, ¿quién eres?

Ya le parecía a él que debía haberle preguntado quién era antes. —Renji, Abarai Renji. —Guardó silencio esperando su reacción. Ella frunció el ceño, parecía no haber despertado recuerdos en ella de la misma forma que ella despertó en él al decirle su nombre. Suspiró con resignación—. Vengo de parte de Maridos de Alquiler, hablé contigo por teléfono, me dijiste que tenías un problema con la tubería de tu cocina. —Esta respuesta pareció gustarle más a ella.

—De acuerdo, sigamos. —Por un arco de madera, entró a la cocina. Él silbó, parecía gustarle la decoración y Rukia sintió cierta seguridad al respecto, aunque ella no había elegido la decoración sino que la traía el departamento desde que lo compró. Señaló el fregadero—. Es ése. Tienes que abrir las puertas de la parte de abajo para poder ver los tubos.

—Lo sé. —Rió. Puso una pesada caja con herramientas en el suelo y se quitó una mochila bastante amplia de los hombros. Se puso de cuclillas frente al fregadero y abrió las puertas—. ¡¿Pero qué demonios?! —Renji se encontró con la tubería más corroída y rota que jamás había visto en una cocina. Rukia quien esperaba a un lado se sonrojó.

—¡Si no puedes repararlo levántate y vete! —Se encontraba a la defensiva debido a la pena que sentía. Renji giró la cabeza hacia ella despacio y la miró a los ojos con cara de fastidio.

—No estoy diciendo que no puedo repararlo. Claro que puedo, ¿acaso crees que soy un incompetente? Soy uno de los mejores hombres de la empresa, Rukia. —Ambos se sorprendieron al escucharlo llamarla por su nombre de pila—. Perdón, yo no debí…

—¡No! —exclamó fuertemente—. Quiero decir, me da igual, puedes llamarme como quieras. Rukia está bien. —otra vez ambos se sorprendieron, Renji alzó una ceja e hizo que Rukia se ruborizara—. B-Bien, si puedes repararlo, ¿entonces por qué te quedas ahí como tonto sin hacer nada? —Aparentemente la mujer no conocía ninguna clase de modales, a Renji le gustó esto, ella le parecía chistosa.

—Solo estaba impresionado por el nivel de daño. Rayos mujer... me tomará más tiempo del que creí, pero aun así no será costoso. —Honestamente a otro cliente le habría cobrado una fortuna.

—¿Cuánto? —Ella se recostó a un mueble, con los brazos cruzados, a la defensiva. Estaba preparada para regatear, no planeaba pagar más de 350 por reparar una maldita tubería para cumplirle un capricho a su madre, de hecho inclusive le iba a pasar esa cuenta entre le cotización de gastos.

—150, máximo 200 —giró la cara analizándolo un momento—. Probablemente te lo deje en 120. ¿Dijiste que tú ponías los materiales cierto? —Ella asintió, algo en shock—. Entonces sí, 120-150, depende de lo mucho que me cueste quitar todo lo corroído.

—Bueno, estás contratado. —Ella le sonrió satisfecha. Creí que ya estaba contratado, pensó él, pero se limitó a guiñarle un ojo.

—¿Apuntaste todo lo que te dije? Mira que si falta algo después va a costar encontrarlo por la hora. Si lo traes de una vez puede que, inclusive, termine antes de la una. —Ya él había hecho la evaluación de daños y acababa de comunicarle a ella lo que necesitaba.

—¡Claro que lo tengo todo! Tú deberías ser quien esté seguro de no haberse equivocado. —Levantó la barbilla haciendo un gesto de desdén—. Espera un momento —él alzó las cejas interrogativo— ¿dijiste una? ¿Una como una de la mañana? —No le gustaba esto, la hora le era poco conveniente.

—Sí, dije una, ¿por qué? ¿Pasa algo? —ella parecía estar haciendo cuentas mentalmente—. Verás, como nos jactamos de trabar las 24 horas me imaginé que querías que el trabajo quedara listo esta noche… —a él esto le parecía lo esperado.

—Pues imaginaste mal. Yo tengo que trabajar mañana, necesito dormir desde mucho antes de la una. —Sonaba molesta.

—No es necesario que estés levantada mientras yo trabajo, mujer.

—¡Claro que es necesario! No confío en ti, ni siquiera te conozco, sería imposible que te deje solo con mi casa a tu completa disposición. —Recapacitó un momento. Lo que había dicho sonaba algo mal—. ¡No es que crea que vayas a robar! —Se apresuró a decir— Es solo que, ya sabes, es mejor prevenir que lamentar.

Renji resopló con fastidio. —Estabas a punto de irte a buscar cosas a la ferretería y dejarme solo, con tu casa a mi completa disposición —utilizó sus palabras, haciéndoles un particular énfasis.

Rukia lo analizó un momento, él la miraba recostado a un moledero, con los brazos cruzados. Se sentó en un banco y alzó los ojos hacia él, tenía una mirada pícara, pero aun así dulce, se miraron a los ojos un tiempo. De pronto a Renji se le antojó besarla y se inclinó en su dirección, pero ella habló, aunque fue casi un grito, haciéndolo retroceder, él se lamió los labios tratando de disimular y miró en otra dirección.

—¿Cómo diablos se supone que lo haga? —En definitiva en ningún momento, durante el tiempo en que se vieron a los ojos, pensaron en lo mismo.

—¿Qué cosa?

—Comprar esas tonterías de materiales. No puedo ir yo y dejarte solo en la casa, no voy a llamar a alguien para que vaya, no puedo enviarte con mi tarjeta porque no te dejarían pagar ni mucho menos decirte la clave de la misma para que saques el dinero y lo compres. Tenemos que ir juntos, pero mientras salimos a esperar un taxi. —Gesticulaba haciendo uso de sus manos con mucha energía. Renji rodó los ojos.

—Yo tengo una motocicleta y vine en ella. Puedo llevarte o inclusive puedo ir yo solo y pagarlo, luego arreglamos y ya, Rukia. Deja de ser tan estresada. —Renji era práctico, no iba a darle vueltas a una situación como esa.

—¿Cómo vas a decirme que no esté estresada? Yo no estoy estresada, Renji. ¿Qué tan bien conduces tu motocicleta? —La idea de la moto le llamaba la atención, pero a la vez le espantaba un poco.

—Excelente. —Subió y bajó los hombros, restándole importancia.

—¿Cuántos accidentes has tenido? —Excelente no era del todo convincente.

—Tres, ¿por qué? —Rukia se levantó de un salto del banco y alzó los brazos para hacer más potente su exclamación.

—¡¿Y a eso llamas excelente?!

—Ninguno de los tres fue mi culpa. —Se sentía ofendido—. Mira, no voy a discutir eso contigo en este momento, te ofrezco otra opción. Conozco a un sujeto que tiene una ferretería que te envía las cosas, exprés, como la pizza. —Menuda comparación Renji, pensó justo después de decirlo, pero ella no pareció notarlo—. El asunto es que lo llamas, le encargas todo y le dices que mande al sujeto con un datafono móvil porque debes cancelarle con tarjeta.

—¿Cómo es que no lo habías mencionado antes? —Él bufó con fastidio.

—Porque lo había olvidado. Demonios, Rukia, sí que te convertiste en una mujer obstinada.

Mientras esperaban que el pedido llegara, Rukia invitó a Renji a sentarse con ella a esperar. Ambos se sentían algo incómodos, pero él siempre podía desviar la vista hacia la pila que tenía que arreglar y ella hacia cualquier dirección fingiendo cierta concentración en algo que no les importaba en ese momento. Estaban sentados en los bancos del mueble de la cocina. Renji rompió el silencio.

—¿Es tuyo el lugar o lo rentas? —Tenía el codo izquierdo apoyado en la superficie del mueble, y la barbilla descansando sobre su puño.

—Es mío, pero no lo compré de manera completamente independiente. Mis padres me prestaron el dinero y yo se los he ido pagando. —Hubo silencio un instante—. ¿Qué hay de ti, dónde vives?

—Vivo en casa de mis padres. En una parte rural. Pero no creo que conozcas.

—¿Con tus padres? ¿Y te esperan hasta después de la una de la mañana? —Estaba sorprendida.

—No, es la casa de mis padres, pero ellos ya no viven ahí. Ya sabes, partieron. —la miraba a los ojos cada vez que le hablaba, mantenía una mirada calma.

—¿A dónde se fueron?

—Están muertos, ambos. —Esta vez bajó la mirada por un momento, un golpe de tristeza le golpeó el pecho.

—Renji, yo… lo lamento, no quería. —Se estaba sintiendo terriblemente mal.

—Está bien, Rukia. —Alzó la mirada, pero esta vez no la vio a los ojos, miraba sus manos, ella lo notó—. No debes disculparte por nada, ¿qué tal están tus padres? —Volvió a verla a los ojos.

—Están bien, muy bien por dicha. También tengo un hermano, su nombre es Byakuya. —Se sentía incómoda, nerviosa y no podía para de hablar—. Él se encarga de llevar la empresa de mi padre; con mi padre, obviamente, porque sigue vivo. Digo, por dicha. —Trató de decir algo más, pero ya no se le ocurrió nada. Renji rió así que esto la hizo sonreír y la motivó a seguir hablando—. Mi madre es algo cruel. Toda mi vida me ha castigado por todo y no suele apoyar mucho lo que decido, por ella, mayoritariamente, fue que decidí irme de casa. Una vez obtuve este trabajo no viví con ellos ni siquiera una semana más.

—Suena como una total desesperación. —A Renji le gustaba escuchar de estas personas de las que hacía tanto no sabía nada—. ¿En qué trabajas?

—Soy Productora Ejecutiva. Trabajo para una empresa de publicidad. Las compañías nos contratan para que les diseñemos algún comercial o alguna campaña de publicidad para algo y eso hacemos. Yo soy la Coordinadora de una oficina de trabajo, pero me tocó trabajar con una manada de novatos. —Suspiró resignada, él le sonrió.

—Bueno. —Ya no se veía triste—. Yo soy marido, pero de alquiler. Trabajo en esto casi toda mi semana, pero también soy bombero. —Rukia abrió los ojos e hizo la cabeza para atrás, sorprendida—. Sin embargo lo era más antes que ahora, lo dejé y ahora solo me llaman si la emergencia es grande o algo por el estilo. En lo que respecta a mi familia nunca tuve hermanos y a mi madre no la conocí. Y en el trabajo no coordino a nadie, pero me gusta lo que hago. Probablemente es porque en la empresa casi no hay novatos. —Ambos rieron.

Las piezas solicitadas tardaron algo en llegar, pero a Rukia le hubiese gustado que tardasen más. Las conversaciones con Renji eran llevaderas y agradables, se divertía y se sentía familiar, como en confianza. Le sorprendía un poco esto de la confianza debido a la pinta que tenía el sujeto, con ese cabello largo y todos esos tatuajes, haciendo a un lado el ya simple hecho de que fuera gigante.

Se despidieron a las 9:30 p.m. y acordaron que Renji estaría ahí de nuevo para el día siguiente a las 6 de la tarde y, una vez se hubo despedido de él, tuvo mucho en qué pensar. Primero pensó que fue cruel de su parte no ofrecerle nada de comer (en el refrigerador tenía un pastel y los ingredientes necesarios para hacer un emparedado para cada uno), luego se alegró de no haberle ofrecido un emparedado porque entonces él se habría percatado del hecho de que ella no cocinaba ni siquiera arroz.

Cuando hubo tranquilizado su mente en relación con sus habilidades como anfitriona, comenzó a pensar en el sujeto en sí. Primero pensó en el nombre Abarai Renji le resultaba familiar, pero por más que trataba de enlazarlo con algo, era imposible que hubiera conocido a un hombre como ese y no lo recordara. Con alrededor de 1.80 de estatura, quizá inclusive 1.90, el cabello tan colorido y largo y todos esos tatuajes. Uno simplemente no olvidaba a alguien que conociera que se viera de esa forma tan peculiar.

A Rukia le costó elegir una palabra para describir su apariencia física, porque no se veía mal, se veía bien (muy bien de hecho, le dijo su cerebro mientras pensaba al respecto, pero decidió suprimir un poco esta parte), no obstante también su apariencia era algo extraña, así que peculiar era la palabra que lo describía mejor, pero no peculiar malo, para nada, peculiar bueno. En efecto, Renji era peculiar del bueno… y del atractivo. Con estas cosas en su cabeza se fue a dormir y justo antes de quedar completamente sumida en sus sueños, pensó en que esperaba que el siguiente día se le pasara rápido para que fueran las 6 de la tarde de nuevo.

Renji por su parte no volvió a la oficina de Maridos esa noche, condujo su motocicleta hasta su casa y se sentó en un sofá con una cerveza en la mano a ver el televisor. El aparato no duró encendido ni 5 minutos. Salió al patio y subió al tejado como cuando era pequeño; sin embargo, a decir verdad, le era mucho más fácil subir ahora que cuando eso. Miró las estrellas y buscó las constelaciones y se preguntó si eso que se le estaba dando era otra oportunidad y le gustó verlo así. Le dolía un poco que Rukia no lo reconociera como él a ella, pero es que honestamente, sin buscar justificarla, él había cambiado, pero ella, ella se veía exactamente igual, era igual. Igual de testaruda, hablaba igual, sonreía igual y seguía siendo igual de bella.

—¿Sabes papá? Hoy vi a Rukia, ¿la recuerdas? —Sonrió—. Yo sé que sí, yo jamás la olvidé. —Hizo una pausa, las estrellas estaban espectacularmente hermosas esa noche. Brillaban casi tanto como los ojos de ella—. Está igual, ¿puedes creerlo? Solamente un par de centímetro más alta y realmente solo un par. —Rió y bebió el último sorbo de cerveza—. Tiene algo esa mujer, papá, ella me da una… no sé, me alegra, supongo.

Más tarde esa noche, mientras se quitaba la ropa para acostarse a dormir, encontró de nuevo la caja de cigarrillos en su bolsillo y levantó el brazo para arrojarla a una papelera que tenía en su habitación, pero se detuvo reconsiderándolo. Buscó un marcador permanente entre sus cosas y anotó: Miércoles 7 de enero. Vi a Rukia de nuevo, después de 15 años.

La fecha de entrega del proyecto para el comercial de la muñeca se encontraba cada vez más próxima y este no podía encontrarse más crudo. Con costos habían elegido a la niña estrella del mismo, quien era extremadamente parecida a la muñeca por cierto, y el estúpido tema del color azul en el fondo parecía obtener cada vez más importancia, aunque no la mereciera. Era solamente la pared del fondo, nadie si quiera iba a mirarla, y si algo llegaba a hacer que el público no comprara la muñeca, de acuerdo con Rukia, era que el proveedor la había hecho con la misma cara que tienen todas las muñecas del mercado.

Mientras se limitaba a escuchar a uno de sus compañeros a opinar sobre los mensajes subliminales que aparecían en las series animadas y su efecto en la psique de los niños, su móvil vibró dentro de su saco. Lo extrajo y revisó la pantalla, Orihime le estaba llamando y, en definitiva, hablarle a ella le importaba más que los mensajes subliminales que Disney había dejado pasar (porque hasta este punto de desvío había llegado la conversación). Salió de la habitación diciendo que iría al baño y se metió en su oficina para tomar la llamada.

—Kuchiki-san, hola. ¿Interrumpí algo importante? —Sonaba algo apenada.

—Importante digamos que sí, pero productivo no. ¿Qué tal Inoue, pasa algo? —Rukia no era el tipo de persona que llamaba solamente para saludar, así que solía esperar lo mismo de los demás.

—De acuerdo. Disculpa de todos modos. —Se aclaró la garganta—. Verás, me estaba preguntando cómo salió todo con la recomendación que te di. Como no fue por experiencia propia me apena un poco que no vaya a satisfacer tus estándares. Es que ya sabes como es Rangiku-san.

—Ah, eso. Cierto, había olvidado que te avisaría. Perdona. —Se rascó la cabeza despreocupadamente—. No tengo nada de qué quejarme. En un principio creí que el sujeto podía ser algo peligroso, pero ya ves que no. Es simpático y trabaja muy bien.

—Cuánto me alegra, Kuchiki-san. —Se podía sentir el alivio en su voz. Rukia vio que dentro de la sala de reuniones, el trabajador que hablaba de mensajes subliminales se había puesto de pie. No parecía particularmente feliz.

—Demonios. —Susurró—. Inoue, si eso era todo yo… —Se había encaminado hacia la puerta.

—¡Espera! —Rukia se detuvo, como si Orihime se encontrase en esa habitación en que ella estaba—. V-Verás, hablé con Kurosaki-kun y me comentó que no has vuelto a comunicarte con él. ¿Está todo bien entre ustedes? —Rukia aguardó un momento en silencio, qué andaría contándole ese boca floja de Ichigo a Orihime.

—Claro que está todo bien, Inoue. No hay motivo para que las cosas estén mal. Ahora, lamento ser tosca, pero si me disculpas creo que los inútiles de Sentarō y Kiyone están a punto de agarrarse a golpes y debo ir a intervenir. —Se despidió de ella y se encaminó a la sala de reuniones.

Por culpa del desastre causado por sus subordinados Rukia tuvo que quedarse a aclararle las cosas a Jūshirō Ukitake, su inmediato superior, y cuando éste le preguntó por el comercial, la situación se puso más tensa. Había terminado por salir 20 minutos tarde y, para su suerte, se había topado con un accidente de camino a casa que había parado el tráfico por algunos minutos. Su plan de llegar media hora antes que Renji y esta vez no verse sorprendida por él cuando apareciera se había arruinado. Lo único con lo que podía contar era conque la presa hubiese detenido a Renji también.

Entró al edificio y saludó al recepcionista entre carreras, siguió directo hacia al ascensor, pero este comenzó a subir justo cuando iba llegando y la insensible de la vecina rubia a la que nunca en su vida había saludado, no lo detuvo para ella. Rukia decidió que la próxima vez que se la topara en el pasillo, iba a hacerle una zancadilla y que esperaba que llevara una caja de pizza y una bolsa con compras, tal y como estaba ella en este momento.

Solamente tres veces en toda su vida Rukia había utilizado las gradas de su departamento, pero creyó que si las utilizaba llegaría más pronto que si esperaba a que el ascensor volviera a bajar. Pero, por un demonio, las gradas parecían eternas y el olor de la pizza la traía ya casi mareada. Volvió a ver hacia atrás un par de veces esperando que alguien viniera o se ofreciera a ayudarla, pero ninguna de las dos situaciones se presentó. Una vez hubo llegado al tercer piso, alzó la mirada en dirección a la puerta de su apartamento y divisó unas botas de cuero gastado. Renji estaba sentado junto a la puerta, aparentemente, porque su vecina, la infiel como la llamaba ella, estaba recostada a la puerta de su casa hablándole con tranquilidad. Caminó hacia ellos con rabia y cuando él la vio se levantó de un salto y fue a ayudarle con lo que traía. Toma eso, perra pensó.

—¿Qué diablos, Rukia, para qué traes pizza? Se piden exprés. —Ella le mandó una mirada fulminante, Renji sonrió—. Déjame ayudarte. —Con sus enormes (y fornidos) brazos Renji tomó todo lo que Rukia traía, inclusive le ayudó con su cartera. Ella caminó campante hasta su puerta sin decirle nada. La infiel se apartó de la misma una vez Rukia estuvo frente a ella.

—Oh, Rukia querida, tanto tiempo sin verte, ¿cómo estás? —La abrazó tan superficialmente que hizo que ella se molestara. No pudo medir sus palabras.

—Ah, ¿tú te sabías mi nombre? Porque yo no tengo idea de cuál es el tuyo. —Hizo una mueca y subió los hombros—. Y por cierto, querida, te vi hoy en la mañana, cuando te estabas besuqueando con el conserje, así que no llevábamos tanto tiempo sin vernos. La llave, Renji. —Él estaba suprimiendo una carcajada, pero no pudo contenerla más en ese momento. Lo que Rukia había dicho le pareció algo cruel, pero la cara de la mujer era simplemente demasiado cómica para dejarla pasar. Le extendió la cartera a Rukia y ella sacó la llave. Entraron, ella le sonrió una última vez a su vecina antes de cerrar la puerta.

—Eso fue algo cruel —puso las cosas sobre la mesa de la cocina— sabes.

—Nunca me agradó esa mujer. Hasta a Byakuya ha tratado de conquistar. Es una de esas mujeres que no tienen paz hasta no haber estado con todos los hombres que les pasan por el frente. —Comenzó a sacar los víveres de la bolsa, también venían un par de utensilios de cocina.

Renji se le unió. —A mí me pareció que actuaste como una mujer celosa. —La miró de reojo, a ella se la calló una zanahoria de la mano, se sonrojó. Él fingió no haber notado nada.

—¡¿Qué dices?! Yo no soy una mujer celosa, aparte no tengo motivos para sentir celos. Tú trabajas para mí, Renji, eso es todo. —Él sonrió de medio lado.

—Sí, tienes razón. Eso fue lo que le dije exactamente cuando me preguntó qué tipo de relación teníamos. Luego me preguntó a qué me dedicaba y entonces dijo que ella tenía una gotera en su habitación, que pasara a revisarla más tarde. —Rukia negó con la cabeza, indignada.

—Es imposible que haya una gotera en su habitación. Queda un piso más, Renji. ¿Vas a decirme que eres tan tonto como para creerte eso?

—Claro que no lo soy. Le dije que terminaría tarde aquí y que después tenía otra cosa que hacer. Aunque no le dije que lo otro que tenía por hacer era irme a descansar a mi casa. —Se volteó a mirarla y le sonrió. Ella resopló fingiendo fastidio, pero él pudo ver que en realidad estaba complacida.

Una vez hubieron acomodado las compras, y la pizza, Renji se dedicó a sus labores y Rukia se sentó a hacer apuntes del trabajo en una mesa cercana a él. De vez en cuando volteaba a mirarlo, pero de él solo se veía la mitad de su cuerpo ya que la otra mitad se encontraba sumergida bajo el fregadero. Rukia recordó lo que Matsumoto le había dicho una vez sobre ver la parte importante y posó los ojos en la entrepierna de Renji una ola de vergüenza le recorrió de arriba abajo, rió forzadamente, hizo un par de tachones en su libreta y desvió la mirada.

Renji salió de su escondrijo, aparentemente había terminado el trabajo, ya solamente le quedaba revisar que todo funcionara. Llevaba un pañuelo de color gris atado a la frente y podía verse el sudor en este. Rukia se dio un momento para analizarlo, utilizaba una camisa manga larga; sin embargo tenía las mangas dobladas hasta los codos, dejando ver unos brazos fornidos. Abrió la llave de paso y revisó que el agua no estuviera goteando en ninguna parte de su recorrido, se rascó el cuello vagamente y ella prestó atención a sus manos, sus dedos eran delgados y alargados. También en ese momento notó que tenían tatuajes en el cuello, estos se camuflaban un poco debido al largo de su cabello. Volteó a verla.

—Bueno, me parece a mí que ya está listo, ¿te parece si te doy la hoja con la información del trabajo para que pueda presentarla a la compañía? No te lo había explicado antes, pero así es como funciona nuestro sistema de pago. —Estaba en el suelo, de cuclillas.

—C-Claro. —Rukia tuvo que extraerse forzosamente de sus pensamientos—. Dame.

—Sácala tú del bolso, ¿quieres? Es que yo tengo las manos sucias. —Señaló una enorme mochila de tela camuflada que había tirado en una esquina.

—¿T-Tú fumas, Renji? —Dijo sosteniendo una caja de cigarros sin empezar que había encontrado en el bolso de este.

—Ah, eso. —Se puso de pie y comenzó a lavarse las manos—. Solamente cuando estoy triste o preocupado. Básicamente casi nunca fumo, pero antes nunca lo hacía. Por cierto el grifo funciona a la perfección, eh.

Rukia encontró la hoja de papel y la llevó a la mesa para llenarla. Renji se sentó frente a ella. —Abarai… Renji —dijo mientras la llenaba—. ¿Edad?

—25.

—¿De verdad? Yo cumplo 25 en una semana… De hecho en menos de una semana. ¿Qué es esto de por contrato o por horas? —señaló una casetilla.

—Marca por contrato. Por horas suele ser más costoso y a veces trae problemas. Ya ves, el jefe nos habla y luego como duramos 4 horas dice "Al menos una media hora de eso deberías descontarla por hablar." En general en la compañía lo detestamos porque a varios de los compañeros les han pasado anécdotas problemáticas. Por lo general yo lo uso si el cliente me calló mal. —Hizo un ademán de desprecio con la mano—. ¿Qué día es tu cumpleaños?

—El 14, cae miércoles. —Seguía llenando—. ¿Qué anécdotas?

—Verás… —buscó las palabras más apropiadas para decirlo— la compañía tiene esta política de hacer lo que nos pida el cliente, aunque claramente nosotros podemos negarnos a hacerlo, y algunas veces los clientes nos piden algo a lo que llamamos trabajos de noche. —Rukia alzó la mirada—. Los trabajos de noche son, básicamente, tener sexo con el cliente.

—¿Pero qué put..? —No podía dar crédito a lo que había escuchado.

—Sé que suena completamente no profesional. Pero Kenpachi lo puso así y no tenemos nada que hacer para quitarlo, porque no nos obligan a tener sexo, ¿ya sabes? Uno decide si lo hace o no. —Rukia no le contestó nada, estaba indignada—. El caso es que muchas veces, las esposas, solicitan trabajos de noche, pero los inscriben bajo otro título y luego es un pleito porque dice como "Cambio de bombillo: 2 horas 30" y los maridos llaman a quejarse de nuestra incompetencia.

Rukia movió la cabeza en signo de negación y terminó de llenar la fórmula. Una parte de ella deseaba preguntarle ¿Y tú, Renji, has tomado trabajos de noche? Pero pensar en recibir una respuesta que no le gustara le hacía retroceder. Firmó la hoja y se la extendió, sacó de su cartera el dinero, Renji le había cobrado 125 y ella había sacado 25 más para darle a modo de propina. Le extendió el efectivo y él le sonrió, lo contó frente a ella.

—Aquí hay 150, Rukia, quedamos en 125. —Le extendió los 25 restantes—.

—Es propina, Renji. —Le sonrió y empujó su brazo de regreso hacia él. Él le agradeció, hacía ya buen tiempo que por un trabajo como ese no le daban propina. Se miraron por unos instantes y él realmente quiso pedirle su número de teléfono, pero después de toda el asunto de los Trabajos de Noche ella parecía algo distante.

Comenzó a echar las herramientas de vuelta a su caja y una vez hubo terminado, se dirigió hacia su mochila, la cual recogió con cierto malestar. Pensó que más tarde esa noche se sentaría en el tejado a fumar un cigarrillo y a contarle a su padre su día y lo cobarde que fue al no pedirle a ella su número, o hablarle de su tiempo juntos en la infancia, o si quiera preguntarle si estaba saliendo con alguien. Se acercó a ella y beso su cabeza, en un impulso por llevarse algo suyo, esto la hizo sonrojar y recogerse un poco hacia el otro lado. Lo miró a los ojos, sorprendida, pero más que todo apenada.

—Bueno, Rukia, he acabado acá. —Le sonrió—. Así es como termina el primer trabajo que hago para ti. El primero de muchos, espero.

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Fin del Capítulo 2.

Bueno, este capítulo salió algo (demasiaaaado) más largo de lo que hubiera querido. De hecho tuve que cortarlo ahí porque ya era demasiado extenso D: Sin embargo, ya comencé a trabajar en el tercero jaja. :3

Para el próximo capítulo nuevamente les digo que lo subiré, a más tardar, el domingo; solamente que esta vez mi fecha límite será el 29 y no el 22. Pero debe estar mucho más pronto, presiento que ese no será tan largo como éste. Una aclaración que hago con este capítulo es que tomen la moneda como si fuesen dólares ya que esta me parece la moneda más universal.

En cuanto a mis queridas lectoras Renrukeras les agradezco mucho por pasarse a dejarme sus reviews, de verdad cada vez que leo uno me entra como una motivación enorme (seguramente por eso este capítulo se me hizo tan largo jeje). Me alegra que les guste la idea de FanFic y disfruten de su contenido. Una de las chicas en particular me consultó sobre cómo hacía para recibir notificaciones cuando subía un capítulo. Para eso, linda, tenés que hacerte una cuenta de usuario con y suscribirte a la historia. Espero que te resulte bien. Saludos a las 3 muñecas que me han pasado a dejar sus review. C:

Nunca está demás decir que los personajes de este fanfic son obra de Tite Kubo y lo único que es mío es la idea del mismo.

Nos estamos leyendo. Un abrazo, Etsuku.