—Es propina, Renji. —Le sonrió y empujó su brazo de regreso hacia él. Él le agradeció, hacía ya buen tiempo que por un trabajo como ese no le daban propina. Se miraron por unos instantes y él realmente quiso pedirle su número de teléfono, pero después de todo el asunto de los Trabajos de Noche ella parecía algo distante.

Comenzó a echar las herramientas de vuelta a su caja y una vez hubo terminado, se dirigió hacia su mochila, la cual recogió con cierto malestar. Pensó que más tarde esa noche se sentaría en el tejado a fumar un cigarrillo y a contarle a su padre su día y lo cobarde que fue al no pedirle a ella su número, o hablarle de su tiempo juntos en la infancia, o si quiera preguntarle si estaba saliendo con alguien. Se acercó a ella y beso su cabeza, en un impulso por llevarse algo suyo, esto la hizo sonrojar y recogerse un poco hacia el otro lado. Lo miró a los ojos, sorprendida, pero más que todo apenada.

—Bueno, Rukia, he acabado acá. —Le sonrió—. Así es como termina el primer trabajo que hago para ti. El primero de muchos, espero.

Capítulo 3: Omelettes:

—¡Espera, Renji! —Le tomó del brazo con firmeza—. Verás… —había desviado su mirada hacia otra dirección— debes quedarte a cenar. Es decir, quédate a cenar. Ayer pensé que fue poco cortés de mi parte no invitarte a cenar después de que terminaste. —Se rascó la cabeza y levantó sus ojos hacia él—. Así que quédate, que no quiero sentirme mal otra vez. No son los modales que me enseñaron. —Se justificó.

Renji, por su parte, estaba sorprendido y por más de una cosa para ser exactos. No esperaba para nada que ella le invitara a comer de una manera tan repentina, también ahora había comprobado que, al igual que él lo había hecho, Rukia había pensado en su encuentro la noche anterior y esto le hacía sentir bien, confiado. Por último le sorprendió la firmeza con la cual le había tomado el brazo, de niños ella había tenido fuerza, él lo recordaba, pero una vez hubo observado que no había crecido más que un par de centímetros, había asumido que su fuerza se había quedado pequeña también.

—Vamos, di algo, tonto. —Tenía el ceño fruncido. Renji rió levemente y despertó de su momentánea desconexión.

—Estaba sorprendido, mujer, eso es todo. Menuda fuerza tienes considerando las proporciones de tu cuerpo. —Consideró que la mejor manera de manejar la situación era tomar una actitud cómica.

—¿¡Eh!? —Le soltó de su agarre con un empujón brusco—. Yo soy la que debería estar sorprendida, ¿qué rayos fue todo ese asunto de darme un beso en la frente y decir algo tan raro? Yo soy tu jefa en este momento, ¿qué te crees? —Se había cruzado de brazos.

—Ma, ma. Si nos ponemos estrictos, dejaste de ser mi jefa una vez firmaste el papel y me hubiste cancelado. El beso y las palabras fueron pura camaradería. Yo creí que esto de la cena era igual. Ya sabes, Rukia, en ninguna parte de nuestro acuerdo decía que el segundo día tenías que invitarme a cenar. —Había vuelto a poner la caja de herramientas en el suelo y se encontraba recostado a una pared, al igual que ella, con los brazos cruzados.

—Verás, la verdad es…

La verdad era que el plan de Rukia no había salido como ella esperaba. Contaba con que llegaría al menos media hora antes que Renji a su casa, con sus compras y su caja de pizza. Luego de llegar se sentaría a comer uno o dos trozos de la misma, para que, a la hora de que Renji se fuera a ir ella soltara algo ingenioso como Vaya, hace hambre, luego hiciera una pausa dramática y agregara ¡oh, ahora que lo recuerdo! Tengo una pizza vieja en el refrigerador y puede que se joda. Podrías ayudarme a gastarla, ¿sabes? Y entonces toda la invitación a cenar hubiera sido puramente un aprovechar las circunstancias y no un desesperado intento por hablarle un poco más.

… la verdad es… —soltó lo primero que se le ocurrió sin siquiera analizarlo antes— que creo que vives solo y los hombres que viven solos tienden a comer puras porquerías. —Maldición, Rukia, pensó, eso es exactamente lo que tú haces.

—Pues, gracias por preocuparte por mí pero, ¿te parezco alguien que tiene malos alimenticios? —abrió sus brazos a modo de exclamación, haciendo que la camiseta sobre su pecho se tallara un poco, marcando levemente unos tonificados pectorales.

—¡Claro que sí! —Ni ella lo creía—. Una vez leí que las personas que se tatuaban eran personas con malos hábitos alimenticios. —Supo que esta había sido la peor mentira de la noche. Renji alzó la ceja, indignado.

—Eso es demasiado estereotipado, ¿dónde leíste esa porquería? —se le notaba ofendido.

—En una revista. —Rukia no estaba dispuesta a mantener una discusión al respecto. —Pero era una muy mala a decir verdad. —De pronto un recuerdo entró de lleno a su cabeza—. Ahora que mencionas estereotipos, ¿tú crees que colocar color azul en el fondo de una habitación, para promocionar una muñeca en un anuncio de televisión, esté estereotipado?

—La gente suele montar un montón de estereotipos a los tattoos. Pero no esperé que tú fueras a darles importancia. Quiero decir, que no te asusten. El hecho de que los tenga no me hace mejor o peor trabajador y, mucho menos, persona. —Tenía el ceño algo fruncido, de pronto pensó en la otra pregunta que ésta le había hecho—. Pues no me parece nada estereotipado, de hecho si pusieran la pared rosa sería lo sería mucho más. —Giró su cabeza hacia un lado, algo confundido—. ¿Por qué?

—Es para una discusión sobre un proyecto que le asignaron a mi equipo en la compañía. —Se sentía satisfecha con la respuesta, probablemente era la seguridad con la que Renji hablaba la que le daba confianza—. Verás, llevamos como tres días discutiéndolo.

—Vaya… eso es raro, digo, me parece una discusión muy sencilla para que merezca una discusión de tres días. —Rukia asintió con expresión de fastidio—. Ahora que recuerdo nuevamente todo el asunto de los tatuajes y los hábitos alimenticios —la morena tragó saliva— considero que, ya que admites que era una mala revista, te la dejaré pasar —le guiñó un ojo—, ¿quieres decirme que vas a prepararme para cenar?

Por más increíble que le pareciera, cada vez que el sujeto le guiñaba un ojo de esa manera, a ella le entraba cierta sensación de confianza, algo le revoloteaba allá dentro. —¡Pizza! Nada mejor, ¿eh?

—¡¿Pizza!? —Estaba atónito— ¿Pero acaso no acabas de decirme que me invitabas a cenar porque los hombres que vivimos solos comemos pura chatarra? —Rukia cayó en la cuenta de que se había enterrado sí misma—. ¿Lo tenías planeado desde un principio?

—¿Qué cosa? —¿Es posible que me haya descubierto? Pensó.

—Pues soltar esa tontería de la chatarra solo para fastidiarme. Vamos, Rukia. Al menos prepárame alguna cosa si ya me invitaste a cenar con esa idea de la comida saludable. No tienes que prepararme Pollo al Limón, con sólo que me hagas algo sencillo estará bien.

—Es que yo… —giró la cara sonrojada— llevo mucho tiempo sin cocinar —hablaba casi en susurros— y el otro día que iba a hacer omelettes me percaté de que la pila estaba mala y fue que te llamé.

—Pues haz omelettes entonces, la pila está buena ahora, más buena que nunca me atrevería a decir. Aparte aunque sean un desayuno, son bastante sabrosos. A mí me gustan. —Se acomodó para dejar su rostro frente a ella.

—Sobre eso… —volvió a girar la cara. Renji empezó a sospecharse por dónde iba el asunto. No le sorprendió tanto después de que ni siquiera conociera la palabra plomería.

—Anda ya, yo te ayudo. Me gusta cocinar, de todas maneras, y como ambos parecemos personas de lo más capacitadas —aunque no fuese así— seguro que conseguimos unos omelettes de infarto. —Le sonrió y fue a buscarle el delantal con chappy miniaturas que había divisado hacía un par de horas, metido dentro de una gaveta de los muebles de cocina, se lo extendió. Rukia lo miró algo seria y luego lo tomó. En realidad a ella le gustaba la idea de cocinar con él, pero le apenaba un poco más de lo que le gustaba.

—Entonces mientras tú bates los huevos yo pico lo demás, ¿te parece, Rukia? —se encontraban uno junto al otro en la cocina, sumidos en sus labores.

—Ya, ya. Deja de hablar. Actúas como si yo fuera una niña. —Comenzó a vaciar los huevos para luego mezclarlos.

—Cómo esperas que no te trate como a una niña si eres de su tamaño. —La miró de reojo—. No vayas a olvidar la sazón, ¿eh?

Rukia le lanzó una mirada fulminante que le hizo reír. —Deja de meterte con mi estatura. Tampoco es tan normal que tú seas tan alto. —Cayó una cáscara de huevo dentro del recipiente y tuvo que batallar para sacarla—. ¿Por qué diablos es que tenemos que echar tantos huevos?

—Mi padre me había dicho una vez que es más fácil sacar los trozos de cáscara con la misma cáscara que intentarlo con una cuchara…

—Cállate. —Le interrumpió, envuelta en concentración, al intentar sacar la cáscara. Renji rió de nuevo.

—Y lo de echar tantos huevos es porque ya te lo dije, yo me como al menos tres omelettes. —Rukia al fin logró sacar la cáscara y se podía ver la sensación de triunfo en sus ojos—. ¿Cuánto mides, mujer? De estatura, ya sabes, por aquello que se malinterprete.

—¿Cómo diablos eso sería malinterpretable? —Volteó a verlo y él hizo una mirada que la llevó a descubrirlo en un santiamén—. Vaya, por un demonio Renji, yo nunca lo habría malinterpretado. —Él alzó los hombros a modo de respuesta, estaba concentrado en lo que picaba—. 1.44.

Dejó de picar y volteó a verla, atónito. —¿Ni siquiera 1.50? ¿Cómo haces para conseguir ropa elegante, como esa que usas, de tu talla? —Rukia le tiró una cáscara de huevo, la cual esquivó para luego reír. —Si comieras tres omelettes en lugar de uno probablemente serías más alta. —Rukia le tiró otra cáscara y ésta vez él subió el brazo derecho a modo de reflejo, evitando que le pegara en la cara.

—Eres un insolente, Renji. —Pero el punto de Renji quizá meritaba el beneficio de la duda.

—Bah, Rukia, me untaste el brazo con huevo. —Jaló una servilleta para limpiarse.

—¿T-Tú, cuánto mides? —Rukia se estaba preguntando si en algún momento había leído por ahí que los huevos ayudaban a crecer, porque si lo había leído debía ser mentira, o al menos no funcionaba con ella, ya que los había comido toda su vida y nunca había logrado obtener grandes cambios físicos.

—¿De qué parte? —Le sonrió de manera socarrona en inmediatamente puso los brazos en forma de equis sobre su rostro, para protegerse de las cáscaras de huevo que venían. Las había lanzado con una mezcla entre fuerza y vergüenza.

—¿C-Cómo te atreves? —Bajó su mirada hasta la cadera de Renji y volvió a subirla en un santiamén. Al él ver esto no pudo retener una carcajada—. ¡No me interesa cuánto mides allá abajo, Baka-Renji!

—Ya, ya. Sólo fue una broma de mal gusto, discúlpame. —Volvió a dirigir su mirada hacia la tabla de picar—. Mido 1.88.

—¿88? —Él asintió—. Eso es el doble de 44, no el triple. Es decir, que deberías comer el doble de omelettes que yo, no el triple. —Lo miró de manera coqueta, pero vacilona. Él alzó las cejas.

—Aun así me comeré 3 omelettes, Rukia. —Volteó a mirarla y le sonrió, ella negó con la cabeza mientras reía—. ¿Ya tienes listo eso? Porque yo ya tengo listo esto.

—Yo te estaba esperando a ti. —Alzó la cara de manera altiva—. ¡Já! Menudo incompetente.

—¿Crees que esa es la forma correcta de tratar a un empleado, jefa? —La miró de manera retadora, ella le mantuvo la mirada.

—Creí que habíamos acordado que esto era pura camaradería. —Le guiñó un ojo, enviándolo un poco fuera de base.

—La verdad es que te quedaron salados. —Estaban sentados a la mesa—. Esto de la cocina no es como lo tuyo, ¿verdad?

—Es que tú me traes mala suerte. Cuando estoy sola la comida me sale mucho mejor. —Renji prefirió no argumentar nada por temor a despertar su ira de nuevo—. Tu apellido es Abarai, ¿cierto?

—Así es. ¿Por qué, pasa algo con él? —Le lanzó una mirada interrogativa.

—Se me hace como familiar. —Se echó un bocado.

—¿Ajá? ¿De dónde? —El hombre comía a una velocidad al menos tres veces mayor que ella.

—No sé. Tal vez de la Universidad o algo así. —Él suspiró resignado, por un momento había creído que habían suficientes recuerdos en ella para recordarlo—. De hecho tu nombre completo se me hace familiar.

—Pues, no soy un hombre muy fácil de confundir a decir verdad.

—Qué engreído suenas. —Hizo una pausa para masticar—. ¿Por qué?

—1.88, pelo rojo y largo, tan tatuado, no sé. Me gusta pensar que no soy fácilmente confundible, ¿No lo crees? —Ella parecía analizarlo—. Quiero decir, ¿a cuántos sujetos con mi apariencia te topas en la calle?

—A ninguno, creo. Pero es que es eso lo que me confunde, porque tu nombre es familiar para mí, pero tu apariencia la saca del estadio. —Prestó atención a su rosto, se asomaba algo que parecía tinta en su frente—. ¿Cuál fue el primer tattoo que te hiciste?

Renji se soltó un pañuelo de tela que llevaba atado en la frente, dejando al descubierto tatuajes que, hasta ahora, Rukia no había visto. Confirmó en ese momento que aquello que parecía tinta en verdad lo era y se preguntó en qué otras partes de su cuerpo tendría tatuajes que ella no conociera y permitió a su imaginación volar hacia la dirección que se le antojara.

—Éstos fueron. Justo los que están sobre las cejas y en su punta. Primero eran más pequeños, llegaban hasta aquí —señaló un punto en su frente— luego los fui agrandando, dándoles más forma. De ahí comencé a bajar.

—¿A bajar? —Renji se volvió a atarse el pañuelo.

—Sí, por el cuerpo. —Hizo la cabeza hacia un lado, revelando más su cuello—. ¿Ves los del cuello? Fueron los siguientes que me hice y así seguí. ¿Quieres que te muestre los demás? —Le sonrió de manera sexy. Rukia tragó saliva y desvió la mirada.

—Tal vez en otra ocasión. —Se echó un sorbo de jugo de naranja a la boca con nerviosismo, atragantándose levemente. Tosió un par de veces y, después de indicarle a Renji con un gesto de la mano que todo estaba bien, decidió cambiar de tema antes de que él le hiciera más comentarios al respecto. Se prometió a sí misma tocar el tema de los tatuajes con algo más de cuidado de ahora en adelante—. ¿Todos los trabajos que haces suelen tener una duración como esta?

—Para nada. —Negó con la cabeza—. Todos los trabajos de plomería suelen sacarse muy fácilmente y, no puedo mentirte, me ha tocado hacer trabajos de lo más tontos como sacar una víbora de una casa o, peor aún, una vez le bajé un gato de un árbol a una señora mayor. Recuerdo con particular afecto una vez que unos padres de familia me contrataron para hacerle una casa del árbol a unos gemelos que tenían. —Miraba hacia una pared mientras narraba—. Ellos la querían ambientada de piratas, así que le hice el aspecto de una proa en la parte del frente. Los pequeños quedaron maravillados y me hizo sentir muy bien.

—¿Ese ha sido el trabajo más largo que has hecho?

—No, no. Una vez, entre un amigo y yo, hicimos toda una planta alta a una casa pero como éramos dos supongo que no cuenta. —Frunció el ceño mientras analizaba—. Por lo general los trabajos de construcción suelen tomar más tiempo que los demás.

—¿No has hecho de construcción tú solo? —Escuchar las anécdotas de Renji le gustaba, le hacía ver un mundo del cual ella nunca había sido parte y; por lo tanto, le inquietaba.

—Pues he cambiado cerámicas, pulido escaleras, pintado casas, demolido paredes, pero nunca me ha tocado hacer una remodelación a una casa completa por mi propia cuenta. Supongo que hacer una remodelación sería lo que me demoraría más. También trabajo en un bar, ¿sabes?

—Yo no suelo visitar bares, ¿pero en cuál trabajas? Tal vez en algún momento me pase con alguien por ahí. Lástima que sea un bar y no un restaurante, para poder criticar tus habilidades culinarias así como tú criticas las mías. —Ambos habían finalizado la cena, pero todavía se encontraban sentados a la mesa, con los platos sucios al frente, platicando.

—Jé. Es uno que también es de Kenpachi, mi jefe en Maridos. Está pegando con las "oficinas." —Hizo signos de comillas con los dedos al decir esta última palabra—. Si te acercas ahí con un novio, Rukia, puede que no les atienda de la mejor manera.

—¿Por qué? —Ya Renji le había hablado anteriormente del edificio de su compañía, mientras estaban cocinando.

—Arruinaría la camaradería. —Le guiñó un ojo—. ¿Sales con alguien? —Pensó que su pregunta era demasiado directa—. ¿O en general sales mucho?

—No, no salgo mucho. El trabajo me deja lo suficientemente cansada para pensar en salir en las noches a "divertirme." De vez en cuando mis amigos vienen a visitarme, o nos vemos algún fin de semana, pero tampoco son muchos mis amigos y mucho menos son del tipo que salen de fiesta seguido. ¿Qué hay de ti?

—No salgo con nadie, especifico esta parte ya que tú la dejaste algo ambigua en tu respuesta. —Hizo un gesto cómico a modo de reproche, Rukia puso los ojos en blanco, divertida—. He salido con gente muchas veces, pero es como que no veo en las personas con las que salgo algo que me impulse a querer continuar saliendo. Y en general yo sí salgo bastante, pocas veces estoy en la casa, pero más que todo por los trabajos y no porque me vaya mucho de fiesta, aunque no estoy negando que lo he hecho, o que de vez en cuando lo haga. —Hizo una pausa—. Creo que ya te había comentado que después de que murió mi padre estuve un poco difuso, fue en esos tiempos que salí más de fiesta.

—¿No tienes novia ahora entonces? —Asintió—. Pues vaya situación más curiosa. Si pareces un hombre de esos que pasan de una novia a otra. —Le hizo una mirada retadora, Renji alzó una ceja, divertido.

—Va, si novias he tenido varias, pero todas cuando estaba cabro chico. Una vez me fui de la casa de mi papá, me volví… —buscó una palabra apropiada— distinto. Porque maduro no fue.

—¿Y eso? Mira que ese punto no te hace ver mucho mejor.

—No hay forma de que esto me haga ver mejor. Verás. —Hizo contacto visual— Me di cuenta que para pasar el rato, no era necesario tener una novia. Uno puede obtener lo que quiere con algo de facilidad. —Rukia alzó las cejas con sorpresa—. ¡Claro que no es que suela hacerlo! Llevo ya un tiempo bastante calmado.

—Eso de soltar una línea de "ahora soy calmado" después de un "pasaba levantándome a quien me diera la gana" no funciona para nada, Renji. —Rukia rodó los ojos—. Aparte pusiste un bastante en tu oración.

—Yo no lo dije de esa forma. —Se rascó el cuello, viéndolo así sonaba mucho peor de lo que era o había sido.

—Pero la esencia es la misma, Renji. —Rukia rió—. Yo nunca fui así como tú, fui mejor influencia y más calmada. —Alzó la mirada al techo, Renji no le contestó—. Cuando fui joven, cabra chica como dices tú, nunca tuve novios, ni ligues o amarres, como sea que les llames. Solamente dos veces me he enamorado y cuando estaba en el colegio fue una de esas veces. Tenía 15 y me enloquecí por un amigo mío. Nunca le dije nada, pero es que nuestra relación era en verdad una de esas amistades que se es más como un hermano que cualquier otra cosa. Aún nos hablamos, la verdad. Nuestra relación sigue siendo buena. —Hizo una pausa y entrelazó los dedos sobre la mesa—. Me alegra muchísimo no haberlo arruinado.

—¿Y cómo es que estás tan segura de que lo habrías arruinado? Suenas como chiquilla, Rukia. Eres una mujer muy interesante, no eres el tipo de persona que arruina las cosas. —Le dedicó una sonrisa amistosa—. O al menos no tienes para nada la pinta de serlo.

—Porque de verdad te digo que nosotros éramos como hermanos. De hecho al yo pensar que él me gustaba me sentía como mal, sentía que estaba traicionándole a él y a lo que éramos. Él no me veía como a una mujer, me veía como Rukia. —No parecía triste al mencionarle—. Y no me afecta ni nada por el estilo, nunca me afectó verdaderamente.

—¿Y qué hay de la otra vez? —La voz de Renji fue suave.

Rukia metió sus labios hacia dentro, relamiéndolos con su lengua, dentro de su cavidad bucal. —El otro hombre fue una historia diferente. Ese sí supo que yo le amaba. —Tenía la mirada clavada en sus manos, de dedos entrelazados, apoyadas sobre la mesa—. Era mi… compañero de trabajo. Ya no trabajamos juntos. —Tragó saliva, se veía tristeza en sus ojos.

—Yo solamente he estado enamorado una vez en toda mi vida. Conocí a esa mujer hace muchos años y aún no puedo olvidarla. —Rukia alzó los ojos púrpura hacia él—. ¿Quieres saber cuál es la peor parte? —Renji la miró a los ojos—. Ella ni siquiera me recuerda y yo nunca paré de pensarla.

—¡Menuda depresión! Lo lamento, Renji. —Escuchar que uno no es el único malo en algo le hace a uno sentir empatía.

—No hay nada que lamentar, Rukia. Es fácil, hay personas que no tienen mucho éxito en cosas y nosotros les hacemos compañía a aquellos que aparentemente es el amor lo que no se les da; sin embargo, yo no me rindo con esta mujer todavía, ¿sabes? —Rukia bajó la mirada hacia sus manos nuevamente, tenía un jugueteo con sus pulgares.

—¿Dices que sigues esperando que resulte? —Renji asintió—. Pues, espero que ella se encante, o algo así, contigo. —Supongo que lo mereces, pensó, pero una punzada de celos, o quizá de un vago dolor, le estocó el pecho.

—Yo tengo fe de que así sea, mujer. —Estiró los brazos por detrás de la cabeza—. He disfrutado nuestra velada, ¿ves cómo la camaradería hace que las pláticas sean más llevaderas? —Terminó por poner sus brazos recostados a su cabeza y viceversa.

—Deja eso de la camaradería. —Separó sus manos e hizo un gesto de desdén con una de ellas—. La verdad es que este ha sido un encuentro muy raro. Es la segunda vez que te hablo y mira cómo te trato; con confianza y demás. Este no es mi estilo, Renji. —Él tenía los ojos cerrados, así que ella se permitía observarlo sin límites.

—Va, no es la segunda vez que hablamos, es la tercera ya que hablamos por teléfono. —Sin contar toda nuestra infancia, se dijo para sus adentros—. Aparte puedes verlo como que soy tu marido si te hace sentir mejor—. Abrió un ojo para ver su expresión. Ella había hecho la cabeza hacia atrás con los ojos abiertos, en una mezcla entre rechazo y sorpresa.

—¡¿Marido?! ¿De qué rayos estás hablando, Renji? —Utilizaba sus brazos para hacer más énfasis en todo lo que decía—. No somos ni siquiera amigos, menos maridos. Esposos o lo que sea.

—Tss… no te pongas sulfúrica tampoco, ¿ya? Que yo lo decía por el nombre de la empresa. —Revisó una vez más su rostro antes de cerrar nuevamente el ojo—. Y eres cruel con eso de que no somos amigos, yo ya te estoy tomando cariño.

Rukia agradeció que Renji tuviera los ojos cerrados, así no pudo verla sonrojarse. —Es que amigos es como muy allá. Nos llevamos bien, pero esto es… camaradería. —Meditó un momento—. No solamente ha sido un encuentro raro, raro ha sido todo el día, incluyendo el hecho de que hoy cené omelette y mañana desayunaré pizza.

—Eso de mañana ya no cuenta, estamos hablando de hoy. Aparte tú pareces una persona de esas que, ante la gente, son como raras. Así que deja de quejarte de que el día haya sido raro. Mírate nomás, cocinas con un delantal de conejitos, mides menos de uno y medio y eres enojona. —Rukia lo pateó por debajo de la silla—. Y ahora agrégale a eso excesiva confianza con desconocidos, pero no vayas a tomarlo a mal que lo digo con cariño.

—Tú te ves mucho más raro que yo. —Hablaba con resentimiento—. Mírate, excesivamente alto, tatuado hasta en la cara, con un pelo de lo más desarreglado y ropa como de tipo malo. Pareces, legítimamente, una de las personas que si te topas en la calle a deshoras de la noche cruzas la acera. —Se cruzó de brazos.

Renji se enderezó en su silla, abrió los ojos y tenía el ceño fruncido. —Esto se está tornando un poco personal, seguramente es hora de que me vaya ya. Ya veo que esto de la camaradería a fin de cuentas no resulta ser algo muy tuyo. Puede que yo sea más… peculiar físicamente,pero también soy más simpático.

Rukia rodó los ojos y luego le miró directo a la cara. El tiempo en que se miraron fue inesperadamente más largo de lo que ella hubiera esperado. Él poco a poco fue desfrunciendo el ceño y enviándole calma a través de su mirada. Había un problema con los ojos ámbar del pelirrojo y era que le transmitían un voltaje no típico de ella y también había un problema con su sonrisa torcida y era que duplicaba el voltaje que sus ojos le transmitían.

—De acuerdo, me retiro entonces, Rukia. —Su cerebro trabajó a gran velocidad, pero no había ninguna buena excusa para retenerlo—. Me la pasé bien, eh. Practica un poco lo de la cantidad de sal. —Rió y se levantó de la mesa. Ella se levantó también y fue a traerle su maleta.

—Deja de fastidiar con todo ese asunto de la sal. —Renji había recogido su caja de herramientas, tomó la maleta que Rukia le había extendido, se la puso y ambos se encaminaron hacia la puerta. Ella abrió y volteó a verlo—. Si algo vuelve a fallar, voy a llamar a tu compañía.

—Si lo deseas puedes pedir que sea yo el que te atienda. Solamente debes decir que si pueden enviar a Renji —lo pensó un momento— y di que eres Rukia, así sabré cuánta prioridad darle al asunto. —Salió del departamento y miró hacia dentro, hacia ella.

—De acuerdo, preguntaré por ti. —Le sonrió, luego tragó saliva—. Adiós, Renji. Gracias. Por todo, ya sabes.

—Estoy para ti. —Le hizo una especie de reverencia. Se miraron un momento, pero sin más que decir Rukia comenzó a cerrar la puerta—. ¡Eh,Rukia! —Volvió a abrir la puerta, con sorpresa en su mirada—. Si estás cansada de sentirte sola, piénsame. —Le cerró un ojo, mostrándole la sonrisa torcida que le aceleraba el pulso. La morena se sonrojó sin saber mucho qué decir. —¡Nos vemos!

Y, sin más, se fue. Rukia se quedó con la puerta abierta y luego de un par de segundos sacó la cabeza a través del marco de la misma y pudo ver las últimas mechas de su cabello rojo esconderse, al él bajar por la escalera. Miró en su dirección un momento, luego metió su cabeza dentro del departamento nuevamente y cerró la puerta, le puso llave como de costumbre. —Piénsame… —susurró. ¿A qué rayos se refería con eso?

Recogió los trastes de la mesa y comenzó a fregarlos. ¿Estaría solamente soltando una frase astuta? ¿O era algún tipo de connotación sexual? La verdad es que en su mente a ambas podía darles cabida, inclusive a la vez y de hecho lo hizo. Más después de que Renji le soltara toda esa idea de que él había sido un hombre mujeriego, pero esto ella se lo había visto venir. Luego de fregar los trastes, mientras se ponía el pijama y alistaba sus sábanas para meterse dentro de ellas, hizo una especie de repaso a través de todo lo que le había pasado en ese día y una vez estuvo entre las sábanas pensó en el hecho de que Renji había estado toda su vida enamorado de una persona y llegó a la decisión de que el hombre usaba esta idea como una simple excusa para su comportamiento mujeriego.

Si Renji estaba enamorado de alguien, pero aun así coqueteaba con otras personas eso solamente significaba que era un hombre problemático porque, por ejemplo, con ella coqueteaba ¿Coquetearía también con todas las otras mujeres que le contrataban? Luego recordó a Matsumoto y que ella se lo había recomendado, inclusive desde un principio le había dicho que preguntara por él, tal y como Renji le había dicho que lo hiciera y esto, tampoco ayudaba del todo. En definitiva con Matsumoto había coqueteado y prefirió no darle más vueltas a esta idea.

Sin embargo todo esto no sería nada a lo que darle importancia si no existiera el enorme peso de que, con honestidad, a Rukia le gustaba Renji. Tal vez no era gustarle en el amplio sentido de la palabra, pero en verdad le atraía. Es que le gustaba su personalidad, que se riera tan seguido, que tuviera habilidades manuales, inclusive su voz. Pero también le gustaba su físico, le gustaba que fuera tan alto, se viera tan rudo y estuviera tonificado, la manera en que la miraba, la forma en que le coqueteaba. Le gustaba Renji en la manera en que era, despreocupado y atento a la misma vez. Al verlo quería que él se le acercara y la hiciera envolverse en su olor y esta sensación la había tenido desde el momento en que abrió la puerta y lo contempló por primera vez. Y para qué mencionar lo atractivo que se veía mientras trabajaba, cuando se centraba en un punto, hacía fuerza tensando los músculos de sus brazos y se rascaba el cuello cada vez que pensaba.

Renji le gustaba de una manera que ningún otro hombre le había gustado antes. Despertaba en ella no solamente empatía sino que le hacía subir un par de grados de temperatura, cosa que para ella era fácilmente reconocible, pero que; sin embargo, verdaderamente desconcertante. Porque esta sensación iba más allá de un simple jalón de hormonas y esto era capaz de decirlo debido a que cuando le pensaba sonreía y no solamente por fantasearle vagamente. No era solamente como que él fuera adictivo, era también que ella quería conocerlo más y disfrutarle más, haciendo a un lado sus inseguridades y los prejuicios que desde pequeña sus padres le habían inculcado. Verlo a él plenamente y dejar que él la viera también, sin sombras, sin disfraces.

Pero pensar todo aquello le llevaba a nada porque aunque al estar con él se sentía más llena de aire y más fuerte, a menos de que no se le volviera a joder algo, no tenía ninguna buena excusa para llamarle. Decidió que lo más sensato era diagnosticar aquello como una simple obsesión pasajera. Pero, para su desdicha, esta obsesión pasajera se adueñaba demasiado de sus pensamientos y no le ayudaba a aferrarse al sueño. Repentinamente se encontraba a sí misma con los ojos abiertos en lugar de cerrados y su mente a leguas de ahí. Pensando quizá en algo que él le había dicho, recordando el gesto que hizo cuando ella hizo un reguero de huevo en el mueble de la cocina, pensando en su risa cuando se encontró con la vecina en la puerta de la casa, o en alguna que otra ocasión su mente iba más allá y lo imaginaba realizando alguna tarea manual, destruyendo alguna superficie de cemento. Inclusive hubo una ocasión en que lo imaginó salir del edificio y la forma en que se debía ver conduciendo su motocicleta, con el viento agitándole el cabello que se le escapaba del casco.

Renji era un hombre auténtico, más allá de cualquier otro rasgo que a ella pudiese gustarle, y esto era lo que le hacía más atractivo, más interesante. Antes de dormirse sentiría muchísimo alivio, pensando en que ya tenía una opinión en cuanto al color azul y los estereotipos. No había nada malo con el hecho de que la pared del fondo fuera de este color e, inclusive después de decidir esto, pensaró en que no solamente el fondo de su comercial tenía porqué ser azul, que toda su casa podía serlo. De todas formas si contrataba un pintor este demoraría el tiempo necesario para crear vínculos de camaradería o algo más fuerte.

Camino a su casa, Renji sintió frío en sus brazos al conducir y, aunque quiso desviarse hacia su casa para poder descansar y platicarle a su padre sobre como su día había terminado mucho mejor de lo que él había esperado, debía ir a Maridos de Alquiler a entregar la hoja de pago, y el dinero. De paso podía hacer un par de horas en el bar y salir de una vez por todas de ese asunto.

Una vez estuvo acomodado tras la barra del bar prestó atención a la clientela. Habían mujeres bonitas en el lugar, una inclusive estaba haciéndole ojitos* desde hacía ya un rato, pero ninguna tenía aquello que poseía Rukia, aquello que había tenido desde siempre. Aquella elegancia que emanaba de cada una de sus acciones, por más torpes que estas pudiesen ser de vez en cuando, pero elegancia que a la vez no le hacía una mujer de esas que solamente pueden ser agarradas con un par de guantes —y guantes limpios, no cualquier guante de jardín o carpintería—. Esa noche no solamente había convivido con ella, sino que había aprendido cosas que probablemente si ella le recordara no le habría comentado de manera tan directa. Había aprendido de las veces que se había enamorado e, inclusive, que había un romance que había dejado cierta espina en ella; a decir verdad esta última situación no le causaba gracia del todo. Luego de pensarlo un poco llegó a la conclusión de que él había dicho un par de cosas que en verdad podían haberla embarrado Pero bueno, ella le estaba viendo como a un amigo y, tal vez, ser visto como un amigo no era algo tan malo.

—Un amigo no, Renji. Un conocido que le agrada. —Habló a la nada, sumergido en sus pensamientos—. Pura camaradería. —Sonrió, podía ser solo camaradería, pero cómo la disfrutaba.

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Fin del Capítulo 3.

Hola chicas y chicos, aquí estoy yo otra vez con un nuevo capítulo. Pero debo disculparme por haberme demorado tanto más de lo que esperaba, resultó que me invitaron a un viaje y no pude resistirme; sin embargo olvidé llevar la portátil y terminé por no poder escribir más que en las notas del celular. w"

Sin embargo hoy que llegué de nuevo a mi casa me la pasé todo el día transcribiendo el capítulo, editando las partes que no me convencían y aquí estoy subiéndole de nuevo. Agradezco a Karin McDowell y a Teddy Bear Moony por sus review, muchas gracias por sus palabras, de verdad me alegra montones-montones que estén disfrutando mi fanfic. 3

En cuanto a la actualización del mismo, espero que esté por lo menos de hoy en 8 días completo para poder subirlo. Este capítulo 4 que viene la verdad tengo ganas de escribirlo desde que se me ocurrió la idea del fic y espero que me salga tan bien como lo tengo planeado. :3 Pido disculpas nuevamente por haber hecho el capítulo tan extenso y esta vez tengo que agregar el hecho de que hubiera tanto diálogo, pero es que quería como crear la idea de que estaban teniendo una conversación muy llevadera y fluida. Saludos para todos aquellos que siguen mi historia.

Nunca está demás decir que los personajes de este fanfic son obra de Tite Kubo y lo único que es mío es la idea del mismo.

Nos estamos leyendo. Un abrazo, Etsuku.

*Ojitos: enviar miradas de coqueteo.

Y por aquello, cabro chico es ser como joven-no-mayor-de-edad.**