Capítulo 4: Del clima, el alcohol y las camisetas mojadas.

Era martes por la mañana. Martes 13 de enero, para ser exactos, y para ser las vísperas de su cumpleaños, Rukia no había podido tomar la calma que habría querido. Si bien era cierto sus cumpleaños nunca habían sido particularmente calmados debido a que su madre siempre había inventado un compromiso para ese día. Cuando era pequeña le celebraban fiestas con sus amigos, las cuales habrían sido quizá los planes que más había disfrutado de todos los que su madre organizaba y eso que eran pomposas y relativamente extravagantes, pero cuando uno es pequeño no se fija en eso.

Recordaba con particular alegría su fiesta de 6 años, la cual había tenido una ambientación llena de rosas. A media fiesta, poco tiempo antes de partir el pastel, se había escapado con un amigo suyo, que era su cómplice en todo lo que hacía, para irse a lanzar rodando por una colina embarrialada y disfrutar la llovizna que recién había caído. La cara que pusieron todos al verla entrar sucia y despeinada jamás se había borrado de su mente.

Sin embargo, una vez hubo cumplido 10 años, las fiestas se acabaron —o al menos las divertidas— y comenzó su madre a celebrarle algo a lo que llamó fiesta de té. Lo cual era, básicamente, reunirse a tomar té con su madre, las amigas de su madre y las hijas delicadas de estas amigas. Debía utilizar vestidos de colores claros, unos guantes finos que hacían que las tazas de porcelana fina se resbalaran de las manos y estar sonriendo todo el tiempo aunque nada de aquello la entretuviera o alegrara en realidad. En esa etapa de su vida, había llegado a la conclusión de que no debía existir nada peor que una fiesta de té. Lastimosamente para ella, a los 15 años cambiaría de opinión.

Cuando cumplió 15, en su casa organizaron el mayor evento social al que ella había tenido la "suerte de asistir" —esto según palabras de su madre—. Le hicieron vestir de blanco, pero no con un atuendo sencillo, todo lo contrario, con un costoso vestido demasiado pesado para ser cómodo, utilizar maquillajes claros que le montaban unos tres o cuatro años más, domar unos tacones demasiado punzantes y desfilar ante un montón de viejos de copete, como les llamaba ella, para así presentarse ante la sociedad distinguida. Debía aprenderse una coreografía llena de giros, memorizar un discurso para decir ante todos —que claramente ella no había escrito—, sonreír todavía más que en las fiestas de té y mantenerse caminando por el salón, saludando a todos mientras lucía sus atributos.

Todo esto habría sido quizá tolerable para ella si no hubiese inventado su madre que tenía que hacerlo junto a un acompañante. En un principio Byakuya tomaría este puesto, haciendo más liviano el trabajo, pero por las palabras de una de aquellas amigas de su madre que le había acompañado a tomar el té durante 5 años, lo habían cambiado a que fuera un joven desconocido para ella —que justamente sería el hijo mayor de esta mujer—. Su acompañante era levemente flaco, medianamente alto y altamente arrogante. Para su dicha nunca, después de los ensayos y durante la ocasión, tuvo que volverle a dirigir la palabra. Quizá el único pro de este evento, en comparación con las fiestas de té, había sido el hecho de que le habían dejado invitar a sus amigos más cercanos así que, entre la multitud, habían estado tres personas, que aparte de su familia, eran los únicos que le importaban, pero sí que se había arrepentido de esto con el pasar del tiempo, después de escuchar las bromas de Ichigo. Tōshirō y Orihime en un principio no habían hecho ningún comentario negativo, pero a medida que las bromas de Ichigo se volvían más toscas —y atinadas— se les escapaba alguna risilla o comentario y hoy en día, seguían recordándolo.

Una vez que los 15 se fueron y con ellos todas sus complicaciones, los cumpleaños de Rukia habían caído en una especie de rutina hasta los 20, cuando obtuvo su primer trabajo. Este otro periodo de 5 años fue el más tranquilo, su madre celebraba una cena familiar, invitando a alguno que otro pariente. No le involucraban en ninguna organización, solamente le compraban un vestido y alguna joyería, le preparaban un atuendo sobrio y se sentaban todos a la mesa a disfrutar de alguna cena poco común y completamente deliciosa. Esos días podía levantarse tarde por la mañana y tomar vino por la noche; sin embargo, cuando se fue de su casa, esta sensación de calma por el cumpleaños se perdió y se transformó en una cena vacía y sin color, en algún restaurante disparatadamente fino en la ciudad. Le depositaban unos 300 dólares en su cuenta bancaria para que se comprara algo adecuado para la ocasión y le llevaban algún regalo. Durante la comida la sermoneaban sobre que debía trabajar para la compañía familiar y le preguntaban cuando comenzaría a ubicarse seriamente y buscaría una pareja.

Ahora que había pasado otro periodo de 5 años, Rukia se había comenzado a preguntar qué cambio realizaría su madre esta vez, pero una vez hubo sabido la respuesta juró que preferiría volverse a pasear entre viejos de copete enseñando la mercancía, como le había llamado Ichigo. Para los 25 la idea de su madre era hacer algo casual, pero para ella era más como encontrar la forma de fastidiar a Rukia ahora que la he visto tranquila durante tantos años seguidos. Si esta era la manera de celebrar de ahora en adelante que la disculparan, pero ella comenzaría a pasar los cumpleaños fuera del país o, mejor aún, en caso de que se quedara en su casa, los esperaría con comida china.

No obstante, al ser esta la primera vez y esperando también que fuera la última, Rukia había decidido dar lo mejor de sí y había buscado información sobre recetas sencillas pero deliciosas, había pasado su completo fin de semana practicando preparar una y otra cosa, había leído sobre vinos y también sobre postres y, en aquel momento, se consideraba preparada para todo lo que le esperaba al día siguiente. Su jefe le había dado el día de su cumpleaños libre así que podía, tal y como lo hizo de más joven, dormir tarde y comenzar con sus labores alrededor del mediodía. A fin de cuentas no parecía que fuera a estar tan mal como ella esperaba que saliera.

Para el presente martes tenía preparada más de una actividad. En relación con el trabajo, lo primero a tocar eran —finalmente— los últimos detalles del anuncio de la muñeca, solamente tenían que limar un par de asperezas y estaría concluido. Una vez lo concluyeran debía enviar toda la propuesta por escrito a la compañía y esperar una aprobación. Consideraba que terminaría esto poco antes de la hora de almuerzo y podría tomarse esta con calma, disfrutando así que, por primera vez en toda su vida como asalariada, estaba llevando almuerzo; inclusive había traído una vieja lonchera que le habían regalado una vez en su Banco. Si salía bien esto del almuerzo podía ser que hasta se comprara una lonchera bonita, púrpura estaría bien.

Una vez concluido el almuerzo tenían una Junta de Coordinadores para revisar la condición financiera en que había quedado la empresa a finales del año pasado, hacer también una revisión de los proyectos asignados y dar declaraciones en cuanto a ciertos trabajadores que se encontraban bajo la mira. Estas eran reuniones pesadas, pero sabía llevarlas muy bien y casi las disfrutaba, cuando se encontraba en ellas no podía parar de soñar con el momento en que ella escalara más puestos y pudiera ser más dura de lo que era Ukitake-dono en relación con algunas cosas. Una vez finalizada la reunión probablemente le dejarían ir en paz.

Pero nada de esto era parte de su trabajo pesado para ese día, el trabajo pesado era ir a atender las cosas necesarias para el día siguiente. Primero tenía que comprarse un vestido, pero le costaba encontrar alguno que le gustara y a la vez le quedara a la perfección. Luego debía buscar un mantel para su mesa, ya que su madre le había dicho la última vez que la visitó que el mantel actual no hacía juego con el resto de su decoración y no quería volver a escuchar la misma cantaleta. Por último debía pasar a comprar los víveres que utilizaría para cocinar y el vino. Si algo había hecho ver a Rukia todo este asunto de la cena era que debía comenzar a darle prioridad a comprarse un carro, le iba a salir carísimo estar pagando taxi de un lado para otro y ese día llevaba muchas cosas para caminar (si inclusive tuvo que alistar un par de zapatos de tacón en su bolso, para probarse con los vestidos).

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El día de Rukia marchó sin prisa dejándola pensar en más de una cosa. La cena con su familia era, indudablemente, algo a lo que darle vueltas —más desde que supo que Hisana* iba a acompañarles—, pero, a decir verdad, no solamente el encuentro con sus familiares se encontraba en su mente. Para su fortuna el comercial de la muñeca se encontraba completamente resuelto, expuesto a sus supervisores y estaba casi completamente segura de que también estaba aprobado por su solicitante.

La reunión de trabajadores había llegado a su fin bastante más pronto de lo que todos esperaban y, por lo tanto, debieron quedarse a trabajar una vez ésta hubo concluido. Mientras hacía una revisión rápida a los pedidos que les habían informado se encontraban en la lista, su móvil vibró en el escritorio, Tōshirō le había puesto un mensaje consultándole qué quería de regalo de cumpleaños. Una vez Rukia le contestó que no se molestara él volvió a insistirle que le pidiera algo y, en una momentánea laguna de falta de ideas, pidió barriles de pintura, de un color que él creyera que le gustaría y que, aparte, combinara con los muebles de su apartamento.

El reloj marcaba en la pared las 16:50 así que recogió todas sus cosas, cargó con ellas de la mejor manera que pudo y salió de su oficina. De camino hacia el ascensor se topó con Nanao Ise, que al igual que ella se dirigía a su casa, después de haber cumplido con su jornada.

—Hoy trae más cosas que de costumbre, Kuchiki-san. —Entraron ambas al ascensor, Rukia solamente asintió—. ¿Quiere que le ayude a llevar alguna?

—Está bien así, Nanao, pero gracias por tu intención.

—Bueno. —No parecía particularmente interesada en nada—. ¿Vio, usted, qué terrible lo que pasó a un par de cuadras de aquí?

Se giró a ella con sorpresa. —Ah, ¿pasó algo? La verdad es que hoy he estado muy distraída.

—Hubo un accidente de tránsito. —¿Otro? Se pensó—. Dicen que la Calle Central está completamente detenida. —Suspiró—. En momentos como este me alegra tantísimo haberme mudado tan cerca.

—¿Por qué? —Jaló la correa de su cartera hasta su hombro, ya que se había resbalado—. ¿Por el hecho de que la congestión vehicular está justo frente a tu casa?

—No, Kuchiki-san. La congestión está en todas partes, si se detiene la Calle Central se detienen las aledañas que están llenas de vehículos queriendo pasar por la Central. —Rukia asintió haciéndole números a la situación que Nanao le planteaba—. Lo digo porque puedo caminar hasta mi apartamento. —La puerta del ascensor se abrió en el primer piso.

—Demonios, yo voy a tener que caminar de una tienda a otra ahora que lo pienso. —Ambas se dirigían a la puerta frontal del edificio. Era de vidrio y a través de ella se podían ver los vehículos detenidos—. Lo único bueno es que me voy a ahorrar el taxi, ¿eh?

El guarda les abrió la puerta para que salieran. —Espero que no le tome mucho tiempo, Kuchiki-san, porque leí que para hoy en la tarde podía que hubiera mal clima. —Rukia se volteó hacia ella con los ojos como platos. Se detuvo justo frente a la, recién atravesada, puerta de vidrio.

—¿Va en serio?

Va en serio. Le prestaría mi sombrilla si hubiese traído una, Kuchiki-san. —Rukia negó viendo hacia la nada en ese momento—. Bueno, si me disculpa me retiro antes de que comience a llover. Hasta luego.

—Nos vemos, Nanao… —Con decisión se encaminó hacia el Distrito de Compras, no le quedaba de otra más que apurarse.

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Rukia creía que el Universo había estado siendo muy cruel con ella últimamente. Primero le hizo volver a cocinar para su cumpleaños, después le recordó lo mal ama de casa que era cuando encontró averiado el grifo principal de su casa, mientras tanto había estado completamente varada con el proyecto del comercial e, inclusive, había recibido un aviso por parte de su jefe, tuvo que pasar su completo fin de semana quemándose los dedos y haciéndose cortadas mientras volvía a tomar práctica cocinando y ahora estaba ahí, con un vestido costoso en una bolsa, un mantel color vino en otra, un bolso extra y la cartera más pesada de lo usual, caminando —por no decir corriendo— hacia una tienda de víveres, mientras veía la lluvia casi majándole los tobillos.

Entro a la tienda de víveres a la que se dirigía y, une vez dentro y con la lluvia ya esperándole afuera, decidió elegir cada uno de ellos con calma. Encontró el vino que quería, tomó el mejor corte de carne y los vegetales más frescos. Compró lo que le hacía falta para su postrey luego se dirigió hacia la parte de accesorios por una sombrilla, pero después de mucho analizarlo finalmente aceptó que no tenía como jalar una sombrilla y las compras a la vez. De hecho no tenía siquiera como jalar todo a la vez. No tenía remedio, debía salir y tomar un taxi así este durara dos horas en llevarla a su casa y terminara por adobar la carne más tarde de lo que tenía planeado. Canceló todos sus productos y guardó la factura con cuidado, para después pasársela a su madre. Suficientes complicaciones había tenido ya como para aparte ponerse de educada y terminar pagando ella todo.

Al salir a la calle se detuvo un momento bajo el pequeño recibidor que tenía la tienda desde el exterior. No se veían muchos peatones en la calle, muy poca de hecho y el tránsito se estaba moviendo, pero despacio. Vio un taxi a lo lejos, pero al hacerle señales, este le indicó que ya iba ocupado. Lo mismo le pasó con 2 coches más. En medio de su angustia/fastidio, Rukia pensó que Renji le había socorrido ya dos veces en relación con los problemas que tuvo y consideró el hecho de llamar a su trabajo y pedir que le mandaran a buscarla, después de todo el hombre había dicho que debían hacer todo lo que les pedían.

La lluvia no había venido sola, sino que había viento acompañándola y, por lo tanto, ya se había mojado aproximadamente hasta la altura de la rodilla, aunque estuviese de pie bajo aquel techo.

Un nuevo taxi se asomó por una ruta aledaña cercana a ella y comenzó a hacerle señales agitando los brazos lo más que estos, repletos de compras, le permitían, en el aire, el chófer no parecía verla, tal vez la lluvia estaba muy tupida en ese momento. Sin embargo, algo se movió cercano al taxi y se dirigió hacia donde ella estaba.

Un motociclista se detuvo en la calle que se encontraba frente a ella, llevaba un casco obscuro que no dejaba verle el rostro, pero unos largos mechones de cabello rojo se le escapaban hacia los hombros.

—No puede… —Se quitó el casco y la cabeza comenzó a mojársele en lugares que antes habían estado protegidos.

Renji llevaba el cabello en una especie de bun que solamente le prensaba una parte del mismo, pero que evitaba que la mayoría se le fuera en dirección al rostro y utilizaba una gruesa chaqueta de cuero, probablemente para protegerse de la lluvia. En su espalda colgaba la misma maleta que había llevado a su casa. Llevaba un casco extra metido entre su brazo.

—¿QUÉ HACES AHÍ PARADA, RUKIA? —Gritó—. ¿OCUPAS ALGUIEN QUE TE LLEVE? —La fuerza de la lluvia hacía que su voz se escuchara algo apagada a pesar de que gritara. No podía creerlo, sin embargo asintió. El pelirrojo metió su motocicleta en la acera, lo más cerca de ella posible sin que esta se atravesara bajo el techo.

—¿Y bien? —Se pasó una mano por la frente, haciendo que su cabello mojado se hiciera hacia atrás—. ¿Vas a dejar que yo te lleve? —Le estaba sonriendo de medio lado, mientras hablaba.

—Renji… —alzó las cejas— verás. —Hizo los brazos hacia los lados, de manera ascendente, tratando de encontrar qué decir—. Tengo muchas cosas que jalar aquí y ocupo que no se mojen y mírate no más, tú estás empapado. Aparte no hay cómo jalarlas.

Renji alzó una ceja y miró los paquetes, se mordió levemente la lengua pensándolo. —De acuerdo, ¿cuáles son los paquetes más finos? Porque si se moja un poco de comida no es gran cosa. —Rukia miró la bolsa con su vestido. Él asintió, se quitó la mochila empapada y la extendió hacia ella—. Echa ahí todo menos la comida, ya sabes tu cartera, esa otra bolsa, la que dijiste y… ¿eso es una lonchera?

—No te importa. —Tomó el bolso—. Renji, mira, esto está empapado, no hace la gran diferencia. Mejor déjame aquí, está bien. Tarde o temprano pasará un taxi vacío. —Le extendió la mochila—. Toma esto y sigue hacia donde sea que vayas.

—Abre mi bolso, vamos. Ponlo todo ahí adentro para que no se moje. No le entra el agua —abrió el zíper principal—, ¿ves? Echa ahí tus cosas, hasta la lonchera si cabe, y dejas los alimentos para meterlos entre los dos. Que mira que si te quedas esperando otro taxi, llegas a los 25 debajo de este aguacero. —Rukia abrió la boca para contradecirle en alguna cosa—. No voy a aceptar un no por respuesta. Aparte hace un rato hubo otro choque porque alguien aceleró demás y hay un montón de gente como tú consiguiendo taxis con desesperación. Así que echa eso ahí y súbete.

Quizá fueron los argumentos de Renji los que le convencieron, quizá nunca si quiera dudó en subirse a su motocicleta, pero una vez él terminó de hablar y clavó en ella una mirada penetrante, comenzó a echar las cosa dentro del bolso. Echó su cartera, su vestido, el mantel y la botella de vino (la cual le habían empacado en una bolsa por aparte). Alistó la correa de su lonchera y se la guindó del hombro. Renji le extendió el casco que llevaba desocupado en el brazo.

Rukia hizo a salir de debajo del tejado para montarse. —¡Espera! —La detuvo—. Una cosa más, ten esto. —Apoyó el casco, que inicialmente traía puesto, entre sus piernas e hizo los brazos para atrás, facilitando el hecho de quitarse su chaqueta. Bajo ella llevaba una camiseta sin mangas, dejando ver todos los tatuajes que tenía en los brazos—. Póntelo que ocupas no estar enferma mañana y yo nunca me enfermo. —Se la extendió.

—¿Cómo sabes que ocupo no estar enferma mañana?

—Tengo buena memoria. Anda, tómala, que sigue caliente. —Movió el brazo en el que la tenía. Ella la tomó y en cuanto se la acercó pudo sentir como el olor a Renji se desbordaba a través de ella, tal vez era mala idea usarla, pero al pensar que podía ser mala idea usarla más quiso ponérsela. Cuando se la echó encima sintió un par de grados más.

—En efecto está caliente. —Era innecesario decir lo grande que le quedaba, para ponerse el casco tuve que maniobrar ya que sus manos se encontraban muy profundas dentro de la chaqueta.

Renji le extendió la mochila para que ella la llevara y le ayudó a subirse, extendiendo su mano derecha hacia atrás para que se agarrara a algo mientras lo hacía. Acomodó la comida en medio de ambos.

—¿Cómo se supone que vamos a hacer para que la comida no se caiga? —Lo pensó un par de segundos—. Para que ni yo ni la comida nos caigamos.

—Debes hacer presión hacia mí, ya sabes, abrazarme con fuerza. —Le tomó ambos brazos y los jaló hacia su cadera. Rukia tuvo que recoger los dedos para no tocarlo demás—. Lo mejor de que esté esa bolsa ahí es que hace completamente imposible el hecho de que los cascos choquen, por más cerca que estés. —La miró una última vez antes de ponerse el casco él también—. Ya sabes. Sujétame lo más fuerte que puedas, no vayas a preocuparte por nada más. —Bajo el casco su voz sonaba con la profundidad de un hueco.

Rukia respiró profundo, tratando de ahogar los nervios que sentía al encontrarse en una motocicleta por primera vez en su vida, y al hacerlo, el olor del casco que llevaba puesto inundó sus pulmones, al igual que el olor a Renji que provenía del interior de su chaqueta, sonrió de repente. Ahí había aparecido él otra vez, para ayudarla en su batalla contra el Universo. Justo como si fuera un fic, o mejor aún, un cuento de hadas.

Renji arrancó su motocicleta y con la pierna izquierda aún en el suelo, se ayudó a mantener el equilibrio mientras todavía no lograba incorporarse de lleno a la carretera. Una vez divisó el suficiente espacio aceleró, haciendo que el cuerpo de ambos se hiciera levemente hacia atrás, pudo sentir como Rukia se aferró con fuerza a su camiseta. El viento soplaba con cierta violencia desde su espalda y agradeció no tenerlo en la dirección opuesta porque habría hecho todavía más complicado manejar bajo la lluvia, por más acostumbrado que estuviera a viajar a todas partes en motocicleta, y por más arriesgado que fuera, no podía dejar que Rukia le sintiera un mal chófer porque le armaría todo un drama al respecto.

Repentinamente Rukia recordó cuando Renji le había contado de los tres accidentes de tránsito que había tenido y quiso pedirle que bajara la velocidad, pero por más que trató de decírselo no le escuchó en absoluto. En una lucha por aferrarse a su vida al ver a Renji adelantar un autobús con, lo que ella calculó, alrededor de medio metro de espacio, se abrazó a su abdomen y pegó su casco en la espalda de éste. En efectiva la motocicleta tuvo una pequeña turbulencia, pero no por la maniobra que él realizaba sino por la de ella, que le había tomado por sorpresa.

Rukia permaneció con la cabeza recostada a su espalda por unos minutos, pero cuando en un semáforo se detuvieron y él posó su mano derecha sobre las de ella, en una especie de caricia, la hizo reaccionar —probablemente intervino más que solo lo fríos que estaban sus dedos—; se enderezó en la parte de atrás de la motocicleta, haciendo que Renji quitara su mano y volteara a verla por sobre el hombro izquierdo durante un momento, antes de volver a acelerar.

Ella se permitió ver el paisaje, entre lo que el casco y la lluvia le permitían, primero se encontraba nerviosa y fuertemente sujetada a él, pero cada vez obtenía un poco más de confianza. Llegó a pensar que, si no estuvieran los víveres en medio de ellos, alzaría los brazos para dejar a la lluvia colarse a través de las mangas de la chaqueta y mojarle los brazos, las axilas y los pechos.

¡Hacía ya tantos años que no disfrutaba de una lluvia como esa!

El panorama cambiaba a cada instante, dejaban atrás los carros detenidos por el tránsito lento y se colaban en medio de camiones, automóviles, microbuses y autobuses, el viento le movía las puntas del cabello que se le escapaban por debajo del casco y le hacía sentir una leve presión en la espalda, amortiguada por la chaqueta y el salveque de Renji.

De pronto se inclinaban hacia un lado al girar en una curva cerrada o se detenían en un semáforo, donde él siempre volteaba a verla algún segundo, por sobre su hombro. De cuando en cuando, Rukia agachaba la barbilla para sentir el aroma que desprendía la chaqueta y se sentía feliz, libre y despreocupada. Mientras estuvo subida en la motocicleta no pensó en nada relacionado con su trabajo o ella, solamente se dedicó a sentir y, de cuando en cuando, pensó en él, su conductor. No supo en qué momento pasó, pero repentinamente se encontraban detenidos frente al portón principal de su edificio departamental. Renji se levantó el visor del casco.

—¿Quieres que te deje aquí o te ayudo a subir las cosas? —Su voz sonaba con mayor claridad, la lluvia había menguado un poco, Rukia se quitó el casco por completo—. ¿Qué haces mujer, te vas a mojar?

—¿Y qué? —Rió—. Mete la motocicleta al parqueo, tengo un espacio que nunca he utilizado. —Renji asintió y estiró la mano para volver a bajar el visor—. ¡No, Renji! —Se detuvo para mirarla, de manera interrogativa—. Quítate el casco tú también, el parqueo es justo ese otro portón, no va a pasar nada. —Él no parecía nada convencido—. Anda, que quiero mirarte manejar sin el casco. O bueno, yo no, el guarda de seguridad. S-Se ocupa para las cámaras y eso, ya sabes… —Lo empujó de manera brusca, como si este hubiera hecho algo inapropiado. Renji arqueó una ceja, pero obedeció.

—Vale… si llegan a hacerme una multa tú la pagas, eh Rukia. —metió el casco en su brazo y aceleró hasta el portón, donde una vez Rukia hubo platicado con el encargado, que se encontraba en una casetilla, les dejaron pasar. El parqueo era bajo techo y tenía una entrada directa hacia la recepción de los apartamentos. Bajaron todas las cosas y se encaminaron hacia dentro, entre bromas, y destilando agua.

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—Toma esta toalla. —Le extendió el brazo con una toalla color lila. Ella traía una enrollada en el cabello y se había quitado ya su chaqueta—. Una vez leí que si cuando te mojas no te quitas la ropa y te secas, es más probable que te resfríes.

—Vaya que eres terca con todo ese asunto del resfrío. —Rukia movió su mano con la toalla, haciendo presión—. Ya, ya. —La tomó y se la pasó por la cabeza con firmeza, como si se estuviera restregando, para secarse el cabello. Luego la puso en un mueble y tomó el dobladillo inferior de su camiseta, comenzó a subirlo para sacársela. Debido a que ambos se encontraban mojados la prenda estaba muy pegada a su cuerpo.

—¿Q-Qué crees que haces? —Había alzado los brazos y una pierna, esta última en una especie de ángulo de 45 grados. De manera defensiva.

—Me quito la ropa. —Le parecía obvio. Ya tenía todo su abdomen al descubierto y sus pectorales comenzaban a asomarse, dejando ver una simétrica capa de tatuajes.

—¡¿Pero por qué?! —Aun cuando había adoptado esta pose defensiva, no apartaba sus ojos de la piel desnuda de él—. ¿Q-Qué diablos crees que va a pasar ahora que te estás quitando la ropa?

Renji meditó un momento, luego soltó una carcajada y dejó caer su camiseta de nuevo, haciendo que esta volviera a adherirse a su piel, o al menos a las partes que alcanzó a cubrir. —Mira Rukia, tú fuiste la que me dijo que me quitara la ropa para no resfriarme. —Rukia no había vuelto a su posición habitual y parecía mirarle con recelo—. Aparte no planeaba quitarme el pantalón, ¿de acuerdo?

—Y-Ya, vale. No te rías. —Sus extremidades regresaron a su posición habitual lentamente—. Que cualquiera lo habría malinterpretado. —Miró hacia la dirección en que Renji había puesto la toalla—. Te traeré otra que con una no alcanzarás a secarte por completo. —Se retiró.

Cuando volvía a la habitación, con dos toallas extra y el pijama puesto, Renji se encontraba de espaldas, con la espalda algo encorvada y sin camiseta, con todo el cabello tendido hacia el frente y secándoselo con el paño. Su espalda estaba tatuada también, y por la posición en que tenía los brazos los músculos se le marcaban. Rukia tragó saliva sin saber muy bien por qué y se acercó más hacia él. Por sobre el borde del pantalón se le escapaba el elástico del bóxer.

—R-Renji. —Siguió en lo suyo—. ¡Renji! —Le hizo saltar levemente, con sorpresa, y volteó a verle sobre el hombro y se enderezó, haciendo su cuello para atrás para que su cabello girara hasta caerle en la espalda—. Ten otra toalla.

—Veo que ya te alistas para irte a la cama. —¿Quieres que te acompañe? Pensó, mas no dijo nada—. Gracias por la toalla, apenas termine de secarme me iré.

—Deberías quedarte hasta que la lluvia mengüe por completo. Si no lo hicieras no tendría sentido que te secaras ahora. —Se estaba pasando la toalla por los brazos—. Ya veo a qué te referías sobre eso de que comenzaste a bajar. —Tenía su mirada perdida entre las líneas de tinta.

—¿De qué hablas? —Le analizó la mirada—. Ah, los tattoos, no solamente bajé hasta donde se ve, ¿sabes? —Rukia alzó la mirada entre escandalizada y atraída y suprimió un impulso por volver a tragar saliva—. Me quedaré hasta que se vaya la lluvia entonces. —Sonrió.

—Ven a la cocina, así te puedes sentar en esto y no hay peligro de que se vaya a dañar por mojarse. —Señaló un banco—. Y yo puedo ocuparme en lo mío mientras me haces compañía.

—Suena bien. —Una vez en la cocina se sentó—. ¿Vas a volver a prepararme de cenar?

—No, pero hay pizza si quieres. —Le miró de reojo de manera vacilona—. Esto es para mañana, lo estoy adobando para que quede con buen sabor, ya ves que esos libros de cocina me han ayudado muchísimo.

—¿Vas a dar una cena por tu cumpleaños? —Rukia asintió desde su lugar—. ¿Pero que no se supone que sea al revés?

—Es que mi madre siempre ha sido creativa con estas cosas de los cumpleaños. Por cierto, ¿cómo es que tienes tan presente que es mañana? —Volteó a mirarlo, curiosa.

—Pues es que, la verdad, en todo lo relacionado contigo se me hace difícil olvidar. —Miró sus ojos violeta—. Así que como hace una semana me contrataste y al día siguiente me dijiste cuándo cumplías años, lo tengo muy presente. —Mintió, se miraron un momento y luego ella se volteó hacia lo que hacía de nuevo.

—Eso es raro. —Estaba picando dientes de ajo—. Tú eres raro en general, a veces dices unas cosas que me ponen a pensar o haces cosas raras, es decir, hoy apareciste de la nada —justo cuando yo analizaba la posibilidad de llamarte—, ¿siquiera de dónde venías? Quiero decir, hasta traías un casco extra, es como si me espiaras.

—Ni siquiera sé dónde trabajas, no hay forma de que pueda espiarte. —Continuaba secándose el cabello—. Aparte venía de dejar a alguien que me lo había pedido, no te estreses, míralo como una bonita coincidencia.

—Contigo hay demasiadas coincidencias. Si inclusive el otro día caí en la cuenta de que justo la persona por la que me recomendaron preguntar al llamar a tu compañía, fue la que me atendió y aparte me ayudó a cocinar y, por si fuera poco, me hizo de harca el día en que me topé con un diluvio. —No era que le molestara, era más como que le inquietaba.

—¿Alguien me recomendó? —Parecía que de todo solamente esto le había importado—. ¿Quién?

—Matsumoto. —Se corrigió—. Rangiku Matsumoto.

—Vaya, conoces a Rangiku-san… ¿te dijo ella algo de mí? —Mil un cosas dieron vueltas por su cabeza en ese momento.

—Nada, algo sobre que tú y un tal Shūalgo. Que eran los mejores, algo por el estilo. —Volteó a verlo despreocupadamente—. Te ves raro, ¿pasa algo?

—N-No, no. Solamente me sorprende que… que ella no hubiera mencionado a Ikkaku. —Hizo una mueca—. También me sorprende que ella te conociera. —Y todo este tiempo tú de menso preguntándote si había alguna forma de saber algo de ella, pensó.

—Pues aunque no nos parezcamos tampoco debes ser tan cruel con esa idea de que sea imposible que nos hayamos relacionado. Ella conocía a mi hermano antes que a mí, ¿sabes? Incluso llegó a confesarme que él le gustó, me pregunto si él pensará invitarla a su boda.

—Ah, ¿va a casarse? —Afortunadamente Rukia había dejado que la conversación se desviara.

—Sí, con una muchacha muy agradable, se llama Hisana. Era su secretaría. Tienen una historia de lo más cursi, hasta que sorprende eso de parte de ni-sama.

—¿Entonces no son las historias cursis algo normal en tu familia? —Mientras Rukia le daba la espalda, Renji se permitía analizarla. A decir verdad, esa pijama de conejitos le generaba cierta incomodidad.

—Nah, claro que no. —Se encogió de hombros restándole toda la importancia posible al asunto.

—¿Y lo cursi es que se casa o que lo hace con su secretaria? —No le dio tiempo de responder—. Para mí los romances con las secretarias son demasiados trillados, ¿no crees?

—Sí, ja-ja. —Rio nerviosa, tragó saliva mientras pensaba en su etapa como secretaria. Renji hablaba en el fondo, pero ella no prestaba atención a lo que decía. —El amor no es lo mío, eso es todo. —Habló en un susurro.

—¿Eh? —Ni siquiera estaba escuchando lo que decía, pensó—. No es lo de casi nadie, no te aflijas por eso. —Rukia guardó silencio.

Un par de minutos pasaron sin que ninguno de ambos dijera nada. Rukia escuchó el sonido del banco moverse una vez Renji se levantó. Repentinamente sintió su mano cálida sobre su hombro izquierdo y levantó su mirada hacia él, quien con su otra mano le extendía el delantal.

—Creo que lo necesitas. —Le sonrió, los ojos de ella se llenaron de lágrimas y abrió la boca para justificarse—. Déjalo así, no hay necesidad de hablar.

—Yo… —la voz se le quebró con un sollozo— no hago bien las cosas. —Rio forzadamente y negó con la cabeza, sentía como un nudo se iba formando en su garganta y sin saber muy bien el motivo, las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos comenzaron a salir.

Renji la jaló hacia él y ella recostó su cara cerca de su pecho desnudo, con los ojos cerrados, y con sus manos se aferró a él, tomándole de un brazo y apoyando su otra mano sobre las costillas del mismo y se permitió sollozar, sintiendo su barbilla cerca de su cabellera, y sus manos fuertes en su espalda. Renji huele bien, pensó y este pensamiento la trajo de vuelta a la realidad. Se alejó de él con brusquedad y le miró a los ojos por un instante.

—Ya dejó de llover, ¿sabes? Y me imagino que debes estar ocupado así que tal vez deberías… —hizo un ademán con las manos.

—Irme. —Rukia tragó saliva—. Claro, tienes razón. —Él también lo hizo. —Iré por mi camiseta.

—Si te la pones de nada va a servir que te la hayas quitado. —Volteó a verlo, había desviado la mirada cuando le había pedido que se fuera—. Creo que lo mejor sería que te llevaras solo la chaqueta puesta, está seca en el interior. Yo puedo lavar la otra y hacértela llegar. Ya sabes, conozco a Matsumoto.

—De acuerdo.

Renji recogió todas sus cosas, se ató el cabello y se dirigió a la puerta, ella le siguió. Junto a la puerta se encontraba su chaqueta, mientras se la ponía volteó a ver a Rukia, esta le abrió la puerta y se colocó a un costado.

—¿Estás segura con respecto a la camisa? Puede ser más una molestia que cualquier otra cosa. —Se encontraba bajo el umbral, son la mochila ya puesta en su espalda.

—¿Molestia? —Le sonrió—. Es lo menos que puedo hacer, hombre. Me trajiste a casa hoy. Te debo una.

Él la miró un momento y luego le sonrió de vuelta. Se quedaron así durante algún tiempo, haciendo que él se llenara de una especie de confianza, de pronto el aura se había puesto algo insinuante. Renji extendió su brazo derecho hacia el borde de la puerta cercano a la cara de Rukia y comenzó a acercarse lentamente, para besarla. Vio como la mirada de ella bajó hasta sus labios.

—Renji, —lo detuvo— no. Perdona, yo. Acabamos de conocernos y ni siquiera sé que se supone que hacemos tratándonos así. —Hizo un ademán con los brazos.

—Perdóname a mí. —Sentía como el corazón en el pecho se le había hecho un puño—. Me voy ya, sobre lo de que te traje, no me debes nada, si no te gusta el gesto puedes verlo como un regalo de cumpleaños por adelantado. No tienes que devolverme nada. —Alzó los hombros secamente—. Hasta luego.

—Adiós. —Salió y escuchó la puerta cerrarse tras él. Rukia escuchó un golpe sordo en la pared y se sentó de cuclillas, con la espalda recostada a la puerta. Se mordió los labios sin definir completamente las ideas en su cabeza, pero se levantó no mucho más tarde. Después de todo ya tenía mucho en que pensar para agregar un asunto como este a la lista.

Del otro lado de la puerta Renji había sido el que causó el golpe sordo, al pegarle a una pared y se encontraba ya llegando al parqueo, había bajado las gradas lo más rápido que sus piernas se lo habían permitido y apenas hubo sacado su moto del parqueo y podía dejar de fingir una expresión amable dentro de su casco, aceleró a todo lo que el motor se lo permitió.

Solo manejó sin estar pensando en una ruta en específico, pero no le sorprendió cuando se dio cuenta que estaba yendo a parar a un viejo bar en el que atendían mujeres con camisetas de cuadros y shorts de mezclilla excesivamente cortos. Se sentó en la barra y pidió un trago y que le dejaran la botella.

¿Siquiera en qué había pensado en un inicio? Sentía como el corazón le brincaba en una mezcla de sufrimiento y rabia. Si bien era cierto no estaba acostumbrado a que lo detuvieran cuando estaba a punto de besar, le importaba eso un cuerno, lo había arruinado con Rukia ya y todo por estar de apresurado.

Llenó de vuelta su trago y pensó en que si se tomaba toda la botella en el local terminaría por acostarse con alguna de las meseras en el motel que quedaba a dos cuadras y luego manejaría hasta su casa a toda velocidad, probablemente chocaría y se iría para el demonio. Nada sonaba bien, pero tampoco sonaba mal. Pagó la botella y la echó en su bolso, prefería acabársela en su casa, al menos eso sería menos humillante. Ya había tenido suficiente humillación por un día.

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Fin del capítulo 4.

Hola corazones, me alegra tanto volver a estar acá escribiendo, con un nuevo capítulo y otro más en progreso. Me disculpo por haberme tomado tanto tiempo para actualizar, pero una cosa llevó a la otra y me distraje.

Sin embargo no me he olvidado del fic y hay tantas escenas que quiero escribir. *ww*
Espero que hayan disfrutado el capítulo, yo disfruté de imaginarlo y escribirlo, a decir verdad. :)

Agradezco a Teddy Bear Moony y a Amigocha por sus review, muchas gracias por sus palabras. De hecho, son lo que me motivó más a volver a escribir. Teddy, de verdad lo lamento, aquí voy a paso lento, pero te prometo que tengo todas las ganas del mundo de completar la historia.

Me disculpo si me extendí mucho o si en alguna parte el capítulo no era llevadero en absoluto. :c

Nunca está demás decir que los personajes de este fanfic son obra de Tite Kubo y lo único que es mío es la idea del mismo.

Nos estamos leyendo. Un abrazo, Etsuku.