Capítulo 2
Esme POV
-¿Bree? –estaba sentada en el sofá –¿Qué haces aquí? ¿Cómo llegaste?
-No quiero irme, usted dijo que podía tenerme –susurró.
-Bree, ven cariño –la coloqué cerca de la chimenea, estaba helada –tengo que avisarle al orfanato que estás aquí –tomé el teléfono.
-¡No! ¡Nooo! –gritó.
-Debo hacerlo, todo el mundo está buscándote.
-¡No lo haga!
-Está bien, está bien –fui por una manta y la rodeé con ella –¿Tienes frío, cierto? ¿Por qué huiste?
-Porque iban a llevarme muy lejos, y no quiero irme de aquí.
-Te traeré un chocolate caliente ¿Qué dices? –sonrió.
Me dirigí a la cocina y llamé a Charlie –La niña está aquí, en mi casa, avísale al orfanato que está bien.
-¿En tu casa?
-Sí, no sé cómo llegó aquí, voy a necesitar un médico que la revise, está helada, debe tener hipotermia.
-Bien, voy para allá con una ambulancia.
Luego me dispuse a preparar el chocolate –¿Le pones azúcar, Bree? –me asomé, la puerta principal estaba abierta.
-¡Bree! –grité corriendo a la puerta desesperada –¡Bree! ¿Dónde estás?
Giré, me topé con Jasper –¿Jasp? –pregunté atónita.
Desperté temblando –¿Jasper? ¿Bree? –me levanté del sofá confundida.
-¿Esme? ¿Estás ahí? –Charlie estaba golpeando la puerta principal.
Cuando bajé, habían roto la cerradura para ingresar.
-Yo… no sé qué sucedió –dije rascándome la cabeza –Estaba ahí, la niña escapó y Jasper estaba… no lo sé, es todo muy confuso –no comprendía que sucedía.
-¿Qué sucedió? ¿La niña escapó?
-¿Qué me pasó? –me tambaleé.
-¡Esme! –Charlie me agarró de la cintura –¿Qué te sucede?
-No lo sé –perdí la conciencia.
.
.
.
-¿Señora Cullen? ¿Señora? –me despertó la voz de una mujer.
-¿Qué sucede? –pregunté despertando.
-Se desmayó ¿está bien?
-¡Esme! ¿Qué pasó con la niña? ¡La niña! –insistió Charlie.
-¿La niña? Creo que me oyó hablando contigo, debió escapar –susurré –¿Dónde está Jasper?
-¿Jasper?
-Jasper, mi hijo –aclaré.
-Él está en su cama, Esme, está despierto, ya hablé con él, estaba muy asustado por los gritos.
-¿En su cama?
-Sí, está en su cama –repitió.
-Yo creí que él estaba… lo ví abajo –me senté en la cama.
-¿Abajo? –lanzó una carcajada –Esme, tu hijastro está parapléjico no puede bajar escaleras por sí solo. Sí tú no lo ayudaste a bajar y tampoco a subir, eso es imposible.
-Lo sé, lo sé.
-¿Tomaste algún medicamento para dormir anoche?
-No, no tomo esas cosas –negué.
-Le haré un análisis de sangre para ver si todo está bien, quizás hay algún problemas de hipoglucemia, la confusión es un síntoma muy común en estos casos, le enviaremos los resultados vía online –comentó la enfermera.
-¿Qué hay de Bree?
-Todavía seguimos en la búsqueda, la niña tiene que estar en la zona, si estaba contigo no puede haber ido muy lejos.
-Afuera está helando –sollocé –Debí retenerla, debí ser más cuidadosa.
-No te culpes, no podías hacer nada más, que lo que hiciste.
.
.
.
-¿Jasper? –me asomé en su habitación.
Abrió sus ojos –¿Bajaste las escaleras? –le pregunté confundida.
No recibí respuestas.
-Yo, yo… creo que me estoy volviendo loca –me tapé la boca.
-¿Esme? –Charlie me interrumpió.
-¿Sí?
-No hay señales de Bree hasta ahora, tengo que irme, tengo que seguir la búsqueda. ¿Estarás bien?
-Sí, sí, estaré bien.
-Creo que la cena quedará para otro día –comentó luego.
-Así es –le sonreí.
-Los muchachos ya repararon la cerradura, lamento que rompiéramos tu puerta, Esme, estábamos asustados –aclaró.
Le di un beso en la mejilla y luego cerré la puerta, caminé hacia la chimenea –¿Bree, donde te metiste? –pregunté en voz alta.
Oí un ruido en la planta alta.
-¿Jasp? –me asomé en su habitación, tenía los ojos cerrados.
Tomé del aparador una figura de la virgen –Por favor, querida virgen, ayuda a Bree, cuídala, protégela del frío, tráela a nosotros.
Al mirar por la ventana salté del susto, nuevamente el cuervo estaba posado allí, picoteando el vidrio.
-¡Shhuuuu! –intenté alejarlo –Vete, vete.
Me senté en el sofá al lado de la cama de Jasper, cerré los ojos.
Desperté, Jasper no estaba en su cama –¡Jasper! –exclamé desesperada –¡Jasper! ¿Dónde estás? –me asomé por el pasillo –¿Cariño?
Noté que la luz del baño estaba prendida, abrí la puerta, Jasper estaba sumergido en la bañera.
-¡Jasp! –grité frenética y lo levanté, se estaba ahogando –¿Quién te hizo esto, quién? –temblé llena de miedo.
Llamé a Charlie, al cabo de una hora llegó –¿Esme? –tocó la puerta.
-¡Oh, Charlie! ¡No sé qué sucedió! Alguien entró en loa casa e intentó matar a Jasper –jadeé entre lágrimas.
-¿De qué hablas?
-Estaba en la tina ahogándose –expliqué.
-¿Estás segura de que no estabas bañándolo y te desmayaste?
-¿Desmayarme? Estaba en el sofá dormida, además no lo bañé, lo recordaría.
-Creo que deberías llamar a Carmen para que te acompañe.
-¡Alguien entró en la casa, Charlie!
-No creo que eso sea posible, Esme. ¿Además con qué propósito?
-Yo no lo dejé en la tina, no lo hice, eso lo mataría ¿crees que soy una asesina? –negué repetidas veces.
-Está bien, tranquila. Voy a revisar el terreno –indicó prendiendo su linterna.
Minutos más tarde volvió –No hay nada –se encogió de hombros –Creo que estás sobrepasada, eso es todo, Esme.
-Alguien estuvo aquí –insistí.
-¿No los oíste en la habitación cuando movieron a Jasper?
Negué.
-Ha sido un mal día, Esme, bueno –hizo una pausa –Más que un mal día, ha sido una mala semana ¿no crees? Todo lo que sucedió. Debes de estar cansada. Llamaré a Carmen para que te haga compañía ¿Qué dices?
-Sí, está bien –me senté al lado de la chimenea, me estaba volviendo loca.
¿Acaso yo había metido a Jasper en la tina?
.
.
.
-¿Cómo te sientes? –Carmen me entregó una taza de té.
-No lo sé, no puedo comprender que sucedió.
-¿Estaba en la tina, sumergido?
-Sí, se estaba ahogando –sollocé –Soy un desastre, Carmen. No puedo cuidarlo, me estoy volviendo loca –me tomé la cabeza –Bree está allí afuera con la nieve, muriendo de frío, no pude retenerla, a una niña ¡a una niña! –grité –¿Qué me está sucediendo?
-Oh, Esme, calma, por favor, debes descansar, yo me quedaré despierta esta noche –palmeó mi espalda.
Me recosté, no podía pegar un ojo.
Prendí la televisión, la señal era mala, la tormenta de nieve comenzaba a empeorar.
.
.
.
-¿Carmen? –desperté a la mañana y me dirigí a la cocina.
-¡Oh! ¡Me quedé dormida! –exclamó Carmen levantándose del sofá –Tengo la espalda durísima, estoy hecha trizas.
-¿Estás bien?
-Sí, bien ¿y tú? ¿Dormiste bien?
-Algo –dudé –Le daré la medicación a Jasper, ¿tú preparas un poco de café?
Asintió.
-Cariño –desperté a Jasper, tenía una marca en el rostro, una especie de rasguño –¿Qué te sucedió aquí? –evitó mirarme a los ojos –¡Carmen! ¡Ven! –grité desesperada –¿Tú lo moviste anoche? –pregunté.
-No, Esme, no lo he tocado.
-¿Y esto? –señalé su rasguño.
-Quizás se lo hiciste cuando lo sacaste de la tina.
-No, no, no lo tenía ayer –negué –¿Estás segura que no lo moviste y lo rasguñaste sin querer? No me enojaré, Carmen, solo quiero entender.
-No, lo juro, Esme.
-No lo tenía ayer, no lo tenía.
-Deberías llamar a tu psicólogo, te haría bien –Carmen interrumpió.
-No estoy loca, Carmen.
-No dije que lo estabas –susurró.
-¿Puedes darle los medicamentos?
-Sí, claro.
-Iré al estudio, llamaré a Marcus.
Carmen creía que estaba loca ¿acaso lo estaba? ¿Qué estaba pasándome?
Estaba segura que esa marca en el rostro, Jasper, no la tenía el día de ayer, estaba SEGURISIMA.
Le expliqué todo lo que estaba sucediendo.
-Debes mantener la calma, Esme, ha pasado demasiado en una semana, la muerte de Alice, la desaparición de Bree, estás exhausta por dormir mal, Jasper ha pagado los platos rotos, es todo.
-El sueño que tuve… quizás dormida…
-No has intentando matar a tu hijo, Esme. Solo fue un accidente.
-¿Y si intenté matarlo?
-¿Realmente crees que eres capaz?
-¡No, claro que no! Pero ya no sé qué creer –suspiré.
-Mantén la calma. Y en cuanto te lleguen esos análisis de sangre, envíamelos. Quiero verificar todo. Y recuérdalo, el estrés puede volverte paranoica, debes estar calma.
Más tarde, me despedí de Carmen –Estoy bien, de verdad.
-¿Segura? Puedo quedarme. Eleazar lo entenderá.
-Es tu esposo, Carmen, debes estar con él –respondí.
-Lo sé, pero puedo quedarme un día más.
-No, no, no te preocupes, estaré bien.
En cuanto se fue me coloqué las botas, un abrigo y salí a buscar a Bree en el bosque –¿Bree? –grité –¿Dónde estás? ¡Por favor, vuelve!
Al cabo de dos horas, mis pies comenzaban a congelarse.
-¡Volví! –exclamé al ingresar a casa, había dejado a Jasper frente al televisor.
Estaba la silla vacía –¿Jasp? –me paralicé –¡Jasper! ¡Oh por dios! –grité desesperada, corrí hacia la cocina, no había señales de él –¡Jaspeeeeer! ¡Jaaaaasp…! –sentí un piquete en la espalda, comencé a perder la conciencia, me estaba desmayando –No, no –me tomé de la cabeza, intenté caminar hacia el teléfono, me desplomé.
Desperté temblando del frío.
-¿Jasp? –caminé tambaleándome hacia el comedor, allí estaba él sentado en su silla temblando –¡Oh dios! –cerré la puerta de entrada rápidamente, el fuego de la chimenea estaba apagándose –¿Qué sucedió? –me puse a llorar desesperada, estaba volviéndome loca, ya no podía más.
Metí a Jasper en la tina con agua tibia –Te sentirás mejor, cariño. Perdón, no sé qué me sucede –aguanté las lágrimas.
Parpadeó varias veces.
-¿Me perdonas? Mamá está mal, muy mal. ¿Tú sabes que te amo, cierto? –parpadeó.
Besé su frente.
Luego de unos minutos lo saqué de la tina, lo abrigué y lo recosté en su cama –Es hora de dormir, cariño, sueña bonito.
Dejé su puerta entre abierta y me recosté en mi cama –¿Qué te sucede, Esme? –me pregunté cerrando los ojos.
Desperté al oír unos pasos en el pasillo, me senté en la cama.
Tragué saliva nerviosa.
Una sombra se acercó hasta la puerta de mi habitación –¿Qué? –pregunté temblando llena de miedo.
La puerta se abrió lentamente, allí estaba Bree mirándome –¿Bree? –corrió hacia mí rápidamente, se me abalanzó –Ahhhhhhhh –grité tapándome el rostro.
Desperté asustada –¿Qué mierda fue eso? –me toqué el corazón, estaba muy acelerado, me dirigí al baño, lavé mi rostro, me miré al espejo y noté una marca en mi brazo derecho, una especie de rasguño.
-No, no, fue un sueño, solo un sueño –repetí.
Revisé a Jasper, estaba dormido –¿Jasp? ¿Estás bien?
Abrió sus ojos.
-¿Qué pasó anoche? ¿Oíste algo? ¿Me oíste gritar?
No respondió.
Me encargué de levantar a Jasper, y luego le dí su medicina. Bajamos a la cocina y me dispuse a preparar el desayuno, específicamente unos waffles con miel, prendí el televisor, en el noticiero hablaban de la tormenta que se acercaba.
-Se calcula que para mañana estaría llegando la gran tormenta de nieve –comentó el conductor –No salgan de sus casas. Abastecerse de comida, al menos para tres días, lo que se supone durará la tormenta. Abastecerse de velas o linternas, podrían quedar algunas zonas sin energía.
Revisé el tercer cajón de la cocina, tenía dos paquetes de velas, y una linterna.
Llamé a Carmen –No vengas, con el tema de la tormenta será difícil volver esta noche. Además no tengo citas programadas hoy, quédate en tu casa.
-¿Tú cómo estás?
-Anoche tuve un sueño muy extraño, ni te imaginas.
-¿Jasper?
-Bien, o al menos eso creo.
-¿Noticias de Bree?
-Nada, aún nada.
.
.
.
18:00 pm
Tocaron del timbre –¿Quién es?
-Charlie Swan –exclamó del otro lado.
Abrí con gusto –Hola, Charlie –lo saludé con un beso en la mejilla.
-¿Cómo estás? Estoy preocupado por ti.
-Oh, que amable, Charlie, estoy bien, creo –dudé al finalizar la frase.
-Con Isabella pensamos en hacerte compañía, a ti y a Jasp, al menos por esta noche, antes de la gran tormenta, trajimos pizza.
-¿De verdad? –me asombré –¡Pasen! –saludé a Bella que se bajaba del coche con dos cajas de pizza.
Bella POV
-Hola, Jasp –lo saludé, tenía los ojos fijos en el televisor.
Oí las risas de mi padre y Esme en la cocina –Creo que se llevan muy bien ¿tú que crees? –le pregunté –Lamento lo de Alice, Jasp –susurré luego, noté que tragó saliva y se puso tenso –Debe ser difícil para ti. Ella te cuidaba.
Me senté en el sofá, a su lado.
-Mañana se viene una tormenta, una muy fea. Eso dicen en la televisión–comenté –Quizás deberían venir a casa, tú y tú madre. Sería más seguro ¿no crees? Aquí los dos solos, no lo sé, le diré a tu madre –me dirigí a la cocina –Señora Cullen, yo quería preguntarle algo, sin compromiso, claro.
-Sí, dime, Bella.
-¿Ustedes no quieren venir a casa? Mañana se viene la gran tormenta, y viven tan lejos, aquí, los dos solos. Jasper está enfermo, y quizás necesite ayuda. ¿No lo cree?
Sonrió –Eres muy amable, Bella, pero no me parece lo mejor. Ya hemos pasado otras tormentas aquí.
-Pero eso fue antes del accidente.
-¡Bella! –mi padre me frenó.
-Perdón –agaché mi cabeza.
-Está bien, tienes razón, quizás –hizo una pausa –lo pensaré.
-Bien, bien.
De repente se cortó la luz.
-¡Ahhh! –grité asustándome.
-Se cortó la luz, Bella, cálmate, iré a verificar la térmica fuera –indicó mi padre prendiendo la luz de su celular.
-Ven aquí –Esme me tomó del brazo y prendió la linterna.
Caminamos hasta Jasper y nos sentamos en el sofá.
-¡Esme! –gritó mi padre fuera –¡Trae un destornillador!
La acompañé nuevamente a la cocina, tomó un destornillador y me entregó una vela –Toma, Bella, quédate con Jasper –indicó.
Me senté en el sofá –Todo estará bien, lo arreglarán –lo tomé de la mano, la oscuridad me daba miedo.
Sentí un leve movimiento en su mano cuando la agarré, lo solté asustada.
Tragué saliva –¿Jasper? –lo miré fijamente confundida.
Me dirigí hacia la puerta para ver si necesitaban algo –¿Papá?
-¡Quédate adentro con Jasper! –oí la voz de Esme.
De repente oí un grito que provenía de la cocina, me acerqué lentamente a una puerta que tenía seguro –¿Hola? –abrí la puerta, allí había una escalera que al parecer se dirigía al sótano –¿Hola? ¿Hay alguien ahí? –bajé un escalón, estaba por bajar otro cuando sentí que alguien me empujaba –Ahhhhhhhhhhhhhh –caí por las escaleras golpeando mi cabeza repetidas veces.
-¿Bella? ¿Bella? –abrí los ojos confundida –¿Qué te pasó? –mi padre me mirá preocupado.
-¿Qué pasó de qué?
-Caíste por las escaleras del sótano de Esme ¿Qué hacías ahí husmeando? –preguntó furioso.
-Yo… yo…
Esme me colocó un paño en la cabeza –¿Te duele?
Me toqué, tenía sangre –Un poco –respondí luego.
Observé a Jasper, estaba mirándome, un escalofríos recorrió mi cuerpo.
-Quiero irme –susurré.
-Bien, al parecer ha sido una noche accidentada –comentó mi padre –Discúlpame por lo que ha sucedido, Esme –me ayudó a levantarme.
Cuando subí al coche no dudó en regañarme.
-¿Qué estabas haciendo ahí? ¿Acaso no oíste cuando Esme te pidió que te quedaras con Jasper? ¡Lo dejaste a oscuras! Cuando entramos y no te vimos nos preocupamos, Esme notó que la puerta estaba abierta y te vimos al final de las escaleras desmayada.
-Lo lamento, me pareció oír un grito.
-¿Un grito? –lanzó una carcajada –Lo que hace el miedo ¡dios, dios!
-¿Qué quieres decir con eso?
-Estabas temerosa por la oscuridad y te armaste toda la película de terror, cariño.
-No fue así, además Jasper tiene algo raro. Me da miedo.
-¿Te da miedo? Pobre muchacho está ahí postrado. ¡Ten más respeto, Bella! ¿Qué te sucede?
-No lo sé –temblé sintiendo que algo estaba mal.
.
.
.
Esme POV
Prendí la computadora, me comuniqué con Marcus –Hola, Marcus –lo saludé.
-¿Te han llegado los análisis?
-¡Ups! ¡Lo olvidé! Ahora mismo verifico el e-mail y te re-envío todo.
-¿Te sucedió algo?
-Sí, ha sido un día agitado. Anoche tuve un sueño extraño.
-¿Qué soñaste?
-Con Bree, la niña. Ella estaba aquí en la casa, y me atacaba o eso parecía. Lo más extraño es que desperté con el brazo rasguñado ¿puedes verlo? –se lo mostré a través de la cámara.
-Quizás te rasguñaste tú misma durante el sueño, Esme.
-Le encontré una marca a Jasper también –confesé.
-Esme, ya hablamos de esto. Cuanto más te persigas, será peor, ¿además que quieres decir? ¿Qué hay un fantasma en tu casa? ¿El fantasma de Bree?
-No lo sé, lo pensé… yo…
-¡Esme!
-Esta noche vinieron los Swan a cenar, se cortó la luz y luego encontramos a Bella al final de las escaleras golpeada ¿no crees que sea extraño?
-No, si se cortó la luz y estaba todo oscuro, no creo que sea extraño que caiga por unas escaleras, Esme, por favor, usa la cabeza.
-No lo sé, siento una presencia en la casa, algo malo.
Marcus suspiró.
-Yo sé que tú no crees en fantasmas, pero es lo que siento.
-Solo quiero ayudarte, Esme. No creo que un fantasma esté acosándote, creo eres tú misma, agotada.
-¿Crees que me esté volviendo loca?
-No, no creo que estés volviéndote loca. Creo que necesitas unas vacaciones, te lo diré por enésima vez.
-Cuando pase esta tormenta arreglaré todo para que Jasper vaya al centro –comenté y volteé al sentir un ruido en el pasillo.
-¿Qué sucede, Esme?
-Oí algo, ahora vengo.
Caminé por el pasillo –¿Jasper? –me asomé en su habitación, estaba acostado.
-¿Todo bien? –preguntó cuando volví.
-Sí, bien, es solo que me pareció oír pasos –expliqué rascándome los ojos.
-Ve a dormir, Esme.
Revisé mi e-mail antes de recostarme, ya me habían llegado los análisis, se los re-envié a Marcus, sin verificarlos, estaba cansada.
Me recosté en la cama, tomé la estampilla de la Virgen en mis manos –Te pido por la vida de Bree, por favor ayúdala –me quedé dormirá rezando.
Sonó el despertador, lo apagué y me levanté.
-¿Jasp? –abrí la puerta de su habitación, allí estaba despierto.
Me asomé por la ventana, la tormenta de nieve se veía fea.
Sonó mi celular –¿Charlie? –lo atendí.
-Hola, Esme, llamaba para saber si querían venir a casa. Podría pasar a buscarlos a ambos.
-¡Oh, cierto! No, no, la tormenta ya se ve fea, no quiero trasladar a Jasper con este clima. Además no quiero que manejes hasta aquí, es peligroso –respondí –¿Hay noticias de Bree?
-Las búsquedas se suspendieron esta mañana –admitió –Ya no podemos buscarla en esta tormenta. Y la realidad es que si la niña está allí fuera, ya está muerta.
Intenté contener las lágrimas –¿Crees que falleció?
-Estoy seguro, Esme. ¿Allí fuera, con este frío?
Al colgar decidí rezarle a la Virgen nuevamente.
-¿Por qué Dios? ¿Por qué?
Casi no se veía el sol, la tormenta oscurecía el cielo.
Dejé unas velas a mano y me quedé con la linterna colgada del cuello.
Coloqué a Jasper frente a la chimenea y me senté a su lado.
-¿Tú también sientes algo extraño? –le pregunté –Me gustaría que hablaras, cariño, que me respondieras.
Oí mi teléfono celular, me levanté y fui por él –¿Marcus? ¿Todo bien?
-Revisé tus análisis ¿acaso estuviste mintiéndome, Esme?
-¿De qué hablas?
-¡Estás tomando pastillas para dormir! ¡Una dosis elevadísima!
-¡No! –negué.
-Lo dicen tus análisis, Esme, ¿acaso estás consumiendo antidepresivos sin receta?
-No, yo no estoy tomando nada, lo juro.
-No puedo creer que me mintieras, Esme, yo solo quiero ayudarte. Podrías haberme pedido los medicamentos, te los hubiera recetado –colgó furioso.
-¿Marcus? ¿Marcus?
¿De qué estaba hablando?; me dirigí al ordenador y revisé los análisis.
Tenía razón, en la sangre me figuraba una alta dosis de sedantes.
Pero eso era imposible ¡yo no estaba tomando nada!
