Por fin, mi primer JeanMarco. ¡Yay! :D

Todos los errores son míos.

Shingeki no Kyojin/Attack on Titan y todos sus personajes son propiedad de Hajime Isayama. Yo no poseo nada, solo los feels y las ideas.


Galaxias, constelaciones y estrellas

Todos los miércoles, a las tres de la mañana, el canal de la universidad pasaba los capítulos viejos de Doctor Who, quizás con la excusa interesar a los estudiantes en la astronomía. Probablemente era una treta de la facultad de astronomía, pero nadie se había tomado la molestia de investigarlo y Jean tampoco sería el primero en hacerlo.

—Jean.

Marco tenía la voz destrozada, convertida en un sonido ronco y áspero como una lija, y al contrario de lo que hubiera esperado, Jean se sintió bastante orgulloso de eso. Él también sentía la garganta lastimada, como si le hubieran metido un cuchillo o un puñado de arena, y era consciente de la manera lenta pero segura en que sus músculos le gritarían como demonios después de unas horas.

Estaba orgulloso de todo eso.

—Creí que ya estabas dormido.

El vapor de la ducha le llegaba hasta donde estaba, desparramado sobre la estrecha cama del departamento que compartían, departamento que en realidad era solo un poco más grande que una caja de zapatos. Cuando Connie les dijo de la oportunidad de vivir en otro lado que no fuera el dormitorio ambos saltaron sobre ello, pero por supuesto que no era ni la mitad de lo que les habían prometido. Se quedaron porque el alquiler era de risa, y porque las paredes eran gruesas, pero esa caja de fósforos solo era perfecta para alguien tan solo como Connie.

—Lo siento si te desperté.

Marco se sentó en la cama y se acostó a su lado, su piel fresca y limpia después de la ducha.

—No, seguía despierto.

Jean se acercó hasta él y deslizó la mano por su pecho, dejando un rastro de besos húmedos en el hueco entre su cuello y su hombro. Marco se derritió como mantequilla, apretándose contra su cuerpo sudado como si se tratara de un salvavidas.

—Jean.

Marco huele a jabón, pasta de dientes y agua fresca. Su boca se abre ávidamente ante la intrusión de su lengua, sus dedos clavándose en las caderas de Jean hasta resultar doloroso, creándole nuevos cardenales que probablemente se pondrían morados.

—Jean.

Jean le mordió el labio inferior, lamiéndolo suavemente para calmar el ardor posterior a la herida, y comenzó a esparcir un reguero de besos sobre su rostro pecoso. Marco exhaló un gemido dulce, como si le hubiera nacido desde el centro del pecho, enredando sus piernas alrededor de las suyas. Clavó los dientes sobre su hombro derecho, justo encima de donde lo había mordido antes, como si no pudiera controlar sus reacciones.

—¡Jean! Oh, Dios.

Marco se volteó, encarándolo, uniendo sus labios con una bocanada hambrienta. Jean se restregó contra él, como un perro excitado, aplastándose contra el cuerpo de Marco hasta que no supo dónde comenzaba su piel o terminaba la del otro. Estaba sudando sobre sudor seco, relamiendo lugares que había probado solo un par de minutos atrás, releyendo y redescubriendo el cuerpo de Marco no si fuera un mapa.

—Jean, oh…

—Dime.

—Jean…

—Dime qué quieres.

La escasa luz de la tele dibujaba formas extrañas sobre sus cuerpos, como si ambos fueran una ilusión óptica o una fantasía sacada de las aventuras locas de Doctor Who; apenas podían verle claramente el rostro al otro. Jean adivinaba más que leía las expresiones del Marco, que se desmoronaba y reconstruía con cada movimiento de su pelvis, como si estuviera dirigiendo una orquesta. Le besó la boca, húmeda y desesperada por un poco más de su aliento, y volvió aplastarse contra su cuerpo, sorprendido de que todavía existiera un pedazo de piel que no estuviera pegada a la otra.

—Te quiero a ti.

La voz le salió hecha un desastre, como si le hubieran echado un puñado de arena por la garganta.

—Marco.

—Te quiero a ti… Jean.

Era como perderse en el desierto, como ahogarse en lo más profundo del océano.

—Marco…

—Te quiero.

Podía perderse en ese desierto, ahogarse en lo profundo de ese océano, consumirse hasta que ya no existiera una diferencia entre él y Marco. Igual que las galaxias, constelaciones y estrellas embutidas dentro de la TARDIS, esparcidas sobre su piel, como si todo el universo naciera y muriera con él.

Estaba perdido en ellas.


Hago la declaración de que NO TENGO NI LA MENOR IDEA DE CÓMO HICE ESTO. Se suponía que esta pareja tendría un drabble ridículamente lindo y dulce, una vaina sacada de la fábrica de Wonka, pero al final terminé escribiendo de un Jean nerd que ve Doctor Who a las tres de la mañana mientras tiene sexo con su novio, Freckled Jesus. D:

`v`)/