Disculpen la tardanza, tuve una semana sumamente agitada en el trabajo y no fue hasta el viernes en la madrugada que tuve tiempo de para escribir. Lo más triste es que, de haber sido organizada y escribir todos los oneshots desde el inicio antes de publicarlos, como hice con los primeros tres, hubieran tenido su actualización el mismo lunes. Pero bué; de nada sirve llorar por la leche derramada.

Todos los errores son míos.

Shingeki no Kyojin/Attack on Titan y todos sus personajes son propiedad de Hajime Isayama. Yo no poseo nada, solo los feels y las ideas.


De rosas amarillas y cajas doradas de chocolates vacías

En Krolva llovía casi todos los días ahora, pero hoy no era uno de esos días. El sol se derramada a través de la ventana como si fuera agua, iluminando y calentando todo lo que estaba a su paso, desde papeles hasta los guantes de goma que Levi se había quitado hacía menos de cinco minutos. El cielo estaba de un azul intenso, del tipo que miras varias veces hasta quedar encandilado, y no había rastros de nube en kilómetros.

Era un día bonito. Casi primaveral.

Levi escuchaba el run-run de los estudiantes yendo y viniendo del otro lado de la puerta, correteando por los pasillos y armando un escándalo en medio de lo que fuera que estuvieran haciendo. Él tenía una idea bastante aproximada de qué es lo que pudieran estar haciendo, puesto que era lo único que habían estado haciendo desde que inició el mes: pegando y repartiendo carteles para el evento de San Valentín, y haciéndolo mal.

Desde el día uno, la universidad se había encontrado atestada de panfletos, pancartas, anuncios y banners mal pegados por todos los pasillos, haciendo alarde de los acontecimientos programados para la semana del catorce, todos de alguna calaña diferente a la anterior hasta finalmente llegar al mentado día. Levi no tenía ningún problema con eso, suficientes años trabajando en la universidad lo habían insensibilizado ante la fanfarronería de los estudiantes, pero este año todo lucía más imprudente que nunca.

¿Realmente era malditamente necesario ensuciar tanto para hacer al tan sencillo como vender flores o chocolates? Levi había trabajado casi diez veces más de lo habitual en los últimos cuatro días de lo que lo hacía en toda una semana. No se estaba quejando, al final del día era su trabajo, pero sí estuviera que ponerle palabras a lo que sentía, "un poco molesto" sería el puto eufemismo del año.

—Toma.

Erwin dejó su taza frente a él, rodeando el escritorio y peleando torpemente contra una montaña de papeles en su silla para poder sentarse finalmente. El vapor del té subió en volutas lentas y espesas hasta su nariz, endulzando el aire con el particular olor de la calabaza y el jazmín, sabor tradicional de los tés hechos a mano que vendía Nanaba.

Levi estiró la mano y agarró un cubito de azúcar entre los dedos, sintiendo su textura granulosa en las yemas, pero casi inmediatamente lo dejó.

—Te ves estresado —comentó Erwin, como quien no quiere la cosa.

La oficina de Erwin era amplia, pero nada fuera de lo extraordinario. No era lo suficientemente grande ni espaciosa como la de los otros profesores, los que llevaban más años enseñando en aquella universidad de los que él o el mismo Erwin tenía vivos, pero tampoco se iba a quejar. Los colores claros de la pintura creaban la ilusión de más espacio, pero la cantidad de libros y papeles rebasaba cada día más los límites de la misma. Probablemente tendría que ocuparse de ello más temprano que tarde.

—Lo estoy —aceptó Levi, sosteniendo la taza con todos sus dedos y llevándosela a la boca.

Erwin soltó una risa entre dientes, el sonido áspero y bajo de su voz convertido en una chiquillada.

—Es solo una semana; ya casi estamos por la mitad. Luego volverán a la normalidad.

—Hasta el próximo evento —refutó.

Erwin volvió a reírse, sacudiendo los hombros, casi como si lo hiciera con todo el cuerpo.

—Tienes toda la razón.

La oficina no estaba ni remotamente fresca, y afuera hacía suficiente calor para que la mayoría de los estudiantes estuvieran en shorts o camisas ligeras, pero el té siempre resultaba agradable. Levi se había quitado la parte superior del uniforme de conserje, dejándose el suéter que usaba debajo. Erwin también se había remangado la camisa hasta los codos, se había quitado la corbata e incluso había soltado algunos botones, dejando parte de su cuello y la clavícula a la vista.

Hacía un montón de calor. El abanico sobre sus cabezas hacía ruidos roncos cuando giraba, como si en cualquier momento fuera a caérseles encima.

—Tú también te ves estresado —declaró Levi, mirando las marcas negras debajo de los ojos azules—. Deberías dormir más.

Erwin apenas levantó la vista de sus papeles, rayando y escribiendo furiosamente lo que parecía ser una corrección en algún examen.

—Es algo gracioso escuchar eso de alguien que apenas y es capaz de dormir tres horas completas —respondió, las comisuras de su boca doblándose levemente hacia arriba.

Bufó por encima de su taza, dándole un último sorbo a los pozos de su té.

—Estamos hablando de ti, no de mí.

Afuera se escuchaba un barrullo repleto de caos, desde ruidos típicos de la calle hasta risas y gritos anunciando ofertas, mayormente de los estudiantes vendiendo flores y chocolates. A estas alturas ya estaba harto de las flores y los chocolates; desde sus años viviendo en el Underground, no creía haber visto tanta basura desde que comenzaron las malditas ventas; estos estudiantes eran unos cerdos.

Levi apoyó los codos desnudos sobre la superficie del escritorio, apartando a un lado el plato y la taza. Él no tenía absolutamente nada en contra de la fecha —no lo había tenido antes y no comenzaría a tenerlo ahora—, sino que simplemente estaba irritado con el despilfarro desenfrenado y la desorganización de los muchachos encargados de ese año. Habían pasado años desde la última vez que deseó golpear a un mocoso con la escoba en el estómago, pero estos días se sentía cada vez más tentado a hacerlo que en sus primeros años de novato, cuando era un joven lleno de rabia recién salido de las alcantarillas.

Erwin no parecía del todo consciente de ello, o simplemente decidía ignorarlo.

—Estoy bien, Levi —respondió suavemente, esbozando una sonrisa ligera—. Solo un poco cansado.

Levi se puso de pie y rodeó el escritorio, situándose a su lado y apoyándose contra el borde. Erwin alzó la cabeza, encontrándose con su mirada, curiosidad y calidez desbordándose en sus ojos azules, como si fuera una catarata. Él estiró la mano, encontrándose con la piel tersa de su rostro, apreciando las líneas firmes y definidas de sus pómulos, su nariz, sus labios ásperos y agrietados.

Erwin se inclinó contra su mano, inhalando y exhalando con pereza.

—Solo un poco más y termino —suspiró—. Dame diez minutos.

Su respiración acarició la piel de su muñeca, tibia como el humo de una taza.

—Tus diez minutos siempre resultan ser medio puto día.

Erwin se rio, pero no lo negó.

Levi deslizó los dedos de su mano izquierda por el cabello rubio, sin dejar de recorrer las líneas de su rostro, demorándose en sus favoritas. Erwin no dijo nada, solo se dejó hacer, como un hombre sediento en busca de una fuente de agua. Sintió los rastros ásperos de su barba rasurada contra las yemas de sus dedos, medio irritado con el hecho de que nunca se la dejaba crecer lo suficiente cuando estaban durante la época de clases, como si tuviera miedo a manchar su impecable aspecto de profesor.

Sus pulgares volvieron a detenerse en las comisuras de sus labios, casi palpando los suspiros que se derramaban de su boca. Erwin se estremeció suavemente contra sus manos, apretando el bolígrafo entre sus dedos con tanta fuerza que parecía que iba a romperlo. Levi deslizó las yemas de sus dedos por las grietas de los labios, preguntándose si la poca cantidad de agua que ingería durante el día tendría algo que ver con eso. Probablemente. Con toda seguridad.

Cuando la punta de su lengua lamió su dedo, Levi sintió como si mirara las estrellas.

—Tus dedos saben a azúcar —mencionó Erwin, su voz sonando ligeramente más ronca, ligeramente más áspera—. Pensé que tomabas tu té sin nada.

Levi deslizó la lengua por la comisura de sus propios labios, sintiendo la ligera succión de su pulgar en todos sus huesos.

—Así es como lo hago.

Cuando se inclinó para juntar sus labios, Levi comenzó a sentir como si su cuerpo ardiera, un calor que le nacía en las entrañas, mucho más allá de clima sofocante. Terminó por saltar sobre el regazo de Erwin, sentándose a horcajadas sobre sus muslos, una mano todavía en la maraña de pelo rubio y la otra buscando su camino a través del pedazo de camisa. La boca del otro sabía a té de calabazas y jazmín con un toque de menta, porque Erwin siempre le ponía menta a todo, incluso a la comida. Levi chupó sus labios, importándole muy poco el dejarle marcas visibles, porque ninguno de los estudiantes era mojigato y seguramente ya más de uno había soltado la boca respecto a lo que hacían ellos dos cuando se encerraban en la oficina.

Le importaba una mierda. Probablemente tenía más años estando con Erwin de lo que tenía alguno de esos niños viviendo.

—Ayer en la tarde una estudiante de segundo año me regaló una caja de chocolates —dijo Erwin, arrastrando su boca húmeda por la línea de su mandíbula—. Esperó a que terminara la clase para dármela. Incluso la envolvió en papel dorado.

Levi le mordió la mejilla, lamiendo la herida para disminuir el ardor posterior.

—¿Y cuál es la novedad sobre eso? Hacen lo mismo todos los años. Eres el puñetero profesor favorito de todo el mundo.

Dedos gruesos y ásperos de filtraron por debajo de su suéter, repartiendo caricias circulares y lentas sobre la piel y los músculos de su pecho, demorándose especialmente sobre sus cicatrices. Hacían años desde que Levi había conseguido la última, en medio de un robo cualquiera en el Underground, pero Erwin solía besarlas como si fueran nuevas.

Erwin era un idiota romántico, del tipo que todavía lo felicitaba por cada uno de sus cumpleaños y le regalaba chocolates en San Valentín, como si ambos fueran adolescentes o llevaran solo un par de meses de estar saliendo.

—¿No te molesta? —inquirió con un deje de diversión en su voz—. Digo, Historia Reiss es una muchacha brillante y encantadora, cuando habla en clases es como si atrapara la atención de todos, como si la absorbiera… —besó el hueco de su cuello con cuidado, como si él fuera alguna cosa delicada—. Pero estoy seguro de que su novia me arrollaría con su motocicleta si tuviera la más remota idea de que Reiss intentaba coquetearme cuando me dio los chocolates.

Levi soltó un bufido, arrastrando las uñas por el cuero cabelludo de Erwin.

—¿Por qué me molestaría? No eres un pedófilo. Esos mocosos te adoran, seguramente hicieron alguna recolecta para comprar los malditos chocolates y enviaron a la niña más bonita para dártelos. Es lo menos que te mereces.

Erwin se echó a reír sobre su clavícula como si hubiera dicho un gran chiste, calentando su piel con su aliento. Levi quería desnudarlo. Quería arrancarle la ropa con los dientes y empotrarlo contra su propio escritorio, follarlo tan lento que final no pudiera recordar ni su nombre, hasta convertirlo en un caos. Quería meterle sus palabras por cada poro, escribírselas en la piel de ser necesario, porque Erwin era demasiado terco y demasiado fuerte para hacérselo entender a golpes, no importa cuántas veces lo hubiera intentado —y lo había intentado. Dios, cómo lo había intentado.

Volvió a atraer sus bocas juntas en un beso, todo humedad y caricias lentas, una cosa completamente diferente a lo que estaba imaginando dentro de su cabeza. Si solamente estuvieran fuera de temporada de clases…

—¿Y qué hay respecto a las flores?, ¿esas sí te molestan? —preguntó con la voz contenida, chupando cardenales que acabarían de color morado en su cuello—. Rosas amarillas, de parte de la clase de segundo año de medicina. Me las dio Bodt, ¿el de las pecas? Es un muchacho brillante, tiene futuro prometedor.

Levi no tenía ni la menor idea de quién era. Probablemente lo había, probablemente no. ¿Cómo podía saberlo? Aquella universidad tenía demasiados estudiantes, no era su trabajo reconocerlos a todos.

—Erwin, ¿de verdad quieres que me ponga celoso porque unos niños te regalaron algunas flores? ¿Por quién me tomas? —resopló.

Erwin volvió a reírse con fuerza, sacudiendo todo el cuerpo, dejando un rastro de besos por toda la línea de su mandíbula.

Levi no tenía ningún problema con San Valentín; normalmente era una fecha que venía y se iba sin demasiado orden ni concierto, apenas dejando rastro tras su paso. Este año, al parecer, sería completamente diferente. Apenas estaban a diez de febrero, pero a Levi ya le hervía la sangre de solo pensar en la enorme cantidad de basura que se produciría en los próximos días, y ni qué decir del catorce. Aparte, ni siquiera se deshacería de ello en casa, al menos no hasta el veinte, después de que todos los estudiantes le hubieran dado suficientes obsequios a Erwin como para abarrotar la estancia, dejándolos a ellos mismos oliendo a chocolates y flores de todo tipo.

Y tal vez ni siquiera después de eso, porque entonces Erwin querría sacarlo a alguna cena para celebrar la fecha atrasada, aprovechando que a principios de marzo comenzaba la temporada de vacaciones, en insistiría en regalarle alguna bobería que tuviera relación a la celebración, sin importarle cuánto le recriminara Levi con lo innecesario que era eso. ¿Acaso tenían veinte años? Ni siquiera estaban cerca de los treinta. Ninguno de los dos.

Al final terminarían aterrizando en SweetsStars© a la una de la madrugada por capricho de ambos, mortificando a Nanaba por aparecer a esas horas, y Erwin se tomaría un café simple mientras que él iría a por el té de calabaza y jazmín de siempre, compartiendo un trozo de torta entre los dos como si fueran unos críos. No sería nada extraordinario, pero para ellos resultaría suficiente.

Levi estaría contento con eso. También estaría contento porque, gracias a Dios, los chocolates solo se regalan en San Valentín.


Y de ahí viene el nombre. Tadá~

Este sería el último de los oneshots; espero les haya gustado esta cosita fea. La historia tendrá un epílogo, también de una de mis parejas favoritas, aunque no sé realmente cuándo pueda publicarlo, puesto que comenzaré a trabajar en un oneshot que debo entregar antes del veintitrés. Ya estoy trabajando en ello, así que, por ahora, lo más cercano a una fecha que les puedo dar es para el lunes de la próxima semana, cuando mínimo. Por ahora marcaré el fic como terminado.

Ya saben, los reviews siempre son apreciados. Besos. Cuídense.

`v`)/