Lo prometido es deuda :D. Espero les guste.
Todos los errores son míos.
Shingeki no Kyojin/Attack on Titan y todos sus personajes son propiedad de Hajime Isayama. Yo no poseo nada, solo los feels y las ideas.
Epílogo
Demasiada azúcar para algo tan rancio
La jefa de Eren ya los había regañado tres veces.
—¡Hey! Si no van a consumir nada, dejen de hacer escándalo. Es la última vez que lo digo —les advirtió, dándoles una mirada que rayaba en lo asesino.
Connie le dio un golpe con el cuello de la guitarra a Ymir, haciéndole gestos para que bajara los pies de la mesa, pero ella le dio una patada que casi le rompe el instrumento.
—¡Fíjate, bruja!
—Tienes suerte de que nadie te haya roto esa guitarra en la cabeza hace rato —contraatacó, estirando las piernas en su dirección. Las botas de motociclista que llevaba puesta lucían más pesadas que cualquier cosa que hubiera visto en su vida—. Dame una razón por la que no debería hacerlo ahora.
Connie abrazó la guitarra con aire protector, rasgando algunas notas sueltas que hicieron eco en la cafetería vacía.
—Katerina es mi vida. No te atrevas a ponerle un dedo encima.
Jean soltó una carcajada que hizo estremecer la mesa, revotando de vuelta junto con las notas de las cuerdas.
—¿Qué clase de nombre es ese para una guitarra? —se burló, mirando sobre su hombro para asegurarse que Nanaba no estaba a la vista para poner los pies al lado de los de Ymir—. Katerina es nombre de vieja rica. Deberías ponerle algo más de pueblo como, no sé, el de tu novia.
—Sasha es un nombre bonito para una guitarra —comentó Historia, sin un solo ápice de burla en su tono.
La cabeza de Sasha salió disparada hacia arriba, alejando apenas su interés de la bolsa que mantenía oculta entre ella y la pared.
—¿Que yo qué? —graznó, limpiándose la boca con un movimiento brusco y mal disimulado.
Ymir soltó un suspiro que de suspiro no tenía nada, sino más bien un resoplido, y estrelló levemente la pesada suelta de su bota contra la superficie de la mesa, causando un estrépito con los cachivaches de la vajilla.
—Nada. Vuelve a tus pastelillos.
Sasha la miró como si estuviera poseída, ocultando la bolsa dentro de su chaqueta vieja, desviando sus ojos en todas las direcciones para asegurarse que nadie la había visto.
—¿Qué pastelillos? Yo no estoy comiendo nada.
Ymir chasqueó la lengua, un sonido feo y lleno de burla.
—Estábamos aquí cuando Eren te trajo las sobras de San Valentín para que te las zamparas, ¿crees que somos idiotas? —se puso de pie y se estiró sobre la mesa, abriéndole la solapa a la otra y arrancándole la bolsa—. ¡Dame acá!
—¡Ah! —casi chilló—. ¡Mis sobras!
—¡Hey, Ymir! —saltó Historia, molesta. Le arrebató la bolsa de las manos, devolviéndose otra vez a Sasha, pero Ymir fue más rápida y sacó dos muffins antes de que se la regresaran—. ¡Dios! ¡Eres imposible! —le recriminó, cruzándose de brazos.
Ymir le acarició la mejilla con el pulgar, muy suavemente, como si fuera una pluma, pero Historia le dio un manotazo.
—Así y todo me quieres —murmuró.
Jean hizo un ruido que le surgió del fondo del pecho, algo mezclado entre gruñido y bufido.
—No comiencen con sus cosas de lesbianas aquí. Estamos en un lugar público.
Connie lo miró como si le hubiera crecido una segunda cabeza.
—¿Quién eres tú para hablar, señor soy-tan-gay-que-estoy-esperando-a-mi-novio-salir-de-su-turno-a-las-malditas-dos-de la madrugada? —lo acusó, rasgando las cuerdas de su guitarra con un riff que venía persiguiéndolo hacía semanas.
Sasha asintió y se metió rápidamente un pastelillo a la boca, acabándoselo todo en un solo bocado.
—Oye, a mí me gustan las mujeres, Marco es solo un caso diferente —balbuceó, desviando la mirada a la negrura de la noche a través de la ventana. Afuera, las calles estaban iluminadas por las distantes luminarias de focos amarillos, dándole un aspecto roñoso y descuidado a las aceras.
Incluso Historia resopló al escuchar eso.
—No seas imbécil, Jean —lo pulló Ymir, agarrando uno de los muffins que había robado y partiéndolo en dos. Le extendió un pedazo a Historia y el otro se lo llevó a la boca—. Te gusta chupársela a Bodt. Te gusta metérsela por el culo. No hay nada malo en ello.
Sasha soltó una carcajada que casi la hace escupir lo que se estaba engullendo, aferrándose al hombro de Connie como si se le fuera la vida. Historia lanzó una risita, aunque en su ceño se notaba que después iba a regañarla por eso.
—¡A mí me gusta Mikasa!
—¡Ja! Suerte con eso, entonces —le deseó, estirándose para tomar el muffin sobrante y comenzar a mordisquearlo—. Annie te sacará la mierda si tratas de ponerle un dedo encima.
—Y ella misma —añadió Historia.
—También Eren —dijo Sasha.
Ymir se carcajeó, frunciéndole el ceño a otro pedazo del pastelillo antes de metérselo a la boca. Estaba como pez en el agua.
—Apuesto mi título a que primero le metes a Jaeger que a Mikasa —ofreció, volviendo a subir los pies sobre la mesa.
Connie también le frunció al pastelillo, pero siguió mordisqueándolo de todas formas.
—Apuesto mi guitarra a que Armin lo encierra en el laboratorio con la profesora Zoë y lo disecan si hace algo como eso.
Historia lucía entre preocupada y divertida. Miró con malos ojos al muffin antes de darle una mordida.
—¿No creen que eso sería un poco, bueno, demasiado? —preguntó.
—Es lo mínimo por robarle al que ha sido su esposo desde que estaban en pañales —explicó Connie, con Sasha asintiendo en acuerdo. Volvió a morder el pastelillo y entonces comentó—. Oigan, ¿no creen que estos muffins saben algo raros?
Jean se lo arrebató de un solo manotazo, luciendo como si un camión lo hubiera atropellado. Era bueno divertirse a sus costas, especialmente cuando Reiner no estaba al alcance.
Ugh. Solo pensar en el por qué ni Reiner ni Bertholdt estaban ahí con ellos era suficiente para causarle pesadillas.
—Pues claro que saben mal, idiota, si son las sobras de la semana de San Valentín —gruñó, dándole un mordisco al pastelillo mientras decía eso—. Están hechos de melaza y un montón más de porquerías dulces.
Historia arrugó la cara, soltando el suyo inmediatamente y poniéndolo encima de uno de los platos.
—Ugh, con razón. Sabían a demasiada azúcar para algo tan rancio.
Sasha estiró la mano hacia el muffin desechado y se lo llevó a la boca, luciendo como si fuera a sufrir un ataque de no poder hacerlo.
—Dios mío, Connie, ¿cómo es posible que Sasha pueda comer tanto? ¿Ella te besa con esa boca? —inquirió Jean, dejando su pastelillo de lado y mirándola perturbado. Su expresión adoptó una mueca retorcida—. Debería usarla para otras cosas, ya sabes. Aprovechen ahora, que estarán llenos de azúcar, y así dejan de ser vírgenes de una vez por todas.
Requirió de toda su voluntad no morder el anzuelo.
—Sí, bueno, ya teníamos planes para ello, pero gracias, Jean —respondió con calma. La verdad es que sí tenían planes para después que salieran de Sweets©, pero eso no era asunto de nadie. Iban a jugar el más reciente juego de Guitar Hero en su departamento, y esta vez estaba decidido a vengar su derrota de la semana pasada. Nadie vencía a Connie en Guitar Hero, ni siquiera su novia—. Ya puedes dejar de pensar en si estoy cogiendo o no.
Jean se lanzó contra él, tirando un montón de cacharros al suelo. Sasha salió disparada hacia atrás, cayéndose de espaldas sobre su silla, desparramando un desastre de pastelillos sobre los pedazos rotos de los platos y los charcos fríos de los pozos del café que se habían tomado. Historia intentó detenerlos, poniéndose de pie y yendo hacia ellos, pero Ymir la detuvo antes de que tuviera oportunidad y la arrastró fuera de cafetería, desapareciendo antes de que los problemas estallaran.
La entrada de SweetsStars©, se abrió en ese momento, dándoles la oportunidad de salir pitando del establecimiento como si hubieran lanzado mataratas, todo al mismo tiempo que Nanaba aparecía echando humos desde la parte trasera de la cafetería, con Eren, Armin y Marco convertidos en su sombra.
—Joder.
Connie cayó de culo contra el piso, esquivando a penas las manos engarfiadas de Jean, que también terminó aterrizando de bruces en el suelo.
—Esto es… inusual.
Connie reconoció la voz del profesor Smith antes de verlo realmente, parado al lado de la puerta de entrada con una expresión que solo podía describirse como sorpresa. Al lado suyo estaba el conserje Ackerman, los brazos cruzados y lo suficientemente irritado como para que comenzara a reconsiderar las decisiones de su vida que lo habían llevado a ese momento. Como si fuera poco, el esposo de Nanaba también salió de la parte trasera, todo alto e intimidante como si fuera un rascacielos, con las manos cargadas de una bandeja llena de platos y tazas sucias.
Connie nunca había sido bendecido con buena suerte, pero esto estaba más allá de lo ridículo.
—¡La jodiste bonito esta vez, Krischtein! —exclamó Eren, rompiendo el silencio de una sola cuchillada.
Marco salió disparado en su dirección, con los ojos tan abiertos que parecía que se le caerían en cualquier momento.
—¡Por Dios, Jean, qué hiciste esta vez! —le extendió la mano, ayudándolo a ponerse de pie.
Connie resopló, girando sobre su estómago para levantarse. Vio al profesor Smith caminar hasta Sasha, quien parecía un ciervo atrapado por las luces de un carro mientras recogía los pastelillos, guardándolos casi desesperada dentro de la bolsa.
—Esos dulces ya están sucios, ni se te ocurra pensar en quedártelos —escuchó decir al señor Ackerman desde donde estaba Sasha.
—¡Yo no hice nada! —comenzó Jean, limpiándose los brazos y quitándose los pedacitos de cerámica roto de los antebrazos—. ¡Fueron Connie y la bruja de Ymir, que salió huyendo después del puto desastre!
—¡Ah, no! ¡No vengas a limpiarte conmigo, que no fui yo el que tiró la mesa! —se defendió, levantando su guitarra del suelo.
Marco hizo un ruido frustrado, frunciendo el ceño como nunca Connie lo había visto.
—¡Ay, por Dios, Jean! —gimió.
Eren se rio a carcajada suelta, todavía en la puerta que daba a la cocina y medio oculto detrás del pequeño cuerpo de Armin.
—¡La cagaste bien bonito otra vez, Jean! —volvió a gritar, carcajeándose con ganas.
Armin le dio un codazo.
—¡Sshh!
Nanaba se puso en el centro del desastre, su presencia tan amenazante que incluso el esposo del profesor parecía insignificante —¿porque estaban casados, verdad? Todo el mundo les había visto los anillos, aparte de que no era un secreto para nadie que ellos hacían más que tomar té cuando se encerraban en la oficina del profesor—.
—No me importa quién lo haya iniciado —expresó, haciendo de su ya de por sí ronca voz algo apabullante. Ni siquiera un puñetazo hubiera sido más efectivo para mantenerlo callado—, pero me limpian este desastre antes de que cerremos o nadie se va de aquí esta noche. ¿Entendido? —Jean asintió, encogido. Él también asintió. Incluso Sasha asintió varias veces, mirando con pesar la bolsa de pastelillos rancios que el señor Ackerman le había confiscado—. Pónganse a trabajar.
Connie se revolvió sobre su propia mala suerte. Esto le pasaba por ser buen amigo, por acompañar al cara de culo de Jean a esperar por Marco. No lo volvería hacer más. Prefería escuchar coger a Reiner y Bertholdt antes que hacerlo. ¿Porqué se juntaba con esa gente? Sus amigos eran unos burros de la peor calaña, comenzaban a ser una mala influencia.
Puso a Katerina en un lugar seguro y se rindió. Estúpidos amigos los suyos. Esa noche su partida de Guitar Hero tuvo que esperar.
¡Gracias por leer!
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