Lluvia y chocolates amargos

Ese martes por la tarde Lincoln había decidido caminar por el muelle para despejar su mente de las preocupaciones, divagando con la mirada la vio ahí, recargada sobre el muelle una chica pelirroja con un hermoso vestido azul que veía al mar con mirada triste y melancólica.

Lincoln se dio vuelta tratando de esconder la cara e irse por otro lado pero era demasiado tarde la chica lo había visto, con sorprendente agilidad pudo evitar los obstáculos de la calle y llegar hasta él, trato de hablarle pero solo le daba escusas como "tengo prisa" o hablamos después, desesperada se planto frente a él y pregunto

-Lincoln ¿me estas evitando?

- No, no es eso es que tengo algo que hacer

-¿Algo que hacer con alguien?

-No, no se trata de nada de eso, bueno ¿qué quieres?

-Pues ¿cómo has estado?

-Algo ocupado la verdad ¿y tú?

-Algo y. . . no sé. . . ¿has pensado en lo que paso?

-Cristina no hagas esto, lo nuestro paso hace un año tienes que superarlo y seguir con tu vida

-¡No puedo!-dijo al borde de las lagrimas-no puedo hacerlo, no puedo seguir sin ti, por favor vuelve, por favor-el bochornoso espectáculo de Cristina empezaba a llamar la atención de los paseantes

-Lo siento, me tengo que ir-dijo el peliblanco al pasar junto a ella

Esa noche Lincoln les contaba lo sucedido a sus amigos al calor de un par de copas

-De repente como que me da lástima-dijo Lincoln abatido

-Pues a mí me da miedo- dijo Chandler un amigo de Lincoln a quien el alcohol le había soltado la lengua

-no empieces

-no Linc- interrumpió Rosty, amigo de Lincoln desde el jardín de niños- en este caso Chandler tiene razón, ¿no se te hace raro que te siga buscando después de tanto tiempo?

-tú no sabes por todo lo que ha pasado, su padre la abandono, su madre estaba loca y todos su otros novios también la han dejado

-sí, triste su caso pero igual no me vas a negar que su comportamiento no es normal ¿o sí?

-Pos ya ni se la verdad

El resto de la noche paso comúnmente como cualquier noche de copas hasta que llego la hora de partir.

La pequeña ventanilla en forma de luna mostraba que afuera del bar llovía a cantaros, trato de buscar su sombrillas en el pequeño cesto frente a la puerta donde lo había dejado pero ya no estaba ahí, seguramente algún ebrio mareado por el alcohol se lo había llevado, pensó en llevarse el de alguien mas pero prefirió evitarse molestas confusiones.

El quedarse y esperar a que la lluvia pasara tampoco parecía una opción pues el constante ruido de las gotas golpeando el techo le indicaban que no sedería próximamente así que se acomodo la chaqueta sobre la cabeza y salió a liderar con la tormenta.

su corazón se helo en cuanto salió pues a las afueras del bar se encontraba Cristina, a pesar de lo siniestra que pudiera ser su presencia en ese lugar, lo que realmente altero los nervios de Lincoln fue el hecho de que ella tuviera su paraguas.

Por suerte se encontraba distraída que el aprovecho para escabullirse tratando de no hacer ruido para no llamar su atención.

El camino a su casa jamás se le había hecho tan largo, creía que en cada esquina algo le iba a saltar, volteaba constantemente tras de sí para asegurarse de que nadie lo estuviera siguiendo y sentía que la lluvia como un telón le ocultaba una terrible verdad.

Sin darse cuenta de cómo, llego a su casa, subió rápidamente las escalinata frente a su puerta estaba ansioso de llegar a su cálido, seco y seguro hogar.

Busco con desesperación la llave pero su nerviosismo y la lluvia sobre él no le permitían encontrarla, afortunadamente pudo lograrlo, en cuanto la tuvo en sus manos se dio cuenta de algo que sus ansias no le habían dejado notar, sobre su cabeza ya no caía ni una sola gota de agua.

Volteo atrás sabiendo lo que iba a encontrar, parada detrás de él se hallaba Cristina que lo esperaba sin decir una sola palabra, Lincoln soltó el grito de horror más puro de toda su vida

-¡¿qué diablos quieres de mi?!

Cristina parecía confundida por la reacción de Lincoln y solo atino a extenderle una caja de chocolates que tenía en la mano pero él los arrojo de un manotazo haciendo que cayeran al piso.

-¡¿que no entiendes que no quiero volver a verte?! ¡Déjame en paz maldita loca!

Los ojos de Cristina se empezaron a empañar por las lagrimas, huyendo de ahí dejando caer el paraguas

Lincoln se quedo recostado sobre la puerta con la respiración agitada tratando de digerir lo que acababa de suceder, cuando al fin pudo tranquilizarse entro a la casa pero antes de hacerlo se quedo viendo la caja de chocolates y por alguna razón la llevo consigo.

Después de bañarse y cambiarse la ropa mojada bajo a la sala donde había dejado los chocolates, la tomo con suavidad y empezó a agitarla tratando de averiguar que tenía dentro, casi todos los chocolates habían acabado en el suelo pero había algo más en ella, un papel.

Lincoln, te entrego esto como regalo de despedida, eh decidido que tienes razón, debo continuar con mi vida, lo nuestro fue una hermosa historia pero tristemente llego a su final, solo te pido que me des la oportunidad de seguir siendo amigos

Sinceramente tuya

Cristina

Lincoln sintió que un nudo se formaba en su garganta, Cristina solo lo había buscado para conseguir una resolución y el la había tratado como basura, debajo del papel había un último chocolate dañado que el tomo con sumo cuidado y se lo llevo a la boca, sabía horriblemente amargo.

Durante un largo rato se quedo en silencio pensando en que debía hacer en delante, después de un tiempo se armo de valor y la llamo, tardo bastante en contestarle, llego a pensar que no lo haría, tal vez eso sería lo mejor pues sería un momento demasiado incomodo para él, pero finalmente ella respondió.

-¿Hola?-contesto sin ganas, se notaba que había estado llorando, Lincoln se maldijo internamente por eso.

-Soy Lincoln, llamaba, bueno solo llamaba para disculparme por lo de hace un momento, la verdad me siento muy apenado y quería saber si estabas bien

-Sí, estoy mejor-su voz parecía un poco más calmada

-Oye yo se que las cosas no han sido fáciles entre nosotros pero enserio me gustaría que pudiésemos ser amigos

-Claro eso me gustaría, oye y ¿te gustaron los chocolates?

-Si por supuesto-estaba apenado por mentirle pero en este momento no le iba a decir que sus dulces estaban horrendos

-¿Y porque tardaste tanto en comértelos?

-Pues ya sabes. . . ¿oye como sabias que los acabo de probar?

Lincoln empezó a temblar al verla salir de su armario con un teléfono en la mano.

-Una chica tiene sus trucos

Una extraña sensación llego a la garganta de él, como si la quemaran, un intenso malestar empezó a inundar su cuerpo, el dolor lo doblego y lo hizo retorcerse en el suelo, una espuma blanquecina broto de su boca, sentía que se oficiaba, que la fuerza lo abandonaba, lentamente perdía el sentido y lo último que pudo ver antes de que sus ojos se cerraran fue a Cristina sonriéndole de manera grotesca

-tranquilo amor, yo me encargo de todo

Un año después Cristina volvía a su hogar de su trabajo como enfermera, colgaba su gorra en el perchero cuando un agonizante quejido se escucho en su casa

-Linky, ¿eres tú?- pregunto ella mientras caminaba a su habitación-¿ya tienes hambre amor?

En su cama la momia carcomida que solía ser un joven activo y vivas se retorcía lentamente, Cristina se recostó a su lado y lo abrazo diciendo

-no te preocupes amor, yo estoy aquí, contigo para siempre