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A 2 libros de distancia.
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Gerald se acomoda en el asiento, la biblioteca está casi desierta, y lo agradece porque la mirada de la mujer rubia que tiene frente, parece querer asesinarlo.
— Muy bien cabeza de cepillo ¿Qué planeas ahora?
—Necesito que me expliques qué está pasando, ha estado molesto conmigo por días.
Helga lo mira sin comprender, sabe de quién habla, pero no entiende por qué ella tiene algo que ver.
— Yo soy la que está molesta contigo… llevo molesta contigo 5 años.
— Deberías agradecer que he guardado tu secreto por 5 años.
— No mientas Geraldo, no le has dicho nada al cabeza de balón por tus motivos egoístas y no por hacerme un favor.
El ambiente se tensa en el mismo momento, Gerald frunce el ceño para esconder que el corazón comenzó a latirle sin control ¿Acaso ella sabrá? Se pregunta a sí mismo. ¿Pero qué es lo que sabe que él sabe? Se muerde el labio, el silencio de la biblioteca lo está condenando, por eso prefiere charlar en donde haya movimiento, esos espacios cerrados le recuerdan al día en que se quedaron atascados en el subterráneo.
— El trato fue muy simple — Se aclaró la garganta, recobrando la compostura y clavando los ojos en la mirada celeste de ella, había unas líneas de dura expresión alrededor de sus ojos y era obvio, su relación no era la más cordial — Yo no voy a decir tu secreto…
— Claro, pero tampoco es necesario que le insistas que salga con Srita Perfección. ¿Acaso quieres matarme de una buena vez?
— Soy primero que nada amigo de Arnold, si él cree que su felicidad está con esa "perfección" de la que hablas, yo lo alentaré.
Notó en ella el cambio, cerró con fuerza los puños mientras apretaba la mandíbula. Johanssen tuvo ganas de reír un poco, el recuerdo le venía claro a la mente, cuando descubrió su amor por Arnold, ella hizo la misma mueca. El estómago se le revolvió, como si tuviera malestar profundo.
Porque años antes solo veía a una chica con un carácter despreciable, pero ahora, notaba bajo toda esa fachada verdadero dolor. Su mente iba al pasado, regresaba al presente. ¿Helga siempre había sido tan fría?
Ahora lo nota, cuando tenía 9 años ella era muy obvia en su amor. Bajo la máscara de abusiva escondía todo lo que la emocionaba, principalmente Arnold Shortman. Pero ahora en apariencia, es una chica sin simpatía ni desagrado por su rubio amigo. Y se recuerda a sí mismo, la primera vez que la vio recitar un poema, era apasionante, vibrante y potente.
Sus palabras se metían en los recónditos de la piel, se extendían y estremecían los cimientos. Ahora recuerda, con extrema claridad y miedo que el pensamiento que cruzó en ese momento su mente fue "Quiero ser amado con esa intensidad"
Tal vez fue la pubertad, después de todo la descubrió durante la preparatoria. ¿Pero ahora qué puede decir?
— Deberías dejar que el camarón con pelos elija lo que él quiere, no eres su padre.
La sangre le hierve y le sube por la garganta. Todo es Arnold, todo el tiempo, todas las veces. La mira cuando habla de él, su voz se hace más suave cuando pronuncia su nombre, sus facciones se ablandan… ¿Y qué si es egoísta? ¿Y qué si hay un motivo detrás? Toma entre sus manos la de ella, que en un descuido dejó sobre la mesa.
— ¿Por qué tiene que ser Arnold?
Ella abre los ojos llena de sorpresa, los labios le tiemblan. Se queda desencajada por la pregunta, abre lento su boca cuando alguien los altera.
— ¿Por qué tengo que ser qué? Es normal que venga a la biblioteca, el que me preocupa eres tú — Los dos jóvenes ven al rubio de su conversación acercarse y dejar caer un par de libros sobre sus manos tomadas, Helga retira la suya asustada, y comprende que Arnold escuchó otra cosa y contestó de acuerdo a ello, se prepara para irse — ¿Por qué no te quedas con nosotros Helga?
La voz de él la obliga a volver a su asiento, Johannsen hace una mueca burlona.
— Sí Geraldine quédate, no voy a morderte.
— Deja de llamarme así Geraldo — exclama ella furiosa por usar ese nombre frente a Arnold.
— ¡Tú me llamas Geraldo!
— ¡Así te llamas zopenco!
— ¡Tu nombre también es Geraldine! ¡Geraldine Geraldine Geraldine!
— Gerald, basta. Si Helga se siente mal de ser llamada así déjala en paz.
Arnold lo mira molesto, la bibliotecaria los mira molesta, Helga lo fulmina con la mirada. ¿Acaso él era el malo ahí?
— ¿Qué te pasa hermano? Estamos hablando de Helga, es decir… solo es Helga.
La mencionada golpea la mesa con las palmas abiertas, exasperada… herida.
— Perdóname por no ser la chica merecedora de un trato delicado.
Toma el libro que ha apartado y sale dando largas y fuertes zancadas. Arnold suspira frustrado y se levanta de igual forma.
— Deberías ser más considerado, Helga es una mujer. ¿De verdad la odias tanto?
El rubio se fue sin volver a dirigirle la mirada. Gerald está pasmado, claro que no la odia ¡Si solo su amigo supiera! Pero ha quedado igual que al inicio… ¿Qué es lo que tiene a Arnold Shortman tan enojado con él? ¿Qué es lo que tiene a la bibliotecaria tan molesta como para echarlo?
