La conversación sin finalizar

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Arnold seguía apretando los botones del control, pero en realidad hacía tiempo que había dejado de ver la pantalla, su mente estaba perdida en ideas que le venían golpeando desde hace años la cabeza, pero que hasta ahora se habían vuelto insoportables.

Faltaban unos meses para terminar la universidad, cuando eso pasara los caminos de todos se diversificarían, la presión laboral, las tareas cotidianas, las nuevas relaciones… todo eso lo iba a tragar, y sabe, porque es consciente de su propia inconsciencia; Que este momento lo está presionando, lo va a forzar a dar el paso.

Pero no puede simplemente arriesgarse cuando la idea que le ronda la mente tiene que ver directamente con las personas que más quiere. ¿Cómo tratará ese tema?

Pierde el juego.

— Estás muy distraído Arnie ¿Qué te pasa?

— Solo pienso que estamos por terminar la universidad.

— Tranquilo viejo, ya te dije que no importa la distancia tú y yo seguiremos siendo los mejores amigos del mundo. Deja de preocuparte.

Arnold siente la necesidad de suspirar pero no lo hace porque su amigo podría malinterpretarlo y lo que menos quiere es una pelea ahora. Sin embargo el problema radica ahí, que sabe que ellos seguirán siendo amigos siempre. No importa qué.

¿No importa qué? Gerald se levanta del suelo y se deja caer en la cama, el rubio no sabe qué hacer, no puede actuar normal porque aunque en superficie todo esté bien, en el fondo él siente todo tan diferente… que le cuesta.

De pronto el moreno se levanta como resorte, se asoma con sorpresa a su librero y extrae un libro rosa. A él se le salta el corazón ¿De todos los que tiene tuvo que tomar ese?

— ¡Viejo pero si es el libro rosa! Qué tiempos, las letras más cursis que he… — hizo una pausa que a Shortman le extrañó — bueno de las más cursis que he leído en mi vida. No puedo creer que aún lo conserves.

La saliva pasó casi con dolor en la garganta del joven.

— Bueno, fue una ocasión interesante ¿No crees?

— ¡Claro! Revisar las firmas de cada niña buscando la que coincidiera. ¡Qué tontería! —La voz de Gerald, tan divertida, tan simple, le hace pensar que él no sabe quién es la autora… no quiere que mencione nada, un cosquilleo le baja la espalda cuando lo escucha seguir hablando — Recuerdo que incluso saltamos a Geraldine.

Gerald se queda congelado. Arnold también. El silencio inunda el cuarto, el rubio apenas y parpadea y rápido sabe que él sí sabe quién es la autora. Y los celos le inundan el pecho. ¿Por qué Johannsen sabe que Helga es la autora? ¿Por qué le llama amistosamente Geraldine? ¿Por qué conoce algo de Helga que él no?

— ¿Qué piensas de Helga?

— ¿Qué pienso de qué?

Arnold suspira.

— Hace años la odiabas… pero ahora no lo sé. ¿Qué piensas de ella?

Gerald enarca una ceja, él lo nota consternado. Le sudan las manos, no puede simplemente ir y hacer lo que quiere porque debe pensar en los otros, porque no está hablando de un cualquiera ¡Oh no! Habla de su mejor amigo.

De su mejor amigo con la mujer que él ama.

— Es una chica increíble ¿No crees? Sería imposible no pensar que Helga G Pataki es más que garras y dientes. La odio aun, pero reconozco que es genial.

— Es genial sin duda.

— Me parece raro que hables de ella… ¿Sucede algo Arnie?

Nuevamente el silencio. Gerald se levanta mirando su reloj y excusándose por la hora, Arnold no se atreve a detenerlo. Siente que ha huido de la conversación. Los dos han escapado del tema.

¿Qué se supone que tiene que hacer ahora con el dolor que está instalado en su corazón?

Por un segundo maldijo el día en que él mismo se reconocía tan leal y correcto.