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La iluminación
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— ¿Qué hiciste Martín Johannsen? Quiero que me lo expliques en este momento ¡Ya!
Gerald frunce el entrecejo mientras cruza los brazos y se resbala en el fondo del sillón de la residencia Pataki. Mira hacia otro lado, todo está sucediendo a una velocidad que le está causando un dolor de cabeza impresionante. Primero Helga lo cita en su casa, él siente el corazón latir de la emoción, luego llega y se encuentra la verdad… al agresivo terrón de azúcar rosa.
— Por enésima vez Geraldine, no hice nada.
Y miente, lo sabe. Porque se ha mentido a sí mismo durante ya un tiempo.
— ¿Cómo fue que el tonto de Arnold llegó a la conclusión de que me gustas?
Gerald no la puede ver a los ojos. ¿Ella sabe lo que está causando en él? Esa forma de descartar una mísera posibilidad duele más de lo que él mismo creyó.
— ¿Qué problema hay en que Arnie crea eso? ¿Acaso es tan descabellado?
Helga que tiene los brazos cruzados se da cuenta que la pregunta que llegó no era lo que esperaba. Lo mira incrédula, porque su mente es más ágil que la del promedio de chicas de su edad, él está insinuando algo y ella no quiere saberlo… ¿O sí?
— Tú sabes que hay un problema sustancial, sabes mi secreto ¿No es obvio?
— ¿Y? Lo sé, lo he mantenido en secreto como prometí.
— Entonces te darás cuenta de la gravedad de que Arnold Shortman crea que estoy enamorada de ti ¿No te das cuenta?
No, él no lo ve. Porque ha estado ciego tanto tiempo que ahora mirar le cuesta trabajo. ¿Cuántas veces se negó a sí mismo lo que sentía por Geraldine? Ya no lo puede seguir ocultando de sí mismo, no hay nada que se lo impida. ¿Qué si Helga ama a Arnold? Él puede cautivarla, él puede esforzarse por conquistarla, al final es el tipo de chico que mejor la conoce ¿O no?.
— No tiene ninguna gravedad — asevera poniéndose de pie — No hay ningún maldito problema en que Arnold crea lo que quiera creer.
— ¡Claro que lo hay pelos de borrego! —Y él la conoce, las palabras le duelen, todo la tambalea. Porque ella en realidad también es frágil, porque ella en realidad es más cosas de las que se ven a simple vista — Si su mejor amigo está enamorado de mí ¡Ya no tengo posibilidad! ¿Te das cuenta? Tienes que arreglar esto.
Y entonces el moreno lo nota, lo ve. Todo tan claro. Si él habla con su rubio amigo directamente de sus sentimientos por ella, mataría cualquier posibilidad entre ellos dos.
— ¡Helga nunca has tenido posibilidades! Arnold te estima porque te conoce desde hace años, se compadece de ti ¿Te das cuenta? Él sabe tu faceta de dama herida y tiene el instinto protector contigo. Yo no estoy arruinando nada.
Gerald camina, mirando fijamente a sus intensos ojos azules, ella retrocede de forma inconsciente porque se siente inestable, porque quiere llorar. Helga siente que las lágrimas se le desbordarán porque nunca nadie fue tan duro, porque nunca nadie atinó tan bien en lo que sentía en esos momentos. Porque nunca nadie tocó el miedo más profundo que se implantaba en su relación con Shortman.
Él la acorrala y la toma de las muñecas empujándola contra la pared. Siente ganas de besarla y dejarle en claro todo. Helga aún sigue con la mirada perdida, mueve la boca, tal vez se excedió, piensa para sí. Tal vez habló de más porque le invadieron los celos… y la chispa llega a él como una iluminación. Arnold quiere a Geraldine.
Los celos, sus conversaciones sin terminar, su constante "no lo has notado", su muestra de 0 interés en Lila, su molestia reciente con él…
Ambos quieren a Geraldine. Pero ahora es quién toma ventaja de esto.
— Te quiero Geraldine.
Ella reacciona, lo mira con sus ojos llenos de incertidumbre, con el corazón latiéndole a mil por hora. ¿Qué clase de situación era esa? La mirada oscura de Johannsen es intensa cuando se lo propone, estremece a cualquier chica aunque ella misma no quiera admitirlo. Ya no lo odia, lo quiere. Lo quiere maldita sea. Pero ese no era el plan, no era para nada la idea.
— Gerald… el trato desde el inicio había sido porque tú…
Sabe qué dirá, él tampoco quiere ya pensar en ese asunto sin resolver, no quiere tratar el tema de su contrato de 5 años. Ya no tiene sentido, ahora quiere callarla con un beso.
Tocan el timbre. Gerald se maldice cuando ella escapa de su agarre y se dirige a la puerta. Pero maldice triple vez cuando escucha el nombre que viene desde la entrada.
— ¡Phoebe! Hermana pensé que llegarías más tarde.
Las piernas del moreno se fijan al suelo, un sudor le baja por la nuca, sus hombros se tensan. Y el corazón que impactado por su encuentro con la rubia latía sin control cual arritmia ahora se había detenido con un agudo dolor… todo por su voz.
— ¡Helga! Oh Gerald, cuanto tiempo sin verte. ¿Interrumpo algo?
Y es que si Helga no tuviera un sonrojo evidente en el rostro y la respiración agitada, pudieron haber inventado cualquier cosa, pero en ese momento ¿Qué decir?
— Mantecado
Exclama Pataki, él no puede voltear. No puede verla. No puede verlas. ¿Por qué ahora?
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No les haré el cuento largo pero ambos chicos estarán en un dilema moral. Leal amigo, seguir el amor primario, buscar un nuevo amor… ¿Qué no en la guerra y en el amor todo se vale? Pd. Aún no sé con quién terminará Helga… escucho sus votos! Por cierto ya aquí Phoebe, por quienes preguntaban jaja.
