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¿Cómo empezó todo?
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Fue un malentendido.
Esa era la verdad.
Tal vez era el egojohanssen, tal vez la curiosidad. Lo que es real es que durante la preparatoria las hormonas de todos los adolescentes estaban en un punto muy alto, habían comenzado a autobombardearse de imágenes sexuales, de fantasías poco pudorosas y a ver a las chicas como un ser muy alejado de ellos.
Cuando estaba en la primaria convivir con todos era lo más natural, niñas y niños daba igual. Pero en la preparatoria ya no, cualquier señal por mínima que fuera era tomada como un "Le gusto a ella" incluso los chicos eran precavidos por las señales que enviaban porque no querían meterse donde no los llamaban y después terminar en una relación formal que a esa altura asustaba mucho.
Aunque no asustaba tanto como los embarazos no deseados. Eso, juraba, daba mucho pánico.
Fue en todo este mapa mental que Gerald comenzó a ver con otros ojos a Helga.
No con ojos de amor, no precisamente. Sino con ojos de ego.
Las evidentes muestras de odio de parte de Helga hacia él lo hacían creer que esa chica estaba interesada en su persona. ¿Entienden? Era todo un descubrimiento, Helga G Pataki, la chica más mala de la preparatoria, la chica problema, la rebelde, la incomprendida ¡Enamorada de él! El muchacho con buena reputación, con amplio abanico de fans, con una actitud atractiva, y de él se había enamorado la chica mala. La noticia.
¡La noticia!
Evidente era que él no tenía interés alguno más allá de subirse los humos, la duda lo carcomía pues si averiguaba cuál de sus múltiples puntos positivos era el que había atraído a Helga hacia él, podría hallar el arma definitiva con la cuál enamorar a cualquier preparatoriana e incluso universitaria. ¡Era un gran plan!
¿Qué cómo llegó a esa conclusión?
Fácil.
Podía nombrar más de 5 apodos despectivos hacia su persona, una constante mirada penetrante en su nuca que cuando podía se percataba venían de los ojos celestes de Pataki, las "coincidencias" poco creíbles que los hacían encontrarse en diversos lugares, todo encajaba.
Solo había algo que lo mortificaba. ¿Por qué Helga & no Phoebe?
Porque Phoebe era la chica perfecta, la niña correcta, la estudiante ideal, la perseverante, la convencida, la ilustrada. Cada pequeña conversación que tenían ambos era un despliegue impactante de conocimientos que Johannsen apenas podía medio comprender, tanto que se sentía consumido por su presumible genio. Y aunque nunca lo admitiría en vía pública, Gerald Martín el liga chicas, tenía su lado romántico.
Su lado romántico se apellidaba Heyerdahl.
Pero ella no lo veía de esa forma a él, ni de cerca. Parecía estar consumida por otras actividades que en su agenda siempre tenían prioridad, el amor muy por debajo de esa lista. ¿Y él figuraría dentro de los posibles candidatos? Nadie lo sabía.
Nadie excepto Helga G Pataki.
¿Podría usar sus sentimientos para averiguarlo?
Aunque se sintió un poco desgraciado por sus pensamientos, podía más la necesidad de conseguir sus objetivos que de ponerse a ser políticamente correctos. Así que se decidió a atrapar a la rubia en una situación donde no podría negar lo que sentía por él, acorralarla y hacerla sufrir solo un poco a cambio de años de odio disfrazado de amor.
Porque sí, había que ser justos. El odio que ella profesaba parecía muy real que hasta él se lo creyó y le creó un odio recíproco, apenas la soportaba.
Y así inició todo, el día en que la escuchó.
No fue una casualidad como se lo hizo creer a ella después, para nada. Él se volvió extremadamente consciente de ella, la veía en todos lados y sentía sus ojos celestes ahí a donde iba, así que durante una tarde después de ver que lo seguía y desaparecer misteriosamente, Gerald la buscó entre los callejones de la avenida. Y dio con ella.
Escucharla y verla declamar un poema con aquella intensidad que corroía la piel fue un shock del que jamás se recuperaría. Sus palabras cargadas de emociones le calaron debajo de la piel y nunca saldrían de ese lugar, porque su primera sensación fue terror mezclado con emoción.
Si las palabras eran para él, eran demasiado intensas, fogosas y voraces. ¿Cómo podría utilizar esos sentimientos para conseguir algo? ¿Cómo podría rechazar tan fuertes palabras? Y fue entonces que lo escuchó, el nombre de su mejor amigo, el color de sus ojos, la forma de su cabello y todo lo demás que vino con ello.
Ese poema, esa declamatoria, esos sentimientos & esa chica solo veían a Arnold Shortman.
Se dio cuenta que sí, toda su hipótesis tenía razón pero había olvidado una variable, siempre que él notaba las señales, estaba con él su buen amigo. No pensó, es la verdad, que todo eso estuviera enfocado al rubio, no lo pensó por su gran seguridad en sí mismo, no lo pensó por la naturaleza pacífica de Arnold, no lo pensó porque Shortman era el tipo correcto que no buscaba chicas, solo quería a una porque era un empedernido enamorado.
¿Y ella sabiéndolo lo quería?
Sintió el ego destruido, se sintió timado, lastimado. ¿Por qué una chica no podía sentir con la misma intensidad algo hacia él? ¿Por qué la matona de la escuela escondía a un ser tan profundamente enamorado?
— Que secreto que has soltado G. Pataki.
La chica enmudeció en el acto. Se volvió pálida para después pasar por etapas de múltiples colores, desde el rojo del enojo hasta el verde de la náusea.
— Tú no dirás ni una palabra de esto cabeza de cepillo.
— No creo que sea el momento de ponerte pesada Pataki ¿O prefieres que te llame… cómo era? Oh sí… "Geraldine que la Ge de mi nombre se funda con la A de tu nombre, a del más intenso amor"
— ¿Qué quieres de mi Gerald?
Y Gerald quería muchas cosas de Helga, eso era cierto. Pero en ese entonces solo le competía una: Phoebe Heyerdahl.
— ¿No te interesaría saber si tu amado siente lo mismo por ti?
Helga frunció el ceño
— Gerald, mis sentimientos por tu amigo son genuinos. No los menosprecies con tus muestras baratas de burlas. Si quieres decírselo, ve y hacerlo. Pero no me amenaces con esto.
Él se quedó perplejo, pareciera que la situación no estaba en absoluto bajo su control.
— Podemos hacer un trato, yo sé que no quieres que Arnold se entere.
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Y lo ocultaría por años, porque pronto se dio cuenta que Arnold sentía algo por Helga, no estaba seguro de qué pero algo nacía en su interior y él no podía interponerse así que la rubia y él hicieron un trato de amores platónicos.
Cuál sería su sorpresa al saber algunos años después que su objetivo principal dejaría de ser la perfecta Phoebe quien consiguió una beca para una preparatoria mucho más excelsa que le permitiría entrar a una prestigiosa universidad y se convertiría en su eterna amiga Helga G Pataki.
—No sabía que ahora te llevabas mucho mejor con Hel.
La voz de la chica asiática lo descolocaba, sentía el sudor bajar por la nuca pero fingía indiferencia.
— Se podría decir, ya sabes cómo es tu amiga. No muy dócil.
La chica río, su cabello largo y negro se mecía con delicadeza pues era tan lacio que parecía volar con la brisa del aire.
— ¡Oh pero eso la hace extraordinaria! ¿No lo crees?
— Lo creo.
Una risita malévola salió de los labios de Phoebe. Un escalofrío lo desarmó de su valentía, rezaba e imploraba porque Helga volviera de la cocina con las bebidas, más tiempo ahí terminarían con su paciencia.
—Me alegra volverte a ver Gerald y saber que estás bien.
Y ahí estaba, ese maldito "me alegra" que una ex novia ya no debe decir a un ex novio. Menos cuando lo abandonó por sus estudios. ¿Por qué Phoebe no podía ser tan imperfecta y apasionada como Helga? ¿Por qué Helga tenía que querer a Arnold? ¿Por qué Arnold tenía que querer a Helga? ¿Y a él? ¿A él quién lo iba a querer de esa loca manera?
— Ea, claro que estoy bien. A sí como me ves nena soy un chico decidido ahora. No dejo ir lo que quiero.
Lo dijo por Helga, quien entraba a la sala con dos sodas y la confesión la tomó por sorpresa. Parpadeó estupefacta, demasiadas cosas con las que lidiar ahora a la que se sumó una escena más.
— ¿Es una indirecta acaso?
Soltó Phoebe ayudando a la rubia y cediendo una de las sodas al moreno.
— ¿A caso sientes que te calza el comentario?
La chica alzó una ceja, ahora sus pequeños ojos lucían más grandes gracias al cambio de lentes y sus pestañas rizadas.
— Sí lo hace.
— ¿Por qué? Porque en su momento decidiste irte pese a que te pedí que te quedaras…
Y Gerald supo que lo que dijo no lo debió decir. Y Phoebe supo que lo que escuchó no lo quería escuchar y Helga sintió que lo que sentía ahora era la sensación más incómoda de su vida. Pero en el fondo la rubia presentía que las cosas se pondrían peor, todo porque ella forzó al buen samaritano de Arnold a esconder algo que ahora lo tendría entre la espada y la pared.
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Y siii…. Seguimos con la indecisión ¿Gerald luchará por Helga y ésta se dejará querer? ¿O al final el samaritano preferirá a una chica por sobre su amistad larga y tendida con Gerald? La duda sigue en el aire y yo escucho sus preferencias. Me dicen en comentarios! ;)
