Preguntas que no sé contestar

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Arnold baja las escaleras de su habitación a toda prisa. Tropieza no una sino dos veces y ni siquiera siente dolor o por lo menos no es consciente de él. Ha llegado el momento de la verdad, en lo que respecta a él, en lo que tiene que ver con no ser precisamente el hombre bondadoso y orgulloso de sí mismo que se propuso ser por siempre.

Por siempre hasta que entró en la ecuación Helga G Pataki.

Mientras continuaba avanzando a toda prisa por la avenida se muerde el labio maldiciéndose. Porque ¿Alguna vez Pataki no estuvo en la ecuación? ¿Alguna vez ella le dio el espacio suficiente para entenderse a sí mismo y sus sentimientos?

No.

No lo hizo porque lo comenzó a devorar más rápido de lo que nadie pudo imaginar. Y eso que resistió y precisamente esa pequeña muestra de resistencia lo llevó al lugar en que está ahora. Entre la espada y la pared.

Se frena en seco, los carros avanzan rápido por la calle, comienza a mover sus pies con nerviosismo, maldito semáforo ¡Cambia! suplica.

Y lo recuerda porque es el momento decisivo para él. Ya no podía seguir evandiendo todo esto que era su culpa y sin embargo no podría tampoco nunca aceptar que alguien en su lugar no habría actuado de la misma manera.

El amor asusta. El amor de Helga enloquece.

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Fue una tarde de mayo, los 12 años acababan de llegar y pronto se irían. La vida trascurría a un ritmo lento extraño, donde una semana podía parece un mes y un mes una semana.

Él se había acostumbrado a su vida, todo sucedía con una rutina nada monótona y al mismo tiempo tan natural que no sorprendía nada. Vivía aventuras con su amigos, cada ocasión era una nueva odisea digna de ser escrita y sin embargo algo de aderezo le faltaba a aquella ficción.

Lo supo más tarde ese mismo día donde Eugene había salido volando de uno de los juegos giratorios de la escuela y además se había partido varios dientes frontales al golpearse contra el metal del aparato. La ambulancia se lo había llevado porque esa vez ni siquiera él pudo decir que estaba bien.

Todo el mundo pensaba en Eugene y nadie había visto a la chica que provocó aquél incidente, nadie excepto él, quien no admitiría hasta años después que solo él la vio porque desde el inicio también correspondía sus sentimientos. Fue a verla, detrás de la cafetería la joven se cubría la boca con la manga de su suéter rosa.

— Te golpeaste también ¿Estás bien?

Ella alzó la cabeza, el labio le sangraba y unas lágrimas se le asomaban por sus orbes azules.

— ¡Claro que no cabeza de balón! Me rompí el labio, dejé a Eugene inconsciente y seguro me expulsarán.

— Tal vez no trascienda en nada grave ¿Por qué no te calmas?

— A ti no te importa si me voy ¿verdad?

La pregunta lo dejó frío.

— No te expulsarán Helga — se sienta su lado y quiere abrazarla pero no lo hace.

— ¿Y si se pasa? ¿Me extrañarás?

— ¡Claro que lo haré! — La miró a los ojos e inmediatamente después se arrepintió de eso porque vio en su mirada una luz que nunca antes había notado. Sentenció todo en ese momento porque ante la intensidad de esos ojos él no era capaz de responder.

— Pero no lo harás como yo. Porque yo te amo.

Y Arnold no pudo responder, no pudo ni procesar porque lo que vino llegó como una gran ola que golpea con fuerza. Helga lo tomó de los hombros y lo arrinconó contra la pared de la cafetería.

— ¡Te amo! ¿Escuchaste? No es un sentimiento pasajero, no es una locura de una niña tonta. Esta es mi intensidad Arnoldo, tómala o déjala.

Su primer beso supo a sangre.

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La luz cambia a verde, reacciona y sigue corriendo.

No supo tomarla, no supo responder. La dejó pasar aunque en el fondo él también la quería. Jamás podría adivinar, ni siquiera años después si en ese instante, a los 12 años, podría haber respondido a los sentimientos que tan fuerte le fueron transmitidos. Tuvo miedo de no sentir la misma intensidad… per más miedo tuvo de amar con la loca manera en que a él lo amaban.

Gira en la calle de la casa Pataki. Ella lo llamó asustada, la voz le temblaba y es que Gerald acababa de confesarse mientras su ex novia aparecía en la puerta. La rubia había entrado en crisis y lo necesitaba. La piel se le erizó, lo necesitaba se repitió a sí mismo con esperanza.

¿Pero qué diría al llegar? ¿Qué respondería ante las preguntas que no sabía cómo contestar?

¿Si me amabas por qué me rechazaste? ¿Si no me querías por qué no le dijiste a Gerald? ¿Por qué has esperado tanto Arnold Shortman? ¿Qué harás ahora?

Helga abre la puerta y lo abraza, él siente que tiembla e inmediato sabe el por qué. Y se pregunta por enésima vez en el día ¿Por qué había aceptado hacerle ese favor a Helga Pataki hace 3 años?

Gerald discute con Phoebe, Phoebe lo ignora. Geraldine no sabe qué decir. Y él solo tiene las palabras en la boca cuando su mejor amigo se levanta y pregunta qué hace aquí.

No es que tenga todas las respuestas ya, no es que importe ahora.

— Vine porque te amo Helga.

Los ojos azules de ella se dilatan por la impresión… está asustada, la mirada de Gerald prende fuego, Phoebe se ve consternada. Y él mismo no sabe qué saldrá de todo eso.

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Uff yo creo que en 2 capítulos pisamos el final por fin. Jajaja o tal vez en el próximo. Ya veremos ¿De qué promesa habla Arnold? ¿Por qué Helga no le contó a Gerald que ella ya había sido rechazada años atrás?