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Mentiras agridulces
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El portazo lo deja helado, gira el rostro para mirar a su amigo con unos ojos que matarían si pudieran disparar. El rubio se encoje de hombros y desvía la mirada.
Gerald siente ganas de regresar y tocar la puerta hasta que la rubia lo deje entrar y besarla, pero solo de recordar el tremendo grito que estalló para sacarlos casi a patadas, se reprime. Baja los escalones hasta llegar a la acera, mira sus pies mientras avanza y sabe que Arnold va a su lado y detrás de él la presencia de ella lo está molestando.
Gira en la primera esquina y sigue notando los otros dos pares de pies, le duele la cabeza, siente el corazón agitado y encima ahora tiene un nudo en la garganta. Se para en seco y se gira para encararla.
—¿Vas a seguirme Phoebe?
Ella enarca una ceja, tiene un par de libros entre sus brazos cruzados y una sonrisa le aparece en el rostro. Gerald siente que el cosquilleo se le sube por la columna, esa sonrisa él la conoce.
La reconoce de aquella vez en que ganó las carreras de go karts, la reconoce de la ocasión en que fue prefecta de pasillo… la reconoce de la vez en que lo terminó.
—¿Te estorbo para que sigas ligándote a mi mejor amiga?
El moreno tuerce la boca y rueda los ojos. ¿Le venía encima un parloteo de moral?
—Aunque la respuesta fuese sí, no tienes ningún asunto en el caso.
Arnold carraspea la garganta y avanza más rápido para lo que Gerald entiende, es darle espacio. Claro, el rubio puede darle espacio para hablar con su ex novia pero no puede permanecer alejado de la chica que él ama.
—Oh no lo sé… tal vez que nunca he visto con buenos ojos que dos mejores amigas compartan historia con el mismo chico.
—Ya Phoebe, corta el rollo. Tú y yo sabemos que no es eso lo que te molesta.
Ella se acomoda su cabello detrás de su oreja, Gerald está seguro de ver esa maña en Helga. ¿Quién le habrá copiado a quién? La asiática pasa de largo, no va rápido, es más como que quiere alargar el camino para decirle lo que tiene que decirle. El moreno mira hacia el frente para ver a su amigo rubio a unos metros de distancia. ¿Lo estará escuchando a la distancia? Sacude la cabeza intentando contenerse de pensamientos estúpidos. No tiene ningún derecho cuando le ha ocultado la verdad tantos años.
—Tú sabías que Arnold estaba enamorado de ella ¿verdad? — Gerald no responde, sigue avanzando detrás de ella. Ni siquiera se digna a mirarle la espalda. Sus ojos se quedan fijo en el suelo, porque él lo sabía desde preparatoria y lo escondió de sí mismo todos esos años, quiso fingir que no lo sabía, quiso hacerse el tonto — No sé si tu tipo de amor esté preparado para la intensidad de Helga. ¿Crees poder aceptar todo eso?
—¿Quién me crees Phoebe?
—Un hombre que no puede seguir a la mujer que ama.
Ella se gira, él se congela. Los ojos negros y pequeños de Heryardhal que brillan siempre al contraste con la luz del día asoman lágrimas contenidas. Gerald no puede respirar, no sabe si siente miedo, si solo está desconcertado o si de verdad le duele en lo profundo y la ira lo acabará por dominar.
— ¿De esto trata al final? ¿De lo que no hice por ti? ¿De reprocharme? Phoebe eres mejor que esto, no me hagas perder la imagen que tengo de ti.
—¿Crees que me importa Gerald? — Ella le clava la mirada, él vuelve a perder el valor, no puede ni siquiera avanzar — Cuando te dije que no me sentía preparada para la universidad, que temía que nuestra relación tuviera altibajos… que me preocupaba por si podíamos seguir ¿Qué respondiste? ¡Nada Gerald! Me hiciste sentir más insegura por todo y cuando al final te dije que terminaramos simplemente aceptaste mi decisión.
—Gracias por decirlo tantos años después ¡En serio! Gracias — se cruza de brazos y por fin se anima a mirarla a la cara — ¿Estás celosa o qué?
— Estoy preocupada por ti y por Helga. Ella no es yo, ella es aún más volátil, explosiva ¡Por Dios Johannsen! Es mi mejor amiga y sé cómo es. ¿Vas a ser capaz de ser el hombre que ella necesita o vas a terminar por dejarla herida?
Phoebe tiene el ceño fruncido y agita las manos y los libros con furia. Él puede contar con los dedos de una mano cuántas veces la vio así. Se estremece.
— Seré el hombre que necesita, no tienes por qué dudarlo.
No sabe de dónde nace su convicción, pero no permitirá que ella continúe degradándolo como hombre, como pareja. Esas cosas no deberían salir nunca de la boca de una ex novia a la que amó con locura. ¿Qué se suponía que tenía que hacer en su momento? ¿Cómo mierda iba a adivinar lo que ella esperaba de él?
—Helga ama con una locura desmedida que puede asustar. Arnold no pudo… se rindió a mitad de camino y sé que él la amaba. No me culpes por dudar.
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Arnold permanece mirando el cielo, se ha sentado en una de las bancas del parque, la pareja con la que venía acompañado comenzó a discutir a media banqueta y él prefirió darles su espacio. No se atrevió a marcharse porque era hora de hablar con sinceridad, ya había hecho mucho daño al callarse las cosas. Pese a ello no tenía remota idea de cómo comenzar la conversación.
Basta decir que no tuvo que hacer nada, cuando el moreno apareció ante él tenía la cara roja, algo difícil de notar en su oscura piel. Siente como la adrenalina se le disipa en el cuerpo al ser sujetado por la camisa y levantado del asiento. Odia la altura de su amigo, odia su cuerpo atlético, odia sentir eso y saberse el hipócrita del cuento.
—Nunca me dijiste que fuiste novio de Helga ¡Carajo Arnold! ¿Desde cuándo?
— Desde aquella tarde lluviosa de nuestro último año de preparatoria.
Arnold siente que pierde el color de piel y que su amigo lo mira desde lo alto recordando aquella ocasión en que él le había entregado su sombrilla a la señorita perfección y corrió detrás de una impulsiva rubia que había lanzado su propio paragüas a los pies de él. Todo encajó. Siente un golpe en la mejilla, no puede verle a la cara. Gerald grita y él prefiere callar.
El rubio se suelta del agarre con molestia evidente, pero agacha la mirada y vuelve a sentarse en la banca, cruza sus brazos y se desliza por el asiento.
— Terminamos en el segundo año de universidad, Helga insistió en mantenerlo en secreto y yo accedí por estúpido. Estaba enamorado Gerald. Perdóname, te mentí, te lo escondí y es mi culpa que estemos en esta situación ahora.
El basquetbolista más asediado de la universidad suelta un suspiro y se sienta al lado de su viejo amigo, Arnold distingue que ha perdido los colores.
— Por eso se sonrojaban como idiotas ese año, por eso durante el tercer año ella siempre estaba de mal humor y tú también… carajo Arnie. Estoy molesto contigo pero yo también te mentí, sabía que Helga te amaba desde primer año de preparatoria y descubrí que tú la amabas cuando estábamos en segundo, lo supe cuando corriste a buscarla cuando fue injustamente acusada de agresión a compañeros de clase. Siempre lo supe y me lo callé. No sé si en ese momento la amaba, no sé si quiera por qué lo hice, supongo que eran celos. Helga era tan entregada a ti y Phoebe tan entregada a sus estudios que debí sentirme dejado de lado… es bueno saber que lo suyo se intentó pero no funcionó. La culpa se ha disipado.
Arnold se sorprende, da un brinco en su asiento y recupera la voz, tal vez solo ambos han sido lo suficientemente estúpidos para permitirse llegar ahí.
— Gerald… aún no te digo todo — Shortman mete la mano en su bolsillo y saca el listón rosa de la infancia de la rubia, ese que dejó de usar hace 2 años… ese que seguramente dejó de usar por dárselo a Arnold — Ella me pidió mantener en secreto lo nuestro ¿Y sabes por qué? Me di cuenta recién, Helga tenía una historia contigo y si yo desaparecía de la ecuación se a rompería el vínculo que los unía. ¿Entiendes lo que quiero decir? A ella seguramente le gustas.
El moreno abre los ojos, los abre tanto que Arnold teme que le salgan disparados, gira a ver a los lados como si hubiera una cámara escondida en algún lado. Pero inhala profundo y se cruza de brazos para volver a mirarlo a él.
— ¿Por qué terminaron Arnold?
Shortman baja la mirada, alza el moño y lo mira perdido en sus recuerdos.
— Helga tiene muchas cicatrices sin sanar, muchas cosas que debe arreglar por ella misma y que yo estaba frenando. Me volví el catalizador del amor que ella debía estarse dando a sí misma. Y eso me ahuyentó, no voy a justificarme, en ese momento no fui capaz de soportar el peso de su amor y terminé escapando.
Gerald mira sus manos y Arnold nota que tiembla, él también temblaba. Para salir con Helga hacía falta más que amor, se necesitaba determinación para ayudarla a ser su mejor versión.
— No voy a escapar Arnold, no sé si seré el hombre que ella necesita, no sé si soportaré, pero ahora no pienso escapar.
— Yo perdí el derecho de estar a su lado como pareja, hemos mantenido una relación de amigos desde entonces y la he visto madurar mucho, la he visto crecer sin mí, eso duele Gerald. Pero aunque ya no tenga el derecho, voy a volverlo a intentar.
— Carajo Arnold ¿Me estás diciendo que vas a pelear contra mí por una chica?
— No Gerald, no pelearemos. Dejaremos que ella decida, aunque créeme que sé que perderé.
— Tú piensas eso porque no has visto lo que yo he visto, tú no sabes cómo se ve ella cuando te mira a ti, cuando piensa en ti…. Diablos amigo ¿Por qué hemos terminado así?
— Porque somos un par de tontos, pero somos un par de verdaderos amigos. Aunque me será difícil de superar, si empiezas a estar con ella lo aceptaré. Y estaré ahí para cuando la lastimes ¡Tal vez me aproveche hermano! No soy tan buen samaritano como crees… ni como yo mismo me creía.
— Me doy cuenta de ello ahora Arnie.
Gerald mira al suelo, él por su lado suspira y mira al cielo. Un teléfono celular suena, Arnold presiente que es Helga, la duda es ¿A quién está llamando? ¿A quién quiere ella ver?
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En el próximo capítulo por fin el desenlace! ;D
