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Gerald & Geraldine

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A veces ella misma tenía problemas para encontrar las palabras correctas, para describirse a sí misma y a su situación de manera coherente y equilibrada, por lo menos por no pedir más, que lo que pensase tuviese sentido en el contexto.

Intentaba hilar ideas, una detrás de otra. ¡Criminal! ¿Cómo pudo ser tan pasional para acabar en esa situación? ¡Ah espera! Ella siempre ha sido pasional. El problema es ser una chica de esa edad con altas dosis de pasión corriéndole por las venas.

Suena el timbre.

Las manos le tiemblan, se mira en el espejo por última vez.

De inmediato se reprime ¿Qué diablos importa cómo luce ahora? Da un sorbo al vaso de agua que dejó en la sala y después se acerca a la puerta.

Inhala como si algo oprimiese su pecho. Gira el pomo.

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Arnold siente que algo se encaja en su pecho, Gerald tiene la boca abierta mientras mira su teléfono. Cuando los ojos oscuros del chico afroamericano se alzan para mirarlo, él nota la chispa de la ilusión. Una sonrisa ladeada es su única respuesta.

Gerald se levanta cual resorte, camina pasando por frente suyo. Sus ojos no lo pueden mirar, se enfoca en el suelo cuando escucha que los pasos se detienen.

— ¿No me dirás nada?

—¿Serviría de algo?

El rubio alza la cabeza para ver como su amigo niega la suya de una lado a otro. Vuelve a suspirar.

— Dijo que quería verme — Arnold no responde, solo asiente — Amigo, creo que ella merece al tipo de chico que me detendría.

Una pequeña risita se le fuga de los labios, pero la reprime. No quiere sonar descarado, no aún. Él se sabe alguien noble, alguien fiel, alguien bueno. Pero no siempre puede detener sus impulsos egoístas y naturales. Gane o pierda, exista eso o no.

— Dices eso porque aún no la conoces.

Su mejor amigo hace una mueca que a él le deja un poco de satisfacción aunque no quiera admitírselo a sí mismo ni a nadie más.

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Ella se mantiene inclinada hacia adelante, sus codos apoyados en sus rodillas y sus manos entrelazadas sosteniendo su barbilla. Un suspiro acompaña sus palabras, pero no hay temblor en su voz ni en su volumen.

— Supongo que se salió de mi control — una pequeña sonrisa de lado le sigue a la oración — Creo que el control no es parte de mis cualidades. He sido torpe, inquieta y arrebatada, es un mal mix cuando te sientes como yo.

— No es tu culpa, por lo menos no toda. — Él suspira, porque es lo único que puede hacer — Yo contribuí a esto, yo siempre pensé que podría, pero no fue así.

— ¡Oh vamos! No hagas esto, ya para mí es difícil. Soy una persona egoísta, pero nunca imaginé que mis actos narcisistas generarían este conflicto, es que… ¿Cómo iba yo a imaginar esta atracción?

— Helga, era obvio que esto podría pasar. Tú eres la que insiste aún en verse menos de lo que es. Cualquiera con dos dedos de frente podría reconocer lo maravillosa que eres.

Ella comienza a mecerse sobre el sofá, tiene el impulso de llevar su mano y frotarla contra su brazo, pero sabe que esa es su forma de mostrar inseguridad e incomodidad. Fue lo que el psicólogo le contó. Ahora que era consciente adopta otra postura para infundirse valor.

— Lo sé, lo sé. Esto es vergonzoso, admitirme a mí misma que soy tan egoísta como para hacer de todo y no quedarme sola.

— Mujer, por favor ¡Escúchate! — Él coloca la mano en su rodilla, ella da un ligero brinco, pero no la aparta — Eres humana, una persona increíble y sé que es difícil admitirse a uno mismo que no es la persona que siempre pensó que era. ¿Qué si fuiste egoísta y comenzaste un jueguito para no sentirte vacía?

— ¿Qué?¡Qué lastimé a alguien, zopenco! Que por mis actos inmaduros me llevé entre el caos a alguien que no tenía porque sufrir mis propios problemas de autoestima.

— Ya lo has dicho tú. ¿Crees que eres la única con un lado oscuro? Vamos, hasta yo me di cuenta que no era el chico bueno que creí que era. Que también podía sentir celos, envidia y ser un posesivo sin razón.

— Siempre saqué lo peor de ti…

— Yo no pude provocar todo lo bueno que hay en ti. Creo que ambos fallamos.

— Ya hablé con Gerald.

— Lo sé.

El silencio pesa, por lo menos para ella.

— Yo me di cuenta Arnold, lo noté. Pero me sentía sola y no quise… No quise sentir que no había nadie que me quisiera. Esperaba que tú o el cabeza de cepillo me rescataran de mí misma. Eso no iba a funcionar.

— Esta bien Helga, a veces nuestros errores lastiman a otros. — Arnold le toma la mano — Gerald y yo no somos suficiente, lo sé. Tú eres la única que puede rescatarse, que puede hacerse la Helga que quiere ser.

— Estaré bien Cabezón. Voy a encontrarme a mí misma allá a donde voy.

Él sonríe, ella le devuelve la sonrisa y lo abraza efusiva. Ya no es la niña tímida que se retraía en los rincones para acosarlo, para que su existencia tuviese sentido. Ya no es la chica olvidada por todos, menospreciada por ella misma. Ahora es un joven que tiene la voluntad para aceptarse y convertirse en una mejor versión de sí. Una versión que ni Arnold ni Gerald podrían manejar.

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En el muelle él mece sus pies mirando a la nada. Debería estar furioso, pero no lo está. Debería sentirse utilizado, pero no lo siente. Lo único que piensa es que le hace falta madurar. Escucha pasos detrás de sí.

— ¿Vienes a restregarme un "Te lo dije"?

— No, aunque podría.

— ¿Lo sabías?

— No.

Se sienta a su lado, él sigue mirando más allá del muelle. Piensa en sí mismo, cuando Phoebe lo dejó se pensó que daba igual, que cualquier chica moriría por él. Y así fue, hasta que conoció a Helga. Y ella le preguntó hoy "¿Me amas o solo amas la idea de tener algo que parece inalcanzable?" Tenía razón y al mismo tiempo no.

— ¿Qué crees que hay más allá del mar?

— Uno mismo. Uno mismo que aún no conocemos.

— Helga se equivoca — Gerald gira para encarar a Phoebe, pero ésta no despega la mirada del mar — Yo no la quiero porque sea inalcanzable, la quiero porque la envidio. — La asiática por fin sonríe y se voltea a mirarlo, sus ojos pequeños brillan bajo los lentes y una sonrisa sin disimular se dibuja en sus labios — Envidio su entrega, su pasión, sus ansias de vivir. ¿No sientes de pronto que no eres parte de la historia?

— Claro, te sientes el personaje secundario de la vida de alguien más.

— Helga va a cruzar este mar para encontrarse a sí misma. Arnold ha conseguido trabajo en un lugar que le ilusiona. Y yo me he quedado atrás, queriendo vivir de ensoñaciones de infancia, mintiéndome para no ver el verdadero problema, para no aceptar mis miedos y errores. ¿No crees que debería empezar a ver hacia adelante?

Phoebe se levanta y le extiende la mano, él la toma para ponerse de pie.

— Creo que al final, Gerald & Geraldine terminaron enseñándose más de lo que hubiesen imaginado.

— ¿Crees que se considere historia de amor?

La pelinegra entorna los ojos, su mirada es dulce, su sonrisa de lado es suave.

— Tal vez el inicio de una historia de amor propio.

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FIN.