Rated: M
Advertencias: Lenguaje obsceno, posibles escenas conocidas(capítulo 66 del anime), ligero Ooc - Fuera del personaje, AU - Universo Alterno, no apto para sensibles :v
Declaimer: Shugo Chara © PEACH-PIT (#Respect)
~Voulez-vous coucher avec moi~
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Me siento tan intocable ahora y te deseo tanto que no puedo resistirme a ti. No es suficiente decir que te he extrañado.- The Veronicas.
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Entrecerré mis ojos por la luz que se colaba entre las cortinas rosadas, algunos pajarillos cantaban y se podía oír el sonido de sus alas al volar. No me sentía cansada, solo muy cómoda en mi actual posición, pero quería evitar la luz de la mañana, el sol me estaba dando en el rostro.
Me giré debajo de mis sabanas y edredón, con mi cabeza cómodamente en mi almohada.
En esa posición era más fácil abrir mis ojos sin mucho esfuerzo, al hacerlo brevemente una extraña sombra estaba delante de mí.
—Eh…
Así que miré directamente al frente encontrándome con el perfecto rostro que había estado toda la noche y madrugada conmigo. Había algo en él que brillaba demasiado, como si destellos estuvieran alrededor de su figura. Con un polo negro que se entallaba a su figura y una mano sosteniendo su cabeza me veía fijamente con un gesto tranquilo.
Hasta podría asegurar que me sonreía.
Sus ojos zafiro no se despegaban de mí mientras algún extraño viento movió sus flequillos que caían a un lado por como su rostro apoyada una mejilla en su mano.
—Ikuto…
—Tu rostro mientras duermes es aún más adorable de lo que imaginé…
— ¿Huh?
Mis ojos se abrieron desmesurados encontrándome con el techo blanco de mi habitación, agitada, sudando y abrazando mi almohada. Parpadeé un par de veces intentando hallar cuál era la realidad de todo esto, cayendo en cuenta de que había soñado aquel último detalle.
Incorporándome me descubrí sola en mi habitación, con un extraño aroma y una extraña sensación en todo mí ser. Sin dejar la almohada lejos de mi torso me percaté de que estaba desnuda… y al levantar el edredón supe que completamente y había…
— ¿Qué miércoles es…? Oh.
Me puse de pie como pude, sintiéndome sudorosa a pesar de que el cielo parecía estar nublado. Con ese molesto dolor de mi entrepierna que no me dejaba caminar como usualmente… Busqué por todos los lugares mi ropa interior y después de ponerme esta y mi polo, me dirigí al primer piso por mi celular. Debía pedir ayuda para lidiar con este tipo de problemas y mis amigas debían de hacer pocas preguntas en esta ocasión.
—Moshi-mo-
— ¡Ririma! ¡T-enecesito-o!—exigí atropelladamente.
—Bien… ¿A quién enterramos?
— ¡Sólo vengan a mi casa ahora!
—…yo y-
— ¡Y Yaya!
—Como ordene general… cálmate un poco en lo que buscamos las palas.
Pude escuchar su risa antes de que se despidiera y colgara.
Subí las escaleras tan lentamente que me pareció una eternidad, la molestia seguía en mi entrepierna. También sentía que debía lavar aquella parte de mí, porque algo me decía que tenía que ver con la incomodidad que sentía allí abajo.
Después de una larga ducha, debido a razones obvias, me cambié tan rápido como dio mi cuerpo y bajé a la sala a esperar a mis dos amigas. Quienes llegaron casi media hora después, o eso es lo que pensé cuando sonó el timbre.
En lo que caminaba a la puerta el timbre sonó por segunda vez, supe que eran mis amigas puesto que la única impaciente siempre suele ser-
—Nos llamas y nos haces esperar—se quejó la rubia más baja—, esto es el colmo—dijo fríamente.
Sí, tenía que ser ella.
—Buenas~—saludó Yaya entrando detrás de Rima.
Se quitaron los zapatos antes de dirigirse a la sala, solían venir seguido así que no había nada nuevo que pudiese llamarles la atención. Al menos no en la sala.
— ¿Ya desayunaron?—pregunté sin mirarlas.
Las había llamado para pedir ayuda pero no estaba muy segura de cómo rayos explicar lo que me había pasado la noche anterior… Aunque había durado hasta la madrugada.
—Dirás… Almorzado—corrigió Mashiro.
—Son más de las dos de la tarde, Amu-chi—comentó divertida la pelirroja.
Sí, tiene sentido el haber dormido tanto, que él ya no esté y que el sol no esté tan fuerte a esta hora.
—Pero sí, gracias, almorcé con mi madre.
—Yaya-chi almorzó hace una hora.
—Y-Ya veo…
Nos quedamos en silencio.
Ellas sentadas en el sofá sin quitar sus ojos de mí y yo de pie intentando no mirarlas, me estaban poniendo más nerviosa. Tragué saliva con dificultad antes de dirigirme a la cocina lentamente.
—Eto… Voy a almorzar algo si no les importa…—dije cuando estaba abriendo la refrigeradora.
—Amu-chi… ¿te caíste?
Una punzada me dejó muda un momento.
— ¿H-Huh?
—Estás arrastrando los pies—explicó Yaya yendo en mi dirección—, te pareces a Maya, cuando se lesionó el tobillo caminaba-
—Yo creo que caminas como pingüino—dijo Rima seriamente, llegando al lado de mi otra amiga quien ahora reía por el comentario—. Pero en serio.
Negué con la cabeza sin saber qué decir.
Volví mi cabeza al interior del refrigerador encontrando un plato con… Esto no estaba ayer.
—Por cierto, tus padres no-
—Se fueron de viaje, regresan el lunes o martes—interrumpí para poder recordar bien lo que había en el refrigerador el día anterior.
Estaba completamente segura de que Ami sólo había dejado un par de platos de curry. Además de tres onigiri, que estaba segura debían estar en un envase de tapa verde limón. Que no estaba dentro en ninguna parte.
Sin perder más tiempo saqué el plato de onigiri empanizados para calentarlo en el microondas. Mis amigas hablaban sobre el noticiero de la mañana, parecía que llovería durante toda la semana y ellas no habían traído paraguas…
Pero ahora mi atención volvía al plato, porque al sacarle el plástico había encontrado una pequeña nota en papel rosado.
—Me comí los del taper, te preparé esto… ¿gatita?
Mi voz interna, resultó no ser mi voz interna, sino Yuiki Yaya quien solía leer lo que muchas veces me traía problemas. Como ahora que ambas me miraban exigiendo una explicación. Explicación que estaba segura no me creerían al principio. Así que decidí ir al grano.
—Ya no soy virgen.
Ambas se miraron y luego volvieron a mí.
— ¿Qué?
Mientras que la pelirroja estaba aún con la boca abierta luego de la pregunta, la rubia se veía desorientada. ¿Era tan difícil de creer?
—Creí que habías dicho que no le darías tu virginidad a cualquiera…—comentó la menor de las tres.
—No puedo creerlo…
—Dijiste que el chico en cuestión debía de ser especial…
—Amu la mojigata…
—Y eso que hiciste un gran escándalo cuando Yaya-chi perdió su virginidad con…
—Si tu padre se enterara…
— ¡Fue especial!—reproché cuando había metido el plato al microondas.
Volvieron sus ojos hacia mí y enarcaron una ceja al mismo tiempo. Como si estuviesen sincronizadas se cruzaron de brazos, entrecerraron los ojos y no me dejaron de mirar.
—Define especial.
Fue en mi casa, en mi cuarto, con un chico que acababa de conocer, luego de cenar la comida de mi hermana y varias copas de sake. ¿Especial? Bueno, él había sido muy especial y apuesto que a ninguna otra le parecería lo contrario.
—No me digas que no lo conocías…—advirtió Rima tapándose los ojos—… ¿sabes cuántas enfermedades podrías haberte-? Dime que usaron protección.
Increíble, no se me había ocurrido.
—No creo que sea portador de enfermedades—dije ladeando la cabeza, de verdad que no lo creía.
—De todas formas—agregó.
— ¿Era guapo?
— ¡Yaya!
—Sí, bastante—admití sonriendo.
—Niñas, esto es serio.
Rodé los ojos antes de sacar mi almuerzo del microondas, tenía hambre y era obvio el por qué.
Rima comenzó con una charla sobre por qué no podía tomarme esto a la ligera, que si no era portador de enfermedades tal vez quedaba embarazada. Que ninguna la podría entender, que es madre y deberíamos tomar su ejemplo para no dejarnos llevar por un chico. Que no es momento para tener hijos y que bastaba con ella en nuestro grupo para engreírla.
Me abstuve de contradecirle, porque estaba segura de que era una fecha segura, él también me preguntó sobre eso… Creo. No recordaba muchas cosas, pero sí las más importantes. Oh, sí que recordaba las más importantes…
—…así que espero si estás embarazada sea como-
—Lo conoces—la corté antes de masticar, estaba bastante bueno para alguien que aseguró no saber cocinar—. Ambas—detallé.
Guardaron silencio en lo que parecían pensar en las posibilidades, estaba segura de que no darían con la persona correcta. Podría almorzar tranquila en lo que escuchaba como-
—No te ofendas, Amu-chi, pero no creo que haya sido Tadase-kun.
—Yo tampoco…
—No, no lo fue—aseguré aún extrañada, pues hace una horas les había podido decir que estaba enamorada de él… y si lo hubiesen mencionado después de lo que me dijo, me hubiese puesto melodramática—. Tiene novia además.
—Te lo dije—comentó fríamente Rima—. O tiene novia o es gay. Aunque me extraña que no estés llorando.
—Yaya-chi creyó que no se podía tener pareja en la hermandad…
—No se puede, él… Es una larga historia.
— ¿Nagihiko?
Tanto Yaya como yo miramos a Rima, quien mantuvo sus ojos fijos en los míos. Arrugué la nariz entendiendo a qué se refería, por un momento había olvidado el tema de nuestra conversación.
— ¿Es broma?—preguntamos la pelirroja y yo al mismo tiempo.
—No lo sé… Él moría por ti y como veo almuerzo preparado… sé que se le da muy bien cocinar.
—Eso hasta podría ser incesto, Rima-tan.
Fujisaki Nagihiko era mi mejor amigo desde que tenía memoria, habíamos también asistido a la misma escuela. Era el tipo de persona a la que le contaba todo, hasta de esos horribles cólicos menstruales que me atormentaban en algunas ocasiones. Estaba ahí para mí y yo para él, no sentíamos nada por el otro, nada más que una fuerte amistad o hasta amarnos como hermanos. Pero Rima insistía, desde que la conocía, en que él estaba enamorado de mí a pesar de que-
—Es un hombre libre y puede estar con quien quiera—dijo a la defensiva.
Ambos eran padres.
En la fiesta de mi dieciochoavo cumpleaños, mis dos mejores amigos, quienes ya no eran vírgenes, estaban bastante pasados de copas. Y por primera vez en sus vidas decidieron hacer algo los dos juntos, que no significase una pelea, al menos no durante el acto. Pasaron la noche en quién sabe dónde (porque nunca lo mencionan) y un mes después se presentó una consecuencia.
O así es como lo cuentan ellos, yo sigo dándoles el beneficio de la duda porque siempre había notado cierta tensión sexual entre ambos.
Aceptaron tener al bebé pero decidieron ambos que sería lo único que los ataría. Seguirían sus vidas normales y no se entrometerían en la del otro si es que no era estrictamente necesario. Que en mi opinión es algo estúpido puesto que si se dieran la oportunidad podrían ser la pareja más genial que he visto. Además de que Kusu-chan estaría encantada de que sus padres estén juntos.
—Bien, pero no es él—concluí terminando mi plato.
—Pues a menos que haya sido alguien menor, no se me ocurre nadie más.
—No conocemos a otro chico, Amu-chi.
—En realidad… No creo que lo conozcamos… conozcamos—dije lavando mi plato, enfatizando el segundo conozcamos.
Al no oír respuesta supe que esperaban seguir escuchándome.
—Saben quién es él pero no lo conocen personalmente tal vez…
—Tratas de decir que eeeeees… ¿alguien famoso?
—Yo creo que te has caído de la cama—opinó la madre—, muy fuerte.
Explicarles cómo fue que Tsukiyomi Ikuto terminó en mi casa sería una historia bastante increíble, así que limité a decirles el nombre del susodicho. Obviamente no sucedería algo tan cliché como que el autor de la mejor noche de mi vida tocara la puerta para asegurarles que decía la verdad. No obstante, no contaba con que Rima y Yaya encontraran la corbata de moño al lado de una nota en mi escritorio.
Para mi sorpresa, Mashiro no reaccionó como creí, sino que se preocupó aún más. Me dio el sermón de los sermones, como si fuese mi madre, quien por cierto nunca me ha sermoneado antes.
— ¿Sabes con cuántas mujeres se debe de haber acostado ese mujeriego?
—Rima, ayer, ese mujeriego era… ¿cómo dijiste? ¿El padre del resto de tus hijos?
— ¡Era broma! ¡No me cambies de tema!
Rodé los ojos mientras oía como Yaya cantaba fuera del baño, había decidido no meterse en la discusión y barrer mi cuarto. Mientras que mi amiga rubia me ayudaba con las sábanas, que por cierto se estaban demorando más de lo debido. O tal vez era la voz de Rima que no se calmaba y seguía insistiendo con que no me podía creer lo irresponsable que podía llegar a ser cuando estaba pasada de copas y con el corazón roto. Nunca la había visto tan preocupada, no tanto como cuando a su hija le dio fiebre y no podía bajarla ni con medicamentos.
Todo el día no me dejó salir y me dijo que vendría temprano en la mañana al día siguiente para tenerme vigilada. No le creí hasta que el molesto timbre me despertó temprano y al abrir la puerta me la encontré de brazos cruzados y con Kusu-chan.
— ¡Amu-tan!
Levanté a la pequeña rubia entre mis brazos y correspondí a su cariñoso abrazo.
Su madre pasó de largo sin saludarme como si estuviese en su casa, me preguntaba por qué tan mal humor desde tan temprano. La respuesta llegó casi al instante y sin mucho oxígeno, bastante agitado pero con su usual sonrisa. Esa que su hija había heredado.
—Buenos días, Amu-chan.
Debí suponer que la única razón por la que Rima buscaría ayuda de Nagihiko sería porque realmente estaba preocupada por lo que hice. Aunque personalmente pensaba que estaba dramatizando.
—Creo que tienes la edad suficiente como para saber qué haces.
Mi mejor amiga lo miró como si hubiese dicho algo que la ofendiera, yo sonreía porque siempre tendía a suceder esto. Nagi me apoyaba… O eso creí.
—Pero-
—Pero—la interrumpió—, aun así no puedo apoyar lo que hiciste. Rima tiene razón.
— ¿La tiene?
— ¿La tengo?
—En cierto sentido, la tienes—dijo mirándola con una sonrisa, ella cerró los ojos y abrazó a su hija que se había quedado dormida—. Porque fue irresponsable, y la Amu que conocemos suele ser impulsiva a veces… Esto fue un extremo. ¿Qué pasaba si era un completo extraño? ¿Por el hecho de que sea atractivo es que aceptaste o el alcohol tal vez te ayudó?
—No es-
—Pudo haberte pasado algo más, ¿qué pasa si este gran músico es un loco psicópata que mata a chicas con las que se acuesta? ¿Nunca más hubiésemos sabido de ti?
—Pero sigo viva y sana.
—Mañana Rima quiere acompañarte a hacerte exámenes médicos por si las dudas, pero le dije que esperara una semana.
Mis ojos se abrieron desmesuradamente.
—No me mires así, Amu-chan, que no usaran protección fue peligroso. No soy quien para juzgar a las personas pero si es un hombre guapo, con dinero y fama… Es bastante obvio que también hay mujeres y hombres que deben estar a sus pies-
—No es gay—dije segura.
—Que se acueste con un hombre no lo hace gay, hasta podría ser bisexual—agregó Rima.
— ¿Se acuesta con hombres?—pregunté a mi amiga.
—A lo que queremos… llegar—volvió a hablar la rubia—, es que él no se va a tomar el trabajo de investigar si alguna de las personas con las que se acueste tiene un buen registro médico.
—Pero tú deberías preocuparte. Y andar con condones en tu bolso o en el cajón de tu cuarto, en este caso—comentó tranquilo el hombre de cabellos largos.
Sentí mis mejillas arder, por lo que me limité a asentir.
El resto del día se me pasó siendo niñera de la pequeña de dos años hasta que se quedara dormida. Luego comenzó mi sesión de terapia a una pareja que cada diez minutos aclaraba que no eran una pareja. Antes de dormir se aseguraron de darme clases de sexología, y a pesar de que me sentía un tanto avergonzada, aclararon muchas de mis dudas en mi nula vida sexual… Bueno, ahora no tanto.
Lunes llegó de vuelta, mis padres estaban en casa, y no se me ocurría cómo decirles que dejaría de estudiar… Así que-
— ¡Me voy a la Universidad!—anuncié poniéndome las zapatillas antes de salir de casa.
Desde el comedor escuché a mi familia despedirse.
—Que te vaya bien, Amu-chan.
—Buen día, hermana~
—Esa es mi Amu-chan, tan aplicada~
No estaba mintiendo, iba a ir a las clases. No tenía nada mejor que hacer y mis padres habían estado pagando un año entero una carrera que no era para mí. ¿Cómo decirles a mis padres que esta carrera no es la que quiero después de dos años en la misma Universidad? Por algo había entrado… o al menos, pensé que me gustaría alguna carrera de letras.
Después de mi primera clase, me di por vencida, ni siquiera había acabado y no pude soportarlo.
Tadase-kun me miró algo preocupado cuando comencé a meter mis cosas en mi mochila. Le sonreí amablemente antes de negar con la cabeza. No era él la razón de mi salida y era mejor que nos alejáramos un poco para que yo pudiera pensar con claridad.
Mientras caminaba a las oficinas del centro de alumnado, pensaba también en Tadase-kun… Por las palabras de Ikuto y por las palabras de Rima y Nagi. El rubio había sido algo así como un idol para mí, un amor platónico tal vez, no alguien que considerara realmente. Tal vez era como una simpatía o ilusión por lo amable y lindo que se portaba conmigo… Ahora que lo pensaba, era así con todas las chicas, solamente que pasaba más tiempo conmigo por estar en el mismo club y en las mismas clases.
—Buenos días, ¿en qué la ayudo?
— ¿Cuál es el trámite que debo seguir para retirarme de la carrera… o de la Universidad?
La señorita que me atendió me hizo muchas preguntas antes de responder mis consultas. Cuando lo hizo, más tranquila me retiré y me dirigí a la cafetería en donde estaban algunos estudiantes. Compré unos cuantos takoyaki y después de comerlos me retiré de la Universidad sin un punto fijo.
Necesitaba pensar también en las palabras de Nagi.
"El hecho de haberte acostado con Tsukiyomi implica que te ilusionarás de nuevo… ¿o me equivoco?"
En la vasta experiencia que tenía en cuanto a líos amorosos, tenía que admitir que era cierto, él por conocerme de casi toda la vida lo sabía. Y como buen mejor amigo, estaba bastante preocupado.
No había sido un chico de mi clase, ni siquiera lo frecuentaba, no sabía detalles minuciosos de él por boca de él en una sencilla cita… Sino por las distintas redes en donde tienen su información, (sí, había estado googleando un poco). Y no había sido una sencilla cita… Había sido un-
"Revolcón, polvo, sexo a secas, algo de una noche. Y aunque te duela, debes recordar de quién hablamos."
Y ese era el principal problema, ese revolcón, polvo, sexo a secas y algo de una noche… Había sido mi primera noche y lo quiera o no, había sido muy especial para mí y jodidamente placentero.
"No puedes ilusionarte Amu… Aunque es inútil que te lo diga cuando seguro has seguido fantaseando con repetirlo."
¿Para qué decirle que no, si sí?
Tsukiyomi no salía de mi cabeza en ningún momento, lo peor es que tenía algo borrosa esa noche y…
Los recuerdos llegaban de la nada y no podía evitar sentirme agitada y nerviosa. Él había sido el primer hombre con el que decidí mostrarme como vine al- Bueno, estaba aún con las medias porque al parecer tiene un extraño fetiche por lo que recuerdo.
Nunca me había sentido tan segura con alguien, es decir, mis amigos me habían explicado que no a cualquiera me le podía entregar. No tan fácilmente. Y eso había hecho. Pero había conocido chicos apuestos, mas no habíamos llegado a nada más que abrazos porque no estaba segura de eso…
También estaba el hecho de que me viera desnuda. No podía ni tolerar que mis amigas me vieran en ropa interior, ni siquiera mi madre ni mi hermana. No usaba trajes de baño de dos piezas porque me daba pena… Solía decir que no había curvas para mostrar pero la realidad era que bastante piel mostraba ya con mis piernas desnudas.
Sin embargo, Ikuto no había-
"Estabas borracha."
Ese era el problema.
¿Habría sido seducida para llegar a ese punto con aquel chico de no ser por mi estado?
Mashiro me había comentado una vez que después del revolcón con el padre de su hija, no tuvo reparo en encontrar a alguien para sacar ese suceso de su piel.
Alguien más guapo (sus palabras, sí, ella admitía que Nagi es guapo), más atlético, más simpático y con el cabello corto para variar. Sé que después de una semana de estar con el de cabellos largos se acostó con un tipo en un bar cuyo nombre no recuerda. Según ella se la pasó de maravilla… Solo que esa maravilla no era el padre de su hija, lo comprobó con una prueba de ADN.
Entonces se me ocurrió que podría solucionarlo si iba a un bar una noche e intentaba ligar con alguien… Pero aunque a Rima le costara admitirlo, sería difícil encontrar a alguien mejor que Ikuto…
La noche del miércoles llegó y les comenté a mis padres que dormiría en casa de Yaya, los jueves no tenía clases y mi amiga tampoco. Esta quería divertirse un rato y –no muy convencida al principio- secundaba mi idea.
Para mi buena o mala suerte, un chico de cabellos cenizos llamó mi atención… Cabellos desordenados, ojos profundos pero esmeraldas y un cuerpo atlético. Definitivamente lo catalogaría como mejor que el violinista en físico, no estaba mal el suyo pero este estaba más… llamativo.
Mi amiga pelinaranja estaba haciéndole el habla al chico de la barra que parecía estar interesado en ella. Así que me dispuse a seguir tomando mientras que el prospecto en cuestión me hablaba sobre lo que hacía y que tenía un hermano mayor. La conversación fluía como cuando hablaba con el músico, le comenté un par de cosas de mí y… no.
A pesar de estar con bastantes vasos de alcohol en el organismo… No accedí a ir un rato afuera.
¿Miedo?
No lo sé. No quería irme de ese lugar, no con él. Y no quería estar ahí un segundo más con él tampoco. A pesar de que la conversación también se había tornado subida de tono, y nosotros tal vez nos habíamos acercado cada vez más.
Me retiré convenciéndolo de que darle mi número solo sería una pérdida de tiempo.
—Discúlpame por gastar tu noche.
Entendí antes de dormir que no podría acostarme con un chico cualquiera como lo hizo Yaya que regresó a su propio departamento a la mañana siguiente. Me contó con lujo y detalles que tal vez dejarlo sólo en la habitación sería siempre su maniobra perfecta. En efecto, recibió una llamada.
Llegué a la conclusión de que no entendía qué me había llevado a dejarlo ver mi cuerpo.
Ni siquiera dejaba que la ginecóloga me viera…
—Amu, esto es ridículo.
Rima me había llevado con la doctora que la atendía a ella, la consulta tenía un precio bastante elevado y al principio me negué. No podía permitirme ese dinero y no se lo podía permitir a ella. Pero amenazó con comentárselo a mi madre y ahí sí que ardería Troya. Acepté entonces que mi amiga lo pagara, por esta vez.
—Yo no sabía qué tipo de exámenes te hacen aquí…
— ¿Nunca habías venido con un ginecólogo?
—No me digas que hay doctores hombres que se especializan en esto…
Ciertas pruebas requerían ciertas… circunstancias. Las cuales eran bochornosas.
Al final la consulta tomó más de lo debido y los resultados iban a tomar un par de semanas más.
En el transcurso de este par de semanas se acercaban mis exámenes.
Decidí seguir estudiando hasta que el ciclo actual culminara, les comentaría a mis padres siempre y cuando mis notas fueran sobresalientes. Por lo que en las siguientes semanas me enfoqué en estudiar y estudiar, debía de demostrarles a mis padres que no era porque estaba fallando que quería cambiarme.
Cuando estudiaba me daba cuenta de que de verdad me disgustaban muchas cosas. No entendía cómo había podido ser tan tonta y tomar tan a la ligera una elección tan fundamental. Empero no había tiempo para mirar atrás, necesitaba concentrarme en mis metas a futuro y dejar de tener sueños con el violinista.
Ahora la música clásica se había vuelto algo más que melodía de ascensor o canciones para dormir… No podía escucharlas que me llenaban de recuerdos, recuerdos que me estremecían y hacían fantasear.
—No puedo creer que lo olvidaras…
—He estado estudiando, Rima…—me quejé mientras seguía caminando al hospital.
—Los resultados salieron hace semanas y tú vas después de mes y medio, de verdad que te-
—Ya, ya… No me grites.
—No te he gritado. Y no te vas a librar de esta… Estoy yendo con Kusu-chan, tiene una cita con la pediatra. Por favor, te quiero ahí en veinte minutos.
No había más que decir cuando Rima estaba seria.
Llegué diez minutos antes y me fui difícil entrar, me pidieron mi identificación y la razón por la que venía. Les indiqué la razón y luego de ver mis documentos me dejaron entrar. Estaban repitiendo el mismo proceso con cada persona, supuse que algo estarían verificando y no le di importancia.
Rima llegó dos minutos después y me felicitó sarcástica por mi puntualidad.
Su hija dormida entre sus brazos, ella y yo nos dirigimos a donde se encontraba la doctora que me atendió y me diera los resultados. Ya que era la primera vez, dijo que me explicaría un poco y no solo era venir a recogerlos.
Mi rostro se tornó de mil y un colores con cada resultado, no tenía nada de malo… Solo estaba avergonzada por lo que me decía y las recomendaciones para una vida sexual activa, así lo llamó ella. Si la charla de Nagi y Rima había dejado alguna duda, no quedaba ni una sola ahora, hasta sabía cosas que no creí debía saber. Ella consideró que era importante informarme de cada aspecto y estar siempre consciente de cada encuentro que tuviese.
—No sabes lo aliviada que me siento en este momento… Parece que es a mí a quien le hicieron análisis.
—Ya terminó Rima, y no te preocupes, a este paso no volveré a tener relaciones hasta que me case.
—Espero sea así.
Nos dirigimos a la cafetería y su pequeña casi llora por no comer gelatina, pero su madre la convenció de que comería todo lo que quisiera después de la consulta.
La rubia me entregó el sobre con los resultados y la convencí para que los guardara ella. No los quería conmigo, al menos no al volver a casa.
Estuvimos hablando un poco más antes de que se fuera.
Me quedé tomando una taza de leche, era de vidrio, uno que soportaba el calor. Estaba haciendo bastante frío y yo había decidido venir bastante abrigada en la parte superior pero mis piernas eran cubiertas por medias largas. Las botas que me llegaban hasta antes de las rodillas me abrigaban pero mis muslos comenzaban a tener un poco de frío. Y estaba en la parte exterior de la cafetería.
Observé mis muslos cubiertos en parte por las medias, recordando nuevamente que no había dejado de usar las de este tipo por cierto joven prodigio.
Estaba algo triste. Aunque no había forma de que me contactara, por muy fantasioso que sonase, quería que lo hiciera. Tenía que devolverle su corbata y… Bien, estaba ansiosa por volverlo a ver, olerlo, escucharlo…
Y como si la vida se burlase de mí, por los altavoces ahora la música era una que no salía de mi cabeza.
Kuro Neko Serenade sonaba en la cafetería, inundándome de recuerdos de aquella noche. Cuando me tocó como no he dejado que nadie me toque. Haciendo sentir tan frágil con cada caricia, haciendo sentir mil y un cosas con solo pasar sus delgados dedos por mí. Cuando me besó, por cada centímetro de mi piel expuesta, lamiendo cada parte de mí y dejando palabras dulces.
Él había dicho que no hacía el amor… Pero ese acto me pareció tan dulce, tan romántico… En ningún momento lo sentí brusco ni mucho menos… Frío y carente de cariño. Todo lo contrario. ¿De verdad dos personas pueden hacer este tipo de cosas sin sentimientos?
Sentía los ojos húmedos y mi vista estaba borrosa-
— ¿Lloras porque tus pechos no crecerán?
Abrí los ojos como platos aun mirando mis muslos y antes de levantar el rostro me sequé las lágrimas que amenazaban con brotar.
— ¿Por eso tomas leche, gatita?
Sus ojos azules, su sonrisa ladina… ¿Tanto lo extraño que puedo imaginarlo?
Giré mi rostro casi robotizada y tomé de un par de sorbos toda la leche caliente. Luego me golpeé ambas mejillas con ambas manos y cerré mis ojos con fuerza.
Al abrirlos nuevamente ya no estaba a mi lado.
¿Fin?
Toda crítica o comentario es bien recibida (;
Este capítulo lo he dividido en dos, me emocioné al escuchar Untouched de The Veronicas, por eso la frase xd
Attn. Kiriha-chan
N/a: Amo la palabra "Fin", es que hasta ahora no termino muchos LongFics y es una especie de terapia personal :'v Muchas gracias a: beautifly92, Laura, AmutoxVivi, Miss BlackFeathers, ApologyGirl y Ela999. Pervertidas :vvvvv. Feliz Navidad, por cierto. Espero la hayan pasado bien y no sigan comiendo recalentado de la cena de Navidad… como yo u.u
