-Posible "OoC" con los personajes, siendo un Universo Alterno y por qué todavía soy una novata manejando a estos niños.

-Debo dejar en claro que el AoKaga me tiene loca. Sin embargo, admito que también me siento fascinada por el KagaHimu3, así que creo está demás decir el trío amoroso(?).

-Todos los personajes pertenecen a Tadatoshi Fujimaki, yo solo les secuestro para crear historias homosexuales y sensuales para alimentar mi alma Fujoshi.


¡Holaaaaa! ovó/

Bueno, la verdad es que tenía pensado empezar a subir este longfic desde el uno de agosto, pero debido a que no tengo internet y hasta hoy pude escaparme al ciber, pues…. :'v.
Yo quería publicar diariamente un capítulo para celebrar el mes AoKaga ;n; Pero tal parece que no se podrá :'c /3, sin embargo no me iba a quedar con las ganas de traerles esta otra historia xD.

Espero disfruten el capítulo y disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.


/Viernes 31 de Mayo del 2013/

El anillo que usaba en su cadena de plata —la cual colgaba de su cuello—, se movió ligeramente cuando Kagami se incorporó para poder ver mejor aquel partido de baloncesto con una ligera sonrisa de emoción.

¿Cómo era posible que ese salvajismo en el juego le hiciera casi babear y sentir como su corazón se aceleraba de golpe que incluso se estremecía? ¿Qué tenía Aomine Daiki que lo volvía loco?
Ese moreno arrogante de ojos azules del mismo color que su cabello, ¿por qué se sentía tan completo y bien con solo verlo? La respuesta era clara: lo amaba. Lo amaba más de lo que debería ser justo, siendo que era algo no correspondido.
Aunque tampoco es como si Aomine supiera los sentimientos que Kagami tenía por él o eso prefería pensar el pelirrojo.

—Kagami-kun, sí sigues viendo así a Aomine-kun tu solo te delatarás —dijo Kuroko con ese tono sereno.

El mencionado chico se sobresaltó al darse cuenta que su amigo peliceleste estaba ahí, a su lado.

— ¡Ah! ¡¿Cuánto tiempo llevas aquí, Kuroko?! —exclamó Kagami, viendo al chico que también le veía e ignorando la insinuación.

—Desde que tú llegaste —respondió Kuroko, todo normalito, viendo la cancha donde el peliazul jugaba—. Kise-kun me invitó a ver el partido.

—Pues no hay mucho que ver, salvo a Aomine lucirse —y aunque Kagami lo admirara, no le gustaba que fuera individualista—, pero Kise igual hace lo suyo.

—Debiste anotarte al grupo de Kise-kun, así jugabas contra Aomine-kun —comentó Kuroko, alzando la vista ligeramente.

—Mi equipo jugará la próxima semana, Kuroko —recordó Kagami con el ceño fruncido.

Kagami Taiga, un chico de casi veinte años de edad, con un hermoso cabello rojo y sus ojos del mismo color, así como su tez bronceada, trabajaba medio tiempo toda la semana en el restaurante de su madre. Y en las tardes, se dedicaba a jugar baloncesto callejero con varios de sus amigos que había hecho gracias al mismo, entre ellos estaba Kuroko Tetsuya, como es obvio.
Hace casi dos años que regresó de América para vivir con su madre, pues ambos se habían divorciado desde hace tiempo y ya era turno de que su madre, lo tuviera con ella.

Y por supuesto que el mejor tiempo de Taiga fue por mucho aquí, porque ahí tuvo la oportunidad de disfrutar una de las cosas que más ama, que es el basquetbol y de encontrar a amigos que lo disfrutaban como él. O al menos, su mayoría. Pese a toda la desorientación que sufrió en un principio.

Kagami siempre disfrutó los retos, por eso cuando Kuroko le presentó a Aomine, supo que era lo que estaba buscando. Él era alguien difícil, por supuesto.
Por su parte, Aomine al ser "el mejor" —como él mismo se dice—, poco a poco dejaba de interesarse en el juego hasta que aquel chico de ojos rojos apareció frente a él. Fue por este, que volvía a divertirse al jugar. Kagami lo sabía y eso solo aumentó en él un sentimiento que no supo descifrar hasta hace seis meses. Pese a que siempre le dio buena lucha al peliazul en los uno contra uno, en el año que llevaba de conocerlo, no lograba ganarle. Aunque no perdía el espíritu, para nada. Eso era algo que Daiki siempre reconoció del otro, aunque no lo admitiera en palabras.
Sin embargo, eso no era suficiente para que su arrogancia disminuyera lo suficiente.

—Moo, ¡Kagamicchi, dile a Aominecchi que no sea tan rudo con los demás! —lloriqueó Kise, una vez terminó el partido y se lanzó a abrazar al pelirrojo.

—Kise, me estás… ahorcando —gruñó Kagami, moviendo los brazos, intentando quitar al rubio de su cuerpo.

—Deja de llorar, Kise. Bien sabes que él único que puede vencerme soy yo —repuso Aomine con una sonrisa altanera, repitiendo esa frasecita barata que no le hacía gracia a la mayoría de sus amigos, pero igual lo decía.

— ¡Eres muy malo, Aominecchi! No entiendo como Kagamicchi te soporta —Kise se abrazó más al último mencionado.

Aomine, un chico moreno de tremendos ojos azules como su cabello, suspiró.

—Deja de molestar a mi chico ahora —y jaló del cuello de la playera para apartarlo del pelirrojo.

En respuesta—aunque Kagami mostró su expresión ceñuda— no evitó que el pulso se le acelerara; ahí estaban otra vez esos comentarios que a veces le llegaban a hacer pensar que tenía una oportunidad. Pero aun así, todavía no se declaraba, porque luego Aomine empezaba a hablarle sobre sus conquistas y que sí Taiga le ganaba, le daría a una de sus tantas chicas disponibles para que le hiciera pasar una de las mejores noches de su vida. A lo que Taiga siempre se negaba con insultos y esas cosas.

— ¡Kurokocchi, tú eres él único que me quiere! —gimoteó teatralmente Kise y se abrazó al peliceleste con fuerza, dejándole un beso en la mejilla.

—Ya, no empiecen con sus arrumacos conmigo presente —se quejó Aomine, mientras pasaba su brazo encima de los hombros del chico de ojos rojos.

—Déjalos, seguro ya se olvidaron de nuestra presencia —repuso Kagami con una sonrisa al ver a la parejilla frente a suyo.

—Kise-kun, no me dejas respirar —se quejó Kuroko entrecerrando los ojos y con una sonrisa.

Tanto el rubio, como el peliceleste llevaban de novios nueve meses y como desde antes ya se habían tratado, Kuroko ya se había acostumbrado a lo dramático y meloso que podía ser su chico. No es que le molestara tampoco o le importara que dijera la gente.

—Kurokocchi, me debes consentir por el resultado de hoy —masculló Kise ya no de manera chillona, sino bastante seria.

No es que el equipo del rubio hubiera ganado el partido, pero su derrota no fue mediocre, pues solo fue por seis puntos de diferencia, pero igual quería la consolación de su novio.

—Lo sé, Kise-kun. Pero será hasta la noche —Kuroko le miró inexpresivo como siempre, pero en sus ojos habían un brillo de amor que hacía todo su ser expresarse sin palabras. No dijo nada más y le acarició la mejilla a su novio.

—Tetsu, llévate a Kise. Ya saben que no me gusta presenciar sus escenitas —Aomine prácticamente ordenó y luego se puso a beber de su botella con agua.

—Anda, no te están haciendo nada, idiota —dijo Kagami mirándolo mal.

—Déjalo, Kagami-kun —intervino Kuroko antes de que sus otros dos amigos empezaran a pelear.

Los tres chicos ya estaban acostumbrados al modo de Aomine, que no es que este fuera homofóbico o eso, porque "respetaba" su relación, pero no le gustaba ver esas demostraciones de amor en su presencia, proclamándose el señor heterosexual y eso. Tenía el ego muy arriba, demasiado.

—Antes de que Aominecchi explote por tanto arco iris —molestó Kise al mencionado chico y sonrió amplio—. Nos vemos luego en tu partido, Kagamicchi. Cuídense.

—Bien, les mostraré con gusto mi victoria —respondió Kagami con una sonrisa orgullosa y confiada.

El peliazul simplemente se despidió con la mano de sus amigos y sonrió cuando se quedó solo con el pelirrojo.

Por su parte, Kagami escondía lo mejor que podía la ligera ansiedad que tenía al quedarse a solas con el moreno desde que aceptó estaba enamorado de este, aunque tampoco es que fuera tan obvio, porque siempre se comportaba naturalmente.

—Hey, Kagami, dame un uno contra uno —ordenó Aomine, quien estaba acostado en una banca y veía al otro que seguía de pie.

—Hoy solo vine a verte jugar contra Kise, no tengo tiempo para jugar —respondió Kagami desafiante, pues aún con todo, detestaba que él otro chico le ordenara cosas así. Ya sabía que él era capaz de hacerle frente, pero no le daba derecho a eso.

—Kagami, no te estoy preguntando. El juego contra Kise no me quitó todo el aburrimiento, así que ahora vamos a jugar —repitió Aomine con un tono divertido y altivo en la voz.

Un suspiro salió de los labios del pelirrojo.

—No puedo hoy, mañana tengo trabajo temprano —frunció el ceño, molesto.

—Kagami… —Aomine le jaló de la muñeca para hacer que el otro se agachara para verlo directamente a los ojos, bastante cerca— Quiero jugar, no puedes negarme eso.

El aliento de ambos chocaba y Taiga sintió que el calor le inundó el rostro; no era la primera vez que el peliazul tenía con él esos acercamientos. Aún con la vergüenza que llegó a darle el sorpresivo acto, no se inmutó y le miró con el ceño fuertemente fruncido.

—Solo un rato, no tengo tiempo para más si mañana quieres que te dé comida —Kagami intentó deshacer el agarre ajeno.

Pero Aomine sonrió amplio y apoyándose del otro, se incorporó, causando que ambos cuerpos chocaran ligeramente. Veía interesado la expresión ajena y no se alejó.

—Bien. Vamos ya entonces —le soltó y pasó a su lado, todavía sonriendo.

El pelirrojo sintió un vacío en su estómago por esas acciones que bien lo harían perder en algún momento y quizá terminaría robándole un beso a su amigo.

Debo controlarme, joder, pensó Kagami y suspiró en silencio.

No lo admitiría en voz alta, pero cuando el peliazul lo veía de esa manera tan profunda, su corazón se encogía y en esos momentos sentía que podía decirle todo lo que sentía. Se sentía genial que esos ojos azules le miraran de ese modo.

El uno contra uno duró solo quince minutos, con el marcador del pelirrojo veinte puntos atrás, mientras que Aomine lo molestaba con eso, alardeando que nadie le ganaba, pero que igual siempre conseguía hacerle el rato divertido. Kagami le respondía sin rendirse ni desanimado, sino con una actitud bastante furiosa, desafiándolo con la mirada.
Aunque tampoco es que se acostumbrara a perder, él sabía que ya se acercaba el momento de hacer morder el polvo a Daiki, porque el pelirrojo no se rendiría nunca.

Los dos chicos caminaban por la calle sin prisa, pues la casa del peliazul estaba en la misma dirección que la del pelirrojo, solo que luego se desviaban unas cuadras.

—Mah, Kagami, hoy tengo cosas a hacer con una amiga, así que hasta aquí te acompaño hoy —dijo Aomine, luego de cinco minutos de caminar.

El corazón del ojirojo se estremeció con un aguijonazo de dolor que ocultó con una sonrisa forzada.

—Vete, no tienes que presumirlo, idiota —Kagami le palmeó el hombro al otro.

—Idiota tú, que no aceptas que te presente a una de mis amigas —repuso Aomine con una sonrisa maliciosa y palmeó la espalda baja ajena como despedida.

—Porque no lo necesito —Kagami puso los ojos en blanco, porque solo me interesas tú, añadió en su fuero interno—. Ya, vete que debo llegar a mi casa.

Entre otros insultos más, típicos de ellos, se despidieron con una sonrisa.
Sonrisa que en los labios del ojirojo se desvaneció una cuadra después.

Si bien le dolía ver como la persona que ama se iba de aventurero con varias mujeres, no era para que se pusiera a llorar, tampoco se tenía lástima a sí mismo. Kagami era fuerte, orgulloso, algo como un amor no correspondido no lo iba a matar, la vida seguía.
Pero así como sabía eso, también tenía en cuenta que el saberlo y aceptarlo no hacía las cosas menos dolorosas.

Suspiró. Esperaba su mamá no se le pegoteara con preguntas incómodas sobre el tema de su ¡enamorada", que no es que no le tuviera confianza, pero prefería no tocar el tema debido que a su madre no era precisamente de mente abierta cuando temas de homosexuales se tratasen.

—Taiga, cariño —canturreó Mika, su madre, con una sonrisa, una vez su "pequeño" hijo ingresó a la casa y lo abrazó.

—No hagas eso, mamá… —masculló Kagami con un puchero.

— ¡Hey! ¿Qué hay de malo en consentir a mi hijo? —se quejó Mika. Ella era casi tan alta como su hijo de cabello marrón claro y ojos verdes para ser japonesa y tenía un trabajo como chef profesional.

Luego de una típica plática entre madre e hijo, ambos se pusieron a hacer la cena y Kagami puso toda su atención en cómo preparar alimentos para no pensar en lo que seguramente Aomine estaría haciendo en esos momentos.


/Lunes 3 de Junio del 2013/

Midorima Shitaro había ingresado en la Universidad, quería ir a la facultad de medicina, pero para eso debía pasar el propedéutico que todo alumno de nuevo ingreso debe hacer el primer semestre, como resulta obvio. Y él en absoluto tenía problema con ello, de hecho, le gustó eso porque así podría dedicarse un tiempo más a dedicar sus tardes libres en el basquetbol, pues era un excelente tirador.
Tenía un hermoso cabello verde y sus ojos esmeraldas lucían pese a los anteojos que usaba; no solo tenía la manía de vendarse los dedos de su mano izquierda, sino que era un supersticioso de primera. Nunca faltaban sus amuletos de la suerte que sugería Oha Asa. Y jamás pensó que se arrepentiría de hacerle caso a las famosas predicciones, de no ser porque por el mismo motivo de los amuletos, ahora no se sacaba de encima a cierto chico.

—Ne, Shin-chan, vamos a comer a la azotea aprovechando la hora libre —dijo Takao con una sonrisa, mientras palmeó el hombro del peliverde.

—Tengo cosas que hacer, Takao, ve solo, nanodayo —respondió Midorima con seriedad, ajustándose los lentes con el dedo de la mano derecha, pues en la izquierda llevaba su amuleto de la suerte que era una tortuga de juguete.

—Vamos, Shin-chan, no seas amargado —insistió Takao con sus hermosos ojos azul plateados mirándolo y esa sonrisa tan carismática.

El peliverde suspiró. Ya por experiencia en estos dos meses que llevaba en la Universidad sabía lo terco que era el pelinegro, así que era mejor no hacer corajes de más, como recomendó Oha Asa, así tendría una buena semana.

—Como sea, camina entonces.

Así que ahí iban los dos jóvenes, caminando; Takao iba parloteando de la suerte que tenían de que el maestro no hubiera llegado y sobre todo porque faltaría una semana.

Takao Kazunari era un chico bastante animado y bromista de cabello negro, tez blanca y de ojos azul platino. Se la pasaba todo el tiempo pegado al peliverde, mostrándose amistoso a pesar de la actitud tsundere del otro y miren que para aguantar todo eso, Takao tenía una buena razón: la admiración e interés.
Este ya conocía a Shin-chan desde hace casi un año, pero de lejos, pues una vez lo vio jugar en la cancha frente a su casa donde se llevaba a cabo un partido de basquetbol callejero y quedó impresionado con esos tiros de infarto que daba. Era genial, solo que sintiéndose poca cosa al haber jugado contra él y perdido en esos mismos juegos, no supo cómo acercársele. Y sin darse cuenta, comenzó a observarlo de lejos mientras que su mente se las ingeniaría para hablarle.
Pero la suerte de Takao fue perfecta, cuando al ingresar a la Universidad ahí en su clase estaba el mismísimo Shitaro y de forma espontánea, le terminó hablando más rápido de lo que pensó al percatarse de un objeto que este llevaba en la mano: cinta adhesiva. Varios comentarios bromistas salieron de la boca del pelinegro aquella vez, irritando al peliverde. Y desde ahí, Kazunari empezó a acercarse más a él, dejándose llevar como agua.

Y Midorima no entendía porque es que seguía aguantándolo siendo que siempre lo sacaba de sus casillas con broma tras broma o risas exageradas. No lo entendía, pero si antes no hizo nada para alejarse del pelinegro, ahora ya no tenía caso hacerlo habiendo pasado casi dos meses. Además, Oha Asa le aconsejó que era bueno tener de amigo a un signo de agua y como Takao era escorpio, pues… No había que discutir.

—Shin-chan, ¿irás a ver el juego entre Kagami y Aomine el viernes? —preguntó Takao mientras comía.

Ya los dos chicos estaban sentados en la azotea.

—No hables con la boca llena —regañó Midorima con el ceño fruncido por unos segundos—. Y no es necesario, es obvio quién ganará —se ajustó nuevamente los lentes.

—Hmm, pero Kagami ha mejorado mucho —Takao se tornó pensativo y serio, algo raro en él.

—No importa que tanto mejore Kagami, sino aprende a separar sus sentimientos del partido, seguirá perdiendo, nanodayo —sentenció Midorima como si fuera obvio.

—Oh, ¿tú sabes lo que Kagami siente por Aomine?, qué raroooo —Takao se rió suavemente.

—Bueno, ese idiota es obvio en algunas ocasiones —Midorima miró mal al pelinegro.

—Ne, Shin-chan, ¿tú sí podrías separar tus sentimientos si jugaras contra mí? —bromeó Takao con una sonrisa de oreja a oreja.

El aludido chico frunció el ceño y cerró los ojos unos segundos.

—Deja de decir tonterías, nanodayo —casi gruñó Midorima.

Eso causó que el ojiazul se riera con ganas.

Esa misma actitud tsundere era la que poco a poco iba colándose en el corazón de Takao más rápido de lo que pensaría cualquiera, siendo que ambos eran opuestos en cuanto a personalidad. Pero de cierta forma, ambos se complementaban.


/Viernes 7 de Junio del 2013/

El día llegó de manera calmada, Midorima como buen alumno ya estaba despierto desde hace media hora y ahora le quedaban dos horas para terminar de alistarse y que Takao pasara por él con su famosa carreta.

Se sentía un poco aliviado de que esta semana ya casi terminaría, porque tener más tiempo de lo normal pegado al pelinegro era contraproducente para su poca paciencia y tsunderismo. Las horas libres empezaban a desagradarle por ese mismo hecho, pues ya bastante pasaba con tener a Takao en las mañanas, los recesos y las salidas de la escuela. Aunque tampoco es como si le desagradara el chico, pues lo aceptara o no, el ajeno había sabido como acercarse poco a poco.

Shintaro se higienizó debidamente el cuerpo y demás como todas las mañanas, se vistió casual porque en la Universidad ya no utilizaban uniforme y se vendó los dedos de la mano izquierda. Por poco se le olvidaba escuchar a Oha Asa, así que antes de bajar a desayunar lo hizo y recordando la fecha de hoy, no evitó escuchar el signo de Leo, sabiendo de antemano que ese es el signo de cierto pelirrojo que jugaría hoy una final del partido.

—"Leo, lo sentimos, tu racking es el décimo lugar. No eres el último, pero será mejor no apresures las cosas y te mantengas en calma; tu amuleto de la suerte es un mini peluche de estrella —Midorima suspiró y siguió escuchando— Procura mantenerte lejos de virgo, tu incompatibilidad con ellos es de un setenta y cinco por ciento, así como también cuídate de géminis".

Y Oha Asa ya lo había dicho.

Quizá si el peliverde y Kagami fueran más cercanos, le daría su amuleto de la suerte para que le fuera bien, pero como no era así y tampoco es que el otro fuera supersticioso como nuestro guapo peliverde.

Al menos, la suerte el día de hoy para Midorima estaba de su lado.

Desayunar no le llevó mucho tiempo, así que justo salía de su casa, cuando Takao llegó frente a esta con una sonrisa y agitando la mano.
El peliverde se le quedó mirando atento; era la primera vez que veía al pelinegro con una camiseta y ver esas partes del pecho tan descubiertas le hizo sentir un fugaz deseo que rápidamente disipó cuando se dio cuenta que lo estaba viendo de más.

— ¿Cómo estás hoy, Shin-chan? ¿Qué amuleto te tocó, eh? —preguntó Takao con una enorme sonrisa, pues sí notó la miradita del peliverde en su cuerpo gracias a su visión de halcón. Hizo bien en escuchar a Oha Asa también.

—Takao, saliendo de clases acompáñame a comprarlo —Midorima casi ordenó, mientras se ajustaba los lentes y veía el cielo, una vez se subió a la carreta. La verdad era qué su amuleto era un sencillo bolígrafo, así que no diría jamás que de repente, quiso comprar un peluche de estrella.

Que no es que estuviera preocupado por Kagami, pero si le preguntaban al peliverde a quién le deseaba suerte el día de hoy, no era para Aomine, porque ya lo conocía.

— ¡De acuerdo! Y de paso vamos a ver el partido de hoy, no te olvides, Shin-chan —aceptó Takao, gustoso.


Eran casi las cuatro de la tarde y Kagami corría por su departamento mientras terminaba de cambiarse la ropa apropiadamente. Su madre seguía en el trabajo, así que no se retrasaría más de lo que ya estaba, pues el partido sería a las seis y ni siquiera había salido por quedarse dormido.

La cancha estaba a quince minutos si iba corriendo, pero debía cruzar como cinco veces debido a las calles y a esta hora el tráfico era pesadísimo, por lo que probablemente le llevaría más tiempo. Aun así, no se rindió y tan pronto estuvo completamente listo, salió corriendo hacía la cancha cual tigre, pasando a la gente sin lastimarlas y teniendo suerte al pasar limitadamente en las calles.

El resto de la semana se la había pasado entrenando con Kuroko o bien solo. Tampoco había visto a Aomine los días pasados y solo habían conversado por mensajes o vía Facebook, que tampoco es que lo usara mucho. Y aunque Kagami deseaba verlo y jugar contra él para sentir ese ligero roce de sus cuerpos de manera inocente, no se lo haría saber al moreno.

Llegó justamente a las cinco y eso que todavía debía calentar treinta minutos para el partido; teniendo en cuenta que era un torneo "callejero", no era todo tan meticuloso como si fuera un partido oficial.

—Llegas tarde, idiota —dijo Aomine con una sonrisa burlona, acercándose al pelirrojo—. ¿Listo para perder? —hasta le pasó otra vez su brazo por los hombros cómodamente.

— ¡No digas estupideces, Ahomine! —gruñó Kagami con el ceño fruncido, pero no se apartó del contacto ajeno, solo le fulminó con la mirada.

—Mah, yo sé que vas a perder, tonto —susurró ahora Aomine de manera un poco íntima, casi pegando los labios a la oreja ajena.

El pelirrojo se estremeció de golpe y casi se sonroja, pero su orgullo no lo dejó, aunque si se avergonzó.

— ¡Cállate! —esta vez, Kagami si se apartó del moreno con brusquedad, causando que el otro se riera entre dientes.

Mientras los jugadores se dedicaban a calentar, Kise y Kuroko veían a los otros dos, sentados en una banca; el primero tenía lentes negros para evitar que lo reconocieran con facilidad, así como una gorra.

—Cuando Aominecchi hace esas cosas, cualquiera pensaría que son algo más —masculló Kise con el ceño fruncido—. Juega sucio.

—No lo hace, Kise-kun, pero le gusta molestar a Kagami-kun, sabiendo cómo es —aclaró Kuroko mirando con interés la cancha.

Kise pasó un brazo por los hombros del peliceleste de forma cariñosa y ligeramente posesiva para acercarse más.

Y el juego dio comienzo, causando gritos de emoción en el público. En el equipo de Kagami eran buenos y estaban dando excelente pelea al equipo de Aomine, todos se sentían encantados por ver la evolución del partido. Quizá ellos hubieran ganado si el peliazul no estuviera de por medio y no es que el pelirrojo fuera débil, pero justo como una vez le dijo Kuroko, en el fondo de su corazón, todavía no era capaz de separar su emociones del juego desde que se dio cuenta que estaba enamorado de Aomine.
Nunca antes el moreno había superado los siete puntos cuando jugaba contra el equipo de Kagami, pero esta vez sí lo hizo, para desgracia de muchos. Esto debido a que aunque este último estaba dando lo mejor de sí en el partido, no era suficiente, porque gracias a la ligera provocación que Aomine le causó a su corazón y cuerpo con ese casi beso en su oreja, ahora cada que sentía la piel ajena tocar la suya…No podía concentrarse del todo, sobre todo porque la manera en que el moreno lo marcaba, parecía que se insinuaba por completo. Era demasiado amable. Y quería ganar, pero no podía dejar atrás sus sentimientos para que ese poder que posee en el juego despertara por completo.
Ese era su mayor problema y aunque el peliazul no lo sabía con exactitud, se lo reclamó.

—Hoy estuviste realmente patético, Kagami —la voz de Aomine adquirió un toque de superioridad y molestia, hacía tiempo que no la usaba contra su rival.

—Guarda silencio, Aomine. Mejoraré y te tragarás tus palabras —respondió Kagami con el ceño fruncido y el cuerpo bañado a sudor; por supuesto que sabía su debilidad en este partido.

—Con voluntad no basta, idiota. Sino mejoras, realmente me aburrirás —advirtió Aomine.

—Aominecchi, no es necesario que seas así de cruel con Kagamicchi —regañó Kise, acercándose con el peliceleste de la mano; los dos se notaban molestos, porque sabían el verdadero motivo de la situación del pelirrojo y no era justo que el otro empezara con sus tonterías.

—No soy cruel, Kise, pero es la verdad. No me hagas decepcionarme, Kagami —repitió Aomine con desdén.

Y el pelirrojo estaba luchando por no bajar la mirada, pues esas palabras le habían dolido de alguna manera y tenía ganas de gritarle que si no hubiera sido por sus malditos deslices que parecían tan apropósito, no se hubiera desconcentrado. Pero hacerlo, significaba algo peor, porque sus sentimientos quedarían expuestos.

— ¡¿Cómo puedes ser así, Aominecchi, siendo que es tu culpa?! —exclamó Kise con un mohín, sujetando el hombro del pelirrojo.

— ¿Por qué mi culpa? —Aomine frunció el ceño.

—Kise-kun, no deberías… —intentó intervenir Kuroko al percatarse de a dónde estaba yendo el asunto, pero gracias a su poca presencia, no tuvo mucho efecto.

Y Kagami estaba más ensimismado en sus pensamientos que en las tonterías que siempre decía el rubio, por eso nunca se esperó la respuesta de este.

—Vamos, Aominecchi, no te hagas el tonto. ¡Si ya sabes lo que Kagamicchi siente por ti y tú todavía lo provocas! —amonestó Kise. Pero no es que fuera un chismoso, no, es solo que él tenía entendido que el peliazul ya sabía de los sentimientos de su pelirrojo amigo, pues este era obvio en algunas ocasiones.

En ese momento, Aomine se quedó en silencio y Kagami se sobresaltó.

— ¡KISE, DEJA DE DECIR…!

La suave risa del peliazul con un gesto arrogante se escuchó, interrumpiendo lo que el otro iba a decir. No parecía afectado.

— ¿Con qué era eso, eh? Pensé que solo eran imaginaciones mías —Aomine miró al pelirrojo con el más puro desdén— Ya sé que soy irresistible, pero los hombres no me van y sí eres capaz de dejar que eso te influya por mis pequeños juegos, entonces, Kagami, si eres patético —el tono de casi repugnancia en su voz causó varias reacciones y sensaciones en sus demás amigos.

Y una de ellas era la decepción y el dolor en el corazón de Taiga, porque si antes pensó que le dolía ver como el chico que ama estaba con otras personas, ser rechazado de esa manera tan… fría y burlona era peor.

Por otro lado, Midorima llegó justo en el momento en que cierto rubio había lanzado sus palabras sin prevenir.

—Meh, ya no vimos el partido —se quejó Takao, caminando—. ¿Le darás eso que compraste a Kagami, Shin-chan? —preguntó, enarcando una ceja de forma burlesca, pues fue más que obvio para él la acción de su amigo, gracias a que también escuchó el signo de Leo en la mañana.

Pero el peliverde se quedó en silencio un momento. Oha Asa no se equivocaba, en absoluto.

—No. Mejor vámonos, Takao, de todos modos llegamos tarde y no tenemos nada qué hacer aquí.

Y sin decir nada, Midorima se dio la vuelta rumbo a donde dejaron la carreta, con el pelinegro pisándole los talones, quejándose cual niño.

No fue necesaria para él más explicaciones, pues era obvio lo que había pasado ahí.


No lo voy a negar, amo manejar a Aomine como todo un chico altanero y cool x'DDDDDD, jajajaja, ay, es que para que negar que esa parte de él que aunque me joda algunas veces, también me gusta(?).

¿Qué les pareció este primer capítulo? ;u; De verdad me haría muy feliz saber su opinión, asldjsaldklsdklfdfmdlk.

No estoy segura de cuando actualizaré, quizá en dos semanas o una, haré el esfuerzo por venir más al ciber, pls :'v.

¡FELIZ MES AOKAGA!