Holi ovo/.

Hmmm, exactamente creo que pasó una semana desde que publiqué el primer capítulo y me da gusto ver que la historia si les llamó la atención… Y si les soy sincera, creo que a comparación del otro AoKa que tengo, contendrá más drama(?) ewé.

Ajaja, ¡muchísisisimas gracias por sus favs y follows, además de sus comentarios, preciosuras de Dios! ; v ;
Ows, no saben lo feliz que me hacen.

Bueno, espero les guste este capítulo y que Aomine no se gane su desgrado(?); sé que es algo típico quizá esta forma de comportarse del moreno en otros fic's, pero bueh xD.
Disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.


Kagami para evitar sentirse realmente humillado por las malditas palabras de Aomine, recogió sus cosas y con la actitud seria y fiera, miró al otro.

—Que no se te suba a la cabeza —dijo sin más.

—Kagamicchi… —Kise se había dado cuenta demasiado tarde de su error, pero es que por la manera que tenía el moreno de actuar con el pelirrojo, era fácil entender que del mismo modo le correspondía y parecía sabedor de los sentimientos del segundo.

—Kise-kun, no digas nada ahora, mejor —aconsejó Kuroko y negó, sujetándole de la muñeca.

—Nos vemos —se despidió Kagami con un gesto de mano.

Hasta el calor del partido se había ido de todo su cuerpo, pues con aquel rechazo tan directo fue como recibir un balde de agua helada que no solo afectó su cuerpo, sino su corazón. Pero bueno, el pelirrojo trataba de pensar que era mejor eso, ¿no?, así evitaba de hacerse ilusiones innecesarias, al menos ya no más de las que llegó a tener con cada insinuación clara del moreno.

Él no tiene la culpa, soy yo por pensar que podría ser…, pensó Kagami con el ceño fruncido y soltando un suspiro, caminando como alma que lleva el diablo por la calle, ignorando las miradas que se posaban en él, debido a la expresión que tenía. No solo se sentía triste, no solo sentía el dolor aguijonar su corazón con saña, no. También se sentía furioso, consigo mismo y con el peliazul. Claro, ya sabía que llegaría a ser rechazado directamente, es solo que no pensó Aomine realmente fuera a decirlo de esa manera, porque después de todo eran amigos, ¿no?

Ni sintió cuando es que llegó a casa, solo deseo que su madre no le molestara con sus preguntas.

—Cariño, pensé que llegarías más tarde… —saludó Mika con una sonrisa mientras servía un coctel de frutas para ella misma, pero se quedó callada al ver la expresión sombría de su hijo— Taiga, ¿qué…?

—No me preguntes, solo quiero dormir. Avísame cuando esté la cena —respondió Kagami sin verla, porque estaba seguro de que sí sus ojos chocaban con los de su mamá, no podría ocultar lo que sucedía.

—Pero, cariño…

Aun así, el pelirrojo no dijo nada más y se metió en su habitación, cerrando con seguro y suspiró profundamente, cerrando los ojos. Esta situación le dolía mucho, mucho, realmente era tan jodido que la persona que amas no te correspondiera, pero no lloraría, no. Kagami sabía que llorar no lo haría sentir mejor.
Estaba bastante enojado consigo mismo como para pensar que bien podría intentar conquistar a Aomine, quizá si este no se hubiera burlado de sus sentimientos, el pelirrojo lo consideraría. Pero no, porque hasta donde entendió de las palabras del otro era de qué si lo sospechaba y aun así había hozado de darle esas falsas esperanzas con esas cercanías que no hace un simple amigo.
¿O acaso era todo culpa de Kagami por malinterpretar…? Pero también sabía cómo era Aomine; alguien que no le interesaba ningún compromiso sentimental y prefería las aventuras a quedarse de enamorado. Claro que el pelirrojo también llegó a pensar así, al menos en la parte referente a estar soltero, no es que fuera un casanova, no, tampoco.
Y en pocas palabras, Aomine Daiki fue la persona que le sacó la monotonía de su vida, quién fue capaz de borrar esa sensación de sentirse solo e incompleto en un mundo extraño, porque había veces que el pelirrojo sentía que debía estar haciendo algo más que no entendía.

De no haber sido por aquella tarde de hace meses, en las que por primera vez vio al peliazul entrar en la zona como el prodigio que es, probablemente no se hubiera dado cuenta de que estaba enamorado de él y sus sentimientos se hubieran quedado como simple admiración.

—No te voy a dar el privilegio de mis lágrimas —susurró Kagami, deslizándose por la puerta hasta sentarse ahí. Alzó sus piernas, flexionando las rodillas y acomodó sus brazos alrededor de estás. Sentía el cuerpo débil no solo por el ejercicio, si no físicamente.

Pero por su mente, la sonrisa de Aomine danzaba sin dejarle nada más que ver y es que de cierta forma, ese moreno era una luz. Sin embargo, luego de intentar conocerlo, uno se daría cuenta que no todo lo que brilla es oro y aun así, había sido capaz de hacer que el pelirrojo se enamorara de él de una manera que hasta ahora, Taiga no comprendía.
Mas así era el amor, o eso prefería creer este. Era algo incomprensible y si más vueltas se ponía a darle, más hundido por Daiki se sentía.

Apretó los dientes y se sujetó la playera, justo donde estaba su corazón, como si con eso mitigara el dolor de esa zona. Por eso, sintió su collar con el anillo ahí y bajó la mirada. Una sensación extraña le recorrió el cuerpo al sujetar dicho objeto y suspiró, ¿qué era esa nostalgia que sentía?, además, otra vez ahí estaba esa sensación de que debería estar en otro lugar, haciendo algo más.
Antes de seguir pensando y torturándose con esa sensación y con el estúpido rechazo del moreno, se metió a bañar para refrescar su mente y luego se tiró a dormir. Por lo menos así, pospondría ligeramente el dolor y mañana seguiría adelante.
Porque eso sí, no era el fin del mundo.


/Sábado 8 de Junio del 2013/

—Kise-kun, deberías dejar de sentirte culpable —comentó Kuroko, mientras se sentaba en el sofá al lado de su novio.

Ambos chicos estaban en el departamento del rubio y serían alrededor de las tres de la tarde. Mismo lugar estaba bastante ordenado y limpio.

—Moo, pero ahora seguramente Kagamicchi me odia por lo que dije ayer, ¡ya va un día que no nos habla! —Kise hizo un puchero y se recargó en el hombro del peliceleste.

Kuroko pasó su delgado brazo en los hombros ajenos y le acarició el cabello con cariño.

—Tengas o no la culpa, Kagami-kun no te reclamó. Aunque de todos modos, no debiste decir nada —su tono fue sereno, dejando claro que no le hacía sentir culpable, al contrario, le brindaba apoyo.

Kise puchereó casi un minuto y luego suspiró.

—Lo sé, pero es que ya hemos estado viendo las insinuaciones de Aominecchi que…

—Creo que el cuerpo de Aomine-kun solo hacía solo que él no acepta —dijo Kuroko con el ceño ligeramente fruncido, nada contento por eso.

—Pero debería dejar de dar falsas ilusiones a la gente —Kise se puso serio y enrolló su brazo en el torso ajeno, acercándolo más para dejarle un beso en el cuello—, porque ya casi todos dábamos por sentado que correspondía a los sentimientos de Kagamicchi y que sabía de ellos.

El peliceleste entrecerró ligeramente los ojos por ese gesto y ladeó el rostro para darle más libertad a su novio en aquella zona.

—Aomine-kun es demasiado egocéntrico, incluso aunque llegara a sentir algo por Kagami-kun, no lo aceptaría —Kuroko fijó su vista en el rubio—. Kise-kun, dijiste que iríamos a comer —le sujetó del rostro con suavidad y junto su frente con la ajena, pues esos mimos poco a poco iban subiendo de tono.

El rubio solo sonrió y sujetó una mano ajena para darle varios besos.

—Tú también serías buena comida, Kurokocchi —Kise le guiñó un ojo y sonrió.

—No, Kise-kun, yo soy tu postre —Kuroko sonrió ligeramente y se inclinó para dejarle un beso al otro en los labios de manera lenta, pero sin profundizar realmente.

—Bueno, esa es una mejor idea —respondió Kise entre los labios de su novio y le succionó el inferior con devoción.

—Entonces, vamos antes de que sea tarde —sin más, Kuroko se separó bien tranquilo, dejándole un beso más al rubio.

Kise suspiró y luego sonrió, si no fuera por el ligero rubor de su novio y esa mirada tan brillante que le dedicaba, pensaría que era el único que se encendía (en el buen sentido) cuando estaban juntos, ya que el peliceleste siempre era serio.


/Martes 11 de Junio del 2013/

Si bien el fin de semana Kagami se la pasó descansando y jugando videojuegos para evitar salir a una cancha y así encontrarse quizá al peliazul, no porque estuviera huyendo de él. Sino porque estaba seguro —teniendo en cuenta la reacción que tuvo el viernes— volvería a hacer algún comentario innecesario y entonces sí, hasta terminaría golpeándolo. Primero encontraría una manera eficaz de no ser tan impulsivo, porque sí, todavía seguía sintiendo bastante molestia en su ser casi de la misma magnitud que el dolor en su pecho, impidiendo tener claras sus ideas para enfrentarlo, ya que quisiera o no lo volvería a ver.

Él no consideraba culpable a Kise por haber dicho lo que dijo el viernes, aunque hubiera agradecido que no se le hubiera ido la lengua, aun así, tampoco había contactado con él y Kuroko porque al seguir molesto, tal vez se desquitaría con el rubio y ya no quería más problemas. Ya se sentía bastante mal todavía.
Pero al menos en su trabajo como aprendiz de su madre chef lograba distraerse bastante, pues era su vocación; siempre había sido bueno cocinando y que mejor manera que desarrollarse debidamente bajo la tutela de su madre gastrónoma. Al menos, en lo que podía entrar a la Universidad, que si no lo hizo cuando cumplió sus dieciocho años era por…
Kagami frunció el ceño y negó. No le gustaba pensar en algo que no podía ver con claridad, así que antes de frustrarse por ese pequeño detalle suyo, mejor se concentró en el juego.
Hasta que recibió un whatsapp.

"Kagami, en la cancha que está a cuatro cuadras de tu casa en quince minutos, estoy aburrido y quiero jugar".

En definitiva era Aomine. Y qué bueno que el pelirrojo no le dio el visto al mensaje, sino que solo lo vio al bajar la barra de su celular táctil, así podría ignorarlo. Todavía la manera tan estúpida en que le habló cuando sus sentimientos quedaron expuestos y aun así se atrevía a darle órdenes.

A él nadie le ordenaba nada. Así que apagó su celular para evitar continuar recibiendo mensajes del peliazul cuando supiera que no iría, luego se preparó una buena ración de comida, terminó su juego y se fue a dormir lo que restaba de la tarde. Ya mañana iría a trabajar.


La universidad al fin había terminado por el día de hoy y Takao dio un suspiro de alivio cuando el profesor no dejó tarea, aprovechó que su asiento estaba delante de su amigo peliverde y se volteó.

—Shin-chan, vamos a ver una película hoy para no aburrirnos —dijo con una sonrisa divertida.

—Tú te aburrirás. Yo tengo cosas que hacer —respondió Midorima sin siquiera verlo mientras acomodaba sus cosas y dejaba su amuleto—que era un guía telefónica— sobre su regazo un momento.

— ¿Qué cosas harás, Shin-chan? —preguntó Takao animadamente, guardando rápidamente sus cosas también, sin dejar de ver a su amigo.

—No te incumben —Midorima se incorporó y se acomodó sus lentes.

— ¡Anda, Shin-chan, dime! —Takao le zarandeó ligeramente de su hombro.

— ¡Deja de portarte como un idiota! —replicó Midorima, dándole un manotazo al pelinegro para que lo soltara.

Takao simplemente se rió y como si nada se puso a caminar al lado del más alto.

— ¿Por qué no me dices? Eso es no tenerme confianza —se hizo el dolido.

Midorima frunció el ceño y no respondió.

Pero el pelinegro estaba lejos de darse por vencido, además le gustaba compartir su tiempo con el ojiverde. Por eso, una vez llegaron hasta donde "estacionaban" su carreta, dejó su mochila ahí atrás al mismo tiempo que el más alto y de improvisto, le quitó sus lentes.

— ¡¿Pero qué estás…?! ¡Takao, idiota, dame mis lentes! —gruñó Midorima, frunciendo el ceño y entrecerrando los ojos para ver lo mejor que podía, tampoco es que estuviera tan ciego, pero quitarse de golpe sus lentes con bastante aumento, le mareaba un poco.

—Shin-chan, te lo doy si aceptas ir a ver una película conmigo —repitió Takao con una sonrisa inocente, mientras se ponía los lentes con cuidado. Luego arrugó la nariz—. Vaya, amigo, de verdad estás ciego —se burló entre risas.

— ¡Así menos aceptaré ir contigo! ¡Dame ya mis lentes! —exclamó Midorima y caminó hasta el pelinegro, para intentar quitarle dicho objeto.

— ¿Irás conmigo al cine? —preguntó Takao nuevamente, riendo un poco al ver lo inútil que podía ser el peliverde sin sus lentes. Claro que lo pensaba con cariño.

Tampoco es como si lo que le estuviera pidiendo a Shitaro fuera una cita, no, pero siempre era divertido molestarlo; he de ahí su insistencia. Además de que estaba seguro pasarían un buen rato. Así que el peliverde batalló en vano casi diez minutos para que el pelinegro le devolviera sus lentes, por lo que al final terminó aceptando la estúpida invitación para salir al cine, haciendo reír a Takao con ganas. Y luego de varios insultos por parte de Midorima, los dos abordaron la famosa carreta para ir camino a sus casas.

—Entonces, nos vemos allá a las siete, Shin-chan. No me dejes plantado —se despidió Takao con una sonrisa ligera para irse manejando la dichosa carreta.

Midorima simplemente le miró serio y ceñudo unos segundos, luego se acomodó los lentes e ingresó a su casa.

Por otro lado, Takao llegó tarareando a su hogar, llamando la atención de su hermana, que sabía su hermano era animado, pero hasta hoy parecía estarlo más.
Y por eso, en la comida es que Kotomi, su hermana, le haría llegar su amor como solo entre hermanos saben.

— ¿Es así como el amor te afecta, hermanito? —molestó Kotomi con una sonrisa insinuante.

Takao casi se ahoga con el agua de naranja que bebía y miró a la chica, para luego reírse a carcajadas.

— ¿Estás loca, Kotomi? Que amor ni que nada, ahaha, solo estoy feliz y ya.

Los dos vivían solos, se podría decir que su hermana era la única familia que le quedaba tras morir sus padres en un accidente. Ella tenía veinticinco años y era una famosa diseñadora de modas, así que la economía de ambos era buena.

—Tú estás más que feliz, si hasta venías cantado y no has dejado de sonreír desde que llegaste —Kotomi parecía ser bastante experta en esos temas, por eso seguía molestándolo.

—No, claro que no es eso —Kazunari continuó riendo, para restarle importancia, fingiendo que no se sorprendió por ese comentario. ¿Por qué debería estar tan feliz si solo saldría con su amigo?

—Oh, vamos, no soy tonta —Kotomi fingió molestia y luego arqueó una ceja—. Me imagino ya la invitaste a salir, así qué, ¿quién es la afortunada?

Para mala suerte del pelinegro, las palabras de su hermana tenían cierta lógica, así que en ese momento, su risa se tornó algo nerviosa.

—No es nadie, Kotomi, deja de inventarte cosas —Takao rió otra vez y se llenó la boca de comida para evitar que la otra siguiera preguntando.

Así que, gracias a esa conversación innecesaria con su querida hermana mayor, mientras se terminaba de alistar para ir rumbo al cine, se sentía ligeramente ansioso y casi nervioso. Esto no es una cita, no es una cita, no tengo porque ponerme así, pensó mientras se terminaba de peinar su cabello un poco largo. Ah, Kotomi y sus comentarios tan fuera de lugar.

Se despidió de su hermana luego de que ella le diera dinero extra y salió corriendo hacía donde quedó de verse con el peliverde.
Lugar donde Midorima ya llevaba parado diez minutos y no es que el pelinegro estuviera siendo impuntual, sino que él sintió la necesidad de llegar antes, sin saber por qué exactamente. Vestía un pantalón de mezclilla negro, una playera verde oscuro y sobre de esta una camisa sin abotonar blanca. Su calzado era un par de tenis del mismo color. Tenía un aura bastante seria y sensual.
Por eso, cuando Takao lo miró, sintió que su corazón salió disparado de su pecho, dándose cuenta de lo verdaderamente guapo que era su amigo y se le quedó mirando más tiempo del necesario. Aunque él tampoco se quedaba atrás, con ese jeans azul marino rasgado de las rodillas, con esa camiseta negra y sus tenis converse del mismo color; acentuaban perfectamente su color de piel y el de sus ojos, causando gran impresión al peliverde, solo que este supo esconderlo mejor.

—Deja de perder el tiempo y entremos de una vez al cine —ordenó Midorima, acomodándose los lentes. Ha estado usando muchas camisetas estos días.

—Heh, está bien, Shin-chan. Veamos una comedia romántica —bromeó Takao entre risas a la vez que palmeó el hombro ajeno.

—No. Y con esos comentarios pienso que mejor debí dejarte plantado —objetó Midorima, pero el pelinegro simplemente continuó riéndose.

Pero gracias a que ninguno de los dos se decidía por qué película mirar, al final sí terminaron metiéndose a ver una película de comedia romántica, llamada "You're My Pet", que era coreana y no hacía mucho se había estrenado. Y Midorima estaba que echaba chispas por tan mala suerte con esto de las películas, ¿por qué entre tanta variedad tuvieron que quedarse con esa?
Habían de terror, suspenso y acción, ¿por qué justamente esa?, era una pérdida de su tiempo. Y eso que Oha Asa dijo que estaba en el tercer lugar del rancking de los signos.

—Shin-chan, si yo hiciera lo mismo que ese tipo, ¿me dejarías vivir contigo? —aventuró Takao de manera risueña, tapándose la boca para no reír en la sala del cine y los mandaran a callar.

—Para empezar, ni siquiera te recogería de la calle. Te dejo desangrar —espetó Midorima con tono huraño.

—Oh, vamos, Shin-chan, no podrías ser tan cruel siendo que serás un doctor —se quejó Takao con los ojos en la pantalla y sonriendo.

El peliverde no respondió y simplemente le miró. La verdad es que, si lo pensaba bien, no sería extraño que alguien como el pelinegro terminara haciendo lo que el protagonista de la película, aunque definitivamente a Midorima no le quedaba en nada el papel de la protagonista esa que parecía ser bastante amargada. O eso creía él, hasta que Takao le dijo que el papel no le quedaría mal, porque eran igual de serios.
Eso causo que este mismo se riera y les callaran en la sala. Al menos, eso logró que ya no se sintiera ansioso por la plática con su hermana.

Llevaban más de una hora dentro de la sala del cine y Shintaro estaba todo enfurruñado, como alma que lleva el diablo, gracias a que su acompañante terminó quedándose dormido en ese gran asiento. Suspiró, pensando que quizá era mejor fingir ir al baño y dejar dormido al otro ahí, solito.
Al menos los dos estaban en la última fila de la sala, así los suaves ronquidos que su amigo soltaba de vez en cuando no eran escuchados.

Midorima frunció el ceño con más fuerza cuando en la gran pantalla pasó la escena donde el chico protagonista ese que se suponía era una mascota, le pedía a su dueña que jugaran con el disco de plástico al "tira y atrapa". Y cuando la protagonista lanzó el disco, el chico corrió para atraparlo con una gran sonrisa en su cara, pese a que otro perro—uno de verdad— le ganó el disco y se pusieron a pelear por eso.
Realmente no tuvo dificultad en imaginarse a Takao así.

En verdad que estaba aburriéndose mientras que el pelinegro estaba dormido a su lado, porque aunque no lo admitiera jamás, los comentarios idiotas de su amigo le hacían divertida la película. Por eso es que decidió largarse o por lo menos ir al baño. Se iba a mover, cuando Takao se removió, causando que se apoyara en el hombro del peliverde.
Midorima se quedó estático por eso y no fue capaz de moverse.

—Shin-chan… —susurró Takao tan bajo, que el mencionado chico apenas pudo escucharlo.

—Idiota, muévete —gruñó Midorima en voz baja, intento mover el cuerpo ajeno, que solo se acomodó mejor en su hombro—. Tsk.

Suspiró y dejó de moverse cuando se dio cuenta lo cálido que se sentía el cuerpo del pelinegro contra el suyo, lo que le hacía sentir realmente bien, una sensación que no se comparaba con jugar basquetbol. Así que dejó que su amigo durmiera ahí.
Y de manera muy conveniente, ahora la escena de la película era donde la protagonista estaba acostada y el protagonista que hacía de la mascota estaba sentado detrás de la almohada de la chica, moviendo su mano arriba de la cara ajena, hasta que ella lo detuvo en un agarre de manos. Lo que causó que el chico no la soltara y se inclinara más hacía ella, apunto de besarla.
Misma escena, causó que el corazón del peliverde se acelerara, así como confusión en este, que de reojo vio el rostro de Takao dormir con calma.


/Miércoles 12 de Junio del 2013/

Kagami había logrado sentirse mejor al fin, cuando decidió usar su anillo que usualmente tenía como cadena. Pues cuando se iba a meter a bañar, al quitárselo, se lo quedó viendo con atención, sin entender porque con solo verlo se sentía tan bien, como si supiera que eso era su solución. De modo que, ahora lo cambió de lugar. Claro, luego de que terminara su tiempo en el trabajo, para evitar perderlo o mancharlo.

Mismo anillo era de plata, grueso y en medio tenía un borde gris oscuro. En la parte de atrás tenía escrita una frase que estaba en inglés, la cual no había logrado entender del todo, gracias a que no recordaba el idioma debidamente. Al menos, no aún.
Incluso se había pasado mirándolo durante toda la tarde, ignorando los whatsapp que le llegaban al celular, sin saber si era de sus otros amigos o Aomine, porque de pronto se perdió en ese objeto tan bonito, porque le brindaba calma. Tampoco es como si fuera a depender de algo meramente material, era solo que ese anillo se sentía para Taiga como algo más que un simple objeto y había logrado calmarlo.

Todavía sentía la sensación del dolor en su pecho, pero el pesar iba siendo más fácil de manejar.

—Me pregunto si alguna vez sabré tu origen —dijo Kagami con la mirada llena de curiosidad, pero firme, como si se estuviera esforzando.


/Viernes 14 de Junio del 2013/

Aomine embestía con fuerza contra ese cuerpo femenino de manera fiera y deseoso, dejando escapar guturales gemidos, como los de un felino salvaje, lo que le hacía parecer una pantera que se confundía en la oscuridad de la habitación.

Se sentía muy molesto, más de lo que esperaría por el simple hecho de que cierto pelirrojo no le había obedecido cuando le dijo que fueran a jugar. ¿Acaso tenía que ver con lo que le dijo la semana pasada?, porque si era así, entonces de verdad sí que lo juzgó mal cuando lo conoció. Pues Kagami le había dado la impresión de ser alguien fuerte en toda la extensión de la palabra y algo como esto no debería de hacerlo comportarse como un niño, ¿verdad?
Además, el peliazul solo había sido directo y dado que no quería que el otro intentara o dijera alguna estupidez como que le conquistaría, sabía debía ser cruel.

Sin embargo, desde ese día, Aomine se sintió inquieto y no importaba las veces que follara con alguna chica buena, esa sensación no desaparecía en nada.

— ¡Dai-chaan, ya llegué! —canturreó Momoi desde la sala, justo cuando el moreno llegaba al orgasmo y hacía terminar a la chica que estaba con él.

—Lo siento, pero debes irte. Acaban de interrumpir —dijo Aomine con la respiración acelerada mientras salía del cuerpo ajeno y luego se quitó el condón para atarlo y tirarlo a la basura.

—Es una lástima, cariño. Yo tenía para otra ronda —suspiró la chica de nombre Yuuki, removiéndose para librarse de la sensación del orgasmo.

—En otra ocasión será —repuso Aomine, empezando a vestirse.

—Oh, pero quita esa cara que pareciera no lo disfrutaste —Yuuki puchereó chillonamente.

—Mi cara es así y no actúes como una novia, que no lo eres —Aomine sonrió cínico.

—Buu, pero está bien. Después de todo, pasamos un buen rato. Nos vemos, cariño —se despidió Yuuki y le robó un beso al moreno para salir caminando de la habitación.

No pasaron ni tres minutos, cuando cierta pelirosa ingresó a su habitación con una expresión molesta.

—Dai-chan, ya te he dicho que no traigas a tus amigas aquí —regañó Momoi, llevándose ambas manos a la cintura.

Aomine suspiró.

—Cálmate, Satsuki, solo fue esta vez.

—Mentiroso, llevas dejando entrar a la casa a cualquier chica desde hace una semana y eso no es propio de ti, Dai-chan —Momoi hizo un gesto de preocupación y se acercó un poco más.

Ella era de cabello largo, liso y rosado. También alta, con un buen cuerpo digno de admirar; compartía vivienda con el moreno, pues eran como hermanos y habían venido juntos a estudiar a la capital.

Ese comentario le dio justo a Aomine, que parecía no se había dado cuenta de eso.

—No es así, Satsuki, deja de inventar cosas.

— ¿Te pasó algo? ¿Tiene que ver con qué no has salido a jugar con Kagamin? —preguntó Momoi con incertidumbre, pese a que ya conocía la respuesta.

— ¡Por supuesto que no! Yo no tengo nada que ver con ese idiota —se apresuró a negar Aomine, frunciendo el ceño y molesto.

La chica le miró atenta unos segundos y luego sonrió con comprensión.

—Dai-chan, ¿por qué Kagamin no ha querido jugar contigo estos días?

—Yo que sé —Aomine frunció más el ceño.

Momoi suspiró y miró directamente a los ojos a su amigo.

—Así que ya te enteraste de lo que Kagamin siente por ti.

—… Tal parece que todo el mundo lo sabía, menos yo —dijo Aomine con burla. Aunque a veces la intuición femenina siempre le daba algo de escalofríos.

—Dai-chan, tú también tenías una ligera idea de eso, a mí no me lo puedes negar. ¿Qué pasó?

—Tsk, Satsuki, deja de bombardearme con ese maldito tema, que al final de cuentas no es problema mío.

La pelirosa suspiró y negó. Ya tenía suficiente respuesta con esos rodeos que ponía su amigo, no por nada lo conocía mejor que la palma de su mano, no por nada eran como hermanos.

—Pero, Dai-chan, no deberías evitarlo.

—Yo no estoy evitado nada, sigo las cosas como siempre. Es Kagami quién no se aparece —bufó Aomine—. Y ya sal de mi habitación, mujer, que necesito dormir.

Por el momento, Satsuki dejó el tema. No era la primera vez que hablaban de algo similar y por ende, sabía cómo podría terminar esta conversación, además, de nada le servía decir las cosas obvias que su amigo se negaba ver.

—Moo, Dai-chan, pero yo quería cenar contigo —Momoi hizo un puchero infantil y atrapó el brazo de su amigo con cariño.

El aludido chico suspiró y asintió.

—Está bien, espero la hayas comprado y no cocinado —Aomine enarcó una ceja, pues ya era conocedor de la mala manera de cocinar de su amiga que en más de un momento le llevaron a pedirle anteriormente a cierto pelirrojo que llegara a cocinar a su casa.

De repente, Daiki sintió que algo le faltaba.

Sin embargo, hizo caso omiso, porque después de todo, él era heterosexual.


¿Y qué les parece como está hasta ahora el MidoTaka? xD. Yo me reí mucho escribiendo la parte de la película, porque, jajajaja, ay, gosh, deben verla, se las recomiendo mucho :v.

Supongo que lo que Kagami ha de tener no es difícil de imaginar para ustedes, ¿o sí? ovo
Los invito a que me cuenten que les parece, pls, me harían muy feliz xD.

Ah, sí, las actualizaciones no siempre serán tan constantes, al menos hasta que tenga internet :c.

En fin, ¡yo los adoro a todos ustedes!

Nos vemos uvu.