¡Hola, hola!, otra vez vengo a dejar un capítulo más de esta historia, justo a una semana xD. Pero aprovecho para decirles que el martes ingresé a la Universidad y eso empezará a llevarse la mayor parte de mi tiempo, por lo que no podré actualizar tan seguido; quizá lo haga en una o dos semanas o hasta más, QwQ. Sin embargo, la historia seguirá adelante.
Agradezco a todas las personitas que me dejaron sus comentarios, de verdad que es muy alentador leerles y conocer cómo les llega la historia uvu. ¡Gracias!
Me disculpo por posible deseos homicidas hacía el negro(?) xD. Y también por si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa uvu.
/Sábado 15 de Junio del 2013/
A Takao no se le borraba de la mente el hecho de que cuando despertó en el cine, el rostro de Midorima estaba bastante cerca suyo, lo que le llevó a sobresaltarse y accidentalmente patear el asiento de adelante, causando un gran alboroto ahí en la sala. Aunque esto último era lo de menos. Lo más importante era que su pulso se había acelerado al tener esos ojos verde fijos en su cara, cuando no debería sentirse así de exhaltado solo por una mirada y tampoco es que Shitaro le hubiera dado una explicación más que un simple "al fin despiertas, idiota".
Y estúpidamente, debido a eso, la tonta conversación que tuvo con su hermana no dejaba de rondar por su cabeza. Porque viéndolo por el ángulo que se viera, el hecho de que terminaran viendo una comedia romántica, solo afirmaba más el hecho que esa "salida de amigos" fue más una cita que otra cosa. Siendo sinceros, ¿qué amigos hombres van al cine a ver esa clase de película donde la mayoría es pareja?
Takao no sabía si lo más raro era la película que terminaron viendo o el hecho de que terminó siendo una cita más que otra cosa con otro chico. Incluso después habían ido a cenar, ¡como hacían todas las parejas, Dios! No entendía como una cosa les llevó a la otra, pero se aliviaba de recordar que Midorima pareció disfrutar del mismo modo que él, pese a su modo tsundere en varias situaciones.
Como si todo eso no fuera suficiente, entre tanta broma que hacía el pelinegro a su amigo, terminaron metidos en una cabina de fotos, quedándose con el recuerdo de esa tarde. Hasta le dio la mitad de las fotos a Midorima y las otras se las quedó él, no se dio cuenta sino al llegar a su casa, que eso también era algo típico de parejas.
Así que ahora, Takao estaba viendo fijamente la tira de fotografías en las que el peliverde en todas salía serio, en unas frunciendo el ceño y en otras mirándolo asesinamente, mientras que él reía y hacía cualquier cara tonta y risueña.
—Shin-chan… —suspiró con una ligera sonrisa.
—Es así como es el amor, Kazu-chan —musitó Kotomi desde el marco de la puerta, pues el pelinegro se había olvidado de cerrarla.
— ¿O-otra vez con eso, Kotomi? —Takao suspiró otra vez, ocultando el sobresalto que tuvo por ese comentario.
—Ay, hermanito, ya eres un adulto. Ya te has enamorado —dramatizó Kotomi, más que nada para molestar al menor y luego lo despeino.
Lo único que hizo el ojiazul fue reír y mover la cabeza, empezando a molestar también a su hermana hasta que logró que esta se fuera de su habitación.
Solo cuando estuvo completamente solo, miró la expresión de Midorima en todas las fotos y sonrió. Desde antes siempre sintió interés hacía el peliverde, pero pensó que de la admiración no pasaba, sin embargo, ahora que se detenía a pensar en ello, se sintió descubierto de cierta forma. Además, tampoco es como si le molestara sentir algo más que amistad por un chico y menos por alguien como el peliverde, que después de todo, tampoco le causó gran impacto. Eso porque de cierta forma, quizá en algún lugar del subconsciente de Takao, ya sabía había quedado cautivado.
Había quedado encantando con esa forma de ser que tenía el peliverde, con ese tinte misterioso y reservado; Shintaro tenía muchas cosas buenas que salían a flote una vez pasaban la barrera de su tsunderismo—por decirlo más fácilmente—, aunque él único capaz de hacerlo había sido el pelinegro.
El problema ya no era ese, sino, ¿qué hacer con sus sentimientos ahora que los había aceptado?
/Lunes 17 de Junio del 2013/
—"En el rancking de hoy tenemos en primer lugar a escorpio, ¡felicidades! Has dado un gran avance en tu vida y no dudes que tendrás buenos resultados, solo no te excedas; tú amuleto de la suerte es un halcón de juguete" —la sonrisa que apareció en los labios de Midorima fue casi invisible tras oír eso, pese a que jamás lo diría en palabras, le daba gusto que la suerte le sonriera también a su amigo, aunque no tenía idea a que avance se refería Oha Asa—. "¡Pasamos a cáncer! Tu puesto no es nada malo, ser el segundo tiene ventajas también y las encontrarás con tu amuleto de la suerte, el cual es tu fotografía más reciente".
Y suspiró. ¿En el segundo lugar decía?, si estaba seguro que tan pronto Takao viera que llevaba en su mano la tira de fotografías que se tomaron el viernes, no dejaría de molestarlo y eso no era en nada buena suerte para él. Así que para no contradecir a Oha Asa, decidió guardar dichas fotos en su cartera sin que se maltrataran y cuando las volvió a ver, sus ojos se posaron en esa gran sonrisa que el pelirrojo siempre mostraba. No entendió por qué—y aunque lo hiciera, no lo aceptaría—, pero esperaba verla hoy también gracias a la buena suerte de su amigo.
Bajó a desayunar y tan pronto terminó, la voz de Takao sonó como un timbre musical y agudo.
— ¡Shin-chan!
Si Midorima no frunció el ceño al abrirle la puerta por esa maña de hablar tan alto que tenía, fue porque ahí estaba esa sonrisa tan amplia y reluciente que empezaba a gustarle más de lo que debería.
/Sábado 22 de Junio del 2013/
Kagami ya estaba al límite, haber evitado dos semanas las canchas de basquetbol ahora lo tenían driblando y lanzando tiros como loco, mientras las personas que pasaban por ahí le veían curiosos e incluso alguna chica se le acercó interesada. Solo que nuestro bello pelirrojo ignoró a todo el mundo y solo se concentró en su balón, con su cadena meciéndose a su ritmo.
Luego del rechazo por parte del peliazul, se sentía como nuevo y se podría decir que volvía a ser él mismo, aunque todavía le quedaba el camino sobre separar sus emociones del juego, porque era obvio que por algo como esto, ninguno de los dos dejaría de jugar o retarse. Solo había sido un pequeño descanso y ya.
Qué bueno que su madre parecía más interesada por su trabajo que por Kagami, sino seguramente hubiera estando insistiéndole con que le dijera el motivo de su estado sombrío en esas dos semanas. Y en el trabajo tampoco se había notado su estado emocional, porque ahí su mente se mantenía ocupada con las recetas y consejos que su mamá le daba, lo que indicaba que probablemente el próxima año ya ingresaría a la universidad, después de esos casi dos años perdidos.
El resto de la semana pasada, no volvió a recibir ningún mensaje de Aomine, cosa que no le sorprendió, ya que como lo ignoró perfectamente y sabía lo orgulloso que era este. Aunque si hubiera sido en otra situación, seguramente el moreno lo hubiera ido a traer hasta su casa, pero como no… Sin embargo, Kagami no iba a ser quién lo buscara, por más que se estuviera muriendo de ganas por verlo, por más que quisiera saber cómo estaba, por más que deseara volver a jugar como antes y que su relación rival-amigo no cambiara, no iba a ser él quien buscara al peliazul. Pero en definitiva sabía que si se lo encontraba, sí sería el primero en hablarle, eso era algo que no podría evitarse, porque cuando estaba al lado de Aomine, sentía sus barreras temblar, todo su ser explotaba, era como un fuego salvaje.
Inspirado en eso, Kagami efectuó un perfecto clavado, que mandó a volar el balón justo a los pies de cierto moreno que se aparecía por ahí también.
—Al fin te dignas a aparecer, Bakagami —la voz de Aomine resonó fuerte y clara, con un toque burlón, aunque su expresión dejaba ver un aire molesto.
Debido a la buena tarde que había, Kise junto con Kuroko decidieron acomodarse en el balcón del departamento del primero para leer un rato. El peliceleste estaba sentado en medio de las piernas ajenas, y recargado en el pecho de este, mientras que el rubio tenía una pierna estirada y la otra flexionada, con un brazo alrededor de la cintura de su novio, mientras que con la otra sostenía una revista.
Hacía buen clima, el verano ya se acercaba, así que el atardecer estaba casi rojizo, siendo un ambiente bastante romántico para los dos chicos. Kise pareció notarlo y por eso, de repente empezó a dejarle repetidos beso al cuello del más bajo con cariño, sin dobles intenciones.
—Kise-kun, me haces cosquillas —dijo Kuroko, estremeciéndose ligeramente, pero con la vista fija en un libro.
—Déjame consentirte, Kurokocchi, que estas semanas no he podido pasar mucho tiempo contigo por el trabajo —Kise hizo un mohín infantil, pero luego adquirió una actitud seria y abrazó con fuerza al menor.
Kuroko le miró de reojo y sonrió solo un poco, regresando a su inexpresivo rostro para depositar un beso en los labios ajenos.
—Pero en las vacaciones de verano podremos pasar muchos ratos juntos —recordó con calma.
El rubio suspiró y cerró los ojos, acariciando el cabello sedoso de su novio con los labios.
—Lo sé, Kurokocchi, pero te extraño —dramatizó ligeramente.
—Yo también —Kuroko vio con cariño a su pareja y se acomodó mejor, dejándose abrazar.
Se la pasaron un rato besándose ahí, de manera profunda y suave, intercalando ambos ritmos para no dejar de respirar, mientras que Kise lo mantenía bien abrazado y el peliceleste volteaba un poco la cabeza y sujetaba las muñecas ajenas. Hasta de lo que leían se olvidaron.
Ese tipo de tardes eran las que Ryota amaba, las que eran capaces de bajarle el estrés del trabajo, lo mismo que para Tetsuya, que lo hacía digerir mejor la presión de la universidad. Los dos estaban cómodos como estaban y sin darse cuenta, su relación cada vez se volvía más estable de lo que parecía aparentar.
Cuando por fin decidieron separarse por la falta de oxígeno, Kise regresó a su lectura, del mismo modo que su chico.
—Oh, Kurokocchi, es cierto que Kagamicchi vivió en América, ¿no?
—Sí, eso nos ha dicho, ¿por qué? —aunque Kuroko seguía leyendo, era capaz de prestarle atención al otro.
—Nada, simplemente pasé un artículo de la revista donde esta una entrevista de la mamá de Kagamicchi —explicó Kise con el ceño ligeramente fruncido—. Aunque ahora que lo pienso, él nunca nos cuenta nada de su vida en América y no parece manejar bien el inglés.
De cierta manera, eso llamó la atención de Kuroko y dejó de leer el capítulo diecisiete de "El Don del Lobo" de Anne Rice para ver a su novio.
—Bueno, Kagami-kun solo es capaz de hablarlo y entender cuando otros le hablan, pero en la escritura no.
—Sí, lo sé, pero, ¿no se te hace raro?
—Déjame ver la nota —pidió Kuroko, a lo que el rubio se lo enseñó.
Las líneas que decían "el golpe más grande para mí fue hace dos años, por ese motivo decidí empezar de nuevo y regresar a Japón", hicieron que el peliceleste frunciera ligeramente el ceño. No entendía de que hablaba ahí su madre, sin embargo, yéndose a la lógica materna, lo único que es capaz de dañarlas más que nada en el mundo, es algo referente a sus hijos, ¿no?, pero Kuroko no creía que tuviera que ver con Kagami.
— ¿Crees que Kagamicchi nos esté ocultando algo? —preguntó Kise con desconcierto— Llevamos siendo amigos bastante tiempo, así que no creo…
—Tal vez estamos confundiendo las cosas, porque Kagami-kun dijo que sus padres eran divorciados, así que seguramente es eso —señaló Kuroko, todavía con su vista en la revista.
—Supongo que tienes razón —Kise suspiró y cerró la revista para estirarse—. ¿Quieres ir al cine o vemos una película desde internet en la comodidad de la cama? —invitó con tono mimoso.
—Es sábado…, así que en tu cama —aceptó Kuroko, como si no supiera que harían de todo menos ver la película.
—Ahomine —respondió Kagami con el ceño fruncido al voltear a ver al peliazul, que le lanzó el balón con más fuerza de la necesaria—, ¿qué haces aquí?
—Estoy aquí para jugar, ¿qué más si no?, no pienses que es para verte —replicó Aomine con aires de grandeza y con una sonrisa toca cojones.
Esa frase fue como un pinchazo en el pecho del pelirrojo, quien se mantuvo ceñudo. Después de todo, ya se imaginaba ese tipo de cosas por parte del otro.
—Pues entonces deja de decir tonterías y juega —Kagami volvió a lanzarle el balón con la misma fuerza.
—No creas que te dejaré ir fácilmente el día de hoy, después de todo nadie me deja plantado. Ni siquiera tú, Kagami —la expresión de Aomine se volvió ligeramente sádica y rebosaba emoción.
Ambos chicos no compartieron más palabras y se adentraron al juego de uno contra uno de manera fiera, salvaje que cualquiera que ahora los viera, no sería capaz de seguirles el ritmo.
Probablemente serían las seis de la tarde o quizá más, pero ninguno era consciente de eso, gracias a que su vista no se despega del balón, ni de ellos. Al menos, lo que Kagami agradecía, es que tal parecía su relación como amigos-rivales seguía como si nada o eso pensó los primeros treinta minutos del juego.
Porque luego no supo cómo ni cuándo, que Aomine empezó a marcarlo para intentar robarle el balón de manera… como si estuviera asechando algo que quisiera comer. Eso causó los nervios del pelirrojo, además de un ligero sabor agridulce en su ser; debido a que eso le dio cierta emoción, a pesar de que sabía no debía malinterpretar esas acciones, que quizá solo era cuestión de su imaginación. Así que decidió despejar su mente lo más que podía para no dejar su marcador tan atrás.
Kagami logró encestar cinco veces más y parecía que ya iba controlando mejor las fuertes emociones que se desataron gracias a los movimientos insinuadores del peliazul y por un rato, este no hizo nada que se considerara raro o que desatara su imaginación, lo que le hizo sentir cierto alivio de momento.
Hasta que el balón volvió a estar bajo su poder luego de diez minutos más, porque Aomine comenzó a cerrarle el paso, a marcarlo de manera más intensa, como si estuviera por enrollar esos brazos en su torso, haciéndole fallar un tiro. Al menos consiguió el rebote, pero ahí regresaba otra vez el moreno con una expresión indescifrable a intentar robarle el balón con acercamientos innecesarios, logrando que la ansiedad de Kagami regresara, luchando para no ponerse nervioso, pero, con esa cantidad de amor que le profesaba, ¿cómo no hacerlo? Todo estaba muy reciente como para que tuviera más al control ese tipo de emociones, por más firme que su expresión estuviera, su labio inferior casi había empezado a temblar por puro reflejo.
Volvió a tirar la pelota y rebotó, logrando atraparla.
Pero entonces, la defensa de Aomine aumentó y el pelirrojo no se dio cuenta de cómo es que terminó acorralado contra el poste de la canasta, con el balón sujeto entre sus manos y el moreno frente a él, demasiado cerca.
— ¡Aomine! ¡¿Qué estás…?! —exclamó Kagami, poniendo toda su fuerza de voluntad en su voz para no doblegarse, porque eso si no se lo iba a permitir.
—Yo no hago nada, Kagami, de nuevo te imaginas cosas —susurró Aomine, esta vez sonriendo como todo un casanova, apegándose más al otro, aunque el balón estaba de por medio.
El pelirrojo le desafiaba con la mirada de igual modo, pues su altura era casi la misma, solo por uno o dos centímetros más o menos de diferencia, pero aun así no podía evitar que su cuerpo se estremeciera con ese mirar tan profundo y la calidez que emanaba el cuerpo del peliazul.
Mierda, mierda, mierda, pensó Kagami con sus latidos aumentando con los segundos.
Quería moverse, quería aventar al moreno lejos de su cuerpo, ¡¿por qué demonios hacía algo como esto aun sabiendo sus sentimientos?! ¡¿Qué no sabía lo horrible que se sentía que jugaran contigo de esa manera?! ¡¿Dónde quedaba el supuesto respeto de amigos y rivales?! ¿Por qué Aomine parecía ensañarse con ese tipo de insinuaciones?
Taiga no podía hacer reaccionar bien su cuerpo, porque esa cercanía lo estaba empezando a volver loco, pero por lo menos podía dar lucha con su mirada en lo que recuperaba el control de la situación. No se iba a dejar.
Sin embargo, todavía tenía las de perder, porque de alguna manera esos sentimientos eran vistos como una debilidad por parte de Aomine, quien inclinó el rostro como si fuera besarlo, haciendo que el pelirrojo abriera los ojos de golpe.
¿Qué va a hacer? ¡¿Qué demonios va a hacer?! ¡Necesito alejarlo ya, ya, ya!, pensó Kagami, apretando con fuerza el balón, a punto de empujar al otro, pero las manos ajenas le sujetaron las propias con fuerza.
Y Aomine se inclinó para rozar sus labios en la oreja del ojirojo.
—Te dije que me las pagarías, Kagami. A mí nadie me deja plantado —susurró socarrón, separándose de golpe del otro, que no se movía.
¿Y cómo moverse con semejante desesperación en su cuerpo ahora? ¡¿Cuál era el problema de Aomine?! ¡¿Por qué le estaba haciendo esto?! ¿Acaso disfrutaba de jugar con sus sentimientos? ¿De qué hijo de puta se enamoró?
Sentía como si mil cuchillos profanaran su pecho en carne viva y esos mismos espasmos dolorosos le recorrieran todas esas partes del cuerpo que Aomine tocó "accidentalmente" durante el juego.
Solo lo veía fijamente, sin poder encontrar su voz y apretaba el balón con tanta fuerza que sus nudillos se pusieran pálidos y las venas de sus brazos resaltaron más.
No me voy a dejar de este idiota, ¡no, joder!, pensó Kagami y entonces, le lanzó el balón a la cara al otro, sin acercarse, porque si lo hacía, estaba seguro terminaría golpeándolo, siendo que se había dicho no ser tan impulsivo.
— ¡Vete al infierno, imbécil! —le gritó con ganas.
Pero Aomine solo le respondió con una sonrisa, una vez atrapó el balón. Ese tipo de sonrisa "invencible" que indica no importa que digas, no le afecta.
— ¿Aomine-kun? —la voz de Yuuki se escuchó de repente.
El pelirrojo no la conocía, así que solo miró como esa chica de cabello caoba se abalanzó al moreno unos segundos, aprovechándose de la noche y que nadie podía verlos.
—Oh, al fin viniste. Qué bueno, porque ya estaba aburriéndome —respondió Aomine, apartando a la chica levemente y luego pasó un brazo sobre los hombros de esta.
— ¿Y él quién es, cariño? —preguntó Yuuki, estudiando con la mirada al pelirrojo.
—Un conocido, nadie en especial —respondió Aomine con tono aburrido, sin importancia.
Kagami solo seguía en silencio, conteniéndose de no explotar ahí ahora mismo.
—Oh, pues, entonces déjalo ya y vamos a divertirnos a mi casa —Yuuki soltó una risilla.
—No me lo perdería para nada —Aomine sonrió con lascivo y regresó su vista al otro chico—. Bien, Kagami, nos vemos. Ya sabes, recuerda que después de todo, los hombres no me van.
¿Esto es cierto? ¿De verdad la misma persona me ha rechazado por segunda vez y de la misma manera?, pensó y lo único que hizo el pelirrojo, fue ver como el peliazul se fue con aquella chica que dejaba en claro era de cascos ligeros.
Y en la solitaria cancha, un ligero gruñido de furia y dolor se escuchó.
No, no. Definitivamente no iba a derramar ninguna puñetera lágrima por Aomine, por más que le doliera el pecho, por más que ese idiota hubiera echado limón y sal a la llaga de sus sentimientos. Kagami se negaba rotundamente a llorar por eso, ¡no lo haría!
Pero, ¿tan difícil era pedir que Aomine dejara sus malditos juegos? ¿Qué no veía lo difícil que resultaba ya todo esto? ¿No tenía respeto ni por eso? ¿En verdad tenía que llegar a esos extremos?
Tanto que se esforzó estas dos semanas para ir superando ese rechazo para que viniera otra vez el mismo causante a hacerle lo mismo y para colmo, con una de sus conquistas; esto había sido peor que la primera vez.
Sus manos estaban apretadas fuertemente en puños, que sus uñas se marcaban en la palma de su mano con saña. Sentía la garganta seca y otra vez su cuerpo se había enfriado de golpe contra su voluntad.
Bueno, después de todo, ¿qué se podía esperar de Aomine?, debía aceptar que estaba equivocado en pensar que sería un poquito diferente solo por tratarse de su amigo, aunque la verdad tampoco es que Taiga hubiera visto en vivo y directo como el peliazul rechazaba a alguien. Pero quizá eso era mejor, así no notaría si había diferencia alguna que solo lo terminaría dañando más.
No me voy a derrumbar por esto, maldición, no lo haré, pensó Kagami con los dientes apretados y con su toalla cubriéndole la cabeza, de su cuerpo salía una mezcla de tristeza, dolor y furia.
Si bien no lo haría y volvería a seguir con este pesar en su persona, sabía le costaría lo mismo o el doble, porque ni bien se había recuperado del todo de la pasada y ya tenía otro encargo. Además, era más complicado, porque sin darse cuenta el hecho de que se terminara enamorando de Aomine le había llenado y quitado ese sentir de que le faltaba algo, en su pecho, ese que tuvo más de un año que lo llenó de incertidumbre y sufrimiento sin motivo alguno.
Sin darse cuenta, parte de él tenía cierta dependencia al peliazul, le gustara o no admitirlo.
Por eso sabía que por ahora solo podía superar su pesar, su dolor, su tristeza, su furia con la ayuda de su orgullo, pero no creía que sus sentimientos por Aomine desaparecerían.
Como bien había dicho, no se iba a derrumbar, no iba a llorar, así que Kagami se dispuso a jugar en solitario lo que quedaba de la noche.
Su mente no se concentró en nada más que el juego, el balón, su respiración agitada, sus músculos tensarse, el fuerte viento que hacía, el rebote de sus tiros, el chillar de su par de tenis. Solo en el deporte, solo en el basquetbol.
Y Kagami jugó horas y horas ahí, hasta que su madre llegó prácticamente por él en su automóvil para llevarlo a casa a eso de las dos de la madrugada porque estaba completamente preocupada de que su hijo no llegara a casa y no contestara el celular. Pero no se necesitaba ser adivino para saber en dónde estaría.
Sin embargo, el pelirrojo no era consiente de muchas cosas a su alrededor, gracias al cansancio por sobre exigir tanto su cuerpo, mas logró su cometido, que era el de no pensar. Ni siquiera escuchaba los regaños de su madre preocupada, nada.
Cuando llegó al departamento, apenas y logró bañarse con agua tibia para desengarrotar los músculos de sus piernas y el resto del cuerpo. Comió como si estuviera dormido, ignoró a su madre perfectamente, no habló, no se quejó, no hizo nada, ninguna acción que le hiciera pensar por esa madrugada. Porque iba a dormir y lo iba a hacer bien.
De modo qué, tan pronto su madre dejó de parlotear con más regaños y advertencias, Kagami se metió a su cuarto y se tumbó a su cama matrimonial, tapándose con las sábanas y cerrando los ojos sin mucho esfuerzo.
Y aunque el dolor causado por cierto peliazul seguía impreso en su pecho, el dolor de su cuerpo era tal que era más fácil concentrarse en eso.
Así que Kagami fue capaz de quedarse completamente dormido con el leve recuerdo de un par de ojos grises que no era nadie que conociera, pero que fueron capaces de hacerlo pasar una noche tranquila.
Creo que lo que sea que tenga Kagami no es una gran incógnita, dado que realmente se me hace obvio hasta para mí xD, sin embargo, eso no significa que el ambiente del fic vaya a ser tranquilo, porque debo decirles que es un tanto complejo. Amo el drama, así que ya se imaginarán :v.
Y el MidoTaka no podía faltar ewe, ¿a qué Shin-chan es muy tierno? xD, aasdsasdasgf.
Debo decir que aunque Aomine se porte odioso, no lo odien, existe un karma(?).
En fin, espero puedan dejarme sus comentarios, que siempre me alientan mucho xD.
¡Nos vemos!
