¡Y aquí estoy nuevamente! ;u;

Sé que he tardado, pero es que con todas las tareas de la Universidad no me había dado tiempo de pasar por estos lados xc. Sin embargo, al fin logré estar aquí xD.

Creo que algunos han de notar que el ritmo de la historia quizá es lento o no sé, pero la verdad es que para mí todo va poco a poco, ya que me gusta ser lo más realista posible, así que no se desesperen uvu.

¡Y muchas gracias a todos por sus comentarios y lecturas!, de verdad que me hace feliz saber todo lo que opinan x3.

Disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.


/Domingo 23 de Junio del 2013/

Cuando Kagami se despertó, la habitación estaba completamente oscura, salvo la ligera luz de la luna que se colaba por su ventana, así que solo se mantuvo despierto sin levantarse. Vio la hora en el reloj digital de su buro; de alguna forma no le sorprendía haber dormido todo el día, siendo que llegó a su casa a eso de las dos de la madrugada. Y ahora, eran más de la siete de la noche.
Se sentía terriblemente cansado, pese a que durmió más de doce horas, todavía no tenía ganas de levantarse de no ser porque su estómago le dolía, pidiendo comido y agua. Solo por eso, suspiró y se sentó, dándose cuenta en ese momento que tenía agarrando su cadena con la zurda y la miró, ¿en qué momento se la quitó del cuello?
Frunció el ceño con incertidumbre y se volvió a poner su cadena. No recordaba lo que había soñado, pero tenía la sensación de que había sido algo importante, sin embargo, no tenía cabeza para pensar, pues esta le dolía horrores. Al menos, así se evitaba de pensar en que ocurrió ayer.

Actuaba casi mecánicamente, pues su cuerpo estaba flojo. Cuando salió fue directamente a la cocina y se sorprendió de que ya estuviera hecha la cena o mejor dicho, eso debía ser el desayuno porque su madre no estaba en casa, algo que no le sorprendió. Había una nota, donde decía que Mika había salido con unas amigas un momento y volvería como a la diez de la noche, que calentara la comida si tenía hambre o despertaba antes de que llegara.

Kagami estaba solo en bóxer y así se puso un mandil blanco para calentar la comida mientras bebía agua con ganas. Su mente solo estaba concentrada en el dolor de su cuerpo, físicamente hablando, no dejaba lugar para nada más, todo parecía lejano ahora, probablemente porque seguía medio dormido. Hasta que escuchó el timbre del departamento y así como estaba, abrió.

— ¡Kagamicchi! —exclamó Kise, lanzándose a abrazar al pelirrojo con fuerza y alegría— ¡Hace tanto no te veía! ¡Te extrañé!

Ese timbre ligeramente agudo del rubio, además de la fuerza de su abrazo, hizo que Kagami reaccionara, despertándose por completo.

— ¿Kise? —masculló, frunciendo el ceño al sentir dicho gesto con más fuerza de la necesaria, se sentía como un peluche— Agh, no te encimes tanto —intentó empujarlo, pero el otro lo tenía bien sujeto.

— ¿Dónde te habías metido estás dos semanas? ¡Nos tenías muy preocupados a Kurokocchi y a mí! —sermoneó Kise, dramático como una madre y viendo ceñudo a su amigo. Solo en ese momento, se dio cuenta de cómo este estaba vistiendo— ¡Kagamicchi, ¿por qué estás semidesnudo? —solo así, le soltó, pero para verlo mejor.

Al pelirrojo le saltó una venita en la sien y suspiró irritado ligeramente.

—Estaba metido en el trabajo, nada más. Además, Kise, estando en mi casa, puedo estar como yo quiera —respondió Kagami, pero sin ser descortés, se hizo a un lado para que el rubio pasara a la casa.

—Pero ni por un mensaje nos saludaste —se quejó otra vez Kise, con un puchero, ya dentro de la casa. Pese a ese modo infantil que tuvo un momento, se dio cuenta del brillo sombrío que tenía su expresión—. ¿Cómo estás, Kagamicchi?

—Bien, ¿a qué has venido, Kise? —preguntó Kagami, con su ceño fruncido y dirigiéndose a la cocina para apagar lo que estaba calentando antes de que se quemara.

Pero el rubio le miró serio, a veces podía ser bastante dramático o incluso infantil, pero también era intuitivo.

— ¿Qué pasó ahora con Aominecchi? —inquirió Kise, con un tono normal.

Kagami se tensó al estar sirviendo la comida y apretó los labios.

—Nada fuera de lugar, ¿solo viniste para eso?

Kise suspiró.

—Kagamicchi, está bien si no me quieres decir, es solo que me gustaría ayudarte. Además de que me siento responsable de todo esto, sino hubiera hablado…

—Yo no te estoy echando la culpa de nada, Kise —interrumpió Kagami y suspiró—. De todos modos, Aomine en algún momento se iba a enterar. ¿Quieres comer algo?

El ojidorado le miró fijamente y sonrió con cariño.

—Vale, acepto tu invitación a comer —Kise se sentó en el comedor, pasando a palmear el hombro ajeno un poco—. Supe que evitaste a Aominecchi todo este tiempo.

Era obvio que el rubio no dejaría pasar el tema, al menos no todavía, para mala suerte del pelirrojo.

—Fue lo mejor o terminaría golpeándolo seguramente —resopló Kagami—, pero de todos modos, no sirvió de nada hacerlo —su voz se tiñó de amargura y sonrió del mismo modo.

— ¿Por qué? —Kise frunció el ceño, pues hasta donde sabía, al peliazul sí le había afectado un poco el no ver por tanto tiempo a su amigo o eso le había dicho la pelirosa.

El corazón de Kagami latió dolorosamente y sonrió forzadamente.

—Porque me volvió a rechazar ayer en compañía de una de sus conquistas.

— ¡¿Qué Aominecchi hizo qué?! —Kise se desconcertó por completo, sabía que el peliazul era frío y mamón, pero no pensó que de verdad llegara a esos extremos y por ello es que sintió coraje— No puedo creer que él haya…

—Está bien, no es como si no lo hubiese visto venir —repuso Kagami, ocultando los pinchazos de dolor por el recuerdo con su expresión seria y salvaje.

—Kagamicchi… —susurró Kise con inconformidad.

—No importa, Kise, yo me las arreglaré. No es el fin del mundo por esto —Kagami le sonrió con firmeza, eso era lo que creía, pero de todos modos le dolía.

Y eso fue algo que Kise pudo ver claramente, pero para no hacer oscura su visita, se dedicó a cambiar de tema para animarlo por lo menos un poco.


Mika estaba saliendo del hospital, luego de tener una extensa plática con el doctor de su hijo, una donde no le agradaban las cosas que se le fueron dichas, porque las cosas que podrían ser "buenas" para Kagami, para ella ni para su padre lo eran, todo por esa "enfermedad psicológica" como ellos le llamaban.

No estaba contenta y quería encontrar un modo de evitar que su hijo cayera en lo mismo tan pronto supiera todo, porque no dejaría que su querido pelirrojo se contaminara otra vez así.
Era así como ella veía las cosas. Por eso, no dudó en llamar al número de su ex esposo, pese a lo costosa de la llamada por la tremenda larga distancia al otro lado del mundo.

— ¿Mika, qué es lo que quieres ahora? —contestó Yuu, el padre del pelirrojo en la otra línea.

—No es dinero lo que quiero, sino que, acabo de hablar con el doctor de Taiga —espetó Mika con el ceño fruncido ligeramente.

—… ¿Qué es lo que ha dicho ahora? —aunque Yuu estaba por salir del trabajo, siendo alrededor de las nueve de la mañana en América, se detuvo por eso.

—Dijo que no hay manera de evitar que Kagami se entere, que tarde o temprano lo hará —Mika frunció los labios, descontenta.

Se escuchó un suspiro en la línea telefónica.

—Ya me esperaba algo como esto, así que me tomé la libertad de empezar a ver más opciones —contó Yuu—. Tú sigue al cuidado de Taiga y sigue haciendo lo que hasta ahora, para que sus posibilidades de conocer, sean nulas. Intentaré persuadir a Alex.

Mika frunció más el ceño.

—Esa mujer que ahora tienes de esposa no se dejará influenciar por el dinero, Yuu.

—Ya no es mi esposa, te lo recuerdo, Mika. Pero yo todavía sigo siendo algo necesario para ella.

—No sé lo que planeas hacer, Yuu, pero más te vale funcione.

—Lo hará, Mika, deja de ser tan exagerada.

—No es solo eso, sino porque Taiga no deja que le quite su anillo, ese anillo que indica…

— ¿Por qué no me habías dicho eso? ¿Qué no se lo quitaron al trasladarlo? —Yuu sonó inconforme.

—Probablemente fue cosa de Alex también.

—Ah, esa mujer… Como sea, Mika, iré a trabajar ahora. Comunícate conmigo en una semana.

Y ambos colgaron.

Definitivamente algo harían para que su hijo no regresara a lo mismo, no iban a desaprovechar esa oportunidad.


/Miércoles 26 de Junio del 2013/

Aomine estaba lanzando tiros en la cancha que estaba detrás del edificio donde estaba su apartamento, Momoi estaba sentada viéndolo mientras también platicaba con Kuroko, que había llegado a visitarles de manera casual, pues seguían siendo amigos desde la preparatoria.

—Ne, Tetsu-kun, ¿te enteraste de que Kagamin se le declaró a Dai-chan? —susurró Satsuki para que su amigo no los escuchara.

Kuroko le miró y negó.

—Kagami-kun no le dijo nada, fue un accidente desafortunado, Momoi-san.

—Uh, ¿por qué lo dices? —Momoi parpadeó varias veces sin comprender.

—En otra ocasión te lo contaré —Kuroko mantuvo su inexpresivo rostro—. El verdadero problema es que Aomine-kun está jugando con esos sentimientos.

La pelirosa suspiró e hizo una expresión triste.

—Ya me lo temía, Dai-chan está haciendo las cosas realmente mal.

—Me gustaría hacerle entender de alguna manera… Al menos que dejara de ver a Kagami-kun como objeto de su diversión —Kuroko se notó pensativo unos momentos—. No creo que haga lo que hace adrede, ¿sabes?

—Pienso lo mismo, Dai-chan y Kagamin son buenos amigos como para que terminen así —aventuró Momoi.

—No lo digo solo por eso, Momoi-san, pero había observado las acciones de Aomine-kun cambiar hace como tres meses —comenzó a explicar Kuroko con serenidad—; parecía que su cuerpo se movía a voluntad, como si se dejara llevar, ya sabes, parece que el instinto "animal" que tiene, no solo resalta en el juego.

—Pero en ese caso, Dai-chan bien puede darse cuenta de todo —Satsuki frunció el ceño.

—Momoi-san, no hay peor ciego que él que no quiere ver —recordó Kuroko.

En ese momento, un balón llegó a su dirección, que fue atrapado por las manos del peliceleste.

—Dejen de hablar a mis espaldas, mejor ven a jugar un rato conmigo, Tetsu —habló Aomine con frialdad.

— ¿Nos escuchaste, Dai-chan? —preguntó Momoi, que no parecía sentirse culpable.

El peliazul frunció el ceño.

—Solo oí algo sobre el idiota de Kagami, así que deduje lo demás —Aomine miró mal a su amiga—. Tetsu, ven a jugar un rato.

—Lo siento, Aomine-kun, yo no puedo. Deberías invitar a Kagami-kun —contestó Kuroko sin malicia, regresándole el balón.

—Tsk, no lo haré. No estaré buscando a ese idiota, él vendrá cuando quiera —replicó Aomine con brusquedad.

— ¿Y si no viene, Dai-chan? —Momoi hizo una expresión pensativa.

—Ja, Kagami vendrá —Aomine dijo eso en un tono que hizo que el peliceleste se molestara ligeramente.

—Le das mucha importancia, Aomine-kun —comentó Kuroko sin cambiar su rostro sereno.

—No va a dejar de ser mi rival, Tetsu, tanto tiempo que me tomó, no lo dejaré ir así como así —dijo Aomine como si fuera obvio, con una sonrisa arrogante.

—Tú mismo deberías darte cuenta de que lo que dices no concuerda con lo que haces —Kuroko simplemente lo vio y se incorporó. Estaba al tanto del último encuentro que hubo entre sus dos luces, pero tampoco se iba a poner a dar ningún sermón.

—Tetsu, ¿qué demonios dices? —Aomine pareció molesto.

—Olvídalo, Aomine-kun —Kuroko dirigió su atención a la chica—. Debo irme, Momoi-san, Kise-kun me espera.

—Oh, ¡nos vemos, Tetsu-kun! ¡Saluda a Ki-chan! —se despidió Momoi efusivamente.

—Espero verte de nuevo, Aomine-kun —Kuroko miró al mencionado chico—. Cuídate, Momoi-san.

—Heh, anda, Tetsu —Aomine todavía fruncía el ceño.

No estaba para nada conforme con las últimas palabras del peliceleste, pero podía darse una idea del motivo, cosa que solo le hizo sentirse molesto.


/Viernes 28 de Junio del 2013/

Por alguna razón, a Midorima le parecía ver diferente a Takao, no en el mal sentido, sino que era como si todo en este hubiera mejorado en estas semanas. Cosa que no era nada normal; se veía más animado, más relajado, en pocas palabras, irradiaba felicidad por cada poro y no es que le molestaba ver a su mejor amigo así de bien, simplemente se sentía un poco receloso de que el pelinegro no le dijera el motivo de ese cambio para bien, porque estaba seguro de qué había una razón para ello. Justo como había dicho Oha Asa hace más de dos semanas, sobre eso de que los escorpio dieron un paso importante. Y él quería saber de qué se trataba todo eso.
Pero por obvias razones, no le había preguntado nada a su amigo, no quería ganarse sus burlas que siempre le quitaban la poca paciencia que tenía. Sin embargo, la curiosidad le estaba haciendo buena competencia.

Por otro lado, Takao se sentía como una lechuga recién lavada de tan buenas vibras que sentía en su interior. Nunca pensó que el estar enamorado de alguien se sentiría así de bien, pese a que todavía no le había dicho nada al peliverde y no estaba seguro de hacerlo, porque por ahora se sentía muy bien con solo estar a su lado sin pedir nada más. Y conociendo la manera de ser de su amigo…, por ahora no estaba bien decirle sus sentimientos, dejaría pasar algún tiempo, porque por más feliz que se sintiera de estar enamorado de su zanahoria, le daba cierto pánico declararse.
Algo bueno era qué Midorima no parecía interesado en nadie más, así que no se le hacían difíciles las cosas al pelinegro. Le parecía buena opción sacar "las uñas" cuando notara que alguien más intentaba acercarse a su Shin-chan.

—La investigación será en parejas y deberá estar lista la próxima semana. Eso contará como su examen —anunció el maestro de la clase de algebra—. Que pasen buen fin de semana, jóvenes.

Takao no tardó en girarse de su asiento para ver al ojiverde.

—Ne, Shin-chan, ¿en tu casa o en la mía? —preguntó con una alegre sonrisa.

— ¿Qué te hace pensar que te elegí a ti como mi pareja, idiota? —inquirió Midorima con gesto serio y acomodándose sus lentes. En la zurda tenía su amuleto de la suerte, que era una pelota de juguete.

—Porque yo te daré comida gratis —bromeó Takao en ligeras risas.

—Definitivamente no. Si hago el trabajo contigo es para que repruebe el examen —espetó Midorima con el ceño fruncido.

—Qué poca fe me tienes, Shin-chan —Takao hizo un puchero y luego sonrió—. Pero no seas tan frío, ya verás que no soy tan tonto.

El peliverde simplemente lo miró, diciendo "no" con la mirada.

—Pero, ¡Shin-chan! —se quejó Takao— No me hagas convencerte, además, sabes que mis calificaciones no están mal.

Midorima lo fulminó con la mirada, acomodándose sus lentes.

—Takao, ya te dije que…

—Anda, Shin-chan, dame una oportunidad de demostrarte que soy genial —Takao se puso de puntitas para ver atenta y directamente a los ojos de su amigo con una sonrisa carismática.

Shintaro se le quedó mirando casi embobado por esa cercanía, sintiendo la adrenalina llenar sus venas, ¿desde cuándo le parecía que la mirada de Takao eran tan bonita? ¿Desde cuándo esa mirada y esa sonrisa lo hacían no poder negársele?
Estaba empezando a tener un problema con ello, de eso estaba seguro.

—De acuerdo, pero más te vale no echar a perderlo —refunfuñó Midorima, desviando su rostro para ajustarse los lentes.

—Hehehe, ¡genial, Shin-chan! —rió Takao y de improvisto pasó su brazo alrededor del ajeno— Podemos empezar hoy en mi casa.

—… Bien, espero sigas teniendo esos ánimos en el resto de la investigación —dijo Midorima con tono seco, sin ver al pelinegro, porque un apenas visible rubor apareció. Fue tan tenue y rápido, que ni siquiera el mismo pudo darse cuenta, porque se concentró más en recibir la cálida sensación de tener el cuerpo de su amigo tan cerca.

Oh, sí, estaba empezando a meterse en problemas.


/Sábado 29 de Junio del 2013/

El resto de la semana pasó para Kagami de forma dolorosa, pero sin ningún derrumbe emocional, al parecer sí le había servido en demasía el que se quedara jugando hasta desfallecer. Si bien pensaba en Aomine varias veces con pesar, también lo hacía con una gran determinación de que no se derrumbaría por él. Y no faltó ningún día a trabajar, metiéndose de lleno en la cocina.
No evitó tampoco el salir a jugar a la cancha cerca de su casa, donde afortunadamente no había visto al peliazul, aunque tenía ganas de verlo y saber cómo estaba, pero era mejor estar así por el momento. Todavía tenía reciente lo del segundo rechazo, pero lo estaba sabiendo llevar mejor que el primero y eso que este último fue peor. De todos modos, tampoco recibió ningún mensaje del moreno donde le ordenaba que fueran a jugar, como era típico.
Kagami tampoco lo buscaría, no por ahora. Aún le faltaba un poco más para volver al cien por ciento a la normalidad.

Otra cosa buena de todo esto, era que las vacaciones de verano ya se acercaban, estaban a un mes de ellas y en su trabajo se las darían como si fuera un estudiante de universidad. Había pensado mucho tiempo antes, que todo el verano se la pasaría enfrentando a Aomine o pasando sus tardes-noches con este mismo como habían adquirido de hábito hace un año, pero dadas las circunstancias, quería darse un respiro. No como huida, simplemente no quería seguir monopolizándose del moreno. Ya que como había dicho, iba a superar su rechazo y el dolor que traía el estar enamorado del moreno, eso sería lo primero que haría.
Sin embargo, hacer eso era muy diferente a dejar de amarlo. De eso, Kagami no estaba seguro.
Pero por ahora, no era momento de pensar en eso.

Había llegado del trabajo y se fue a jugar hasta la noche a la cancha durante tres horas. Regresó sin percance a su casa, se bañó e hizo la cena con calma.
Su mamá no tardó mucho en llegar, así que ahora, los dos cenaban juntos como la pequeña familia que eran.

—Taiga, cariño, esto te ha quedado delicioso —aprobó Mika con una sonrisa amplia—. Cuando tu padre venga a verte, recíbelo con este platillo, seguro hasta te deja más dinero —bromeó ligeramente.

El pelirrojo sonrió con orgullo, mirando la comida y luego a su madre.

—Gracias, mamá, pero, ¿cuándo viene papá? —preguntó Kagami algo extrañado. Su papá había llegado de visita hacía ya casi un año, por eso le extrañó saber aquello.

—Oh, no te había comentado —Mika sonrió con disculpa—. Vendrá en el verano, justo el día de tu cumpleaños, cariño.

Kagami alzó la mirada hacía su madre y frunció ligeramente el ceño.

— ¿Qué pasa, Taiga, no te da gusto eso? —Mika pareció extrañada.

—No es eso, es solo qué… —Kagami frunció los labios y miró a su mamá— Quería comentarte que me gustaría ir estas vacaciones a América, con papá.

Aquellas palabras cayeron a Mika como si fuera agua helada, tal parecía que aquello que tanto querían evitar, no sería posible.

— ¿Eh? ¿P-por qué dices eso tan de repente, cariño?

—Bueno, según recuerdo y me han dicho, viví toda mi infancia en América, así que pienso que si voy de regreso, me sirva de algo —explicó Kagami con una sonrisa ilusionada—. Además, papá seguramente estará muy ocupado y sería mejor si yo voy a verlo a que él venga.

—Pero, cariño…

—Piénsalo, mamá, suena más cómodo y…

— ¡No, Taiga, rotundamente no volverás a América! —exclamó Mika, bastante seria y miró a su hijo.

Esa actitud sorprendió a Kagami, que se quedó desconcertado, su mamá nunca se exaltaba así. ¿De verdad lo que dijo había sido tan malo?

—Mamá, tranquilízate. ¿Por qué dices que no puedo?

—Porque no, Taiga, porque no debes volver ahí —replicó Mika, sin dejar su actitud alterada.

—Esa no es una explicación —Kagami frunció el ceño, comenzando a molestarse también—. Recuerda que ya no soy un niño, mamá, no necesito tu permiso. Seguro que si le habló a papá él aceptará.

— ¡He dicho que no, Taiga! —finalizó Mika.

— ¡Pero por lo menos dame una buena explicación para que entienda y no solo digas "porque yo lo digo", que no sirve de nada! —bufó Kagami, incorporándose de la mesa— Incluso el doctor lo recomendó, mamá, no comprendo porque te opones tanto, ¿o es que hay algo que no sé? —inquirió de manera perspicaz, viendo a su madre con más atención.

Mika miró a su hijo también con el ceño fruncido y tras casi un minuto de silencio, en que ambos se veían, suspiró. Si quería ganar esto, no debía poner una actitud tan impulsiva o sus planes se volverían a caer y tampoco debía dar alerta a su hijo de que algo más estaba oculto.

—Lo siento, cariño. Tienes razón —Mika miró con suavidad al chico—. Pero, mira, estás olvidando que tienes citas con el doctor este verano para que vea cómo has ido evolucionando; no debes faltar a ello, así que será mejor que tu padre venga a verte sin que salgas. Solo estoy preocupada por ti, Taiga, mi niño.

El pelirrojo se avergonzó un poco por el tono mimoso que usó su mamá y frunció los labios, desviando la mirada.

—No soy un niño, mamá, ya casi cumpliré veinte años —se quejó Kagami, viéndose infantil. Luego suspiró, la verdad es que no se había puesto a pensar eso de sus citas médicas, así que su madre tenía razón—. Pero lo que dices es verdad, así que supongo que será mejor papá venga.

Su mamá se alivió internamente y se incorporó para abrazar a su hijo y darle un beso en la frente, causando que este se enfurruñara.

—Me alegra que lo comprendas, cariño. Anda, ya es tarde y debes descansar.

—Sí, mamá. Solo levantaré la mesa y lavaré los platos —Kagami correspondió al abrazo torpemente.

—Déjalo, cariño, yo me haré cargo. Tú descansa —Mika sonrió amorosa.

—Ya, está bien. Buenas noches, mamá.

Kagami se despidió debidamente de su progenitora y se metió a su habitación.

Una vez acostado, luego de pasarse jugando como dos horas en la computadora, clavó la vista en el techo; antes no había querido seguir discutiendo con su mamá, porque no era lo mejor, ya que en parte entendía que ella fuera más sobreprotectora debido al incidente de hace casi dos años.

Sin embargo, estaba seguro de que le estaban ocultando algo. Había algo que se le estaba escapando de las manos, del mismo modo que sabía que no se enteraría por sus padres.
Solo le quedaba esperar a que ese punto gris en que se vio reducida su mente se aclarara y entonces, ahí sabría todo.

Aunque con todo este lío que tenía con sus sentimientos no correspondidos y los juegos sentimentales de Aomine no le facilitaban las cosas a su pensamiento.


/Miércoles 3 de Julio del 2013/

Admirado. Esa era una buena palabra para describir como se sentía Shintaro Midorima en estos momentos, aunque también había otras como impresión, sorpresa y aprobación.
Y como no, si justamente hoy al lado de Takao, habían terminado la investigación más pronto de lo que se esperaban, la cual contaría como su examen.

Si, era sorprendente, porque aún con las estúpidas bromas presentes del pelinegro, lograron avanzar con la seriedad del peliverde, pero no es que este último hubiera hecho todo el trabajo, claro que no. Todo fue bastante equitativo con los dos, cosa que Midorima no se esperó tampoco, mas lo agradecía silenciosamente, aunque la mayoría de las veces él era quién ponía orden.
En esa casi semana que, prácticamente se la pasó pegado a Takao, se dio cuenta de que esa presencia revoltosa ya no le molestaba para nada, como en un principio, donde hasta tenía limitaciones con su amigo, según para que no fuera contraproducente. Sin embargo, ahora Shintaro sentía que lo negativo ahora sería separarse del ojiazul, porque sin darse cuenta y más pronto de lo que creyó posible, se encontraba disfrutando de la presencia de Takao en su vida y ya no buscando ningún pretexto para apartarlo de su camino como cuando recién lo conoció. Se había dejado llevar y absorber por este de tal modo, que ahora estaba seguro no podría dar marcha atrás.
Aunque no es como si se arrepintiera de ello, la verdad es que no.

Lo admitiera o no, Kazunari era una chispa de luz en su vida tan monótona y solitaria, eso estaba más que claro para el peliverde. Lo aceptaba o al menos había comenzado a hacerlo más claramente.

Para su suerte, Takao se sentía del mismo modo, pese a que este tampoco lo decía a palabras, pero bastaba con ver sus expresiones y movimientos corporales para darse cuenta de lo mucho que disfrutaba la compañía de Shin-chan, de lo mucho que le agradó el que hicieran equipo para el trabajo de clase, de lo bien que se sentía tener al peliverde todos los días por más tiempo del estimado. Midorima notaba que resplandecía, sí, del mismo modo que Kotomi, la diferencia era que el primero no se imaginaba el verdadero motivo de eso por más que lo tuviera en sus narices y la segunda ya se estaba haciendo una idea.
Pero no podían culpar al peliverde, pues siendo como era, ni en sueños pensaría que el motivo por el cual su amigo estaba así, era por él. Tampoco era tan arrogante para llegar a esos extremos, además de que pensar esa remota posibilidad, haría cambiar el ambiente a algo mucho más íntimo que una simple amistad. Midorima lo sabía y Takao también.

El pelinegro se había esforzado bastante para llevar el ritmo de su amigo en el trabajo, que no es que fuera un idiota, solamente necesitaba más perseverancia para poder hacer bien las cosas y así lo hizo, demostrando al peliverde, que en efecto si valió la oportunidad que le dio.

Siempre que Shintarou llegaba a casa de Takao, su hermana les dejaba solos en la sala para que tuvieran mayor espacio en la mesa o suelo mientras ella se iba a su habitación, bajando de vez en cuando para ofrecerles bocadillos o cosas similares de una buena anfitriona.
En cambio, cuando era el turno de Kazunari en ir a casa del peliverde, estos se la pasaban trabajando toda la tarde en la habitación del segundo con agua o alguna chuchería que el primero compraba en el camino, pues normalmente los padres del ojiverde se encontraban trabajando y la única ama de llaves que tenían solo les hacía la cena o quizá algún postre, pero Midorima no permitía comer mientras trabajaban, porque según él, era desconcentrante. Y Takao le molestaba.

—Uf, ¡que gusto terminar! ¿No, Shin-chan?

—Pudimos acabar antes —repuso Midorima ajustándose los lentes con su tsunderismo activado.

—Ahaha, ya. Pero ha quedado demostrado que yo hago un buen trabajo como tu pareja —presumió Takao sin doble sentido alguno.

—Igual eres un idiota —Midorima le bajó los humos, aunque sonrió solo un poco y el pelinegro le miró, como esperando ser elogiado—. Admitiré que hiciste algo productivo cuando nos den el resultado del trabajo, Takao.

El nombrado chico puso los ojos en blanco y se incorporó del comedor de su casa para estirarse de brazos.

—Como hemos terminado antes, ¿qué tal si vamos a jugar a la cancha que está enfrente? —invitó Takao con emoción.

—Está bien, solo procura no perder tan rápido —aceptó Midorima.

—Joo, que malo eres, Shin-chan —pero Takao simplemente se empezó a reír. Ya sabía la diferencia en habilidades de los dos, aunque tampoco es como si fuera una brecha muy larga, pues de no ser por los súper tiros del peliverde, seguramente cuando jugaban, quedarían en empate.

Así que los dos, luego de recoger todas sus cosas, salieron camino a la famosa cancha, donde entre risas por parte del pelinegro, empezaron a jugar. Y tan concentrados estaban, que no notaron la mirada fija de alguien en particular que estaba resguardado en el pequeño callejón de la esquina.

—Hee, con que Shintaro sigue jugando —dijo para sí mismo un chico bastante alto con una sonrisa torcida—. Y en todo este tiempo, parece que se hizo dueño de algo más interesante —el dueño de la voz fijó su vista en Takao.

— ¿Lo tomarás como pago? —se unió a él una voz burlona.

—Es lo menos que ese imbécil se merece y así sus amigos sabrán que no se han librado de mí tan fácil —respondió el chico mientras se lamió su dedo pulgar.

Porque sí, todo en el aura de ese sujeto dejaba ver sus deseos de venganza y no estaba solo en eso.


Y mi pregunta es: ¿se dan una idea de quién podrían ser esos dos chicos del final? eue

Cuando terminé de escribir el cap, me di cuenta que me salió una pequeña insinuación KagaKi, jajajaja, ains, no sé qué pasó por mi mente, pero es verdad que yo adoro esa ship. En fin, tampoco es la gran cosa xD.

Espero poder contar con sus comentarios, amados míos :3.

Me gustaría decirles que actualizaré esta historia cada viernes, dado que ya tengo internet otra vez :3. Sin embargo, es probable que en alguna ocasión no llegue a cumplir ello por las tareas de la Universidad uvu.

¡Nos vemos!