¡HOLAAAAA!
Asdasdjsa, primero que nada, criaturas divinas, me disculpo por no haber actualizado hace una semana, como he prometido; lo que pasa es que este lunes empezaron mis exámenes en la Universidad y tenía que estudiar QuQ.
Pero bueno, ¡hoy al fin han terminado!, y por eso ya vengo con un capítulo más. Y de hecho, les tengo una sorpresa, una que desde que comencé con mis fics en otras páginas, he tenido la gracia de proponer.
Se trata de eso:
Que si el capítulo de hoy, para mañana tiene por lo menos tres comentarios, pues mañana les traigo el otro capítulo, ¿les gusta esto? ouo. Aunque sino, pues hasta el otro viernes nos estaríamos viendo xD, ustedes decidan.
En fin, les dejo el capítulo. Y disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa uvu.
/Sábado 20 de Julio del 2013/
Kise dio una palmada fuerte y clara para llamar la atención de todos sus amigos ahí sentados en los sofás de la sala de su departamento o al menos, de la mayoría de ellos, porque esto sería secreto para cierto pelirrojo.
Por fin, desde el día de ayer, el rubio estaba de vacaciones en su trabajo como modelo y había disfrutado de pasar la noche con su amado novio peliceleste—donde lució el lado detallista y romántico de Kuroko, pues así le festejó el cumpleaños al rubio hace dos días, sin necesidad de hacer algo tan ostentoso—, quien ahora estaba bebiendo entretenido su malteada de vainilla.
—Joder, Kise, no debí haber aceptado venir aquí —se quejó Aomine, que estaba casi acostado en el sofá con los brazos cruzados y recibió un codazo de su amiga pelirosa cuando bostezó.
—No seas así, Aominecchi, ya ni Midoramicchi se está quejando —dijo Kise haciendo un puchero durante unos segundos, pero luego sonrió de oreja a oreja, ignorado la fulminante mirada que recibió de cierto peliverde.
—Deja de hacernos perder el tiempo y habla de una vez, Kise —respondió Midorima, mientras se ajustaba los lentes.
—Bueno, bueno —Kise se aclaró la garganta y sonrió—. Ya saben que se acerca el cumpleaños de Kagamicchi, así que quería comentarles que tengo pensado organizarle una fiesta y me gustaría que me brindaran su apoyo con eso.
—Y yo no entiendo que tengo que ver en esto —repuso Midorima algo huraño.
—Midorin, no hables así, Kagamin es amigo de todos aunque no lo admitas —sonrió Momoi, viendo al chico peliverde—. Puedes contar con Dai-chan y conmigo, Ki-chan.
— ¡Hey! No elijas por mí —dijo Aomine, frunciendo el ceño—. Yo ya no tengo nada que ver con esto, Satsuki.
—Aomine-kun, tú y Kagami-kun todavía siguen siendo amigos —recordó Kuroko con simpleza, viéndolo atentamente.
El peliazul no respondió a eso y solo se enfurruñó, desviando la vista.
—De todos modos, eso no tiene nada que ver conmigo —volvió a decir Midorima.
— ¡Pero, Midorimacchi! Hasta puedes decirle a Takaocchi que venga también y te haga buena compañía —sugirió Ryota, porque para él no era un secreto la atracción que había entre ese par, aunque estos no lo admitieran.
—Takao ni siquiera es amigo de Kagami.
—Con más razón, así aprovechan para hacerse amigos —insistió Kise con emoción—. Además, seguramente Takao y tú podrán desestrezarse de la universidad con la fiesta.
Shintaro se quedó pensativo unos segundos, porque sí, justo como decía el rubio, estaba más que seguro que el pelinegro disfrutaría mucho esa fiesta. Y como su deseo—que no admitía— era ver siempre la sonrisa de Takao, pues valía el "sacrificio".
—Lo pensaré, pero a mí no me meterás en líos de organización —advirtió Midorima con el ceño fruncido.
—No te preocupes, Midorima-kun, yo me encargaré de tener calmado a Kise-kun —aseguró Kuroko con su habitual inexpresión.
— ¿Ves, Dai-chan? Seguro la pasaremos bien haciendo esto —animó Momoi a su amigo.
Aomine simplemente movió una ceja y no dijo nada.
— ¡Entonces ya está decidido! —exclamó Kise con una sonrisa brillante— El lunes empezaré a pensar todo.
— ¿Dónde se hará la fiesta, Ki-chan? —preguntó Momoi.
—Aquí mismo —Ryota extendió los brazos para que admiraran su departamento espacioso.
—Teníamos pensando pedirle su aprobación a la madre de Kagami-kun para hacerle una fiesta sorpresa en su casa, pero como ella trabaja, tal vez no sea lo correcto —explicó Kuroko.
— ¿Qué día cae el cumpleaños de Kagamin? —preguntó nuevamente Momoi como quién no quiere la cosa.
—Es viernes dos de agosto —respondió Aomine con más rapidez de que la que todos se esperaron.
La pelirosa soltó una risita y al moreno le saltó una venita en la sien, porque había caído. Y todos ahí lo notaron, solo que unos fueron más discretos que otros.
—Sí, sí. Aunque también podríamos hacerla el quince de agosto y celebrar tanto el cumpleaños de Kagamicchi, como el de Aominecchi —Kise pareció más interesado por esa idea.
—No, Kise, rotundamente no —respondió Aomine a lo bestia—. A mí no me harás ninguna puñetera fiesta —advirtió.
—Concuerdo con Aomine —dijo Midorima de repente—. Si haces eso, lograras que la fiesta esté tensa en lugar de divertida, nanodayo.
Los ojos de Ryota se vieron desilusionados.
—Entonces, ya organizaré otra cosa para tu cumpleaños, Aominecchi —pero no se iba a dar por vencido.
El nombrado chico refunfuñó por eso.
—En vista de que todo ha quedado listo, yo me marcho —volvió a hablar Midorima, incorporándose de su asiento.
— ¿Tan rápido? —inquirió Kise descontento— En fin, ¡saluda a Takaocchi de mi parte! —canturreó.
En respuesta, el peliverde frunció el ceño. De verdad que ese rubio era más fastidioso que Takao cuando se lo proponía, aunque no es que fuera mentira eso de que iría a verlo.
—Ya déjalo, Kise —repuso Aomine con un bostezo más—. Vámonos, Satsuki.
—Moo, pero, Dai-chan, yo quiero quedarme un rato más con ellos —se quejó Momoi con un moflete.
—No creo que quieras hacer un mal trío aquí metida, ¿o sí? —inquirió Aomine— Apuesto que Kise quiere relajarse del trabajo estando solo con Tetsu, que no es que me importe realmente lo que hagas.
Aquella oración sonó bastante rara viniendo del moreno, por lo que los tres chicos ahí, le miraron asombrados, causando que el más alto les mirara mal.
—Tienes razón, Dai-chan —aceptó Momoi—. ¡Nos vemos, Tetsu-kun, Ki-chan! —se despidió efusivamente.
—Tal parece que la derrota que tuvo con Kagamicchi afectó para bien —comentó Kise, una vez los otros dos habían salido de su departamento.
—La verdad es que sí, Aomine-kun se ve diferente, aunque siento que hay algo más también ahí —aventuró Kuroko con calma.
— ¿Y qué crees que sea, Kurokocchi? —el tono de Kise se tornó travieso.
—Pues, eso solo lo verá Aomine-kun —contestó Kuroko, con una suave sonrisa en sus labios.
Como si ellos no lo supieran. Pero era mejor dejar que el peliazul descubriera las cosas por sí mismo.
Tres semanas. Había pasado tres semanas desde la última vez que habló con Aomine y no porque estuviera huyendo de él o algo similar, al contrario, las veces que lo vio de lejos al pasar frente al negocio de su madre, sintió deseos de saludarlo, pero no pudo. Y no porque no quisiera o tuviera que ver con el hecho de que dijo lo olvidaría, no, tampoco era por eso.
Si no que más bien, desde que escuchó a su madre hablar por teléfono hace tres semanas en la noche, esta le impuso que extendiera sus horas del trabajo hasta que llegaran las vacaciones.
De modo que Kagami se la pasó tiempo completo como ayudante de chef y cocinando alimentos en la misma jornada laboral que tenía su madre o incluso aunque ella no estuviera, él tenía que estar ahí como encargado de la cocina y elaboración de platillos, así como supervisándolos.
Su único día de descanso fueron los domingos de cada semana, ni tiempo tenía de irse a jugar un rato a la cancha o verse con alguno de sus amigos. Aunque no es como si ellos estuvieran más libres que él, pues estos si estudiaban en la universidad.
De todos modos, esta nueva rutina que llegó de improvisto se le hizo tan extraña, era como si su madre estuviera evitando que tuviera ratos libres para pensar. Pero no creía que lo hiciera a propósito tampoco, mas para asegurarse se dedicó a cuidar mejor su cadena del anillo.
En cada día que pasó, no podía negar que extrañaba oír la voz gruesa de Aomine, porque sí, para que negar que lo extrañaba. Y la verdad es que no sabía cómo había quedado su relación desde ese día, ya que tampoco es como si le fuera a mandar un mensaje preguntándole algo como eso; aunque sinceramente, él deseaba que continuaran siendo amigos, no quería alejarse de él por más que tuviera que olvidarse de sus sentimientos, no quería que su amistad y rivalidad se dañaran por esto, pese a que era consciente no era solo culpa suya que las cosas acabaran así. Pero tampoco tenía pensado echárselas en cara al moreno cuando lo viera, no.
Solamente añoraba esas tardes en las que siempre se la pasaban horas jugando lo que los dos más amaban, solo eso.
Y mientras se preparaba para salir del trabajo con su mamá, se preguntó si de verdad era tan difícil mantener su amistad con todo el caos que pasó. Y quiso saber, que era lo que sentía Aomine con todo esto.
/Lunes 22 de Julio del 2013/
Kagami estaba inquieto sentado en la sala de la casa de su padre, pues como todo niño, no era muy paciente.
—Papá, ¿por qué debo estar vestido tan formal? —se quejó.
—Porque hoy vendrá Alex y te la presentaré debidamente. Además, viene con su hijo, con quién espero te lleves bien —respondió Yuu con una sonrisa.
La idea de que podría tener al fin un amigo, hizo que Kagami se quedará esperando con más ansias, hasta que por fin, la famosa mujer apareció delante de sus ojos.
—Taiga, ella es Alexandra García, mi prometida y desde hoy será tu entrenadora de baloncesto —presentó Yuu a la alta mujer de escultural figura, de tez blanca con un cabello rubio recogido en una coleta alta que destacaban esos ojos verdes hermosos, a pesar de que usaba lentes.
El pequeño pelirrojo quedó impresionado por la hermosa mujer, además de que se emocionó al saber que tendría una entrenadora para lo que tanto le gustaba. Sin embargo, su atención se desvió al niño que estaba al lado de la mujer y que parecía tener su edad, pero no lograba verle la cara, solo su tono de piel blanca que parecía tersa al tacto.
— ¡Taiga, que lindo eres, mucho gusto! —saludó Alex con una sonrisa— Este es mi hijo…
La alarma de su celular empezó a sonar estrepitosamente, causando que Kagami se despertara de golpe y arruinándole el sueño que podía ser el que tanto esperaba tener para aclararse muchas cosas, porque curiosamente, la manera en la que iba recordando varias cosas siempre eran en sus sueños.
—Así que ella es Alex —sonrió. Y como ahora tenía una idea clara de la persona que era, varias imágenes aparecieron en su mente de forma fluida. Recordó todas las tardes que tuvo de entrenamiento con ella hasta sus dieciséis años, pero fue donde esos recuerdos se detuvieron de golpe, porque desde ahí ya no podía recordar nada más. Añadido el hecho de que esas imágenes que tenía en la mente no estaban completas, solo se veía a él jugando con la rubia, pero estaba seguro ahí faltaba alguien más.
— ¡Taiga, cariño, se hará tarde para ir al trabajo! —exclamó su madre desde la cocina.
— ¡Estaré listo pronto, mamá! —respondió Kagami con fuerza y se incorporó de la cama a paso veloz.
Sus vacaciones empezaban el miércoles, así que tendría que trabajar hoy y mañana el tiempo completo.
Mientras se bañaba, meditó sobre si debía decirle a su madre los recuerdos que recuperó tras despertar, pues seguramente le alegraría saber que iba mejorando poco a poco. Pero decidió no hacerlo, ya que como estaba seguro sus padres le estaban ocultando algo, no sabía si esto les daría ventajas a ellos, así que mejor no arriesgarse. Lo que menos quería era que lograran alterarle sus recuerdos.
Habían veces que Aomine deseaba golpear a sus amigos, porque por más que los apreciara, le sacaban de quicio como Satsuki, solo que a ella no le haría eso, prefería ignorarla un rato y ya. Pero este no era el caso para deshacerse de Kise, que se les había pegado desde toda la tarde para contarles parte de lo que tenía planeado para la fiesta de cierto pelirrojo y ahora los estaba guiando para cenar a un restaurante bastante conocido para los tres, además de que era muy famoso.
Y pese a que el peliazul se negó rotundamente en ir a comer ahí, entre Satsuki y Ryota lograron que fueran en vano sus esfuerzos.
—No entiendo porque el afán de venir a comer aquí, habiendo tantos lugares en la ciudad —resopló Aomine con el gesto desinteresado, pero la verdad es que sentía una ligera ansiedad.
—Pues como aquí trabaja Kagamin seguramente nos hará un descuento especial por ser sus amigos —dijo Momoi como si fuera obvio.
—Sí, además de que no lo hemos visto desde hace muchísimos días y lo extraño —añadió Kise con un suspiro—. Debemos procurar no alejarnos tanto.
—Me pregunto cómo le hace Tetsu para no ponerse celoso por tu efusividad con todos —dijo Aomine sin gracia alguna.
—Bueno, no todos son bestias territoriales como tú, Dai-chan —repuso Momoi con una sonrisa dulce.
El mesero se presentó para darles a los tres las cartas del menú, esperando lo suficiente hasta que decidieron lo que pedirían.
— ¡Oh, ¿ese no es Kagamicchi?! —exclamó Kise con una sonrisa de felicidad, levantándose un momento para ver a lo lejos al pelirrojo que salía de la cocina un momento para hablar con el cajero.
—Hay que llamarlo para que venga a saludarnos un momento —sugirió Momoi.
—Se supone hoy trabaja, ¿no?, lo meterán en problemas si lo llaman ahora —Aomine les apagó su emoción con esas palabras serias.
Sin embargo, él era el menos indiferente a la vista de Kagami, que se veía bastante bien con ese uniforme blanco que los chef usan.
Hacía tres semanas que no lo había visto y si estando de lejos causó que el moreno sintiera la adrenalina recorriendo su cuerpo, ahora sería si se le acercaba, cosa que no tenía pensado hacer.
—Aominecchi, pero tú tampoco lo has visto en todo este tiempo, ¿verdad? ¿Qué no quieres saludarlo? —supuso Kise, enarcando una ceja ligeramente.
—… —Aomine no sabía cómo responder adecuadamente en ese tema. No todavía, no cuando todavía ni él mismo aclaraba su sentir por el pelirrojo desde que este le ganó— Él dijo que me olvidaría, ¿por qué habría de saludarlo?
—Ay, Dai-chan, por favor, ¡no seas tonto! —dijo Momoi con un suspiro— Kagamin hablaba refiriéndose su sentir más allá de la amistad, no es como si él quisiera dejar de ser tu amigo. Si no te lo hubiera dicho ese mismo día y no es como si tu quisieras dejar de ser su amigo también.
—Exacto. Y, sobre todo, Aominecchi, también le debes una disculpa a Kagamicchi —agregó Kise con buenas intenciones.
El nombrado hizo una mueca. No le gustaba en nada que le dijeran eso, porque de antemano ya sabía que se comportó como un imbécil, pero él no era de pedir disculpas y menos con gente del tipo de Kagami, porque no sabía cómo reaccionaría, pues cuando quería el chico era bastante impredecible.
—Iré al baño —se excusó Aomine y se incorporó con cierta brusquedad.
—Dai-chan, no tardes o no te esperaremos para empezar a comer cuando esté la comida.
—Tranquila, Satsuki.
El peliazul conocía bien el camino para llegar a los sanitarios, así que no habría problema en eso y así aprovechaba para aclararse la cabeza con las palabras de esos dos que solo aumentaban un granito de arena a su ya frustración.
No tardó mucho, justo como le dijo a la pelirosa, así que se lavó las manos y justo cuando iba a abrir la puerta del baño, la abrió alguien más desde fuera, causando que Aomine chocara con esa misma persona.
— ¡Fíjate en lo que haces, idio…! —no completó la frase cuando notó que ese idiota era el pelirrojo.
—Fíjate tú —repuso Kagami con el ceño fruncido, viéndolo.
Se quedaron mirando fijamente durante casi un minuto de silencio. Donde ambos sintieron una sensación de vértigo en su estómago cuando sus ojos se encontraron, porque cada uno anheló ver al otro.
—Bien, ¿vas a dejarme pasar al baño, Ahomine? —ahí estaba Kagami, hablándole de la misma manera en que lo hacía siempre cuando se veían.
Y como no, su pecho se llenó de dicha cuando lo vio ahí, frente a él, bien y sano. Porque lo había extrañado demasiado, porque quería verlo y sentir otra vez esos profundos ojos azules recorrerle el cuerpo. Porque luego de esas tres semanas, era imposible que él siguiera enojado o molesto con él, pese a todos los malos momentos que pasaron antes del último partido. Su cuerpo ya sabía la forma exacta de comportarse con el moreno antes de que siquiera pensara como debía dirigirse a él.
—Tú eres él que no me deja salir, Bakagami —respondió Aomine con desdén. Cuando el pelirrojo le habló de ese modo tan familiar y típico entre ellos, se sintió tan aliviado que no supo describirlo, sintió que ese ligero pasmo de temor se esfumó cuando lo escuchó.
Momoi tenía razón. Se sintió tan feliz de verlo y de nuevo encontrándose con esos ojos rojos como el fuego que le encendieron la sangre de un modo diferente, de un modo que no le había pasado antes cuando lo veía. Y ahora no lo podía evitar. Sentía que había pasado demasiado tiempo desde que lo había visto, ¿desde cuándo sentía la ausencia de Kagami en esa magnitud? Pues cuando le vio, sintió que algo dentro de su ser se completó que le provocó una ligera ansiedad.
Siendo sinceros, él pensó que por parte del pelirrojo recibiría un trato frío y cortante, por todas las cosas que pasaron que no fueron nada gratas, no creía que el pelirrojo de verdad fuera hablarle como los buenos amigos de siempre. Pero por esa misma razón, es que ahora se sentía dichoso, aunque no lo demostraba, claro, controló bien sus emociones.
—Ya, ¿qué se supone qué haces aquí? —preguntó Kagami y sin ganas de ponerse a pelear, rodeó el cuerpo ajeno para pasar y lavarse las manos.
—Vine a comer —Aomine lo dijo como si fuera obvio hasta para un bebé.
Kagami le miró desde el espejo y frunció el ceño, pues de repente sintió ganas de tirarle agua a la cara. Aunque la verdad, más que nada se sentía ligeramente sorprendido, porque la visión que tenía ahora del peliazul era un poquito diferente a la que vio semanas atrás. Además de que ahora parecía que el moreno estaba cumpliendo su parte de la apuesta y eso le hizo sentir tranquilo.
—Eso lo sé, genio. Me refería a porque en este lugar.
—Kise y Satsuki quisieron venir —espetó Aomine con gesto un poco fastidiado—, porque querían verte o algo así.
— ¿En serio? —Kagami sonrió un poco, bueno, la verdad es que también extrañaba ver a sus amigos y salir a jugar en las canchas como antes de que todo se complicara y se metiera de lleno al trabajo— Tal vez vaya a saludarlos entonces.
—No hace falta, les diré que estás ocupado —repuso Aomine con desgarbo.
—Deja de decirme lo que tengo que hacer, idiota —bufó Kagami y le fulminó con la mirada.
Pero el peliazul le sonrió. Con ese simple gesto en ambos, se dieron cuenta que a los dos les había hecho falta este tipo de convivencia, no por ser masoquista, sino era una manera torpe y poca inadecuada de sentirse cercanos, de tener la atención ajena. Era como dicen: con quién más peleas, es con quién más unido estás.
Solo que uno ya lo sabía y el otro no quería aceptarlo, pese a que ya se daba una idea.
—Bueno, si te regañan no es mi problema —Aomine se encogió de hombros haciéndose el desentendido.
—Es mi tiempo de descanso, seguro hasta puedo comer con ustedes —dijo Kagami con una sonrisa.
Así que para Kise y Momoi fue una gran impresión ver llegar juntos al peliazul y al pelirrojo del baño.
— ¿Qué es lo que hacían en el baño ustedes dos? —quiso saber Kise con fingida inocencia.
—Deja de suponer idioteces —regañó Aomine, captando el doble sentido.
—Lo encontré mientras fui a lavarme las manos —respondió Kagami, despistado como siempre.
—Oh, pues fue una suerte —Ryota sonrió divertido de ver al pelirrojo. Luego se incorporó de golpe y lo abrazo, sin importarle evadir su espacio personal—. ¡Kagamicchi, te extrañé tanto! ¿Por qué nos abandonaste así? —lloriqueó, tallando su mejilla en la ajena.
Para Aomine estaba bien que el rubio fuera así con todos, menos con él, porque era algo fastidioso, siendo como era, por eso se sorprendió a sí mismo cuando se sintió molesto de ver como Kise abrazaba así al pelirrojo. Tuvo ganas de jalarle del cuello de la camisa para apartarlo.
Y para cierta pelirosa, eso no pasó desapercibido y mucho menos para Ryota.
— ¡Quítate de encima, Kise! —gruñó Kagami, entrecerrando los ojos por la enorme cercanía del rubio, pero era inútil sacárselo de encima, pese a que lo empujó. Suspiró resignado—Ya, está bien. No había podido ver a nadie porque mi jornada en el trabajo aumentó —explicó.
—Pero pudiste habernos mandado algún mensaje por lo menos, Kagamicchi —reprochó Kise con un mohín, apegándose más al cuerpo de pelirrojo con ganas.
—Ya déjalo, Kise, estás llamando la atención de todo el maldito restaurante —dijo Aomine, como si no hubiese otra razón oculta del por qué lo dijo, incluso esta vez sí jaló de la ropa al rubio para desprenderlo del pelirrojo.
—Moo, si yo solo estaba saludándolo, no hice nada malo, Aominecchi —resopló Kise, cruzándose de brazos.
—Dai-chan, no te enojes tanto por eso —repuso Momoi con cariño, dirigiéndole una mirada significativa.
Aomine simplemente chasqueó la lengua y se sentó al lado de su amiga a la vez que el pelirrojo se sentó al lado de Kise.
— ¿No te regañaran por estar aquí, Kagamin? —preguntó Momoi con curiosidad.
—No, es mi tiempo libre —contestó Kagami con una sonrisa tranquila.
—Eso significa que comerás con nosotros, ¿verdad, Kagamicchi? —Kise le miró con los ojos de cachorro.
—Si no dejas de mirarme así, no lo haré —a Kagami se le escurrió una gotita de sudor en la frente.
En respuesta, el rubio simplemente rió entre dientes.
Y la comida no tardó en llegar, por su parte, Taiga ya tenía hecha su comida así que solo le pidió al mesero que se la trajera para comerla ahí y que si su madre preguntaba por él, le dijera que unos amigos estaban acompañándolo, por cualquier cosa.
Por unos momentos, el ambiente se sintió ligeramente incómodo, debido a que Kagami y Aomine no intercambiaban palabras tan rápido o tan fluidamente como siempre lo habían hecho, pero eso no significaba que los dos no se sintieran bien de verse.
Y Kise, como el buen amigo que es, se encargó de mantener los buenos ánimos en casi toda la conversación mientras comían, ayudado también por Momoi, que metía también al peliazul aunque este tuviera cara de inconformidad. Cosa que se le pasó varios minutos después.
Aunque terminaron la comida más rápido de lo que creyeron, con las risas de la pelirosa y el rubio de ver como Kagami se llenaba la boca de comida que parecía una ardilla. Aomine también observó esa escena y sonrió internamente por la imagen del pelirrojo, causando que lo empezara a molestar como siempre hacía cuando comían juntos. Eso trajo consigo que empezaran a discutir infantilmente bajo la mirada cómplice de Ryota y Satsuki.
Si por ellos dos fuera, dejarían solos al ojiazul y al ojirojo, pero eso sería tentar demasiado su suerte y como los dos eran bastante cabezotas, pues mejor no arriesgarse, no cuando el primero todavía no tenía ninguna decisión firme, que era la mayor traba en esto.
A pesar de que la comida por fin terminó, los chicos seguían platicando.
Kise les contaba sus anécdotas en el trabajo a los tres ahí, mientras hacía expresiones que detallaban muy bien lo que sintió en cada momento de sus sesiones de fotos y como hasta le hacían bromas entre sus compañeros de trabajo. Aomine se burló de él en más de una ocasión, como el buen amigo que es, mientras el otro dramatizaba y se quejaba con Momoi, logrando que el momento fuera bastante cómico para Kagami, que disfrutó bastante ver como el peliazul se veía más… ¿amigable? Incluso entre el rubio y el peliazul pelearon infantilmente, siendo regañados por Satsuki.
Kagami también participaba cuando Ryota le pedía que lo defendiera y el simplemente se hacía el desentendido. Se la estaba pasando muy bien con sus amigos, de verdad que los había extrañado; no del mismo modo que con el moreno, pero también le hacía falta el verlos.
En algún momento de la conversación tan interesante que tenían los chicos, donde Kise seguía siendo el anfitrión todavía pese a que Momoi del mismo modo hablaba, Aomine se embrocó en la mesa, acomodando su cabeza entre sus brazos cruzados y recargados también como si fueran una almohada, y veía todo desde ahí.
Más que nada solo veía a su amiga, mientras su mente vagaba por algún otro lugar, no es que se hubiera sentido apartado de la conversación, solamente esos temas ya le habían aburrido. Solo veía a Kise parlotear como si no hubiese un mañana, sin prestarle atención.
Su mente volvió en sí, cuando mientras su visión vagaba entre sus amigos, se detuvo en el rostro de Kagami, quien sonreía con ganas por algo que le hizo gracia en todo lo que platicaban.
Aomine sintió como su corazón dio un brinco al ver esa sonrisa y frunció el ceño, incluso sintió que un pequeño calor en sus mejillas subió y duró una fracción de segundo en la que nadie se dio cuenta gracias a la ligereza de este y por su color de piel.
¿Desde cuándo ese idiota tiene una sonrisa así de atractiva?, pensó de repente. Porque era la verdad. Muchas veces había visto a Kagami sonreír e incluso reconocía que este tenía lo suyo, pero del modo en que un hombre heterosexual lo reconoce de otro hombre, sin importancia.
Pero esta vez fue diferente, porque sí, esa bendita sonrisa se le hizo tan malditamente hermosa, porque le hizo sentir un hormigueo extraño en su cuerpo, una sensación que le gustó y eso le bastó para que empezara a darse cuenta que de verdad no quería estar lejos del pelirrojo.
—Kagami —llamó Aomine de repente y cuando este le miró dudoso, añadió:—Juguemos un uno contra uno —no lo dijo en su típico tono demandante, no. Lo hizo como si fuera una invitación.
La plática cesó de pronto por esas palabras y tanto Momoi como Kise intercambiaron una rápida mirada de suficiencia.
Al pelirrojo también le tomó eso desprevenido, pero de igual forma la alegría le inundó y su sonrisa se acentuó.
—Muy bien —aceptó Kagami—. Solo que esta vez saldré más tarde, pues como les dije, mi jornada laboral cambió —recordó.
— ¿Cuánto tiempo se supone debo esperar? —Aomine se mostró descontento, porque él no era una persona paciente.
—Dos horas —respondió Kagami nada conforme—. Pero me apresuraré.
Y vaya que lo haría, porque esto fue como un rayo de luz en el cielo para él. No iba a desaprovechar la oportunidad, para nada.
—Más te vale no dejarme plantado, Bakagami —advirtió Aomine con el ceño fruncido.
—Por supuesto que no, Ahomine —bufó Kagami frunciendo el ceño también, pero luego sonrió ampliamente.
Y lo mejor de todo, fue que Aomine no pudo resistirse a devolverle esa sonrisa.
Kise y Momoi también sonrieron para sí mismos al ver la escena, porque se sintieron aliviados de ver como las cosas entre esos dos daba pistas de mejorar más pronto de lo que esperaban.
Pues sí, este capítulo fue algo tranquilo, bajo de drama, pero considero que igual algo emocionante por las reacciones que Aomine poco a poco va empezando a tener, ¿o no? ¿Les gustó este capítulo y cómo va hasta ahora la historia? ouo. Ya saben que me gusta saber todo lo que ustedes opinan, sadsadlkj. Así que espero puedan comentar, tanto si aceptan la propuesta y/o su opinión x3.
Los adoro, lectores míos :3
¡Nos vemos!
