Holi, pequeños saltamontes :3.
A pesar de que la propuesta que hice no fue llevada acabo, vengo a dejarles la actualización como todos los viernes, ¡un agradecimiento especial Vegara Allazen!, quién nunca falta en ningún capítulo con sus comentarios x3. Y también muchas gracias por sus follows y favs a la historia, criaturas divinas.
Espero disfruten del capítulo y disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.
/Miércoles 24 de Julio del 2013/
—Ne, Shin-chan, ¿qué harás en estas vacaciones? —preguntó Takao con vivo interés en su mirada mientras iba pedaleando la bicicleta que unía la carreta donde llevaba al peliverde.
—No perder el tiempo —respondió Midorima, mientras se ajustó los lentes. Esta vez llevaba de amuleto una libreta.
Los chicos habían salido de vacaciones desde el viernes, pero tenían que resolver algunas cosas de la Universidad, además de ver las fechas que publicarían sus resultados de los exámenes entre otras cosas.
Con ellos todo iba bien por ahora. Takao no sentía la necesidad de declarársele y ya iba un mes muy bien así, no lo hacía porque sentía su relación mejor así, además que el peliverde tampoco parecía interesado en nadie aunque si hubieran algunas admiradoras. También tenía que ver el hecho con que ahora los dos chicos pasaban más de su tiempo juntos, desde aquella vez que trabajaron en equipo, donde por cierto, fueron los mejores del salón en esa investigación, aprobando con un diez. Eso pareció motivar a Midorima de igual manera.
Así que desde ese día, era raro cuando tenían alguna tarde en que no se vieran o hablaran por el whatsapp. Debido a la época de exámenes, sus encuentros eran los fines de semana en las dos semanas que duraron.
El pelinegro se empezó a reír por la respuesta de su amigo.
—Podemos pasarla viendo películas —sugirió Takao con una sonrisa—, porque yo no saldré a ningún lado.
—Takao, Kise hará una fiesta en unos días —dijo Midorima, ignorando las palabras del pelinegro.
—Guau, qué tu hables de fiestas significa que es el fin del mundo —bromeó Takao entre risotadas nada discretas.
—Deja de decir tonterías, ¿acaso eres idiota? —replicó Midorima con seriedad y el ceño fruncido.
—Yahahaha, no te enojes, Shin-chan —canturreó Takao, todavía entre risas—. Pero debes admitir que es raro viniendo de ti —se burló, divertido.
Shintaro suspiró, tratando de buscar paciencia y no arrojarle algo al ojiazul.
—Es por el cumpleaños de Kagami.
—Oh, ya. ¿Eso significa que me estás invitando a ir contigo? —inquirió Takao con tremendo rastro de emoción en su cara.
—Será a las siete el viernes dos de agosto —fue lo único que dijo Midorima, ajustándose los lentes, ligeramente avergonzado por el modo tan directo que dijo las cosas el pelinegro. De cierta forma era así, lo estaba invitando, pero no lo iba a expresar, si con solo mencionar la fiesta el otro logró molestarlo, ahora si lo aceptaba… No, definitivamente.
Aunque Takao tampoco necesitaba más afirmación que esa.
—Bien. Pero esta vez tú pasarás por mí, Shin-chan, porque yo no conozco la cada de Kise.
—No hará falta, te enviaré la dirección en un mensaje, nanodayo.
—Shin-chan, yo soy tu invitado, lo correcto es que lleguemos juntos —repuso Takao, más que nada para molestar al peliverde, ya que había entrado en su tsunderismo.
Al aludido chico le saltó una ligera venita en la sien.
/Viernes 26 de Julio del 2013/
A pesar de que no se hacía mucho terminó una buena sesión de sexo con Yuuki, el chico peliazul no podía lograr que de su mente desapareciera esa sonrisa tan llena de energía que Kagami le mostraba cada que jugaban desde el lunes.
Era algo nuevo. Es decir, mucho antes siempre sintió una secreta admiración por el pelirrojo, por su fuerte espíritu y que era el único capaz de hacerle frente, esta misma aumentó aquel día en que perdió y vio al otro en la zona de igual modo. Pero, ¿tanto había crecido como para tenerlo encantado con esa sonrisa y expresiones que Kagami le mostraba en los juegos?
Quisiera o no, su mente estaba llenándose de más cosas sobre el pelirrojo, de detalles que hasta ese momento había pasado por alto y que pensó no eran nada importantes, pero que ahora sentía lo estaban enloqueciendo, en el buen sentido de la palabra.
Uno de esos era la curvatura de sus labios, que su piel siempre parecía bronceada, como su cuerpo se relajaba después de terminar de jugar, que su cabello se movía con el viento de un modo que indicaba lo grueso y sedoso que seguramente era. O que cuando fruncía el ceño, se veía endemoniadamente sexy, que él parecía como una llama llena de vida.
Era como una luz.
Esas y muchas cosas era lo que terminó viendo en esta semana que había vuelto a ver y jugar con Kagami, parecía que estaban recuperando los lazos de su amistad que se aflojaron con el incidente de los sentimientos del ajeno.
Otra cosa era que, Aomine tampoco había dejado de pensar sobre eso, ¿de verdad Kagami empezaría a olvidarlo? ¿Y si ya lo estaba haciendo, por eso se desenvolvió todo tan fácil el lunes?
Estaba inconforme con eso, sobre todo porque no podía obtener una respuesta, pese a que intentara preguntarle, pero Satsuki ya le había advertido que eso no era buena idea si de verdad quería recuperar la amistad con el pelirrojo. Sin embargo, él hacía lo que quería después de todo, ¿no? Pero tal parecía que está vez no era así, algo le detenía. Quizá era la misma apuesta de aquella vez y lo mejor era no sacar a relucir el tema.
Bien, ahí estaba lo que le venía pasando desde que perdió contra Kagami y desde que luego le volvió a ver y ambos regresaron a jugar como siempre entre ellos. Parecía que esas mismas cosas iban en aumento conforme pasaban los días de la semana, Aomine se sentía como un vaso de agua que se iba llenando poco a poco y no sabía que pasaría cuando se sintiera "lleno", no le hacía gracia saber que pasaría cuando su vaso fuera rebasado.
En un principio pensó que se debía a la ligera culpa que sintió por saber que había hecho mal y esas cosas, que con ver a Kagami se le pasarían, ¿o tenía que ver con que no se había disculpado?, que no es como que si no quisiera hacerlo, pero para él eso era… difícil. No solo por el orgullo, sino por algo más que tampoco comprendía.
Mas el caso ahora era eso, que todas esas sensaciones incomprensibles para él, que parecía ser un bombardeó en su cuerpo, solamente aumentaron y se reafirmaron al tener de cerca otra vez al pelirrojo y alejarse no era una opción, porque ahora sentía que no podía hacerlo. Porque esa sensación de alivio que tenía ahora, se iría, de eso estaba seguro.
—Qué me estás haciendo, Kagami —masculló Aomine con el ceño fruncido y suspiró.
Todo se sentía como si esas emociones ya hubieran estado ahí desde siempre, pero que estaban comenzado a resurgir entre todo el caos que se armó. Su cuerpo y subconsciente se lo indicaban, ¿y entonces qué significaba?
La respuesta sería obvia si Aomine se lo preguntara a sus amigos, cosa que no haría ni en sueños. Además, tampoco era tan idiota, solo que la simple idea no se la podía creer ni él mismo, todavía no podía aceptar esa respuesta que ya empezaba a pasearse frente a sus narices; la veía, pero no era momento para agarrarla.
Lo único de lo que ahora estaba seguro Daiki, era que no quería apartarse del pelirrojo, aunque este ya estuviera empezando a olvidarlo, según él.
/Sábado 27 de Julio del 2013/
Kagami todavía tenía presente el hecho de lo que había apostado, en efecto, empezaría a olvidarse de sus sentimientos más allá de la amistad que tenía por Aomine, pero es que desde que regresó su "relación" de amigos-rivales a la aparente normalidad, no podía pensar en otra cosa más que él. Cuando estaba junto a él, no pensaba en nada más, no recordaba nada más, solo se centraba en él y en el juego.
Juego donde ya era más fácil seguir el ritmo del peliazul, pero todavía seguía perdiendo. Al menos algo tuvo de bueno todo ese drama, fue que finalmente el pelirrojo podía aprender a separar sus emociones de la cancha; así podía ser un mejor rival, sin dejar de ser un amigo. Y por supuesto, sin dejar de quererlo más allá.
Sabía que en cualquier momento encontraría el modo de empezar a superar sus sentimientos de amor hacía Daiki, pero, ¿de verdad sería capaz de aceptarlo para renunciar a él?, porque bien dicho es esa frase "del dicho al hecho hay mucho trecho". Sin embargo, Kagami después de todo no es alguien que no cumpla lo que diga, así que sin importar cuanto le doliera ese hecho o cuanta tristeza le causara, sabía que debería llevarlo a cabo. Y quizá no estaba tan lejos de encontrar ese modo.
Pero le bastaba con solo ver la mejoría y el cambio que tuvo Aomine para sentir como su amor crecía por él; si antes ya se había enamorado de él con esa actitud presumida que tenía, ahora con esto… De solo recordarlo, de solo recordar esa sonrisa sincera y divertida que este ponía mientras jugaban, sentía que su corazón podría salírsele del jodido pecho.
Estúpido moreno sexy y hermoso.
Eso era lo que había hasta ahora. Además de que Daiki igual estaba cumpliendo la parte de la apuesta, ya que no volvió a hacer ninguna insinuación como antes y según le comentó Kise, ese mismo día se disculpó con ellos. Por eso mismo, no podía quedar mal.
Pero sinceramente, su corazón no quería, aunque su cerebro le dijera que sería lo mejor para todos y para su amistad.
—Cariño, tu padre vendrá el próximo sábado y estará aquí contigo cinco días —dijo Mika a la vez que le daba un plato de brochetas de frutas a su hijo, sentándose a su lado para ver la televisión también.
—Me parece bien. El viernes saldré con mis amigos por la noche —avisó Kagami, pues recordó que ese mismo día que vio a su amigo rubio, le dijo que no hiciera planes para su cumpleaños porque lo esperaría en su casa. Era obvio que lo festejarían, quisiera o no.
— ¿Con Aomine-kun y los demás? —preguntó Mika, como si no lo supiera, pero como toda madre, debía preguntar.
—Sí, iré a la casa de Kise —respondió Kagami, empezando a comer sus brochetas con ganas.
—Bien, entonces pasaré el resto de la mañana y tarde contigo, cariño —repuso Mika con un tono cariñoso—. Y tal vez aproveche para regalarte un nuevo collar, que ese que tienes está muy desgastado ya —añadió, como si su verdadera intensión no fuera otra.
Eso alertó a Kagami y miró a su madre mientras se metió su cadena dentro de la playera.
—No hace falta, mamá. Me gusta este collar más que ningún otro.
Mika forzó una sonrisa y asintió, como si de verdad entendiera a su hijo. Pero el pelirrojo pudo notar esos deseos que ella tenía de querer quitárselo.
Pero Kagami no lo permitiría.
/Martes 30 de Julio del 2013/
Kise besaba el cuello de su amado Kuroko con devoción, como si fuera la mejor comida de todo el mundo, mientras este jadeaba y gemía, mordiéndose los labios para no mostrarse escandaloso al ser embestido con fuerza.
— ¡Ngh, Ryota-kun! —Kuroko siempre le llamaba por su nombre cuando hacían el amor.
—No sabes lo mucho que te amo, Tetsuyacchi, aaah —gruñó suavemente Kise.
Este le tenía sujeto de la parte de atrás de las rodillas, flexionándole las piernas contra el torso impropio, mientras embestía con fuerza y precisión, pegando en ese punto especial para el peliceleste, con el sonido de fluidos corporales y los besos de musa.
El cuerpo de los dos perlaba sudor y Kise penetraba a su novio de tal modo que con su abdomen masturbaba el miembro ajeno con la fricción de sus cuerpos.
Kuroko tenía el rostro colorado por el ejercicio y era clara la expresión de placer que tenía en su rostro siempre sereno, claro, que solo cambiaba cuando estaba así con su rubio. Le sujetó del rostro y lo atrajo para besarlo de manera ferviente, respondiéndole así las anteriores palabras de su novio, demostrando en ese ósculo lo mucho que también le amaba, del mismo modo que la lengua de Kise buscaba poseer por completo esa boca deliciosa y linda.
Los latidos de ambos estaban frenéticos, eran como bombas a punto de explotar en sus pechos, que les llevaban a jadear en busca de oxígeno, negándose a dejar de besarse, porque esa necesidad era mucho más importante.
Un audible gemido salió de la boca de Kuroko cuando el orgasmo le recorrió desde su columna hasta su vientre, liberando su esencia con potencia y manchando ambos cuerpos, sintiendo como un estremecimiento poderoso le recorrió ahora el cuerpo de Kise, cuando apretó sus músculos internos contra el pene de este. Lo que llevó al rubio a un delicioso orgasmo también, mientras gemía y gruñía el nombre de su amado peliceleste, corriéndose en el interior de este.
Los dos se quedaron así por un momento, abrazados, hasta que Ryota salió con cuidado de su novio, dejando que su esencia se escurriera de la entrada ajena. Las respiraciones de ambos todavía estaban aceleradas y en silencio, Kuroko se acomodó en el regazo ajeno a la vez que el rubio depositó un beso en su frente con cariño y melosidad.
—Te amo, Kurokocchi —musitó Kise con felicidad.
—Y yo te amo a ti, Kise-kun —respondió Kuroko con una pequeña sonrisa.
Ahora que ambos estaban de vacaciones, era más fácil verse y pasarse todos los días haciendo el amor.
El rubio estuvo haciéndole cariños y mimos a su novio durante un rato, hasta que bostezó.
—Mañana les enviaré a todos un mensaje para la fiesta de Kagamicchi —informó Ryota.
—Yo solo le avisé a Midorima-kun que sería a las siete de la noche —dijo Kuroko con su serena voz, abrazándose a su novio.
— ¿Cuándo lo hiciste? —preguntó Kise con curiosidad.
—El lunes pasado, lo encontré mientras fui por el regalo de Kagami-kun —respondió Kuroko.
— ¿Iba con Takaocchi?
—Hm, no estaba ahí, pero me pareció que lo estaba esperando.
—Ah, ojalá Midorimacchi sea más listo que Aominecchi —suspiró Kise, por la obvia situación.
—Midorima-kun es más reservado —objetó Kuroko—, pero creo en que Takao-kun podrá hacer algo con eso, después de todo entre ellos se conocen.
—Eso espero. No me gustaría que una historia se repita —repuso Kise y dejó un beso más en los labios del peliceleste, cambiando de tema.
/Viernes 2 de Agosto del 2013/
— ¡Feliz cumpleaños, Kagamicchi! —Kise fue el primero en gritar y lanzarse encima del pelirrojo cuando este apenas llegó a su departamento.
Momoi siguió su efusivo ejemplo, incluso Takao que no era tan conocido le felicitó animadamente. Mientras que Kuroko lo hizo con su calma y amabilidad de siempre y Midorima cortante.
Aomine veía la escena desde donde estaba sentado con el ceño ligeramente fruncido.
—Es una lástima que Akashicchi y Murasakibaracchi no estén en el estado, sino hubiera hecho que vinieran —se lamentó Kise.
—Ellos tienen cosas más importantes que hacer, donde quiera que estén ahora —espetó Midorima.
— ¡Pero deberían venir a visitarnos más seguido! —replicó Kise, como un niño pequeño.
—Seguramente lo harán cuando quieran, ya deja de llorar —amonestó Aomine sin tacto alguna con el ceño fruncido.
—Qué malo eres, Aominecchi —Kise hizo un puchero.
—Kagami-kun, aquí tienes tu regalo —dijo Kuroko con calma, acercándose el pelirrojo y le extendió una caja.
Kagami estaba acalorado por la efusiva recibida que le dieron al llegar y tenía en su vaso agua pura, pues él no gustaba de bebidas alcohólicas, además de que no podía o tendría problemas con el doctor, aunque eso, sus amigos no lo sabían. Estaba vestido con unos bermudas estilo militar, unos tenis negros y una playera roja sin mangas, donde relucía muy bien su anillo en la cadena. Y como no hacía mucho se bañó, su cabello estaba húmedo y por eso algo suelto, de modo que se lo había hecho a un lado de la cara, dándole un aspecto condenadamente apuesto, no pasando desapercibido para los ojos azules de cierto moreno.
—Oh, gracias, Kuroko —dijo Kagami con una sonrisa y lo recibió gustoso mientras se sentaba en el sofá.
—Este es el mío, Kagamicchi —se apresuró Kise, para que nadie más le ganara y le tendió otra cajita no muy grande.
—Espero no sea algo raro, Kise —comentó Kagami, viendo al rubio y ante la cara de tristeza del otro, sonrió—. De todos modos, gracias.
—Si esperas recibir algo raro, espera a ver lo que Shin-chan compró para ti —rió Takao con bastantes ganas y se acercó a palmear el hombro del pelirrojo—. Este es el mío y el de Shin-chan, están los dos ahí —explicó, dándole una bolsa de regalo verde.
—Yo solo le di lo que Oha Asa dijo, nanodayo —se defendió Midorima, viendo mal al pelinegro que solo se empezó a reír otra vez.
A Kagami se le escurrió una gotita de sudor, ya se imaginaba que podía ser el regalo del peliverde, pero de todos agradeció, tosco como siempre.
—Esto es para ti, Kagamin —fue el turno de Momoi de darle su regalo, que era otra caja mediana y antes de que el pelirrojo le agradeciera cuando lo recibió, se apresuró a añadir: — ¡Dai-chan, falta tu regalo!
—Como molestas, Satsuki —gruñó Aomine, aparentando sueño.
—Pero, Dai-chan, si hasta compraste el regalo casi un mes antes —recordó Momoi con inocencia.
— ¡Calla! —exclamó Aomine ceñudo y fulminando con la mirada a su amiga, así como a los demás que le miraron fijamente por esa declaración tan vergonzosa.
Kise se mordió el labio para no reír, Kuroko sonrió discreto del mismo modo que Momoi, mientras que Midorima se mantuvo serio, para él no era sorpresivo algo como eso, ya se lo esperaba y Takao simplemente se mostró curioso. Sin embargo, a Kagami si le tomó eso con la guardia baja. Es decir, ya sabía el modo que tenía el peliazul, pues el año pasado le dio su regalo a lo bruto y no se quejó. No iba a negar lo feliz que se sintió, pero se mostró expectante.
—Toma esto, Bakagami —dijo Aomine arrastrando las palabras y aparentemente desinteresado al extender la bolsa que traía—. Y eso.
—No, Dai-chan, también debes felicitarlo —intervino Momoi, como si le estuviera enseñando modales a su perro.
—Tsk —Aomine hizo una expresión entre fastidio y vergüenza—. Felicidades, idiota —bufó, rascándose la nuca.
Kagami enarcó ligeramente una ceja y le miró, recibiendo el regalo.
—Ah, gracias, Ahomine —agradeció con la expresión burlona.
— ¡Muy bien, entonces es hora de empezar! —exclamó Kise con una sonrisa emocionada— También invité a tus amigos del trabajo, Kagamicchi, a los míos que también te conocen y los chicos de los equipos del torneo de basquetbol callejero, solo que ellos vendrán en una hora —explicó.
— ¿Por qué invitaste a tanta gente? —Kagami pareció horrorizado— Yo pensaba que solo sería entre nosotros…
—Kagami-kun, Kise-kun no es de los que hacen las cosas con discreción —recordó Kuroko con amabilidad.
— ¡Pero si la vez pasada no hizo eso! —exclamó Kagami.
—Eso fue porque hace un año no tuve el tiempo suficiente para organizar todo —aclaró Kise—, pero por eso hoy te lo compensaré.
— ¡No era necesario tanto! —volvió a quejarse Kagami.
—Debiste ponerle el alto antes —dijo Aomine, palmeando el hombro del chico como si le diera el pésame, pero se estaba burlando también.
El pelirrojo suspiró derrotado. En fin, después de todo, era su cumpleaños y debía pasarla bien al fin y al cabo.
Y así pasó el tiempo, hasta que la gente empezó a llegar al departamento de poco a poco, mientras que Kise se encargó de poner buena música, mezclando entre el género japonés, así como de los famosos de América u otros países.
Cada persona fue conducida por Momoi hasta donde estaba Kagami para que le felicitaran y le dieran su regalo o lo que sea que le trajeran.
Las bebidas empezaron a ser servidas también, así como las botanas. Takao molestaba a Midorima con que lo sacara a bailar, hasta se puso hacerle bromas ahí, logrando irritarlo. Y Momoi intentaba convencer a Aomine para que bailara con ella, pero como este se negó, terminó bailando con Kise a la vez que Kuroko le hacía compañía a Kagami y se encargaba de que las cosas no se salieran de control, porque después de todo, había vecinos, aunque la música no estuviera muy fuerte tampoco.
Aomine por su parte, estaba sentado y solo se paraba para servirse comida y bebidas, notando que varias chicas que seguramente eran amigas de Kise, le veían con interés, pero por este día no tendría ninguna conquista. Sin embargo, no se pudo mantener así de desinteresado por la fiesta, cuando notó como algunas otras chicas veían con interés a Kagami, haciéndolo rabiar internamente. Incluso en ese momento vio como un par se le acercó al pelirrojo, diciéndole quién sabe qué, aunque se sintió aliviado de que este les rechazara. Pero aun así, su vista siguió en él.
Sintió un deseo tremendo de ir y dejar en claro que no podían acercársele a Kagami, nadie, porque era suyo.
Cuando Daiki se dio cuenta de lo posesivamente que estaba pensando, se quedó inmóvil. Y se dio cuenta de que esta batalla ya estaba pérdida, ya no podía negar más lo obvio.
Fue como si un rayo de luz entrara por su mente después de tanto tiempo en el que permaneció a oscuras, que ya se le había olvidado lo que se sentía vivir.
Abrió lentamente los ojos, completamente desorientado del mundo a su alrededor. Sentía su cuerpo completamente entumecido, como si no tuviera el control sobre este y probablemente era así, tanto tiempo sin moverse, era lógico. Ni siquiera era capaz de mover su boca para hablar y los párpados le pesaban terriblemente, aunque estuvo dormido todo este tiempo, se sentía agotado.
¿Qué día era? ¿Qué mes? ¿Qué año? ¿Dónde estaba? ¿Cuánto tiempo estuvo ahí? ¿Por qué estaba ahí? ¿Qué había pasado? ¿Cómo estaba el mundo ahora? ¿En qué terminó todo lo de ese día? ¿Dónde estaba su mamá? ¿Cómo estarían las personas que estaban en su vida antes? ¿Cómo estaba él?
Esas eran las preguntas que poco a poco se hacía en su mente, mientras recobraba el conocimiento lentamente, hasta que pudo abrir completamente los ojos y se quedó mirando la habitación del hospital donde no había nadie, intentando pensar más claramente, recordando todo lo que había pasado antes de llegar a donde estaba ahí.
Y entonces, cuando sintió el peso en su pecho provocado por esa cadena con su anillo, él se hizo presente en su mente como si del sol se tratase.
Taiga, pensó y de pronto la ansiedad empezó a aparecer en su sistema con fuerza, seguidas de la preocupación, ¡¿dónde estás, Taiga?! La desesperación apareció también, luego de un rato en el que trataba de moverse, pero simplemente no podía. Lo único que podía hacer era respirar y tener abierto los ojos, mientras se sentía morir de la preocupación con cada imagen de lo que pasó la última vez que estuvo despierto y perdió el conocimiento.
Necesitaba saber dónde estaba él, qué había pasado con Taiga, ¡¿qué le habían hecho?! ¿Estaba vivo?
Fue en ese momento, que la puerta se abrió y vio a su madre entrar a la habitación.
—Has… despertado… —Alex se quedó impactada y sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas cuando eso que creía surreal, supo que era más real que todo ahí en el hospital— ¡Dios mío, al fin has despertado, cariño! —exclamó, ahora acercándose a su hijo con el rostro surcado en lágrimas de felicidad.
Pero el chico se mantuvo sin hablar, solo sintió sus ojos cristalizarse también al ver a su madre así, conmoviéndose, además de estar todavía en el centro de la preocupación por Taiga.
Su madre entendió la mirada de su hijo y lo abrazó con fuerza, llenándole de besos el rostro.
—Yo sé todo lo que quieres saber, pero ahora debo llamar al doctor para que venga a verte —musitó Alex con una sonrisa comprensiva—. No sabes lo feliz que me hace verte al fin despierto, Tatsuya, justo en el cumpleaños de Taiga.
Ah, con que esa era la fecha de hoy.
Y seguramente, esto no era simple casualidad, madre e hijo lo sabían ahora.
Así que después de todo, ese Bakagami lo logró, ¿eh?, pensó Aomine, mientras ahora caminaba hasta donde estaba el pelirrojo y le sujetó del brazo para llevárselo lejos de los ojos acosadores que estaban ahí, evaluándolo, porque sí, el pelirrojo era alguien condenadamente guapo.
— ¿Qué haces, Ahomine? —gruñó Kagami, frunciendo el ceño.
Pero ambos sentían como una corriente eléctrica les recorría el cuerpo cuando las dos pieles entraron en contacto de ese modo tan casual. Fue como la explosión de un volcán en sus corazones cuando sus ojos se volvieron a ver, manteniendo ese contacto.
—Es tu cumpleaños, ¿no?, entonces te estoy honrando con mi grata presencia —dijo Aomine como si fuera obvio en un tono arrogante.
Mas la verdad era que estaba siendo egoísta, porque no estaba dispuesto a dejar que los demás se le fueron a encimar a su pelirrojo, porque sí, ya pensaba en él como suyo aun si todavía no lo admitía en palabras.
Ya no puedo huir más, simplemente no puedo, pensó Aomine.
Y es que todo el tiempo, siempre estuvo mintiéndose a sí mismo, ahora lo sabía, lo sentía con solo ver esos ojos fuego de Kagami, que le veían desconcertados, pero claramente, los dos podían ver como su alma hervía dentro de sus miradas.
Ahora era mutuo.
Porque Aomine había aceptado que también estaba enamorado de Kagami.
Ñacañaca, aljsklsd, como verán, Aomine deja de ser un idiota cuando le conviene(?) xDD, quizá muchos no esperaran que terminara dándose cuenta de su verdadero sentir tan rápido, PERO, a veces así pasa. Y sobre todo, porque luego vendrán muchas cosas más, cofcofdramaforevercofcof, pues como ven, alguien hoy hizo aparición, asdasdasdasd.
Espero puedan dejarme sus reviews sobre que les pareció este capítulo ouo. ¿Qué creen que pasará en el caso de Midorima y Takao? eue, porque pronto ellos pasarán a formar algo importante aquí.
En fin, nos estaremos viendo la otra semana, los amo x3
