Holi a todos :3

Asdadasd, primero que nada, me disculpo por haber tardado en actualizar esta historia ;u; Es que como ayer en mi Universidad festejamos el Dia de Muertos..., pues hubo concursos de altares y otras... Y terminé literamente, muriendo del cansancio :v.

¡Agradezco mucho sus comentarios, follows y favs, hijos del rebaño del Señor del Yaoi! lml. De verdad, ustedes son geniales –inserte corazones rosados-.

Veo que les gusta cómo va evolucionando Aomine con esto de sentir cositas por nuestro Tigre, huehue, a ver qué les parece esto, ¡disfruten el capítulo! Y disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.


Para mala suerte de Takao, había perdido de vista a Midorima cuando se puso a platicar con Kuroko, contándole cosas del segundo mientras bromeaba y Kise también se unió a ellos para irritación del peliverde.

El ambiente de la fiesta estaba bastante cómodo, la verdad. Todos ahí se la estaban pasando increíble, sobre todo el cumpleañero, pese al ligero desconcierto que tenía con la acción de cierto peliazul, pero no por eso significaba que no estuviera feliz.
Sus amigos lo notaban desde donde estaban.

—Moo, parece que Kagamicchi de verdad tiene un buen cumpleaños —dijo Kise con una sonrisa de suficiencia, mientras veía al pelirrojo con el moreno, allí bastante lejos.

—Dai-chan se ve bastante seguro —concordó Momoi que se asomó también y sonrió.

—Pero Aomine-kun no hará nada más todavía —además, hay algo que me incomoda, añadió Kuroko en su fuero interno, pero no por ello no estaba alegre.

—Entonces, supongo que no puedo pedirle a Kagamicchi que baile conmigo hoy —masculló Kise con decepción, mas segundos después sonrió y apretujó a su novio—. Baila conmigo, Kurokocchi.

—No soy bueno bailando, Kise-kun —respondió Kuroko, inexpresivo como siempre.

Mientras tanto, Kagami estaba sentado en el sofá de dos personas, al lado del moreno; este último cruzado de brazos y el primero enfurruñado ligeramente.

—No entiendo, ¿por qué me tienes aquí? Estaba bien platicando con los demás —dijo Kagami, dispuesto a ponerse de pie otra vez.

—Porque quiero, por eso —contestó Aomine, tajante y le jaló de la muñeca para que no se levantara.

Esas palabras hicieron que el interior del pelirrojo se removiera ligeramente, ¿acaso el peliazul estaba con otros de sus juegos?, no, no. Definitivamente no.

—Aomine, ¿otra vez tú…?

—Me incomoda —masculló Aomine demasiado territorial para su gusto, pero bueno, no se andaba con rodeos, sobre todo cuando adivinó para donde iría la frase del otro chico. Y esta vez, no era ningún juego—. Hazme compañía un rato, solo eso.

Kagami lo miró como si hablara en otro idioma, ¿era su imaginación o el peliazul sonó inusualmente posesivo? No podía ser cierto, ¿verdad? Aunque Aomine se veía bastante serio, no tenía ese gesto burlón como en las anteriores veces que tuvieron encuentros desafortunados.
Aun así, su corazón dio un vuelvo y bruscamente se apartó del agarre ajeno, acomodándose en el sofá, dirigiendo su vista a los demás ahí, bailando. Evitaba ver a la cara al moreno o le atacaría la vergüenza, porque no estaban solos y por esas miraditas maliciosas que le tiraba Kise.

—Chicos, ¿quieren irse a divertir con nosotras un rato? —preguntó una jovencita que se acercó a ellos con una sonrisa pícara, acompañada de otra.

Y es que el dúo que hacían entre Kagami y Aomine realmente era impactante y seductor.

—No, entre nosotros nos divertimos mejor —respondió Aomine cortante y una sonrisa de suficiencia en el rostro.

Las chicas fruncieron el ceño y les fulminaron con la mirada, para después darse la vuelta e irse.

—Vaya, no me lo creo. Tú, Aomine el que presume de su sexualidad desatada, rechazó a dos mujeres —Kagami fingió sorpresa, molestándolo.

—Tú las ibas a rechazar, así que, ¿qué sentido tenía aceptar? —resopló Aomine, chasqueando la lengua.

— ¿Eso qué tiene qué ver? —Kagami frunció el ceño y le miró con cierta desconfianza. Porque sí, la verdad le sorprendía en demasía que el peliazul no hubiera aceptado irse con alguna de esas mujeres como normalmente hacía cuando iban a las fiestas. Sobre todo porque una de ellas tenía pechos bastantes grandes.

—Simplemente no quiero follar hoy —zanjó Aomine con brusquedad, frunciendo más el ceño, mientras decía una sarta de tonterías mentalmente hacía el pelirrojo. Estaba bien que ya hubiera aceptado sus sentimientos, pero no por eso se los iba a decir, y mucho menos hoy; todavía no terminaba de asimilarlo por completo.

Aunque la pequeña duda se le iba simplemente al ver esos labios del otro.

Kagami está vez no ocultó su impresión y le miró atento.

—Sé que soy genial, pero deja de verme así —dijo Aomine otra vez.

—Simplemente no me creo lo que acabas de decir, Ahomine —repuso Kagami desviando la mirada un momento, cuando en efecto, no dejaba de ver al peliazul, pero ya por otras razones de por medio. Aun así, volvió a verlo.

—Tsk, cállate, Bakagami. Déjalo ya —gruñó Aomine e hizo una mueca.

El pelirrojo iba a decir algo más, pero fue interrumpido por Takao.

—Kagami, Aomine, ¿han visto a Shin-chan?

Los dos chicos ya sabían el modo que tenía el pelinegro para referirse al peliverde, pero el que respondió fue el primero.

—Ah, creo que estaba con una chica, pero no vi a donde fue —recordó Kagami con cierta incertidumbre.

—…Gracias, Kagami —la voz de Takao cambió ligeramente, pese a que sonrió.

Aomine pudo ver la molestia en la expresión del pelinegro, tal vez debió ser él quien respondiera.

En efecto, gracias a su aguda vista, Takao encontró pronto al peliverde que estaba cómodamente en el balcón del departamento platicando con una chica bastante guapa, de cabello naranja rojizo y ojos color miel, era alguien realmente atractiva, además de alta, pero no tanto como Midorima.

Pero desde el punto de vista del pelinegro, eso se veía como cualquier simple plática de amigos, pero hasta donde sabía, Shintaro no conocía nadie de la fiesta, aparte de sus amigos que el mismo Takao ya conocía. Y lo que más le llamó la atención, fue que el peliverde parecía hablar fluidamente con aquella mujer, cosa que hizo que los celos despertaran en el corazón de Kazunari, queriendo ir y dejar en claro que él era su Shin-chan y nadie podía estar de manera tan cercana con él, porque puede que Takao no pareciera ser intimidante con esa actitud suya bromista y risueña, pero como buen escorpio que es, también era alguien posesivo. Demasiado.
Aun así, logró controlar un poco ese impulso, porque sabía bien no tenía por qué hacerlo, solo eran amigos, ¿no? Y si lo logró, fue porque antes, desde que supo que estaba enamorado de Midorima, no se contuvo, ya que como él era bastante expresivo, se notaba, al menos para los amigos del peliverde y algún otro compañero que les prestaba atención en clase. No necesitaba declararse, Takao seguía fiel a su manera de ser, solo que ahora era más atento y no dejaba solo a Midorima, para agrado de este último, porque tampoco nunca le impidió eso.
El problema ahora sería, ¿cuánto aguantaría?, porque las cosas siempre se saben, tarde o temprano y el amar a alguien no era algo que se pudiera ocultar. Aunque Shintaro fuera un tsundere, tarde o temprano también lo sabría, así que Takao debía empezar a pensar qué hacer para no perderlo.

Empuñó sus manos cuando vio como aquella chica le acarició el cabello al peliverde y rió, ¿por qué Shin-chan no la detuvo? ¿Acaso le gustaba? ¿No era qué no le gustaba estar rodeado de gente molesta?, porque esa chica lo era. Al menos para el ojiazul.

Takao siguió viendo a esos dos, con los celos presentes, con la molestia delatadora en su mirada, solo que Midorima ni cuenta se había dado de que estaba siendo observado por el primero y aunque lo hubiera hecho, tampoco le hubiera importado. Él era el más alejado sobre sus verdaderos sentimientos, debido a lo reservado que era o porque esperaba que fuera algo pasajero.
Sin embargo, cuando la misma chica se inclinó para dejarle un beso en la mejilla, Takao ya no pudo más al ver esa escena, ¡¿qué es lo que pretendía Shin-chan la dejarse tocar así?! ¿Por qué no se apartó? ¿Acaso esa chica le gustó?
Pero antes de que Takao pensara en qué hacer, ya se encontraba abriendo la ventana para salir al balcón.

— ¡Hey, Shin-chan! —exclamó con una sonrisa, como si no se estuviera muriendo de los celos y pasó su brazo por los hombros ajenos para hacer que el peliverde se agachara a su altura— Oh, ¿y quién es tu amiga? —preguntó, evaluando con la mirada a la impresionada chica.

—Es molesto, ¿qué estás haciendo aquí, Takao? —inquirió Midorima con el ceño fruncido y viendo ligeramente fastidiado a su amigo por interrumpir una buena oportunidad, aunque no para ligar, era por otras prioridades. Ya que esa chica era alguien que trabajaba de asistente en un hospital.

—Estaba buscándote, porque me dejaste solo, jaja, pero no pensé fueses a estar con una chica —expresó Takao, riéndose como siempre—. Soy Takao Kazunari, amigo de Shin-chan —saludó como si no quisiera tirar a la tipa por el balcón.

—Ah, esto… Mucho gusto, soy Shiroyama Nana —se presentó la muchacha de quizá veintiún años y sonrió al pelinegro—. Oh, ¿te dicen "Shin-chan"? Suena lindo —añadió, viendo al peliverde, riendo—. Tal vez también pueda llamarte así…

—No —Takao respondió con otra sonrisa, pero su tono fue inusualmente diferente a su expresión amistosa e hizo que la chica se quedara callada—, solo yo puedo llamarle así. Ya sabes, cosa de hombres.

—Deja de decir estupideces, Takao —regañó Midorima, zafándose con frialdad del agarre de su amigo. No entendía porque estaba comportándose así, es decir, ya sabía era un idiota bromista y todo, pero esto no parecía una simple broma. Y por eso actuó con frialdad, más de la que debería.

Eso causó que el pelinegro malinterpretara más la situación, pero aun así no dejó su semblante "alegre", pese a que sintió como miles de agujas le perforaran el corazón, causándole un dolor que no había experimentado antes.


Como buena madre, Mika todavía estaba despierta a eso de la una de la madrugada, esperando a que su hijo llegara a casa; para matar el tiempo se puso a hacer todo el aseo del departamento donde vivían y si no estaba cansada, era porque había dado una semana de vacaciones en el restaurante para poder estar con Kagami y poder hablar con él cuando viniera cómodamente.

Si en una hora su hijo no venía, le marcaría para saber cómo estaba, tampoco es como si le estuviera limitando el tiempo, después de todo, confiaba en Taiga y este ya era un adulto, aunque todavía joven si se compara. Pero por alguna razón, se sentía intranquila. No por los amigos de su hijo, no—aunque no negaba que el tal Aomine no le caía bien, quién sabe por qué—, sino algo más, quizá tenía que ver el hecho con que su ex esposo no logró su cometido allá en América con esa tal Alex.

Cuando al fin hubo terminado todo en la casa, Mika se sentó en el sofá. Solo a ella se le ocurría estar haciendo limpieza a estas horas de la madrugada y todavía se volvería a bañar.

El teléfono de su departamento sonó, sorprendiéndola, porque no se esperaba la llamada de nadie.

— ¿Diga? —respondió.

—Soy yo, Yuu.

— ¿Ah? ¿Qué sucede?, ¿no deberías estar viajando ahora mismo para acá? —inquirió Mika, estremeciéndose, porque eso no indicaba nada bueno.

—Retrasé mi vuelo, llegaré el cinco —respondió Yuu en un tono extraño—. Tatsuya despertó.

Esas fueron suficientes palabras para hacer que la madre de Kagami empezara a frustrarse por completo.

— ¡¿Qué estás diciendo, Yuu?! ¡¿Cómo que ese enfermo despertó?! —exclamó Mika, alterada.

—Cálmate, Mika —espetó Yuu con dureza—. Estaba por tomar el vuelo a Japón, cuando en el hospital me informaron que él había despertado y Alexandra estaba con él.

—Pero… ¡tú me dijiste que harías cualquier cosa para que ese chico no despertara! —Mika casi gritó, frunciendo el ceño— ¡¿Qué vamos a hacer si intenta regresar?! ¡No voy a permitir que ese mocoso dañe la vida de mi hijo otra vez!

Yuu suspiró.

— ¡Cálmate ya, mujer! —su tono fue severo, pero sin alterarse— Nunca dije que haría que Tatsuya no despertara, él también es mi hijo, ten en mente eso, Mika.

—No lo es, solo porque te casaste con la madre de ese mocoso, no lo convierte en tu hijo, ¡¿y por eso vas a dejar que vaya tras Taiga otra vez?!

— ¡Te estoy diciendo que te calmes! —repitió Yuu, molestándose más de lo dramática que era su ex mujer— Que lo quiera como a uno, no significa que quiera que vaya tras Taiga otra vez, ¡entiéndelo!

— Yuu, si ese chico intenta algo otra vez… No me importa hacer lo que sea con tal de tenerlo lejos de mi hijo —advirtió Mika con decisión.

—Mira, cuida tu tono, ¿quieres? Es por eso que me quedaré estos dos días, sino es que más para ver como soluciono esto —explicó Yuu.

—Bien. Pero cuando llegues, quiero que me ayudes a quitarle de una vez ese maldito anillo que Taiga siempre carga, Yuu.

—Mika, sí tú no has logrado quitárselo, ¿qué te hace pensar que yo sí? Me parece que te estás olvidando que hace casi dos años de todo, y Taiga en cualquier momento puede recordar…

— ¡No me importa! Yo voy a hacer lo que sea con tal que mi Taiga no vuelva a ver al chico ese, no importa si me termina odiando por eso.

—Mira, Mika, no sabes lo que estás diciendo. Cuida tus palabras — Yuu sonó sabio unos momentos—. Pero por ahora, debo colgar, empezaré a moverme.

—Espero de verdad hagas algo productivo —replicó Mika y colgó.

Tampoco es que dependiera de lo que su ex esposo fuera a hacer, porque ella también era una mujer firme y estricta, por lo que ya se ingeniaría algo para evitar de nuevo aquel suceso que tachaba de abominable e inaceptable, aun sí Taiga la odiara después.

Era lo que una madre debía sacrificar, con tal de ver bien a sus hijos.

O así lo creía Mika, sin imaginar que el sol no se puede tapar con un dedo.


/Sábado 3 de Agosto del 2013/

Los ojos de Kagami se abrieron perezosamente, removiéndose en donde estaba dormido, que según recordaba, era en la sala del departamento de Kise.

Ayer o mejor dicho, hoy en la madruga, cuando todos los demás se fueron, a excepción de Aomine, Momoi, Takao, Midorima, Kuroko y Kagami, sin contar al dueño del lugar, tendieron una gran colcha y como el rubio alegó que la celebración no debía acabar tan pronto—aunque eran las tres de la mañana cuando lo dijo—, dispuso un maratón de película aleatoria entre todas las favoritas de sus amigos, dándole un buen uso a su pantalla plasma y el internet.
Sin embargo, la mayoría cayó dormida a eso de las cinco de la mañana, con la televisión encendida y todo el bullicio de las películas.

Kagami palpó su ropa, buscando su celular para ver la hora, siendo estás las dos y media, pero eso no fue lo que le alertó, si no las quince llamadas perdidas que tenía de su mamá, cosa que no entendía, pues le mandó un mensaje a la hora que habló con ella, diciéndole que se quedaría más tiempo en casa de Kise con sus amigos para ver películas. Solo le avisó, no le estaba pidiendo permiso. Mas ahora con esas llamadas perdidas, se estremeció. Ugh, la que le esperaba, porque nunca dijo que se quedaría a dormir.

Eso no fue lo único que hizo que el pelirrojo se terminara por despertar, sino que cuando intentó moverse para incorporarse, no pudo y como no; sí Aomine lo tenía envuelto en un abrazo bastante fuerte. Por eso, cuando Kagami se dio cuenta de ello, se sonrojó con violencia y casi pataleó para intentar zafarse, ¡Dios mío!, su cuerpo estaba hirviendo de adrenalina con esto, ¿cómo es qué terminaron así? Seguramente fue obra del mismo sueño, no es que hubieran hecho nada más, porque él ni tomó bebidas alcohólicas.

Miró a su alrededor para ver sí ellos eran los únicos así, sin contar a Kise y Kuroko, porque ambos ya eran pareja. Pero no, solo él tuvo "la mala suerte" de amanecer así; Momoi estaba durmiendo a pierna suelta, abrazada a un cojín de algún sillón, Takao estaba dormido sobre las piernas de Midorima, este último estaba dormido decentemente, pero su cabello alborotado.

La cosa empeoró cuando Aomine suspiró y apretó más los brazos a su alrededor.

— ¡Agh, quítate! —gruñó Kagami con fuerza, removiéndose como una lombriz salvaje, pero su cara estaba colorada e intentaba apaciguar su acelerado pecho.

— ¡Con un demonio, Kagami, déjame dormir! —exclamó Aomine todavía con los ojos cerrados, no queriendo despertarse por completo, aunque fue capaz de fruncir el ceño, como si no notara que a quien abrazaba era al pelirrojo.

— ¡Pues suéltame, idiota! —gritó Kagami otra vez, al fin liberándose de los brazos ajenos cuando dijo eso.

Sin embargo, con esos gritos, no se dio cuenta que despertó a todos, quiénes los veían como si estuvieran haciendo otra cosa.

Aomine, por su parte, gruñía mientras terminaba de despertarse.

— ¿Qué?

—Veo que dormiste bien, Aominecchi —comentó Kise, coquetamente por la situación en que los vio; él tenía abrazado a su peliceleste.

—Sí, pero este Bakagami que no se callaba.

— ¡Porque me estabas asfixiando con tu abrazo, Ahomine! —se defendió Kagami, ya libre del rubor en su cara.

—Quería una almohada y tú eras lo único cómodo aquí —replicó Aomine como si fuera obvio, todo tranquilo, hasta que se dio cuenta de sus palabras, aunque tampoco es que se inmutara luego. Pero si disfrutó ver como el rostro del pelirrojo se sonrojó tenuemente.

—Imbécil —bufó Kagami y se incorporó aparentemente molesto. ¿Esto era alguno de los juegos del peliazul? ¿Estaban regresando a lo mismo?

—Te equivocas, Kagami-kun —habló Kuroko, quien tenía el cabello todo parado y alborotado, como si fuera capaz de leerle la mente a su amigo—. No pienses de más.

Todos le miraron sin comprender la situación, pero tampoco les importó tanto, pues todavía estaban medio adormilados. Lo único que hizo Kagami fue suspirar en silencio y asintió.

— ¡Mi hermana me matara, cielos! —exclamó Takao, ya despierto, pero todavía acostado en el regazo del peliverde— No pude avisarle que no llegaría a casa.

—Primero deberías quitarte de encima, no soy una almohada —recordó Midorima con un tono fulminante, haciendo a un lado el pelinegro, que se mostró reacio a moverse de ahí, causando que frunciera el ceño—. ¡Quítate de encima ya, Takao idiota!

—Aww, pero que impregnado de amor está la mañana, ¿verdad, chicos? —comentó Kise con tono angelical.

Eso causó que Aomine y Midorima le tiraran un cojín en la cara, haciéndolo caer, cuando ya estaba sentado.

— ¡Kurokocchi, diles que dejen de ser tan malos! —exclamó Kise, refugiándose en su novio, abrazándolo. Pero la verdad es que ni le dolió, solo estaba sobreactuando, para propia diversión y porque le gustaba tener siempre la atención del peliceleste. Añadido que también era algo diva.

—Kise-kun, tú fuiste quién dijo esos comentarios fuera de lugar —dijo Kuroko, todo calmadito y serio.

—Es cierto, Ki-chan —secundó Momoi, tallándose los ojos.

—Maah, ¿por qué son tan malos conmigo todos? —dramatizó Kise, lloriqueando fingidamente.

—De hecho, Kise, ya son más de las dos de la tarde —dijo ahora Kagami, tecleando algo en su celular.

— ¡¿Eh?! ¡Es tan tarde ya! —exclamó Momoi— Es hora de almuerzo, ¿quieren que les cocine algo? —ofreció con amabilidad.

Nadie dijo nada, todos ya sabían lo mala que era la pelirosa para la cocina.

—Kagami, aliméntame —habló Aomine, demandante, pero no como una orden tal.

— ¡Oh, cierto, Kagamicchi cocina delicioso! —a Kise le brillaron los ojos— Puedes usar mi cocina como gustes, pero prepara algo rico que me muero de hambre —suplicó con los ojos de borrego.

El nombrado chico suspiró.

—Muy bien, déjenmelo a mí, pero necesito usar el baño primero.

Momoi suspiró resignada, por su manera de hacer caso omiso a su ofrecimiento, con un aura deprimente.

—No lo tomes personal, Momoi-san, todos agradecen tu buen corazón —animó Kuroko, palmeándole la cabeza con suavidad.

En lo que Kagami fue a lavarse los dientes con el cepillo extra que Kise le dio a él, así como a todos, los demás se pusieron a acomodar todo el tiradero de la fiesta, luego de higienizarse los dientes también.

Salieron como diez bolsas grandes de basura que no supieron de donde se generaron si tampoco eran demasiados en sí, pues el rubio pensaba no sería tanta, considerando que lo que dio eran solo platos y vasos desechables, pero en fin, así eran las fiestas.
Luego les ofreció agua a todos, en lo que el pelirrojo terminaba de cocinar.

— ¿Cuánto tiempo debemos esperar, Kagamicchi? —preguntó Kise.

—Media hora más —contestó Kagami.

Todos suspiraron, a excepción de Midorima y Kuroko.

Aunque tampoco es que Aomine se quejara, pues podía ver desde donde estaba sentado los movimientos del pelirrojo, quien estaba con un delantal blanco y se veía muy concentrado y contento cocinando. Esa vista le hizo sonreír orgulloso, la verdad es que sí tenía buen ojo para terminar fijándose en ese pelirrojo.

—Kagami-kun no se irá a ningún lado, Aomine-kun —dijo Kuroko con serenidad.

— ¡Agh! Tetsu, ¿desde hace cuánto tiempo estás ahí?

—Desde que empezaste a ver a Kagami-kun.

El moreno suspiró y no respondió nada, con el peliceleste había que tener cuidado de las palabras, porque no era nada, nada tonto.

—Moo, ¡Kagamicchi, ya pasó media hora!

—Ya casi está, Kise. Mejor cállate y ayuda a poner los platos y demás cosas —amonestó Kagami.

El rubio corrió como estrella fugaz para hacerlo, mientras que los demás ya empezaban a tomar sus lugares en la mesa; Takao al lado de Midorima, Momoi a su lado, Aomine al lado de su amiga pelirosa, Kuroko se salteó un lugar para dejarle el espacio ahí a Kagami y se sentó, a su lado se sentaría Kise.
La mesa era circular.

—Listo, Kagamicchi —anunció Kise con alegría, quedándose cerca del pelirrojo, viendo como este empezaba a servir el curry.

—Gracias, Kise.

El ojimiel se quedó mirando con atención a su amigo pelirrojo, bastante hambriento la verdad y ahí se dio cuenta del inusual collar ajeno. Ese anillo se veía bastante costoso y no parecía un simple anillo cualquiera, era del tipo conyugal o eso pensó, pues ya había modelado con varios antes, por eso lo conocía.

—Kagamicchi, ¿dónde compraste tu cadena? —preguntó Kise, con incertidumbre.

El pelirrojo ocultó la ligera tensión de su cuerpo, no iba a decirles la verdad porque no quería que le llovieran montones de preguntas. Sería incómodo, así que inventó lo primero que se le ocurrió.

—Mi madre me lo regaló hace tiempo.

El tono con que habló, llamó la atención de Kuroko y agudizó su oído, mientras que Aomine le miró de reojo.

— ¿En serio? —Kise no estaba conforme.

— ¿Por qué? —Kagami no le miraba y seguía concentrado en servir la comida.

—Porque tú anillo dice algo bastante raro de comprender, porque son abreviaturas inglesas —Kise sujetó el anillo con delicadeza, dejándolo a vista del ojorijo y a la propia—. Esta frase, sabes qué dice, ¿no?

Kagami frunció el ceño.

—Me cuesta leer el inglés, ya lo sabes, y siendo abreviaturas…

Ryota supo que no mentía.

—Kagamicchi, aquí en una parte de tu anillo dice "siempre…"

—Kise-kun, deberías dejar que Kagami-kun termine de servir la comida —sugirió Kuroko.

— ¡Oh, cierto! Lo siento, Kagamicchi, espero no se enfríe la comida por eso —se disculpó Kise, entendiendo al vuelo del porque la interrupción de su novio.

—Ya, no pasa nada. Ahora deja de revolotear a mi alrededor —refunfuñó Kagami, quién por alguna razón, tenía el corazón acelerado.

Estaba tan cerca de saber lo que su anillo decía. Pero si tuvo un momento de duda, esta se esfumó cuando de refilón, su mirada se topó con la de Aomine, haciéndolo desconcentrar, por lo que luego tuvo que sacudir la cabeza y acomodar sus pensamientos para seguir sirviendo la comida.

"Eternamente tuyo, siempre amándote".

Esas palabras llegaron a su mente de golpe y Kagami jadeó, porque un agudo dolor apareció en su cabeza. Él no las pensó, para nada, fue como si resurgieran de su mente con una voz diferente a la suya, como cuando acaba de florecer una rosa.

—Hey, Kagami, ¿por qué te tardas tanto? —exigió Aomine, mirándolo con el ceño fruncido y fijamente.

Aunque notó como el pelirrojo se tensó, no supo el por qué, pero por alguna razón, tuvo un mal presentimiento.


Y como pudieron notar, Midorima y Takao también tienen su protagonismo aquí también, ¿qué se imaginan de ellos? Asdasdassads, yo realmente amo a esos dos, así que era imposible que no los pusiera aquí y sin ser canon xD.

La cosa de Kagami con su anillo se pone buena, ¿verdad? Y sé qué más de alguna/o espera con impaciencia el desenlace de todo eso, pero pues…. Paciencia xD.

¿Qué les pareció el capítulo? ¡Me encantaría que me dejaran sus comentarios respecto a eso!

Los amo y nos vemos x3