ASdalsdjkasldasl, primero que nada, pido una disculpa por no haber actualizado ayer, puesto vine súper cansada de la Universidad y a penas podía con mi alma :'v. Pero bueno, como no les quedo mal con la actualización, aquí vengo a dejarles un capítulo más :3.

¡Gracias por sus comentarios, pequeños saltamontes! Es un gusto para mí saber sus opiniones y poder responderlas, aunque quizá para los comentarios anónimos no pueda darles contestación, igualmente siempre los leo ;u;

Huehuehue, bueno, aquí está el capítulo. Y disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.


/Domingo 4 de Agosto del 2013/

— ¿Cómo está evolucionando mi hijo, doctor? —preguntó Alex, estando en la habitación del chico con el doctor presente y varias enfermeras acomodando los aparatos.

Desde el día viernes que Tatsuya despertó, estuvo sujeto a muchos análisis así como le fueron ayudando a que empezara a recuperar el control de su cuerpo y a hablar, pues estando en el coma por casi dos años no hacía fácil sus movimientos. Se sentía como si acabara de nacer y estuviera aprendiendo a caminar y hablar otra vez. Pero gracias a qué fue tratado perfectamente por el doctor y las enfermeras, el chico estaba mostrando mejoría.

—Hasta ahora bien. Su memoria está intacta y sus reflejos corporales van siendo más rápidos; si sigue así, pronto será dado de alta —respondió el doctor con esperanza, viendo a su paciente.

—Es un alivio —Alex suspiró y sonrió, acercándose al muchacho para sujetarle la mano.

—Por ahora, debemos dejar que Tatsuya siga descansando —aconsejó el doctor.

—Sí, doctor, pero yo estaré pendiente de él —repuso Alex.

—En ese caso, con permiso. Cualquier cosa, ya saben cómo avisar —recordó el doctor con una pequeña sonrisa y salió de la habitación, seguido de las enfermeras.

— ¿Cómo te sientes ahora, Tatsuya? —preguntó Alex, acariciando el cabello negro y lacio del chico.

—Supongo que mejor, ya puedo hablar bien —respondió Tatsuya inexpresivo. A él le importaba poco como se sentía, él quería saber sobre alguien más—. Mamá… ¿qué pasó con Taiga? —esta vez, su rostro reflejó una profunda desesperación.

Y a la rubia se le encogió el corazón de ver a su hijo sufrir así, pero no le iba a mentir.

—Taiga está vivo —fue lo primero que Alex dijo para lograr que el pelinegro se calmara y lo logró, pero aun así se notaba ansioso—. Yo…, solo sé que luego de una semana de que todo pasara, fue trasladado a otro país para ser tratado, porque su estado era más grave que el tuyo —explicó con un nudo en la garganta.

Tatsuya apretó los labios y sintió un horrible hueco en su pecho, así que se sujetó el anillo que colgaba de su cadena con fuerza.

— ¡¿Por qué se lo llevaron tan lejos?! —aunque no subió su tono al hablar, se notaba la ansiedad y el dolor en su voz— Necesito verlo, necesito saber cómo está…

El monitor que escaneaba los latidos de su corazón aceleró y Alex acarició el cabello del chico.

—Cálmate, Tatsuya. No he podido averiguar nada desde que se lo llevaron porque Yuu escondió bien esa información —aclaró—. Pero te prometo, que voy a averiguar todo.

—Maldición, sí esa vez tan solo le hubiera hecho caso… —Tatsuya se tapó los ojos.

No había palabra que describiera el dolor que sentía en esos momentos, sentía que una parte de él le faltaba si no estaba Taiga a su lado. Se sentía incompleto, porque él era como su sol, él lo era todo en su vida.

Y por ese mismo amor que le profesaba, y ahora que había despertado, no se iba a detener y lo encontraría. Lo encontraría, porque una relación como la suya, no se iba a quedar incompleta de ninguna manera.

Porque Tatsuya era solamente de él, del mismo modo que Taiga lo era para él.


—Al fin has vuelto, he, bastardo —saludó la voz de un chico bastante alto, de cabello negro que estaba bien recogido con varias trenzas pegadas a su cabeza, que parecía como si fueran rastras—. ¿Tienes toda la información que necesito?

—Uh, así es, Haizaki —el otro muchacho, era alguien con el cabello un poco largo, negro y lacio, con unas cejas pobladas y todo su ser desprendía mala vista—. Ahí, están los nombres completos de los idiotas esos, a qué se dedican ahora y sus relaciones con las demás personas —explicó, mientras le lanzó el sobre a su amigo.

Haizaki lo recibió mientras se lamió el dedo pulgar y sonrió malicioso.

—Veamos, esto está interesante… ¿Con quién empezaré? —enarcó una ceja, mientras pasaba hoja tras hoja— Aquí hay dos personas que no conozco, parece bueno empezar con ellos, después de todo, Shintaro y Daiki fueron los principales culpables de todo —su voz se cargó de un tono bastante cruel.

—Heh, sí es así, mis planes son los siguientes para ti.


/Lunes 5 de Agosto del 2013/

Desde el día sábado, en que Kise había mencionado el tema del anillo, no había dejado de verlo a cada rato, leyendo esa misma frase en inglés, como si con eso pudiera hacer a su mente recordar todo lo que le faltaba saber.

¿Era una simple coincidencia todo esto? ¿Cuál era el verdadero origen de su anillo? Porque era más que obvio lo especial que era para su persona, recordara o no, su cuerpo le hacía saber que era así.
Además, desde aquel día, no había dejado de sentir una ligera presión en su pecho, trayéndole otra vez la misma sensación de que debería estar en otro lugar, con otra persona, haciendo otra cosa; esa que le indicaba que estaba incompleto.
Pero que había desaparecido o mejor dicho, dejado atrás, por sus sentimientos hacía Aomine, ¿por qué ahora otra vez estaba de regreso, sí hacía tanto tiempo había desaparecido?

Kagami se sentía frustrado e impaciente, quería saber todo, quería saberlo y no sabía qué hacer.

Tenía un sabor agridulce en su lengua. Quizá le estaba dando demasiadas vueltas al asunto, quizá después de todo el que tuviera ese anillo era una coincidencia…
Le inquietaba más el hecho, gracias a la frase que el anillo tenía grabado, confundiéndole. ¿Acaso antes había querido a otra persona?, pero no lo creía, porque de ser así, sus padres se lo hubieran dicho, no los creía capaces de ocultarse algo como eso. Para nada, porque ellos siempre le apoyaron desde que salió del hospital, contándole cosas de su vida para que recordara poco a poco.
Sin embargo, eso no quitaba el hecho de que algo le escondían, sobre todo su madre, su intuición le decía eso, mas seguramente no era algo tan grave, ¿o sí?

Se estaba quebrando la mente, cuando su celular sonó, notificándole la llegada de un WhatsApp.

"Kagami, te espero en la cancha de siempre para jugar en media hora".

Aomine dejó clara su orden y el pelirrojo bufó. Odiaba que le mandaran cosas, pero esta vez no replicaría nada, porque de verdad necesitaba distraerse, no obstante, llegaría media hora tarde, como venganza de la orden. Pero de todos modos, iba a empezar a vestirse ya, recordando el regalo que recibió por parte del peliazul.
Vio el par tenis y sonrió, sintiendo como ahora toda esa confusión parecía desaparecer y si bien no era tranquilidad lo que sentía en pensar en Aomine, las sensaciones eran realmente potentes como para hacer desaparecer todo lo demás.


El calor del baño les envolvió completamente sus cuerpos cuando ingresaron, para meterse poco a poco a la bañera y disfrutar de la comodidad de higienizarse con la persona que se ama.

Kise se acomodó primero y le siguió Kuroko, acomodándose en el regazo de su novio, mientras movía un patito de hule; el rubio empezó a acariciarle su cuerpo con devoción, dejando beso tras beso en los omoplatos ajenos, mordiendo ligeramente, con cariño sin intención de dejar marca.
Al menos, no todavía. Y el peliceleste se dejaba hacer, gustoso, suspirando ligeramente, acariciando las piernas de su novio con suavidad.
Ambas pieles eran tersas y suaves.

—Kise-kun, he estado pensando algo desde el sábado —dijo Kuroko con su habitual serenidad.

—Me imagino. ¿Tiene que ver con el anillo de Kagamicchi? —preguntó Kise, mirando a su novio, estrechándolo.

—Sí. ¿Podrías decirme lo que leíste en ese anillo? —pidió Kuroko, alzando la mirada al rubio.

Ryota suspiró y asintió.

—Una parte decía "siempre amándote", pero la primera frase no logré comprender muy bien. Por eso, no creo que eso haya sido un regalo de la madre de Kagamicchi.

—Pero no creo que Kagami-kun nos esté mintiendo. O al menos, no adrede.

— ¿Por qué lo dices, Kurokocchi? —Kise recargó su brazo en la orilla de la bañera, lo flexionó y acomodó su rostro sobre la palma su mano, viendo con interés al otro chico, dudoso.

—Siento que Kagami-kun nos está ocultando algo, siempre lo he sentido desde que lo conocí, pero pensaba que eran imaginaciones mías —explicó Kuroko con el ceño ligeramente fruncido.

—Tal vez deberíamos preguntarle —aventuró Kise.

—No, no creo que sea conveniente, Kagami-kun debe quedar un poco expuesto hacía nosotros para que nos lo cuente —intuyó Kuroko, regresando a su inexpresión.

—Moo, esto es tan confuso —suspiró Kise.

—Debemos ser pacientes, así que no le digas nada a Aomine-kun —repuso Kuroko y se sumergió más en el agua de la bañera.


/Martes 13 de Agosto del 2013/

Había pasado más de una semana y Takao estaba inconforme y desconfiado por completo.
No había visto a su amigo peliverde desde el sábado que estuvieron en casa de Kise, pero no porque este se hubiera ido a algún lado, no. Porque de hecho le contestaba los WhatsApp que le mandaba casi todos los días para preguntarle si quería salir a algún lugar a jugar o algo similar, conociendo los gustos de Shintaro, el problema era que este ponía cualquier pretexto.
Porque sí eran solo excusas, Kazunari conocía muy bien al peliverde, no por nada eran mejores amigos y estaba enamorado de él.
Por eso es que estaba tan inquieto, ¿por qué Shin-chan lo estaba evitando así? ¿Qué había hecho mal? Pues que recordara el sábado no hizo nada malo, solo lo de siempre.

Sinceramente, extrañaba demasiado ver al ojiverde, lo extrañaba mucho. Se sentía inquieto si no lo veía, tampoco es como si dependiera de él como tal, pero era la persona de la que estaba enamorado y obviamente sus días se alegraban y centraban en él, ¿cómo no extrañarlo?, había acostumbrado parte de su vida diaria con Midorima.

—Kazu-chan, te ves tan apagado hoy, ¿qué pasa? —le cuestionó Kotomi, quien se asomaba al cuarto de su hermano menor, pues tenía la puerta abierta.

—Es solo qué… hm, estoy cansado —mintió Takao. No es que no confiara precisamente en su hermana, pero decirle que era porque estaba enamorado de un chico no era tan fácil o al menos, eso pensaba ya que no había tenido la oportunidad de hablar con ella.

—Dime la verdad, Kazu-chan —amonestó Kotomi con suavidad—. ¿Es por Midorima-kun?

El pelinegro le miró con los ojos como platos, a lo que ella sonrió divertida.

—Eres bastante obvio, hermanito —canturreó—. Pero bueno, ¿qué pasa con él?

Takao parpadeó ligeramente y se rascó la nuca, mientras se sentaba en su cama.

—Siento que me está evitando y no sé por qué.

—Uh, ¿por qué crees eso? —Kotomi enarcó una ceja y se acercó hasta sentarse al lado del ojiazul.

—Siempre pone pretextos para no salir conmigo las veces que le he dicho —Takao frunció el ceño.

La chica suspiró.

—Bueno, ¿y has ido a verlo a su casa? Eres espontaneo como para depender siempre de lo que te diga Midorima-kun.

Takao miró a su hermana, pues eso que decía era cierto. Normalmente antes hubiera llegado de improvisto a casa del peliverde, ¿o es que ahora se detenía por sus sentimientos? ¿Qué tenían qué ver? Quizá porque no quería hacer enojar al peliverde.

—Ah, ¡tienes razón! Entonces, iré a verlo —rió Takao con emoción—. Gracias, Kotomi.

Dicho esto, el pelinegro le dio un fugaz abrazo a la muchacha y salió disparado de su cuarto llevando su celular y billetera, donde también guardaba las fotos de aquella primera vez que tuvo una casi cita.

Conocía muy bien el camino para llegar a la casa del peliverde, estaba a media hora de su casa si se iba corriendo. Y como tenía buena condición física, así lo hizo, porque este día Shin-chan no se escaparía de estar con él.
No se preocupaba porque estaba seguro el peliverde no malentendería la escena, estaba seguro de que Midorima no se podría dar cuenta que aquello lo hacía no solo como amigo, porque aunque este estuviera con él, no mostraba ningún interés en ese tipo de cosas. Además, eran dos hombres, ¿no? Sería ilógico pensarlo, por eso Takao estaba a salvo. Y como en un principio pensó, no le molestaba tener que esconder sus sentimientos, al menos a palabras, porque sus acciones eran un poco delatadoras, mas solo para los ojos externos, porque para el peliverde seguía siendo lo mismo; él no se fijaba en esos pequeños detalles, porque él no sentía lo mismo por el ojiazul.
Eso pensaba Kazunari y sintió cierto dolor en su pecho, pero lo ignoró. No por eso se iba a desanimar o tomar alguna decisión precipitada como llegar y decir "estoy enamorado de ti, Shin-chan, mírame", aunque si este no fuera como era, probablemente lo haría.

Pero Takao todavía no conocía el desespero y sufrimiento de amar a alguien en estas circunstancias, porque hasta ahora lo único que le bajaba un poco los ánimos, era el hecho de saber que Midorima no le correspondía, pero veía que a él no le gustaba nadie, ninguna persona más estaba alrededor del peliverde que pudiera considerar una competencia. No había nadie más que Midorima mirara con otros ojos.
Eso le daba tranquilidad.

Cuando llegó a casa de su amigo, tocó energéticamente el timbre con una sonrisa. Pero cuando la puerta se abrió, no era quien esperaba.

— ¡Oh! Takao-san —era la hermana menor del peliverde, Ayumi—. Supongo que vienes a ver a mi hermano, ¿no? —sonrió con amabilidad.

—Ayumi-chan —saludó Takao con una sonrisa animada, se llevaba bien con la menor—. Y sí, es por eso que vine.

—Lo siento, Takao-san, pero él no está aquí —Ayumi suspiró—. Ha estado saliendo mucho esta semana.

Eso desconcertó al pelinegro, ¿Shin-chan estaba saliendo esta semana? Pero si este le había dicho que se quedaba a estudiar o algo similar, dando a entender que no salía de casa.

—Es que no lo había visto —Takao se encogió de hombros—. Pero entonces, volveré otro día —sonrió forzadamente.

—Le diré que viniste, no te preocupes —prometió Ayumi y sonrió, despidiendo al chico con una mano.

—Bien, gracias, Ayumi-chan. ¡Nos vemos! —se despidió Takao de igual manera y se dio la vuelta.

La cabeza del ojiazul era un caos ahora que había hablado con la hermanita de su amigo, no le cabía en su mente, ¿acaso Shin-chan estaba saliendo con alguien más? Siendo así, ¿por qué ni siquiera se lo dijo?

Esto estaba mal, Midorima lo estaba ignorando por alguien más, ¿no?
Takao suspiró, necesitaba relajarse un poco, necesitaba evitar que ese dolor punzante creciera en su interior o algo se quebraría en su amistad con el ojiverde.
Por eso, decidió ir al centro comercial, a ver que encontraba de bueno y así lo hizo, sin embargo, tan pronto puso un pie ahí, se arrepintió de haber ido cuando sus ojos tan ágiles, vieron algo que no prefería ver.

Ahí estaba Shintarou, sí, pero no estaba solo. Estaba con esa tal Nana, caminando mientras la chica comía un jodido helado.

¿Con qué me ha ignorado todo este tiempo para estar con ese chica?, pensó Takao con desilusión, pero también molestia, ¿por qué Shin-chan no fue capaz de decírselo?, ya sabía que su amigo era un tsundere de primera que no le gustaba hablar de ese tipo de cosas, pero, ¿qué no eran amigos y se tenían confianza? ¿O solo Takao lo sentía así?
De pronto, se sintió idiota, ahí, parado viendo a los otros dos. Lo peor de todo, es que ni derecho tenía de ir y reclamar algo, porque su amistad no dictaba el ser posesivos.

Midorima estaba serio, pero se veía claramente como platicaba con la muchacha de cabellos anaranjados, quien reía con ganas y sin pena alguna, le tomó del brazo, haciendo que el primero frunciera el ceño, pero no se lo impidió.

Takao sentía que se volvería loco de los celos al ver esa escena y empuñó sus manos, no debía hacer algo impulsivo, tal vez lo mejor sería irse y dejar a esos dos solos, ¿no?
Pero masoquistamente, lo que hizo fue seguirlos hasta lo que fue el parque, donde estos se sentaron y el ojiazul permaneció atrás de unos árboles de sakura. Lo mejor es que se fuera de ahí o terminaría más lastimado, más dolido, pero no, ahí estaba. Quería saber de qué hablaban, ¿acaso a Midorima le gustaba esa tipa? Parecía que así era, porque no hacía mucho para impedir los acercamientos que ella tenía.
Justo cuando vio como la chica llamada Nana se levantó para ir a quién sabe dónde, decidió irse como si nada.

— ¿Takao? —esa fue la voz de Midorima, que se había incorporado para ir a la tienda detrás del parque y por eso fue inevitable que no viera al pelinegro— ¿Qué estás haciendo aquí? —al preguntar eso, sonó ligeramente molesto.

Y eso no pasó desapercibido para Takao, quien sonrió como si nada, poniendo sus brazos tras su cabeza.

—Solo pasaba por aquí, Shin-chan.

Pero Midorima no se tragó eso, porque él también conocía a su amigo, fuera tsundere o no, él siempre se fijaba en el ojiazul cuando este parecía no darse cuenta.

— ¿Me estabas siguiendo, no es así? ¿Por qué demonios lo hacías?

—Déjalo, Shin-chan. Yo solo quería saber el motivo del porque me estabas evitando todo este tiempo, ¿no crees que era justo que me dijeras la verdad? —Takao frunció el ceño y le miró. Sabía que no debía reclamarle, lo sabía, pero sus sentimientos estaban traicionando su razón.

Estaba llegando al límite y sus celos no ayudaban tampoco.

— ¿Eres idiota o qué? No tengo porque darte explicaciones de lo que hago con mi vida —expresó Midorima con seriedad, sin inmutarse por la mirada de su amigo.

El pelinegro apretó los labios.

—Pero soy tu amigo, Shin-chan, tengo derecho a saberlo porque se supone nos tenemos confianza —repuso Takao, tratando de no molestarse más. Las palabras del peliverde le dolieron bastante.

—Nunca te dije que eso conllevaba nuestra amistad —Midorima se ajustó los lentes. Todavía no tenía su amuleto, lo que era muy probable que iría a comprar todavía.

— ¡Deja de ser tan frío, Shin-chan! —exclamó Takao y le miró— ¡Por lo menos pudiste decirme algo como "voy a salir con alguien más", no mentirme ni ignorarme, ¿tienes idea de lo preocupado que estaba por ti?!

— ¡No tengo la necesidad de eso! ¿Desde cuándo te dije que eras mi cuidador? No eres mi madre, Takao —espetó Midorima con el ceño fruncido—. Yo puedo hacer lo que quiera sin darte explicaciones.

— ¡Pero tú preferiste irte toda la jodida semana con esa chica! ¡Si tanto te gusta ella por lo menos pudiste decirme, así no me preocupaba por ti! —dijo Takao nuevamente.

La mirada del peliverde expresó incertidumbre por eso.

— ¿Pero qué demonios estás diciendo, idiota? No sabes ni lo que dices, eso no…

—Me queda claro, porque lo estoy viendo. Toda esta semana has salido con ella, ¿no es así?

Las palabras de Takao estaban cambiando de rumbo, pero ahora no podía detenerse al hablar.

Y la paciencia de Midorima se estaba yendo a la mierda con una discusión que era tan absurda para él, es decir, ¿qué acaso Takao no podía ver que no tenía ojos para nadie más que no fuera él? ¿O el hecho de que sus salidas con Nana eran por un motivo completamente al que el pelinegro suponía?

—Takao, lo que dices no tiene ningún maldito sentido.

—No, Shin-chan, no es justo que no me dijeras…

— ¡Ya está bien! —exclamó Midorima— Lo que no es justo es que sigas fastidiándome como siempre lo haces, ¿cómo le haces para irritarme tanto? —inquirió con ferocidad, pero no es como si de verdad quisiera decirlo o esas palabras fueran completamente ciertas, simplemente su paciencia había desaparecido y al pelinegro se necesitaba hablarle con dureza para que entendiera. O eso creía.

Sin embargo, para Takao, esas palabras tuvieron un significado completamente diferente. Algo en su interior se quebró y sintió un nudo en la garganta.

—… ¿Soy un fastidio para ti, eh?

Cuando Midorima notó la tristeza expresada en el rostro del pelinegro, se arrepintió completamente de sus palabras, dándose cuenta del daño que causaron.

—Claro, ahora ya no tienes por qué soportarme, ya estás bien acompañado —volvió a decir Takao, mientras enfocaba su visión detrás del peliverde, viendo como la chica esa regresaba.

El peliverde suspiró.

—Takao, deja de…

—Está bien, no te volveré a molestar. Ya me queda claro que yo no te importo como tú a mí —Takao se quedó serio y se dio la vuelta, sin ver a la cara al más alto—. Adiós, Midorima —finalizó con frialdad.

Esas palabras se colaron en el corazón del peliverde, que sintió un frío recorrer su cuerpo, porque el pelinegro nunca, nunca le llamó por su apellido luego de haberse vuelto mejores amigos.
Pero era demasiado orgulloso como para detenerlo, solo vio como la espalda del pelinegro se alejaba hasta desaparecer de su vista.

¿Por qué esta pelea le dolía así? ¿Por qué de repente perdió las ganas de seguir aquí en compañía con esa chica? Con una chica que era asistente del hospital y con quién estaba saliendo simplemente para poder empezar a apartar su lugar para sus prácticas profesionales en un futuro, que aunque faltaban varios años, debía comenzar a ver por algún lugar, porque la competencia era enorme y el peliverde era alguien demasiado precavido.

Eso era lo de menos ahora. Se sintió perdido, no sabía qué demonios le sucedía a su cuerpo ahora, ¿qué es lo que Takao le estaba haciendo para sentirse así de mal?

No tenía sentido, para nada tenía sentido.

Sin embargo, no podía quitarse de su mente la mirada tan cargada de tristeza que el pelinegro le dedicó y que duró solo unos segundos, como si no hubiese estado así, pero aun así fue capaz de captar por mera suerte.

Porque Shintarou en ningún momento quiso herirlo, no, no, no. Si no le había dicho nada antes, era para que no pensara mal, porque intuía que Takao le molestaría con sus típicas bromas si le decía que saldría con una chica y por más que le dijera que sería para fines estudiantiles, el otro le molestaría hasta el cansancio.
Pero tal parece que todo tuvo el efecto contrario. Porque el pelinegro no lo molestó, al contrario, este se molestó.

Mas, a Midorima le taladraban las últimas palabras que Kazunari dijo, ese "ya me queda claro que yo no te importo como tú a mí", no era cierto. No era verdad, pero no era algo que pudiera decir en palabras tan abiertamente. Decir algo como eso no era fácil para el peliverde, era demasiado comprometedor.

Ni siquiera entendía más que nada el porqué de la actitud de Takao, ¿por qué se mostró tan dolido? Fuera lo que fuera, el peliverde supo que lo había lastimado de verdad.

Eres un idiota, se dijo a sí mismo.

Aunque no hizo nada más para enmendarlo. No todavía.


Cuando Kazunari llegó a su casa, no dijo ni pio pese a que su hermana le llamó, encerrándose en su cuarto.

Su cabello le cubría el rostro, para evitar que sus ojos cristalizados se vieran, pero no iba a llorar, para nada lo haría, ¿por qué derramar una lágrima por alguien que cree eres un fastidio en su vida?
No valía la pena hacerlo. No por Shintaro.

Pero eso no quitaba que su corazón le doliera de tal modo que prefería arrancárselo del bendito pecho.

Ya sé, ya sabía que yo no soy tan importante para… Midorima… como él lo es para mí, ya lo sabía…, pensó Takao, apretando los labios, luchando para que sus ojos no derramaran ninguna lágrima. Su garganta le picaba, no encontraba su voz, no podía ni hablar. Sentía engarrotados sus músculos de tanto que corrió desde el centro comercial hasta su casa bajo el sol del verano.
Estaba exhausto y desganado.

Sus labios que siempre mostraban una hermosa sonrisa, ahora tenían una mueca crispada de tristeza que no desaparecía por más que el pelinegro intentara pensar en otra cosa para alejar esos sentimientos negativos tan impropios de él.

Quizá esto no le afectara de esta manera tan devastadora, de no haber sido por las últimas palabras de Midorima y porque él le mintió descaradamente, diciendo que no saldría por estudiar o cosas similares, cuando se la pasaba con esa chica.

Takao hubiera sido capaz de entender y aceptar con todo el dolor de su corazón que el peliverde estuviera saliendo con alguien si este se lo hubiera dicho a la cara y no se lo escondiera, ¿acaso su amistad no significaba nada?
Sí, ya sabía que no era su madre para tener mil explicaciones de todo lo que su amigo hacía, ¿pero dónde quedaba su confianza entonces? ¿Dónde? Porque no creía que Midorima no lo considerara su amigo… aunque por lo último que le dijo, ya no sabía que pensar.

Pero de algo sí estaba seguro y eso era que tenía su corazón roto.

Y tardaría en sanar.

Lo sabía y aun así, Takao no lloró, como si ese hueco en su corazón, causado por la tristeza y dolor, no estuviera ahí.


Lo único que tengo que decirles, es que no odien a Midorima(?). Ya saben, para alguien tan "tsundere" como lo es él, aceptar sus verdaderos sentimientos no es nada fácil... Yo lo entiendo bien(?), alskjdsaljdasl :'v. Pero descuiden, la relación entre Takao y Midorima llegará a una solución, aunque no tan rápido.

Y como ven, Himuro está despierto y nuestro antagonista ha aparecido, addsdsadsa xD. Es extraño, porque aunque haya utilizado a Haizaki para esto, igual lo amo, jaja.

En fin, de verdad me encantaría saber sus opiniones al respecto, pues como autora, significa mucho para mí leer lo que piensan del capítulo, que les gustó, lo que no y qué les hubiese gustado que pasara uwu.

¡Nos vemos!