God, ¡hace tanto que no actualizaba, ya sé! ;A; Y lo cierto es que ni sé cómo disculparme por tardarme tanto QnQ, pero pues no es porque yo no quisiera, pero todo éste mes estuve colmada de trabajos finales y exámenes, ¡mas ya estoy de vacaciones! Así que no volveré a tardarme tanto uwu.

¡Gracias por aquellas personitas que siempre comentan, me hacen muy feliz!

Bueno, ya les dejo leer el capítulo, disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.


Algunas horas antes, Takao se había despertado como todas las mañanas, con la expresión todavía sombría y triste desde la pelea que tuvo con su amigo peliverde.

Desde ese día, no había vuelto a hablar con él por motivos obvios, pero eso no significaba que no lo extrañara o que no quisiera hablarle por lo menos para saber cómo estaba, tan solo para eso. Aunque esto último era pocas veces, pues tan pronto lo pensaba, le venían a su mente esas últimas palabras que Midorima le dijo, las mismas que le tenían más lastimado que el mismo hecho de saber que la persona que ama estaba con alguien más.

Así lo sentía él.

Por eso, todo el día trató de matar el tiempo jugando videojuegos como hacía desde el miércoles para evitarse el ver las fotos que tenía con Shintaro, resultándole bien o al menos por ahora era algo bueno. Y trataba de no pensar en qué pasaría cuando regresaran a clases, porque ahí no podía evitar el verlo ni hablarle, debido a que seguía siendo su compañero de laboratorio y en la clase de matemáticas avanzada luego de que hicieran la investigación esa.

Su hermana parecía querer aconsejarle, pero cuando Kotomi se acercaba a Takao, este solamente le respondía que estaba bien, que ya pasaría, sin mencionar nada del tema del peliverde. Agradecía que su hermana se preocupara por él, pero prefería no hablar del tema, era más doloroso recordar todo, y no quería llorar.
No quería hacerlo, realmente no o se sentiría más patético.

Sin embargo, luego de que salió de darse una larga ducha, su celular sonó, notificando la llegada de un mensaje a eso de la una de la tarde.

De: Shin-chan.
Sms: Takao, necesito hablar contigo. Es sobre lo que pasó aquel día.
Te veré frente a la tienda abandonada en las afueras de la ciudad a las cinco.
Sé puntual.

Su corazón había dado un vuelco de alegría luego de leer esas palabras y muchas posibilidades tiñeron su mente, porque que el gran tsundere Midorima Shintaro hubiera dejado su orgullo para hablarle y pedirle verlo, significaba que después de todo, Takao si era importante para el peliverde, ¿o no? Porque si solo quisiera que lo dejara en paz, no se molestaría en pedirle hablar otra vez, sino que simplemente le dejaría de hablar y ya, como supuso haría.

Pero tal parecía la suerte estaba de su lado.


Taiga, te vez tan apuesto con ese delantal —musitó la ligera voz de un chico, que se notaba sonreía, aunque su silueta estaba difuminada.

Deja eso —refunfuñó Kagami, moviendo los labios al pronunciar su nombre, pero no se escuchó en la cocina. Sonrió y pasó su brazo por la cintura de aquel cuerpo desconocido.

La imagen se tornó más borrosa.

Vaya, te cortaste por lo que te dije, ¿no? —rió la misma voz de aquel muchacho desconocido— Yo me hago cargo.

Kagami solo vio esos finos labios succionar su dedo, mientras se dedicó a acariciar ese suave rostro que era tapado por la luz del sol.


Pero entonces, Kagami se despertó completamente sudado y sobresaltado, mirando con ojos como platos alrededor de esa habitación.

Esa escena había sido casi igual a lo que pasó con Aomine antes de que perdiera el conocimiento por completo y se desmayara, ¿qué carajo significaba eso ahora? ¿O solamente había soñado lo que pasó con el peliazul? Entonces, ¿por qué sentía que esa escena ya la había vivido y era como si la estuviera recordando?
De repente sintió el peso de su anillo mucho más fuerte.

Estaba tan sumergido en sus pensamientos tratando de comprender que sucedía, que no notó que Kuroko estaba ahí, viéndolo.

—Kagami-kun.

— ¡Ah! ¡¿Desde cuándo estás ahí, Kuroko?! —exclamó Kagami, asustado, más de lo que debería.

El peliceleste le miró fijamente.

Pero ese grito, alertó a los demás chicos, que llegaron corriendo a la habitación, porque sí, habían llevado al pelirrojo al cuarto de Aomine para que se recuperara.

— ¡Kagamicchi! ¡Estás vivo, gracias al cielo! —lloriqueó Kise y se iba a lanzar al pelirrojo, pero la mano morena del peliazul lo detuvo.

—No es momento para tus dramas, Kise —advirtió Aomine, mirando al chico sentado en su cama.

Y es que todos notaron la expresión aturdida y desesperada de Kagami, que luchaba por recuperar la compostura ante ese sueño, sí, porque tenía pinta de ser más un sueño que otra cosa, ¿verdad?
Seguramente fue por todo lo que sintió cuando Aomine le lamió el dedo para limpiarle la sangre, seguro era eso, ¿no?
Además, su corazón seguía desbocado, así que frunció el ceño, regresando poco a poco a su expresión original.

—Kagamin… —susurró Momoi, realmente preocupada.

Nunca habían visto esa expresión en el orgulloso y fuerte de Kagami. En otra ocasión, Aomine hasta le hubiera molestado y burlado, pero ahora no, pues sentía no era lugar ni momento para ese tipo de tonterías.

—Yo…, lo siento. No sé qué pasó —masculló Kagami, sujetándose la cabeza y viendo sus piernas, para después alzar la vista—. Pero estoy bien.

—Kagami-kun, tú rostro no dice lo mismo —habló Kuroko con amabilidad, pero mordaz.

En respuesta, el mencionado chico frunció más el ceño.

— ¿Qué es lo qué te pasó, Kagamicchi? —insistió Kise. Él también creía que era el momento de "la verdad"— Porque eso no fue un simple desmayo, eso todos lo sabemos —añadió, para no darle escapatoria a su amigo.

Maldición, pensó Kagami y suspiró. No es que no le tuviera confianza a sus amigos, pero hablar de lo que entendía querían que les contara, no era algo que le gustara, pues era incómodo y solo lograba impacientarlo de alguna forma, porque tampoco quería que le llegaran a tener lástima por eso; era su problema, no debía preocupar a los demás por esto mismo. Pero también comprendía que era algo injusto, después de todo, ellos siempre estaban ahí para él.
Además, no podía inventar nada eficiente, ya que era bien sabido lo sano que es el pelirrojo, siendo deportista y que no consumía alcohol ni ese tipo de porquerías nocivos para la salud.

Aomine no apartó la vista del pelirrojo, notando como este apretó los labios y suspiró más de una vez en silencio. No le gustaba para nada esta situación, se sentía molesto. ¿Qué era lo qué no sabía de Kagami? ¿Qué era lo que este no quería decirles? ¿Acaso no le tenía confianza?
Estaba empezando a impacientarse.

—Cálmate, Dai-chan —susurró Momoi, sujetando el brazo de su amigo cuando notó la expresión endurecida de este.

—De acuerdo —habló Kagami al fin y enfrentó a todos con la mirada decidida, aunque todavía se notaba el desconcierto en esta.

Sus amigos intercambiaron una mirada entre ellos, así que tomaron asiento. Al menos Momoi que se sentó a los pies de la cama, del mismo modo que Kise y atraía a Kuroko hacía sí para sentarlo en su regazo, él único que se quedó de pie y reclinado en la pared, fue Aomine, cruzándose de brazos.

—Voy a ser directo —Kagami habló con una nota algo agresiva, por el mismo desagrado que tenía de hablar del tema, no porque estuviera molesto de verdad—: tengo amnesia y no sé si es temporal o qué demonios.


La respiración agitada de Midorima le había nublado un poco sus lentes de tanto correr por las malditas calles de la ciudad.

Porque luego de que leyó aquel jodido mensaje, apenas tuvo tiempo de discutir las cosas con la hermana de Takao, porque ella quedó en hablarle a la policía, mientras él iría a buscarlo.

Sabía de antemano que su amigo pelinegro no era alguien débil ni que se dejara hacer daño por alguien, porque con más de ese metro setenta, era lógico que supiera defenderse.
Aun así, Midorima se sentía realmente preocupado, ansioso, desesperado por saber dónde estaba Takao y qué hacía, porque él en ningún momento le mandó nada.

Detuvo su frenética carrera al llegar frente un establecimiento en el centro de Tokyo y vio la hora en su celular, eran las cinco y media; hacía quince minutos que el pelinegro le había mandado el dichoso mensaje. Frunció el ceño y revisó su bandeja de entrada, donde en efecto, estaba ese maldito mensaje donde le pedía a Takao verlo, ¿frente a la tienda abandona de las afueras de la ciudad? ¡¿En qué momento había mandado eso?!

—Maldición —dijo Midorima, con el ceño fruncido.

Tenía un muy mal presentimiento, sobre todo, porque las palabras de Oha Asa para escorpio, todavía seguían presentes en su cabeza, cosa que no ayudaban a calmarlo. Pero al menos, ahora sabía dónde buscar a Kazunari, el problema era que aquella tienda estaba a media hora yendo en automóvil, ahora será si iba corriendo, por más rápido que fuera.

Desesperado, Shintaro intentó marcar al celular del pelinegro, pero le mandó a buzón de voz las diez veces, provocando que maldijera entre dientes.

Pero no se iba a detener hasta encontrar a Takao, de eso estaba seguro.

Por favor, Dios, por favor, que él esté bien.

En ese momento, realmente quiso pedirle perdón por lo de aquel día, pero ahora no debía ponerse a pensar en lo idiota que fue por no detenerlo o no podría correr.


Luego de que Kagami hablara, la habitación se quedó en un silencio incómodo para el primero, que resopló, exasperado.

— ¿Es en serio, Kagamicchi? —preguntó Kise, siendo el primero en romper ese fastidioso silencio al notar la molestia del pelirrojo o le quitarían las ganas de hablar.

—No podrás estar hablando en serio, Kagami —ahora fue Aomine quién hablo con un tono entre molesto y burlesco—. ¿Y por qué cojones esperaste tanto para decirlo? —no pudo evitar el sentirse un poco excluido.

—Porque no quiero causarle lástima a la gente cuando saben de mi condición —espetó Kagami con frialdad.

—Tranquilo, Aomine-kun —intervino Kuroko, lanzándole una mirada al peliazul—. Entiendo cómo te sientes, pero Kagami-kun tiene sus razones también, lo que ha de estar pasando no es nada fácil.

—Pero, ¿cómo pasó, Kagamin? —preguntó Momoi esta vez.

—Yo… mi madre me dijo que sufrí un accidente hace casi dos años, pero no lo recuerdo realmente —Kagami frunció el ceño, esforzándose al hablar—. Se supone me trajeron a Japón para recibir mejores atenciones por mi estado crítico porque estuve en coma tres meses —empezó a explicar—. Pero cuando desperté, no recordaba nada de mi vida, no sabía ni quiénes eran mis padres, solo recordaba mi nombre, sin apellido ni nada —su expresión se tornó sombría y amarga a la vez que su mirada se perdió ligeramente—. Era algo realmente jodido, todo ese tiempo estuve desesperado en el maldito hospital —suspiró—. Aunque mediante mis sueños, mis recuerdos empezaron a aparecer luego de un mes y tras dos meses, recordé la mayoría de mi vida, pero todavía me faltan algunas cosas más. Por eso a veces me duele la cabeza y de más —su voz seguía sonando incómoda y omitió el hecho de que era la primera vez que se desmayaba por un recuerdo o dolor de cabeza.

—Kagamicchi —Kise le miró con comprensión, pero de alguna manera, tenía un mal presentimiento en todo esto, sobre todo, cuando recordó el anillo que el pelirrojo cargaba colgado en su cuello. Pero se reservaría eso, sobre todo porque cierto peliazul estaba ahí.

—Debiste decírnoslo desde el principio, idiota —gruñó Aomine, molesto y resopló.

—Bueno, no es un tema del que me guste hablar. Además, cuando los conocí, no creía necesario decirlo porque ya no me afectaba tanto y no quería preocupar a nadie —expresó Kagami con brusquedad.

—Entonces, tú desmayo fue causado por un recuerdo, ¿no? —inquirió Momoi, atenta.

—Ah, no estoy seguro. Pero la verdad es que es confuso, pues si era un recuerdo, no lo recuerdo exactamente. Solo con cosas borrosas —Kagami hizo una mueca.

No estaba mintiendo, pero eso no era todo lo que vio.

Y Kuroko se dio cuenta, sin embargo, decidió dejar el tema por la paz, porque más que nada, notaba no era un tema todavía fácil de manejar para su amigo. Además, no creía que hubiera algo de qué preocuparse por los recuerdos que estaría recuperando Kagami.
Lo mismo pensó Aomine, porque tampoco era idiota.

—Moo, Kagamicchi, no te preocupes. Nosotros siempre estaremos para ti —expresó Kise con dulzura y se lanzó a abrazar al pelirrojo con fuerza.

—Ugh, Kise, me estás ahorcando —se quejó Kagami, cerrando un ojo y tratando de apartar al rubio.

—Mah, mah, Kise, estás viendo que este idiota acaba de despertar y tú lo estás jodiendo —Aomine jaló de la ropa al rubio, activando sus celos tan notorios.

—Pero no es justo, ¡tú siempre estás con Kagamicchi! —se quejó Kise, frunciendo los labios.

—Ki-chan, eso es porque tú siempre te la pasas con Tetsu-kun —recordó Momoi con una risita al ver la cara desconcertada y molesta del peliazul.

—Pero igual no es justo —bufó Kise.

Kuroko suspiró y se acercó a su novio para tomarle de la mano, era raro verlo celoso, porque no lo demostraba más qué nada.

—Lo siento, ya no terminé de cocinarles —se disculpó Kagami, rascándose la cabeza.

—Pedimos pizza —habló Kuroko.

—En fin, ya en otro día nos cocinarás, Kagamin —animó Momoi, palmeando la cama.

El ambiente había regresado a la normalidad, cuando el celular de Kuroko empezó a sonar con fuerza, siendo una llamada entrante.

— ¿Quién habla? —preguntó, puesto el número era desconocido— ¿Midorima-kun?, ¿qué pasa? —la expresión siempre serena de Kuroko, se vio notoriamente cambiada por una de impresión y preocupación, sobre todo por la voz de su amigo peliverde, que alertaría a cualquiera— De acuerdo, de acuerdo. Le diré a Kise-kun, iremos para ya. Solo ten cuidado.

— ¿Qué es lo que pasa, Tetsu?

—Es… —Kuroko se puso serio nuevamente— Takao-kun ha desaparecido y Midorima-kun está desesperado buscándolo; no sé qué pasó realmente, solo me pidió que fuéramos a la tienda abandonada que está en las afueras de la ciudad y qué busquemos a Takao-kun ahí, por sí él no llega a tiempo.


Le tomó algo de tiempo decidir si avisarle a sus amigos sobre lo que estaba pasando ahora, pues corriendo y yendo solo podía ser peligroso no solo para él, sino para Takao y ahora lo único que le importaba era encontrarlo y saber que estaba bien.

Su cuerpo estaba completamente agitado y perlado de sudor, hasta se había hecho para atrás el cabello que le empezó a estorbar, irritándolo todavía más.
Llamó como diez veces más al número del pelinegro, pero seguía mandando a buzón.
Por esa misma razón, terminó decidido a pedir ayuda, además, ellos tenían automóvil, sería más fácil.

De modo qué así lo hizo, pero desde un teléfono público, no porque no tuviera saldo o no sirviera la aplicación del WhatsApp, sino por desconfianza, ya que sabía bien alguien más había usado su celular, seguramente cuando lo dejó en la biblioteca en algún momento y prefería no arriesgarse a más.

El primero en quién pensó, fue en Kuroko, él era el más calmado y sabría escucharlo sin hacer ningún drama como en el caso de Kise o Momoi, así que a él recurrió.

Serían alrededor de las cinco cuarenta y cinco y todavía le faltaba un gran tamo por recorrer. Bien podía agarrar algún taxi, pero estaba seguro que el tráfico haría más lento el avance en auto.
Antes de salir a buscar a Takao, dejó su mochila con sus cosas para evitarse estorbos y lo único que llevaba era su celular, cartera y su amuleto de la suerte que era un llavero, para su comidad.

Por su mente no le cabía el hecho de que alguien quisiera hacer algo en contra de su amigo pelinegro, ¿por qué? Sí Kazunari era alguien simpático y alegre, ¿por qué querer dañarlo?
Midorima lo conocía bien y sabía que el ojiazul sería incapaz de hacerle daño a alguien—sin que se lo hicieran a él primero, claro está—, por más idiota que llegara a ser o sacarlo de quicio. Porque sí, incluso con lo revoltoso que podía ser, lo apreciaba bastante.
Y tampoco sabía de alguien que quisiera dañarlo a él, además dudaba que quisieran hacerlo usando a alguien más, era algo muy bajo. Aunque pensó en la clase de escoria que sí sería capaz de hacerlo, pero no concordaba, porque hasta donde sabía, sus años en el reformatorio todavía no acaban y como era menor de edad, incluso recibiría terapias psicológicas.
No tenía lógica pensar que era Haizaki. Seguramente era algún otro hijo de puta aprovechado.

Takao, te encontraré, ten por seguro que lo haré, pensó Midorima, continuando corriendo sin pararse y salteándose los semáforos sin importarle los pitazos de los automóviles.
Pero al llegar a la mitad del camino, una camioneta se detuvo frente a él, impidiendo que caminara.

—Midorimacchi, súbete —habló Kise, bajando el cristal polarizado para ver a su amigo.

—Kise…

—No estás solo, súbete, Midorima-kun —Kuroko se asomó desde el asiento del copiloto.

—Gracias —masculló Midorima, le habían caído como del cielo y agradeció a Oha Asa o cualquier Deidad.

Dentro de la camioneta, en la parte de atrás, iban Kagami y Aomine. Momoi se había quedado por la simple razón de que sería peligroso y para nada la llevarían a un ambiente donde seguramente sería de "chicos malos".

—Cuéntanos todo —exigió Aomine, cruzándose de brazos y viendo fijamente al peliverde, era obvio por su expresión a quién le echaba la culpa.

—Primero que nada, Aomine, no creo que sea Haizaki, sabes que sigue en el reformatorio y lo trasladaran a la prisión —dijo Midorima, intentando calmar su respiración al hablar.

Kagami le tendió una botella de agua y un trapo limpio para que se secara el sudor. Por supuesto que no tenía idea de quién estaban hablando, pero sabía que no era momento para preguntar eso, la prioridad era otra y lo único que hizo fue escuchar.


Aquella casa que parecía una mansión, olía a limpio, libre de polvo mientras algunas trabajadoras servían algo de comer a los invitados ahí.

—Yuu, no tienes por qué hacer esto —dijo Alex con el gesto serio. Si bien antes ese tipo era su esposo, ahora no confiaba en él.

El susodicho suspiró.

—Hago esto por todas las cosas que Tatsuya me dijo cuándo lo fui a ver al hospital —empezó Yuu, dirigiendo sus ojos marrón al chico.

— ¿Me vas a decir que te conmoviste? —Tatsuya lo miró inexpresivo— Por favor, no te burles de mí, ya suficiente han hecho tú y esa señora.

Él estaba sentado al lado de su madre en el enorme sofá de la sala, frente al castaño mayor.
Le habían dado de alta apenas ayer, pero todavía tenía que ir a terapias y todo, para completar su control automotriz.

—Anteriormente, si te hubieras detenido a explicarme… —intentó decir Yuu.

—Lo hice, pero me echaste de la casa mientras la mamá de Taiga decía un montón de cosas —interrumpió Tatsuya algo sombrío.

—De acuerdo, está bien —aceptó Yuu—. Pero, trata de ponerte en mi lugar, ¿cómo padre qué hubieras hecho? Tú y Taiga siempre fueron vistos como hermanos, incluso yo lo aceptaba así.

—Pero no lo éramos, ni lo somos, ni lo seremos —espetó Tatsuya, con seriedad—. Tú te dejaste manipular por la mamá de Taiga.

Alex se mantenía callada, escuchado. Porque para nada se debían desaprovechar las oportunidades para hablar como gente civilizada, no se metería a menos que el ambiente lo quisiera.

—Como padre, no es fácil ver a mis dos hijos queriendo…

—Ya lo has repetido muchas veces y yo te he dicho que nadie elije a quién querer —repitió Tatsuya con calma.

—Bien, dejemos las pláticas del pasado —Yuu aclaró su garganta—. Más que nada, aparte de porque te quiero como mi hijo, pese a todo, te invité aquí porque en el hospital me dijiste algo que me llamó la atención.

— ¿Qué de todo? —Tatsuya le miró atento.

—Recuérdalo tú, sí te lo digo entonces me harás pensar que no vale la pena lo que haré ahora —repuso Yuu con seriedad y el chico le miró nada más—. Lo importante ahora es; quiero que me demuestres que todas las cosas que me dijiste son ciertas, de lo tuyo con Taiga —aclaró.

En el inexpresivo rostro del chico pelinegro, se mostró la sorpresa y la luz de la esperanza.

— ¿Eso quiere decir que me dirás dónde está?

—En Japón, ahí fue trasladado —respondió Yuu.

— ¿Cómo está? ¿Qué ha hecho? ¿No ha preguntado por mí? —para Tatsuya fue imposible no callarse esas preguntas.

—Taiga está bien. Pero, Tatsuya, debes saber que en lo único que te ayudaré, será en ir a Japón, solamente —advirtió Yuu, mirándolo con determinación—. Si de verdad todo lo que me dijiste en el hospital es como dices, podrás hacerlo, ¿no? Tú solo averiguarás la situación de Taiga y veremos si de verdad su clase de amor lo puede todo.

—… Lo haré —Tatsuya aceptó sin chistar y le enfrentó con la mirada, sujetándose el anillo de su cadena.

—Yuu, esto es nuevo, ¿qué te dijo mi hijo para hacerte considerar…? —quiso saber Alex, dudosa.

—Le dije que amo tanto a Taiga, que incluso si ahora lo viera feliz con otra persona, me haría a un lado —fue Tatsuya quien respondió—, pero que de todos modos yo sé que él me esperó todo este tiempo, porque aunque fuéramos dos hombres, el amor es igual de intenso.

—Ah, ya. Con lo primero me queda claro todo —Alex suspiró y puso los ojos en blanco—, debí suponerlo. Pero, como sea, ¿qué haremos con la histérica de Mika?

—Ella no sabrá nada, no por ahora —Yuu frunció el ceño. Ya se imaginaba el drama que haría su ex esposa, pero a diferencia de ella, era más paciente y le gustaba ver el mundo de diferentes ángulos, aunque a veces se dejaba llevar por los sentimientos del momento y era fácil de manipular para quién lo conociera.

—Mientras tú te encargues de ella, no me importa —espetó Alex.

—Entonces, quiero regresar a Japón cuando mis terapias terminen —aceptó Tatsuya con la expresión más aliviada, pero todavía sentía una presión en su pecho que no sabía cómo interpretar.


Midorima ya les había contado como estuvo el asunto con Takao, omitiendo la parte esa de que estaban peleados, porque eso no era lo importante; solo lo del mensaje y que alguien utilizó su celular.

Ya no faltaba mucho por llegar, pues Shintaro logró avanzar la mitad del camino corriendo y ahora quizá solo quedaban cinco minutos más, pero el tiempo se le estaba haciendo malditamente eterno al peliverde, que se veía más que desesperado y su humor era el peor.
Como no, estaba preocupado hasta la coronilla y más por tratarse de ese pelinegro, no quería que nada malo le pasara que pudiera quitarle esa hermosa sonrisa que siempre lucía para él.

Porque sí, ahora más que nada, Midorima quería proteger la sonrisa de Takao.

Sin embargo, el silencio tenso se rompió cuando el celular del chico de lentes sonó.
Este se tornó un poco aliviado cuando vio que era el número de Kazunari y una luz de esperanza apareció en su pecho y sintió que podía salir del abismo en el que había estado sumergido en todos esos minutos de preocupación y nervios por no saber nada.

— ¡¿Takao?! —exclamó, sintiendo la mirada de sus amigos en su cara, porque también esperaban buenas noticias de eso.

—Oh, no, no, Midorima, no soy tu noviecito —respondió una burlona voz tras el auricular del celular—. Aunque sí quieres, puedo hacer que lo escuches gemir desde la llamada.

Fue como si a Shintaro le hubiera caído un balde de agua helada, dejándolo sin aire.


Lo único que puedo decir es que… Takao estará vivo, de ahí mis labios sellados(?), no me odien por esto, pls xDDDDDDDDDDDDDDD.

En fin, aunque en éste capítulo Tatsuya igual hizo su participación y lo que planea… por lo que pueden deducir que ese momento decisivo está por venir, alsdjksadsala.

¡Me encantaría saber que les pareció el cap, así que anímense a comentar!