¡Hola, hola! Asddadaslj, sí, ya sé que no es viernes, pero de todos modos, para recompensarles el que no actualizara tan seguido, aquí vengo a dejarles otro capítulo más :3.
Ajajaja, sé que muchos no querían que el cap pasado terminara así, pero yo... amo el drama, sorry, not sorry(?). Okey, ya xD.

¡Muchas gracias a todos quiénes me leen, pero sobre todo, a aquellos que siempre me dejan sus comentarios! 3

Vale, así que les dejo el capítulo, disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.


Takao abrió los ojos y sentía todo el cuerpo entumecido, además de que le dolía la cabeza, así como también estaba desorientado, ¿dónde mierda estaba?
Sus manos estaban atadas tras su espalda con cadenas, quizá, pues se sentía muy duro. Al menos sus pies estaban libres, aunque al estar acostado de un lado, no podía pararse.
¿Qué era todo esto? ¿Acaso Shin-chan tenía un lado sádico masoquista como esa ridícula novela que mencionaban en la televisión?, cierto era que su lado bromista no debería aflorar en este momento, porque era más que obvio que no era el peliverde quién lo tenía así.
Pero lo que no lograba comprender, ¿qué era el mensaje que recibió entonces? Porque definitivamente ese número era el de Midorima y siendo este como era, tampoco creía que lo hubiera perdido… Sin embargo, de igual forma se negaba a creer que era él quién lo tenía así ahora. Una cosa es que estuviera resentido con el peliverde y dolido, más que nada, pero no por eso le echaría a él la culpa, porque no por nada lo conocía mejor que nadie.

Escuchó una puerta abrirse y trató de entornar los ojos para poder ver algo, pues tenía muy buena visión, mas lo único que logró distinguir fue cinco siluetas de chicos, aproximadamente de su edad.

— ¿Quiénes son ustedes? —preguntó Takao con el tono fiero y molesto, sin demostrar miedo.

—El ratoncito se hace el valiente, que bien —se burló la voz de alguna de los chicos—. No te preocupes, no tienes por qué saberlo, no creo que vivas para contarlo —el dueño de la dichosa voz empezó a reír.

— ¡¿Dónde demonios estoy?! ¡Déjense de hacerse los imbéciles conmigo! —exclamó Takao con furia, forcejando para intentar sentarse.

—No, no, aquí nosotros damos las órdenes, amigo mío —musitó la misma voz—. Sujétenlo —dio una orden a la vez que chasqueó los dedos.

Kazunari sintió como dos pares de manos le sujetaron del torso y otras dos de la cadera, manteniéndolo acostado.

— ¡¿Pero qué están haciendo?! —gritó Takao, intentando moverse más fuerte, pero recibió un puñetazo en el estómago que le dejó sin aire y esos dos pares de manos, le quitaron el pantalón, haciendo que una ligera sensación de pánico le recorriera el cuerpo. Si bien su cuerpo era bastante alto como para dar una excelente lucha, el estar sujeto de las manos no le ayudaba en lo más mínimo, así que de esa forma, era fácil que cualquiera pudiera noquearlo, aunque fuese más alto.

—De verdad que yo pensaba serías más inteligente, Takao. Y pensar que con solo unas palabras dadas por Midorima hayas caído para venir a este lugar —se rió el mismo chico.

En la habitación solo había una pequeña ventana, donde se colaba un poco de luz, lo que fue capaz de permitirle al ojiazul ver al dueño de la famosa voz; era un chico de cabello ligeramente largo, negro grisáceo y tenía cejas pobladas con una sonrisa maliciosa. Pero nunca lo había visto en toda su vida.

— ¿Tú eras él que tenía el celular de Shin-chan? ¿Quién demonios eres? —exigió Takao nuevamente.

—Shin-chan, Shin-chan, Shin-chan, ahaha, qué ridículo te oyes —la sonrisa de ese chico se acentuó—. Deberías guardar tu voz para llamar a tu Shin-chan, mira que ha estado marcando.

—Y sería un lástima que encontrara a su ratón mancillado —se unió una voz más dura, salvaje a la vez que se escuchó un lametón.

—Chicos, evalúan a su nueva presa —ordenó el primer chico.

— ¡SUÉLTENME, JODER! —gritó Takao nuevamente, pero ahogó un jadeo de temor al sentir como las manos empezaban a tocarle el cuerpo de manera asquerosa, apretujándole el trasero, su entrepierna y jalándole los pezones por encima de la ropa.

—Está bien, aguanta más de una follada —expresó la voz de alguno de aquellos cuatro tipejos que seguían tocándolo.

— ¡USTEDES NO ME HARÁN NADA! ¡SUÉLTENME LES DIGO! —exclamó Takao, intentando no sonar más asustado de lo que ya se sentía.

No, no, nadie más podía poseer su cuerpo cuando había solo alguien a quién sí se lo permitiría, no podía dejar que simplemente lo fueran a tomar ahí, así como así.

—Anda, llámalo. Llama a Shintaro para que escuche tus gritos de terror —se rió la voz de aquel nuevo desconocido que no podía ver, pero volvió a escuchar el sonido de otro lametón.

El ojiazul supo entonces que lo que querían hacer era dañar al peliverde por medio de él, pero, ¿en serio el peliverde se preocuparía, siendo como terminaron y que incluso le dijo que era un fastidio?
No sabía que creer, pero tan solo de imaginarse a Midorima en medio de esta asquerosidad, fue lo suficiente para que se mordiera los labios y no dejara salir ningún sonido que delatara lo que le estarían haciendo.

—Como veo te harás el difícil, chicos, pueden hacerle lo que quieran hasta saciarse —dijo esa misma voz.

—Llamaré para que empiece el juego —quien habló ahora fue el chico de cabello negro grisáceo. Se quedó un momento en silencio, esperando la respuesta y entonces, su sonrisa apareció nuevamente—Oh, no, no, Midorima, no soy tu noviecito —respondió burlón—. Aunque sí quieres, puedo hacer que lo escuches gemir desde la llamada —y la respuesta fue tal, que incluso el ojiazul escuchó la fuerte voz de su amigo—. Quién pone las reglas soy yo, ¿qué te parece si jugamos al gato y al ratón, eh? Porque tú presencia es lo que hará divertido todo.

— ¡Shin-chan, no… agh! —exclamó Takao, siendo interrumpido a mitad de la oración cuando sintió un tremendo dolor en la parte de baja de su espalda al ser penetrado por un dedo de forma brusca, mientras le quitaban a jirones el bóxer— ¡Déjenme, agh…! —se mordió la lengua. No iba a gritar, no iba a pedir ayuda, porque no importaba que le hicieran, no quería que el ojiverde viniera y se pusiera en peligro por esto.

— ¿Oyes eso? Será divertido el juego y si no lo haces, tu noviecito será quién las pague todas.


Midorima apretó los dientes y sintió que el mundo se le venía abajo cuando escuchó los gritos ahogados de Takao, aunque luego no escuchara más, porque conociéndolo, seguramente se estaría controlando para no hacer que fuera por él.
Pero de todas maneras iría.

—Bien, dime lo que tengo que hacer —aceptó, empuñando sus manos.

—Simple; tú eres el gato y Takao es el ratón —empezó a explicar la voz de la llamada—. Como el buen gato que serás, deberás encontrar a tu ratoncito antes de que termine siendo comido por otros con un límite de media hora o quizá menos, no sé, ¿cuánto tiempo dura una violación? —las risas acompañaron esa oración— Oh, estaré esperando a ver si llegas a tiempo.

Y la llamada se cortó.

Shintaro se decía a si mismo que debía mantener la calma, que no debía alterarse, que debía aguantar para poder salvar a Takao, que estaría bien, que la suerte estaba de su lado…
Mas no podía. No podía, porque era precisamente el pelinegro el que estaba metido así y si tan solo no hubiera sido tan orgulloso desde el principio, esto no estaría pasando.
De pronto, sintió las fuertes ganas de haberse disculpado a tiempo con el ojiazul, sintió la necesidad de haberle dicho a Takao aquella vez que no era un fastidio, que era una de las personas más importantes de su vida, sin importar lo mucho que lo impacientara o le hiciera desesperar. Que él nunca fue una molestia, al contrario, le estaba agradecido porque pese a como es, él se quedó para ser su amigo.

—Maldita sea —Midorima se sujetó la cabeza y cerró los ojos.

—Todo estará bien, Midorima-kun —habló la calmada voz de Kuroko.

Pero ni eso pudo hacer sentir mejor al peliverde.
Ahora ya le importaba poco que no entendiera el motivo del porqué se sentía tan devastado, de porqué se sentía así de ansioso, como si la vida se le fuera de sus manos; era una desesperación que no podía compararse con nada, ni siquiera con perder un partido de basquetbol.
La única razón de todo, era Takao, por él estaba así de mal emocionalmente, muriéndose de las ganas de estar con él para protegerlo, porque esos pequeños gritos que escuchó en la llamada no los podía sacar de su cabeza por más que quisiera, eran como ecos en su mente, que se encargaban de torturarlo. Iba a explotar en cualquier momento.
¿Quién iba a pensar que se pondría así por el ojiazul?

En su profunda desesperación, Midorima todavía no atrapaba la respuesta tan obvia, pero que tiempo atrás rechazó aceptar en su ser. Lo que más deseaba ahora era llegar ya a ese maldito lugar, veía a través de la ventaba el camino y como las casas iban quedándose atrás, pero las veía sin prestarles atención, porque su mente solo estaba concentrado en una sola persona. Y ni siquiera el cielo despejado y que no faltaba mucho para entrar al momento del crepúsculo con la intensa luz del sol, le hizo perder la concentración de su pensamiento, ni aunque sintiera como el calor le golpeaba la cara con brusquedad al tener la mirada aún hacía fuera. De hecho, todo el paisaje que se percibía, para el megane era de color gris, como una pesadilla de la que quería despertar y no podía.

Nadie decía nada, porque no sabían cómo calmar la notable angustia del peliverde, así que mejor era mantenerse callado, pero estando en presencia, para que al menos, supiera que no estaba solo y que sus amigos estarían con él sin importar lo que fuera a pasar a partir de ahora.
Después de todo, no por nada eran amigos.

Shintaro iba pensando en el día que conoció a Takao, como este se le acercó para burlarse de su amuleto de la suerte y desde ese día jamás se le despegó. Parecía como esos perros Golden Retriver. En ese entonces, él deseo de todo para quitárselo de encima, cosa irónica, porque ahora daría todo con tal de verlo otra vez frente a él, con esa sonrisa y sus estúpidas bromas, pero sano y salvo. Sin nadie que quisiera dañarlo. Cuanto daría para que el tiempo se regresara y poder tener al pelinegro justo como antes.

¿Qué haría sin Takao? ¿Qué haría si le pasaba algo por su descuido? Porque de alguna manera, Midorima se sentía culpable, él debió fijarse más en todo lo que le rodea para cuidarlo, él debió hacer muchas cosas más, así su amigo no estaría pasando por esto.
Sentía un tremendo nudo en la garganta, además de que su frío cuerpo parecía caer por un precipicio. Parecía como si en lugar de ser verano fuera invierno, y no tuviera nada con que abrigarse, se sentía completamente expuesto.

Kagami veía de reojo al peliverde y sentía lo mal que lo estaba pasando, tenía empatía en estos momentos, pues incluso en sus ojos se notaba la preocupación. Deseaba poder hacer algo para calmar el dolor y desesperación del peliverde, quería ser capaz de ayudarlo de otra manera. Y de cierta forma, sentía que compartía ese dolor, que lo conocía, por eso quizá se sentía bastante afectado, pese a que no había tratado tanto con Takao, pero el chico no le caía mal.
Probablemente él hubiera tomado parte de las emociones del ojiverde para que no sufriera solo, porque pese a la rivalidad que había con él también, le tenía respeto y era un amigo, no del mismo modo que Kuroko, pero lo apreciaba.
Y es que el pelirrojo era demasiado amable, noble.

La mano de Aomine sujetó la del ojirojo con fuerza y le miró. El peliazul estaba bastante pendiente del chico, como no, por eso veía que este se estaba tomando las cosas demasiado a pecho, que estaba queriendo cargar con ese dolor y tampoco podía permitir eso, siendo que él quería que Taiga estuviera bien.

Kagami se sorprendió por el agarre y miró a los ojos al moreno. De pronto, se sintió mejor, mucho mejor, no necesitaban las palabras para saber lo que Daiki quería decirle, ese "no te preocupes, todo saldrá bien" fue bien recibido. En consecuencia, apretó el agarré y entonces, sus dedos se entrelazaron con firmeza, dándose apoyo mutuo, sin dejar de verse.
En otro momento, quizá el pelirrojo se hubiera sonrojado y lo hubiera insultado para que dejara de jugar con él, pero ahora esto no era un juego. Sentía la sinceridad de Aomine tocar su alma, todo su ser por completo. Si bien no era una sensación precisa de tranquilidad, pero sí una que lo hacía olvidarse de todo lo malo, algo completamente abrumador que le daba conforte de manera única. Como si fuera fuego derritiendo todas sus preocupaciones, quemándolo de manera exquisita.

De la misma manera se sentía el peliazul, él para nada quería ver mal al pelirrojo, para nada. Ya bastante mal la estaba pasando con ver a Midorima al borde de la angustia y no toleraría que Kagami cargara con cosas que no le correspondía, no en este momento.
Nunca pensó que compartir un agarre de manos con él, le hiciera sentir así de bien, como si fueran leguas de fuego que bañaban su alma, purificándola. Eso en un simple agarre de manos, no se imaginaba que sentiría si el contacto se profundizara.

Aomine utilizó su dedo pulgar para dar caricias circulares en parte del dorso de la mano del pelirrojo, causando que los dos se estremecieran y callaran un suspiro delatador. La atmosfera que ellos estaban emitiendo, ayudaron un poco al ambiente tenso que estaba en el automóvil.
Pese a todo, los demás chicos lo notaron, pero no dijeron nada. Ahora no era lugar para decir algo.

Kagami y Aomine se mantuvieron agarrados de la mano hasta que llegaron al lugar donde había dicho el peliverde.

— ¡Midorimacchi, no puedes ir solo, espera! —exclamó Kise, cuando ni bien estacionó el auto, su amigo salió corriendo rumbo a la tienda abandonada esa.

Por su parte, Shintaro ignoró las voces de sus amigos y al llegar frente a la tienda esa, pateó la puerta que estaba cerrada con todas fuerzas sin éxito alguno.
Una, dos, tres veces y no podía abrirla.

— ¡Maldita sea! —exclamó.

—Hazte a un lado, Midorima-kun —le dijo Kuroko.

Este como pudo obedeció y vio como el automóvil de Kise logró derrumbar la puerta en un estruendoso ruido.

El peliverde entró sin esperar nada más. Ya estaba comenzando a oscurecer y todo estaba sin luces ni nada, salvo las ventanas que eran lo único que iluminaban la estancia, donde se podían ver más de una habitación y escaleras que daban tanto a segundo piso, como al sótano, lo que estaba muy mal, porque no podían buscar en todas a la vez.
La presencia del pánico dejó a Midorima sin saber que hacer unos segundos, pero luego siguió su intuición, simplemente se dejó llevar y corrió al segundo piso, mientras a lo lejos escuchó como sus amigos decían que buscarían también.

Una persona normal, hubiera tenido miedo de ver esos pasillos casi oscuros en una tienda abandonada, pero Shintaro no; estaba ahí por una sola razón y esa misma razón lo movía ahora, dándole más determinación de la que nunca tuvo hasta ahora. Le valía pepino lo que sea que fuera a enfrentarse con tal de rescatar al pelinegro.
Pateó una, dos, tres puertas del pasillo a la derecha y no había nada más que el silencio. Apretó los dientes y siguió corriendo y pateando las malditas puertas para abrirlas, fracasando en su búsqueda.
Siendo así, corrió nuevamente para empezar por el pasillo que se extendía a mano izquierda, repitiendo la misma operación y sin ningún jodido resultado.

Mierda, ¡mierda! ¡¿Dónde estás, Takao?! ¡¿Dónde?! Pensó con la angustia en todo su sistema, porque si no se apuraba… no quería ni pensar que le harían. Pero, ¿en dónde más podía buscar?, sí ese maldito lugar era bastante grande.
Dejó que el silencio lo absorbiera por completo, agudizando sus sentidos lo más que podía, pensando en lugares poco probables que estarían en un lugar como este, donde seguro podían tener a Takao.

¡El almacén!

Tan pronto lo pensó, no se detuvo en ver o preguntarles a sus amigos si habían encontrado algo, porque era más que obvio no era así, sino le hubieran avisado primero que nada.
Simplemente bajó corriendo las escaleras, como una liebre para volver a salir de la maldita tienda. Y sin dudarlo, continuó su camino yendo a la parte de atrás, donde seguramente estaba el almacén. Pero como el lugar no era más otra cosa que algo olvidado, la vegetación se había aprovechado de eso, de tal modo que el monte le llegaba casi hasta la cintura a Midorima e incluso árboles estaban ahí, tapando su visión o la poca que tenía gracias a que ya era de noche y la luna no iluminaba tanto.

¿Cuánto había pasado? No lo sabía y quizá era mejor no saberlo, mas cuando logró llegar al fin a la puerta del almacén, después de ese camino tan difícil, pateó la puerta con fuerza, abriéndola por completo.

Impotencia, impresión, terror, odio, asco, tristeza y dolor fueron unas de las tantas cosas que sintió ante lo que vio.

— ¡MALDITOS DESGRACIADOS, QUÍTENLE SUS ASQUEROSAS MANOS DE ENCIMA! —el grito que dio Midorima le desgarró la garganta por la potencia.

Ahí estaba Takao, en efecto, pero estaba siendo… siendo, siendo penetrado con los dedos de uno de aquellos tipos a la vez que le hacían sexo oral, mientras que… mientras que otro más le metía su asqueroso miembro por la boca y… como el cuerpo del pelinegro estaba completamente golpeado. Seguramente porque intentó escapar.

La imagen era tal, que Midorima no lo soportó más y, aunque no era una persona violenta, esta vez sí lo fue. Y no sabía si sentirse un poquito aliviado de que al menos se hubieran tomado más tiempo en golpearlo que en hacerle otra cosa… No, era imposible que se llegara a sentir algo "cómodo" con algo como eso, lo único bueno, es que había llegado antes de que esos malditos culminaran.

Aunque los sujetos rieron, pensando que el simple chico no podía hacer nada, tratando de no dejarse llevar por la gran estatura del peliverde, se quedaron callados cuando éste se movió a tal velocidad que mandó a volar de una patada al desgraciado que estaba masturbando a su Takao.

— ¡LOS VOY A MATAR, MALDITOS! —gritó Midorima nuevamente, siendo la viva ira ahora.

Los otros tres chicos intentaron detenerle con bates o tubos de metal, dejando olvidado a Kazunari, para golpearlo, pero no eran tan altos ni tenían la misma resistencia que el peliverde, de modo que aunque estaba lastimado y sangrando levemente, terminó regresándoles más de un golpe.

Lanzó puñetazo tras puñetazo, azotando a cada uno en la pared, los pateó y les aprisionó el cuello más de una vez, enterrando las uñas de sus dedos ahí, valiéndole ahora el cuidado que siempre le tenía a su mano izquierda.

— ¡¿CÓMO SE ATREVIERON A TOCARLO, MALDITOS INFELICES?! ¡¿CÓMO?!

Takao estaba apenas consciente de lo que sucedía a su alrededor; el cuerpo le dolía horrores, sentía sangre salir de lugares donde no debían y sus ojos estaban llenos de lágrimas por la misma impotencia, así como su rostro. En todos estos minutos luchó, se resistió como nunca antes lo hubiese hecho e incluso estuvo cerca de escapar, dado que con su fuerza de voluntad y su ventajosa altura, sin embargo no fue suficiente y su cuerpo no pudo seguir moviéndose para defenderse cuando los golpes que recibió de aquellos desconocidos que le igualaban la edad, esos que le marcaron a Midorima, de verdad lo dejaron prácticamente como un muñeco de trapo. Pero al menos con toda la resistencia que puso, pudor dar algo de tiempo y no lograron hacerle lo que tanto temía, porque no era lo mismo a que lo estuvieran a masturbando a que de verdad le hubiesen penetrado. No iba a poder con eso.

Shin-chan, no lo hagas, pensó al ver como el peliverde seguía golpeándolos con una fuerza que no sabía que tenía escondida. Porque en efecto, parecía que los iba a matar, pero Kazunari no quería que su amado ojiverde se ensuciara así las manos.

Midorima ya había dejado inconsciente a uno, luego de tantos azotes que le dio a la cabeza de ese sujeto contra la pared con tal odio que no se podía expresar y luego usó ese cuerpo inerte para defenderse de los ataques de los otros. Y ahora estaba pateando el rostro de quién fue el que estaba embistiendo con los dedos a su Takao.
Porque ahora más que nada, Shintaro pensaba posesivamente y no le importaba, para nada, les iba a enseñar a esos desgraciados a no meterse con alguien tan sagrado para él.

Intercalaba sus patadas por sus puñetazos como nunca antes, porque ni sabía pelear exactamente, pero ahora sacó dotes de donde no se hubiera imaginado nunca. Y también ayudaba el hecho de que aquella pequeña pandilla parecía carecer de experiencia, lo cual definitivamente era un punto a su favor y que obviamente aprovecharía, porque no se quedaría con las ganas de darles una paliza.
En lo que los otros dos intentaban ponerse de pie para buscar algún arma, el peliverde acorraló al mismo que estaba pateando antes contra la pared, apretándole un tubo de metal al cuello, estando de espaldas de este, para también usarlo como escudo y poniéndose enfrente de Takao para protegerlo también.

—Maldito imbécil, ¡maldito! —siseó con ira, ahorcándolo, cegado por completo.

—Shin… Shin-chan, no lo hagas, no vale la pena —Takao al fin logró articular palabra, mientras se esforzaba por ver al peliverde y apoyándose con su brazo menos lastimado, logró jalarle la manga del pantalón impropio.

Fue entonces, que Midorima reaccionó y soltó al tipo ese, dándole un golpe para dejarlo nockeado por completo. Entonces, la impotencia regresó a su corazón e ignorando todo ahora, se dio la vuelta para ir con el pelinegro, luego se agachó y lo cubrió quitándose su playera, dejando ver los moretones que se le formaron en la pelea, aunque no eran muchos.

Pudo ver como en ese momento Kagami y Aomine llegaron también, logrando dejar fuera de combate a los otros dos tipos que quedaban tras varios golpes, evitando así que quisieran tomar venganza contra el peliverde, no costándoles mucho por su estatura y buena condición física.

— ¡Perdóname! ¡Perdóname, perdóname, Takao…! —susurró Midorima, mientras con cuidado abrazaba el cuerpo del pelinegro. Y ahora sí, las lágrimas que estuvo escondiendo, cayeron lentamente por sus ojos; raro ver tipos como él llorando, pero esto, esto era algo que rompería el corazón de cualquiera.

—Ya está bien, Shin-chan… —jadeó Takao, intentado sonreír, pero su expresión dejaba ver el sufrimiento que tenía.

— ¡No, no lo está! Yo… yo, debí… Maldición —Midorima rechinó los dientes y frunció el ceño mientras las lágrimas caían aún, abrazando con firmeza al chico, sosteniéndolo, dándole su protección, acomodándolo en su pecho, tratando de no moverlo mucho para no herirlo.

¿A quién no le destrozaría el alma ver como estaban casi por violar por completo a la persona más importante de tu mundo?

Porque sí, Midorima Shintaro en ese momento se dio cuenta de muchas cosas con solo tener abrazado al pelinegro. Se dio cuenta que no lo quería perder, que no quería verlo llorar, verlo sufrir así jamás, qué era lo mejor que le había pasado en su vida, que era como una luz en su camino, que era lo que Oha Asa justo le recomendó, que lo quería ver sonreír siempre.
Pero lo principal, Midorima se había dado cuenta que estaba enamorado de Takao y ahora ya no habían barreras que le permitieran mentirse a sí mismo o no aceptarlo, como había pasado desde el principio.

Las manos de Kazunari se sujetaron como pudieron del torso ajeno, para no caer, pues ya no podía más, todo su cuerpo pesaba demasiado y le dolía.
Se sentía asqueado por haber sido tocado por tipos como esos. Quiso decirle muchas cosas al peliverde, como que no se sintiera culpable, qué estaba feliz porque llegó por él, aunque al principio no quería que fuera. Y que no llorara, que todo iba a estar bien.

Sus ojos empezaron a pesar más y entonces se abandonó a la inconsciencia con los brazos de quién siempre deseó tener a su alrededor.


/Domingo 18 de Agosto del 2013/

La policía no había tardado en llegar luego de que Midorima por fin logró encontrar y poner a salvo a Takao; donde si tardaron, fue en ubicar a los chicos heridos, porque no sabían dónde buscar exactamente hasta que Kuroko les avisó, dado la complicada zona que era, por ser abandonada y llena de vegetación que serían capaces de ocultar a un oso.

Ahora, los chicos estaban en el hospital, uno particular para que el servicio fuera más rápido. Midorima no era nada pobre y no le importaba gastar su dinero ahorrado para que el pelinegro estuviera bien, ya luego se lo explicaría a sus padres. Momoi y Kotomi llegaron tan pronto Kuroko les avisó, pues el peliverde estaba que no quería hablar con nadie, pues seguía sintiéndose rotundamente preocupado, aunque sí aliviado puesto ahora ya estaba junto al pelinegro.

Los jóvenes estaban sentados en la sala de espera, donde Aomine volvió a tomar posesión de la mano de Kagami al estar en asientos continuos, ignorando completamente las miradas que cierto peliceleste llegó a lanzarles, curioso. Seguramente si Kise no estuviera todo dramático como siempre, este hubiera hecho lo mismo, pero no era su culpa esta vez, dada la situación, pero Kuroko le hacía calmarse. Y todos esperaban noticias del estado de Takao.
Pero el celular de Kagami empezó a sonar, rompiendo el silencio e inconforme, se soltó de la mano del peliazul para alejarse de ahí y responder.

Por otro lado, Shintaro estaba serio. Logró encontrar la calma una vez tuvo en sus brazos vivo a Kazunari, mas seguía ansioso, porque más que sufrir físicamente, una casi violación también dejaba secuelas psicológicas muy profundas. Aunque si algo era seguro ahora, era que él estaría ahí para hacer que recuperara la sonrisa de siempre, está vez no se iba a separar de él.

Se sentía un vil imbécil por haber esperado que algo como esto sucediera para terminar dándose cuenta de sus verdaderos sentimientos por Takao, siendo que hace tiempo juzgó a Aomine por mentirse a sí mismo luego de que este supiera los sentimientos de Kagami.
La verdad es que ahora entendía la confusión que pudo sentir el peliazul, que le llevó a hacer lo que hizo, pero tampoco lo justificaba, pues el moreno también era un alzado de primera.
Sin embargo, pese a que Midorima estaba concentrado plenamente en Takao, para él no pasó desapercibido el gesto que tuvieron sus dos amigos al tomarse de las manos y eso solo quería decir una cosa: que finalmente el peliazul ya había aceptado sus sentimientos. Pero sabía que a este le faltaba un paso más. Así que, aprovechando que el pelirrojo se había ido y que los demás estaban platicando en susurros sin concentrarse en más cosas, debido a que igual seguían preocupados, aprovechó.

—Aomine —llamó, serio como siempre—. Me es grato ver tu avance con Kagami.

El aludido chico frunció el ceño y se sintió un poco avergonzado solo unos segundos, luego suspiró.

— ¿A qué viene eso ahora? Deberías solo estar pendiente de Takao —repuso Aomine, con desinterés y mirándolo.

—Estoy pendiente de él —Midorima le miró igual—. Pero te estoy diciendo esto, porque veo todavía no has dado el paso final.

—Tsk, no tienes porque…

—Aomine, no esperes a sentir el miedo de perder a la persona que amas para terminar aceptando tus sentimientos y decidir qué hacer —esta vez, Midorima sabía lo que decía.

—… —Daiki no supo que responder, porque notó la experiencia en la mirada del peliverde, era obvio que eso le estaba pasando ahora.

Y sinceramente, sabía que tenía razón. Más razón de la que quisiera admitir, pues él hubiera enloquecido si algo similar le hubiera sucedido a Kagami, es más, él sí hubiera terminado matando a esos tipos. Del mismo modo, también sabía que no solo bastaba con aceptar sus sentimientos, ahora tenía que decirlo, lo sabía y… no sabía cómo. En estas cosas, Aomine si se sentía un reverendo inútil. No tenía delicadeza, ni tacto, todo directo.

Suspiró, justo cuando el pelirrojo venía de regreso.

—Chicos, yo debo irme. Era mi madre, se enteró no sé de donde de lo qué pasó y… —Kagami frunció el ceño.

Sus amigos, ya enterados de su historia, entendieron. Como no, una madre no sigue igual luego de ver a su hijo al lecho de la muerte, aunque ya hiciera bastante tiempo de eso.

—No pasa nada, Kagami-kun, nosotros te mantendremos informados —respondió Kuroko con amabilidad.

— ¡Cuídate mucho, Kagamicchi! —exclamó Kise y se acercó para abrazarlo.

—Ve con cuidado, Kagamin —secundó Momoi con una sonrisa dulce.

—Yo te acompaño a la salida —repuso Aomine de forma demandante y se incorporó.

—No hace falta, yo sé cuidarme solo… —empezó a protestar Kagami.

—He dicho que te acompañaré a la salida, no te pregunté —el tono de Aomine fue firme, una orden y llevándose al pelirrojo del brazo.

— ¡¿Pero qué estás…?! —Kagami suspiró. Hoy estaba bastante cansado como para querer pelear, así que solo se zafó del agarre ajeno y le fulminó con la mirada, como diciendo "yo puedo caminar solo"— Como sea, nos vemos, chicos —se despidió.

Los demás se despidieron con un gesto de mano, excepto Midorima, que simplemente les miró.

—Si hubiera traído mi moto, te llevara a casa —comentó Aomine una vez estuvieron fuera del hospital.

—No necesito tus cuidados, idiota —espetó Kagami, frunciendo el ceño.

— ¿Qué manera de agradecerme es esa? —gruñó Aomine y viéndole con el ceño fruncido igual.

—Aomine, no sé qué pretendas ahora, pero debes saber que yo no estoy dispuesto a soportar lo mismo —dijo Kagami con seriedad.

Porque sí, era consciente todavía del agarre de manos que compartieron más de una vez e incluso correspondió, pero se dijo a sí mismo era por el momento o eso creía por parte del moreno. Y aunque ese gesto le llenó de una inmensa felicidad, no tenía intenciones de ilusionarse por eso, no cuando se supone todavía tenía pendiente aquello de la apuesta sobre que le olvidaría.
Aunque la verdad, cada día que pasaba, eso se le hacía más difícil.

Aomine resopló y puso los ojos en blanco en solo segundos, porque después jaló de la nuca a Kagami y lo besó.

Lo besó como si la vida se le fuera en eso.

Y fue como si una catástrofe placentera comenzara dentro de su pecho cuando sus labios se juntaron por primera vez.


Para que vean que no soy una mala persona, les di angustía, pero también lo que tanto esperaban con Kagami y Aomine, huehuehuehue, y sin interrupciones(?) x'D.

Asdkjdsaljdsalsad, Midorima también ya abrió los ojos, pero no me odien por poner a Takao en ese aprieto, miren que no le pasó nada de lo que yo planeé al principio(?).

He estado pensando, que como tengo exactamente un mes y una semana de vacaciones, actualizar cada tercer día o bien cada cuatro días, ¿les parece? Pero también depende muchos de los comentarios que reciba estando de acuerdo con ello... xD. Porque la historia ya casi la termino de escribir, pero no sé ustedes.

En fin, estaré muy feliz de que me dejen sus comentarios sobre qué les pareció el capítulo ^-^.