¡Holi!
Justo cómo me comentaron en el capítulo anterior, pues he decidido actualizar cada tercer día o cómo máximo, cada cuatro días, así que espero de verdad disfruten mis vacaciones cómo yo(?).
Ahora, ¡agradezco mucho sus comentarios! Son luz en mi camino de inspiración, alsdkjaldjasl ;u;
Igualmente gracias a las personitas que me leen desde la sombras :*
Espero disfruten del capítulo y disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.
Ese ósculo por parte del peliazul, fue algo que Kagami jamás se esperó, que aunque se quedó en shock como por tres segundos, luego sus sentimientos se apoderaron de él y correspondió al beso con ferocidad, sujetando al moreno de la cintura con fuerza.
Y Aomine ahogó un rugido por ese recibimiento tan perfecto, sujetándole con más fuerza de la nuca, atrapando esos cabellos rojos en su mano con firmeza, devolviendo el apasionado beso.
¿Cuándo tiempo Kagami fantaseó con poder besar esos labios como el chocolate? ¿Cuántas veces pensó que era imposible que eso llegara a suceder?
Sin embargo, ahora todo era real. Las emociones desatadas en su pecho le decían que era así, sentía que sus labios quemaban de manera exquisita, mientras enviaban chispas por toda su piel, encendiéndolo como si cables de electricidad fuera su sangre. Se sintió como un rey en plena gloria con ese beso, como si fuera todo lo que estuvo buscando desde un principio, porque sintió que esos labios encajaban perfectamente en su boca. Era como si sus labios estuvieran hechos para besarse solo entre ellos, de esa única forma.
En un ósculo que los hacía vibrar de pies a cabeza, que les tocaba el alma a los dos, tirando sus barreras fuera, quedando desnudos sin necesidad de desvestirse solo con ese beso.
Aomine se sintió poderoso, se sintió el mejor. No con egocentrismo ni arrogancia, sino como algo natural mientras sus labios se movían sincronizados con los del pelirrojo, devorándose fervientes.
Todo su ser estaba hirviendo, se sentía consumido, perfectamente consumido, algo que le llenó de golpe por completo, algo que derribó todas sus excusas y que fue capaz de hacer desaparecer el mundo de su mente y solo ver a Kagami en él.
Supo al estar besándolo que era justo lo que siempre había querido. Y para nada iba a renunciar a él ahora que al fin lo había encontrado.
Nunca se imaginó besar esos labios de fuego, pero ahora que los había probado por primera vez, ya no se creía capaz de mantenerse lejos de ellos. Sabía que se terminaría convirtiendo en una adicción deliciosa.
Lentamente se separaron cuando sentían que el aire les faltaba y se miraron.
—Ya te dije, Kagami, que yo no estoy jugando contigo —susurró Aomine, todavía sujetándole de la nuca—. Mi intención es más profunda.
La mirada fija y sin pudor alguno que este le dedicó, avergonzó a Kagami, que frunció el ceño y se ruborizó ligeramente.
—No digas esas cosas tan… vergonzosas ahora —refunfuñó. Pero estaba completamente feliz, oh, sí, claro que lo estaba. Porque luego sonrió con orgullo y le regresó la mirada intensa.
Aomine sonrió socarrón.
—Deberías irte ahora, nosotros podremos platicar con más tiempo después.
—Estoy seguro de que lo tengas que decir es muy importante —molestó Kagami, queriendo tomar un momento el control de la situación.
—Todo lo que yo digo es importante —zanjó Aomine, acentuando su sonrisa de forma altiva.
—Aja —bufó Kagami—. Pero bien, debo irme ya o a mi madre le dará un ataque de pánico.
—Pero antes… —Aomine inclinó nuevamente su rostro hacía el pelirrojo, que se quedó quieto, mientras se veían a los ojos.
Entonces, el peliazul introdujo su dedo índice en el anillo de la cadena de Kagami y lo jaló de ahí, para volver a besarlo.
/Lunes 19 de Agosto del 2013/
El haber pasado la noche en el hospital hizo que Midorima se despertara con dolor en el cuerpo y con algo de mal humor que se le pasó momentos después de ir a ver a Takao dormir.
Desde que el domingo en la madrugada estuvo en el hospital esperando las primeras noticias del estado de Kazunari, no se había movido de ahí y además de que le ayudaba el hecho de que en el mismo hospital trabajaba el mejor amigo de su padre, por lo que consiguió prestado un baño para poder ducharse ahí y su hermana menor, Ayumi, le trajo un cambio de ropa, así como comida.
Por supuesto que Kotomi le dijo que no tenía que hacer eso, que debería ir a descansar y ella le informaría de todo sobre el pelinegro, sin embargo, Shintaro se negó rotundamente.
Sus padres no le pusieron ningún "pero" exactamente, aunque si tuvo que hablar con ellos, quién de igual modo se mostraron preocupados por su amigo, ya que Takao había logrado ganárselos del mismo modo. Y ya era bastante mayorcito como para depender del permiso de sus padres, que de todos modos no paraban mucho en su casa por sus trabajos.
Sus amigos probablemente vendrían más tarde, pues todavía era muy temprano.
Según el doctor, el estado de Takao no demasiado grave—físicamente hablando—, pero si necesitaba mucho reposo, además que su cuerpo estaba bastante lastimado, sobre todo en la zona del recto. Cosa que aumentó el deseo homicida por aquellos malditos tipos que ahora se refundirían en la cárcel.
Pero todavía un pequeño problema: el líder de aquello no fue encontrado.
Ese día la policía buscó más cómplices aparte de los violadores esos, pero no hallaron a nadie más, de manera que seguían sin saber quién fue el autor original de semejante barbaridad.
El peliverde suspiró y se incorporó para mover su engarrotado cuerpo en la pose nada cómoda en que durmió en los asientos de la sala de espera.
—Midorima-kun, deberías desayunar algo —dijo Kotomi con la voz suave.
—Gracias, Kotomi-san, pero no tengo hambre —respondió Midorima, serio, pero ligeramente amable.
—No está bien, anda, mira, traje un sándwich y café. Acéptalos, que cuando Takao despierte te querrá ver bien —Katomi le extendió las cosas al chico y sonrió.
Midorima le vio, bueno, en eso sí tenía razón.
—De acuerdo, gracias —así, tomó el desayuno y se dispuso a comerlo con calma, aunque tampoco le tomó mucho tiempo.
—Midorima-kun, yo debo irme a trabajar —Kotomi suspiró. Ella no había pedido permiso en su trabajo, porque solo lo haría una semana, pero cuando su hermano menor fuera dado de alta para poder cuidarlo—. Por favor, cuida de mi Kazu-chan.
—No te preocupes, yo te avisaré cualquier cosa —asintió Midorima, viendo a la chica.
Kotomi se despidió luego de pasar a ver su hermano por última vez, pues regresaría hasta la tarde.
Ahora que estaba solo, el peliverde aprovechó para ir a ver a Takao de igual forma y no es que no apreciara la preocupación de los demás, pero es que era más cómodo para él estar solo vigilando el sueño del pelinegro.
Al entrar a la habitación donde estaba Kazunari, ahogó un suspiró al ver a este con las sondas en la nariz, la mano vendada y una gasa en su cara, donde había sido golpeado. El color de su piel estaba algo pálido y pese a que estaba dormido desde el sábado, se notaban ojeras también, pero probablemente, esto tenía que ver más con algo psicológico y había razones. Dado que tenía la bata típica de los pacientes en un hospital, es que no se veía el resto de vendajes en su torso ni piernas. Midorima tomó uno de los libros que su hermana le trajo antes y se dispuso a leer, sin por ello dejar de prestarle atención el pelinegro, por esa misma razón es que quizá no podía concentrarse por completo, pero igual continuó su lectura para no atormentarse.
—Cariño, voy a salir a dar una vuelta por el restaurante —avisó Mika a la vez que se acercó a ver a su hijo.
Kagami jugaba un video juego de basquetbol bastante concentrado.
—Está bien, nos vemos —sonrió ligero.
—Cuídate —Mika le acarició la cabeza a su hijo y suspiró.
Se le hacía raro ver al pelirrojo tan animado y no entendía porque, pues desde que llegó a casa el domingo por la madrugada su mirada brillaba como si fuera el chico más feliz del mundo, cuando se supone no puedes estar así luego de que un amigo tuyo fue lastimado.
Sin embargo, eso era algo que Kagami no podía evitar. Todavía sentía la preocupación por sus amigos, sí, pero era más grande la satisfacción de recordar aquel ósculo que compartió con Aomine, el que por cierto aun lo sentía en sus labios, sentía ese sabor aún y eso le causaba más sonrisas de las que antes llegó a dar. Por eso mismo, es que ayer cuando llegó a casa, no pudo dormir sino hasta varias horas después de tanto pensar en lo que acaba de suceder, porque esta vez sentía y sabía no eran simples jugueteos, sería demasiado si ese fuera el caso. Además, conocía bien al peliazul y esa mirada que le dedicó luego de besarse un buen rato, era totalmente sincera, mas por supuesto aún no cantaba victoria, por decirlo de algún modo, pues no se dijeron nada más gracias al poco tiempo.
Y como ayer se desveló más de lo que debería, el resto del día domingo se la pasó durmiendo como un felino, despertando ya hasta tarde con varios WhatsApp sin ver, donde le decían que Takao no despertaba todavía y sí estaba bien; la mayoría eran de Kise, pero el que más atesoró, fue el que recibió de Aomine, donde decía "espero verte pronto". Pese a que todavía era la tarde, ya no pudo salir porque su madre le obligó a acompañarla al supermercado donde no le dejó irse y el pelirrojo prefirió no llevarle la contraria, pues no le gustaba discutir con su madre.
Así que hoy, como ella estaría ocupada, Kagami no se quedaría a aburrirse en su casa, para nada.
El calor del verano era demasiado, por eso mismo es que decidió darse una ducha antes de salir a ir a ver qué tal estaban las cosas en el hospital.
No demoró mucho, solamente cerca de diez minutos y se aplicó en el cuerpo su loción hidratante masculina. Luego de eso, se enfundó su bóxer y un short mientras se secaba el cabello con la toalla, acción que se vio interrumpida cuando el timbre sonó como cinco veces seguidas, dejándose ver la poca paciencia de aquella persona.
Por lo que, Kagami, irritado ligeramente por ese modo tan bestia de tocar, sin terminar de vestirse ni nada y con la toalla en la cabeza, casi corrió hasta la puerta.
Casi le da algo ahí mismo cuando se encontró esos ojos azules que prácticamente lo devoraban con la mirada, haciéndole estremecerse.
—Me gusta tu recibimiento —dijo Aomine socarrón y con una sonrisa.
—Idiota, ¿qué se supone haces aquí? —Kagami luchó por no sentir vergüenza por ese tipo de mirada tan… directa y sin pena que le dedicó.
—Ayer no te apareciste por el hospital, temía que te hubieras ahogado con la comida —respondió Aomine con desinterés, pero burlón. Para nada diría que era porque necesitaba verlo.
El pelirrojo le miró atento y luego sonrió.
—Si querías verme pudiste habérmelo dicho —aventuró Kagami, haciéndose a un lado para dejar pasar al moreno.
Esta vez fue Aomine quién frunció el ceño unos segundos.
—Pues… —se rascó la nuca unos segundos y la mirada feroz y decidida regresó— Sí, quería verte, ¿algún problema con eso? —pero en su expresión, se notaba la ligera vergüenza que le causó admitirlo de esa forma.
—No… ninguno —Kagami aprovechó que tenía la toalla en su cabeza y fingió se secaba el cabello para así esta misma le cubriera el pequeño sonrojo.
Ninguno de los dos era bueno para estas cosas.
—Muy bien, espero me des de comer, porque Satsuki casi me intoxica con su desayuno —espetó Aomine, cerrando la puerta una vez entró.
—No me des órdenes, Ahomine —refunfuñó Kagami, pero de todos modos, caminó hasta llegar al comedor con el peliazul siguiéndole los pasos—. Terminaré de vestirme.
Estaba por dirigirse a su habitación, pero Aomine le detuvo sujetándole la muñeca. Él para nada quería que si vistiera, no cuando podía pasarse todo el día admirando ese bien formado cuerpo que el pelirrojo tenía; sus piernas bien torneadas, su redondo trasero, su espalda marcada, esos músculos que le daban más sensualidad a ese delgado cuerpo.
—Sería un desperdicio que lo hagas y no me puedo permitir eso —dijo.
Kagami se estremeció por el contacto y no se alejó. Volvió a verlo, mientras sentía su pulso iba a acelerándose poco a poco.
—… Kagami, yo quiero decirte qué… —Aomine también le veía a los ojos, pero joder que declararse era complicado, sobre todo porque no quería llegar y decir típicas cursilerías de pareja.
— ¿Qué? —presionó Kagami, mostrándose perplejo. No quería adelantarse a pensar nada, no, no. La adrenalina se extendió por su sistema de manera diferente a cuando estaba en un partido.
—Qué, agh… —Aomine suspiró y con el ceño fruncido, desvió la mirada como si buscara en otro lado las palabras exactas que debía decir.
Mientras, el pelirrojo se mantuvo atento.
—Joder que es difícil, mierda —Aomine se llevó una mano a la frente, tenía un pequeño rubor que no se notaba por su color de piel.
—Nunca pensé escuchar esas palabras de "el gran Aomine"… —masculló Kagami con fingida inocencia, pero notoria burla en su mirada.
— ¡Cállate, no se trata de eso, idiota! —gruñó Aomine, ahora molesto y le desafió con la mirada— A la mierda con las palabras.
El pelirrojo sonrió por eso e iba a decir algo, cuando el peliazul estampó su boca contra la suya de manera feroz y salvaje, a la vez que sintió como esas morenos manos le sujetaron con fuerza de la cintura. Así que solo atinó a sujetarle de los hombros, mientras se dedicaba a devolverle el beso de la misma manera.
La lengua de Aomine no se hizo esperar y profanó la boca del ojirojo, buscando dominancia sobre la ajena, pero Kagami no era dócil y su lengua del mismo modo peleaba deliciosamente con la impropia, sin aparente ganador todavía. El pudor se había ido al caño y terminó arrinconando al peliazul contra el comedor con tal brusquedad, que este se sujetó de la mesa, sentándose a medias, pero teniéndole con la otra aún sujeto de la cintura.
Los dos chicos empezaron a jadear mientras los chasquidos suaves salían de sus bocas por el apasionado contacto que ninguno se sentía capaz de detener y no querían hacerlo.
Aomine, tampoco siendo fácil en ceder, empujó al pelirrojo del pecho hasta la pared más cercana y haciendo uso de su velocidad, lo aprensó a esta acomodándose entre sus piernas, como si quisiera cargarlo, recibiendo una fuerte mordida en su labio inferior como respuesta del pelirrojo, lo que le hizo sonreír.
Sus manos no se quedaron quietas y luego de dedicarle una mirada llena intensidad, se dirigió al cuello de Kagami, para empezar a recorrerle el torso con ansias, como si fuera una pantera probando a su presa. Esa jodida piel tan sexy lo prendía de muchas maneras, además de que olía tan bien; algo fuerte, fresco, salvaje y tropical.
Por otro lado, las manos de Aomine sobre su piel desnuda del torso le quemaban, sentía un incendio en cada tramo de piel que era tocada, cosa que le llevó a jadear. Estaba acorralado y si bien no iba a dejar que el peliazul tomara el control tan fácil de él, no evitó que eso le excitara. Por eso mismo, también empezó a deslizar sus manos por la espalda ajena, sobre la camiseta que traía; metió sus manos ahí y rasguñó al mismo tiempo que una mordida se quedó en su cuello y el moreno bajó hasta su clavícula para besarla y morderla.
Kagami parecía un tigre empezando a cazar cuando bajó más las manos y aprovechando que estaba casi siendo cargado por el otro, le apretujó ese par de glúteos tan firmes, sonriendo complacido cuando el moreno gruño no de forma molesta, sino como un ronroneo.
Porque sí bien Aomine podía haberse proclamado un hombre heterosexual antes, quien se fijó en un chico solo porque se trataba de Kagami Taiga, no es como si fuera gay y por eso su intención no era hacer un rol que según él no le correspondía, pero de todos modos, eso no fue impedimento para que ese masaje en su trasero no le gustara más de lo que pensó.
El peliazul continuó repartiendo besos y mordidas en el pecho ajeno, hasta que se detuvo a succionar uno de los pezones de este sin delicadeza alguna. En respuesta, Kagami le apretó del cabello y gimió roncamente.
Por supuesto que los dos sabía esto sería ir demasiado rápido, era solo que simplemente no podían resistirse a probarse el uno al otro.
Y por eso mismo, el pelirrojo le jaló del cabello para besarlo de forma demandante, chocando ambas respiraciones calientes.
—Deberías vestirte o no me contendré… —murmuró Aomine entre los labios ajenos.
—Fue tu culpa en un principio —le respondió Kagami con la respiración agitada.
El peliazul sonrió y se separó para dirigir otra vez sus labios al cuello ajeno, donde besó y succionó con fuerza, lugar en el cual seguramente se haría una marca pronto, causando que el pelirrojo suspirara.
Los dos estaban casi erectos, pero tal parecía que no llegaría a más. No todavía.
— ¿Qué debo suponer significa esto, Ahomine? —inquirió Kagami.
El nombrado chico negó ligeramente; según él, fue bastante claro desde el domingo con sus acciones, pero tal parecía que con el pelirrojo eran necesarias las palabras y no se equivocaba, Kagami necesitaba que le confirmara las cosas, que le hiciera saber que era importante del mismo modo que lo era el peliazul para él y con las acciones no bastaban.
Aomine dejó que el pelirrojo se pusiera de pie, pero se mantuvo pegado a su cuerpo con sus manos a cada lado de la cabeza ajena, mientras frunció el ceño y chasqueó la lengua.
—Yo no estoy jugando contigo —afirmó con seriedad, relajó un poco la expresión, viéndole a los ojos—. Bakagami, más te vale que escuches bien esto, porque no tengo pensado repetirlo —advirtió, apretando los dientes—: no sé qué demonios me hiciste, pero yo no…agh, no quiero mantenerme lejos de ti ahora. Tú me gustas más de lo que pensé —dijo atropelladamente, mientras el ramalazo de vergüenza le atacó la cara no tan evidente, pero mantuvo el contacto visual.
Sin embargo, no era el único que se sentía así.
Kagami se había puesto rojo cual tomate por esas palabras tan directas, porque para nada, para nada se imaginó que el peliazul terminara diciendo algo tan ¿sentimental?, bueno, era una declaración que no quedaba con el porte desgarbado y medio bruto del moreno. Además, tampoco terminaba de creérselo, ¿en serio? ¿De verdad ese idiota peliazul le estaba correspondiendo a sus sentimientos?
La sensación de vértigo aumentó cuando vio todas esas respuestas en la mirada del moreno y en efecto, la respuesta era sí.
—Y lo siento, porque te hice esperar demasiado —añadió Aomine, ahora ya con el control de sus emociones, por eso ya no le costó tanto hablar. Después de todo, él no era alguien precisamente con pudor, pero definitivamente, las cosas eran muy, muy diferentes a como si le estuviera hablando a una chica.
Y aunque el pelirrojo se avergonzara de diferentes maneras, él no era una y para nada Daiki lo trataría así. Kagami solo era emotivo.
—Ya no digas más… —gruñó ligeramente, frunciendo el ceño— Eres un imbécil, Ahomine —con su mano, atrajo la cabeza ajena y le dejó un casto beso en la frente.
El susodicho se sorprendió, pero luego sonrió con suficiencia y el pelirrojo frunció los labios.
—Bueno, con esto queda claro que no puedo permitirme que termines de cumplir esa maldita apuesta —insistió Aomine en un bufido.
Kagami, ya recuperado del sonrojo anterior, suspiró. No pensaba que el peliazul se acordara.
Y cierto era que ni siquiera estaba logrando aquello que dijo que lo empezaría a olvidar, ¿para qué negarlo? El amor que sentía hacía Aomine era de otra magnitud, no era un simple primera amor, para nada, era algo mucho más profundo y si creía que de verdad lo olvidaría, se estaría mintiendo a sí mismo.
—No tengo pensado hacerlo ahora —contestó Kagami, decidido y sonrió.
—Y como ahora ya lo sabes, yo…
— ¿Me vas a preguntar sí quiero ser tu novio, como los animes shojo? —inquirió Kagami con una gesto burlón, aunque eso también le dio pena a él.
— ¡Deja de decir estupideces! —exclamó Aomine, enfurruñándose y ruborizándose un poco. Suspiró, desvió la vista un segundo y frunció el ceño otra vez— Pero, cómo sea, lo que hemos venido haciendo deja en claro lo que ahora somos, ¿o acaso quieres que te haga todo cursilón como si fueras una chica? —dicha aquella pregunta, le sonrió con burla.
— ¡Por supuesto que no, idiota! —replicó Kagami, además eso sería demasiado vergonzoso para él.
—Heh, entonces así está bien —Aomine se inclinó para besar nuevamente esos labios de forma lenta.
Y Kagami correspondió de la misma manera, aumentando la pasión en cada segundo, hasta que sus lenguas volvieron a enzarzarse en una lucha intensa, besándose dejando claro a quién pertenecían.
Ese beso sabía a libertad.
Su consciencia apareció poco a poco, de la forma en que llega un suspiro; natural, de improvisto.
Sentía engarrotado el cuerpo y un tanto adolorido, sobre todo en la parte baja de este, cosa que le hizo fruncir el ceño, pues los recuerdos de todo le llegaron de golpe y jadeó, estremeciéndose con fuerza, sintiendo asco de sí mismo, al recordar esas malditas manos recorriendo su cuerpo y profanándolo. Incluso le dieron arcadas y sus ojos se cristalizaron, sentía que se ahogaba. ¡¿Cómo pudo dejar que otras manos le tocaran así?! ¡¿Por qué fue tan débil?!
Sentía rabia consigo mismo, quería golpear, quería rebanar a aquellos malditos que le hicieron eso, pero sobre todo, porque hicieron que cierto peliverde lo viera en ese estado.
—Takao, cálmate —dijo Midorima, mostrándose serio, pero tratando de no derrumbarse ante la imagen del chico.
Estaba por irse al baño, cuando le vio abrir los ojos y pensando que quizá era su imaginación, se acercó y vio el odio así como el dolor en su mirada que le dio un aspecto demasiado frágil.
En ese momento, Kazunari se dio cuenta de que el peliverde estaba con él, otra vez. Justo como cuando fue por él y lo defendió.
Se quedaron viendo fijamente. Más que nada, el pelinegro sintió terror de que como ahora su cuerpo estaba sucio y mancillado por otros, quizá el peliverde con más razón se alejaría y él no quería eso; aquello le dijo el pánico que se apoderó de su persona por unos momentos. Mismo que se fue al demonio, cuando los brazos de Midorima le abrazaron con fuerza.
—Lo lamento —la gruesa voz de Shintaro se quebró y apretó el rostro ajeno en su pecho. Mierda, se sentía tan mal por todo, incluso culpable—. Lamento no haber estado ahí, Takao, de verdad que yo… —apretó los dientes y sus ojos se cristalizaron, porque le dolía a él también ver a su amado así.
—Shin-chan… —susurró Takao con los ojos abiertos como platos, realmente impresionado por la reacción del peliverde, siendo que se esperó rechazo o regaños por parte de este.
—Siento mucho todo lo que pasó, siento no haber llegado a tiempo por ti… —siseó Midorima con un nudo en la garganta y el corazón comprimido.
—Hey, Shin-chan, no es tu culpa… —intentó decir Takao, sin embargo, ahora estaba completamente conmovido y él si había empezado a llorar.
Lloró porque no quería ver mal al ojiverde por su culpa y por la felicidad que sintió que él estuviera pendiente de su persona.
Midorima se aterró. Él no quería ver triste ni decaído a su pelinegro, quería ver esa sonrisa que siempre le mostraba cuando pasaba por su casa, quería ver a su sonriente y bromista Takao. ¿Cómo no podía sentirse culpable si él mismo se había propuesto hacer que el pelinegro nunca dejara de sonreír?
Las manos de Kazunari se aferraron a la playera del peliverde, abrazándolo como podía, deseando que no fuera un sueño, que de verdad Shin-chan estuviera ahí con él. Y Midorima, le sujetó suavemente de la cabeza, para acunarlo mejor en el abrazo, se sentía jodido no poder hacer nada para eliminar el sufrimiento de la persona que quería más que nada en el mundo.
—Takao, yo…
—Pensé que no te volvería a ver, Shin-chan —masculló Takao, con los ojos cerrados—. Pensé que esos tipos te harían algo, yo no quería que fueras para que no te pasara nada —sollozó débilmente.
Eso atravesó el corazón del peliverde y lo abrazó con más fuerza.
—Idiota, no digas esas cosas. Yo iba a ir por ti, sí o sí —respondió Midorima con el ceño fruncido, todavía con ese nudo en la garganta—. No sé qué hubiera hecho sin ti, Takao —añadió bajito.
Por supuesto que le costaba expresar sus sentimientos y emociones siempre reservadas dentro de su cascarón, sin embargo, hace tiempo que el pelinegro ya había empezado quebrarlo de manera inimaginable. Si esto fuera en otra ocasión, seguramente el peliverde se estaría muriendo de la vergüenza con las burlas del ojiazul.
Esas palabras le inundaron el pecho de calidez a Takao, sorprendiéndose.
—Shin-chan, no tienes que decir algo como eso solo porque te sientas culpable por lo que me pasó —pese a sus palabras, se mantuvo abrazado al otro chico, porque no le soltó.
—No seas estúpido. ¿De verdad crees que yo diría esas cosas tan difíciles solo por culpa? —espetó Midorima y le sujetó el rostro al ajeno para verlo a los ojos, sintiendo la sensación de vértigo cuando esos orbes azules le miraron con fijeza.
Se avergonzó un poco y para disimularlo, se acomodó los lentes.
—Pero, Shin-chan, yo pensé… lo del otro día —Takao parpadeó. Si bien parte de su persona se sentía traumatizado por haber sido casi violado, otra parte experimentó la felicidad con las palabras del ojiverde.
Shintaro cerró los ojos unos segundos y volvió a abrazar al menor. Porque si iba a decir lo que iba a decir, era mejor que no le viera la cara o entonces sería más complicado.
—No estaba saliendo con nadie, Takao idiota —bufó—. Estaba intentando hablar con ella porque trabaja en un hospital donde tengo interés de hacer mis prácticas en un futuro —explicó con seriedad—, no te quise decir nada porque era seguro te la pasarías molestándome y burlándote como siempre. Pero no te estaba evitando.
Ahora, él que se sintió un idiota, justo como le dijo el más alto, fue Kazunari. ¿Así que era eso? ¿Nadie le estaba quitando a su Shin-chan?
Ni cuenta se había dado a qué hora dejó de llorar, pero ahora sonreía poco a poco.
—No eres un fastidio, Takao, al contrario, tú haces diferente todo en mi vida —susurró Midorima, como pensándoselo si debía decir aquello o no, por las bromitas futuras, pero bueno. Mucho antes ya había aceptado sus sentimientos por su amigo y no esperaría a que otro maldito accidente así pasara para decirle lo que sentía.
Y aunque esas palabras llenaron de alegría el corazón y alma del pelinegro, todavía no podía quitarse la sensación de asco que tenía en su cuerpo. Debido a eso, se separó lentamente del abrazo y se abrazó a sí mismo unos segundos.
—Shin-chan, yo… Pero ahora yo estoy sucio, me siento asqueado de todo lo que pasó y ya no estoy limpio para ti —Takao frunció los labios.
—Si eso me importara, ni siquiera estuviera aquí ahora contigo —señaló Midorima, viéndole a los ojos. Debí haber matado a esos desgraciados cuando pude, pensó con un ramalazo de rabia—. Estoy hablando en serio, cuando te digo que tú haces diferente toda mi vida, Takao.
Takao se estaba enterrando las uñas en las palmas de las manos sin darse cuenta, hasta luego de aquellas últimas palabras del peliverde, que le hicieron mirarle fijo, ¿de verdad no estaba soñando? ¿De verdad su Shin-chan le estaba correspondiendo?
Y ciertamente, Midorima decía las cosas como si ya supiera exactamente lo que el pelinegro sentía.
Por eso mismo, el pelinegro se aventuró a quitarle los lentes al peliverde. Este mismo se dejó y el contacto visual fue mucho mejor, porque envió miles y miles de cortos circuitos en su piel.
Y pese a la debilidad en el cuerpo de Takao, este enrolló su brazo en el cuello ajeno para atraerlo hacía su persona y le besó.
Shintaro se quedó sorprendido por esa reacción, pero, vamos que al sentir la tibieza de esos labios ajenos, le valió mierda que los dos estuvieran en un hospital. Así que, sujetó de la cintura lo más suave que pudo para no lastimar o mover bruscamente el cuerpo todavía en recuperación de Takao y correspondió al beso.
Y en el momento en sus alientos se mezclaron en la hermosa sinfonía del ósculo, sus almas se encontraron; y del mismo modo en que sabes que dos más dos es cuatro, ellos supieron que de verdad eran lo que necesitaban.
Huehuehuekasdjladjklasas, mis feels con Takao y Midorima ;u; Joder, me lástima igual a mí su situación, pero no tanto como para arrepentirme de que le hubiese pasado eso(?), jajaja, no se preocupen, que no le haré nada más x'D.
¡Y al fin Aomine y Kagami dieron el paso que todos estábamos esperando!, ¿o no? Pero bueno, esto todavía está comenzando uvu.
Me encantaría recibir sus comentarios, lectores míos :3.
¡Nos vemos!
