Hola, pequeños saltamontes.
Justo como habíamos quedado, cada tres—o máximo cuatro— días, aquí está la actualización xD. Tenía pensado subirla ayer, pero no pude por otros motivos de fangirls(?).
Me alegra mucho notar que les gusta cómo va el ritmo de ésta historia, todos emocionados porque Aomine y Kagami ya dieron un paso más, kashdakjhdkafd.
Así que aquí les dejo el capítulo, que espero disfruten.
¡Gracias por sus comentarios!
Disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.
Midorima y Takao se besaron por mucho rato, eso considerando el tsunderismo del primero. Pero tal parecía que de verdad estaba aprovechando este momento en el que sus emociones fluyeron como el agua junto con el pelinegro.
Incluso el aparato que monitoreaba los latidos de Takao, enloqueció, llenando de suficiencia al peliverde y haciendo sonrojar a ambos chicos.
Ante la nueva experiencia, Kazunari terminó aprendiéndose de memoria el sabor y textura de los labios del peliverde; era algo firme, exquisito, como un postre francés. Como si fuera chocolate amargo. Porque luego de pasar su coraza, le daba el mejor sabor para deleitar.
En cambio, Shintaro se dio cuenta que besar esos labios era como si toda la buena fortuna del mundo le cayera a su persona; algo mucho mejor que un amuleto. El pelinegro era una energía pura.
Al escuchar como la puerta se abría lentamente, el peliverde saltó de la cama cual conejo y se puso sus lentes, ajustándolos para disimular son enorme sonrojo, que hizo al pelinegro soltar una risita.
Ah, esto era lo que temía Midorima, pero bueno, hacerlo valió mucho la pena, por supuesto.
—Veo que se encuentra muy bien, Takao-san —comentó la doctora con una amable sonrisa, haciendo caso omiso de la forma en que se los encontró.
—Yo estoy tan fresco como una lechuga —bromeó Takao, sonriendo solo un poco. Esa parte de su personalidad no se había perdido gracias al positivismo que generó lo que acaba de pasar con el peliverde. Sino, seguramente estaría deprimido, claro, todavía sentía esa mala sensación en su cuerpo.
—Qué bueno —la doctora sonrió aún más y miró al peliverde—. Jovencito, por favor, salga un momento que necesito revisar bien los resultados de Takao-san.
—Claro. Con permiso —respondió Midorima tan serio como siempre y bajo la mirada del pelinegro, salió con el pulso aún acelerado.
Una vez el peliverde estuvo fuera, Takao suspiró y miró a la doctora con atención. Esta le explicó los daños que sufrió su cuerpo, entre otras cosas que sucedían con pacientes que sufrieron lo mismo, pues quisiera o no, ser casi violado de verdad tenía afectado al pelinegro. Pero ahora que estaría al lado de Shintaro, estaba dispuesto y seguro de superarlo.
Luego de eso, la revisión médica duró como media hora, en la que Midorima aprovechó para enviar un mensaje a la hermana del pelinegro, avisando que ya estaba despierto. Y una vez la doctora le dio luz verde para pasar, regresó al lado del chico.
—Ne, Shin-chan, ahora eres mi novio, ¿verdad? —inquirió Takao alzando las cejas, haciéndose el desentendido.
Midorima suspiró y se ajustó los lentes.
— ¿Acaso hay alguna otra respuesta?
—No, pero quiero oírtelo decir, sería divertido —dijo Takao con cariño y sonrió.
Fue por ese detalle, que el peliverde se dio cuenta que el pelinegro no estaba tan enteramente feliz como parecía, tenía cierto brillo sombrío en la mirada y su sonrisa no era completa, eso le causó pesar y desazón en su pecho.
—Lo somos —Midorima acomodó su diestra en la mejilla ajena para darle una caricia—. Y por eso, Takao, no cargues con todo tú solo, porque no lo estarás. No volveré a dejar solo —añadió con firmeza.
Kazunari abrió de más los ojos por eso y sonrió débilmente. Ah, era obvio que Shintaro se daría cuenta, porque no solo él lo conocía bien, sino también se daba al revés.
—Ne, Shin-chan… —Takao frunció los labios— Realmente te quiero —por supuesto que lo dijo de felicidad, pero se cubrió el rostro cuando sus ojos derramaron lágrimas, porque todavía se sentía tan vulnerable por todo lo sucedido.
—Ya lo sé, tonto —musitó Midorima y lo atrajo nuevamente para abrazarlo con fuerza, brindándole ahí todo su apoyo. Y sonrió—. Y yo… te quiero… a ti —susurró tan bajo, pero tan lleno de sinceridad, debido a la tenue vergüenza de expresarse sin tapujos con algo tan íntimo, aunque por el pelinegro, siempre valía la pena hacerlo.
/Sábado 24 de Agosto del 2013/
Ya había pasado casi una semana desde que empezó una relación con Aomine, una donde la verdad, todos disfrutaban ser espectadores cuando iban al hospital de visita por Midorima y Takao, por supuesto.
Eso porque tanto Kagami como Aomine tenían su modo, un modo completamente único, porque podían ser los más fogosos y apasionantes amantes con solo ver esas miradas que se dedicaban, así como podían ser los más infantiles idiotas cuando peleaban por alguna cosa simple o como entre ellos intercalaban siempre de presa a depredador, sin llegar ser siempre uno en específico.
Kise decía que ver la pareja que eran, era bueno para la vista. No porque los dos estuvieran hechos unos bombones—aunque también contaba eso—, sino porque visualmente eran una mezcla perfecta.
Sin embargo, en esa casi semana fue fácil darse cuenta que ellos no eran como una típica pareja de enamorados, para nada que no. Ellos seguían enfrentándose en la cancha, como siempre. Lo único que cambiaba era que al salir, ninguno de los dos evitaba hacer ademanes que dejaban en claro que el otro ya tenía dueño; parecían felinos defendiendo su territorio de forma inconsciente, aunque solo estuvieran entre amigos o solos ellos dos.
Justo como ahora, que estaban sentados en la sala del departamento de Kagami, viendo una película; los dos se habían acomodado de forma normal, hasta unos segundos después en los que Aomine jaló al pelirrojo para acostarlo en su regazo, avergonzándolo unos segundos y peleando unos momentos por lo mismo. Pero luego, Kagami exigió más contacto y entrelazó sus dedos con los ajenos. Y poco a poco, así estuvieron los dos, demandando la atención corporal impropia, hasta que terminaron besándose con lentitud, pero profundidad. Por eso mismo, dejaron de ver la película.
Ahora, Kagami estaba encima del peliazul un poco ruborizado, sentado en su regazo mientras le tocaba el pecho colando sus manos en la ropa ajena, pellizcándole los pezones de vez en cuando y rasguñándole la piel morena. Eso hizo que Aomine le apretara el trasero y lo empujara hasta dejarlo sobre su pelvis. Ambos jadearon y el primero succionó el labio inferior ajeno con fuerza a la vez que sus miradas se retaban mientras sonreían con la adrenalina acelerando sus corazones. El segundo chico no se quedó atrás y dio una suave, pero firme embestida superficial, que envió una descarga a las entrepiernas de ambos, que gruñeron.
—Mi mamá llegará un algún momento, no hagas eso ahora, idiota —regañó Kagami, sonrojándose un poco y fulminándolo con la mirada.
—Pero tu cuerpo no quiere que me detenga —siseó Aomine con la voz cargada de pasión, mientras sonreía cínico y le apretó la entrepierna, haciéndole ahogar un gemido.
Para ese tipo de agarres que estaban teniendo entre ellos, todavía no habían llegado a algo más íntimo, porque el momento no se había dado realmente, ya que la verdad, ninguno parecía reacio tampoco, solo no era ni el lugar ni momento adecuado.
—Idiota —Kagami le fulminó con la mirada y le mordió con fuerza el labio inferior, que casi lo hizo sangrar.
Justo en ese momento, la puerta empezó a abrirse, causando que los chicos se sobresaltaran y se acomodaran en el sofá, calmando sus respiraciones lo más rápido que podían. Tuvieron una suerte que Mika entrara a la casa hablando por celular con quién sabe quién y no les prestara atención, sino estarían realmente en unos problemas muy feos. Porque, si la madre del pelirrojo no lo sabía, no era porque a los chicos les avergonzara ese hecho, sino porque se notaba a leguas lo especial que era; ya lidiarían con ese problema cuando de verdad fuera necesario, ahora solo querían sentirse bien entre ellos, sin presiones.
Sin embargo, cuando Mika colgó y suspiró, los dos chicos ya estaban bien y no se notaba el calor del momento anterior. Aunque ella no era tonta, como toda madre tenía un sexto sentido, además de que había estado bastante perspicaz y paranoica porque Yuu no le llamó. Ni a ella, ni a su hijo por su cumpleaños. Como madre, sabía que algo había salido mal.
Varias veces intentó llamar a Yuu para saber que rayos pasaba o cuando le iba a contar que no le gustaba la amistad que Kagami tenía con cierto moreno porque le traía los viejos recuerdos de antaño.
Mika temía que la historia se repitiera y si eso sucedía, esta vez actuaría desde mucho antes.
Pero claro, puede que estuviera equivocada o eso deseaba. Mas desde aquella vez que de refilón vio el "morado" que su hijo tenía en el cuello, siendo que la única persona en la casa antes que ella era Aomine, no supo que pensar. Kagami le había dicho que estaban jugando a las luchas o algo así, cosa que no creyó realmente.
Esperó casi una semana y la duda no se disolvía de su mente, por eso mismo es que hoy iba a empezar a jugar sus cartas para ver que averiguaba.
—Taiga, cariño, ¿puedes ir a picar las frutas que traje? Les haré un postre —pidió Mika con una sonrisa suave, acercándose a los chicos que ahora veían la película en cada extremo de un sillón.
—Está bien, mamá —Kagami asintió y le dirigió una mirada rápida al moreno que no pasó desapercibida para su progenitora. Se incorporó y se llevó las bolsas de las compras hacía la cocina.
Aomine se cruzó de brazos e hizo caso omiso cuando la señora le subió un poco más el volumen a la televisión y se sentó a su lado.
—Voy a ser directa, Aomine-kun —dijo Mika con la mirada en la pantalla, sin que todavía el chico la mirara—: ¿Cuáles son tus intenciones con mi hijo? —preguntó con un tono lleno de advertencia.
El nombrado chico le miró despreocupado. Por supuesto que ya sabía bien lo especial de la madre del pelirrojo y habían acordado que por ahora no era bueno decirle nada o eso decía la intuición de Kagami.
—Pues, es mi rival en el baloncesto —respondió Aomine sin inmutarse.
Mika frunció el ceño ligeramente.
—Estas no son cosas que hacen "rivales".
—No, señora. Los dos nos tenemos admiración, también somos amigos. Usted sabe cómo somos los hombres, ¿no? —repuso Aomine sin darle importancia alguna, como si estuviera hablando del clima. Tampoco es como si le fuera faltar el respeto.
La mujer suspiró y sonrió, como si estuviera aliviada, pero para nada estaba conforme con esa respuesta, por más que sonara sincera, por más que ella estuviera consciente que era verdad, no la terminaba de convencer.
—Aomine-kun, debo recalcar que como madre, quiero lo mejor para mi hijo —empezó Mika y le miró con la misma sonrisa que le dio desconfianza al moreno—. No quiero ver a Taiga en cosas anormales y distorsionadas, en cosas que son un problema para la sociedad —sus palabras salieron ligeramente agridulces y se acomodó un mechón de cabello— y por eso, Aomine-kun, debo decir que espero tu amistad sea sana y no arrastre a mi Taiga a ese tipo de cosas.
—Nuestra relación es sana —espetó Aomine, tratando de no hablarle como si estuviera loca, pero se le estaba haciendo difícil. Aunque su expresión ahora se mostraba relajada.
—Para mí empieza a teñirse —Mika le miró seria—. Aomine-kun, si veo a mi hijo en problemas, yo lo alejaré de ellos.
—Lo entiendo, señora —Aomine también le miró. Tampoco era un crío para dejarse, así que sonrió con algo de cinismo—. Pero, como yo no soy un problema, tenga por seguro que no me alejaré de Kagami —su voz se volvió firme.
Entonces, Mika tuvo ganas de golpear algo. ¡Ya sabía que por algo ese mocoso no le caía bien! Porque esa mirada le dijo mucho, de tal modo que le hizo recordar lo que hace varios años pasó.
Apretó los labios e iba a decir algo más, pero su hijo apareció.
—Mamá, ya está todo listo —avisó Kagami con una sonrisa, misma que trató de no convertir en mueca cuando sintió el ambiente tan tenso que podría cortarlo con un cuchillo, ¿qué había pasado?
Quería saberlo y a la vez no, al menos, no en este momento.
—Ah, sí, cariño. Ahora les prepararé el postre —Mika se incorporó y sonrió con dulzura—. Aunque, Aomine-kun, a ti no te gusta el dulce, ¿verdad? —preguntó como si nada.
—No, pero a veces puedo hacer una excepción —respondió Aomine, eso le sonó tanto como una indirecta.
En serio, no puedo creer que Kagami tenga a alguien como ella de madre, pensó.
—Vale, entonces sean pacientes, niños —expresó Mika y pasó al lado de su hijo dándole un apretón a su hombro con cariño.
Kagami se mostró un poco perplejo y al llegar a sentarse al lado del moreno, le miró, exigiendo una explicación, pero este simplemente negó ligeramente.
Sin embargo, por la mirada que tenía Aomine, el pelirrojo adivinó que su madre le había dicho algo y la molestia que sintió, se le hizo tan familiar, causándole unas ligeras pulsaciones en sus sienes, cosa que le hizo fruncir el ceño con fuerza.
Hacía más de un mes que no le pasaba eso, ¿por qué ahora?
Y de pronto, recordó la presencia de su anillo, colgando en su cuello, el cual sujetó por inercia con fuerza. Si bien había iniciado una relación con el peliazul, no se podía deshacer de ese anillo, porque era como parte esencial de su ser.
— ¿Estás bien, Kagami? —Aomine notó el malestar ajeno y le miró con atención.
—Eh, sí, solo me duele un poco la cabeza —masculló Kagami en respuesta.
—Entonces, vamos a jugar para que te distraigas —Aomine casi ordenó y apagó la televisión.
El pelirrojo sonrió con desafió y asintió.
La tarde era bastante tranquila, aunque las vacaciones de verano ya estaban por terminar, de hecho, este lunes regresaban a clases, del mismo modo que el trabajo de Kise sería reanudado.
El famoso modelo de Japón, Kise Ryota, estaba vestido con un jersey rojo y una camisa celeste sin mangas, con unas sandalias negras y unos lentes de sol, acompañado de su novio, Kuroko Tetsuya. Este iba vestido sencillo, con un jean azul y una playera blanca con estampado de basquetbol, calzando unos converse.
La pareja de chicos acababa de salir del cine, disfrutando del último fin de semana de vacaciones lo más que pudieran, porque luego el trabajo se apoderaba del rubio o la escuela del peliceleste y no podían verse. Ciertamente, su relación ya era estable, sin importar lo jóvenes que eran, los dos estaban seguros de sus sentimientos, aunque parecieran bastante opuestos de muchas maneras.
Sin pena alguna, Kise llevaba su brazo encima de los hombros de su novio, mientras parloteaba de lo bien que se la había pasado y diciéndole cosas lindas, que hacían sonreír de vez en vez a Kuroko.
Se podía decir que al fin tenían un día tranquilo, luego de lo sucedido con Takao, el ahora novio de Midorima. Y aunque siempre estaban pendientes de sus amigos, tanto Ryota como Tetsuya no descuidaban su relación para nada.
Porque desde un principio a los dos realmente les costó llegar hasta donde estaban ahora, también con ayuda de sus amigos.
—De verdad que extrañaré salir así más seguido contigo, Kurokocchi —masculló Kise en un suspiro, acariciando la mejilla del chico con dulzura.
—Yo también, Kise-kun, pero siempre tendremos los fines de semana —animó Kuroko y aunque no lo demostrara, a él también le pesaba mucho el tener que distanciarse un poco de su novio por sus diversas ocupaciones.
En fin, no perdían el ánimo por eso, para nada.
Iban tan ensimismados en su burbuja de enamorados, que el rubio terminó chocando con el cuerpo de otro chico casi de su estatura, tal vez solo un centímetro más bajo.
—Oh, lo siento mucho —se disculpó Kise, girando el rostro.
Sin embargo, solo recibió una sonrisa que le erizó el cuerpo como respuesta. Ese chico tenía un gorro en la cabeza y usaba lentes negros, vestía un pants gris holgado y una sudadera del mismo color, con un par de zapatillas deportivas.
— ¿Qué sucede, Kise-kun? —preguntó Kuroko al notar el silencio repentino de su novio.
—Ah, eh… ¡Nada, nada, Kurokocchi! —exclamó Kise con una sonrisa efusiva— Anda, es solo que choqué con alguien. Pero, ¿qué te estaba diciendo?
—Sobre el accidente que sufrió tu estilista —recordó Kuroko con serenidad.
Entonces, el rubio comenzó a parlotear con una sonrisa, intentando ignorar la sensación tan familiar que le causó ver esa maldita sonrisa.
—Heh, Haizaki, es peligroso que te estés paseando por ahí.
El nombrado chico simplemente se rió y se lamió el dedo pulgar, mientras se quitaba el gorro de la cabeza y los lentes.
—Makoto, no queda mostrarte preocupado.
—No lo estoy, idiota, simplemente prefiero ahorrarnos la temprana persecución —aclaró Makoto.
Shogo suspiró y se sentó en el sillón de aquella casa, cruzándose de piernas.
—Estaba reconociendo el terreno y las presas, que parecen ser las mismas en estos tres años —sonrió malicioso.
—Bueno, espero tengas un plan más efectivo para la próxima. Ves que no resulto el anterior como querías —Makoro se tornó burlón y despreocupado.
—No importa, las cámaras grabaron bien la expresión de sufrimiento de Shintaro al encontrar a su noviecito siendo violado, así que… —Shogo se relamió los labios, todavía sonriendo y expresando superioridad— En todo caso, él no es quién se llevará el peor paquete.
—Es un lástima que no tengas a todos localizados —Makoto se mostró indiferente, pero una mirada perspicaz.
Haizaki frunció ligeramente el ceño.
—Con Atsushi y Seijuro las cosas son diferentes.
— ¿Acaso les tienes miedo? —preguntó Makoto con un tono insinuante y malicioso, alzando ambas cejas.
— ¡Claro que no, imbécil! —Shogo pateó la mesa de centro que estaba y agarró de la ropa al otro chico para verlo amenazante con una sonrisa.
—Hey, cálmate. No te exaltes por cosas que no son ciertas —Hanamiya alzó ambas manos y sonrió.
—Tsk, entonces, mejor usa esa boca para darme ideas que hagan sufrir a esos bastardos, idiota —ordenó Haizaki con brusquedad.
—Pues, ha pasado poco tiempo como para que hagamos otra cosa —calculó Hanamiya—. Espera un mes como máximo.
— ¡Y una mierda! ¡¿Por qué coño debo esperar tanto?! ¡¿Qué no vez mis ganas de mandarlos a todos al infierno?!
—Ya lo sé, ya lo sé. Tú puedes hacer lo que quieras, al fin y al cabo, pero si te terminan descubriendo por tu imprudencia, no digas que no te lo advertí —repuso Makoto, encogiéndose de hombros. Él tenía otras razones para estar ahí.
— ¡Deja de creerte tanto, bastardo! —resopló Haizaki y empujó al otro fuera de su camino— Seguiré tu consejo cuanto aguante, de ahí se empezará con lo demás, aun si solo pasó otra semana, porque yo mando aquí.
Sin más, el chico se encerró en su habitación.
Hanamiya suspiró y negó. Bueno, él tenía otros planes que llevar a cabo.
/Jueves 29 de Agosto del 2013/
La primera semana del regreso a clases y laboral para la mayoría de las personas ya casi acababa, cosa que tenía de muy buen humor a Takao, porque eso significaba que el peliverde vendría por más tiempo a verlo a casa.
Él todavía no podía ir a la escuela, pidió dos semanas de permiso debido al accidente y porque quería reestablecerse emocionalmente antes de regresar a ese ritmo cansador de la universidad. Y esto no era precisamente fácil, pero seguía con ganas y voluntad gracias a Shintaro.
Hoy había escuchado a Oha Asa e indicaba que el peliverde estaba en el primer lugar del rancking de signos mientras él estaba en segundo. Parecía que hoy tendrían un buen día.
Las terapias en el hospital eran buenas, le ayudaban y Kotomi seguía al pendiente de él desde que llegó, porque había pedido sus vacaciones para estas fechas y así cuidar a su hermano menor.
Dos semanas era muy poco tiempo todavía, pero su ambiente familiar y, porque no decir, amoroso, estaba bien. Pese al tsunderismo del peliverde, todo estaba marchando a buen ritmo. Tenía altibajos menos frecuentes que desde que despertó y las imágenes de lo que le sucedió poco a poco dejaban de molestarlo en sueños, además ya no sentía "cosa" de que alguien se le acercara a darle una muestra de cariño, menos con Midorima, a él simplemente no podía hacerle esos desaires, no para no hacerlo sentir mal, sino era como si cuerpo supiera que él era justamente la anestesia de todo lo malo. Dependía y no dependía del peliverde.
Este día, él y su hermana estaban sentados en la sala, comiendo frituras mientras veían un capítulo de un dorama llamado "Life", el cual mejor decidieron cambiar porque a Takao le incomodó la parte donde la protagonista era secuestrada y sus amigos la buscaban. Así que Kotomi empezó a cambiar canal tras canal sin encontrar nada bueno realmente o al menos, algo lo bastante interesante como para querer verlo ella sola, porque justo el timbre estaba sonando y no se necesitaba preguntar quién era.
— ¡Shin-chan! —saludó Takao con una media sonrisa al abrir la puerta.
—Takao —Midorima le extendió una bolsita a la vez que ingresó a la casa.
— ¿Un oso de peluche? —inquirió Takao, entre divertido y encantado.
—Es el amuleto que Oha Asa dio hoy para los escorpio —respondió Midorima, ajustándose los lentes.
Él llevaba una zanahoria de hule en la zurda, con los dedos vendados como siempre.
Kazunari le miró a los ojos y se puso de puntitas para robarle un rápido beso que resonó en el pasillo de la entrada y avergonzó al peliverde, que se ruborizó ligeramente.
—Gracias, Shin-chan.
Desde que despertó, el peliverde le llevaba sus amuletos de la suerte sin falta todos los días, sin importar lo pesados o raros que podían llegar a ser y Takao siempre los recibía con una sonrisa tanto de diversión, como de gusto, porque agradecía también la preocupación del más alto. Aunque él no dependía precisamente de la suerte.
— ¿Cómo estás? —preguntó Midorima, serio como siempre.
—Mejor, voy mejor poco a poco —respondió Takao con un suspiro. No de nostalgia, sino de esperanza—. ¿Y tú, Shin-chan? ¿Me extrañas mucho en la escuela?
—Estoy bien así, todo es más tranquilo —replicó Midorima con el ceño fruncido, no iba a admitir que sí lo extrañaba demasiado y que se aburría tanto si no estaba con él, ahí revoloteando.
Cosa que aunque no expresó en palabras, Takao las entendió muy bien y soltó una risita. Eso al menos tranquilizaba a Shintaro, porque de verdad que deseaba volver a oír las risas por cualquier cosa de su novio.
Ahora los chicos caminaron hasta llegar a donde estaba su hermana y luego de que el peliverde la saludara, se sentaron y ella fue por los aperitivos.
Justo en ese momento, el programa que pasaba en la televisión acabó y empezaron las noticias de la tarde. Takao iba a cambiarle, pero el peliverde le detuvo, debido a qué ahí estaba algo completamente interesante.
Sabía que no debía importarle, sin embargo, también sabía que eso era bastante curioso y pura casualidad seguramente no era lo que veía ahí. Sobre todo, luego de que Kise le contó el problema que tenía Kagami con la amnesia.
Para: Kise.
Sms: Ve las noticias en Fuji TV.
Tan pronto Ryota leyó aquel mensaje, con Kuroko a su lado en la cama, cambió el canal de la televisión.
Ambos chicos se quedaron atónitos.
—"Como todos saben, Kagami Yuu, un hombre que dejó marca en nuestro país y ahora sigue cosechando éxito, tuvo la desgracia de pasar por uno de los dolores más grande para un padre —esa era una de las conductoras que hablaba—: el casi perder a un hijo, luego del accidente que sufrieron sus dos hijos –de diferentes matrimonios- hace dos años en América y que conmocionó a nuestro país por esas jóvenes criaturas. Y después de tantos rumores, por fin se nos confirmó la verdad de todo —la conductora sonrió—: Kagami Taiga se encuentra en algún lugar de Japón en rehabilitaciones desde hace tiempo en el que mantuvieron todo en secreto y que el segundo hijo, Himuro Tatsuya ha despertado de aquel fatal coma en que se vio caído. Es una gran suerte y todo el país le manda muchas bendiciones para eso retoños, que esperemos, se dejen ver públicamente de nuevo —la misma conductora asintió—. Estas son algunas fotos que pudimos captar de Himuro Tatsuya, ha dado un gran avance en su rehabilitación y seguro que si sigue así, podrá dar provecho a su hermoso físico…"
—Ese chico tiene… el mismo anillo que Kagamicchi —dijo Kise, bajando el volumen de la televisión.
Kuroko frunció ligeramente el ceño al ver al chico ese en la pantalla. Pese a que dijeron que era el hijo del padre de su amigo pelirrojo, no había ningún parecido, ni nada por el estilo, pero Kagami no les había contado, por lo que suponía era parte de la memoria que le faltaba.
—Sea lo que sea, espero que Kagami-kun no lo vea, esto podría ser frustrante para él, debido a su amnesia y estoy seguro de que no lo recuerda, por eso no nos ha dicho nada —dijo ahora Kuroko, con calma.
—Eso no es lo que me inquieta, Kurokocchi —puntualizó Kise con el ceño mostrando preocupación—. Teniendo en cuenta lo que logré leer en el anillo de Kagamicchi, ellos dos no son simples hermanos…
El peliceleste suspiró y negó, apagando la televisión.
—No vamos a sacar conclusiones adelantadas, Kise-kun, será contraproducente y muchos menos decir algo.
Ryota le miró y suspiró también. Sea lo que sea que fuera, solo esperaba que sus amigos no salieran realmente lastimados.
Y como leyeron, también Midorima dio el paso que todos estábamos esperado desde hace tiempo—seh, yo igual me moría por poner esta parte xD—, lasjdadjaljdlajlfjkfgjlfd ;u; Que luego de tanto drama, al fin tranquilidad para ellos.
Por otro lado, está Haizaki, ¿qué tramará? Huehuehualskdjaldkjal, Dios, me emociono tanto con esto, lol.
Por si fuera poco… la mención de Himuro, askdlldjkjflgflk, ay.
Ya casi viene lo mero bueno.
¡Anímense a dejarme sus comentarios! ;u; Me gustaría saber que tal estuvo éste cap para ustedes uvu.
¡Nos vemos!
