Huahskasjhksda, estoy tan emocionada, Dios mío x'DDDDD.

Bueno, antes de decir cualquier cosa que sea spoiler para ustedes, déjenme agradecerles por todos sus comentarios *^*. ¡Son geniales! Y qué bueno que disfrutaron de lemon eue, porque en serio, ese será su consuelo más adelante(?).

En fin, aquí el capítulo, que espero les guste ouo. Disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.


Tanto Kagami como Aomine estaban exhaustos.

Sus respiraciones chocaban en la piel ajena, mientras que los latidos de sus corazones parecían el aleteo de un colibrí.

Aomine se acostó, jalando consigo el cuerpo del pelirrojo que seguía sentado sobre su miembro ahora laxo. Por ende, Kagami aprovechó al caer encima para moverse y sacar la virilidad de su novio y acostarse a su lado.
El pecho de Taiga perlaba sudor, del mismo modo que el de Daiki; era obvio que los dos se necesitarían bañar otra vez.

—El regalo que los demás me den no le hará justicia a esto —dijo Aomine con calma y una sonrisita de suficiencia.

—Ja —Kagami se enfurruñó unos segundos, pero luego suspiró con una suave sonrisa, sintiendo el jalón en su cadera que le hizo fruncir el ceño, mas no se quejó.

Pero para el peliazul eso no pasó por alto, de modo que lo jaló contra su cuerpo para abrazarlo y besar su frente.

—Definitivamente no solo eres el mejor en el basquetbol —masculló.

—Eso es obvio, Ahomine —Kagami sonrió y alzó el rostro para morderle la mandíbula.

—Pero igual sigues sin ganarme —se burló Aomine. Sin embargo, solo era para molestarlo, porque la verdad era que en todo el tiempo que estuvo de casanova y con aventuras sexuales, nadie le hacía competencia a su pelirrojo, pero no lo diría.

—Eso lo veremos —resopló Kagami con desdén.

Probablemente iba dar inicio a otra usual pelea entre los dos chicos, de no ser porque el celular de Aomine empezó a sonar estrepitosamente. Este gruñó, puesto con el ejercicio deportivo de la mañana y la sesión de sexo de hace unos momentos, el cansancio los tenía realmente al límite. Y pensar que todavía les quedaba medio día por delante.

Aun así, el moreno se levantó arrastrando los pies, dejando a Kagami que se incorporara luego de que dominara el dolor y no terminara arrastrándose como gusanito.
Qué bueno que logró hacerlo antes de que el peliazul regresará, sino le hubiera atacado la vergüenza con sus comentarios.

—Era Satsuki, estará aquí en una hora y quiere que estemos pendientes para ayudarla con las bolsas… —informó Aomine, caminando hacía el espejo de su cuarto— Oh, vaya, Bakagami, no te conocía ese lado de lindo gatito —añadió con una sonrisa toca cojones al señalar su espalda y las marcas de rasguños todas coloradas.

—… ¡CÁLLATE! Además, ¡eso es tu culpa! —exclamó Kagami, ahora sí, avergonzado. Dios mío, ¿de verdad había hecho eso?, estaba luchando por no sonrojarse.

Aomine se rio por lo bajo.

—Sé que soy genial en la cama, pero no creía que…

—Idiota engreído —refunfuñó Kagami con un mohín y frunciendo el ceño, ligeramente ruborizado. Porque no iba a negar ese hecho.

—Anda, mejor vuélvete a bañar y está vez hazlo rápido o volveré a entrar —Aomine se acercó al pelirrojo y lo miró con una sonrisa insinuadora—. Y no te dejaré salir hasta mañana, aunque los demás vengan.

El pelirrojo le lanzó una almohada a la cara, mientras se iba refunfuñando incoherencias.

Daiki suspiró y sonrió ampliamente. Vaya que aunque esos rasguños ahora le ardían jodidamente, seguía considerando lo anterior sucedido como algo realmente digno de recordar cada día por siempre. Porque, aceptaba que Kagami tenía algo que hacía inolvidable todo, una fuerza magnética que le impedía no querer dejarlo ir nunca. Era malditamente atrayente.

Y estaba loco por él.


Para la sencillez de la visita de los amigos de Aomine, el lugar estaba bastante animado por obra y gracia de Kise y Takao, que por cierto hacían un dúo perfecto si fastidiar a ciertas personas se tratasen, solo que lo hacían de forma accidental, pero que disfrutaban también.

Midorima estaba ceñudo, sujetando su amuleto de la suerte que era una dona de plástico y pese a su seriedad, en el fondo estaba completamente contento de ver la mejoría de su pelinegro, porque sí, esos días habían sido duros para este en las terapias que sabía iba. No era necesario que se comentaran algo, de cierta forma entre ellos se podían leer mutuamente con solo verse a los ojos, esa clase de magia que ocurre raramente entre las personas enamoradas.

El peliverde llamaría a esto, almas gemelas.

Del mismo modo que pensaba del pelirrojo y el peliazul, solo que entre ellos la teoría de la suerte y el zodiaco no funcionaba por ser personas bastantes impredecibles, pero no por ello se escapaban de las predicciones, pese a que esos dos no creían precisamente en algo como eso.

La sonrisa que Takao le dedicó a Shintaro hizo que este dejara de pensar e inevitablemente y de forma tenue, se la devolvió por unos segundos.
No era secreto para nadie el hecho de que esos dos ahora eran pareja, bastaba con solo ver como se movían entre ellos; Takao como si el peliverde fuera el centro del universo y Midorima acoplaba muy bien sus movimientos de manera inconsciente, como si fueran imanes hechos perfectamente para rotar con el otro.

Solo que el peliverde no era nada demostrativo en acciones al estar en público, pero no por eso no veía a Kazunari como si estuviera dispuesto a interponerse para protegerlo, lo necesitara o no.

—Estoy seguro que le darás un buen uso a tu regalo, Aominecchi —señaló Kise con una sonrisita que le dio desconfianza al susodicho.

Y para Momoi no era secreto que mientras ella no estuvo en casa, la parejilla estuvo haciendo de las suyas, pues bastaba con solo ver el pequeño fruncimiento del ceño de Kagami cuando se sentaba o las marcas rojas que se notaban en los hombros de Aomine gracias a su playera sin mangas. Añadido el hecho que los dos tenían marcas en el cuello.
Mejor dicho, todos notaron eso, pero optaron por no decir nada pues bastó ver la expresión del pelirrojo cuando insinuaron algo.
Eso no significaba que no disfrutaran ese hecho.

—Por tu bien, Kise, espero no le estés dando ideas raras —dijo Kagami, viendo seriamente al rubio.

— ¡Nada de eso, Kagamicchi! —se apresuró a negar Kise con una sonrisa tranquilizadora y alzando las manos a la altura del pecho.

El aludido frunció el ceño y suspiró, sintiendo una ligera punzada de dolor en su zona baja.

—Tal vez deberías tomar una pastilla, Kagami-kun —sugirió Kuroko.

— ¡Ah! ¿Desde cuándo estás…?

—Desde que Kise-kun le dio su regalo a Aomine-kun.

—Ven aquí, Kagamin —llamó Momoi con una risita por la obviedad del asunto y jaló al pelirrojo con suavidad para guiarlo a la cocina.

—Pienso que no deberías ser tan bestia para todo, Aominecchi —espetó Kise con el gesto pensativo, recibiendo una mirada de escepticismo por parte del peliazul—. Incluso Midorimacchi es más cuidadoso pese a su tamaño.

—Guarda silencio, Kise —resopló Midorima, fulminándolo con la mirada.

—Bueno, es que Shin-chan tiene un lado suave —secundó Takao con una sonrisa y apoyándose en el hombro ajeno.

El peliverde se acomodó los lentes, ocultando la ligera vergüenza del momento.

Cuando Kagami regresó de la cocina luego de haber tomado la pastilla contra el dolor, el rubio contaba anécdotas del tiempo desde que conocía a Aomine, como lo conoció, las cosas que hacía a lo bestia, las veces que llegó a ponerse en ridículo y como era antes. Misma historia que secundaron Momoi y Kuroko, puesto los cuatro eran amigos desde niños, debido a que sus familias se conocían y frecuentaban. Pero por alguna razón, Taiga sintió la omisión de muchos hechos.
El pelirrojo escuchaba todo con atención, mientras Takao preguntaba más cosas sobre ese par de amigos. Si bien este último era alguien social y tenía a varios conocidos en la universidad, también los amigos de su novio peliverde le caían muy bien; eran divertidos. Y aunque Midorima se mostraba huraño a participar en tan efusiva plática, también se encontraba cómodo con la convivencia.

Pese a lo tarde que podría ser, decidieron subirse a la azotea de la casa del peliazul, pues esta estaba acomodada y enmallada para parecer una cancha, la cual utilizarían precisamente para jugar debidamente con Momoi de árbitro.
Los equipos serían dos con tres personas, sorteándolas, quedando Kagami, Kuroko y Midorima, así como Aomine, Kise y Takao.

Fue un juego intenso, la verdad. Que duró más tiempo que un partido normal, terminando justo cuando el silencio de la noche llegó y todos estaban tirados en el piso de la azotea con el marcador doscientos treinta a doscientos treinta, un completo empate.

— ¡Insisto que nos faltan Akashicchi y Murasakibaracchi! —masculló Kise en un suspiro.

—Ellos dijeron vendrían en las vacaciones de otoño —recordó Kuroko, sentado y terminándose su botella de agua.

— ¡Shin-chan, cárgame de regreso a casa! —exclamó Takao con un mohín, encimándose a la espalda del peliverde con una sonrisa.

—Tienes pies, deja de hacerte el idiota —respondió Midorima secamente.

—Vamos, Shin-chan, ¿vas a dejar a tu chico llegar agonizando? —se quejó Takao, abrazándose al cuello ajeno por detrás y acomodando su cabeza sobre la de su novio.

— ¡Hey, no soy un mueble! —Midorima frunció el ceño.

Pero Kazunari simplemente rió y bajó la cabeza para dejarle un beso en la frente al peliverde.
Este último se sonrojó y chasqueó la lengua, desviando la mirada de todos, que sonrieron por el acto.

El momento de tsunderismo y romanticismo se vio interrumpido por un par de suaves ronquidos que provenían nada más y nada menos de Aomine y Kagami, quiénes se quedaron dormidos al estar sentados y reclinados contra la malla.

— ¿Cómo pueden dormir así? —inquirió Midorima, ajustándose los lentes.

—Déjalos, Midorin, ellos están muy cansados, porque han hecho demasiado ejercicio hoy —contestó Momoi con una sonrisa traviesa y tierna.

—Y puedo imaginarme de qué tipo —agregó Kuroko con una sonrisa ligera.

—Creo que el mejor regalo que recibió Aominecchi fue de Kagamicchi —rió Kise con complicidad.

—Ne, Shin-chan, ¿me darás el mismo tipo de regalo en mi cumpleaños? —aventuró Takao con una sonrisa inocente.

—Cállate, Takao —bufó Midorima ligeramente sonrojado de solo imaginar o hablar del tema.

Y las risas volvieron a hacerse presentes.


/Lunes 2 de Septiembre del 2013/

Kagami estaba resguardado en una cueva mientras la tormenta haya fuera en la playa cesaba, pero no estaba solo, eso lo supo cuando escuchó esa ahora familiar voz solo de sus sueños.

Taiga, siento lo de aquella vez… Yo solo estaba celoso y no…

¿Qué dices, tonto? Sabes bien que yo no te guardo rencor por eso —respondió Kagami, buscando desesperadamente a la persona que había hablado.

Su corazón revoloteó cuando esos finos brazos lo abrazaron y pese a que fue consciente de que Él se acurrucó en su pecho, no podía verlo.

Lo que dije esa vez, no es lo que siento de verdad —susurró el dueño de esa voz tranquila.

¿Entonces qué es lo que…?

Las palabras de Kagami se perdieron cuando ese par de labios y los suyos se juntaron en un inocente chasquido originario de un beso.

Y los dos chicos se miraron, pero el pelirrojo solo podía ver el color gris, pese a saber que frente a él estaba ese chico, sabiendo que se veían mutuamente, su mente solo le dejaba ver eso.
Estaba colorado, completamente, porque a sus trece años, ese había sido su primer beso.

¡¿Por qué has hecho eso…?! —exclamó Kagami, avergonzado por completo.

Porque… porque te quiero. Me gustas, Taiga —contestó el chico, de quién pudo ver ese lacio cabello negro.

Poco a poco, ese rostro estaba empezando a cobrar forma…


Kagami se despertó acelerado por completo, con su cadena tintineando por el brusco movimiento.

¿Por qué otra vez soñaba así? ¿Por qué si ya hacía casi un mes que no había vuelto a pasarle?
Esa voz, pese a que nunca la había escuchado o mejor dicho, no la recordaba, su cuerpo había reaccionado a ella, porque su corazón estaba acelerado y ahí estaba esa necesidad de que debería estar haciendo algo más, que hacía tiempo no volvía a su persona.

El pelirrojo podía ser despistado e idiota en muchas ocasiones, pero con un límite. Por eso, estaba seguro que eso no era un simple sueño, no cuando ya sabía que sus recuerdos venían a él en forma de éstos. Pero, ¿por qué soñar con el que pensaba fue su primer amor? ¿Qué tenía eso que ver siendo que ahora no necesitaba ese tipo de cosas más porque ya tenía a Aomine con él?
Es decir, estaba bien que recordara sus inicios en el amor cuando era más joven, pero, ¿por qué justamente ahora que estaba con el peliazul?

Taiga frunció el ceño y por inercia, se sujetó el anillo que colgaba de su cuello, luego lo miró.

—No voy a darle importancia, porque después de todo, son recuerdos. Cosas del pasado —se dijo a sí mismo.

Sin embargo, supo que no podría hacerlo así de fácil.

Así que, decidió volver a dormir un rato más antes de ir a trabajar con su madre y encargarse de disipar la intranquilidad que ese sueño le dejó.


/Martes 3 de Septiembre del 2013/

El balón casi golpea la cara de Kagami, de no ser porque reaccionó a tiempo, causando que todos los ojos de sus amigos le vieran.

—Kagami, ¿qué diablos te pasa? Estuviste a punto de perder el pase —dijo Aomine con el ceño fruncido y viéndolo atento.

—No me pasa nada, el sol ha estado nublando mi vista —repuso Kagami con el ceño fruncido y regresándole el balón al peliazul con fuerza.

Ese comentario era creíble para cualquier persona, mas no para sus amigos, porque el pelirrojo era pésimo mintiendo.

—Kagamin, es que enredaste tu mano con tu cadena, ¿por qué no te la quitas? —habló ahora Momoi con una expresión preocupada.

—Me es más cómodo jugar con ella —respondió Kagami con rapidez.

El modo en que dijo eso, hizo que Aomine se molestara sin entender por qué, ¿esos eran celos? ¿En serio tenía celos de un maldito objeto?, era algo tonto. Por eso prefirió empezar a rebotar dicho balón con fuerza y lanzó uno de sus tiros sin forma, encestando perfectamente.

—Yo puedo cuidar de tu cadena, Kagami-kun —se ofreció Kuroko amable e inexpresivo.

El mencionado chico suspiró y asintió. Tal vez tenían razón en eso de que la cadena le estaba distrayendo, pero no precisamente por tenerla colgada en su cuello, sino por el hecho de que su mente se estaba llenando de aquel sueño que tuvo el día de ayer, porque no podía sacárselo de su mente a no ser que estuviera completamente solo con Aomine, centrado en él.

—Está bien, ten —Kagami se quitó la cadena con una pequeña incomodidad y se la entregó—. Cuídale bien.

El peliceleste asintió.

Una vez el pelirrojo regresó a jugar, concentrándose al fin en el juego, Kise se acercó a su novio para ver dicha cadena e intercambió una mirada de entendimiento con el más bajo.

—Parece un objeto que guarda un gran valor sentimental —observó en voz baja—, solo basta con leer lo que dice.

¿Qué es lo que escondes en ti, Kagami-kun, y qué ni siquiera tú pareces saber?, pensó Kuroko seriamente, viendo como su amigo continuaba con ese juego al lado de Aomine contra Midorima y Takao.

Por otro lado, Satsuki también sintió su intuición alertarse.


/Miércoles 4 de Septiembre del 2013/

Mika estaba terminando de revisar que todos los utensilios estuvieran listos para dar comienzo a la jornada laboral junto a su hijo. Últimamente estaba teniendo un mal presentimiento, pero no por la cercanía que cada día se iba haciendo más obvia entre Aomine y su hijo, sino porque Kagami parecía concentrado cuando ni siquiera estaba haciendo algo y eso de alguna forma le preocupaba. Hasta se había olvidado del hecho de que Yuu tampoco volvió a llamarle.

Por esa misma razón, ese día estaba acompañando a su hijo al estar cocinando, viendo la expresión alegre del chico al hacerlo, porque era algo que de verdad disfrutaba. Mika se sintió aliviada y pensó que quizá estaba exagerando, probablemente todo era porque tenía bajo mucho trabajo a su hijo.

—Cariño, a partir de mañana regresas a trabajar solo medio tiempo, como al principio —avisó con una sonrisa.

— ¿En serio? —Kagami le miró con esperanza— Vaya, gracias, mamá —sonrió y suspiró aliviado.

Pero en ese momento, algo golpeó en su mente.

"Ni nuestros padres harán que nos separemos", fue como si él mismo lo estuviera pensando, aunque más que nada, eso tenía pinta de otra cosa. Y fue lo suficientemente capaz de hacer que Kagami terminara quemándose.

Desconcertada y preocupada, Mika mandó a descansar a casa a su hijo, luego de una ligera discusión en la que el pelirrojo decía que no le pasaba nada.

Mas los dos sabían que no era así.

Y por eso, Kagami decidió pasar toda la noche con su novio peliazul, porque sentía que lo necesitaba más que nunca, porque de repente se sintió alejado de él.


/Jueves 5 de Septiembre del 2013/

Por primera vez en mucho tiempo, Aomine se despertó antes que su hora promedio y eso solo porque tenía entre sus brazos a su querido pelirrojo, quien dormía plácidamente y lo abrazaba con fuerza. Por una vista como esa, hasta podría madrugar.

Sonrió satisfecho y acarició la espalda ajena que tenía marcas de mordidas ahí, pero Kagami no era el único con eso, puesto el peliazul tenía toda la espalda roja de tantos rasguños y hasta podía jurar que llegó a sangrarle, mas tampoco es como si le importara.
Al contrario, esas marcas territoriales en ambos, dejaban en claro muchas cosas y que ellos eran únicos a su manera al momento de amarse no solo físicamente.

Como los dos muchachos estaban desnudos, Aomine sonrió malicioso y jaló las sábanas para destaparlos a ambos, viendo a más detalle el cuerpo desnudo y bronceado de su novio pelirrojo. Y joder que de verdad era una beldad masculina, con ese cuerpo bien torneado y musculoso en su delgadez. Cada vez que el peliazul se quedaba viendo así a Kagami, siempre se decía que había sido un idiota por la forma en que le trató al principio, por no haber aceptado antes sus sentimientos y aunque nunca fuera a decirlo en palabras, más de una vez pensó que fue realmente afortunado de que Kagami no lo mandara al demonio cuando se le terminó declarando, de que todavía le siguiera queriendo pese a lo imbécil que se comportó con él.

Usualmente Daiki no era alguien que se arrepentía de las cosas, porque de nada le servía hacerlo. Mas con el pelirrojo tuvo muchas excepciones en su persona.

Y aunque muchos pensarían que su relación era difícil gracias a las constantes peleas que podían tener por su rivalidad—de las cuales, la mayoría no eran realmente serias—, lo cierto es que no era así. Ambos se conocían bastante bien y por ende, siempre sabían resolver ese hecho en acciones. Pues también tenían una personalidad parecida que no por eso deshacía las grandes diferencias entre ellos.

Taiga suspiró entre sueños y se abrazó más al peliazul, resguardando su rostro en el cuello ajeno sonriendo. Porque pese a la inconsciencia, se sentía pleno con él.
Quizá lo único que necesitaba era estar con su querido moreno, nada más. Puesto ahora ambos se necesitaban como la tierra al sol, cada uno era la luz del otro.


/Viernes 6 de Septiembre del 2013/

—"¡Y vamos con el horóscopo del día de hoy! En primer lugar, tenemos a escorpio, ¡felicidad es lo que se viene para ti! ¡Abundancia y mejoría en todo! —Midorima sonrió complacido al escuchar las predicciones de Oha Asa— En segundo lugar pasamos con cáncer, ¡la suerte está de tu lado! Pero no te confíes, por eso te recomiendo usar un plato de plástico como amuleto —se ajustó sus lentes con decisión y continuó escuchando por mero hábito—... En sexto lugar, ¡está el rey del zodiaco, Leo! Tu equilibrio se verá amenazado, ¡no pierdas la calma!, y sigue tus instintos —Midorima se mantuvo serio—… Y en último lugar, tenemos a virgo, lo sentimos, será mejor que no hagas nada.

Apagó la aplicación, justo cuando escuchó la voz de Takao llamarle fuera de su casa, haciéndole olvidar todo lo demás.

Bueno, aunque sonara egoísta, en lo único que se preocupaba por completo era en el pelinegro, porque no estaría satisfecho hasta volver a ver esa enorme sonrisa llena de felicidad que siempre le dedicaba y todavía faltaba algo más para eso.


Su madre le había armado un buen sermón porque el día de ayer no llegó a dormir a su casa y se la pasó en casa de Aomine, aunque Mika ignoraba por completo lo que estuvieron haciendo.
Y Kagami agradeció que su madre no hubiera retirado sus palabras sobre que ahora regresaba a trabajar medio tiempo como al inicio de todo. Por eso desde ayer, estaba más tranquilo.
Su mente ya no parecía impaciente por algo y parecía despejarse ya no centrándose en eso. Además que el salir a jugar dos días seguidos por las tardes, fue un gran alivio para su cuerpo y espíritu.

Gracias a que solo hacía dos semanas que las clases comenzaron para la mayoría de sus amigos, todavía estos no estaban tan ocupados, por lo que pudieron estar presentes para también unirse al juego.

Y hoy era uno de esos días.

Pese al tremendo calor que hacía, la sombra de los árboles ayudaba a los chicos que se movían atléticamente por toda la cancha, driblando, marcando, esquivando y tirando con el balón en sus manos, como si fuera un auténtico juego oficial de basquetbol.
Incluso varias personas los veían desde lejos, porque sí que esos chicos parecían unos monstruos en la cancha, como si fueran unos profesionales, aunque a cada uno todavía le faltaba entrenar más de lo que ya lo hacían.
Los pases iban y venían fantasmagóricamente gracias a Kuroko, quién también tiraba en más de una ocasión, los tremendos saltos de Kagami dejaban fascinados a cualquiera del mismo modo que los cambios de velocidad que tenía Aomine, las jugadas que Kise copiaba los embelesaba, los tiros de Midorima los dejaba impresionados y el aliento se les iba al ver cómo Takao robaba los pases ya robados del peliceleste, gracias a su vista de halcón. Este último fuera o no como esos monstruos de más de un metro ochenta, sabía hacerse notar también.

Satsuki estaba emocionada de ver a sus amigos divertirse sanamente y como Aomine sonreía como en los viejos tiempos que encontró amor y pasión en el basquetbol; ella estaría agradecida con Kagami por haberle dado al peliazul lo que tanto deseaba y necesitaba en muchos sentidos, no solo hablando del juego.
Ella marcó el balón fuera, cuando este mismo salió volando lejos de la cancha gracias a un pase de Kuroko súper rápido que Kise no atrapó debidamente.

—Ya, ya, puedo ir yo —se apuntó Kagami, secándose el sudor con la playera, al notar como todos hacían del flojo y estaban molestando al rubio que se quejaba dramáticamente.

—Pero no tardes, que el juego debe seguir —repuso Aomine en un tono demandante.

El pelirrojo lo fulminó con la mirada.

En ese momento, los ojos de Kuroko mostraron una tremenda sorpresa cuando vio a la persona que traía consigo el balón que salió volando hace segundos atrás y quiso detener al pelirrojo, pero ya no era posible.

Porque ese encuentro no podía ser impedido ni por el mismo destino.

— ¡Hey! Gracias por traer el balón —dijo Kagami con una gran sonrisa al chico frente a él, que tenía el cabello largo, lacio y negro, de un rostro con facciones bastante finas con un lunar debajo del ojo derecho que le daba estilo.

El chico se le quedó mirando con fijeza y sonrió justo cuando el pelirrojo divisó el anillo igual al suyo, colgar del cuello del pelinegro.

— ¡Taiga! —exclamó el desconocido de cabello negro y lanzando el balón a otro lado, se abrazó al pelirrojo con fuerza.

Y no tardó en poner en contacto sus labios con los del ojirojo, frente a la vista de todos sus amigos en la cancha.

En el interior de Kagami, fue como si una presa de agua rebalsara su espacio, desbordándose por completo; algo se abrió paso en su corazón y aunque quedó casi en shock por ese beso, su cuerpo supo reconocerlo de inmediato.

—T-Tatsuya… —jadeó sin separarse, con sus labios pegados a los ajenos, estremeciéndose.

Entonces, la necesidad de corresponder a ese ósculo, se hizo presente en el sentir del pelirrojo.


YAAAAAAAY, joder, ahí está lo que muchos esperaban(?), y yo también ansiaba tanto llegar a éste momento, Dios mío, estoy súper emocionada que ya llegó la manzana de la discordia xD.

No me odien por dejarlo así, que en el próximo capítulo se pondrá esto bueno eue.

Aslkjdlasalsa, ¡espero recibir sus comentarios, por favor! Recuerden que ustedes son parte de mi motivación :3

¡Nos vemos!