Dios mío, ¡perdón por haber tardado en actualizar! ;u;

El motivo de eso, es que como acepté hacer el reto de fanfickers, he estado metida con eso y como debí hacer varios OS, me llevó bastante tiempo y no me dio espacio para estos QuQ. De verdad que lo siento, pero aquí vengo nuevamente a dejarles un capítulo.

Noté la emoción porque al fin llegó Himuro, pls. Yo también lo estuve, jajaja xD, y se viene lo mejor.

Les dejo leer. Y disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.


Si Kagami no cerró los ojos y correspondió a ese beso, fue porque en ese preciso momento, la presencia del peliazul lo regresó a la realidad y detuvo con su palma el puñetazo que Aomine dirigió completamente hacía el pelinegro.

— ¿Pero qué estás haciendo? —inquirió Kagami, sujetándole la mano al moreno.

— ¿Qué estoy haciendo dices? ¡Ese idiota te besó!, ¡¿y me preguntas qué estoy haciendo?! —bramó Aomine como fiera.

Estaba perplejo, ¿qué acaso Kagami creía que no dejaría en claro que era suyo? ¡Nadie podía ponerle una mano encima a su pelirrojo! ¿Cómo mierda iba a reaccionar al ver que un pendejo estaba besando a su novio?
Es más, deseo moverse más rápido para atizarle ese puñetazo en la cara del emo ese para que su pareja no lo detuviera.

—Taiga, no hace falta que me defiendas —interrumpió Tatsuya, enfrentando con la mirada esos zafiros.

—Mira, ¡tú, bastardo! ¡Dónde vuelvas a acercarte a Kagami…!

— ¡Ya está bien, Aominecchi! —Kise había llegado corriendo una vez reconoció al pelinegro y ayudó en intentar calmar al peliazul.

— ¡¿Cómo quieres que me calme si ese maldito besó a Kagami?! No soy tan mierda para dejar que otro tipo bese a mi chico —exclamó Aomine, emanando amenaza pura.

Eso hizo que la expresión del pelinegro se descompusiera.

— ¿Taiga, cómo es qué…?

—Yo… Yo no sé… quién eres tú —Kagami frunció el ceño ante el pequeño dolor de cabeza que apareció de repente al escuchar como ese chico decía su nombre.

Esa era la misma voz de sus sueños.

— ¿Eh? —Tatsuya mostró una expresión dolorosa y llena de incertidumbre— ¿Cómo qué no sabes quién soy? —esperaba que esto fuera una broma de mal gusto, pero el pánico ya había aparecido en su corazón.

Aomine iba a decir otro de sus geniales comentarios, pero se quedó callado cuando enfocó su visión azul a los anillos del mismo modelo que tanto el pelirrojo como el pelinegro colgaban de sus cuellos.

— ¡Ay, santo cielos, Tatsuya! —exclamó una voz femenina— ¡Te dije que me esperaras en casa!

Kagami abrió los ojos como platos al ver a esa mujer alta y rubia con lentes correr hacía ellos. Porque a ella si la recordaba.

— ¡¿A-Alex?!

— ¡Oh, my god, Taiga! —gritó Alex, con una sonrisa que expresaba felicidad y se lanzó a abrazar al chico con fuerza. Pero dicha felicidad se le pasó cuando vio la expresión confundida y llena de angustia de su hijo. De modo que se separó del abrazo y se situó a su lado para agarrarle la mano— Sígueme la corriente, Tatsuya, por favor, luego te explicaré todo —susurró solo al chico, sin que nadie más lo escuchara.

Ahora sí, todos los amigos del pelirrojo estaban desconcertados.

—Alex, yo… —Kagami se mostró ligeramente afligido.

—Cálmate, Taiga, sé bien de tu estado. No necesitas decirme nada ahora —Alex le sonrió para animarlo.

Por otro lado, Aomine estallaba en celos, ¡¿por qué todos ellos llamaban a su novio con tanta confianza?! Y aunque logró calmar sus deseos de matar al pelinegro, todavía seguía furioso.

—Aún no nos presentas a tus amigos, Kagami-kun —intervino la calmada voz de Kuroko y detrás de este venían el peliverde con su pareja.

—Ah, eh… —Kagami se rascó la cabeza y vio de refilón al pelinegro de ojos grises con ansiedad, sin comprender por qué— Pues, ella es Alexandra García, mi entrenadora y la ex esposa de mi padre. Y él es… —frunció el ceño con fuerza— realmente yo no…

—Kagamicchi, está bien. No necesitas explicar eso públicamente —animó Kise con una sonrisa, pero la verdad es que ahora él estaba preocupado.

—Soy el "hermano" de Taiga —dijo Tatsuya, no soportándolo más. Siempre se presentaba como su hermano, aunque la verdad no compartían lazos de sangre, solo por el hecho de que sus padres se casaron—, Himuro Tatsuya.

Qué bueno que él podía controlar en estos momentos sus emociones, pero su mirada todavía trasmitía una profunda tristeza. Estaba luchando por no gritar ahí mismo y vaya que le estaba costando demasiado. Era la primera vez que hacía un esfuerzo de éste tipo.
Como leyéndole la mente, Alex le apretó la mano a su hijo, para darle apoyo.

Todos se quedaron atónitos, hasta el mismo pelirrojo.

— ¡¿Qué clase de hermanos se saludan besándose?! —inquirió Aomine con furia, sin creérsela.

—Aominecchi…

—La clase de hermanos que no comparten lazos de sangre —contestó Tatsuya, ahora viendo al moreno con un gesto plenamente solemne.

La tensión que se presentó en el ambiente era tal que podía cortarse con un cuchillo y el peliazul tuvo deseos homicidas otra vez.

—He, él es mi hijo —se apresuró a decir Alex con una sonrisa simpática—. Pero, como imagino ustedes están enterados de lo sucedido con Taiga —aventuró, recordando el comentario del rubio—, es por eso que no le recuerda aún.

La respiración de Himuro se detuvo de pronto y miró a su madre fijamente. No, no, no… Esto no puede ser verdad… No puede ser… pensó. Si antes creyó sentir dolor, lo que ahora sintió fue peor.
El corazón se le hizo pedazos por completo, fue como si el aire empezara a faltarle, como si a un adicto le quitaran el alcohol por su tiempo límite, hasta palideció por completo.
Tuvo deseos de llorar ahí mismo, tuvo de deseos de muchas cosas. No se había dado cuenta que ahora casi enterraba sus uñas en la mano de su mamá, pero esta no le dio importancia, sabía lo que eso significaba para su hijo.

—Oye… ¿estás bien? —preguntó Kagami, totalmente preocupado y para sorpresa de todos, se acercó al pelinegro— Yo… De verdad lo siento. Sufrí un accidente hace tiempo y perdí todos mis recuerdos —explicó y no se sintió incómodo de decírselo al chico—. Pero estoy seguro de que ahora que te veo, tal vez pueda recordarte…, Himuro —le dedicó una sincera sonrisa, tratando de hacer caso omiso al cosquilleo en su piel tras decir ese nombre.

El resto de los chicos se sintieron completamente ajenos a ese momento de intimidad entre ¿los hermanos?, incluso hasta Aomine, que precisamente era la pareja del pelirrojo, se sintió así.
En ese ambiente se percibieron muchas cosas inexplicables, pese a que uno de ellos no recordaba todo.

Himuro sonrió sin desaparecer la tristeza de su mirada, pero sujetó la cadena del más alto.

—No te preocupes, Taiga. Pero me da mucho gusto ver que pese a que no recordabas nada, todavía tienes nuestro… el anillo.

El corazón de Kagami latió desbocado y fijó sus orbes en el anillo ajeno, a la vez que Kise y Kuroko intercambiaron una mirada rápida que no pasó desapercibida para Midorima ni Takao.

—Simplemente no podía deshacerme de él —respondió Kagami como si fuera obvio.

Y Himuro vio la esperanza ahí, haciendo que su sonrisa se ensanchara más, pese a la expresión siempre tranquila que se cargaba.

—Lo sé —ahora veo que pese a todo, de verdad mantuviste tus palabras, añadió en su fuero interno.

—Yo creo que este no es un buen momento para platicar, ni el lugar —comentó Momoi amablemente, notando como su amigo peliazul parecía querer estallar, sin importar que ahora estaba cruzado de brazos con aparente desinterés.

— ¡Oh, tienes mucha razón, linda! —expresó Alex con una sonrisa— Taiga, ¿qué te parece si luego vas a vernos?, ya que ahora pareces divertirte mucho con tus amigos —sugirió.

— ¿Mi madre sabe que están aquí? —preguntó Kagami con curiosidad.

—No, para ella sería mejor que no estuviéramos aquí —murmuró Himuro con un tono ligeramente sombrío.

—Entonces, díganme a donde debo ir a verlos —dijo Kagami sin dudar, viendo precisamente a su "hermano".

Este le miró como si tratara de decirle algo, pero no supo entender.

Midorima junto con Takao y Momoi decidieron regresar a la cancha, porque ahí ya nada tenían que ver; sí Kise y Kuroko no se fueron fue porque Aomine—quien no se iría por obvias razones— parecía que se iba a abalanzar contra Himuro en cualquier momento y ellos debían calmarlo.

—Taiga, mejor intercambiemos números —pidió Alex, sacando su celular al mismo tiempo que su hijo.

—Ah, claro… pero mi celular esta… —Kagami señaló la cancha a cinco metros de distancia.

—Puedo anotarlos yo y te los paso —se ofreció Kuroko.

— ¿Y quién eres tú? —preguntaron Himuro y Alex al unísono con cara de póker.

—Kuroko Tetsuya, amigo de Kagami-kun, mucho gusto —saludó, sonriendo cortamente.

—Ah, pues, me parece bien —Alex asintió.

Entonces así lo hicieron sin demorarse mucho tiempo, bajo la vista de todos ahí, terminaron justo cuando Aomine frunció el ceño y se acercó para abrazar por detrás a Kagami en un gesto sumamente posesivo.

—Aomine… —masculló Kagami, ligeramente avergonzado.

Los pinchazos de dolor aparecieron con más intensidad en el corazón de Tatsuya, quién desvió la vista un momento, para que su expresión no se distorsionara por sus emociones, tratando de controlarlas otra vez, pues él era bastante posesivo y aún con todo esto, seguía considerando al pelirrojo, suyo.

—Ya quedó —habló Alex—. Ha sido un gusto conocerlos, ¡y me alegra mucho volverte a ver, Taiga! —canturreó y se lanzó a abrazar al pelirrojo con fuerza otra vez, alborotándole el cabello, haciendo que el peliazul se retirara a regañadientes. Ella casi sentía ganas de llorar de la felicidad.

—Para mí también ha sido grato —asintió Kagami, sonriendo por el abrazo.

—Taiga —llamó Himuro, pero fue lo único que dijo y se quedaron mirando a los ojos. Luego, le extendió la mano.

Kagami la sujetó, como un saludo formal, pero pese a que no recordaba nada, otra vez su cuerpo supo cómo reaccionar y ambos usaron ese contacto para jalarse y darse un abrazo.
Un abrazo con un significado completamente especial.

El pelirrojo sintió como Himuro cupo perfectamente entre sus brazos, pese a que su altura no era de tanta diferencia y las sensaciones que el embriagaron el corazón si bien no eran iguales a cuando entraba en contacto con Aomine, eran así de intensas.
Otra vez, todos se sintieron ajenos al momento. El peliazul estaba encabronadísimo, porque Kagami era su novio, él no debería sentirse así, al contrario, el pelinegro emo ese, debería ser quién se sintiera así.

Mismo gesto solo duró unos segundos, siendo cortado por el mismo Himuro o no podría continuar callado y gritaría todo ahí mismo.

—Ya nos veremos —se despidió y sonrió calmado.

Madre e hijo vieron al pelirrojo y dieron media vuelta para irse.

Ni bien se habían ido, Aomine jaló al ojirojo para besarlo demandante y posesivo, valiéndole mierda estar en público.

Kagami correspondió gustoso, aferrándose al cabello azul con fuerza y adquiriendo un rubor en sus mejillas, quizá no fuera de las personas que gustaran de esas muestras afectivas en público por su mismo pudor, pero de todos modos, siempre terminaba correspondiendo.
Por eso, el peliazul se sintió aliviado. Y el mal sabor de los celos desapareció al sentir el aliento del pelirrojo.

En ese beso, dejaba en claro que Taiga era completamente suyo.


Los labios de Himuro se fruncieron con fuerza y solo bajo el techo del departamento donde ahora vivía con su madre, se permitió soltar algunas lágrimas, cubriéndose con una mano el rostro y con la otra dio un puñetazo a la pared.

Alex vio a su hijo con extrema preocupación. Ah, lo que ella diera para ahorrarle todo ese sufrimiento a su niño y el que seguramente vendría.

Solo hacía tres días que llegaron de América y la rubia se había encargado de buscar al doctor personal de Kagami, usando el nombre del padre de este, porque necesitaba saber todo antes de que Tatsuya fuera en su búsqueda. Sin embargo, este último no podía aguantar más, pese a las palabras de su madre. Solo pudo dos días y ahí lo inevitable pasó.
Ahora no sabía si debió esperar mejor a Alex o de todos modos lo que hizo sería una ventaja para él en un futuro, porque no pasó por alto el que el pelirrojo casi le corresponde el beso.

La mujer rubia suspiró y dejó que Himuro se sentara a su lado, calmándose como podía mientras ella le sujetaba del brazo.

—Mamá, dime todo lo que averiguaste —pidió frunciendo el ceño.

Alex volvió a suspirar y asintió.

—El doctor me dijo que Taiga, en efecto, debido al tremendo golpe en el accidente que tuvieron, él perdió la memoria —ella miró a su hijo, pero este no dijo nada, así que continuó—. De igual modo, dijo que la pérdida de memoria podía ser temporal, así como no regresar nunca, pero que teniendo en cuenta la evolución que tuvo en este tiempo, está seguro que no tardará en recuperarla por completo. Por lo que Taiga le ha contado al doctor, la única parte que le falta por recordar de su vida, es cuando te conoció a ti, Tatsuya —finalizó.

—Hah… Ahora veo porque Yuu se dejó convencer tan fácil por mis palabras —especuló Himuro con una sonrisa amarga y sus ojos cristalizados—. ¡¿Qué no les bastó todo lo que hicieron para alejarnos y ahora esto?! Y por si fuera poco, ahora Taiga está con alguien… Maldición —su cabello cubrió perfectamente su rostro cuando las lágrimas volvieron a salir lentamente.

Alex no supo cómo darle consuelo a su hijo con las palabras, de modo que optó por abrazarlo con fuerza.

—Tatsuya, yo soy un testigo esencial de la relación que hubo entre ustedes y algo como una simple amnesia no va a derrumbar su conexión.

—Ya sé, mamá. Pero… Esto realmente duele, siempre pensé que bien en el mundo había alguien mejor para Taiga, aunque verlo es… —a Himuro se le quebró la voz y apretó los labios.

—Esto se dio porque él no te recuerda, cariño —susurró Alex, con un nudo en la garganta.

—Ahora entiendo porque nunca supiste de él ni se contactó contigo —masculló Himuro, apretando las manos en puños—. Fue algo que sus padres usaron a su ventaja... Y ahora, yo no sé qué hacer…

—Lo que tenga que pasar, pasará, Tatsuya —Alex le abrazó con más fuerza—. Estoy segura de que Taiga no olvidaría realmente lo que siente por ti.

Himuro ahogó un sollozo y no dijo nada más, simplemente sujetó su anillo con fuerza.


Kuroko vio cómo su amigo pelirrojo se sujetó el anillo de su cadena con fuerza y levantó la mirada al cielo luego de haber hecho un clavado en el juego.

Y supo en ese instante, que el caos todavía se iba a desatar.

—Oha Asa nunca se equivoca —murmuró Midorima, qué también vio la acción del pelirrojo.


— ¿Y bien? ¿Al fin tienes algo, idiota? —inquirió Haizaki con molestia, pateando la silla al entrar a la habitación de su compañero.

—Heh, qué malos modales —se burló Hanamiya y luego se estiró de brazos—. Por supuesto que lo tengo, ¿con quién crees que hablas? Jugar sucio es lo mejor que sé hacer.

—Pues entonces, habla de una maldita vez y déjate de rodeos —ordenó Haizaki, sentándose en la silla que pateó momentos antes.

—Para compensar el tiempo perdido que les dimos calma a aquellos mocosos, lo mejor será ir completamente por ellos —Hanamiya sonrió malicioso—, pero indirectamente.

Shogo frunció el ceño y se cruzó de piernas, subiéndolas a la mesita de centro de la habitación de su compañero.

—Explícate mejor.

—Vamos a seguir el mismo ejemplo que con Midorima —aclaró Hanamiya, alzando las cejas un momento, mostrando los dientes en esa sonrisa.

—Vaya —Haizaki sonrió y se lamió su dedo pulgar—. Para mí sería mejor destrozar al maldito de Daiki junto con Tetsuya para luego encargarme de Ryota, pero herirlos con otras personas me parece mejor, conociendo la naturaleza de Daiki —dirigió sus ojos hacía el otro chico—. Y dado lo que dices, he de suponer ese idiota al fin se lío con alguna puta.

—Pues de hecho, Aomine esta con este chico —Hanamiya sacó una foto del sobre abierto que tenía a su lado y la enseñó al otro—. Kagami Taiga, de veinte años y con problemas de amnesia.

—Hoh, así que después de todo, Daiki nos salió perteneciente a ese lado —Haizaki se rio con burla.

—He investigado los horarios de salida de Kagami en el restaurante que trabaja y otras cosas personales.

—Entonces, hay que poner en marcha lo que sea que hayas pensado, ya. Tan pronto termines de contármelo

Shogo volvió a lamerse su dedo pulgar mientras se quedó viendo la foto de aquel pelirrojo de cejas partidas.


/Domingo 8 de Septiembre del 2013/

Algo estaba muy mal con Kagami, ¿por qué desde que vio a su hermanastro los mismos sueños continuaron atacándolo cada noche hasta hoy?
Trataba de no darle importancia, pues suponía que eso se debía a que como lo volvía a ver y no lo recordaba, ahora los recuerdos iban a empezar a aparecer con más claridad. De hecho, era así, pero no eran cosas que él esperaba venir, teniendo en cuenta que se trataba de su "hermano", ¿no?

Si bien no eran los mismos sueños que tuvo desde el lunes, estos eran similares; con la misma voz que tenía Tatsuya, donde era obvio que esos sueños le querían mostrar cosas que no compartía con un hermano. ¿O es que Kagami estaba confundiendo todo y los recuerdos venían revueltos?
Eso era lo que prefería creer.
Por supuesto que esos sueños se los guardó para su persona, ni siquiera a Kuroko le había comentado algo y para nada pensaba decirle a Aomine, mas quería hacerlo. No se sentía bien por ello, ¿por qué si solo eran sueños de su pasado? No tenía razón para sentirse incómodo por no decírselos si eran solo eran eso.

Kagami suspiró irritado al estar solo y acostado en su cama a oscuras. Parte de él quería saber todo de una maldita vez, pero la otra mitad no quería, era como si su ser estuviera dividido; su corazón le decía que sí y su cerebro que no.

Sin embargo, Taiga no era alguien cobarde que huyera de las cosas y siempre seguía a su instinto, por lo que esta no sería la excepción, pero, ¿qué se supone haría para saberlo?
Quería encontrar la razón, el motivo del porque soñaba precisamente ahora esos recuerdos, ¿qué tenía que ver la voz de Himuro en todo eso?, probablemente si le decía a sus amigos esta situación, no tardarían en llegar a la razón obvia del asunto, mas Kagami no le veía sentido si pasaba así.
Quizá la verdad estaba bastante cerca para él, pero su gran amor por Aomine le estaba cegando eso, no le dejaba aceptar plenamente las cosas y, en efecto, estaban truncando esos recuerdos que tanta falta le hicieron en un principio.

Asimismo, el pelirrojo quería saber el verdadero origen de su anillo, ese que también vio que Himuro usaba, ¿acaso era una seña de hermandad? ¿Por eso era tan preciado para él?


Habían veces en que Aomine era un idiota engreído y nunca más volvió a sentir aquella inseguridad más que cuando su ahora novio, le ganó en el partido uno a uno hace más de un mes.

El problema era, que de su cabeza no salía la sensación que tuvo cuando ese tal Himuro hecho un completo emo, apareció frente a su Kagami y le robó ese beso. No importaba que ya hubiera pasado un par de días de ese hecho, con solo recordarlo, seguía enfureciéndolo como si lo volviera a ver en vivo y en directo.

Porque sí, el sentimiento que tuvo cuando perdió la primera vez contra el pelirrojo, fue algo similar a lo que sintió con ver a ese tipo.
Y quizá no se hubiera sentido así, de no ser porque Kagami no se mostró reacio a ese tipo, pese a que no lo recordaba, como logró entender. No es que desconfiara de su chico, pero definitivamente no confiaba en Himuro, ya que a leguas se notaba que ese tipo veía al pelirrojo más que como un simple "hermano".

Y para nada, iba a permitir que alguien hozara de interponerse entre él y Kagami.


/Lunes 9 de Septiembre del 2013/

Pese al día que era, Kuroko se encontraba felizmente en el departamento de su novio rubio, comiendo un helado de fresa a la vez que Kise le llenaba las mejillas de besos mimosos.

El día había sido agitado para ambos, tanto en la universidad para el peliceleste, como en el trabajo para el rubio, pero agradecían que las cosas todavía no estuvieran tan fuertes como para impedir que ambos, se frecuentaran más pronto.

Kuruko sirvió algo de helado en la cuchara y la acercó a la boca de su pareja, quien gustoso lo recibió.

— ¡Hm! Sabe realmente delicioso, Kurokocchi —dijo Kise, ahora embarrándose los dedos con el mismo helado y manchando los labios ajenos.

— ¿Qué haces, Kise-kun? —preguntó Kuroko, curioso, como si no conociera a su chico.

—Es que prefiero comer helado de aquí —susurró Kise, ahora peligrosamente cerca de la boca de su novio y le succionó cada labio con suavidad, pero firmeza.

El peliceleste suspiró y un tenue sonrojo apareció, encantado con la acción del más alto. Por ello, le sujetó suavemente del rostro y profundizó el contacto en un perfecto beso que Kise correspondió encantado, acariciándole el cabello.

Ambos chicos se besaron profunda y devotamente un buen rato, en el que sus lenguas danzaban sin prisa, expresándose así sus sentimientos el uno por el otro. Porque cada que lo hacían, el mundo desaparecía de su mente, solo se veían a ellos, nada más a ellos; eran las piezas hechas para estar juntas así si interpusiera el mundo entero, los dos podrían llevarlo.
Cada que se besaban, era como si entregaran una parte de su vida, gustosos y felices de compartirlo entre ellos.

Funcionaban sencillos, pese a las complicaciones que desde un inicio les atacaron.

Se separaron del beso cuando los dos necesitaron respirar y se miraron a los ojos por un largo rato, desnudándose el alma por completo con ese simple gesto.

—Te amo, Kurokocchi —musitó Kise, acariciándole el rostro al más bajo.

—Como yo a ti —respondió Kuroko con una sonrisa. Solo cuando estaba con el rubio, siempre sonreía más de la cuenta.

Ahora, el rubio jaló al peliceleste para que se sentara sobre sus piernas y este se dejó sin queja alguna, continuando con su helado sin acabar, concentrado por completo. Kise se entretuvo rozando su nariz en el cabello ajeno, respirando ese olor tan suave y ligero que tenía su novio.

Ah, como lo adoraba. Ahora no se imaginaba sin él.

— ¿Sabes algo, Kise-kun? —masculló Kuroko como si nada— La forma en que me ves, me hizo recordar la forma en que Kagami-kun veía a Himuro-san, aunque no parecía darse cuenta.

Ryota suspiró y sonrió, dejando un beso en la nuca ajena.

—Yo también me di cuenta de eso; y Himuro veía a Kagamicchi como tú a mí.

—Pero lo de ellos parece más complicado —añadió Kuroko, con la cuchara en la boca.

—No sé si preocuparme más por Kagamicchi o Aominecchi —confesó Kise, recargando su rostro en el hombro del más bajo.

Kuroko frunció ligeramente el ceño y comió de su helado.

—Yo solo sé que aquel día, los ojos de Kagami-kun parecían reprimidos de algo y no sé cómo verá a Himuro-san cuando no lo estén.

—Es un tema delicado —Kise suspiró—. Y Aominecchi no es tonto.

—Sea como sea, pienso que ahí estaremos para apoyarlos pase lo que pase, después de todo, son nuestros amigos —repuso Kuroko, girándose para darle más helado a su novio.

Y cuando Kise aceptó el bocado con una sonrisa, los dos chicos enamorados, volvieron a sumergirse en su mundo, donde nadie más era capaz de entrar.


Adlasdjlsajdksla, hasta yo me pongo nerviosa con lo que está por venir QwQ.

Y como ven, la memoria pérdida de Kagami aún no regresa, falta más, hijos míos xD, pero no desesperen, que el drama es mejor vaya lento, así se preparan mejor(?), okey, ya.
Ahora solo falta ver que hará Tatsuya después de esto u_u.

Ojalá que hayan disfrutado del capítulo, lsajadlkaslk, y me encantaría recibir sus opiniones :3.