¡Holaaaaa! Creo que no ha pasado mucho desde que actualicé, ¿verdad? x'D.
Bueno, de rapidín paso dejándoles un capítulo más de ésta historia e imagino, que el título en sí ya dice mucho, o no sé, jajaja.
Antes que nada, ¡gracias por sus comentarios! Siempre es un gusto leer sus opiniones :3.
Ahí el capítulo y disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.
La semana estaba empezando muy bien para Kagami, en el trabajo todo salió como a él le gustaba, cosa que le ayudó bastante en su tarea de hacer caso omiso a todo lo relacionado con los sueños que seguía teniendo. Porque por supuesto que no quería que un pasado de cuando era un puberto ahora le afectara la relación que tenía con el peliazul.
Su rutina seguía igual, como siempre. Todavía tenía el interés de ir a ver y saludar debidamente a Alex con su hermanastro, que por lo que recordaba de este, era obvio que su relación fue muy cercana, realmente a la de hermanos y por ello le vio tan afectado cuando supo que no lo recordaba. Cosa que no le gustó. No quería ver a Himuro triste por él, razón por la cual todavía no decidía si de verdad ir a verlos, aunque sí quería.
Gracias a que ya no tenía más trabajo porque su turno había terminado, su mente se dedicó a vagar, recordando el maravilloso fin de semana que pasó al lado de Aomine, pese a lo sucedido el viernes —el cual su mente se las arregló para no aparecer. El sábado se la pasó al lado del moreno, en una noche donde si no hubiera sido por la presencia de Momoi, seguramente terminan haciendo el amor en sala.
Ciertamente, aunque Kagami era alguien dominante, no tenía un problema real en que el peliazul le hiciera suyo; es decir, por supuesto que no faltaba mucho para que él también lo reclamara únicamente como su propiedad, además, eso no le quitaba a ninguno la dominancia que ejercían en la cama. Los dos eran bomba, en pocas palabras.
Sonrió mientras recordó las expresiones de Aomine cuando le estaba haciendo aquella felación el primer día.
— ¿En qué piensas, cariño? Te ves muy feliz —dijo Mika con una sonrisa, acercándose al pelirrojo.
El nombrado chico se sobresaltó y se sonrojó tenuemente, desviando la atención a un platillo que acababa de servir para no ponerse en evidencia.
—Recuerdo las veces que jugué basquetbol con mis amigos, hacía mucho no me divertía —respondió Kagami con una sonrisa. Eso no era precisamente una mentira.
Por eso su madre le creyó. Pero mejor no insistió, porque no creía fuera algo "malo".
—Bueno, como ya casi termina tu turno, podrás ir a divertirte otra vez, cariño —alentó Mika con una sonrisa dulce y le acarició a su hijo la mejilla.
—Es verdad —Kagami asintió.
Sin embargo, de repente tuvo otra idea. Una que por supuesto no le diría a su madre para nada.
Ya era tiempo de enfrentar las cosas de otra manera; se había dicho que no quería ver triste a Himuro por su memoria pérdida, así que estaría bien hacer algo para recuperar sus recuerdos con el chico, ¿no? Tal vez si le pedía que le contara algunas cosas o que empezara a verle más seguido, serviría para su memoria perdida. Estaba dispuesto a intentarlo, pese a toda la confusión y pensamientos extraños, así como esos sueños de su adolescencia.
Porque Kagami creía que esos eran temas diferentes.
Por ello, ahora que se libró de su trabajo y se despidió de su madre, envió un mensaje al que era el número de la rubia.
Para: Alex.
Sms: He decidido visitarlos, mándame la dirección.
Y no tardó nada en recibir la contestación, junto con un mensaje más que era de cierto moreno.
De: Aomine.
Sms: Hey, Bakagami, quiero jugar un uno a uno. Nos vemos donde siempre.
El pelirrojo suspiró irritado ligeramente, ese peliazul y su manía de mandar. Sonrió ligeramente, por más que ahora quisiera verlo, ya antes había decidido qué hacer, así que le respondió.
De: Kagami.
Sms: Lo siento, Ahomine. Hoy tendré ocupada la tarde, pero en la noche iré a tu casa.
El nombrado moreno chasqueó la lengua y aventó su celular a la cama, enfurruñado. Como le molestaba cuando Taiga no acudía a lo que decía, no precisamente porque no le obedeciera, nada de eso, al contrario, Aomine simplemente quería verlo y como buen hombre territorial que es, no evitó preguntarse qué era eso lo que su novio tenía qué hacer, siendo que solo trabajaba medio tiempo.
De todos modos, Kagami le acompañara o no a jugar, iría a la cancha como todas las tardes.
La molestia de lo sucedido el viernes ya había desaparecido por completo, estaba más tranquilo porque ese pelinegro no se había vuelto a aparecer frente a su pelirrojo.
—Satsuki, voy a salir a jugar —avisó con aparente calma y sin esperar respuesta de su amiga, salió de la casa.
El departamento estaba bastante arreglado, más de lo que su madre acostumbraba a limpiar, cosa que era raro. Por ello, Himuro sabía que algo más pasaba ahí.
Su rostro, pese a su siempre calmada expresión, denotaba una sombra de tristeza y aspecto sombrío; no sonreía tranquilo como normalmente lo hacía. Y no era para menos, ¿quién estaría feliz de que la persona que amas te hubiera olvidado por una jodida amnesia y de paso, se hubiera enamorado de alguien más?
Porque Himuro no era idiota, siempre conoció a Taiga desde niño y le bastó con solo ver como miraba al peliazul ese para saber que estaba enamorado de él. Pese a que esos ojos brillaban diferentes a como cuando el pelirrojo le miraba antes de que todo pasara.
De tan solo recordarlo, su corazón se estrujó con fuerza y cerró los ojos por un segundo.
Luego de haberse desahogado lo suficiente el viernes y parte del fin de semana, había tomado la decisión de no decirle nada a Kagami referente a su verdadera relación para no complicarle las cosas y confundirlo, porque no quería verle sufrir. Pero no por eso se quedaría de brazos cruzados, si bien no hablaría, de alguna manera haría que le pelirrojo le recordara.
No iba a tirar la toalla por esto, puesto era un caso diferente porque todo eso se dio por la pérdida de memoria del otro chico, ya que de ahí, Tatsuya estaba muy seguro que Taiga le seguía amando.
—Mamá, ¿ya me dirás por qué tanto arreglo?
—Oh, ¡oh, cariño! —Alex dejó de hacer lo que hacía y miró al pelinegro con una sonrisa dulce— Bueno, hoy nos vienen a visitar.
— ¿Quién? —Himuro le miró sereno, mientras jugaba con el anillo en su cadena.
La rubia suspiró y mantuvo su sonrisa.
—Taiga.
El pelinegro se quedó estupefacto unos segundos. ¿De verdad su Taiga iría a verlo?, ¿qué se supone que haría?, ¿cómo le iba a hablar? Y no es que no quisiera verlo, simplemente todavía no sabía si sería capaz de controlar ese infinita necesidad de lanzarse a darle esos besos que siempre quiso desde que despertó. No sabía si podría tratarlo como un "hermano" o "amigo", teniendo en cuenta la relación que mantuvieron por cinco años.
Esto iba a ser difícil.
Pero no siguió pensando nada más, puesto el timbre sonó varias veces.
—Seguramente es él —adivinó Alex y salió corriendo para abrir, segundos después escuchándose una efusiva bienvenida.
Los ojos del pelinegro se abrieron un poco más y se iluminaron cuando divisaron a ese chico pelirrojo más alto que él. No pudo evitar el sonreír.
—Taiga…
El nombrado muchacho también se le quedó mirando y segundos después de que el otro le mostraba esa sonrisa, le sonrió también. ¿Por qué cuando le llamaba por su nombre, sentía como si su corazón quisiera salírsele del pecho o su cabeza quisiera estallar?
—Himuro —saludó de igual forma.
El pelinegro se estremeció. Hacía tanto tiempo que el pelirrojo no le llamaba así…
— ¡Chicos! Iré a comprar algunas cosas, pues todavía no estamos terminando de instalar desde que llegamos de América —informó Alex como quien no quiere la cosa—. No tardaré y entonces, Taiga, ¡serás mío! —rio, alborotándole el cabello al chico.
—Alex… —refunfuñó Kagami con el ceño fruncido, que se le suavizó al oír reír al pelinegro.
—Vete con cuidado —asintió Himuro.
Y cuando los dos chicos se quedaron solos en casa, el ambiente se tornó extraño; Kagami se sentía inquieto por muchas razones y una de ellas era como si su ser quisiera destapar algo y no pudiera, mientras que Himuro estaba bastante ansioso, controlándose tan bien como podía.
Ofreció una bebida al pelirrojo y se sentaron en el sofá.
—… ¿Cómo estás, Taiga?
Los ojos rubíes del aludido, le miraron fijamente un rato y se rascó la cabeza.
—Yo, eh, bien —suspiró—. Himuro, ¿sabes?, realmente no me gusta que te sientas… mal por esto —y es que Kagami no era ciego, de alguna manera, sabía interpretar algunas cosas del pelinegro, aunque no lo recordara.
Ahora fue el pelinegro quien suspiró y sonrió lo mejor que pudo. Debía tener cuidado con lo que diría sino quería exponer nada o dejar pensando al otro.
—Fue duro, pero estoy seguro que pronto podrás recuperar tu memoria.
—Yo espero lo mismo, de verdad que quiero recordarte, Himuro —dijo Kagami con la mirada llena de intensidad sobre el rostro ajeno.
—Taiga… —susurró Himuro, mirándolo fijamente de igual modo.
De alguna forma, el ambiente se había vuelto a tornar demasiado íntimo como cuando se volvieron a ver y eso era algo que los dos no pasaron por alto, pero tampoco es como si pudieran evitarlo.
Ellos eran como los polos no opuestos de dos imanes que creaban fuerza al repelerse y eso en muchas ocasiones, podía ser más fuerte que la atracción misma. Y mucho más peligroso, porque tendrían que luchar con las mismísimas leyes para poder juntarse sin destruirse en el camino.
Pero aun con eso, los dos habían logrado estar juntos, así que eso decía mucho más; lo imposible, sí era posible.
—He pensado que… —masculló Kagami, desviando la mirada unos momentos— Tal vez si me contaras algunas cosas de nosotros, mis recuerdos podrían regresar más fácil.
—Oh, pues —Himuro le miró calmado, pero su expresión estaba más animada. De todos modos, el tema seguía siendo delicado—, te puedo decir…
— ¿Qué significan estos anillos? —preguntó Kagami, interrumpiendo al chico y sujetándole el anillo de este. No podía resistirlo, era su más grande duda y a su ver, lo más importante, ya que sabía bien dicho objeto le era algo sumamente especial pese a que no recordara su origen.
Himuro se quedó callado y tragó silenciosamente, examinando con la mirada al más alto. ¡Por supuesto que quería decirle lo que esos anillos significaban para los dos! Pero hacerlo sería algo meramente complicado. Así que, con todo su pesar, debía mentirle.
—Un signo de hermandad —también le sujetó el anillo al pelirrojo y soltó un suspiro bajo—. Cuando nos conocimos, me di cuenta que siempre estabas solo; eras muy malo para hacer amigos, ¿sabes? —se burló gentilmente a lo que el otro frunció los labios infantilmente— Y yo decidí ser tu amigo, me contaste que eras hijo único y que la manera en que yo era contigo, te parecía a la de un hermano mayor —rió suavemente. Aquello no era mentira, claro que no, mas no eran el verdadero significado.
Kagami se sintió un poco avergonzado, pero sonrió. Ese relato le hizo sentir bien y de algún modo, ahora podía recordar mejor aquel sueño que tuvo por primera vez, en donde recordó a Alex y ahora sí era capaz de ver la cara de Himuro de niño.
—Pero ahora, yo parezco el hermano mayor —repuso con una sonrisa.
—En físico, porque seguramente sigues siendo el mismo chiquillo impulsivo al que nunca dejé solo —aseguró Himuro con un deje de nostalgia en la voz.
El pelirrojo hizo un mohín.
—Supongo que tienes razón, tienes el aspecto de ser el hermano mayor —reconoció.
—Pero de todos modos, tú me superas en muchas cosas —masculló Himuro.
— ¿Cómo en qué?
—En el basquetbol y en cocinar; siempre has sido mejor que yo en eso.
— ¡Pero seguramente tú eres realmente bueno! —exclamó Kagami de pronto, afligido sin entender por qué, sintiendo una sensación de deja vú.
Y es que la verdad, desde antes de que todo pasara, ese siempre fue un tema de discordia entre ambos chicos. Mismos, que no se habían dado cuenta seguían sujetándose de sus anillos.
A Tatsuya un rastro de tristeza se le pasó por la mirada, porque en efecto él sí recordaba bien esas estúpidas peleas originarias por su envidia. Envidia que luego pasó a admiración y finalmente a amor.
Todavía se le hacía pasa el corazón al recordar las expresiones que Taiga puso cuando le dijo que no quería seguir siendo su hermano, luego cuando se dio cuenta que le quería de forma diferente y después cuando se disculpó o cuando se besaron.
—Tranquilo, Taiga, yo no tengo problemas con eso —animó Himuro, dándole un apretón a la muñeca ajena, gracias a que la mano del pelirrojo sostenía su anillo.
Kagami se sintió extrañamente aliviado de oír eso y bajó su mirada al agarre, en donde sus pieles entraron en contacto y envió un escalofrío de sensaciones a su cuerpo.
— ¿En serio?
—Sí. Vamos, no pongas esa cara, yo no dejaría de ser tu… tu hermano por la diferencia de habilidades, tonto —Himuro no pudo evitar el alzar la mano y darle una caricia al rostro ajeno con ligereza.
E inconscientemente, Taiga se inclinó hacía ese contacto que le produjo un sentimiento de calma.
Tatsuya se mordió el labio y cuando iba a retirar la mano para que las cosas no se salieran de control, la forma en que los orbes rubíes de Kagami le veían, cambió por completo. Por un segundo, esos ojos le vieron cómo le veían antes del accidente.
Fue un gesto que removió a los dos de pies a cabeza.
—Me alegra oír eso —musitó Kagami y sonrió de oreja a oreja.
—Hah… sí —Himuro retiró la mano y forzó una sonrisa, desviando la mirada.
Joder que dolía enormemente tener a la persona que se ama delante de ti y no poder decírselo ni demostrárselo en acciones.
Por supuesto que Kagami notó el gesto de sufrimiento en el otro, pero prefirió no decir nada, puesto lo atribuyó al mismo hecho de que se debía a su condición. Aun así, no dejaría que el otro chico se ensimismara en ese sentimiento negativo.
—Bueno, ya que Alex no parece volverá pronto, ¿vamos a comprar algo? Me gustaría cocinarles.
Tatsuya sonrió y asintió. Eso era algo que le enamoró del pelirrojo; la forma indirecta que tenía de animarlo.
Aomine se la había pasado jugando casi toda la tarde. Amaba el baloncesto, pero no era lo mismo si no jugaba con Kagami, eso dejaba ver su expresión y mirada, porque joder que lo extrañaba. Ya se las cobraría en la noche cuando lo viera.
Pensar en eso, le hizo sonreír.
Se pasó un rato más sentado en la cancha, viendo el cielo y sintiendo el sudor escurrir por su cuerpo de forma lenta, junto con el calor del verano.
Bien podría quedarse a dormir un rato ahí, pero se le haría tarde para llegar a su casa y esperar al pelirrojo, pese a que todavía tenía tiempo.
Solamente pensó en volver a jugar otro rato más; desechó la idea cuando se dio cuenta que ya no tenía más agua que beber, haciéndole gruñir molesto, porque no quería caminar hasta el supermercado por más líquido hidratante, pero tenía que hacerlo quisiera o no, ya que no dejaría de jugar por algo como eso.
Así que Daiki se puso de pie y se acomodó la mochila al hombro con el balón en manos y con la expresión molesta se dispuso a caminar hacía el supermercado más cercano. Sin embargo, la suerte no estaba de su lado el día de hoy, pues este mismo estaba cerrado por problemas de salubridad.
Maldijo audiblemente y no le quedó de otra que caminar como siete cuadras hasta llegar a otro, que era más grande que el anterior.
Suspiró e ingresó ahí, dejando sus cosas en la paquetería como requería el lugar. Bostezó y simplemente se encaminó hacía la sala de bebidas.
Seguramente hubiera seguido caminando de no ser porque a lo lejos, justo en la sala de carnes, divisó a cierto pelirrojo que no estaba solo.
¿De modo qué aquella ocupación extra era por ese maldito emo?, gruñó mentalmente, fulminándolos con la mirada, completamente celoso. Y es que aunque de antemano supiera que ellos tenían una relación de "hermandad"—o eso dijo Himuro al presentarse, cosa que no creía del todo—, ese lado posesivo no le dejaba pensar con claridad.
Aomine confiaba plenamente en Kagami, por supuesto, pero no en los demás. Y menos cuando desde esa distancia podía notar que los ojos con que Himuro veía a su pelirrojo, no era como se ve a un hermano.
Cerró los ojos y suspiró interiormente. Debía calmarse, su control de emociones no era malo, además tampoco le estaban provocando directamente como para responder impulsivamente, así que por ahora no diría nada. Solo agarraría su maldita botella de agua y entonces pasaría casualmente donde estaban esos dos y con sus abrazos territoriales, le echaría en cara al pelinegro ese que Kagami era suyo.
—No esperaba encontrarme contigo aquí, Daiki —dijo la calmada voz de Himuro no muy lejos.
Tal parecía que el peliazul se quedó pensando y controlándose por más tiempo del necesario.
—Deja de llamarme con tanta maldita confiancita —despotricó.
—Es la costumbre en América de llamar a todos por su nombre —aclaró Himuro, viendo las bebidas con atención aparente y una sonrisa tranquila.
—Aquí no es América, joder —Aomine le miró seriamente—. Y por eso, más te vale no tratar del mismo modo a Kagami —advirtió. A la mierda su relación de hermandad.
—Hasta que Taiga no me lo pida, no dejaré de hacerlo —respondió Tatsuya, ahora mirando al moreno sin inmutarse.
Aomine frunció el ceño. Odiaba oír el nombre de pila de su pareja en voz y labios de otro tipo.
—Y una mierda.
El pelinegro simplemente le miró y no dijo nada. Y ya estaba por irse, pero la voz del peliazul volvió a hablar.
—Te exijo que me digas cuál es tu maldita intención con Kagami —Aomine estaba cruzado de brazos y su voz era completamente autoritaria.
Himuro se detuvo y le miró otra vez, girando su cuerpo.
—Eso es algo que a ti no te importa saber. Somos como hermanos, confórmate con eso.
—Tu no entiendes, imbécil —replicó Aomine, ahora con una expresión bastante sádica—. Sí te estoy diciendo que me digas cuáles son tus malditas intenciones, es porque me las dirás.
—Vaya, se nota que te hace falta un tazón de humildad —aventuró Himuro, frunciendo ligeramente el ceño unos segundos.
—No necesito esas mierdas. Te estoy diciendo qué…
—Y mi respuesta fue clara: a ti no te importa lo que yo quiera hacer.
— ¡Me importa porque Kagami es mío, idiota! —rugió Aomine, viéndole ferozmente.
—… —Himuro no supo que decir, solo frunció fuertemente el ceño, nada contento con ello.
—Aunque te duela, estúpido. Kagami es mío y él solo me va a ver a mí —afirmó Aomine con una mirada superior y una sonrisa triunfal.
Y pese a que Tatsuya se le ensombreció la mirada, luego le miró serio y seguro, con la ferocidad elegante de un dragón.
—Tienes mucha confianza porque Taiga todavía no recupera sus recuerdos, ¿verdad?
—No importa lo que sea que recuerde luego, nada lo alejará de mí.
—Me pregunto si dirás lo mismo cuando Taiga me recuerde —Himuro sonrió un poco, gesto que luego se perdió.
Como secundando sus palabras, el anillo que usaba en su cadena, brilló ligeramente, atrayendo la atención del peliazul.
—Tú eres parte de su pasado. Seguramente siempre estuviste enamorado de él y como siempre te rechazó, ahora te quieres aprovechar de su amnesia, ¿no? —se burló Aomine.
—Te voy a decir algo, Aomine-kun —Himuro se mantuvo serio y alzó ligeramente su cadena, reluciendo ese anillo—: no hables por hablar. Lo que me une a Taiga no se romperá simplemente por qué él se haya fijado en alguien más.
—No estés tan seguro —Aomine le sonrió altivo y seguro.
—Lo estoy, ¿sabes por qué? —Himuro sonrió cortamente— Porque pese a su amnesia, Taiga no ha sido capaz de deshacerse de su anillo, incluso aunque te tenga a ti ahora.
Ahora fue turno de Aomine de quedarse callado y de que su sonrisa se le borrara.
Para su desgracia, eso era cierto. Y en sus recuerdos estaba grabada la respuesta de eso; la vez en que estuvo como loco buscando ese maldito collar luego de que hicieron el amor por segunda vez en su casa o cuando se negaba a dejarlo al cuidado de alguien más y jugaba con él.
La verdad era que nunca le dio importancia a eso, pues era un simple objeto, ¿no?
— ¡Eso no es verdad! —exclamó Aomine, alterado— ¡Tú…! ¡Maldito…! —sin pensar, terminó jalando de la playera al otro chico, como si fuera a golpearlo.
—Que reacciones de esta manera, hace ver que tengo razón —Himuro le miró con cierto triunfo.
— ¡Y una mierda! ¡Me vale una mierda tu estupidez del anillo! ¡Eso no quita que Kagami siga siendo mío, porque lo es! —siseó Aomine con furia.
—A medias —dijo Himuro con tranquilidad.
—Bastardo…
—Anda, puedes golpearme. Hazlo y cuando Taiga lo vea, tal vez aceleres su recuperación de memoria —aconsejó Himuro.
Aomine chasqueó la lengua y le asesinó con la mirada un buen rato, para luego soltarle de la playera con brusquedad.
—No te daré el maldito gusto. No te voy a dar a Kagami —porque ahora, le había quedado completamente claro que aquel pelinegro si sentía algo más por su pareja, algo más allá de una simple amistad o hermandad.
— ¿Aomine? ¿Qué haces aquí? —la gruesa voz de Kagami apareció entre los chicos, que giraron el rostro para verlo.
—Pues, yo vine por las bebidas para la comida y me encontré a tu amigo —respondió Himuro con una sonrisa amable.
—Hah, Bakagami, ¿vas a cocinar para este tipo? —bufó Aomine, molesto.
—Y para Alex. Debo compensar el tiempo perdido desde que no los veo —contestó Kagami con cierta confusión, porque hasta él podía sentir el ambiente tenso que había antes de que llegara.
—Exacto. Y, Taiga, seguramente mi madre no tardará en llegar, debemos darnos prisa —comentó Himuro, ya con las bebidas en mano.
El pelirrojo asintió y sonrió.
Aomine les miró a ambos y luego, como todo macho alfa que se respeta, valiéndole el público, jaló al ojirojo para abrazarlo con fuerza y le plantó un beso apasionado.
Y Kagami correspondió, colorado, pero con la misma intensidad.
Sin embargo, Himuro se vio en la penosa necesidad de desviar la mirada y voltear el rostro hacía otra cosa, evitando prestar atención al sonido de los besos.
Esto era terrible, un calvario así como estaba.
Era como si no pudiera respirar, se sintió excluido de pronto y quiso salir de ahí, irse de ahí. La sensación era dolorosa, tan dolorosa que incluso con cualquier movimiento, sentía que se desmoronaría. Y no necesitaba ver a Kagami, para saber que este estaba completamente feliz besando al moreno.
— ¡Idiota! —refunfuñó Kagami tras separarse del beso.
Aomine sonrió victorioso.
—En la noche me las pagarás por dejarme jugando solo hoy.
— ¡Y-ya cállate! —Kagami frunció el ceño, avergonzado— Como sea, te veré más tarde.
Buscó con la mirada a Himuro, puesto en su burbuja de amor entre los besos con el peliazul, se olvidó de todos. Y se sintió raro cuando lo vio un poco apartado, al otro lado suyo, esperándolo con su expresión calmada.
Instantáneamente, giró su rostro otra vez para ver a Aomine, que le sonrió.
Y por alguna extraña razón, se sintió entre la espada y la pared.
Juejuejue, ya se va reflejando el drama entre éste trío, y eso que todavía todo está empezando xD.
Bueno, poco a poco vamos viendo como es la relación que hubo (y todavía existe) entre Kagami y Himuro, aslkjdsljadslas, ¿qué piensan sobre ello?
En fin, espero recibir sus comentarios, siempre son bien recibidos y como autor, es un gran regalo, jaja :3.
¡Nos vemos!
