¡Holaaaaaaa! Asdlkjdsakdsjalsadjklas, ya sé que me tardé mucho en actualizar, Dios mío, ya lo sé ;u; Pero bueno, en mi vida pasaron muchas cosas y por uno u otro motivo no podía venir a actualizar… ¡Pero lo importante es que ya estoy de regreso!
¡Muchas gracias por todos sus comentarios! Siempre me hace feliz leer su opinión y las emociones que sintieron al leer :3.
Cofcofcof, en éste capítulo pasa algo que quizá muchos no se esperen… Me gustaría darles una pista, pero hacerlo, rebelaría todo, así que solo les diré que si algo no les gusta, saltéense esa parte(?).
Bueno, disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.
Resultó que Aomine sí regresó a la cancha donde estaba jugando al principio, porque sabía bien que si se iba a su casa, su mente se las arreglaría para joderlo con la estúpida discusión que tuvo con Himuro. Quizá no creyera nada de lo que este le decía, además de que confiaba plenamente en Kagami, pero esas palabras le molestaban, porque quisiera o no, una parte de ellas, eran verdad y su interior lo sabía, mas no lo aceptaría.
Habían pasado muchas cosas como para dejar al pelirrojo así como así, porque ahora Kagami era suyo, para él y nadie más.
Daiki chasqueó la lengua y lanzó un tiro sin forma, encestando perfectamente y sonrió satisfecho.
Necesitó solo de veinte minutos para concentrarse perfectamente en simplemente jugar en solitario, aunque no era lo mismo que tener a su querido rival jugando con él.
Le parecía curioso el hecho de que Kuroko una vez le dijo que Kagami era una luz, como de igual forma lo era el peliazul, pero de manera diferente. E irónicamente, el pelirrojo eso era un su vida. Realmente nunca se preguntó el motivo exacto del por qué terminó enamorándose del chico de ojos rubíes, pero ahora estaba seguro de que una de las tantas cosas, fue porque efectivamente, Kagami era una luz en su vida, le quitó la monotonía de todo, le regresó las ganas de jugar y, cursi o no, la esperanza.
No era propio de Aomine ponerse a pensar tan profundamente así, simplemente aquella absurda discusión con ese jodido pelinegro le dejó trabajando la mente.
Y el peliazul ya no necesitaba a nadie más con él, solo a Kagami. En su mente apareció el recuerdo de cuando se besaron e inevitablemente, sonrió.
—Guau, verte con un ritmo tan bajo no es de todos los días, Ahomine —la voz de Kagami se hizo presente, con una sonrisita de burla.
— ¿Ah? —Aomine le miró ceñudo y sonrió desafiante— No seas ridículo, Bakagami —pero la verdad, sabía que era cierto, no estaba jugando tan en serio, siendo que su mente estaba precisamente con el pelirrojo ese, pero este no tenía por qué saberlo.
Solo hasta ese momento, se dio cuenta de lo tarde que era, ya que había oscurecido por completo.
—Sabía que estarías aquí todavía —Kagami se acercó hasta el peliazul para intentar quitarle el balón de las manos.
—Claro, todavía me debes ese uno contra uno por irte a cenar con ese idiota —respondió Aomine con un tono más molesto del que debería y volvió a lanzar el balón con un tiro sin forma, encestando.
—Solo fue una cena en familia —espetó Kagami, enarcando una ceja. ¿Era su imaginación o el peliazul estaba celoso? ¿En serio?, eso causó que su mirada brillara divertido y complacido.
Y Aomine se dio cuenta de eso, por lo que chasqueó la lengua y jaló de la nuca al otro chico para besarlo con frenesí; enredó sus falanges en esos cabellos rojos y sintió las manos de Kagami sujetarle de la playera con fuerza a la vez que ambos labios se movían sincronizadamente en el ósculo que sabía a infinitas cosas, causando ligeros chasquidos.
Hasta del balón se olvidaron por un buen rato.
Al final, Aomine sujetó del mentón al pelirrojo para lamerle su labio inferior con una sonrisita coqueta y Kagami le tapó los ojos con la diestra, sonriendo también. Y las manos libres que quedaron de ambos chicos, se entrelazaron.
—Más te vale darme de cenar también a mí —susurró Aomine e inclinó su rostro para morderle el lóbulo al otro y dejó un beso en el cuello de este.
—Nunca te dejo sin comer, idiota —refunfuñó Kagami, estremeciéndose ligeramente.
—Pero primero, juega conmigo —Aomine casi ordenó con una sonrisa arrogante.
—Heh —Kagami no se opuso y le sonrió desafiante.
Así que, se separaron con el balón en las manos de Aomine, quien empezó a rebotar y Kagami se preparó para marcarle; los dos sonreían.
— ¡Aomine-kun! —exclamó una voz femenina, que no era otra que Yuuki, el pelirrojo la conocía bien, si era una de las chicas con las que el peliazul se divertía.
Sin embargo, la tipa esa se lanzó contra el moreno y prácticamente le jaló de la ropa para estamparle un beso. Dejando estupefacto a Aomine unos segundos y soltó el balón, y Kagami se quedó viéndolos como si los fuera a incendiar ahí mismo.
Cuando Mika llegó a su departamento, lo primero que hizo fue mandar el demonio todas sus cosas y empezó a marcar el número de su ex esposo, sin importarle la diferencia horaria y esas cosas.
Porque lo que vio el día de hoy, era algo que ameritaba ser explicado. Ella no era idiota, pero esperaba que a su esposo no le hubieran ablandado el corazón.
Tuvo que marcar casi diez veces, hasta que contestaron.
— ¿Diga? —la voz de Yuu apareció. Estaba calmado, por supuesto que sabía que era su ex esposa.
—Yuu, ¡¿puedes decirme por qué demonios Alexandra está en Japón cuando tú me dijiste que no dejarías viniera para acá?! —explotó Mika.
—… —hubo un silencio de casi un minuto en la línea de Yuu— Así que ya la viste.
— ¡Por supuesto! ¡Pasó enfrente de mi restaurante, ¿cómo no reconocerla?! —Mika estaba bastante alterada— ¡Exijo que me digas que está pasando!
—Cambié de opinión, solo eso —Yuu habló firme.
— ¡¿Cómo que de opinión?! ¡¿Me estás diciendo que vas a dejar que ese degenerado de Himuro vaya tras Taiga otra vez?!
Mika no lo podía creer, ¿qué acaso Yuu le había traicionado?, ¿por eso era que no le marcó en todos estos días? ¿Acaso pensaba ocultárselo?
Se sentía indignada por completo, que la lengua le sabía a metal. ¿Qué demonios iba a hacer ahora?
Yuu suspiró.
—No es eso. Pero le estoy dando la oportunidad que siempre me negué a darle.
— ¡Una oportunidad y un demonio! ¿Tienes idea de lo que puede pasar? Yo no quiero que Taiga se ensucie otra vez con esas cosas anormales, ahora que está bien.
—Deja de ser tan cerrada, Mika, por favor. Tú, como madre, deberías intentar ver también las dos caras de la moneda y…
— ¡Me niego! Porque eso es malo, una aberración de la naturaleza donde no quiero ver a mi hijo otra vez. ¡¿Cómo pudiste hacer eso?! ¡Antes me apoyabas por completo!
—Mika, sabes bien que mi forma de ser, como empresario, es tratar de ver todos los puntos de vista y ahora que hablé con Tatsuya…
— ¡Eso no te justifica! —bufó Mika. No lo podía creer— Pero si esa es tu absurda decisión, yo no permitiré que Taiga regrese con ese degenerado chico, aun si tengo que hacer que no recupere nunca su memoria.
— ¡Date cuenta de tus palabras, Mika, por Dios! —ahora sí, la voz de Yuu se escuchó seria y firme— Taiga ya no es aquel niñato de quince años que nos confesó sus sentimientos y en cualquier momento, él sabrá todo.
—Él sigue siendo demasiado ingenuo e inocente. No voy a dejar que Himuro le arruine otra vez su vida, Yuu, no me importa lo que haga —espetó Mika, seria.
—Mika, deja de…
—No, Yuu, tú no sabes lo que una madre siente al ver a su hijo en un camino torcido. Así que deja de meter tus narices en esto, porque no dejaré que Himuro se acerque a Taiga otra vez.
Y Mika colgó. Ahora sí, estaba completamente alterada.
Para ella, el amor que se daba entre dos chicos, era algo rotundamente mal, algo que no era natural ni normal. Eso no era bien visto por ella. Sí bien la acción de proteger a su hijo era la perfecta explicación, no lo justificaba.
Pero estaba decidida, no iba a dejar que Taiga cayera en lo mismo.
—Quítate de encima —resopló Aomine tan pronto como pudo, luego de aquel beso que fue robado y miró mal a la chica.
— ¿Uh, por qué? ¡Hace tanto que no me buscas! Y yo de verdad te extraño, Aomine-kun —Yuuki se colgó de su brazo, pegando sus grandes pechos—. Vamos a divertirnos esta noche, como siempre.
—Tsk… —Aomine no evitó sentir de más como esos grandes senos golpeaban su brazo.
—De hecho, este idiota está conmigo —señaló Kagami, con la voz contenida, acercándose cual tigre apunto de querer desgarrar a su enemigo.
El peliazul le quedó mirando atento, vaya, ¿Kagami siempre lució así de intimidante? Y era obvio que estaba celoso, vamos, y eso hizo sonreír con suficiencia a Aomine.
—Deja de sonreír así, Ahomine —gruñó Kagami y lo jaló con fuerza para liberarlo de los brazos de la chica.
—No me estén jodiendo —Yuuki hizo un puchero y un ademán "fresa"—. Aomine-kun, siempre nos la pasamos bien, ¿por qué rayos preferirías pasar el tiempo con este?
—Porque es mi novio —respondió Aomine con plena confianza en sus palabras—. Y no necesito seguir buscándote.
— ¡¿Eh?! —Sakura sintió que golpearon su orgullo— ¿Me cambias por él? —frunció el ceño— Me has decepcionado, Aomine-kun.
—No. Yo soy demasiado para ti —espetó Aomine con un gesto altivo.
— ¡Par de maricas! —bufó Yuuki, indignada— Ya me encargaré de que vean que clase de "hombre" eres.
—El clase de hombre al que siempre le rogabas para follar, aunque no eres la gran cosa —Aomine le sonrió con cierto sadismo y amenaza.
— ¡Maldito idiota! —exclamó Yuuki, ofendiéndose. Le iba a dar una bofetada, pero el moreno le detuvo la mano, intimidándola con la mirada.
Y lo logró, porque luego la chica, después de insultarlos nuevamente, se fue.
Sin embargo, Kagami desprendía un aura realmente enojada y no precisamente solo con aquella chica resbalosa, oh, no.
—Hey, Kagami, no pienses qué… —intentó decir Aomine, al notar la expresión de su chico.
—Yo no pienso nada. Vamos a tu casa ya —replicó Kagami cortamente y pasó al lado del moreno por sus cosas.
Aomine suspiró y se rascó la cabeza.
El camino se dio en un incómodo silencio por parte de los dos chicos, pues el peliazul por alguna razón sentía que debía disculparse o decir algo, mas no sabía que cojones hacer, él nunca fue bueno para esto. Además, nunca tuvo una relación así de seria y tampoco le ayudaba el hecho de que Kagami a veces fuera impredecible.
Así llegaron a la casa del peliazul, la cual estaba tranquila debido a que Momoi se había dormido temprano al estar cansada por un pesado día en la universidad. Era algo perfecto, por supuesto.
Y Kagami lo aprovechó, porque tan pronto se liberaron de sus cosas extra, jaló al peliazul para besarlo, estampándolo contra la pared en un gesto que desbordó pasión incontrolable y el deseo de algo más. Aunque Aomine no se esperó eso, correspondió al beso con una sonrisa, parte de él se sintió aliviado, porque pensó que el pelirrojo estaba enojado o algo por lo sucedido con aquella mujer.
Pasaron unos momentos más, para que luego Daiki cambiara las posiciones y ahora fuera él quien aprisionaba al pelirrojo contra la pared, sin embargo, las manos ajenas le sujetaron de la cadera con fuerza y golpeó ambas pelvis con intensidad. Jadeó, cuando sus glúteos fueron apretados por Taiga y el beso se deshizo ligeramente, pero sus bocas se mantuvieron en contacto, respirando el mismo aire de cerca.
—Voy a dejar en claro una cosa hoy, Aomine… —habló Kagami, entrecortadamente por su respiración acelerada debido al ósculo anterior y sus ojos rojos se fijaron en los azules de su novio.
Aomine se le quedó mirando también y entonces, vio una chispa en los orbes del pelirrojo que antes no estaba. Se sentía diferente y no por ello desagradable. Pero ahora su expresión no estaba cubierta precisamente por el rubor que lo caracterizaba y el pudor que evidenciaba su "inocencia"—¿o inexperiencia?— en el ámbito sexual. Al contrario, pese a la posición en que estaban ahora, Kagami parecía todo un depredador, que no por ello el peliazul sería la presa.
Tal parecía que los tremendos celos que el pelirrojo sintió momentos atrás, despertaron en él algo que estaba resguardado.
No volvió a decir nada y jaló de la nuca a Aomine para besarlo con un frenesí insano, pero realmente placentero para los dos. El aludido chico no se quejó por la brusquedad de los actos, porque eso solo aumentó su excitación; esa mirada que Kagami le dedicó lo quemó exquisitamente. Le encantó, se sintió complacido. Pero para él, las cosas transcurrirían como siempre.
Entre beso, jalones y mordidas, lograron llegar a la habitación del peliazul, donde cerraron la puerta debidamente e intentaban no ser tan ruidosos porque Momoi estaba al otro extremo del pasillo en su habitación.
Aunque Aomine empujó al pelirrojo a la cama y se posicionó entre sus piernas para rozar sus entrepiernas con descaro, ahogando algunos gemidos entre los besos húmedos que se daban, Kagami intercambió las posiciones nuevamente, montándose sobre el peliazul y relamiéndose los labios. Daiki sonrió y jaló al otro para deshacerse de la playera ajena para así, atrapar los pezones del pelirrojo al sentarse sin quitárselo de encima.
Taiga gimió roncamente y con sus uñas rasguñando la espalda ajena, logró sacarle la playera de igual modo.
El roce de ambas pieles era como un beso que llenó su alma y suspiraron entre jadeos.
Pero esta vez, Kagami volvió a empujar al peliazul contra la cama y para sorpresa de este mismo, se acomodó entre las piernas impropias y lamió toda la extensión de abdomen con ansias hasta morderle el hueso de la cadera y apretó el miembro por sobre la ropa, que empezaba a erectarse.
— ¿Qué estás…? —intentó decir Aomine, alzando la cabeza para ver las acciones de su pareja. No logró completar su frase, porque su miembro fue liberado y el pelirrojo besó la punta, enviando descargas eléctricas a su cuerpo.
Sin embargo, Kagami llevaba su ritmo y por ahora, empezó a besar el vientre del moreno, lamiendo y mordiendo suavemente, estirando la piel con sensualidad a la vez que su diestra acariciaba el pene ajeno, así como los testículos.
Aomine intentó sentarse para acomodarse mejor, pues siendo sinceros, le era algo extraño estar acostado y de piernas abiertas. Mas Taiga le apretó el pene con fuerza y lo empujó otra vez sin delicadeza alguna. Fue imposible para el peliazul no gemir.
—Kagami, ¿por qué tú…?
—Es porque también eres mío, Aomine —contestó Kagami con intensidad, viéndole directamente a los ojos, sosteniendo el miembro ajeno y lamiéndolo en toda su extensión, haciendo gruñir al moreno—. Y voy a dejarlo grabado en cada rincón de tu cuerpo también.
Esta vez, como en raras ocasiones ocurría, el peliazul se avergonzó por completo, ¡Dios, es que ese estúpido pelirrojo a veces podía decir cosas tan profundas y románticas sin parecer consciente de ello! Por eso, el corazón de Aomine parecía una bomba a punto de estallar, porque por supuesto que entendió todo.
Este idiota, pensó con el ceño fruncido y apoyándose con sus codos en la cama.
Su orgullo de ser siempre el "macho alfa" le estaba haciendo no aceptar completamente eso, para él eso era un poco más difícil, porque siempre fue el activo en todas sus aventuras. Claro que esto no lo era, pero aun así no se esperó algo como esto.
Se podría decir que su orgullo de semental estaba luchando con sus otros sentimientos de deseo y amor por el pelirrojo, cosa que lo impedía actuar por completo. Él nunca había cedido el control en la cama, aunque realmente desde que hacía el amor con su novio, tampoco es como si siempre lo tuviera. Era equitativo.
Sin embargo, Kagami también era bastante capaz y no se iba a detener ahora. Por ello, aprovechándose de la lucha interna del moreno, pasó toda su lengua por la entrada del peliazul con firmeza, humedeciéndola por completo.
— ¡H-hey, espera! ¡No hagas eso! —exclamó Aomine, casi gruñendo y frunciendo el ceño. Y es que eso se había sentido completamente extraño, pero para su mala suerte o no, ese gesto también le excitó por completo. Mierda.
—A tu cuerpo parece gustarle —espetó Kagami con una sonrisa suave y atrapó el glande ajeno entre sus labios para chuparlo con ganas, masajeando por fuera la entrada del peliazul.
— ¡Nngh… idiota, e-espera…! —gruñó Aomine, entrecerrando un ojo, porque su orgullo lo aceptara o no, esas atenciones lo estaban haciendo llenarse de una insana excitación completamente diferente a cuando era él quien se las hacía al pelirrojo.
En el momento en que los orbes azules se encontraron otra vez con los rubíes, se sintió como si fuera la erupción de un volcán.
—Cálmate, Aomine, te haré sentir más —dijo Kagami, con sus ojos como llamas y luego empezó a hacer los vaivenes con su boca teniendo dentro ya el pene de su pareja.
—Agh, joder… —Aomine gruñó con ganas y continuó apoyándose con sus codos, con la expresión donde se negaba mostrar el placer que comenzaba a sentir y veía ceñudo a su pareja.
Pero no era algo con lo que pudiera luchar precisamente. Porque esto no era una competencia realmente y había una fuerza de atracción que le impedía por completo el querer negarse; sí, era un hombre orgulloso que en su vida se imaginó en esa situación, pero ahora era diferente. Esto era completamente diferente.
Quizá si fuera simple sexo con cualquier otro tipejo, lo agarraría a patadas si le hacía algo como esto, pero se trataba de Kagami y él tenía el poder de volverlo loco de muchas maneras cuando hacían el amor, siempre con su estrechez y de más cosas, por eso tampoco dudaba de que no hiciera lo mismo está vez. Sin embargo, por la falta de costumbre, no se la dejaría fácil.
Así que, Aomine se tuvo que separar y jaló al pelirrojo para besarlo con desespero y dominancia, era una danza erótica entre sus cuerpos que se movían ya en la cama, donde en el camino, el resto de las ropas que quedaban en sus cuerpos, salieron volando.
Daiki se hincó en el firme colchón y Taiga lo aprisionó contra la cabecera de la cama para volver a continuar con la felación mientras acariciaba las piernas ajenas que sentía se estremecían bajó su tacto hasta llegar a sus glúteos y abrirlos para rozar esa entrada. En respuesta, Aomine le sujetó del cabello, casi jalándolo para marcar el ritmo y embestirlo en su boca sin delicadeza alguna, causando ahorcadas en el pelirrojo. Se veían a los ojos con intensidad y deseo, mientras esas fantásticas sensaciones de placer les embargaron desde lo más profundo de su cuerpo, que se liberaba en sus miradas. Y antes de que el moreno llegara al orgasmo por la perfecta boca de su novio, volvió a separarlo y sus bocas se buscaron con sed.
Esta vez, Kagami fue aprisionado contra la cabecera de la cama, estando hincados los dos chicos, por ello, aprovechó para deslizarse y quedar entre las piernas de Aomine, quedando este último sentado en su pecho. No se dijeron nada, no era necesario, con sus miradas bastaba.
Y el pelirrojo sonrió sutilmente, haciendo fruncir el ceño al peliazul, quien intentó cambiar la posición, pero no pudo ni moverse cuando sintió un dedo invasor en su recto, el cual anteriormente fue humedecido por el mismo pre seminal.
Aomine jadeó con brusquedad y por inercia se sujetó de la misma cabecera de su cama con una mano, porque con la otra tenía sujeto el cabello rojo de su novio. Apretó los labios por la sensación completamente incómoda, pero le fue imposible apartarse cuando el pelirrojo no tardó en ser capaz de encontrar ese punto especial que volvería loco a cualquier hombre.
Su cuerpo se sacudió por completo y no pudo reprimir un gemido ronco así como la expresión de placer en su rostro moreno. Sus ojos se mantuvieron fijos en los de Kagami y sin pensarlo, empezó a embestir contra su boca en el momento que un dedo más se unió a abrirle espacio, haciéndolo gruñir.
Era cierto, Kagami le estaba dejando muy en claro de lo que era capaz ahora y el cuerpo de Aomine dejó de responder a su negación de un principio, pues el placer que le era causado le estaba ganando por completo. Gruñía como si estuviera furioso, pero no era así, estaba disfrutando.
Y el pelirrojo sentía su pene palpitar y vibrar con insistencia de solo ver al peliazul centrado en el placer que ahora le estaba dando, joder que Daiki era sexy de cualquier manera. Por eso, el deseo de hacerlo suyo por completo se apoderó con saña de su alma y hundió más esos dedos en el recto de su novio, con el acompañamiento de otro.
Aomine tuvo que morderse con violencia la muñeca para no gemir y gruñir más fuerte ante eso, porque el estremecimiento que le recorrió la espalda, le hizo saber que no tardaría más. Así que con más frenesí, penetró la boca caliente y húmeda de su novio, mientras sentía esos dedos en su interior que ya no le eran para nada incómodo. Le había dejado de dar importancia en estos momentos, a la mierda, porque justo como una vez pensó Kagami, esto no era una competencia como cuando jugaban basquetbol.
Estaban haciendo el amor de una manera nueva y diferente, pero igual de placentera.
— ¡Date… prisa y h-hazlo de una vez… argh…! —ordenó Aomine con la voz cargada de placer en un gruñido delicioso. Y es que, sintió el capricho de no querer correrse así, porque en ese "lado", era su primera vez.
Entre jadeos, Daiki terminó deslizándose hasta que Taiga se sentó por completo, ya con los dedos fuera. Se vieron a los ojos unos momentos y volvieron a besarse con ansiedad, también de forma demandante, uniendo sus lenguas con parsimonia. Y eso fue aprovechado por el pelirrojo, porque de nuevo empujó al peliazul para acostarlo en la cama, situándose entre sus piernas y si este último no se quejó, fue porque el primero no le dejó terminar el beso y le mordió el labio.
Pero Kagami sabía que en esa posición todo sería menos doloroso, porque por supuesto que estaba seguro que para Aomine en esa posición—de pasivo—, era su primera vez.
Las uñas de Daiki se clavaron en los hombros de Taiga cuando el pene de este empezó a introducirse, abriéndose paso en sus paredes que siempre estuvieron cerradas. La sensación fue plenamente extrema.
Hubo dolor, ya que no era lo mismo para Aomine tener dentro tres dedos a un miembro caliente y palpitante que le dejó sin aliento por unos segundos en los que tuvo que sostenerse del pelirrojo con fuerza y sus uñas hicieron sangrar la piel ajena.
Los dos ahogaron sus gemidos en el ósculo que todavía compartían, mezclando sus salivas como una perfecta posición que los enloquecía.
Toda la coherencia se había ido al demonio, para tan íntima unión, en la que los dos volvieron a quedar desnudos del alma, solo se veían a ellos y ya nada importaba.
Kagami se sentía completo de manera diferente a la primera vez y las anteriores, pero todo seguía igual de intenso y poderoso. La estreches y calidez de su novio le bañó el alma de tantas maneras. Y el pelirrojo llenó a Aomine como lo mejor del mundo. Vagamente, el peliazul se preguntó si su novio así lo sentía.
Las embestidas empezaron con potencia, ninguno de los dos eran tan pacientes como para aguantar algo lento y suave. El romanticismo de ellos consistía precisamente en esa rudeza que irradiaba cada poro de su cuerpo.
Su piel quemaba y ambos estaban tan rojos por todo el calor del momento.
Kagami acomodó una pierna del moreno sobre su hombro y se dedicó a mordisquear sus pezones con hambruna; luego inclinó a un costado el cuerpo de Aomine, con la pierna de este sobre su hombro todavía, abriéndose más camino en el interior de su novio que se mordía los labios para no gemir tan fuerte porque en esa posición fue capaz de sentir todavía más el miembro del pelirrojo, que dejaba en claro que ahora le pertenecía completamente. Más de lo que ya le pertenecía antes.
El placer los bañaba por completo, les nublaba todo pensamiento y sentían que tocaban el mismo cielo con cada embestida, por como Aomine apretaba el pene de su novio y como este era capaz de hundirse con esa potencia. El peliazul ya no podría durar más y tenía los ojos ligeramente entrecerrados al ver a su novio; le jaló del brazo para volver a besarle demandante y con frenesí, porque si bien ahora era él quien recibía, el instinto dominante de su persona no lo abandonaba, del mismo modo que sucedió con el pelirrojo al principio.
Así que ahora, Daiki se posicionó sentándose en el miembro del pelirrojo para cabalgar con fuerza y frenesí insano, placentero. Y Kagami le abrazó de las caderas, hundiendo su rostro en el pecho ajeno para lamerlo y besarlo con intensidad hasta llegar al cuello, donde mordió con fuerza y succionó para dejar marca.
Aomine le chupó el lóbulo de la oreja al pelirrojo y hundió su lengua ahí.
—Ya… no puedo más… Taiga —susurró en un rugido bajo, pero cargado de pasión, el nombre de su chico.
Kagami cerró los ojos y lo abrazó con más fuerza, lleno de goce por oír su nombre de la voz apasionada y gruesa del moreno.
Solo existían ellos dos y nada más.
Como respuesta, el pene de Kagami logró golpear justamente y repetidas veces la próstata de Aomine con fuerza y precisión, de modo que este último mordió el hombro del pelirrojo con tal fuerza para no gemir, casi como rugidos sonoros.
—Hagh, mierda… —jadeó Taiga por el dolor y el placer que esa mordida digna de una pantera le causó.
Volvió a empujar al moreno contra la cama, quedando encima de este y dio la embestida final, que los llevó a uno de los tanto perfectos orgasmos que tenían desde que estaban juntos.
Aomine gimió, Kagami gimió, parecían dos felinos rugiendo por el placer, mientras que las sensaciones electrizantes del orgasmo en un estremecimiento les bañaron el cuerpo y alma.
—Ne, Shin-chan, ¿quieres ver una película conmigo? —preguntó Takao con una sonrisa animada, mientras acercaba un tazón de fruta picada con crema a su acompañante.
—La última vez que vi una película contigo te dormiste, nanodayo —recordó Midorima con seriedad.
—Oh, pero vamos, Shin-chan, eso fue porque era una comedia romántica —explicó Takao con ligeras risas y se sentó al lado del peliverde.
Midorima le miró. Consideraba que quizá tenía razón.
El peliverde había accedido a hacerle compañía esa noche al pelinegro, pues su hermana, Kotomi debido al trabajo estaría fuera por dos días y para nada ninguno de los dos quería dejar a Takao solo en la casa, puesto ahora de verdad se tomaban más medidas al preocuparse por este.
A Kazunari no le molestaba realmente, tampoco es como si lo trataran como un niño de diez años, además así tenía la atención completa del ojiverde y eso era lo mejor. Le ayudaba mucho, le confortaba. Sentía que podía avanzar más fácil en todo.
Desde el incidente de aquel día, en sus terapias todo estaba mejor. Las perturbaciones que tenía en sueños disminuyeron por completo y la sonrisa que tanto adoraba Midorima ver en la cara del ojiazul comenzaba a regresar como siempre. Incluso Takao ya había regresado a la universidad desde hace una semana y el recibimiento acogedor de sus compañeros también le animó mucho.
Y es que él era alguien muy fuerte, su voluntad era firme con el deseo de superar aquello.
—No, Takao, además, mañana tenemos clases —repitió Midorima, ajustándose los lentes.
—Moo, pero entonces, ¿qué hacemos, Shin-chan? —Takao empezó a comer del platillo que pasó para ambos.
—Dormir —contestó Midorima como si nada y viendo mal al otro por estar hablando con la boca abierta.
—No seas aburrido, Shin-chan, todavía es muy temprano y tenemos esto para comer —Takao señaló el tazón con frutas con una sonrisa—. A ver, déjame darte —añadió, alzando una fruta con el tenedor.
—Tch —Midorima frunció el ceño y apartó el tenedor sin ser grosero—. Cómelas tú.
Pero Kazunari se empezó a reír.
—No seas tímido, Shin-chan —sin previo aviso, se llevó el pedazo de fruta a la boca para sostenerlo con sus labios y le quitó los lentes al peliverde.
Midorima ni pudo replicar, porque el pelinegro actuó tan rápido y la verdad, cuando esos ojos azules le veían así de intenso, apenas y podía negarse.
Y Takao le besó cortamente, dándole también de comer aquella fruta con ligereza. Sin embargo, Shintaro devoró la fruta y luego se dedicó a devorar los labios del pelinegro como si eso fuera la verdadera cena que esperaba.
Y no era el único, a decir verdad.
Los labios de cada uno, eran su verdadero manjar.
Pues sí, para mí, Kagami tiene potencial de seme, y mucho potencial, no por nada es un signo de fuego(?). Y sobre todo, yo amo a Aomine de uke, joder, alsdjksaljdsa, aunque claro, de "Uke" no de "sumiso" xD. No sé, ¿qué les pareció ver el lemon de Taiga y Daiki de ésta forma?
Por ahora no hubo más drama que los simples celos y la peligrosa madre de Kagami :v.
Nuevamente me disculpo por haber tardado MUCHO en actualizar ;n; Y espero no tardarme tanto ésta vez, asdljkdsaldsal. ¡Anímense a dejarme sus comentarios!
Los adoro, gracias por la paciencia :3
