Dios mío, no sé ni cuánto me tardé en volver a actualizar éste fanfic QAQ. Al menos me da gusto que sigan leyéndolo y esperando por él, asdojkasdljkdasl. ¡Sus comentarios siempre me hacen feliz, chicos! :3
Desafortunadamente, no podré responderlos como quisiera, porque he venido al ciber (sigo sin internet) para actualizar y mi tiempo no es muy largo, dado que tengo tareas por hacer aún :c. De todos modos, yo tomo mucho en cuenta y de verdad agradezco que comenten.
Les dejo el capítulo y disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.
Si había algo que Aomine agradecía por completo, era que su mejor amiga Momoi —quién prácticamente ya era como su hermana— fuera comprensiva con sus relaciones o mejor dicho, con su relación con Kagami.
Y es que Satsuki estaba en la sala, terminando de hacer una tarea, cuando vio entrar a los dos chicos, a quienes luego de saludar, se dio cuenta rápidamente que ellos necesitaban tiempo a solas, por eso no dijo ni ofreció nada más. Para ella no era un secreto que en ocasiones, esos dos tenían encuentros íntimos en la habitación del peliazul, como el lunes pasado, pero tampoco le molestaba. No es como si los escuchara, tampoco, gracias a que su habitación estaba al otro extremo del pasillo y no había problema con la privacidad de las paredes gruesas.
Ni el pelirrojo ni el moreno se detuvieron en algo más. En el camino Kagami le contó que decidió dejar a su madre y aunque a Aomine se le hizo algo precipitado, no opinó respecto a eso, al contrario, le ofreció su casa y por el estado de ansiedad que parecía tener el pelirrojo, no se negó.
Así que, cuando llegaron a la habitación de Daiki, se lanzó a besarlo con desesperación, porque justamente, quería olvidarse de todo el mundo en su adorado peliazul. Aomine lo sabía y no pudo estar más que feliz de cumplir ese deseo y necesidad en ambos.
El moreno lanzó con fuerza a Kagami en la cama y se acomodó entre sus piernas, besándole mientras sus manos las acariciaban, pasando por los glúteos de forma precisa e intensa, levantando el calor en el cuerpo del pelirrojo, que le sujetó del rostro para apegarse más, chocando sus labios ferozmente, como los felinos que eran, devorándose. Sus lenguas danzaban húmedas y eróticas, intercalando las cavidades de cada uno de forma voraz y necesitada.
Los labios de Daiki mordieron esos labios carnosos y sexys que poseía Taiga, arrancándo un jadeo a ambos. Continuó mordiendo esa mandíbula hasta llegar al cuello de este, donde besó y lamió lentamente, dejándole mordidas y succiones en esa zona curvilínea.
El cuerpo de ambos estaba limpio, pues cuando fueron a comer en el departamento de Kise, pudieron ducharse todos y aunque no hubiera sido así, en estos momentos la verdad, a ninguno de los chicos les importaría.
Aomine empezó a frotarse sobre la entrepierna del pelirrojo, friccionándose y creando fuego en esa zona lentamente y de forma deliciosa. Y mientras este último besaba ambos lados el cuello de Kagami, el otro le empezó a quitar a la playera que tenía, a casi arañazos que lo hicieron rugir ligeramente y por ello el peliazul le mordió la oreja, para luego sacarse la molesta ropa superior. Se separaron un momento, en el que sus miradas se conectaron y después fue el pelirrojo quien se quitó la playera, dejando descubierto todo su torso hermoso. Ante la vista, Daiki sonrió picaro y su pareja le respondió relamiéndose los labios en una poderosa invitación.
Por ello, el peliazul no perdió el tiempo y empezó a devorar esos suaves pezones que pronto se volvieron duros a la vez que sujetó de las muñecas al pelirrojo con una mano y golpeó más intensamente su pierna con la entrepierna ajena, del mismo modo que hacía Kagami con él. Poco a poco, los miembros de ambos empezaban a endurecerse y el de ojos rubíes gimió contra la oreja del moreno.
Aomine empezó a descender, llenando de mordidas todo el pecho y abdomen de su novio hasta bajarle el cierre del short con los dientes, mientras sus miradas no se despegaban en ningún momento. Y Kagami se apoyó con sus codos para ver mejor. Su erección vibró cuando el peliazul la mordió sobre la ropa.
—Deja de jugar, ngh —jadeó y gimió.
Pero el peliazul simplemente sonrió galante y se movió más lentamente hasta que por fin tuvo libre la erección de su novio y sin dudarlo siquiera, se la metió a la boca, sujetando la base de ese pene bronceado con la diestra. Joder que de verdad Kagami era delicioso en todos los aspectos posibles. Tan malditamente atrayente y perfecto.
Aomine saboreó con ansias el sabor de esa carne hinchada y palpitante, que hervía en su boca, escuchando complacido los gemidos y gruñidos que el pelirrojo empezaba a dar por tan genial felación. El primero dirigió su boca hacía los muslos ajenos, donde mordió y succionó con tremenda fuerza, que dejarían marcas seguramente y con su mano continuó masturbando el pene de su pareja con un ritmo normal, sintiendo que el pre seminal no tardaría en salir.
Kagami lo veía directamente a los ojos, con esa respiración acelerada y el corazón casi por salírsele de la boca. Le ponía tanto ver como su novio le hacía los orales y su mente ahora pasaba a verlo solamente a él.
Daiki pasó a morderle el muslo y luego empezó a lamerle la entrada a su chico energéticamente, porque la mirada roja y apasionada de Taiga, pedía por más y se lo concedería. El pelirrojo arqueó la espalda al sentir ese musculo invasor en esa zona, que sin delicadeza empezó a golpear sus paredes internas, llenándolo de saliva y por inercia, sus piernas se abrieron, dándole la libertad al moreno de meter un dedo, provocando que Kagami gimiera nuevamente. La sensación era incómoda y dolorosa por ser el principio, pero ciertamente, era fácil dejarse llevar ahora.
El peliazul tuvo que bajarse sus pantalones y ropa interior con su otra mano para masturbarse unos momentos y así su pene dejara de doler por tremenda erección que se cargaba con tan solo estar estimulando a su pareja y con esos sonidos que Taiga soltaba, era más difícil contenerse.
Eran raras las veces en que Kuroko mostraba alguna clase de expresión en su rostro, pero esta era una de esas veces, por supuesto. Porque tan pronto escuchó lo que el pelinegro le dijo, sus ojos se abrieron como platos, realmente sorprendido.
Rotundamente, era algo difícil de creer, pero por la mirada del otro chico, era obvio que no mentía.
—Tú… Himuro-san, ¿tú y Kagami-kun estaban por casarse? —inquirió, sin alzar la voz y sin ocultar la sorpresa.
El pelinegro sonrió con algo de amargura y nostalgia. No era un tema fácil del cual hablar, al menos no ahora que veía a Kagami tan feliz con otra persona.
—Sí. Taiga y yo, al principio éramos como hermanos, debido a que mi madre se casó con su padre —empezó a decir Himuro—, pero esa relación no era suficiente para nosotros o al menos, primero para mí —suspiró—. Pasaron muchas cosas antes de que Taiga y yo empezáramos a ser pareja, con tan solo catorce años —aunque Himuro trataba de mantenerse controlado y sereno en su expresión, su voz delataba el dolor del pasado, porque era obvio que esa relación no fue tan simple ni nada fácil—. Cuando nuestros padres se enteraron, armaron un buen lío; teníamos diecisiete años en ese entonces.
Kuroko simplemente seguía mirándolo, sin saber que decir por semejante confesión. Al menos, logró mostrarse tranquilo otra vez.
—Mi madre, Alex, ella logró entenderlo luego de que hablamos muchas veces, pero los padres de Taiga no. Sobre todo su madre y aunque su padre a veces parecía querer cambiar de perspectiva o algo, la manipulación de la madre de Taiga no lo dejaba ver claramente. Sobre todo, porque de todos modos, nuestra relación no era fácil de asimilar, luego de ser vistos como si fuéramos hermanos —Himuro sonrió con tristeza y volvió a suspirar—. Pero Taiga se rebeló y se fue de casa cuando su padre prácticamente nos corrió a mi mamá y a mí por las intrigas de su madre. Él y yo nos fuimos del estado, dejando una carta donde deslindábamos a mi madre de toda responsabilidad, porque todavía éramos menores de edad.
"Vivimos un año en nuestro propio mundo con nuestro ahorros y secretamente, mi madre nos enviaba dinero, además de que nos conseguimos un trabajo. Por suerte, el padre de Taiga no involucró a las autoridades —la mirada de Himuro se iluminó ligeramente tras el recuerdo que llegó ahora a su mente—. Faltaban dos semanas para el cumpleaños de Taiga, cuando él… bueno, en una conversación, ambos sacamos el tema y decidimos que cuando cumpliéramos los dieciocho años, nos casaríamos. De verdad él y yo estábamos seguros de nuestros sentimientos, aún lo estoy.
"Fue cuando estábamos viajando hacía Las Vegas para por fin casarnos, en un automóvil donde Taiga iba manejando… —esta vez, Himuro no controló la expresión de dolor y frunció los labios— Otro auto apareció de la nada ese día, nos persiguió y logró sacarnos del camino, enviándonos a un barranco y… no recuerdo nada desde ahí".
El pelinegro cerró los ojos durante casi un minuto, controlando el nudo en su garganta, el dolor en su pecho que parecía casi dejarlo sin respirar.
—Lamento mucho haberte traído todos esos recuerdos tan dolorosos, Himuro-san —se disculpó Kuroko—. Yo la verdad no pensé que ustedes, que tú y Kagami-kun… hubiesen vivido todo eso.
—No pasa nada, después de todo, tú querías saber y fue mi decisión contarte —recalcó Himuro.
—Entonces, ¿esos anillos que tienes tú y Kagami-kun…?
—Son los anillos de nuestro compromiso; los mandamos a hacer y grabamos algo en cada uno.
—Ya veo.
Ahora, Kuroko finalmente empezaba a entenderlo y se sintió bastante preocupado.
Kagami estaba acostado en la cama, con el cuerpo semi inclinado en su lado izquierdo, pues Aomine estaba acostado detrás de él, embistiéndole con fuerza, arrancándole gemido tras gemido, así como jadeos y gruñidos que expresaban el perfecto y poderoso placer que estaba experimentando, del mismo modo que el peliazul, quién mordía el hombro y cuello ajeno.
El pelirrojo tenía la pierna derecha alzada y por debajo de ella pasaba la mano derecha de Aomine, que le masturbaba energéticamente su pene que escurría de pre seminal y hacía eco a los chapoteos de las embestidas que recibía. El brazo izquierdo del peliazul pasaba por la cintura ajena y ahí la mano izquierda de Kagami entrelazaba sus dedos con esta, con fuerza, que las venas de ambos se marcaban bastante.
Tenían los rostros muy cerca, puesto sus narices se rozaban y se veían fijamente a los ojos, con las bocas semi abiertas, soltando jadeos y gruñidos casi al mismo tiempo, con el colchón moviéndose con cada potente estocada que ahora Daiki pegaba al recto de su pareja, de tal modo, que terminó golpeando su próstata y generó que Taiga cerrara los ojos y echara su cabeza atrás para gemir, sonrojado por el tremendo calor del momento.
El peliazul no lo soportó más y buscó esos labios bronceados para besarlos con fiereza y salvajismo, con la saliva de ambos escurriéndose de la comisura de sus bocas y el agarre de sus manos bien firmes.
El mundo adquiría sentido y a la vez les dejaba de importar cada que ambos se unían en cuerpo y alma, cada que hacían el amor, era lo mejor del mundo. No había palabra que expresara lo bien que se sentían al encajar perfectamente el uno con el otro.
Todo parecía tan surreal, pero sabían que era cierto por esas fuertes y potentes sensaciones no solo de placer y excitación que les embriaga el alma, así como la piel cuando estas se besaban al rozarse con cada caricia.
Parecían una bomba a punto de explotar, algo infinitamente digno para ser. Porque eran justamente lo que ambos estaban buscando desde un principio.
Aomine sentía como era engullido con ganas por su pareja y gemía sin pena por ese recibimiento tan excepcional que su pelirrojo siempre le brindaba, que hacía que sus caderas cobraran vida propia y lo embistiera con más ganas, golpeando ese punto que enloquecía a Kagami y le hacía perder la razón.
Y cada célula del cuerpo del pelirrojo sentía completamente como su ser era llenado con esa seguridad que le brindaba calor en todos los sentidos.
El cuerpo de ambos vibró violentamente en un estremecimiento, presos del orgasmo cuando Daiki penetró nuevamente de golpe a Taiga, justo en ese lugar especial. Y la habitación se llenó de sus jadeos y casi rugidos por tan extraordinario orgasmo.
Agitados y sudorosos, se separaron para reacomodarse en la cama y Kagami, buscó con sus brazos el cuerpo del moreno para abrazarlo con necesidad, de modo que cuando el rostro de Aomine se acomodó en el pecho ajeno, sonrió y suspiró.
Es tan cálido, pensó, cerrando los ojos.
—Aomine, yo… te amo —susurró Kagami, soñoliento.
El peliazul abrió los ojos de golpe y su corazón se aceleró por completo que incluso sus oídos zumbaban, y alzó la cabeza para ver al pelirrojo.
—Idiota… que manera de decirlo tienes… —resopló, viendo al pelirrojo dormir. Frunció el ceño y un rubor apenas visible, apareció en sus mejillas por unos momentos. Joder, que este idiota me haga pensar en querer decirle cosas tan cursis… De verdad estoy loco… por él, Aomine suspiró— Como yo a ti —susurró, cerrando los ojos y besando la frente de su pareja.
Y en los labios de Kagami, una ligera sonrisa se formó. Todavía no estaba tan dormido, por lo que fue capaz de escuchar esa ronca voz corresponderle a su anterior frase.
/Domingo 15 de Septiembre del 2013/
El celular de Kagami empezó a sonar estrepitosamente, causando que los dos chicos se despertaran rápidamente, con resoplidos de inconformidad por ser despertados de esa manera cuando era obvio que los dos disfrutaban de estar dormidos juntos y abrazados.
El pelirrojo iba a desviar la llamada, pero al darse cuenta que era de su padre, no lo hizo, aunque tenía una ligera idea del porque llamaba. De modo que, así desnudo y sentándose en la cama, contestó.
—Papá.
—Taiga —saludó Yuu tras la línea del teléfono—. Tú madre me ha comentado que decidiste irte de casa —realmente, Mika prácticamente le gritó y exigió que hiciera algo, pero Yuu era más calmado.
—Lo hice. Y si me vas a dar un sermón o algo, mejor colgaré, porque estoy seguro de que mamá te contó el por qué —espetó Kagami.
Aomine miró hacía su chico, pero se quedó sentado en la cama, con los brazos cruzados, bostezando.
—Me contó que fue por un chico —Yuu dijo cortamente. No le agradaba el hecho, pero sería hipócrita de su parte decir algo negativo, cuando decidió darle una oportunidad a Tatsuya—. Pero el motivo de mi llamada, fue porque quiero darte uno de los departamentos que doy rentados, para que no te compliques donde vivir.
Aquello sí que sorprendió al pelirrojo, puesto en los deja vu o mejor dicho, en esos recuerdos que azotaron su mente el día de ayer, también pudo ver de manera fugaz que discutía con su padre, sin entender bien porque.
—Papá, no es necesario. Tengo ahorros y puedo valerme por mí mismo, como le dije a mamá —respondió Kagami.
—Eso lo sé, Taiga. Pero puedes aceptarlo al menos hasta que encuentres un trabajo estable, porque recuerda que el próximo año debes ingresar a la universidad —recordó Yuu, luego suspiró—. Además, hijo, no estás solo.
Saber aquello último, hizo sentir un ligero alivio en el pecho de Kagami, quien suspiró también y se rascó la cabeza. Su padre no le había dicho nada del tema, como esperó, teniendo en cuenta la respuesta de su madre, y la verdad, sí que seguía sorprendido. Ahora que estaba más tranquilo, supo que no era prudente negarse, sobre todo porque su padre no parecía reacio a la relación que tenía con otro chico, pero de todos modos, sentía que estaba preocupado por algo más.
—Pues… supongo que está bien, si lo pones de esa manera, papá —aceptó Kagami, con el ceño ligeramente fruncido.
Yuu omitió un suspiro. Él se sintió mucho mejor, que aquella vez en la que le negó a su hijo el derecho de ser libre en sus gustos, por ello, supo que estaba haciendo bien.
—Muy bien, Taiga. Entonces, déjame arreglar algunas cosas y te avisaré cuando el departamento esté listo para ti.
—D-de acuerdo, papá. Y, gra-gracias —quizá no recibió respuesta de su padre, pero Kagami sintió, por el sonido de la respiración ajena, que este sonrió. Y entonces, colgó.
No todo podía ser malo.
/Lunes 16 de Septiembre del 2013/
Debido a que el peliazul en la mañana se tuvo que ir a la universidad y Kagami ya no tenía trabajo, decidió salir a buscar uno, donde pudiera generar dinero, porque tampoco estaría de mantenido en la casa de su pareja, ni que fueran esposos, y aunque llegaran a serlo. Pero sí agradecía la hospitalidad que Momoi le dio, mas no era lo suyo depender de alguien.
Tuvo que poner en silencio su celular, pues su madre le estuvo marcando toda la mañana sin detenerse, además de enviarle un montón de mensajes tanto de texto, como de whatsapp y eso no era cómodo para el pelirrojo.
Pasó toda la mañana en busca de uno, pero no logró encontrar algún trabajo que le convenciera aún, mas tampoco se daría por vencido.
Suspiró cuando pasó por una cancha de basquetbol y deseó tener un balón para pasar a jugar un rato y así distraerse mejor. Además, extrañaba jugar.
Fue como si sus deseos se hicieran realidad, porque en ese momento, terminó atrapando un balón que le fue lanzado desde no tan lejos. Y cuando se giró para ver al dueño, se sorprendió cuando vio a Himuro ahí de pie.
—Taiga, no pensé verte por aquí —sonrió Himuro con una sonrisa calmada.
—Hola —Kagami no pudo evitar el devolverle la sonrisa también.
— ¿Juegas conmigo, Taiga? —preguntó Himuro, acercándose a este y viéndole atentamente.
Desde hace tantos años que lo conocía, que pudo notar que algo raro tenía el pelirrojo, pese a lo reservado que podía ser.
—Por supuesto —Kagami ensanchó su sonrisa y empezó a rebotar con ganas.
—Te ves algo fastidiado, ¿sabes? —inquirió Himuro, serio.
El pelirrojo suspiró. De alguna manera, sabía que el pelinegro podía darse cuenta, pese a que no recordaba la magnitud de su relación del pasado.
—Son cosas con mi madre… —Kagami frunció el ceño, no era bueno expresándose, pero por alguna razón, tampoco quería tener con la duda al otro chico— Juguemos —repitió. Su cuerpo le dio una buena respuesta de un modo de expresarse sin tantas complicaciones.
Tatsuya sonrió y asintió.
—Verás, mi madre terminó enterándose… —Kagami empezó a contarle lo sucedido el día sábado mientras jugaban ese uno contra uno, sentía que ya había hecho eso antes con el pelinegro, pero no lo recordaba.
Sin embargo, Himuro recordó todas esas veces en que el pelirrojo se desahogó con él de esa manera, porque sabía que a veces no podía expresarse cómodamente solo con palabras. De alguna forma, una chispa de esperanza se apoderó de su ser con ello, porque era más que obvio que aunque Kagami no le recordara mentalmente, físicamente parecía que sí.
Aunque dicha chispa casi se esfumó cuando terminó de escuchar lo sucedido de los labios del pelirrojo y al ver la determinación con la que defendía sus sentimientos por Aomine. Eso, más que nada, le causó dolor en el pecho que le causó perder el hilo del juego y el balón casi sale de la cancha. Afortunadamente, logró disimularlo a tiempo y encestó tan elegante como solo él podía.
—Pues, tu madre siempre fue diferente y especial —aventuró Himuro con una mueca discreta—. ¿Tienes donde quedarte ahora?
Kagami estaba casi embobado por la manera tan hermosa que tuvo el pelinegro de encestar, todavía no se acostumbraba.
—Ah, pues en casa de Aomine por unos días, porque mi padre me dijo que me daría un departamento para vivir en lo que encuentro trabajo —respondió.
—Ya veo —de cierta forma, a Himuro no le tomó tan de sorpresa que el padre del pelirrojo lo estuviera apoyando, pese a que estaba seguro la madre de este empezó con sus intrigas—. Bueno, en todo caso, en mi departamento serás bienvenido.
—Gracias, aunque creo que ahora te visitaré más seguido —apremió Kagami con una sonrisa al notar algo extraño en el tono de voz del pelinegro.
Himuro le miró con atención y asintió con una pequeña sonrisa, intentando que ese dolor, que esa tristeza no se notara en él, porque le estaba costando de más controlarse. Sentía que era como una bomba de tiempo, ¿cuánto podría aguantar así?, ¿cuánto seguiría viendo a Taiga desde lejos y no poder tocarlo, ni nada? Porque lo extrañaba, pero no podía hacer nada más que ver, solo eso.
Contrólate, Tatsuya, cálmate, pensó con cada latido de su corazón doliéndole como si lo rebanaran por la mitad o se hubiera tragado un montón de agujas que se quedaron trabadas en su garganta.
Entonces, el cuerpo de Kagami percibió físicamente el sufrir del pelinegro y se movió solo, hasta abrazarlo.
—Oye… siempre siento que estás triste cuando estoy cerca —masculló Kagami con el ceño fruncido.
Himuro abrió los ojos como platos y no fue capaz de hablar, ni moverse, porque sentía que si lo hacía, todo se iría al demonio y entonces, no podría contener ese desbordante amor para el pelirrojo.
—Realmente estoy seguro de que te recordaré, Himuro, tarde o temprano lo haré —añadió Kagami y deshizo el abrazo cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, avergonzándose un poco. No era propio de él, aunque suponía que si eran como hermanos, eso era normal, ¿no?
—Hah, Taiga, no te preocupes de más. Estoy bien —aseguró Himuro con una sonrisa, agradeciendo que su cabello largo cubriera un poco su rostro para secundar su mentira.
Pero para Kagami era imposible no preocuparse por las personas importantes para él.
/Martes 17 de Septiembre del 2013/
Cuando Aomine llegó a su casa, aburrido y cansado del día de escuela que tuvo en la universidad, se encontró al pelirrojo sentado en el sofá, mientras que Momoi estaba parloteando sobre algunas cosas, que era obvio que el otro chico no prestaba atención, se veía pensativo, cosa que extraño al primero.
Y es que, por alguna razón, Kagami se sentía inquieto desde que notó esos gestos corporales en Himuro, que indicaban no estaba bien como afirmaba, aunque tampoco es como si pensara en ello día y noche desde ayer, pero sin con frecuencia, cuando su mente se desviaba del peliazul por alguna otra cosa, en esa oportunidad lo otro se metía.
—Hola, Dai-chan —saludó Momoi con una sonrisa y se incorporó para saludar a su amigo—. Kagamin ya preparó la comida, iré a servirte.
—Sí, está bien —Aomine asintió como saludo a su amiga y tiró su mochila en el otro sofá. En su caso, no necesitaba ver la forma de actuar de su pareja, simplemente sentía que estaba raro, su intuición con él era perfecta y cierta—. Kagami, ¿qué tanto andas pensando? Es raro ver que uses tu cerebro —dijo burlón, para quitarle seriedad al asunto y se sentó a su lado.
—Solo… Himuro también me ofreció su departamento para vivir —contestó Kagami de sopetón, ignorando la burla ajena y eso no era algo muy común. De ninguna manera.
Tan pronto escuchó ese nombre, Aomine sintió furia en su sistema y frunció el ceño fuertemente.
— ¿Qué demonios? ¿Qué acaso estás pensando en irte a vivir con ese bastardo que conmigo? —rugió.
—Cálmate, idiota, solo te comentaba. Además, no viviré eternamente contigo, ya te conté que mi padre me ayudará por mientras —explicó Kagami, frunciendo el ceño y viéndole.
—Tch, te pregunto en qué demonios piensas para estar tan ensimismado y me respondes que en el imbécil de Himuro, no jodas —Aomine chasqueó la lengua y puso los ojos en blanco.
—Simplemente estaba preocupado por él, después de todo es como mi hermano —recordó Kagami.
—Estoy seguro de que él no te ve así —murmuró Aomine en un siseo bajo, que apenas el mismo escuchó.
— ¿Qué estupidez dices? —inquirió Kagami, ahora sí, molesto por esa suposición— Entiendo que estés celoso, pero no…
— ¡No son solo celos, Bakagami! —exclamó Aomine, viéndole mal— Ese tipo no me agrada para nada.
Kagami suspiró para calmarse, lo menos que quería ahora era pelearse con el peliazul.
—Himuro es como mi hermano, solo eso, Ahomine.
Ahora fue el moreno quien suspiró. Debía tener cuidado con lo que decía, algo lo alertó de eso.
—Ya lo sé, idiota —Aomine le dio un golpe en la frente con su dedo índice.
—Heh. Tu faceta celosa te luce bien —le molestó Kagami ligeramente con una sonrisa.
—Todo luce bien en mí —parloteó Aomine con una expresión altiva.
Kagami puso los ojos en blanco.
—Imbécil engreído.
—Oh, vamos, sabes que es verdad —Aomine le sonrió pícaramente y se empezó a acercar al pelirrojo como si fuera a devorarlo.
Y ciertamente, eso hizo cuando buscó sus labios para besarlo con profundidad y necesidad.
Taiga correspondió frunciendo ligeramente el ceño, pero con bastante gusto.
/Viernes 20 de Septiembre del 2013/
De alguna manera, fue inevitable para Kagami el no volverse a ver con Himuro en el resto de los días desde el martes. Tampoco quería dejar de frecuentarlo por los celos del peliazul, porque después de todo, ellos eran como hermanos, ¿o no?
No tenía nada de malo que ahora quisiera verlo todos los días. Y de paso, también lo invitara a cenar a su tienda favorita de hamburguesas, era un gusto que quiso compartir con el pelinegro.
Pero no era como si estuviera cambiando sus tardes con Aomine porque quisiera estar con Himuro, no, sino que aprovechó el hecho de que el primero ahora estaba bastante ocupado con estudiar—por obligación de Momoi, más que otra cosa, debido a las malas calificaciones que tenía y necesitaba mejorar— para pasar ese tiempo con su "hermano".
Justo ahora, Kagami estaba sentado frente al pelinegro, con la bandeja de hamburguesas ahí en la mesa para que los dos comieran.
Himuro estaba plenamente feliz de que ahora estuviera todos los días con el pelirrojo, quizá eso era buena señal.
—Himuro, hay algo que no he podido preguntarte desde que te vi —dijo Kagami con la boca algo llena por la comida.
— ¿Qué cosa? —Himuro estaba sonriendo, disfrutando ver como el pelirrojo se llenaba las mejillas como una ardilla; esa parte del chico no había cambiado en nada.
—Bueno, es que se me hace raro… —Kagami frunció el ceño— Se me hace raro que esperaras tanto tiempo para venir a buscarme, siendo que somos como hermanos. ¿Acaso yo no te importaba antes? ¿O tuvimos algún problema? —de pronto se sintió algo afligido por querer saber esas respuestas.
A Himuro se le borró la sonrisa y le miró atento. Aquello le sonó casi como un reclamo, pero tampoco es como si eso le hubiera molestado, no fue así, porque eso significaba que de alguna manera, Kagami estaba esperando por él, desde lo más hondo de su inconsciente.
El problema ahora, es que no sabía cómo responder para evadir la verdad.
Al final, Himuro decidió contarle un poco de su pasado con Kagami a Kuroko ;u; Creanme que lo mejor está por venir todavía(?). Pero es un alivio que al menos el padre de nuestro pelirrojo no sea tan "cabrón" como dio a entender al inicio :v.
¿Qué les pareció el capítulo? ¿Qué piensan que sucederá ahora? Dioses, será un gusto para mí leer (por siempre lo hago) sus comentarios :3.
Aunque no sé cuándo volveré a actualizar, espero no tardarme tanto, además que ya casi termino de escribir éste fanfic x'D.
¡Nos vemos, los adoro a todos! ¡Gracias por leer!
