¡Holaaaaa! ¡Hace mucho que no actualizaba, ya séeeee! ;u; PERO YA TENGO INTERNET, así que ya estoy de regreso uvu.
¡Gracias por sus comentarios, chicos! Y por su paciencia, lasdkjldaskasl.
Por ahora no me entretengo mucho aquí arriba, simplemente los dejo leer :3
—Taiga, ¿sabes del accidente que tuviste? —quiso saber Himuro, a lo que el pelirrojo asintió— Yo estuve cuando eso pasó.
La expresión de Kagami se descompuso por completo tras oír aquello; eso era algo que sus padres no le habían dicho en todo ese tiempo.
— ¿Qué estás… diciendo?
El pelinegro suspiró.
—Íbamos viajando en un automóvil y nos accidentamos —Himuro apretó los labios ligeramente—. Y yo estuve en coma todo este tiempo que estuviste en Japón.
Taiga dejó de comer incluso cuando escuchó todo eso y sus ojos mostraban sorpresa, del mismo modo que frustración porque eso era algo que él no sabía y que sus padres no tuvieron la decencia de decirle, cosa que seguía sin comprender.
—P-pero entonces… ¿por qué mis padres nunca me lo dijeron? —inquirió, casi alzando la voz.
—Por tus recuerdos, Taiga, eso tal vez te alteraría de muchas maneras —supuso Himuro, pero la verdad él pensaba en otro motivo, mas no lo diría por obvias razones.
— ¡Pero yo tenía el derecho a saberlo! —exclamó Kagami de pronto, molesto— Ese accidente… ¿acaso fue mi culpa? —sus palabras salieron con cierto dolor que no tenía nada que ver con el simple hecho de ser "hermanos".
—Cálmate, Taiga —la mano de Himuro sujetó la del pelirrojo, no aprovechándose de la situación, simplemente para calmarlo. No le gustaba verlo mal—. No fue tu culpa, Taiga, no lo fue —dijo, mirándolo intensamente a los ojos.
Entonces, Kagami sintió una tranquilidad increíble rodearle todo el corazón con tan solo sentir esa mirada, con tan solo sentir ese calor refrescante en ese suave tacto con la mano del pelinegro. Inconscientemente, apretó el agarre y correspondió a la mirada. Definitivamente no era la misma tranquilidad que sentía cuando estaba con su amigo Kuroko a veces y este le hablaba, no, esto era diferente, pero por alguna razón, su cuerpo la reconocía.
— ¿Por qué no me lo dijiste antes? —preguntó Kagami nuevamente, sin soltarle de la mano.
—Tus recuerdos, Taiga, no quería alterarte ni forzar tu memoria —respondió Himuro y era la verdad.
Sin darse cuenta, los dedos de ambos se entrelazaron y sus corazones resonaron mutuamente.
Kagami sentía que se le estaba escapando algo, pero con solo ver esos ojos grises del pelinegro, no podía adivinar que era, por más que lo pensara, no podía.
El beso… ¡Cierto!, pensó. Esa vez… ¿por qué me besó? Tras esa duda en su mente, el pelirrojo se sintió más inquieto, como si algo en su pecho quisiera salir. Nada tenía sentido, pero quería saber, quería saberlo. Y cuando abrió la boca para preguntar eso, el celular del otro chico empezó a sonar.
— ¿Qué pasa, mamá? —respondió Himuro, soltando la mano del pelirrojo al darse cuenta de sus actos— Sí, todavía estoy con Taiga… Oh, de acuerdo, no tardaremos entonces.
Gracias a eso, los pensamientos de Kagami perdieron el hilo de las cosas y suspiró.
— ¿Era Alex?
—Sí, sí. Me dijo que le gustaría que cenáramos con ella —Himuro sonrió—. Podemos llevarle las hamburguesas que aún no te has comido y comprar más.
—Bien, entonces iré a comprar más —Kagami asintió y le devolvió la sonrisa, incorporándose.
—Te espero en el auto entonces —repuso Himuro.
Así, ambos chicos se fueron momentáneamente por un camino diferente. Y cuando Tatsuya salió del local, chocó contra un cuerpo más alto que el suyo.
—Tch, deberías fijarte por donde caminas, no te vaya a aplastar —dijo una voz que parecía aburrida y con un deje de advertencia por las últimas palabras que pronunció.
Esa voz hizo que Himuro alzara la vista hacía el dueño y si se estremeció, no fue por la tremenda altura del tipo que asustaría a cualquiera, fue porque esa mirada purpura del mismo color del cabello ajeno, le pareció la más interesante del mundo por unos segundos. Pero luego negó con la cabeza y sonrió.
—Ah, lo siento mucho —se disculpó Tatsuya, ante la mirada atenta del pelimorado.
Aquel gigante le miró sin decir nada más, pues comía con ganas una bolsa de papas, frunció el ceño al darse cuenta de algo y mejor continuó su camino hacía quien sabe dónde.
El pelinegro le vio la espalda, sintiéndose algo raro por ese encuentro tan inusual. Estuvo así unos segundos y cuando el mismo pelimorado también se giró para verlo con holgazanería, no fue capaz de desviar la mirada, es más, se olvidó incluso de que estaba parado en una banqueta y que la gente pasaba casi golpeándolo.
Era extraño, rotundamente extraño ese sentir.
Himuro continuó viéndolo, pese a que luego se unió al pelimorado otro chico de más baja estatura y de un cabello rojo claro que podría pasar por fucsia oscuro. Y aunque vio que ambos hablaron, no fue capaz de escuchar sus palabras, que tampoco deberían de importarle.
El chico de cabello morado no despegó la mirada de él y tras morder la última papa frita que tenía, puso su atención en el otro chico pelirrojo para seguir su camino.
Tatsuya sacudió la cabeza ligeramente y su mente regresó a la realidad cuando Kagami llegó a él.
—No deberías quedarte viendo a un extraño de esa manera, Murasakibara.
—Moo, Aka-chin, no lo pude evitar —musitó Murasakibara con pereza a la vez que destapó una caja de pocky.
Akashi suspiró.
—Tú no eres así, te da igual todo.
El pelimorado frunció el ceño y desvió la mirada con un palito de pocky en la boca, comiéndolo. La verdad es que no supo que responder, porque eso era cierto.
Simplemente qué, cuando vio los ojos de aquel chico de cabello negro, no pudo evitar el sentir la tristeza que él sentía, algo estúpido, considerando que solo eran extraños y por lo mismo que era algo ilógico, Murasakibara no iba a dar ninguna explicación, prefería seguir comiendo.
— ¿Dónde se supone nos veremos con Kise-chin? —preguntó Murasakibara, casi arrastrando las palabras y con la boca llena.
—Me mandó la dirección de su departamento —contestó Akashi, como si no se hubiera dado cuenta del cambio de tema del pelimorado.
Pero bueno, tampoco es como si se fuera a meter en cosas sin sentido.
—Hm… —fue lo único que salió de los labios de Atsushi, porque ahora estaba más concentrado comiendo que otra cosa, mirando con desinterés a las personas pasar a su lado.
Akashi se mantuvo en silencio, con ese porte elegante, serio y amable que se percibía, del mismo modo que su liderazgo nato. Sus ojos del mismo color de su cabello se mostraban casi fríos, pero no del mismo modo que su otro yo, este era más humanitario.
El camino se tornó calmado, ninguno de los dos necesitó hablar nuevamente y tampoco es como si le molestara al pelirrojo el sonido que provocaba el pelimorado al comer. Ya estaba acostumbrado.
Les tomó casi media hora caminar, no por gusto y Murasakibara estuvo quejándose por el gran trayecto que recorrieron y es que siendo él un chico de más de dos metros, era bastante flojo con mover todo su cuerpo y eso que estaba en muy buena forma.
Akashi tocó el timbre del departamento de Kise más de una vez, pero este nunca abrió, cosa que hizo molestar a los dos chicos.
Sin embargo, el pelirrojo marcó el número del celular del rubio, pero mandó directamente al buzón de voz y eso no era normal, para nada. Así que ya lejos de molestarse, se puso a pensar en lo que el pelimorado se sentó frente a la puerta a seguir comiendo de sus golosinas. Es que Akashi sabía que Ryota no era un hombre incumplido, teniendo en cuenta su trabajo, además de que no era ningún niño ciertamente y dudaba mucho que se hubiera quedado con Kuroko. Pero de todos modos, no perdía nada con hablarle al peliceleste.
—Kuroko, ¿está Kise contigo? —inquirió Akashi con seriedad, su voz sonó completamente autoritaria. Típico en él, cuando las cosas empezaban a tornarse serias.
— ¿Akashi-kun? No sabía que vendrías —el tono de Kuroko dejó ver algo de sorpresa—. Pero no, Kise-kun no está conmigo; he estado intentando llamarle, mas su celular me envía al buzón de voz —explicó, ahora algo preocupado.
—No es propio de Kise hacer tal cosa —Akashi pareció meditarlo unos momentos—. Kuroko, iremos a hacerte una visita, ¿sigues viviendo donde siempre?
—Sí, estaré esperándolos —no era necesario para Kuroko preguntar con quién más estaría el pelirrojo, ya conocía que esos dos viajaban juntos por el simple hecho de que sus familias se conocían.
—Bien —Akashi colgó y miró al más alto—. Vamos, Murasakibara, Kuroko nos espera ahora.
— ¿Ah? ¿Por qué ahora debemos caminar otra vez? Dile a Kuro-chin que venga él mejor —Murasakibara hizo una mueca algo infantil que se veía graciosa al contraste con su semejante tamaño.
—Vamos, Murasakibara, dije que Kuroko nos espera —ordenó Akashi, casi con frialdad, mirando fijamente al otro chico.
Atsushi resopló casi como un niño y frunció el ceño, sin replicar. Ya sabía que las órdenes del pelirrojo no eran cuestionadas y mejor ni le miró a los ojos y se incorporó para volver a caminar, destapando ahora una bolsita de galletas para aguantar el otro viaje.
En la casa de cierto peliazul con su amiga pelirosa, dejaron de estudiar luego de que una llamada por parte de Kuroko les dejara un poco inquietos o al menos más a Momoi.
—Seguramente una de sus tantas fans le robó el celular a Kise —espetó Aomine en un bostezo y semiacostado en el sofá.
—No digas eso, Dai-chan, de todos modos creo que Ki-chan le hubiera avisado a Tetsu-kun —opinó Momoi con el gesto intranquilo.
—Ya, Satsuki, te preocupas de más —suspiró Aomine con desgano y frunciendo el ceño.
La pelirosa miró mal a su amigo y luego vio la hora en su celular.
—Oye, Dai-chan, ¿Kagamin no debería estar ya en casa?
Solo por eso, los ojos azules del moreno la vieron con atención.
—No soy su madre para darle horas de regreso.
—Sí, pero… con lo de Ki-chan me siento preocupada y Kagamin siempre esta antes de las nueve —recordó Momoi, incorporándose.
Ciertamente, esta vez la preocupación de su amiga, se le contagió un poco a Daiki, quien chasqueó la lengua molesto. No le gustaba que su amiga se pusiera de dramática.
—Tal vez deberías llamarle —insistió Momoi, pasándole el celular el peliazul.
—Bien, de acuerdo —Aomine aceptó a regañadientes, pero luego sintió un poco de ansiedad sin comprender. Seguramente era su amiga que le contagiaba.
Así que marcó sin equivocarse el número del pelirrojo y esperó.
Sin embargo, el celular sonó y sonó más de una vez, pero no hubo respuesta.
— ¿Dai-chan?
— ¿Qué demonios hace ese idiota que no responde? —bufó Aomine, ahora sí, molesto. Porque prefería sentirse así a preocuparse antes de tiempo, pero es que el pelirrojo siempre le contestaba las llamadas, estuviera haciendo lo que sea.
Satsuki frunció los labios y le arrebató el celular para marcar ella, pero el resultado fue el mismo, mandaba a buzón de voz.
—Intentaré con el mío —dijo y ahora con su celular, empezó a marcarle, aunque fue lo mismo.
—Mierda —ahora sí, Aomine sentió una ligera ansiedad en su pecho y volvió a marcar, recibiendo la misma respuesta del buzón de voz.
Mas no se rindió. Continuó y continuó llamando al celular del pelirrojo casi como diez veces, hasta que al fin obtuvo respuesta para su alivio. Alivio que se fue al demonio cuando no fue la voz Kagami que respondió.
— ¡¿Por qué demonios respondes tú, Himuro?! —exclamó Daiki.
Fielmente, Midorima estaba otra vez de visita en casa del pelinegro de su pareja, acompañándolo y con intenciones de quedarse a pasar el fin de semana con este y gracias a que sus padres realmente estaban ocupados en el trabajo, podía hacer lo que quisiera. Tenía la suerte de que su hermana Ayumi se hubiese ido a casa de una amiga, así no tendría responsabilidad de cuidar de la menor.
Los padres del peliverde no estaban precisamente enterados de la relación verdadera entre Takao y su hijo, pero ese era un tema que los dos decidieron abordarían cuando las terapias hubieran terminado para el pelinegro y que la reacción que tuvieran los padres de Shintaro no llegara a afectarle. Porque lo que menos quería ahora era que todo lo que ya habían avanzado, se viniera abajo. Por supuesto que sabía que Kazunari era fuerte, pero todavía tenía cierta vulnerabilidad por lo sucedido casi tres semanas más o menos y superar dichas cosas no eran tan fáciles como se decía.
Kotomi les había preparado a los chicos varios platillos saludables para que cenaran debido a que ella tuvo un compromiso en el trabajo que no podía rechazar ya que necesitaba el dinero para seguir con las terapias psicológicas de su hermano y con la presencia del peliverde ahí, se sentía más tranquila. Ella no se había tomado a mal su verdadera relación, porque de hecho, ella misma fue la que se lo insinuó a su hermano y como conocía muy bien al chico, no hubo problema.
—Shin-chan, ya no hagamos más tarea por hoy, estoy aburrido con esto —farfulló Takao con un suspiro cansado, reclinándose en su cama, pues ambos chicos estaban en su habitación, trabajando en la mesita de centro que había ahí, sentados en el piso y apoyándose en la cama.
—No la hagas tú, yo no me atrasaré-nanodayo —replicó Midorima, ajustándose los lentes y sin verle, teniendo la atención en su libreta a la vez que hojeaba un libro de biología avanzada.
Kazunari no dijo nada y sonrió ampliamente, apoyándose con sus codos en la mesa, flexionó los brazos y descansó su quijada en las palmas de sus manos para así fijar su visión en el rostro del peliverde, como si fuera lo más hermoso que estuviera viendo. Y a decir verdad, para él lo era.
Midorima frunció el ceño al sentir la mirada fija de su novio en sí, pero se dijo a si mismo que era mejor ignorarlo y así lo hizo durante casi quince minutos en los que cada vez más se irritaba ligeramente porque el pelinegro en ningún momento dejó de verlo con esa gran sonrisa, que ya casi terminaba de recuperar todo el esplendor de siempre.
—…Takao —siseó Midorima, con algo de irritación y alzó su visión al chico, como advirtiéndole con la mirada que dejara de verlo o lo golpearía.
—Tan tsundere como siempre —comentó Takao con una divertida risa.
—Deja de decir estupideces —bufó Midorima y le fulminó con la mirada.
Takao se inclinó hacía el peliverde y le robó un beso corto en los labios que avergonzó y casi hizo sonrojar al más alto.
— ¡Deja de…! —pero Midorima no completó su oración, cuando vio que el otro chico le arrebató su billetera que estaba dentro de su mochila— ¡No husmees mis cosas! —amonestó, intentando arrebatársela de las manos, porque recordó que ahí había cierto detalle del que no deseaba dar explicación alguna.
— ¿Por qué? ¿También cargas condones como todos los chicos? —bromeó Takao entre musicales risas animadas.
— ¡Por supuesto que no, idiota! —Midorima se ruborizó ligeramente por ello, pero aunque seguía intentando quitarle su billetera al otro chico, el pelinegro irremediablemente, la abrió y vio el contenido principal.
—… Shin-chan, ¿desde cuándo tienes estás fotos aquí? —preguntó Takao algo sorprendido, mas luego sonrió traviesamente cuando regresó su vista a su pareja.
— ¡No tienes por qué saberlo! ¡Dame ya esto! —exclamó Midorima y sin delicadeza jaloneó su billetera, pero el pelinegro no la soltó, al contrario, también la jaló.
En consecuencia, el peliverde terminó cayendo encima del ojiazul, pero acomodó sus manos en cada lado de la cabeza ajena para no dejar caer todo su peso corporal. Se quedaron estupefactos unos segundos por la posición en que estaban, mirándose fijamente a los ojos y Takao todavía tenía la billetera entre sus manos.
—Hey, Shin-chan, ¿sabes? Yo también tengo esas fotos en la billetera desde aquella vez que fuimos al cine.
—Cállate —masculló Midorima, apenado, todavía viendo al otro chico.
—Ese día fue como nuestra primera cita —recordó Takao, sonriendo ligeramente, pero con la atención solamente puesta en el peliverde.
Ninguno de los dos se movía realmente y de la nada, Kazunari dejó la billetera a un lado para luego estirar su brazo y retirarle los lentes al peliverde, quien permitió lo hiciera. Los dos estaban serios, viéndose fijamente y cuando al fin Shintaro dejó de tener las gafas, se inclinó a besar el pelinegro con intensidad.
No era seguido el hecho que el peliverde diera inicio a ese tipo de situación íntima, mas cuando lo hacía, Takao lo disfrutaba al máximo, justo como ahora. Enredó sus dedos en los cabellos verdes de su pareja con fuerza, atrayéndolo más hacía su rostro para besarlo con ansias. Por inercia, las piernas del ojiazul se abrieron para permitir que Midorima se acomodara ahí y pudiera besarle mejor.
Las manos de Kazunari empezaron a acariciar los brazos y hombros ajenos, deseando quitar esa molesta playera que tenía y le impedía el contacto con su piel. Y el ojiverde jadeó, haciendo chocar ambas respiraciones en aquel ósculo; sus labios se entreabrieron más y cuando el pelinegro mordió el labio inferior de Shintaro, a este le recorrió un estremecimiento de goce, que lo llevó a continuar el beso, ahora con sus lenguas presentes, donde las dos batallaban para tener el control del beso.
Mismo ósculo estaba pasando a uno completamente apasionado, donde sus sentimientos de amor se encendían como mil antorchas en la oscuridad. Ambos lo sintieron, pero por ahora no dijeron nada, simplemente continuaron besándose.
Ahora fueron las manos de Midorima las cuales acariciaron el contorno del torso del pelinegro con firmeza, levantándole poco a poco la playera de este, sintiendo como se estremeció bajo su contacto. La piel de ambos hervía y el cuerpo de los dos empezaba a pedir por más, ya que los dos chicos llevaban necesitándose desde hace tiempo de muchas maneras.
Con sus corazones acelerados así como sus respiraciones, que ahora eran jadeos que hacían eco con los chasquidos del beso. Con su diestra, el peliverde acarició el rostro ajeno y debido a las posiciones, con la zurda, Takao le sujetó la mano para entrelazar sus dedos. Y cuando respirar realmente se les hizo necesario, el beso cesó, pero el pelinegro hundió su rostro en el cuello de Shintaro para besarle ahí, haciéndolo suspirar y apretarse más a este, logrando que accidentalmente—o tal vez no— sus pelvis chocaran, causando que los dos ahogaran un gemido.
—Hey…, Takao… —de pronto, pese a que la razón estaba quedando en el olvido, Midorima se sintió algo preocupado por su pareja. Es decir, tal vez era demasiado pronto para que llegaran a lo que sabía estaba cerca, teniendo en cuenta el suceso de aquella vez.
El rostro de los dos estaba sonrojado, pero para el peliverde fue realmente estimulante y perfecto ver a Takao así, con los ojos brillosos en una cascada de sentimientos y los labios húmedos. Este mismo entendía bien lo que el peliverde trató de decir.
—Estoy bien porque eres tú, Shin-chan —aseguró Takao, no sumisamente, para nada, sus labios formaron una sonrisa traviesa y se los relamió coquetamente. Para él era más fácil dejarse llevar por sus sentimientos y emociones tratándose del peliverde. Quizá en el fondo estaba algo asustado por todo y se vería al momento de "la verdad", pero estaba seguro de que su pareja no le haría daño.
Confiaba en él—. Quiero que seas tú quien borre todos los malos recuerdos escondidos, porque te amo.
Midorima lo miró con los ojos abiertos como platos por ello y un rubor delatador en su cara por tan directas palabras. Suspiró y se inclinó para susurrarle en la oreja al otro.
—Entonces, déjame marcarte —ahí estaba otra vez, esa seña que indicaba que su cascaron tsundere empezaba a romperse gracias al pelinegro.
El peliverde abrazó a Takao para jalarlo y así los dos poder incorporarse, o mejor dicho, levantarse un poco para acomodarse sobre la cama, donde sus piernas quedaron entrelazadas, con el segundo debajo del primero. Y en el silencio del cuarto, sus latidos retumbaron como el aleteos de pájaros a punto de iniciar el vuelo.
— ¿Estás bien, Himuro? —preguntó Kagami cuando al fin estuvo al lado del pelinegro, que parecía algo ido.
—Sí, Taiga, no es nada —Himuro le sonrió delicadamente y ayudó con las bolsas de la cena al pelirrojo—. Vamos.
Pero antes de que se subieran al automóvil, Kagami frunció el ceño. En todas las salidas que había tenido, era el pelinegro quien conducía, cosa que no le parecía muy justo.
—Himuro, déjame conducir a mí esta vez.
El nombrado chico le miró y asintió con la mirada amable.
—Muy bien —no dijo nada más y se subió al asiento del copiloto, luego de dejar la cena en la cajuela bien acomodada para que no le pasara nada por el movimiento.
Manejar era algo que aunque Taiga recordaba al haberse recuperado mejor de su amnesia, lo volvió a cursar, por si las moscas. De modo que tenía su licencia de conducir, mas no tenía un auto propio por el simple hecho de que no era muy paciente con el tráfico de la ciudad, sobre todo entre semana. Así que prefería caminar o hasta ir en bicicleta.
Una vez Kagami estuvo dentro del automóvil en el asiento del piloto, sonrió ligeramente al pelinegro y lo encendió. Miró a ambos lados para poder adentrarse a la calle que por suerte no estaba tan concurrida como siempre.
Tatsuya veía las manos bronceadas del pelirrojo sujetar con fuerza el volante, justo como siempre lo hizo desde que aprendió a manejar e inevitablemente, le fue imposible no recordar aquella vez que Kagami lo llevó a la playa para poder ver las estrellas luego de que huyeran de casa, donde también habían hecho el amor más de una vez.
Eran tantos recuerdos que le vinieron en la mente con solo ver conducir al pelirrojo, que sintió su pecho encogerse dolorosamente y apretó los puños para controlarse mejor. Estaba perdido si Taiga le preguntaba que sucedía, porque de nuevo era como una bomba de tiempo con todo lo que estaba aguantando.
Himuro regresó de sus pensamientos cuando escuchó gruñir al pelirrojo, fue entonces cuando vio por el espejo retrovisor el mismo automóvil que estaba estacionado detrás de ellos frente al local de hamburguesas. Y aunque su expresión se mantuvo serena, cierto pánico empezó a crecer en él.
—Esos malditos… —Kagami frunció el ceño con fuerza y piso el acelerador. Debía ser completamente cuidadoso y tratar de evitar todos los semáforos en rojo o estarían perdidos. Si bien eran alguien despistado, por alguna razón, sus sentidos se alertaban más cuando estaba al lado del pelinegro y por ello fue capaz de darse cuenta que un automóvil azul les seguía desde que dejaron la tienda y eso, para nada era normal.
—Taiga, cálmate, tal vez solo van a la misma ruta… —masculló Himuro, girando el rostro para ver al famoso automóvil, pero debido a las luces que tenía encendidas y resultaban lastimeras en los ojos, no pudo distinguir ningún rostro.
—No, tomé un camino más largo cuando me di cuenta y todavía siguen —explicó Kagami, tensando su mandíbula unos segundos.
El celular del pelirrojo comenzó a sonar de repente, justo cuando el automóvil de atrás les tocó el claxon más de una vez, como en una advertencia.
— ¡Y una mierda les voy a permitir esto! —bufó Kagami, ignorando completamente su aparato tecnológico.
El tono de voz con que dijo eso, le llamó la atención al pelinegro, porque esas palabras ya habían sido dichas por Taiga hace dos años, antes de su accidente. Tatsuya sintió como su corazón dio un vuelco, entre la esperanza y el miedo, porque para nada se podía esperar algo bueno de lo que les venía sucediendo.
Kagami aceleró todavía más, con su vista más atenta y dio tremenda voltereta en la calle de tres sentidos, valiéndole si ahora le daban una infracción por meterse en el sentido contrario, pero tenía que dejar a esos tipos atrás. Sin embargo, estos lo siguieron, pero todavía más rápidos. Los pitazos de los demás carros se escucharon, pero el pelirrojo los ignoró mientras veía por los espejos como ese auto azul casi los alcanzaba.
Y por si eso no fuera poco, un automóvil más salió de la única calle que le quedaba de salida a Kagami cuando logró dar otra voltereta, esta vez era uno negro y parecía ser conducido por un maldito corredor de autos.
—Taiga, nos estamos alejando de la ciudad —dijo Himuro, serio, pero en su mirada se reflejaba la preocupación, era como si la jodida historia se estuviera repitiendo otra vez y no quería volver a pasar por lo mismo de hace años.
Los dos chicos estaban tan concentrados en tomar ideas para poder burlar a esos dos autos, que ignoraban por completo como el celular del pelirrojo no dejaba de sonar estrepitosamente.
—Himuro, sujétate bien —ordenó Kagami, completamente concentrado en la carretera.
—Taiga, ¿qué vas a hacer? —esta vez, Himuro no evitó que su voz sonara algo nerviosa.
Al oírlo, provocó que en la mente de Kagami varias imágenes borrosas empezaran a aparecer, como múltiples escenas de su vida, donde se veía a sí mismo también manejando un automóvil completamente diferente, donde también estaba Himuro que parecía ansioso. Apretó los labios, eso era plenamente un recuerdo, lo supo, simplemente lo supo. ¿Acaso fue la vez que ellos dos se accidentaron? ¿Fue acaso su culpa? No era momento para ponerse a pensar en eso o de verdad la situación terminaría saliéndose de control y no debía ser así.
El automóvil se estremeció con fuerza cuando el auto azul les dio un empujón desde atrás.
Entonces, Kagami vio de reojo al pelinegro, con la expresión claramente ansiosa y preocupada, mientras apretaba sus manos contra el asiento para sujetarse con fuerza. Y es que Himuro no quería volver a pasar lo mismo, ya no quería perder a Taiga justo ahora que lo volvió a encontrar, ya no quería separarse de él.
—Confía en mí —sin pensarlo, durante unos segundos, la mano de Kagami sujetó la mano del pelinegro con fuerza, dejando al chico estupefacto—. No voy a dejar que la historia se repita, no dejaré que te pase nada —acto seguido, regresó su mano al volante, agradecido que el automóvl fuera automático y no necesitara la bendita palanca.
—Taiga… —Himuro sintió un calor fresco inundar su corazón tras esas palabras, que eran las que, justo como antes, el pelirrojo le había dicho. Y eso parecía ser una buena señal. Sonrió entre alegría y nostalgia, viendo el perfil del más alto— Yo siempre he confiado en ti.
Los ojos de Kagami brillaron como si tuviera fuego en sus pupilas ante eso y Tatsuya no lo pasó por alto, tal vez esa mirada duró solo un par de segundos, pero esa era la forma en que el pelirrojo siempre le había visto.
Ñacañacañaca, ya se viene lo sabroso de esto xD.
Así es, lectores míos, prepárense que si antes creyeron que éste fic era dramático, con lo que viene se irán de espaldas(?). Okey, ya, no creo… oh, bueno, ya ustedes me dirán.
¿Se imaginan quién está detrás de esto, verdad? eue
Asdjkdsak, por lo pronto esto ha sido todo. No se imaginan cuanto los extrañé y extrañé venir por estos lares, fue horrible TnT
Pero bueno, ya estoy de regreso, así que creo la próxima no tardaré xD.
Ya nos veremos luego :3
¡Los adoro!
