¡Holaaaa, pequeños saltamontes!
Ya lo sé, me he tardado muchísimo tiempo en actualizar ; ; Pero como he estado mencionando en mis otros FF, es por la universidad que ya se está poniendo culera(?); aun así, ya tengo vacaciones, así que ya me tendrán más seguido actualizando cada una de mis historias.
¡Gracias por su paciencia, joder! Asdlaksdjalsda, asimismo por sus comentarios y lecturas, ya saben, ustedes son un motor especial en esto uvu.
Sin más, los dejo leer.
El dolor, la incertidumbre y muchas cosas más, se alojaron en el pecho de Aomine, tan pronto escuchó las palabras de Kagami. Mismas palabras que no le hubieran provocado la misma reacción o desencadenamiento de un sinfín de sensaciones, de no haber sido porque la mirada del pelirrojo era completamente diferente, asimismo la expresión de este.
Kagami veía a Himuro de una manera completamente diferente a cuando lo veía a él.
Los ojos rubíes de Taiga veían a Tatsuya no como si fuera un tigre defendiendo su territorio, no, sino como si estuviera protegiendo a uno de sus cachorros. Un insano y poderoso instinto protector animal. Era una mirada igual a la que el pelinegro le dio momentos atrás, solo que la del pelirrojo era más fiera, mientras que la otra era calculadora.
—Aominecchi… —susurró Kise, sintiendo tremendos calambres en sus piernas por los balazos y no podía ni ponerse de pie.
El peliazul apenas y lo escuchó, porque no podía dejar de ver a los otros dos chicos, que inevitablemente lucían como pareja de muchos años, el ambiente que los rodeaba era ese, no era idiota ni ciego. ¿Cómo no sentir dolor con eso?, pero tampoco es como si le fuera a dar el gusto al mundo de expresarlo en su cara, al contrario, siguió mostrando su expresión seria y amenazante del principio, con el ceño fruncido.
Haizaki intentó disparar nuevamente, haciendo que Kagami se interpusiera entra la pistola y Himuro sin dudar, viéndolo como un tigre dispuesto a matar a la amenaza. Sin embargo, por alguna extraña razón, las balas del chico se habían acabado en ese último disparo. Así que desesperado, intentó buscar su otra arma, pero no la tenía, ¡¿qué no le había dicho a Hanamiya que se la dejara cargada?!
—Parece que tu poder se fue —dijo Kagami en un siseó que sonó como un gruñido.
— ¡No te creas que por ello soy un debilucho como tú, imbécil! —Haizaki sonrió y arremetió contra el pelirrojo.
Lo que no se esperó, era el recibimiento de Kagami, que como ahora ya había recuperado la memoria completamente, recordó perfectamente sus clases de karate con su padre desde niño, esquivando y golpeando al otro con una perfecta defensa personal.
—Te voy a enseñar a no meterte con Tatsuya —rugió Kagami y dio una buena patada en el abdomen ajeno, pese a que tenía una herida sangrando en la cabeza, se movía muy bien.
—Taiga… —Himuro veía al pelirrojo como si quisiera llorar, pero no lo haría. Mas estaba realmente feliz, aunque tiempo atrás, se hubiera molestado porque el chico lo estuviera defendiendo, siendo que al principio de todo, él era el hermano mayor. Y de no ser que seguía amarrado, hubiese participado en la pelea.
Aomine solo estaba ahí parado, mirando como Kagami le daba una buena paliza al otro, se supone eso iba a hacer él, pero su cuerpo no le respondía.
—Kise no puede levantarse, está muy herido —dijo Kagami con algo de preocupación, pero se notaba algo diferente en él. Dejó atado al otro chico, porque no se mancharía las manos en matarlo, aunque sí le dejó una buena lección.
A Haizaki le sangraba la nariz y la boca, viendo al pelirrojo asesinamente.
— ¡Pero me las pagarás, bastardo! ¡No se van a librar tan fácil de mí!
—Yo creo que sí, Haizaki.
Todos recobraron el verdadero sentido cuando la voz de Akashi, llena de poder y seguridad, apareció ahí.
Fue por eso que Aomine al fin fue capaz de recobrar su motivación y caminó hacía el rubio, para sin decir nada, cargarlo en brazos, como un bebé.
—Aominecchi… —jadeó Kise, por el toque brusco del moreno, pero más que nada, ahora estaba preocupado por este, sino quizá se hubiera quejado por el trato tan poco delicado— Gracias.
El peliazul simplemente lo miró y suspiró, nada más.
—Vaya, Kagami-kun, has hecho un buen trabajo con este sujeto —expresó Akashi, con una sonrisa complacida, acercándose al susodicho, que se había quedado helado al verlo.
—…Se lo merecía —acto seguido, Kagami fue hasta donde el pelinegro para ayudarle a incorporarse y le desató las manos.
— ¡Taiga! —y Himuro no dudo esta vez en abrazarlo, con fuerza, con necesidad, con frenesí, enterrando su rostro en el cuello ajeno.
—Hah… Lo lamento, Tatsuya, de verdad lo lamento —susurró Kagami en voz baja.
Y aunque Aomine no vio la escena, prefirió hacer como si no estuvieran ahí, mientras cargaba a Kise, quien se aferraba a su cuello, casi abrazándolo como para darle apoyo.
No es que Taiga estuviera traicionado ahora su relación y sentimientos por el peliazul, ¡nada de eso! Pero recibir y recordar de sopetón que tenía otra relación, donde estaba por casarse, así como el hecho de que estaba irrevocablemente enamorado de Tatsuya también. Sus emociones eran un completo lío, parecía un tornado en medio del cielo, era como si estuviera perdiendo su equilibrio. Y acomodar todos esos recuerdos, así como esos sentimientos que ya sentía, pero que no podía aceptar ni notar con claridad por la amnesia con los nuevos hacía cierto moreno, iba a ser otro caos complejo.
Akashi, que aunque parecía ajeno a todo por la tortura visual a la que tenía a Haizaki, fue capaz de darse cuenta de ciertas cosas, como se esperaba de él.
—No me parece que quieran quedarse en este asqueroso lugar, así que será mejor que vayan afuera, ahí atenderán sus heridas —ordenó, sereno.
— ¿Quién eres tú? —preguntó Kagami, mirándolo con el ceño fruncido, separándose del abrazo que compartía con el pelinegro.
—Akashi Seijuro, hijo del jefe de policía de Japón —respondió Akashi con orgullo y tono absoluto.
Kagami pareció sorprenderse unos segundos, pero luego simplemente le miró para asentir y hacerle caso. No obedecía órdenes, pero esta vez las seguiría, porque Himuro estaba lastimado.
—Recárgate en mí, Taiga —ayudó Himuro, pasando un brazo por la cintura ajena.
—Gracias, Tatsuya —Kagami le sonrió ligeramente y pasó su brazo sobre los hombros ajenos para caminar mejor.
—Yo sabía que el novio era Aomine —murmuró la voz de Akashi.
Taiga se tensó tras oír eso, pero simplemente siguió caminando.
—Todo estará bien, Taiga, lo estará —musitó Himuro con la voz serena, dándole un apretón a la mano ajena.
Tan solo con eso, una paz indiscriptible llenó el corazón de Kagami y asintió, aun cuando sabía que no sería así, fue capaz de sentirse tranquilo gracias al pelinegro, justo como en el principio.
Como si Akashi hubiera sido un adivino, había conseguido traer dos ambulancias, donde en una se subió Aomine con Kise y en la otra Kagami con Himuro a la vez que los demás policías se encargaban de arrestar a todos los implicados en ese burdel con subterráneo.
Había algo extraño en al ambiente de cada ambulancia, a Akashi no se le pasó por alto, pero tampoco es como si fuera a meter sus narices en líos amorosos que podían ser más complicados que el simple hecho de tener un alter-ego, como en su caso. Por eso, prefirió hacerse el desentendido.
A Kagami le estaban curando como podían la cabeza por los paramédicos, negándose a acostarse en la camilla, prefirió estar con Himuro a su lado, que le sostenía la mano con fuerza. El primer chico era consciente del otro, pero su mente estaba viajando al pasado, como "estrenando" sus recuerdos, que le iluminaron todo su ser como el sol en las montañas en el amanecer.
Ahora recordaba y veía perfectamente todos esos sueños que le embargaron aquellas veces; cuando estuvo en casa de Aomine, los deja vu cuando volvió a discutir con su madre, los sueños de toda una semana que tuvo antes de que Himuro volviera a aparecer en su vida.
Uno de ellos y él que más revoloteaba en su interior, era la vez en que empezó a descubrir aquel sentimiento llamado amor con el pelinegro, con tan solo trece años, casi para los catorce…
Fue en un día de verano, irónicamente, que Taiga y Tatsuya fueron enviados por sus padres a jugar en la playa, porque ellos querían un tiempo a solas, además de que notaron que los pequeños "hermanos" se habían peleado por un partido de basquetbol, en el que el pelirrojo había ganado, luego de apostar su hermandad.
El pelirrojo quería que todo volviera a la normalidad, porque le dolía realmente que Himuro hubiese tomado esa decisión de dejar de ser su hermano mayor simplemente por la mejoría de habilidades en juego. Por celos y envidia, de hecho. Y aunque al principio el pelinegro se dijo a sí mismo que eso era lo correcto, también empezaba a sentirse mal por tan inmadura decisión, ¿de verdad iba a dejar que eso los separaba?, además de que notaba la tristeza de Kagami por ese hecho.
Ese día, no se atrevieron a jugar y solo caminaron, perdiéndose entre las frondosas palmeras de la playa, hasta que el cielo se nubló opacando todo, haciendo eco de las emociones de los dos adolescentes y comenzó una tormenta. Por lo que los dos buscaron refugio en una cueva pequeña y lograron tapar la entrada con varias hojas grandes y gruesas de palmeras. Dentro, incluso encendieron una fogata como pudieron, acomodándose en cada esquina, sin hablarse. Pero ambos chicos tenían frío.
Himuro era más perspicaz, no era un idiota, pese a que nunca había experimentado nada como esto, su madre había visto y leído muchas novelas como para no darse una idea. Desde hace tiempo lo venía pensando, cuando sintió unas terribles ganas de llorar aquella vez en que se dijeron que no volverían a ser hermanos. De reojo vio como el pelirrojo se abrazó a sus piernas y tenía la mirada en el suelo.
—Taiga, siento lo de aquella vez… Yo solo estaba celoso y no… —masculló Himuro al fin, mirando la fogata y una expresión triste.
— ¿Qué dices, tonto? Sabes bien que yo no te guardo rencor por eso —respondió Kagami, rápidamente. ¡Era cierto! Él era quien más deseaba que esta tonta cosa se acabara, quería que el pelinegro entendiera que las diferencias en habilidades no debían de interponerse en su camino.
Su corazón revoloteó cuando Himuro se acercó a él y lo abrazó, a esa edad eran casi de la misma estatura—más alto el pelirrojo—, pero aun así, no evitó que el pelinegro se acomodara suavemente en entre el cuello ajeno.
—Lo que dije esa vez, no es lo que siento de verdad —susurró Himuro de pronto, sintiéndose completamente bien cuando los brazos ajenos le rodearon en el abrazo.
Era extraño, pese a que él se decía el "hermano mayor", inevitablemente, Kagami también le protegía del mismo modo, pero diferente.
— ¿Entonces qué es lo que…?
Las palabras de Kagami se perdieron cuando Himuro alzó su rostro y le besó los labios cortamente, empujándolo suavemente contra la pared rocosa.
Los dos chicos se quedaron viendo fijamente y al pelirrojo se le desató el sonrojo en demasía, así como sus latidos se hicieron completamente frenéticos que hasta sus oídos le zumbaron, abrió los ojos como platos y se tocó sus labios, perplejo. No podía negar que ese beso le gustó, además de que fue el primero en su vida.
— ¡¿Por qué has hecho eso, Tatsuya?! —exclamó Kagami, avergonzado por completo.
—Porque… porque te quiero. Me gustas, Taiga —contestó Himuro, serio, viéndolo directamente a los ojos, para luego sonreírle con ternura y ruborizarse un poco.
— ¡I-diota, no digas eso! —Kagami parecía asustado, pero solo estaba desconcertado.
—No era que te tuviera celos realmente, Taiga, era el hecho de que no podía ser lo suficientemente bueno para ti —explicó Himuro, desviando la mirada—. Yo quería que nunca dejaras de verme impresionado como la primera vez que jugamos juntos…
Kagami, aunque estaba colorado como su cabello, puso su mano sobre la boca del otro chico para que se callara.
—Esto… M-mi admiración siempre ha estado ahí contigo, Tatsuya —confesó, tan rojo como un tomate y rascándose la mejilla.
—Pero es cierto que no podremos seguir llamándonos hermanos —susurró Himuro, acercándose nuevamente al pelirrojo, sonriendo suave, aunque feliz por las palabras ajenas.
— ¿Eh? —a Kagami se le descompuso el rostro, sin entender. Se sintió triste otra vez.
—No es por lo que crees, tonto —Himuro le acarició la mejilla y depositó un beso más en los labios ajenos—. Es porque me gustas —repitió natural, pero ruborizado, casi como estaba el otro chico.
Y aun con toda la vergüenza que sentía Kagami, pese a su inocencia y todo, se inclinó nuevamente para buscar el contacto con esos labios.
La tormenta y el frío que hacía quedó en el olvido para los dos adolescentes, porque el contacto entre ellos no se detuvo, siendo capaz de mantenerlos cálidos con solo los besos no tan inexpertos, aún con un rastro de inocencia, así como los abrazos y las caricias compartidas.
Kagami suspiró ante el recuerdo y cerró los ojos. Sonrió con nostalgia, ¿cómo era posible que no fuese capaz de recordar todo eso durante todos esos dos años? ¿Cómo es que en su corazón fue capaz de haber un hueco para dar inicio a algo más cuando lo que tenía con Tatsuya era tan fuerte?
Porque lo era, no era un simple primer amor de adolescentes. Porque ese mismo amor los mantuvo en una relación de casi cinco años.
Pero ahora se sentía atormentado. Que recordara todo esto no significaba para nada que dejara de amar a Aomine, ¡porque lo seguía amando como el primer día!, mas ahora mismo era complicado regresar como si nada, ahora que por fin comprendió todo y lo recordó. Porque sus sentimientos también eran de Himuro.
Y no solo eso, el pelirrojo no evitó el sentirse culpable, el sentir que traicionó el amor que le tenía al pelinegro, pero tampoco podía llegar campante a ser como antes con Tatsuya, porque entonces sería traicionar el amor y relación que ahora tenía con Daiki. Y no lo haría. Pese a toda la confusión en su mente y corazón, él era leal. Aunque por más que quisiera, su subconsciente no dejaba de reprocharse el hecho de no haber sido capaz de recordar a Himuro por su propia cuenta desde hace tiempo.
Estaba completamente dividido ahora. Ni siquiera su cerebro parecía tenerle una respuesta.
—Tatsuya… —susurró Kagami y frunció el ceño— Yo de verdad siento haberte…
—No fue tu culpa, Taiga —interrumpió Himuro, acariciándole el rostro con cariño—. Además, no dejaste en el olvido tu anillo, siempre lo conservaste, como yo —sonrió suavemente.
—Sí, pero… —Kagami le miró intensamente.
—Ahora no digas nada —Himuro presionó con su dedo índice los labios ajenos para que se callaran—. Ya llegamos al hospital.
El alivio que mostraron Momoi y Kuroko al ver llegar a los chicos, se vio ensombrecido cuando notaron algo completamente diferente, que ni siquiera antes habían visto pese a las peleas entre Aomine y Kagami. Sin embargo esta vez, los dos parecían en diferentes mundos ahora. Porque el pelirrojo tenía una nueva mirada y venía junto a Himuro, no con el moreno, mientras que este último venía con Kise, al cual traía cargando todavía.
—Dai-chan, ¿por qué traes cargando a Ki-chan? —preguntó Momoi. Algo no le gustó de eso.
Y a Kuroko tampoco, pese a que se mantuvo inexpresivo e iba a decir algo, pero Kise se adelantó a responder la pregunta.
—Los brazos de Aominecchi eran más cómodos que esa camilla, además saben que odio los hospitales.
—Sí, y así nos evitamos que haga algún berrinche porque puedo tirarlo cuando empiece —secundó Aomine.
Había algo sumamente extraño en esos dos, pese a que Kagami estaba lidiando con un sinfín de sentimientos ahora, se dio cuenta de la forma en que estaban ellos, como nunca antes los había visto. Porque Kise tenía bien abrazado al moreno y este no se quejó. Claro que también podía ser por sus heridas en las piernas, pero sencillamente eso no le convencía. No obstante, si lo pensaba bien, él no estaba ahora en una posición para reclamar algo. Eso no evitó que los celos se encendieran.
No fue el único, Kuroko lo notó tanto o más que el pelirrojo.
Y es que, Kise fue capaz de percibir en un pequeño desliz de la expresión del moreno, lo mucho que estaba sufriendo en silencio porque Kagami ya había recuperado la memoria. Sintió la vulnerabilidad de Aomine y no pudo negarse a querer darle todo su apoyo. Después de todo, también le debía mucho.
—Kise-kun, estás cubierto de sangre —Kuroko mostró la clara preocupación en su mirada y en su tono, con la expresión un poco diferente a la serenidad de siempre.
—Sí, es que me dispararon… Estaré bien, Kurokocchi —Kise le sonrió. Bien pudo hacer sus dramas, pero por alguna razón la presencia del peliazul se lo impidió y no quería preocupar de más a su novio.
— ¡De prisa, tienen que atenderte, Ki-chan! —exclamó Momoi, asustada.
—Permítanos encargarnos ahora —dijo la amable voz de un doctor.
—Hah, sí. Aquí lo tienen, además es muy pesado —respondió Aomine con aparente molestia. Más que eso, el rubio había sido la razón por la que pudo controlar mejor sus emociones, el tenerlo cerca. Y gracias a las fuertes sensaciones que todavía tenía por cierto suceso, no se percató de que ese apoyo podía ser peligroso.
—Tú también, Taiga, deben atenderte esa herida en la cabeza —inquirió Himuro.
Los chicos estaban detrás del moreno, quien frunció el ceño y se apartó para reclinarse en la pared. Era tan doloroso tanto para él, como para Kagami darse cuenta que ahora parecían completamente distanciados, aunque su relación, amor y conexión siguiera ahí. No obstante todavía no era el momento para confrontar las cosas, debían ser atendidos.
—De ninguna manera, tú también estás herido, Tatsuya —replicó Kagami—. Deben atenderte a ti primero.
—Tu cabeza aún sigue sangrando —espetó Himuro, con paciencia.
—Las heridas en la cabeza tienden a sangrar mucho —Kagami frunció el ceño.
—Taiga… —Himuro le miró como si le fuera a regañar, pero luego sonrió.
—Err, está bien, dejaré que me revisen, pero al mismo tiempo que a ti —finalizó Kagami.
Aomine concentró su atención en cualquier cosa, cualquier estupidez a su vista para no verlos, porque si los veía, entonces explotaría. Por eso no quería soltar a Kise hace unos momentos, sin embargo él no era alguien que dependiera de otras personas, así que podría con esto.
—Dai-chan, ¿qué pasó? —preguntó Momoi en un susurró, viendo a su amigo, realmente preocupada.
Seguramente si Kuroko no se hubiera ido detrás de Kise, este también le hubiese preguntado.
—No es nada, Satsuki, déjame tranquilo —replicó Aomine con brusquedad y pasó a acostarse en el sillón de la sala de espera, con los brazos detrás de su cabeza, pretendiendo dormir.
Sin embargo, solo fue capaz de cerrar los ojos, porque su mente no dejaba de maquinar cosas. ¿Y ahora que mierda pasaría con esto?, todavía no comprendía del todo el maldito vinculo que Kagami tenía con Himuro, aunque este ya recordara todo, para él era obvio que no eran simples hermanos. ¿Y entonces qué? ¿Qué haría? ¿Cómo se supone que estaría ahora? Tal vez fuera mejor para él largarse de ahí ahora mismo, pero simplemente no podía, ya que le preocupaba Kagami por su herida, aunque este ahora mismo estuviera siendo acompañado por otro tipo.
Nunca se había sentido así de vulnerable y mal, nunca. Ni en su primera derrota en basquetbol, ni cuando estaba descubrimiendo que estaba enamorado de Kagami, ni así. Y para su maldita mala suerte, las palabras que Himuro le dijo aquella vez que discutieron, seguían presentes y repitiéndose en su cabeza como un jodido disco rayado.
"Lo que nos une a Taiga no se romperá simplemente por qué él se haya fijado en alguien más".
Aomine gruñó y tensó la mandíbula.
Kuroko no tardó en regresar a la sala de espera del hospital, donde estaba ahora, pues a Kise lo habían ingresado de urgencia a una cirugía para cerrarle las heridas de las piernas por los roces de bala. Tenía tantas cosas en la cabeza ahora, que hasta se olvidó que Midorima seguía sin saber de la situación, porque no respondía a su celular. Aunque si lo pensaba mejor, era mejor así. Y tampoco había avisado a la madre de Himuro ni a la de Kagami—a esta última no sabía si sería muy correcto debido a la pelea que este chico le contó que tuvo por el hecho de ser novio de Aomine. Pero no podía dejar de pensar en el gesto que el rubio tenía al venir siendo cargado por el peliazul, porque hacía tanto tiempo que no veía esa expresión en el rostro de su novio, desde que estaban en secundaria prácticamente.
Cuando Kise estaba enamorado de Aomine.
Tetsuya sacudió la cabeza, debía alejar esos pensamientos, porque conociendo a su novio, era obvio que se dejó llevar por la situación, además de que se notaba la muestra de apoyo que le daba al moreno. Y el peliceleste ya sabía a qué se debía a eso, le bastó con solo ver la mirada que le dedicó Kagami a Himuro, y el rubio se lo confirmó antes de ingresar a la sala de cirugía.
—Aomine-kun —habló Kuroko tranquilamente.
—Ahora no, Tetsu, intento dormir un rato —dijo Aomine con los ojos cerrados. Si los abría y veía a su amigo, estaba seguro que todo quedaría al descubierto, de cómo se sentía, porque era bien sabido lo observador que era este.
El peliceleste suspiró. Bueno, el hospital no era buen lugar para hablar de estos temas.
—No te precipites al actuar —fue lo único que dijo y mejor se centró en llamar a las respectivas madres de sus amigos.
Momoi veía la escena realmente inconforme, no le gustaba la pinta que tenía el ambiente, parecía como si estuvieran enredados. Como si el hilo rojo de cada chico se hubiera hecho un tremendo nudo y no fuera capaz de desenredarse, porque estaban jalando los hilos.
Todos se quedaron en un silencio incómodo, seguramente si Murasakibara no hubiera tenido la pereza de venir, solo se oiría como este comía.
Los minutos también pasaban en silencio en la habitación donde estaba Kagami, a quien tuvieron que anestesiar superficialmente para cerrarle la herida de la frente con cinco puntos. Pero ni siquiera pareció consiente de lo que le hacían, porque su mirada estaba fija en Himuro, que estaba sentado en otra cama, donde le limpiaban la herida de su mejilla.
En ese momento, el pelirrojo recordó aquella vez, cuando cumplió quince años…
Aunque la relación entre Kagami y Himuro se podía catalogar como novios, lo mantenían en secreto porque así era más fácil para ellos pasar tiempo juntos e incluso dormir juntos. Muchos pensarían que no era un noviazgo serio, todavía eran unos chiquillos adolescentes, pero la pasaban bien.
Pese a lo diferentes que eran, porque uno era como un tigre y el otro como una gacela, no solo en sus gestos físicos, también sus personalidades eran completamente opuestas. Pero no por ello no encajaban, porque de alguna manera lo hacían.
Aquel día, Alex y su padre le felicitaron y como el pelirrojo no era alguien muy sociable, no hicieron fiesta, simplemente pidió un viaje en compañía de su "hermano" Himuro, aprovechando que estaban de vacaciones. Ambos padres consideraban responsables a sus hijos, sabían bien que no eran dependientes, si incluso más de una vez Kagami tuvo que ir solo a Japón por unos asuntos familiares con su madre que quería pasar tiempo con él, hasta que desistió y era ella la que se había venido a vivir a América.
Yuu le concedió a su hijo pelirrojo un viaje a Inglaterra, acompañado de Himuro.
Ambos chicos tenían un cuarto suite de hotel para ellos solos, cosa que era perfecto. Podían hacer muchas cosas los dos juntos, sobre todo ahora que Tatsuya había estado leyendo ciertas cosas en internet sobre las parejas homosexuales masculinas y sus relaciones sexuales. Anteriormente solo habían sido capaces de llegar a las felaciones y el coito interfemoral, pues no era muy seguro hacer algo más en la misma casa con sus padres a punto de llegar del trabajo, o Alex, que era la que más tiempo pasaba con ellos al jugar basquetbol.
Una vez estuvieron en Inglaterra, Himuro se encargó de conseguir lubricante de manera discreta, así como otras cosas cómodas para la primera vez, mismo hecho sería el regalo para Kagami; le daría su virginidad.
Kagami había estado desconcertado por unos momentos, luego de haberse pasado besándose mucho rato sobre la cama, desnudándose y acariciándose cada parte de su piel, irradiando una frescura acogedora.
—Quiero que tomes tu regalo, Taiga, tu regalo de cumpleaños —susurró Himuro, dejando un beso en el abdomen ajeno luego de haber acabado la felación que le hacía.
— ¿Mi regalo? —Kagami le miró jadeando y sonrojado por la anterior actividad— Me basta contigo, Tatsuya, solo eso —musitó, avergonzado. Ya había pasado un año desde que comenzó todo, y aunque estuviera agarrando experiencia poco a poco, todavía seguía siendo un tanto pudoroso o vergonzoso en varios ámbitos.
—Sí, yo soy tu regalo, pero quiero que me tomes bien —Himuro se sentó en la pelvis ajena, puesto el pelirrojo estaba sentado en la cama y rozó suavemente sus glúteos contra el pene de su chico, apretándolo.
Los dos ahogaron un gemido.
—T-Tatsuya, yo… —Kagami le miró atento— ¿Estás seguro? No será tan fácil como parece… —su rostro estaba colorado con solo sentir como los glúteos de su novio masajeaban su ahora erecto pene.
—Compré lubricante —masculló Himuro con una sonrisita avergonzada. Pero luego su mirada se volvió provocativa—. Y está bien, porque te amo —y se acercó a besar otra vez los labios del pelirrojo.
Taiga estaba encendiéndose y dejándose llevar, si bien no pudo responder a las palabras de amor del pelinegro, le demostró lo mucho que le amaba con ese ósculo.
Todo el proceso tardó más tiempo del esperado, puesto el pelirrojo no tenía delicadeza, pero fue lo bastante paciente para hacer que aquella primera vez fuera digna de recordar.
Aquella primera vez en que sus corazones se hicieron uno y que una vez unidos, jamás se separarían.
—Hemos terminado —avisó el doctor con una sonrisa, vendando la cabeza del pelirrojo con firmeza—. Puedes irte; tu receta será ésta. El golpe no fue realmente grave, bastará con las pastillas y que reposes, pero si sientes más molestias, no dudes en venir.
—Oh, eh… Gracias, doctor —se despidió Kagami y se incorporó de la cama donde estaba acostado.
En la habitación Himuro lo esperó para salir juntos.
— ¿En qué pensabas, Taiga?
— ¿Hm? ¿Por qué quieres saber?
—Porque me veías… Hace rato me veías como aquella vez que fuimos a Inglaterra y… —Himuro se mordió el labio, suspirando con el recuerdo.
—Estaba pensando en eso —Kagami sonrió ligeramente.
El pelinegro le miró y sonrió también.
—Aún tenemos mucho de qué hablar —dijo Kagami nuevamente.
—No te presiones —repuso Himuro. Porque sabía que aunque se sintiera feliz porque el pelirrojo le recordaba, estaba el asunto del moreno.
No esperaba que Taiga lo eligiera a él a la de ya, pero tampoco quería presionarlo. Ahora las cosas estaban justas, se podría decir y confiaba en su relación, porque de cierta forma, seguían comprometidos.
Cuando llegaron a la sala de espera, se encontraron con un alboroto.
Asdlsdkjasdldasljaslsd, yo les dije que el verdadero drama y angst estaba por venir(?). Esto es apenas el comienzo de todo, eh, así que solo digo que se preparen x'D.
¿Qué piensan ustedes? ¿Qué opinan del capítulo y cómo creen que hará Kagami para salir de esto? ¡Dios! Realmente me encantaría saber su opinión respecto a lo que está pasado, me ayuda y anima bastante, eh ;w;
Bueno, no creo tardarme en actualizar otra vez, al menos en todo el mes de Diciembre y parte del de Enero.
Nuevamente agradezco a todos por el tiempo que invierten leyéndome y dejando comentarios, aldjkaldsl, ¡los amodoro! Besos.
