¡HOLAAAAA! ¡Finalmente estoy de regreso en ésta historia, ains!

Joder, tengo desde varios meses esperándolos, lo sé, ¡lo lamento mucho! Pero como he dicho en mis otras historias, he tenido varios contratiempos y la universidad consume xd. Sin embargo, como sigo de vacaciones ahora ya me di el tiempo de venir a actualizar aquí, porque estuve atendiendo las demás historias que tengo.

Bueno, a ésta historia aún le queda muchooo camino, así que tienen para rato.

No los entretengo más, disfruten el capítulo :3


Himuro y Kagami se quedaron sorprendidos de ver como sus madres estaban discutiendo ahí, así como de alguna Kuroko intentaba calmar a las dos mujeres.

— ¡Taiga, cariño, oh, cariño, ¿qué te pasó?! —exclamó Mika, ignorando por completo a la rubia y ahora dirigiéndose hacia su hijo. Pero cuando se percató de la presencia del chico pelinegro, jaló del brazo a su hijo— ¡Te había dicho que nunca te acercaras a Taiga, mocoso degenerado!

Aomine también estaba ahí y frunció el ceño por eso. Claro que no se iba a meter, pero esa escena se le hizo un deja vu.

—Suéltame, madre —Kagami se liberó de un jalón y se apartó de su progenitora con desdén.

— ¡Pero Taiga, ese chico es una mala influencia! —Mika pareció desesperada— Por él… ¡Él fue el culpable de tu accidente hace dos años, él te hizo sufrir mucho! —inventó. Todavía ignorando el hecho de que su hijo no caería en esa simples mentiras cizañadas por una sencilla razón.

— ¡Deja de mentir! —rugió Kagami, con ira y tomando una pose defensora frente al pelinegro— Ya me has mentido estos dos malditos años, ¿por qué no te detienes ya?

Mika palideció. Su hijo le habló con ese tono frío y seco como aquella vez en que discutió por el tema de la relación con Himuro, eso ahora solo quería decir una cosa.

—Taiga, tú… Tú…

—Sí, he recordado todo —completó Kagami, como si sacara hiel por la boca.

Los ojos azules de Aomine le miraron con atención, examinándolo. Ahí estaba otra vez esa maldita actitud frente al emo ese. Mierda, ¿por qué solo se quedaba mirando? ¿Por qué cojones de alguna forma ahora se sentía tan ajeno?

—T-Taiga tú… ¡Tú no entiendes que hice esto por tu bien! ¡Para alejarte de ese mal nacido…!

— ¡No te permito insultes a mi hijo, estúpida! —Alex le dio tremenda bofetada a la madre del pelirrojo, que dejó a todos callados e impresionados— Ya mucho hiciste enviando a que Yuu intentara chantajearme, pero gracias al cielo él sí pudo entender a tiempo la situación y no se pudrirá el alma como tú, Mika.

La progenitora le iba a devolver el golpe a la rubia, pero la mano de Kagami le sujetó la muñeca.

—Ya, madre. No estás aquí para insultar nadie y yo no requiero de ti, ya soy un adulto ahora.

—Taiga…

—Es justo como aquel día, madre. Sí esa sigue siendo tu respuesta, no pretendo estar contigo —recordó Kagami con el gesto grave—. Así que, por favor vete.

Mika alzó el rostro con dignidad y miró a su hijo.

—Solo quería ver como estabas, pero veo que no estás tan grave después de todo, porque sigues siendo un hijo malagradecido.

El pelirrojo simplemente la miró sin decir nada, bueno, ya estaba cansado de pelear con su madre y ahora tenía en su cabeza otras cosas.
Ante el silencio y las miradas acusadoras, Mika se fue de ahí.

— ¡Oh, Tatsuya! ¿Estás bien? ¿Qué fue lo que les pasó? —Alex se abrazó a su hijo pelinegro, besándole la frente y luego vio al pelirrojo con preocupación— Cuéntame, Taiga.

—Unos tipos nos empezaron a seguir cuando íbamos para tu departamento —empezó Kagami—. Luego de tanta persecución, lograron sacarnos de la ciudad y bueno…

—Chocamos contra un árbol y despertamos en una habitación a varios kilómetros más adelante, que era un burdel, creo —agregó Himuro.

Alex puso sus ojos verdes en el pelirrojo y sonrió cariñosamente.

—Pero, más que nada, me alegra que hayas recuperado tu memoria, Taiga.

—Hah, sí… —Kagami sonrió y asintió.

La mujer rubia luego se concentró en su hijo y en como Kuroko le explicaba algunas cosas de los posibles responsables, pero Kagami no prestó atención a nada.

Su vista estaba perdida en algún punto, pese a que sentía la mirada profunda de Aomine sobre su cara. Y eso solo hizo que uno de sus tantos recuerdos recuperados se adueñara de su mente otra vez…


Era el cumpleaños número diecisiete de Himuro y gracias a sus excelentes dotes en la cocina que poseía Kagami, este había decidido hacerle chocolates en forma de bolitas al pelinegro, como parte de su regalo, porque le gustaba consentirlo con la comida y sus postres favoritos.

Taiga, te vez tan apuesto con ese delantal —musitó Himuro con una sonrisa, recargándose en la barra de la cocina, mientras que el pelirrojo terminaba de verter el chocolate caliente y líquido en los moldes.

Deja eso, Tatsuya, me desconcentras —refunfuñó Kagami, pero luego sonrió y pasó su brazo por la cintura de aquel cuerpo para besarlo, aunque en la otra mano tenía sujeto el recipiente de los moldes de chocolate.

Ya llevaban tres años de noviazgo, sorprendente todavía seguía siendo un secreto para sus padres y el mundo. Solo esperarían hasta cumplir los dieciocho años para poder ser más libres en su relación, ambos lo comprendían, aunque había veces en las que a los chicos no les gustaba contenerse por algún suceso.

Vaya, te cortaste por lo que te dije, ¿no? —rió Himuro, tras terminar el beso, causando un chasquido— Yo me hago cargo.

Kagami no dijo nada, solo vio como los finos labios del pelinegro comenzaron a chupar su dedo, lamiéndolo de manera inocentemente provocativa. Pese a la experiencia que ahora tenía, todavía seguía avergonzándose por ciertas cosas.

Como en esta ocasión, sin embargo, sonrió ladino.

No hagas eso aquí o no podré esperar hasta que el chocolate se enfríe —repuso Kagami, inclinándose para besar la frente ajena.

De todos modos se calentaría luego —aventuró Himuro con risita, porque era obvio que todo ese chocolate que su novio preparo no sería para comer. Al menos, no de la manera convencional.

En respuesta, los ojos de Kagami brillaron con diversión y cierto deseo, a lo que Tatsuya le terminó poniendo chocolate en los labios para así besarlos lentamente, mordiéndolos y succionándolos uno por uno, inferior y superior.

El pelirrojo suspiró por eso y dejó el recipiente de chocolates en la barra, para sujetar de la cadera al pelinegro con fuerza y crear un beso frenético y profundo. Uno en el que sus lenguas no estuvieron presentes, porque ese ósculo más que nada fue tierno.

Feliz cumpleaños, Tatsuya —susurró Kagami a la vez que besaba ese cuello que lo enloquecía.


Taiga cerró los ojos unos momentos por ese recuerdo y apretó los labios.

¡Agh! Sentía tanta maldita frustración por todas las cosas que había olvidado, por todas las cosas que dejó atrás, se sentía como un vil traidor, a pesar de que parte de su ser sabía no tenía la culpa, porque todo pasó por el accidente ese, donde estaba manejando… Y donde no pudo proteger a Himuro.

Genial, como si ya no se sintiera mal, ahora una emoción más se añadió a su mente y pecho.

Gracias a aquella discusión con su madre hace unos momentos, fue inevitable que no recordara aquel momento en que fueron descubiertos…


La lluvia caía esa vez con fuerza, afortunadamente no habían truenos ni nada por el estilo, porque si no sería un problema para Kagami el no poder oír los gemidos de su amado pelinegro.

Himuro estaba moviendo las caderas al compás de las embestidas con que arremetía el pelirrojo, golpeando su punto especial desesperadamente, haciéndolo vibrar desde lo más hondo de su corazón. Él estaba en cuatro, apretando una almohada y con los cabellos alborotados, sonrojado y gimiendo suave y fuertemente,

Agh, tan hermoso que eres, Tatsuya —jadeó Kagami, pues su pareja tenía el rostro de lado y podía ver perfectamente como abría la boca para gemir.

El interior del pelinegro le apretaba con fuerza descomunal, le hacía sentir en el cielo, era una pasión desbordante no de lujuria, aquí se notaba cierta inocencia en todos los actos. Porque pese al calor sofocante del ejercicio íntimo sexual, ambos cuerpos y acciones eran capaces de crear una frescura acogedora, algo que les teñía el corazón y los alzaba.

Afortunadamente, ese día tenían la casa para ellos solos, por obra y gracia de Alex, puesto ella fue la primera en saber de su verdadera relación, pues su sexto sentido de madre se lo decía cada que veía a Tatsuya y aunque al principio habló con los chicos, alegando también eso de que eran hermanastros, guardó el secreto. Quizá no lo aceptó tan rápido, para ella no era fácil ver a dos chicos que consideraba como sus hijos que pasaban como hermanos ante la sociedad, teniendo una relación de pareja. Pero ella tenía una mente abierta, dado que era bisexual y no veía nada malo en que dos chicos se amasen.

Por eso es que podían tener más seguido la casa para ellos solos. Aunque a Alex no le parecía correcto que lo escondieran de Yuu, mas Kagami y Himuro habían dicho que lo harían al cumplir los dieciocho, por cualquier cosa.

Cuando los dos muchachos culminaron en un orgasmo, cansados, Kagami abrazó por detrás al pelinegro, repartiendo besos por toda su espalda y cuello, con cariño, haciendo a Himuro sonreír y suspirar.

Deberíamos bañarnos…

¿Y tener otra ronda? —inquirió Kagami, aparentemente haciéndose el desentendido.

Tal vez… —Himuro le vio travieso, pese a su rostro tranquilo.

Se pasaron toda la tarde haciendo el amor tantas veces, que de no ser porque los dos eran deportistas, no hubieran aguantado el ritmo.

Ya habían salido del baño, envueltos cada uno en una bata celeste, así bajaron del segundo piso para prepararse un bocadillo y ver una película en la habitación. Sus padres llegarían hasta mañana, así que no habría problema.

Los dos chicos empezaron un pequeño juego de atrapadillas, en donde Himuro le había quitado al pelirrojo el traste que contenía una ensalada de carne, la cual no le dejaba probar.

¡Tatsuya, regrésalo! —exclamó Kagami, no con furia, al contrario, sonreía.

Primero debes atraparme, Taiga —Himuro sonrió y comió una bolita de carne de la ensalada.

La carrera no duró mucho y cuando Kagami atrapó finalmente a su pareja, le sujetó del rostro con una mano y con la otra la cadera, para morderle el cuello como castigo. Himuro simplemente suspiró y rió, poniéndose una bolita de carne en la boca y animando que el otro la comiera con él.

Y Taiga así lo hizo, junto sus bocas para morder aquella carne, pero tan pronto masticó, devoró los labios ajenos con saña, así que Tatsuya tuvo que dejar sobre el sofá el tazón de la ensalada—ambos chicos estaban sentados ahí ahora— para acariciarle el pecho al pelirrojo.

El beso poco a poco pasó de ser uno tierno a ser uno apasionado, con Himuro sentado a horcajadas sobre Kagami, quien le acariciaba las piernas, subiéndole poco a poco la bata.

Sin embargo, lo que el pelirrojo había olvidado, es que su madre, Mika, tenía el duplicado de la casa, luego de convencer a su padre, para que así pudiera visitarlo cuando quisiera.

Taiga, cariño… —Mika sonrió cuando le pareció escuchar a su hijo, pero su cara se llenó de horror con la escena que vio al llegar a la sala— ¡¿PERO QUÉ ES LO QUE ESTÁN HACIENDO USTEDES DOS?!

Los dos chicos se sobresaltaron y al apartarse, el tazón de carne se derramó en el suelo, quebrándose.


Kagami se sintió con frustrado tras ese recuerdo. A veces pensaba que si hubiera sido su padre él que los hubiera encontrado así, las cosas no hubiesen sido tan destructivas luego.

Sin darse cuenta, tenía una postura un tanto tensa.

—Kagami-kun, ¿estás bien? —preguntó la calmada voz de Kuroko, viéndolo con atención.

—Ah…, sí, solo me dolió la cabeza —mintió Kagami.

El peliceleste hizo que le creyó.

Justo en ese momento, los ojos rubíes de Taiga, se encontraron con los zafiros de Daiki. Sus miradas no se apartaron, parecía como si hablaran así, pero no lo hacían, aunque si eran capaces de leerse mutuamente.

Aomine sentía la tremenda confusión, frustración y desesperación del pelirrojo, que incluso se sintió aturdido y preocupado, pero no sabía qué hacer con ello, solo mirar. En ese terreno, él no sabía que actuar, porque ahora sentía que el Taiga que veían sus ojos, no era el mismo.
Kagami, sentía el descontento, la ansiedad e irritación del peliazul por toda esta situación que no comprendía del todo, pero que se daba una idea. Tampoco sabía que decir ahora, ¿cómo empezar?

Y además, el lugar no era el apropiado.

Bien podrían irse los dos, pero tal parecía que ninguno daba iniciativa con el pretexto de "esperamos saber cómo estará Kise". Añadido que no ayudaba mucho que Himuro siguiera ahí, es decir, él entendía que el pelirrojo debía hablar con el peliazul, pero no quería dejarlo solo cuando notaba su frustración y confusión, porque si, el pelinegro también podía notarlo, aunque no con la misma claridad.

No del mismo modo en que se comunicaba Kagami con el moreno, que parecía casi telepáticamente y con las miradas, sin necesidad de tocarse.

Himuro y el pelirrojo siempre se leyeron con la forma física, es decir, por acciones del otro, sí se tensaba por segundos, si repetía mucho un gesto o cosas así.

En ningún momento los orbes rubíes y zafiros dejaron de verse, hasta que el doctor ahí hizo acto de presencia para informarles el estado de Kise, ¿cuánto tiempo es que pasaron viéndose?

—Doctor, ¿cómo está Kise-kun? —preguntó Kuroko con una ligera nota ansiosa en su voz, pese a su inexpresión.

—Él está bien, la operación salió muy bien. Ahora está descansando en la habitación, todavía no ha despertado.

— ¿Puedo ir a verlo? —cuestionó otra vez Kuroko, frunciendo por unos segundos los labios.

—Claro, pueden pasar. Pero uno por uno —el doctor asintió, con gesto serio.

Por esa interrumpción, la atención de Kagami volvió a perderse, con su mirada en otro lado que no era Aomine, este último de igual modo había roto la conexión visual y cuando regresó la mirada hacía el pelirrojo, sintió un mar de dolor, por toda la incertidumbre. Era obvio también que Kagami estaba pensando en algo más, su expresión con un tinte de anhelo lo dejó claro.


Ya había pasado un año desde que Kagami dejó la casa de su padre para irse con Himuro a otro estado, gracias a que los dos tenían buenos ahorros, no hubo problema alguno, al menos para encontrar un lugar sencillo donde quedarse, así podrían mantenerse en lo que conseguían un trabajo. Cosa que era algo difícil, porque su padre, Yuu al ser bastante conocido, les causó ciertos problemas donde debían ser discretos sino querían que este los encontrara.

Más de una vez, Kagami pensó que su padre recurriría a la policía o su madre, por ser ambos menores de edad todavía—por ello dejaron evidencia donde no responsabilizaban a Alex, para no meterla en problemas—, pero no fue así, lo que supuso un alivio.

Tatsuya había elegido un mini departamento, bastante acogedor y barato. No les costó acostumbrarse a su cambio de vida social, además se amaban bastante como para que el dinero les hiciera perecer sus sentimientos. Ya habían logrado superar los celos de habilidades—al menos por parte del pelinegro—, así que podrían con ello. Este mismo consiguió trabajo como cajero de un restaurante y Taiga como el cocinero de ese mismo lugar.

Si bien sus ingresos eran bajos, podían mantenerse mutuamente, además que luego de tres meses de su nueva vida, Alex consiguió contactarlos y les ayudaba con los gastos de la renta, porque ella apoyaba a sus hijos.

Las mañanas en aquella habitación pintada de color pastel que impedía que los rayos del sol brillaran ahí y por eso siempre amaba dormir ahí, siempre eran tranquilas y perfectas.
Aunque no era solo por es que era lo mejor de despertar ahí.

El olor que llenaba su nariz era relajado, fresco. Esa presencia le llenaba de paz, lo hacía sentir tan bien. Esa esencia que liberaba Himuro siempre, era como una droga para él.

Besó ese cuerpo terso más de una vez, abrazandolo con fuerza y hundiendo su rostro en el pecho ajeno. Qué bueno que era fin de semana, así podía pasar todo el día en la cama con él sin necesidad de ir a trabajar.

Taiga… —susurró Himuro, despertándose con una suave sonrisa y acariciando los cabellos rojos de su novio con cariño— Me haces cosquillas —se estremeció ligeramente al sentir la respiración ajena en su pecho y por ello hundió su rostro en los cabellos ajenos de olor silvestre y fuerte.

Estoy feliz —repuso Kagami con una sonrisa y acarició la espalda ajena, pasando por su cintura y cadera también sin doble intención.

Yo también —Himuro sujetó del rostro al chico para alzarlo y poder besarlo cariñosamente.

El pelirrojo correspondió de inmediato, disfrutando el chasquido de sus labios en contacto con los ajenos y mientras ese ósculo continuaba, jaló de la cintura al pelinegro para situarlo encima de su cuerpo. Himuro se embrocó sobre su novio, acomodando sus piernas en cada costado, casi sobre la pelvis ajena; sintió como las manos de Kagami le recorrían su espalda, así que él le acarició los brazos y pecho. Ambos chicos estaban desnudos, siempre dormían así.

No podemos quedarnos todo el día en cama, Taiga —dijo Himuro con la respiración agitada, rompiendo lentamente el beso, pero dándole un lametón a los labios ajenos.

Kagami suspiró descontento, pero sonrió por el otro gesto.

Supongo que para eso será utilizada la tarde, ¿no? —de otro giro, dejo ahora el cuerpo del pelinegro debajo suyo.

Himuro sonrió y le acarició las mejillas, rozando sus narices en un gesto dulce.

Hace mucho que no jugamos basquetbol, quiero jugar contigo hoy.

Es cierto. De acuerdo, vamos a la cancha de siempre y ahí jugaremos —Kagami le miró a los ojos acarició los labios ajenos con su dedo pulgar al sujetarle el rostro.

Taiga —llamó Himuro, viéndole aparentemente serio con intensidad.

¿Hm? —Kagami correspondió esa mirada.

Te amo —Himuro dio un corto beso al chico y sonrió.

Kagami sonrió de igual modo, a tantos años de relación, ya no se avergonzaba por expresar sus sentimientos, al menos no con su pareja.

Y yo te amo a ti.

¿Sabes? Hoy cumplimos cinco años de estar juntos —recordó Himuro, abriendo un poco sus piernas para que el pelirrojo se acomodara mejor al estar sobre de sí.

Los dos se estremecieron ligeramente, porque cierta parte de su cuerpo entró en contacto.

Lo sé, Tatsuya, y cada día que pasa me convenzo más de que solo quiero estar a tu lado —expresó Kagami, besando el cuello ajeno, con algo de nerviosismo sin entender por qué.

El aludido chico suspiró y ladeó la cabeza para darle más espacio al otro.

Taiga, yo no dudo en vivir toda mi entera existencia contigo —Himuro le abrazó con fuerza.

Sus corazones empezaron a latir desbocadamente, que incluso ellos mismos los sentían contra su pecho, al estar abrazados así.

E-entonces… Hagamoslo, Tatsuya —ahora Kagami comprendió porque el nerviosismo inicial y pese a que sintió algo de vergüenza, alzó el rostro para ver intensamente a los al otro—. Compartamos toda nuestra vida juntos, tú y yo.

Los ojos de Himuro se abrieron como platos y una felicidad desbordante se creó por todo su pecho.

T-Taiga…, tú, ¿acaso estás diciendo que…n-nos casemos? —su rostro se ruborizó ligeramente.

Kagami le miró decidido y asintió, ruborizándose del mismo modo.

Incluso he dejado a mi madre y padre para estar contigo, no podría estar más seguro de que solo quiero estar toda mi vida contigo.

Hah… eres un tonto —Himuro frunció los labios y sonrió, con sus ojos cristalizándose unos momentos. En efecto, este era uno de los mejores días de su vida—. Pero acepto, acepto compartir toda mi vida junto a ti, Taiga.

El pelirrojo sonrió de oreja a oreja, ansioso y plenamente feliz.

Y entonces, ese día, se olvidaron de salir a jugar, prefiriendo quedándose en la cama, haciendo el amor todo el día.


El corazón de Kagami dio un vuelco por ese recuerdo y de pronto sintió una profunda tristeza, así como un nudo en la garganta. Frunció el ceño y cerró los ojos unos segundos. Sus emociones estaban desatadas, porque todavía podía sentir la felicidad de ese recuerdo, pese a los dos años que ya había pasado. Maldita sea, pensó.

Qué suerte que Aomine no estaba ahí para ver esa expresión dolorosa en el rostro de Kagami, porque se fue a ver a Kise junto con Momoi, sino, seguramente ahí no hubiera podido más y el show empezaría.

Himuro veía al pelirrojo, pero no decía nada, porque estaba seguro no le escucharía, ya que seguía viéndose ensimismado en los recuerdos y casi podía predecir lo que seguramente estaba recordando. De modo que, lo único que pudo hacer, fue sujetarle de la mano.

Kagami le devolvió el agarre por inercia, porque en efecto, su mente estaba justamente donde todo esto empezó.


La pareja de chicos ahora comprometidos, estaban yendo a Las Vegas, ahí se podrían casar rápido y sin tanto jaleo. Alex incluso iría, le avisaron, aprovechando que Taiga ya era mayor de edad desde hace una semana.

Estaban completamente felices, no solo porque ese día se casarían, sino porque como regresaron al juego de basquetbol cada fin de semana, un trabajo espléndido les llegó a ambos, porque resultó que uno de los técnicos de los profesionales llegó para recolectar talento como raraz veces hacían. Y por supuesto que lo encontró en Kagami y Himuro, no dudando en ofrecerles el trabajo, mismo que habían aceptado, además de que estarían en el mismo equipo, que resultó ser mejor, porque seguramente para los dos ahora sería más difícil separar sus emociones si se enfrentaran en un partido.

De modo que ya tenían un nuevo trabajo mucho mejor y la vida parecía sonreírles en todo su explendor.

Taiga era quien iba manejando, aunque al principio le había dicho a Tatsuya que mejor se fueran en algún transporte para que así descansaran mejor, aunque gastaran más.
El automóvil donde iban, se los prestó uno de sus amigos que hicieron al jugar basquetbol.

Eran como las seis de la tarde y ya les faltaba menos de medio camino para llegar, ambos chicos iban platicando animadamente a la vez que Himuro le iba dando de comer a su pareja para que no se desconcentrara del camino.

Todo estaba tranquilo, hasta que una camioneta se hizo presente en la carretera. No era como los demás que iban por ahí, porque les dio un empujón de advertencia.

¿Quién mierda es ese tipo? —bufó Kagami, completamente molesto.

Tranquilo, Taiga, tal vez solo quiere pasar. Dale el paso —contestó Himuro, frunciendo ligeramente el ceño y viendo por el espejo retrovisor.

Podría tocar el claxon —Kagami frunció el ceño. Pero este sería un excelente día, así que no quería arruinarse el humor por otros idiotas, así que se hizo a un lado para dejarlo pasar.

Pero la famosa camioneta los igualó en el camino y empezó a empujarles el automóvil.

¡Pero, ¿qué mierda?! ¡¿Intenta sacarnos del camino?! —bramó Kagami, ahora sí, furioso. Así que no lo pensó y aceleró.

Taiga, no conduzcas tan rápido, ten cuidado porque estamos en el sentido contrario —dijo Himuro, ahora preocupado, mirando atentamente la calle. Todavía no venía algún carro en ese sentido, así que por ahora estaban bien.

Ya lo sé, pero no puedo dejar que esos imbéciles nos saquen —Kagami tenía una expresión fiera en el rostro—. No me perdonaría si te pasara algo, Tatsuya.

Taiga… —Himuro le miró y sonrió ligeramente. Ah, como lo amaba.

Recibieron otro empujón que les hizo romper el momento y el pelirrojo gruñó. La camioneta seguían alcazandolos y no les dejaba regresar al mismo carril de al principio, los iba presionando y dando empujones.

Sujetate, Tatsuya —ordenó Kagami con fuerza, completamente concentrado.

Taiga, ¿qué…?

Himuro no pudo completar la frase, porque el chirrido de los neumáticos no lo dejó y tuvo que agarrarse bien de su asiento por la tremenda voltereta que el pelirrojo hizo.
Estaban regresando.

Lo siento, pero debo hacer que los perdamos —aclaró Kagami.

Mas la persecución no se detuvo ahí, porque la bendita camioneta hizo lo mismo y sin complicaciones, volviendo a empujar el automóvil de los dos chicos.

Por la anterior voltereta que Kagami dio, ahora iba manejando en el carril contrario, ya que iban de regreso. Estaban en plena autopista y debía pensar en algo o rápido.

¡Taiga, cámbiate de carril! —exclamó Himuro, intentando alejar el pánico de su ser, cuando otro auto particular apareció.

Mierda —pero Kagami logró cambiarse al carril correspondiente justo a tiempo.

Parece que ya lo perdimos —suspiró Himuro, viendo hacia atrás.

Mientras ese maldito siga ahí, no podremos llegar. Tendremos que quedarnos en algún pueblo cercano, porque conducir hasta regresar sería peligroso también —comentó Kagami, alterado todavía.

La tranquilidad solo les duró cinco minutos, porque de la nada, otra camioneta de diferente color llegó tras ellos hasta situarse a su lado y les empujó con fuerza.

¡¿Hay otra?! —Kagami apretó los dientes.

Iba a intentar dar otra voltereta, pero no fijó su vista hacia delante, porque como iba en el carril correcto, jamás pensó que otra camioneta llegara desde el frente.

¡Taiga, cuidado! —gritó Himuro, ahora sí preso del pánico.

Pero Kagami no pudo hacer nada y aquella nueva camioneta les empujó con fuerza desde frente de un jalón, para luego darles otro remate por detrás. Todo sucedió tan rápido, que lo único que los dos chicos pudieron hacer, fue tomarse de las manos, mientras por el impacto, la consciencia les abandonaba y su automóvil caía por el barranco.


—Kagamin, ya puedes ir a ver a Ki-chan —avisó Momoi por tercera vez, con los ojos bastante preocupados de ver como el pelirrojo empuñaba las manos.

—Taiga, ya puedes ir a ver a tu amigo —dijo Himuro también.

—Ah, sí, lo siento. Ahora voy —Kagami sacudió la cabeza y suspiró.

A Momoi no se escapó el dato de que aquel pelinegro tenía sujeto de la mano al pelirrojo. Himuro le soltó justo cuando Aomine estaba regresando también, acompañado de una enfermera.

— ¿Taiga, Tatsuya? —dijo la enfermera, sorprendida de ver a los chicos.

— ¡¿Anna?! —exclamaron tanto Himuro como Kagami al ver a una de sus amigas que conocieron en sus juegos de basquetbol callejero, pero que tuvo que irse de América por razones familiares.

— ¡Dios santo, sí son ustedes! ¡Qué alegría volver a verlos! —Anna saludó efusivamente— ¿Cómo han estado chicos? Lo último que supe de ustedes es que se comprometieron, ¿para cuándo es la boda? ¿O ya se casaron? —preguntó con una gran sonrisa.

Aquella declaración dejó a todos los presentes impresionados y sin habla, incluso a Kuroko—que apenas venía de ver a Kise— lo dejó estático.

Hubo un silencio sepulcral, y sí Aomine antes sintió dolor, esto fue mucho peor.


JUASJUASJUAS.

Sí, es una manera muy directa de cómo ahora Aomine se entera de la verdadera relación entre Kagami y Himuro. Pero como saben, mi vena del drama es grande, hahaha.

No diré mucho, porque les dejo un capítulo más. (?)