Un capítulo extra para que disfruten uwu
En la sala, nadie se atrevía a romper el silencio.
Estaba Kagami, que se quedó con la boca seca, porque justamente aquellas palabras tenían que salir cuando cierto peliazul estaba ahí, cuando ni siquiera le había aclarado las cosas y así se enteraba. Y Himuro, en otra ocasión, quizá se hubiera sentido bien, pero no ahora que sabía eso podía traerle problemas al pelirrojo, donde terminaría sufriendo también.
Kuroko y Momoi miraron al peliazul, la chica algo ansiosa, los dos esperando la reacción que tendría, porque ni siquiera en su expresión se podía percibir, pero definitivamente no sería nada buena.
Aomine estaba… destruido interiormente, sí. Podría ser frío, un cabrón, un egocéntrico o narcisista, alguien mandón, todo lo que quisiera, pero enterarse que el chico que amaba estaba comprometido o quizá hasta casado con alguien más a quien no recordaba, era un puto calvario.
Sabía que Kagami no tenía la culpa, sabía bien que él tenía amnesia, mas gracias a esa maldita declaración por parte de esa enfermera, ahora el moreno estaba dudando de todo. Era imposible que no estuviera dudando de los sentimientos del pelirrojo hacía él. Ahora lo comprendía todo, claro, todo fue de un jalón, porque sintió como si el mar completo y frío, le cayera encima, sumergiéndolo en un escozor doloroso en cada célula de su cuerpo. Fue increíble que su expresión no se descompusiera por eso. Aunque luego su mirada se tornó sombría.
No se iba a quedar como el segundo plato en la mesa de Kagami, su orgullo estaba herido casi como lo estaba su corazón y sus sentimientos. Quería golpear y destruir toda la maldita ciudad, quería… quería mandarlos al diablo a todos y ya.
Nunca en su vida había sentido el dolor que parecía que quería dejarlo sin aire y no estaba dispuesto a soportarlo, mucho menos al estar frente a Himuro y Kagami.
Sus hombros se tensaron y su expresión se volvió fiera.
No dijo nada, porque supo que si lo hacía, iba a explotar ahí mismo y no les iba a dar el gusto. Simplemente pasó de largo en la sala y salió de ahí como alma que lleva el diablo.
— ¡Dai-chan, espera! —pidió Momoi, dispuesta a salir tras su amigo, pero el peliceleste la detuvo, sujetándole del hombro con suavidad.
—Momoi-san, es mejor que lo dejes solo ahora, no eres tú quien debe de hablar con él —dijo Kuroko, calmado como siempre y miró al pelirrojo.
Kagami le devolvió la mirada unos segundos, porque su rostro y ojos siguieron el trayecto del peliazul hasta que salió del hospital, extendió la mano como para querer detenerlo, pero la presencia de Himuro le hizo sentir indeciso. ¿Y ahora qué mierda iba a hacer? ¿Qué camino tomaría ahora? Ya sabía que debía hablar con Aomine, pero él pretendía hablar primero con Himuro, es decir, a él le debía más cosas… ¿o no?, pero ahora que el moreno se había enterado de todo así, sabía que también urgía hablar con él.
Apretó los labios con fuerza y maldijo por dentro. Quería ir tras Aomine, sin embargo no quería dejar solo ahí a Himuro.
A los dos les debía una explicación, mas no sabía a quién dársela primero.
— ¿Eh? ¿Dije algo que no debía? —masculló Anna, ahora confundida por las cosas que sucedieron.
—No te preocupes, Anna, pero creo que mejor dejamos nuestra charla para otro día, ¿te parece? —Himuro le respondió con una sonrisa corta.
Anna suspiró y le sonrió.
—Sí, tienes razón. Yo aún debo trabajar —la enfermera de veinticinco años, alta y de cuerpo esbelto con el cabello negro y ojos azules, se despidió de los chicos.
El pelirrojo apenas era consciente de lo que pasaba a su alrededor, se sentía entre la espada y la pared.
—Taiga, no te preocupes ahora por mí. Yo puedo esperar —habló Himuro, mirando al pelirrojo con serenidad.
Los ojos de Kagami volaron al chico.
—Pero, Tatsuya, nosotros…
—Sé bien que tenemos muchas cosas de que hablar —Himuro sonrió débilmente—. Pero parece que es más importante que hables con él ahora.
—Tatsuya…
—Anda, no puedo dejar que las cosas se compliquen más para ti, Taiga —insistió Himuro.
—Ve, Taiga, aquí estaré con Tatsuya —se metió la voz de Alex, que hasta ahora había estado callada y de espectadora. Esto le recordó tanto a los dramas de novelas que leía.
—Kagami-kun, no deberías dudar ahora —susurró Kuroko.
El nombrado chico simplemente asintió y salió corriendo de la sala de espera para luego salir del hospital.
—Tetsu-kun, ¿crees que esto se arreglará? —cuestionó Momoi, sujetándose de las manos y mirando por donde se fue el pelirrojo.
—Seamos positivos —respondió Kuroko, la verdad es que ni él era capaz de saber cómo esto se solucionaría.
Himuro suspiró y se reclinó en la pared, para esperar a su madre que fue al baño. Ahora que el pelirrojo ya no estaba en el hospital, quizá no era prudente quedarse más tiempo ahí.
—Moo, ¿por qué Aka-chin no está aquí? —la perezosa voz de Murasakibara se escuchó en la sala.
Tatsuya pareció reconocer ese timbre de voz, así que fue inevitable que sus ojos volaran hacía el recién llegado.
—Muk-kun, pensé que no querías venir —repuso Momoi, viendo con incertidumbre al gigante chico.
—Aka-chin me dijo que viniera a ver como estaban —explicó Murasakibara, frunciendo los labios. Se notaba que quería comer, mas no podía hacerlo ahí en sala del hospital.
— ¿Por qué no vino Akashi-kun? —preguntó Kuroko, alzando su vista.
—Oh, Kuro-chin —Murasakibara sonrió para alborotar los cabellos celestes del más pequeño—. Él me dijo que tuvo un problema con el arresto y que tardaría —contestó arrastrando las palabras.
El peliceleste frunció el ceño con algo de irritación y dio un manotazo al pelimorado para que dejara su cabello. Aun actitud muy inusual en él.
—Ya veo, pero no hagas eso, Murasakibara-kun —regañó.
—Ah, lo siento, ¿te enojaste? —inquirió Atsushi sin preocupación alguna.
Él es como un niño, pensó Himuro, que no fue capaz de dejar de ver a semejante chico de cabellos morados. Era la segunda vez que lo veía y seguía impresionándose por esa altura tan atípica en los rasgos japoneses, pero de alguna manera, lucía bien en ese chico.
El pelimorado sintió la mirada fija de alguien, por lo que sus orbes buscaron al dueño, encontrándose con ese pelinegro con el que chocó en la noche, ¿cómo es que lo volvía a ver de nuevo y en el mismo lugar que a sus amigos? Eso era raro. Pero no le dio importancia. Sin embargo, Murasakibara no pasó por alto el brillo de nostalgia y tristeza de aquel chico. No le gustó que darse cuenta de eso, le hiciera querer acercársele, pues evitaba siempre los problemas ajenos, era demasiado cansador meterse en asuntos de otras personas.
Contra su voluntad, sí terminó acercándose a Himuro al momento en que abrió una cajita de pocky y se la extendió.
—Puedes tomar uno, los dulces siempre alegran a las personas —comentó Murasakibara con pereza, pero viéndolo fijamente.
—Muk-kun… —susurró Momoi, con los ojos abiertos como platos al ver al otro ofrecer de sus dulces a un desconocido.
Kuroko no dijo nada, pero de igual forma mostró sorpresa en su mirada.
—… Gracias —respondió Himuro, luego de recuperarse de la impresión que sintió cuando el pelimorado se le acercó tanto y de pasó, porque fue capaz de notar su tristeza, siendo que él podía ocultar bien sus emociones. No dudó y tomó uno de los dulces en forma de delgados palillos de galleta, cubiertos de chocolate duro.
— ¿Quién eres? —preguntó Murasakibara, viendo ahora esos labios comer el dulce. No pudo resistirse más y también agarró un dulce, olvidándose de lo que cierto pelirrojo le dijo.
—Himuro Tatsuya, mucho gusto —el chico mordió el pocky y sus ojos grises estaban fijos en los morados—. ¿Y tú?
—Murasakibara Atsushi —el gigante también mordió del dulce, examinando al otro, como si estuviera a punto de comprar el mejor dulce de la tienda.
— ¿Qué pasa con el ambiente que generan esos dos? —quiso saber Alex, de pronto. Porque no hacía mucho llegó del baño y su hijo ni atención le puso por estar hablando con aquel tremendo chico de más de dos metros.
—Podría decirse que Muk-kun quedó atrapado —masculló Momoi con una sonrisita.
—Me parece que esos dos ya se habían visto antes o algo similar, porque Murasakibara-kun no comparte su comida con ningún desconocido —aclaró Kuroko.
—Eso es cierto, a duras penas nos llega a invitar a nosotros —agregó Momoi con un puchero.
—Hm… —Alex observó fijamente a su hijo y al pelimorado, se impresionó por completo del aura que desprendía este último, porque dejaba en claro que jugaba basquetbol y parecía como si fuera un profesional. Por otro lado, también eso fue porque notó que la sonrisa de su hijo, se sentía diferente.
Pero todavía era demasiado pronto para sacar hipótesis o conclusiones.
—Bueno, Atsushi, gracias por el dulce —Himuro terminó de comerse el pocky y sonrió gentil.
—…Hm —Murasakibara asintió, luego de quedársele viendo fijo por casi un minuto tras escuchar su nombre de pila de esa voz tan tranquila. Generalmente quizá le hubiera molestado que un desconocido le llamara con tanta confianza, pero no fue así. Y prefirió no hacer caso a ello.
En ese momento, Himuro por fin se dio cuenta de la presencia de su madre rubia ahí, que le veía.
—Debo irme, Atsushi —se despidió, alzando una mano.
El pelimorado frunció ligeramente el ceño y sujetó la muñeca ajena con firmeza. Antes de que alguien más dijera algo, puso la caja de pocky en la mano ajena.
—Adiós, Muro-chin —Murasakibara lo soltó y se dio la vuelta para irse a sentar junto al peliceleste y la pelirosa.
El aludido parpadeó perplejo por ese acto y de alguna manera, se sintió bien por ese gesto.
—Si me siguen viendo así, me dan ganas de aplastarlos —musitó Murasakibara con desinterés, abriendo una bolsa de palomitas.
Satsuki y Kuroko simplemente intercambiaron una mirada, pero en efecto, todavía era demasiado pronto para empezar a pensar de más.
Kagami había corrido tan pronto piso la banqueta fuera del hospital. No sabía exactamente que camino seguir, simplemente siguió por instinto el trayecto que sería el camino para ir a la casa del peliazul. Pero ya llevaba rato corriendo y aún no lo veía.
El pelirrojo se sentía completamente… mal, sí, mal. Ni siquiera sabía como rayos empezaría a hablar delante de Aomine, porque era más que obvio lo furioso que se fue del hospital. En el fondo de su pecho un sentimiento de temor se alojó, no era una persona negativa, aunque sí realista, mas no quería pensar de más, ni tratar de adivinar que podría pasar cuando se lo encontrara. Solo sabía que debía hablar con él, explicarle que todo estaba muy confuso para él, porque no solo lo amaba a él.
Por más complicada y enredada que fuera la verdad, era así. Los sentimientos de Taiga hacía Himuro no desaparecieron por haberse enamorado de Aomine.
Era por eso que aquella vez que se encontró a Tatsuya y este le besó, sintió el deseo de corresponder, era por eso que se sentía tan apegado a él, era por eso que de igual forma simplemente no dejaba de preocuparse o sentirse mal cuando el tema de su amnesia salía a flote.
Era por eso que no se deshizo de su anillo de compromiso, el cual colgaba de su cuello con la cadena de plata.
Sí, recordar ese gran amor por Himuro lo tenía ahora en completa confusión. Pero no por eso significaba que lo que sentía por Aomine disminuyó, al contrario, ese sentimiento de amor intenso seguía palpitando con frenesí.
El lío era que amaba a los dos.
Taiga suspiró y se detuvo en una esquina para recuperar la respiración. Fue ahí cuando por fin vio al peliazul, sentado en la cancha donde a veces se reunían, esa que estaba cerca de la casa de este.
— ¡Aomine! —le llamó y corrió hacía él.
Pero el nombrado chico, frunció el ceño.
El hecho que el pelirrojo le fuera a buscar no supo si debía alegrarle o darle un mal presagio. Porque en estos momentos no quería ni verlo, puesto ni siquiera era capaz de asimilar de lo que se acababa de enterar y siendo como era, ahora que tenía enfrente a su todavía novio, ya no se quedaría callado.
Los dos se miraron y el peliazul bufó.
— ¿Qué es lo que quieres? —inquirió con brusquedad e incorporándose. Habló así, como si estuviera enojado, porque no iba a dejar que el tinte de dolor se expresara ahí.
Mas Kagami no era tonto, conocía perfectamente al moreno y sentía bien lo mal que también la estaba pasando, pero eso no evitó que se molestara un poco. ¿A estas alturas de verdad se comportaba así? Aunque si lo pensaba mejor, estaba en todo su derecho, probablemente él reaccionaría así o peor si estuviera en el lugar del peliazul.
—Yo… necesitamos hablar —respondió Kagami al fin, luego de recuperar su respiración.
Aomine se rió por lo bajo y negó, con burla.
— ¿Y qué me vas a decir? ¿Qué ahora resulta que te vas a casar? —le miró con desdén— Oh, no, espera, tal vez incluso ya estés casado.
Eso fue como una bofetada para el pelirrojo, sintió un nudo en la garganta y apretó los labios. ¿De verdad ahora ya no confiaba en él como para creer eso? ¿Su confianza fue rota así de rápido? La respuesta parecía ser afirmativa y por ello es que el dolor empezó a alojarse en su pecho, así como la angustia empezaba a hacer presencia.
— ¡No es así! —exclamó y empuñó sus manos, enfrentando con la mirada al otro— No actúes de esa forma, déjame explicarte…
—Yo no quiero saber, Kagami. Nada —Aomine se puso serio, ¿qué no veía que no era capaz de aceptarlo? Sentía que si hablaba de esto, sería como echarle limón a sus heridas y entonces se derrumbaría. Y no quería hacerlo, era demasiado orgulloso como para permitirse eso.
—Aomine, ¡escúchame! —insistió Kagami, ahora tomándole de la muñeca.
— ¡Ya te dije que no quiero saber nada de tu maldita relación con el imbécil de Himuro, maldita sea! —explotó Aomine, zafándose de ese agarre de un jalón y expresando acidez.
— ¡Deja de actuar así! —Kagami también empezaba a molestarse por ello, ¿por qué no podía permitir decirle las cosas? Él quería aclararle que no por haber recordado todo aquello le dejó de amar o algo similar, quería decirle como estaban sus sentimientos actuales. Quería contarle todo, tuviera o no su comprensión, pero quería aclarárselo, porque consideraba que el moreno tenía ese derecho de conocer y saberlo.
— ¡¿Y cómo quieres que actúe?! ¡¿Quieres que te felicite por qué ahora te vas a casar con Himuro?! —rugió Aomine.
— ¡Qué no es así, Aomine! ¡¿Por qué estás asumiendo que haré eso, idiota?! —Kagami lo miró con intensidad y el dolor también emanó de sus ojos rubíes. ¿En verdad el peliazul ahora estaba dudando de lo que sentía?, por más que fuera lógico, Kagami creía que dejó en claro a cada momento que su amor por él era tal, como para verse derrumbado por esto.
—… —Aomine apretó los dientes y luego sonrió con amargura y altividad— Deja de burlarte de mí, Kagami —negó un poco, como si esto fuera algo divertido—. Me bastó con solo ver como actuabas con ese bastardo luego de que recuperaras tu memoria.
—Eso no significa nada, Aomine. No es como tú lo estás queriendo creer —repitió Kagami—. Himuro y yo…
— ¡No me importa! No he caído tan bajo como para que vengas a contarme la bella relación que llevabas con ese tipejo —zanjó Aomine.
— ¡Maldita sea, contigo, Aomine! —Kagami le encaró furioso— ¡Escúchame! No estoy diciendo que me iré o me casaré con él, joder, ¡solo necesito tiempo para pensar, solo eso! ¡No es como si esto se acabara!
— ¡Tiempo y un demonio! Como si no supiera ese maldito truquito barato —Aomine no era idiota, aunque nunca antes hubiese tenido alguna relación seria, sabía bien lo que esas palabras significaban. Y es que, no lo había notado por todo el coraje que sentía ahora y las demás emociones en su cuerpo, pero la inseguridad se estaba apoderando de él, porque todo esto le llegó tan de repente.
En pocas palabras, él creía ahora que el pelirrojo no lo elegiría a él. Además que no ayudaba el hecho de que en su mente no dejara dejará de pensar en la discusión que tuvo con el pelinegro aquella vez en el centro comercial y esas palabras que el dijo, las cuales ahora las sentía tan ciertas.
Se sentía patético y odiaba sentirse así. ¿Quién le había dado el derecho a Kagami de hacerlo sentir así?, no podía permitirlo, no.
—No, Aomine, ¡no es así! —Kagami tensó la mandíbula— Ahora estoy completamente… confundido, solo necesito poner en orden lo que siento y…
—Y luego te irás, ya me la sé, Kagami —bufó Aomine.
— ¡Que no! Aomine, tú no tienes idea de cómo me siento…
—Ni quiero saberlo, Kagami, ¡no quiero saberlo! —Aomine volvió a explotar— ¿Sabes qué? Te voy ahorrar todo este maldito drama de doramas, así que no te voy a dar el gusto de terminar esto a ti —sonrió con un gesto superior y se cruzó de brazos. Pero le estaba costando toda su voluntad el actuar como si esto no le interesara, dado que no era así, a él esto le estaba doliendo hasta el alma.
Sentía como poco a poco se estaba excavando un agujero negro en su pecho por esas palabras.
La expresión de Kagami se crispó cuando entendió el significado de esas palabras.
La semana para Yuu, el padre de Kagami, había pasado llena de teorías, con demasiadas cosas que pensar y no solamente por su trabajo, de hecho, su profesión ahora estaba ocupando el segundo lugar de sus prioridades por un motivo mucho más grande e importante: su hijo. Y no por el hecho de que quisiera hacer algo respecto al gusto que este tenía por los hombres, porque si bien él hubiera preferido que Taiga se enamorara de una mujer, seguía siendo su hijo y lo estaba aceptando como era e independientemente de la sexualidad que este quisiera tener, lo quería y le daría su apoyo. Justo como antes lo pensó.
Claro que, no negaba el hecho de que Mika había sabido manipularlo como quería, sobre todo porque la preocupación por su hijo tomó caminos que no debería, pero eso gracias a que los chismes en el mundo del espectáculo empezaron a crecer cuando se corrió el rumor de que ambos hijos estaban viviendo juntos en algún lugar del país, porque se habían peleado con su padre. Por eso, Yuu se había envuelto en un montón de preguntas donde sí o sí tenía que dar todas las respuestas antes de que su empresa estuviera en peligro con todas las inversiones que debía hacer y no debía dejar se fueran para atrás. Eso también controló un poco la situación, cegándolo.
No obstante, aunque no estuviera para nada de acuerdo con la relación que terminó dándose entre Kagami con Himuro, no era realmente extremista como para idear planes algo… perturbadores como alguna vez le llegó a comentar Mika, para hacer que ellos dos se separaran, porque fuera de todo el enojo, decepción, confusión y estrés que Yuu sentía, no quería lastimar a su hijo con algo como esos planes que incluían más violencia de la que le gustaría.
Afortunadamente, sola una vez escuchó ese comentario "casual" por parte de Mika, al cual le respondió con una negativa rotunda y seria, y así jamás su ex mujer volvió a decirle algo como eso, pese a que después las peleas empezaron a ser constantes y los problemas seguían.
Él creyó que esa tonta idea de Mika para elaborar "planes" y lograr separar a Taiga y Tatsuya, había desaparecido y la había dicho en su momento porque estaba desesperada y muy preocupada. Por eso no tuvo ninguna alerta en su persona.
Gracias a eso, es que por su mente tampoco pasó la malicia que le haría dudar o preguntar cosas, cuando se suscitó el accidente automovilístico entre Himuro y Kagami hace más de dos años. No tenía por qué creer nada más; las autoridades dijeron que por la investigación, había sido un intento de asalto, pero por el resultado, los ladrones se habían asustado y huyeron.
Convenientemente, luego de que diagnosticaran el estado de Kagami, Mika había saltado con su propuesta para llevarse a su hijo de regreso a Japón. Por supuesto que Yuu se negó al principio; él era un buen padre y para nada quería tener a su hijo lejos, más cuando estaba en ese estado tan crítico del mismo modo que Himuro. Pero si bien conocía a su ex mujer, era una manipuladora bastante buena y siempre se salía con la suya, puesto ella se aprovechó usando palabras sobre que así salvarían a Taiga de aquella abominable relación, entre otros comentarios por el estilo. Y el padre del pelirrojo, terminó mordiendo el anzuelo.
Sin embargo ahora, a una semana de la última vez que discutió con su ex mujer, en donde esta había dicho tales cosas que eran demasiado e incluso dichas con un tono de profundo rencor… Que empezó a sentir cierta aflicción. Y fue peor, cuando repasó en su mente aquella vez que fue el accidente de su hijo, cuando iban a las Vegas; Alex le había dicho que iban a casarse y que Himuro le había comentado que unos tipos les venían siguiendo, pero no que no parecían querer asaltarles realmente, sino los estaban orillando a salirse del camino y eso, era demasiada coincidencia, lo quisiera ver desde dónde quisiera.
Claro que para ser algo planeado, tenía que haber demasiada perfección como que justamente los resultados se dieran con que Kagami perdiera la memoria y Himuro quedara en coma o bien, era demasiada suerte. Aunque no sabía que pensar de eso. Todavía se negaba a creer por completo que eso había llegado a ser obra de… de Mika. Podía creer que el accidente fue provocado, pero no de ella, ¡sí después de todo era la madre de Taiga! ¿Cómo una madre podría desear y hacerle el mal a su propio hijo? Era demasiado.
Pero ahora que tenía la espina de la duda en su cabeza, Yuu no se iba a quedar tranquilo hasta saber la verdad, para nada. Sobre todo, cuando tenía métodos para la investigación, por supuesto, aunque eso significara tener que traer a su mejor amigo desde Japón hasta América, valía la pena el gasto y todo. Y además, su amigo tampoco le negó la ayuda e incluso se ofreció el mismo a investigar el caso, como no, sí ese sujeto era el mejor detective en Japón, además del jefe de policía.
La puerta del despacho de Yuu sonó suavemente, era una de sus tres empleadas que trabajaban ahí en esa gran casa y que también le hacían compañía cuando tenía días de descanso.
—Adelante —permitió con neutralidad, tenía un libro turístico entre sus manos, mientras estaba sentado en su escritorio. Quizá hoy era su día libre, pero siempre gustaba de leer, además de que necesitaba tener su mente activa para lo que fuera que viniera.
—Señor, su visita ya está aquí —informó la amable empleada, que rondaría la edad de los cuarenta años y que aun así tenía una gesto bastante risueño, como si fuera una jovencita.
—Está bien, Catherine, dile que se ponga cómodo, ahora mismo voy a la sala —respondió con una pequeña sonrisa, era imposible que las sonrisas no se contagiaran teniendo a aquella señora de ama doméstica.
La señora simplemente asintió y cerró cuando salió.
Yuu se incorporó y se estiró de brazos de forma discreta, una vez dejó el libro en la mesa. Estaba vestido de forma cómoda, pero elegante; una jersey rojo—pese al verano, dentro de su casa siempre había frío, debido al aire acondicionado— y un pantalón gris, calzando unas cómodas sandalias rojas. Suspiró y así salió de su despacho, recorriendo el largo pasillo hasta llegar a la sala. Esta misma tenía un diseño europeo, con los tres sillones y en medio una mesa de madera café para el té o alguna merienda en las tardes; en el sillón de tres personas, estaba sentado un hombre de quizá su edad, de cabello castaño oscuro y vestía un elegante traje. Y su equipaje estaba a un lado.
—Vaya, no has cambiado en nada, Yuu —la voz ronca del señor se hizo presente y en su serio rostro, la sombra de una sonrisa se pudo ver.
—Tú tampoco, la verdad. Siempre has lucido como un hombre casado —espetó Yuu, alzando un poco las cejas al contemplarle—. Es bueno verte, Masaomi.
—Digo lo mismo, pero por tu llamada, estoy seguro de que no solo te pusiste en contacto conmigo para un reencuentro, ¿verdad? —Masaomi era muy intuitivo también, como no, era un prodigio, como casi toda su familia.
—Así es —Yuu se sentó al lado de su amigo y pidió a una de sus empleadas que pasaran alguna botana y bebidas, como buen anfitrión.
—Bueno, no te pongas con rodeos y dime lo que no pudiste decirme vía telefónica —alentó Masaomi, fijando su mirada en el contrario.
Yuu suspiró nuevamente, para él no era fácil decir lo que iba a decir, pese a todo, él tenía buenos sentimientos, sin embargo no le quedaba de otra si de verdad quería proteger a su hijo ahora.
—Necesito que abras el caso del accidente de hace dos años de mi hijo, Taiga, y busques si Mika tiene alguna relación con eso —dijo al fin, con gesto serio.
— ¿Q-qué estás… diciendo? —sus oídos empezaron a zumbar y su corazón aceleró de manera dolorosa. No de manera contenta como siempre pasaba cuando estaba con el peliazul, no, este ritmo era totalmente destructivo para su cuerpo.
Sí, Kagami quería tiempo… Pero no estaba insinuado el querer terminar con él.
Aunque la verdad, ¿qué esperaba? Era lógico que esto tendría que pasar, ¿no?, sí se supone quería un maldito tiempo para poner en orden sus sentimientos, era esto lo que debía pasar. Necesitaba estar soltero de cierta forma, para no terminar traicionado—todavía más, solo que esta vez sería de manera consciente— los sentimientos de ambos con lo que sea que fuera a hacer después.
Aomine tuvo que luchar con todo su ser para no ceder a su decisión cuando leyó el dolor en la expresión del pelirrojo. Porque se sintió mal ahora por eso.
No obstante, de ninguna manera podía permitirse el estar como el segundo o lo que fuera. No quería compartir el corazón de Kagami, no lo quería. No lo aceptaba, no lo haría. No podía, simplemente no podía.
Ya no solo se trataba de su orgullo por el que actuaba de esa manera tan egoísta.
—Eso, Kagami, que lo nuestro se acaba aquí y ahora —Aomine le miró con una expresión difícil de explicar.
— ¡…! —Kagami no pudo hablar, había perdido la voz, simplemente se le quedó mirando.
—No me vuelvas a buscar, que yo no lo haré contigo —espetó Aomine y se descruzó de brazos—. Como sea, que te aproveche tu compromiso —añadió agriamente.
Un trueno retumbó a lo lejos, por ello el jadeó que soltó el pelirrojo no se escuchó.
Aomine no dijo nada más y antes que la barrera delgada con la que cubría sus verdaderos sentimientos se rompiera, se dio la vuelta y comenzó a caminar, alejándose justo cuando el aguacero se desató con fuerza.
Drama, drama, everywhere. (?)
Ya saben cómo soy, así que no se sorprendan porque esto es poco(?). Okey no.
Pero, pensando razonablemente, era la mejor opción que tenía Aomine; la más justa. Aunque obviamente lo hizo por el enojo y dolor. Y ahora, nuestro Kagamin lo tiene mucho más difícil; quizá sea obvio con quién está verdaderamente su amor, mas no para él :v. El inconsciente es cabrón.
Debo advertir que se vienen cosas sad u.u
En fin, trataré de venir pronto a actualizar.
¡Espero me dejen sus comentarios, besos!
